IV
Los Estereotipos

La televisión distorsiona la realidad para hacerla excitante y atractiva. Crea personas fáciles de identificar. Mediante este recurso puede alcanzar un auditorio cada vez mayor. El peligro de esto es que la TV crea imágenes rígidas y falsas de las normas sociales aceptadas, y de la personalidad de los individuos.
Entre los estereotipos más frecuentes que falsean la realidad están los siguientes:
EL HOMBRE
- Egoísta, antipático e incapaz de mostrar sentimientos.
- En lucha para obtener poder y dominio sobre los demás, como sus valores supremos.
- Listo, estable, persistente y estoico.
- Profesional de mucho prestigio (sabe hacer las cosas bien y se basta a sí mismo).
- Soltero pero “conquistador’.
- Capaz de aplazar por el momento sus deseos inmediatos en favor de recompensas mayores a largo plazo.
LA MUJER
- Atractiva, sociable, altruista, cálida y... ¡siempre joven!
- Su meta en la vida es el matrimonio.
- Se interesa principalmente en obtener satisfacciones inmediatas (aquí y ahora).
- Es ama de casa, hija de familia o tiene un empleo secundario.
- Dependiente. Carece de habilidades propias para triunfar por sí misma.
- Vanidosa, débil, vulnerable.
- Torpe para habilidades mecánicas. Bobalicona, superficial.
EL CAMPESINO
- Sin poder político, enfermizo, servil y resignado.
- Viste de ruana y sombrero de paja.
- Ingenuo, fácil de manipular.
- Pobre, ignorante y con muchos hijos.
- Mal nutrido y peor vestido.
- Carente de motivación para salir de su miseria.
- Supersticioso, simplón y aburrido.
- Borracho, mujeriego y jugador.
ADVERTENCIA
La lista se puede ampliar pero basten los ejemplos anteriores de estereotipos. Aquí lo importante es reconocer que éstos penetran en el subconsciente del espectador, y éste acaba por aceptarlos como los modelos para su propia conducta en proporción a la frecuencia con la que ve la televisión.