- Catequesis gradual
- La mejor lección
- Edad para la Primera Comunión
- Preparación
- Curso de catecismo
- La fiesta: una celebración para compartir
1. Catequesis gradual
Después de la primera confesión es conveniente dejar un lapso antes de que el niño reciba la primera Comunión. En ese periodo entre la iniciación de la primera Confesión y la primera Comunión, déle al niño una catequesis gradual con el fin de que asimile e interiorice este aprendizaje.
En esta enseñanza se debe dar a los chicos conceptos doctrinales fundamentales, cuidando que no sean simplemente párrafos para aprenderse de memoria, sino que calen en su inteligencia y en su corazón.
Hoy en día, muchos padres creen que cumplen con su deber de educar a los hijos en la fe, únicamente con inscribirlos en un curso de catequesis por las tardes. Esto es erróneo, pues una buena preparación para la Primera Comunión debe empezar mucho antes.
2. La mejor lección
En el proceso de preparación es de vital importancia que los niños vean a sus padres comulgar con devoción, pues el ejemplo es la mejor ayuda y lección de catequesis. Sin embargo el aprendizaje no debe cesar una vez hecha la Primera Comunión. La enseñanza y el seguimiento por parte de los padres deben acompañar a los niños por unos tres o cuatro años más.
El niño necesita que le enseñen a hablar con Jesús después de la Comunión y nadie puede hacerlo tan bien como sus padres. Por esto es importante asistir a la Santa Misa con los hijos más pequeños y rezar a sus oídos las oraciones de acción de gracias luego de la comunión.
3. Edad para la Primera Comunión
El 8 de agosto de 1910, el papa san Pío X publicó un decreto sobre la edad para la Primera Comunión. Por ser un documento de gran interés, publicamos algunos apartes:
“Cuán singular amor profesó Jesucristo a los niños, durante su vida mortal, claramente lo manifiestan las páginas del Evangelio. Eran sus delicias estar entre ellos; acostumbraba a imponerles sus manos, los abrazaba, los bendecía. Llevó a mal que sus discípulos los apartasen de El, reconviniéndoles con aquellas graves palabras: “Dejad que los niños vengan a Mí, y no se lo vedéis, pues de ellos es el reino de Dios”.
En cuanto estimaba su inocencia y el candor de sus almas, lo expresó bien claro cuando, llamando a un niño, dijo a sus discípulos: “En verdad os digo, si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Cualquiera, pues, que se humillare como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. El que recibiere a un niño así en mi nombre, a Mí me recibe”.
”Teniendo presente todo esto, la Iglesia católica, ya desde sus principios, tuvo cuidado de acercar los pequeñuelos a Cristo por medio de la Comunicación Eucarística, que solía administrarles aun siendo niños de pecho. Esto, según aparece, mandado en casi todos los rituales anteriores al siglo XIII, se hacía en el acto del bautismo, costumbre que en algunos sitios perseveró hasta tiempos posteriores; aun subsiste entre los griegos y los orientales. Y, para alejar el peligro de que, concretamente, los niños de pecho arrojasen el Pan consagrado, desde el principio se hizo común la costumbre de administrarles la Sagrada Eucaristía bajo la especie de vino.
Esta costumbre desapareció más tarde en la Iglesia latina y los niños no eran admitidos a la Sagrada Mesa hasta que el uso de la razón estuviera de algún modo despierto en ellos y pudieran tener alguna idea del Augusto Sacramento. Esta nueva disciplina, admitida ya por varios sínodos particulares, fue solemnemente sancionada por el Concilio general cuarto de Letrán, en el año 1215, promulgando su célebre canon número 21, por el cual se prescribe la confesión sacramental y la Sagrada Comunión a los fieles que hubiesen llegado al uso de la razón, con las siguientes palabras:
“Todos los fieles de uno y de otro sexo, en llegando a la edad de la discreción, deben por sí confesar fielmente todos sus pecados, por lo menos una vez al año, al sacerdote propios, procurando según sus fuerzas cumplir la penitencia que les fuere impuesta y recibir con reverencia, al menos por Pascua, el sacramento de la Eucaristía, a no ser que por consejo del propio sacerdote y por causa razonable creyeren oportuno abstenerse de comulgar por algún tiempo”.
Según el citado decreto lateranense -aún vigente-, los cristianos, tan pronto como lleguen a la edad de la discreción, están obligados a acercarse por lo menos una vez al año a los sacramentos de la Confesión y de la Comunión.
4. Preparación
La preparación para recibir a Jesús en la Eucaristía, empieza desde el momento en que los padres llevan al niño a la iglesia para ser bautizado. Ya la sola intención de los padres al bautizarlo, implica el deseo de que el pequeño se una íntimamente con los demás cristianos y con el mismo Jesucristo en el Sacramento de la Eucaristía.
Poco a poco y a lo largo de la infancia, los padres estarán encargados de preparar al niño para ese encuentro personal con Cristo a través de actos cotidianos como la convivencia en familia, el interés por el bien de los demás, la preocupación por las necesidades ajenas, la oración en familia al inicio y al final del día, la bendición de los alimentos, la asistencia a la misa dominical, el cumplimiento de virtudes cristianas como la caridad, el respeto, la paciencia, la ternura, la comprensión y la obediencia, entre otras.
En cada una de estas actividades, el niño se irá dando cuenta de que forma parte de una gran familia que es la Iglesia, en la cual todos son importantes y todos necesitan de los demás. Esta preparación es la más importante, pues el niño captará entonces fácilmente el significado de unión de los cristianos en la Eucaristía si ha visto desde pequeño la manera como lo viven sus padres en la vida diaria.
La Iglesia ha establecido como requisito para hacer la primera comunión, que el niño conozca las verdades fundamentales de la fe católica, las leyes de Dios y de la Iglesia, las oraciones básicas del creyente y el significado de los sacramentos. Esto es lo que el niño estudia y aprende en las clases de catecismo, que duran aproximadamente seis meses.
5. Curso de catecismo
En general, los temas que estudia el niño en un curso tradicional de catecismo previo a la primera comunión son:
a. Temas de la historia de la Salvación.
Dios es el Creador de todas las cosas.
Dios ha creado todo para el hombre
El hombre estropeó los planes de Dios con el pecado.
Dios nos prometió un Salvador.
Dios preparó la venida del Salvador.
Dios se comunica con el hombre.
Dios le dio sus leyes al hombre: Los Diez Mandamientos.
Jesús es el Salvador de los hombres.
Jesús nació en Belén en un establo.
María, madre de Jesús y madre nuestra.
Principales enseñanzas de Jesús: las Bienaventuranzas, el sermón de la montaña, el mandamiento del Amor.
Algunos milagros de Jesús.
Jesús instituyó los sacramentos.
Jesús fundó la Iglesia y la dejó en manos de los apóstoles.
Jesús murió en una cruz.
Jesús ha resucitado y está en el cielo esperándonos.
El Papa y los obispos, sucesores de los apóstoles.
Todos los cristianos formamos la Iglesia.
Jesús se quedó con nosotros en la Eucaristía.
b. Temas doctrinales
El pecado. Su gravedad y sus clases.
Los enemigos del alma: el demonio, el mundo y la carne.
La gracia santificante y las gracias actuales.
El mérito de las acciones libres.
Los mandamientos de la Ley de Dios
Los sacramentos.
Los mandamientos de la Iglesia.
Los frutos de la comunión.
Los deberes del cristiano.
Los novísimos: la muerte, el juicio, el infierno y el cielo.
c. Oraciones básicas del creyente.
El Padrenuestro
El Avemaría
El Gloria
El Credo
El Acto de contrición
El Rosario
La Salve
Oración al Angel de la Guarda
Oración de ofrecimiento del día
Oración para antes de acostarse
6. La fiesta: una celebración para compartir
Aunque la Primera Comunión ha dejado de ser una celebración familiar y se ha convertido en una ocasión social más, es importante que la fiesta tenga un significado cristiano para el niño. Por esto, recomendamos que se haga una celebración con niños de escasos recursos con el fin de compartir la alegría de ese regalo espiritual que nos da la Primera Comunión.
Lo tradicional en estas fiestas, es que tanto la decoración como las sorpresas tengan una relación con la Primera Comunión. Por esto, si se dan sorpresas, es apropiado que tengan una connotación religiosa (ángeles, rosarios, libros con temas alusivos a la Biblia, etc.). En cuanto a la decoración, los colores tradicionales son el dorado y el blanco. El bizcocho por lo general es blanco en su exterior y va adornado con motives relativos a este Sacramento.
Es también usual que los padres den a cada invitado una estampa, o recordatorio, donde figura la fecha de la primera comunión, el nombre del niño/a y un dibujo religioso referente al tema.
Fuentes: Catholic.Net y Uregncia de la Catequesis familiar de Pedro de la Herrán y Fernando Corominas, www.protocolo.org