Hay personas con las que da gusto estar. Por el contrario, existen los pesimistas, los que siempre se están quejando, los que ven solo los defectos y la cara oscura de los hechos. Empeñémonos en estar de buen humor. Analicemos los siguientes hechos:
- El sentido optimista y positivo hace amables a las personas.
- El pensamiento gruñón que todo lo crítica, las hace antipáticas.
- El optimismo conforta y anima.
- El pesimismo deprime.
- La alegría es comunicativa.
- Las caras serias incomunican y alejan.
Si somos personas alegres encontraremos el equilibrio necesario para:
- Ayudarnos a mirar el lado bueno de las personas y las cosas que hay a nuestro alrededor.
- Cuando estamos cansados, evitaremos el no hallar gusto en nada, ni agrandaremos las dificultades, ni estaremos impacientes o susceptibles.
- Cuando algo nos contraríe, conseguiremos no maltratar a los que nos rodean, como si fueran culpables de esa decepción.
- Si hemos de hacer una observación a alguien, no nos limitaremos a resaltar las faltas o errores; alabaremos lo que hace bien, señalaremos lo que hizo mal y terminaremos animándole.
- Para causar una buen impresión es también preciso ser delicado en los modales y discretos en la conducta. El discreto suscita a su alrededor un clima de serenidad porque deposita en los demás su confianza.
La persona discreta es la que sabe discernir en cada situación de la vida lo que es más conveniente para alcanzar un recto fin. Discreto y delicado es aquel que tiene el don de la oportunidad, que en otras palabras consiste en:
- saber estar y hacer
- hablar y callar cuando es preciso
- ignorar un desaire
- saber pasar por alto detalles de mal gusto
- nunca dejar mal a nadie que haya cometido inconcientemente una torpeza
- La persona discreta y alegre es aquella que es aceptada por todos y no solo por los de su mismo nivel económico o cultural; a su lado se siente todo el mundo cómodo, con naturalidad, no presionados por ese falso tono de superioridad del indiscreto.
|