Cómo inculcar valores
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Aceptar los errores
 
  En un mundo regido por leyes y normas, su hijo necesita que lo guíe para ocupar el lugar que le corresponde. Al hacerlo, tenga en cuenta que avergonzándolo o haciéndolo sentir culpable no logra cambiar su conducta, ni que se comporte correctamente. Sin embargo, si le refuerza positivamente y lo implica en el problema para que reflexione sobre las consecuencias de sus actos, no solo conseguirá que sea responsable sino también despertar en él el deseo de superación.  
 

Como padre le debe enseñar a sus hijos a no herir a los demás ni a sí mismos con sus acciones, y que a veces es necesario reconocer los errores, avergonzarse de ellos y asumir las consecuencias.

Sin embargo no se busca que vivan avergonzados o se sientan culpables por todo lo que hacen mal. Evite avergonzar a las personas para manipularlas o controlarlas. Ellas responden mejor cuando se les motiva, se les apoya y se les tiene en cuenta, no cuando se les castiga. Los que sienten vergüenza y llevan una gran carga de culpa son inseguros y no gozan de autoestima.

Cuando se hace algo mal, averigüe bien que pasó antes de condenarlo y en lugar de reprenderlo y amonestarlo, haga de esta experiencia un proceso educativo. Permítale que explique qué pasó y llévelo a concluir por qué está mal lo que hizo. Aclare qué espera de él y concluya cuál serían los comportamientos que podría asumir en caso de presentarse la misma situación.

Este proceso de evaluación de la situación no hace sentir mal a la persona por que no se le está avergonzando o culpabilizando, sino por el contrario se le da la posibilidad de que aprenda a hacerse responsable de sus actos.

El diálogo, la mejor cura

Avergonzar a la gente para inculcarles sus hábitos sólo lo hacen sentir mal con él mismo, no con lo que no hace adecuadamente, y no potencia el cambio de su conducta. Hable sobre el comportamiento o la actitud que desea mejorar y no le dé calificativos por no hacer lo que usted quiere.

El grado de aceptación de los errores y temores, así como la ayuda que le preste para afrontarlos, aumenta su seguridad y desvanece cualquier sentimiento de duda o vergüenza. El tiene derecho a expresar sus sentimientos aunque le parezcan irracionales o insignificantes. Así logra saber qué le pasa realmente y aprende a controlarlos; con la vergüenza solo logra hacerlo sentir más mal.

Ofrecer disculpas no es solo decirlo, es colocarse en el lugar del otro, ser responsable por lo que pasó, tratar de enmendar el error y sentir empatía por los sentimientos del otro; si quiere cultivar esta cualidad hable con su hijo de cómo se siente a partir de sus sentimientos y no de lo que usted piensa o cree.

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