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Desde Daniel hasta Eleazar |

a. Daniel
Daniel vivió siempre en la corte real, y los reyes lo apreciaban mucho por su sabiduría y por sus consejos; pero Dios lo amaba mucho más por su bondad y su rectitud El Señor le dio no sólo la inteligencia para explicar a los reyes cosas que ningún adivino lograba explicar, sino que lo favoreció también con visiones que se referían al futuro El profetizó que la esclavitud duraría 70 años; que los judíos, cuando regresaran a su patria, reconstruirían el templo; predijo cuántos años faltaban para la venida del Mesías; que su pueblo rechazaría al Salvador y que, por eso, Jerusalén y el templo serían destruidos.
Cuanto más una persona sea recta, tanto más Dios la bendice, tú recibirás del Señor gracias tanto más abundantes, cuanto más trates de mejorar tu conducta delante de Dios.

Una esposa ejemplar de nombre Susana, muy bella y llena de temor de Dios, fue acusada injustamente de un grave delito por dos hombres malos. La buena mujer fue juzgada delante de todo el pueblo; defendió su inocencia, pero como los dos viejos eran considerados sinceros y justos, Susana fue condenada a muerte. Susana, al oír la sentencia, exclamó: Dios eterno, tú conoces las cosas más ocultas. Moriré, pero tú sabes que soy inocente y que mis acusadores son mentirosos.
La multitud ya se encaminaba hacia el lugar del suplicio. El Señor inspiró al joven Daniel, quien gritó: ¡Renuévese el proceso, porque los dos ancianos han mentido! La multitud se detuvo. Los dos viejos fueron separados el uno del otro y se recomenzó el proceso. Se les pidió por separado las declaraciones, uno después de otro. Pero la declaración de uno no coincidió absolutamente con la del otro. Al ver esto, el pueblo reconoció lo injusto de la acusación y, bendiciendo a Dios, liberaron a Susana apedrearon a los dos viejos malvados.
No te desesperes si algún día eres acusado injustamente a su tiempo el Señor te restituirá la honra.
El rey de Caldea, Baltasar, ofreció un gran banquete e invitó a todos los grandes de su reino. Comió y bebió hasta embriagarse, y luego mandó llevar los vasos sagrados de oro y plata que su padre Nabucodonosor había robado del templo de Jerusalén. Todos: el rey, los cortesanos las mujeres, bebieron en ellos, cometiendo una profanación sacrílega. Pero a un cierto momento, el rey palideció, se turbó y comenzó a temblar. Vio en la pared que le quedaba al frente los dedos de una mano que escribieron estas palabras misteriosas: “Mené, Tequel y Parçín”.
El rey, fuera de sí por el terror, gritaba: Llamen a todos los sabios y adivinos, y que me expliquen esa escritura: el que pueda explicarla será vestido de púrpura, tendrá un collar de oro y ocupará el tercer lugar en mi reino. Pero ninguno de ellos pudo satisfacer el deseo del rey. Entonces un terror más grande asaltó al rey Baltasar. La reina dijo: No te asustes, ¡oh rey! tu padre nombró príncipe de los sabios a un tal Daniel, uno de los prisioneros judíos, porque en él reconoció al más sabio de todos; llama a Daniel y él te dará la explicación. Buscaron a Daniel y lo llevaron a la sala del banquete. El rey le dijo:
He oído decir que sabes descubrir las cosas misteriosas: lee y después descifra lo que está escrito en la pared, y tendrás la púrpura, el collar de oro, y serás el tercero en mi reino. Daniel contestó: Oh rey, deja para ti tus dones y da a otros tus ofrendas; leeré lo escrito y te lo explicaré.
La primera palabra, Mené, quiere decir: Dios ha medido tu reino y le ha puesto fin.
La segunda palabra, Tequel, significa: Has sido pesado en la balanza y encontrado falto de peso.
La tercera palabra, Parsín, significa que tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y a los persas.
Esa misma noche Baltasar fue asesinado, y Darío, uno de los más ilustres personajes de los medos, ocupó d trono.
¡Justo castigo por el sacrilegio cometido, al profanar 1o vasos sagrados! Ten horror al sacrilegio, y respeta siempre los lugares, las cosas y las personas consagradas al Señor.

d. Daniel en el foso de los leones
Daniel, el favorito del rey Darío, era envidiado por los otros príncipes, los cuales buscaban una ocasión para condenarlo a muerte. Pues bien, como Daniel adoraba al Dios único, le sugirieron al rey que, con una nueva ley, prohibiera toda oración a Dios y que durante un mes se adorase solamente al rey Darío como si él fuera dios. El rey firmó la ley inicua, y los príncipes se pusieron a vigilar a Daniel, sabiendo muy bien que él seguiría adorando al Señor. En efecto, vieron que Daniel, tres veces al día, se arrodillaba y adoraba al único y verdadero Dios. Inmediatamente lo acusaron ante el rey y le insistieron para que fuera condenado a muerte. El rey, que quería mucho a Daniel, trató de salvarlo, pero ante la presión de los cortesanos tuvo que ceder y entregarlo en sus manos, aunque esto lo apesadumbraba mucho. Daniel fue echado a una cueva en donde había siete leones hambrientos. Cerraron la entrada con una enorme piedra y la sellaron con el sello del rey y de los príncipes.
Esa noche el rey no pudo comer ni dormir. A la mañana siguiente, al amanecer, fue a la cueva y con voz entrecortada por el llanto, exclamó: Daniel, el Dios a quien sirves, ¿pudo librarte de los leones? Y Daniel contestó al rey: ¡Oh rey, yo vivo? Mi Dios mandó a su ángel para que tapara la boca de los leones, y éstos no me han hecho ningún mal. El rey se alegró muchísimo; mandó sacar a Daniel del foso y meter en él a sus acusadores: estos ni siquiera alcanzaron a llegar al fondo, porque los devoraron las fieras.
Quien hace mal a los otros, muchas veces se hace mal a sí mismo.

e. Los judíos regresan a su patria
(538 a. C.)
Los judíos soportaron 70 años de servidumbre babilónica y, durante todo ese tiempo, hicieron penitencia y le pidieron al Señor que los librara de la esclavitud. Dios se compadeció de ellos, y le inspiró al rey Ciro para que los pusiera en libertad.
Ciro promulgó un decreto que permitía el regreso de los judíos a su patria, la reedificación del templo y, además, ordenó que se les restituyesen todos los vasos sagrados robados por Nabucodonosor. Más de 40 mil judíos regresaron inmediatamente; más tarde regresaron muchos otros. El primer acto de los judíos repatriados fue la reedificación de Jerusalén y del templo. Los más ancianos, que habíais visto la magnificencia y el esplendor del templo de Salomón, lloraban viendo el nuevo despojado de tanta riqueza. Para consolarlos, Dios les envió el profeta Ageo, quien les aseguró que el nuevo templo sería más glorioso que el primero, porque a él iría a orar el mismo Mesías.
Dios conforta a las almas; en las horas de angustia, recurre a él con confianza y serás reconfortado.

f. Ester
(Del 485 al 465 a. C.)
No todos los hebreos aprovecharon el permiso de regresar a la patria; muchos se quedaron en tierra extranjera y, entre ellos, Mardoqueo y su sobrina Ester. El rey Asuero tenía que casarse, y entre las jóvenes que le presentaron se encontraba también Ester, que fue la preferida por el rey para esposa y reina, pues era la más bella de todas. Pero lo más importante era que merecía esa honra por su piedad y virtudes ejemplares.
Elegida reina, el tío Mardoqueo, que la amaba mucho, no dejaba pasar un solo día sin ir a la puerta del palacio para verla y darle buenos consejos. Sentado en la puerta del palacio, descubrió que dos siervos tramaban asesinar al rey; entonces le avisó a la reina: se descubrió la conspiración y el hecho quedó registrado en los anales del reino.
El rey Asuero tenía que casarse, y entre las muchas jóvenes que le presentaron se encontraba también Ester, que fue la preferida por el rey para esposa y reina, pues era la más bella de todas. Pero lo más importante es que merecía esa honra por su piedad y virtudes ejemplares.
Elegida reina, el tío Mardoqueo, que la amaba mucho, no dejaba pasar un solo día sin ir a la puerta del palacio para verla y darle buenos consejos. Sentado en la puerta del palacio, descubrió que dos siervos tramaban asesinar al rey; entonces le avisó a la reina: se descubrió la conspiración y el hecho quedó registrado en los anales del reino.
Mientras tanto, un ministro del rey, llamado Amán, a quien estimaba mucho el soberano, quiso por orgullo que todos se arrodillaran ante su paso como si él fuera dios.
Mardoqueo jamás dobló las rodillas ante él. Amán juró vengarse. Acusó falsamente a los hebreos de estar organizando una revolución, y con esa acusación logró que el rey publicara un decreto condenando a muerte a todos de los judíos del reino. Para ahorcar a Mardoqueo mandó horca en su propio jardín. Grande fue el terror de los judíos cuando leyeron el decreto que los condenaba a muerte.
Ester, sugerencia del tío, después de haber ayunado, rezado y mandado rezar, se presentó al rey y le pidió gracia para ella y para su pueblo. Fuimos, dijo, condenados injustamente a muerte y nuestro enemigo se llama aman. Por lar la noche, no pudiendo dormir, el rey mandó a que le leyeran los anales del reino para distraerse un poco Dios dispuso que le leyeran el pasaje de la conspiración descubierta por Mardoqueo y de la que le había dado cuenta Ester. Entonces Asuero comprendió que los judíos eran inocentes; retiró el decreto de muerte contra ellos y mandó ahorcar a Aman en la horca que había hecho levantar en su jardín para matar a Mardoqueo.
Ester es otra figura de Nuestra Señora. Como Ester salvó al pueblo hebreo, así María salva a los cristianos. Ama mucho a la Virgen y pídele que te salve también a ti.

Dios conservó siempre viva la idea del futuro Mesías; antes con figuras (ya hablamos de algunas) y con las promesas hechas y renovadas a los Patriarcas; después por medio de los profetas. Estos eran predicadores enviados por Dios para corregir los vicios de los reyes y del pueblo Y para inculcar el cumplimiento de la ley divina. iluminados por Dios, predijeron muchas cosas futuras y siglos antes de su aparición, preanunciaron muchos hechos relacionados con el nacimiento, vida, pasión y muerte del Salvador.
Hubo muchos profetas, pero pocos escribieron sus profecías. De los que escribieron, cuatro se llaman profetas mayores”, porque escribieron muchas profecías y con muchos detalles. Ellos son: Daniel, Isaías, Jeremías, Ezequiel. Sobre Daniel ya hemos hablado.
Isaías predijo la destrucción de Israel, desde Siria a la devastación de Judea, la esclavitud y la liberación. la reconstrucción de Jerusalén y del templo. Predijo el nacimiento, la predicación, los milagros y la pasión del Mesías con una claridad que nos parece leer, no una profecía por realizarse después de centenares de años si no un hecho ya cumplido. Por la santa libertad con que reprochaba los vicios de los reyes fue martirizado bárbaramente.
Jeremías fue santificado antes de nacer, y desde jovencito comenzó a profetizar. También él censuró abiertamente los pecados, amenazó con la destrucción del reino de Judá, la ruina del templo, de Jerusalén y el cautiverio de los 70 años. No lo escucharon; al contrario insultaron, lo flagelaron y lo encarcelaron.
Cuando el castigo que él había anunciado cayó sobre la nación y Jerusalén se vio asediada por Nabucodonosor, el profeta fue echado en una cisterna, después lo sacaron de allí y lo encarcelaron. Caída Jerusalén en manos de los enemigos, Jeremías no solamente fue puesto en libertad, sino también honrado por Nabucodonosor, quien le concedió la más amplia libertad. Casi todos los fueron llevados al cautiverio de Babilonia. Jeremías prefirió quedarse en la patria desolada para llorar sobre las ruinas de Jerusalén (todavía se leen hoy sus lamentaciones en la Semana Santa) y para consolar a los pocos que se habían quedado a cultivar la tierra. Para consolarlos, predijo el fin de la esclavitud, la restauración de la patria y el gran bien que traería al mundo el Mesías.
Los pocos habitantes que se quedaron en Judea, contra la voluntad del profeta huyeron a Egipto y se lo llevaron con ellos. Allá también Jeremías no dejó de amenazarlos por los pecados que cometían. Terminó siendo apedreado por los propios compatriotas.
Ezequiel consoló a los que fueron deportados a Babilonia, pues también él era prisionero de guerra. Predijo la liberación, la reunificación de los hebreos en un solo pueblo, la reedificación del templo y las grandezas del Mesías. Después fue muerto por uno de los jefes del pueblo hebreo, a quien el profeta había reprendido por haberse entregado al culto de los falsos dioses.
No odies a quien corrige tus errores o reprocha los males que practicas: él es tu mejor amigo.

h. Resurrección de los muertos
Entre las muchas visiones proféticas de Ezequiel conviene recordar la visión de la resurrección de los muertos. Así nos la describe él:
“La mano de Yavé fue sobre mí y, por su espíritu, Yavé me sacó y me puso en medio de la vega, que estaba llena de huesos. Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. Me dijo: Hijo de hombre, podrán revivir estos huesos?’. Yo dije: ‘Señor, Yavé, tú lo sabes’. Entonces me dijo: ‘Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchen la palabra de Yavé. Así dice el Señor Yavé a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en ustedes y vivirán. Los cubriré de nervios, haré crecer sobre ustedes la carne, los cubriré de piel, les daré un espíritu y vivirán; y sabrán que yo soy Yavé’. Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido.
Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. Miré y ví que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos. El me dijo: ‘Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor Yavé: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan’. Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército
Nosotros moriremos y nuestros huesos se convertirán en polvo. Pero Dios, al fin del mundo, ordenará a ese polvo que vuelva a ser el cuerpo que hoy tenemos. Prepárate, mi querido niño, con una vida santa para el día de la resurrección gloriosa.

i. Algunas profecías sobre el Mesías
Los profetas, centenares y centenares antes, predijeron el tiempo en que vendría el Mesías. Anunciaron que nacería de una virgen: “He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel” que quiere decir “Dios con nosotros”. Predijerón que Belén sería su tierra natal: “Y tú, Belén, eres la más pequeñita de todas las ciudades de Judá, pero de ti saldrá el que será Dominador en Israel, cuya generación será eterna”. Profetizaron su entrada triunfal en Jerusalén: “Alégrate, hija de Jerusalén, he aquí que tu rey, justo y salvador, viene a ti; él es pobre v monta sobre una burrita y su pollino”. La pasión del Salvador fue descrita con detalles particularísimos:
“Lo vimos despreciado, el último entre los hombres, el varón de dolores... Fue sacrificado porque así lo quiso y no abrió su boca. Como oveja será llevado al matadero y, como cordero, mudo ante el esquilador, así él no abrirá su boca”. Además, los profetas pusieron en boca del Mesías estas palabras: “Traspasarán mis manos y mis pies, contarán todos mis huesos”. “En mi sed, me darán vinagre para beber”. “Se dividirán mis vestiduras y echarán suerte sobre mi túnica”. Los profetas dijeron que el Mesías sería contado entre los criminales y, a pesar de eso, fundaría un reino glorioso y eterno. Ese reino es la Iglesia, militante en la tierra y triunfante en el cielo.
Así Dios conservó siempre viva la fe en el Salvador, porque todos los que se salvan, se salvan por sus méritos. Los que vivieron en el Antiguo Testamento se salvaron por la fe en Cristo que debería venir; nosotros nos salvaremos por la fe en Cristo, que ya vino.
Cuando reces, pide siempre las gracias por los méritos de Jesucristo; sólo él puede salvarnos.

j. Eleazar
Muchos años después que los hebreos regresaron a su patria, Alejandro, el Grande, se apoderó de todos los reinos de Asia y también de Jerusalén. Cuando murió, dividió el grande imperio conquistado, y les dio una parte a cada uno de sus generales, declarándolos reyes, cada uno en la región que le correspondió.
La Palestina le correspondió a Seleuco, padre de Antíoco, rey pérfido y cruel. Profanó el templo, destruyó el altar y el candelabro de oro, se apoderó de los vasos Sagrados y de todo lo más precioso; mandó quemar las Sagradas escrituras y adorar las falsas divinidades. Para obligar a los hebreos a renegar de la propia religión, mató niños, asesinó mujeres y hombres. Entre muchos otros fue hecho prisionero también un anciano sacerdote, Eleazar, y lo obligaron a comer carne de puerco, prohibida por la ley judía. El buen anciano prefirió morir antes que cometer ese pecado. Los presentes, movidos por falsa compasión, le aconsejaron fingir que comía la carne prohibida, cuando en realidad comía sólo la carne permitida por la ley. Así podría salvar la vida. Pero Eleazar contestó: No es lícito fingir y hacer creer a los jóvenes que yo, anciano de 90 años, haya pasado a la religión de los gentiles. Llevado al suplicio, gimiendo bajo el peso de los achaques, dijo: Señor, tú sabes que yo sufro con buena voluntad estos terribles tormentos, solamente porque no quiero ofenderte.
Así murió Eleazar dejando, no sólo a los jóvenes sino a todos, un grande ejemplo de virtud y de fortaleza.
Eleazar enseña no sólo a no cometer pecados, sino también a no hacer o decir lo que tenga apariencias de pecado para no dar mal ejemplo.
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