III
Cada vez que se enciende el televisor existe una alta posibilidad de presenciar una pelea, un delito o un asesinato. El televidente promedio se ha acostumbrado tanto al mundo fantástico de la televisión que ya no se da cuenta de lo turbulento e irreal que es. Las estadísticas tomadas de un estudio de programas norteamericanos proporcionan los datos siguientes:
Las limitaciones del tiempo disponible en la TV para cada programa, hacen que éstos no puedan ser muy variados en su desarrollo de conflictos y solución de problemas. Por eso los libretistas giran viciosamente alrededor de una misma trama básica. Con algunas variantes, la rutina que se sigue es: 1.La agresión del villano le produce la satisfacción de sus objetivos inmediatos. 2.El héroe persigue al villano. 3.El héroe y el villano se enfrentan en una gran pelea final. 4.El héroe vence al villano y recibe su recompensa por hacer bien su trabajo. Si se cambian el vestuario, la escenografía y la época, se tendrán programas “diferentes”.
La secuencia anterior repetida hasta la saciedad, produce varios mensajes implícitos que ejercen su influencia principalmente en los niños. Estos son algunos de dichos mensajes:
1. Los “buenos” son tan violentos -o más- que los malos. 2. Los “buenos” usan en ocasiones procedimientos ilegales para lograr sus fines, pero se les justifica porque están “del lado de la verdad y de la justicia”. 3. Los malos reciben su castigo por ser violentos. 4. Los “buenos” aunque también sean violentos “se salen con la suya”. 5. El espectador al identificarse con el héroe “bueno” acaba por aceptar que el fin justifica el uso de la violencia.
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