Dios en familia | Católicos y sociedad

Dios en familia
Católicos y sociedad

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Cómo vota un católico

Ante el ambiente electoral que están viviendo algunos países de Latinoamérica, es oportuno reflexionar sobre cómo deben votar los creyentes católicos y su responsabilidad frente a Dios y al Estado.

Un católico debe votar, preferentemente, por un candidato que respalde con su ejemplo las virtudes humanas y cristianas como el respeto a los demás, el saber escuchar, el diálogo, el decir la verdad, la honestidad, la vida morigerada, la fidelidad conyugal y el amor a su familia.

Debe votar, preferentemente, por un candidato que demuestre con hechos su espíritu de servicio a los demás, con especial preferencia hacia los pobres y que en todo y sobre todo defienda la dignidad de la persona humana.

Debe votar, preferentemente, por un candidato que tenga cualidades de gobierno y que garantice la vigencia del estado de derecho mediante la aplicación de la ley, sin excepción de personas o cargos.

Un católico sabe que, si bien la democracia no se agota en el proceso electoral, su fe lo compromete a colaborar en el bien del país emitiendo su voto. El abstencionismo es un pecado de omisión.

Que está obligado a conocer los principios morales y la doctrina de los partidos y candidatos y no dejarse manipular. Es pecado grave comprar o vender votos y colaborar con cualquier manera en un fraude electoral.

Que debe conocer su fe y formar su conciencia de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia y de la moral católica, y emitir su voto pensando en el bien común y no según intereses personales o de partido.

Que si no encuentra un partido o candidato que concuerde con sus principios religiosos y morales, debe votar, según su juicio y en conciencia, por el menos malo.

Que debe brindar a las instituciones ciudadanas que participan y cuidan de los procesos democráticos su respeto y apoyo. La democracia es un bien que todos debemos proteger.

Un católico debe tener en cuenta que estos principios doctrinales son válidos para todos los católicos de cualquier parte y no tienen dedicatoria particular, más que la que cada uno le quiera dar. Por tanto, el católico que actúa según estos criterios, contribuye de manera sustancial al bien del país, y nadie puede sentirse ofendido, porque se trata de la aplicación de principios que emanan de la ley natural común a todo ser humano. La Iglesia, además, es anterior a cualquier partido político y la fe trasciende las ideologías; en todo caso, quienes podrían sentirse ofendidos son los católicos que pagan impuestos y son usados con frecuencia para atacar los principios fundamentales de su fe y de la moral católica.

Autor desconocido

Anexo: Guía del Votante Católico


Catecismo para los votantes católicos

Padre Stephen F. Torrado
Leaflet Missal Company y Vida Humana Internacional

1. ¿No es la conciencia lo mismo que mis propias opiniones y sentimientos? ¿Y no tiene todo el mundo el derecho a votar según su propia conciencia?

La conciencia no es lo mismo que tus opiniones o sentimientos. La conciencia no se puede identificar con tus sentimientos, porque es la actividad de tu intelecto, al juzgar si una acción u omisión en el pasado, presente o futuro, está bien o mal; mientras que tus sentimientos provienen de otra parte de tu ser y deben ser gobernados por tu intelecto y tu voluntad. La conciencia no es idéntica a tus opiniones porque tu intelecto basa sus juicios en la ley moral natural, la cual es inherente a la naturaleza humana e idéntica a los Diez Mandamientos. Al contrario de las leyes civiles aprobadas por los legisladores o las opiniones que tú tengas, la ley moral natural no es algo que tú inventas sino que descubres dentro de ti y que gobierna las normas de tu conciencia. En resumen, la conciencia es la voz de la verdad moral dentro de ti, y tus opiniones deben de estar en armonía con esa verdad. Ese es el objetivo de informar y formar apropiadamente tu conciencia.

2. Entonces, ¿cómo puedo informar y formar apropiadamente mi conciencia?

Como católico, tienes el beneficio de la autoridad del Magisterio [1] para enseñarte, dada por Jesucristo. El Magisterio te ayuda a ti y a todas las personas de buena voluntad a comprender la ley natural moral, según ésta se relaciona con asuntos específicos. Como católico, tienes la obligación de estar correctamente informado y aceptar las normas del Magisterio de la Iglesia Católica. En lo que concierne a tus sentimientos, éstos tienen que ser apropiadamente formados por la virtud, para que estén en armonía con la voz de la verdad. De este modo tendrás una sana conciencia, según la cual te sentirás culpable cuando lo seas y moralmente bien cuando realmente lo estés. Debemos esforzarnos por evitar los dos extremos: una conciencia descuidada o débil y una conciencia escrupulosa. El obligarse a continuamente prestar atención a la formación de la conciencia, aumentará las posibilidades de que actúes sabiendo en conciencia si una acción concreta fue buena o debe llevarse a cabo. El estar correctamente informado y seguro en lo que concierne a cómo opera la conciencia, es el objetivo de continuar formándola. Es decir, debes evitar estar incorrectamente informado o dudoso en cualquier juicio de conciencia sobre alguna acción u omisión en particular.

3. ¿Es moralmente aceptable votar a todos los candidatos de un solo partido político?

Depende de las posturas que adopten los candidatos de este partido político. Si uno o varios de ellos sostienen posturas contrarias a la moral y la ley natural, entonces no es aceptable votar a todos los candidatos de ese partido.

4. Si yo creo que un candidato proaborto, en conjunto, va a hacer mucho más por la cultura de la vida que un candidato provida, ¿por qué no debo votar al candidato proaborto?

Si un candidato político apoya el aborto, u cualquier otro mal moral, como por ejemplo el suicidio asistido y la eutanasia, en este tema no es moralmente aceptable votar a esta persona. Votando a esta clase de persona, usted se convertiría en cómplice de este mal moral. Los males morales, como el aborto, la eutanasia, y el suicidio asistido son ejemplos de algo que “descalifican.” Algo que “descalifica” es aquello que por su gravedad e importancia no permite ninguna maniobra política. Es un tema que ataca frontalmente la dignidad de la persona humana y no es negociable. Este impedimento es de tal enormidad, que por sí mismo convierte al candidato al puesto en inaceptable, sin importar su postura en los otros temas.

Debes subyugar tus sentimientos en otros asuntos, porque sabes que no puedes participar de ningún modo en la aprobación de una violenta y malvada violación de un derecho humano básico. Un candidato que apoya el “derecho” al aborto o cualquier otro mal moral, se ha descalificado a sí mismo y no puedes votar por él. No puedes votar por ningún candidato que apoye el derecho al aborto [2]. La clave para comprender este punto sobre “asuntos que descalifican”, es la distinción entre las razones técnicas y los principios morales. Por un lado, puede haber una variedad de maneras para lograr un objetivo moralmente aceptable. Por ejemplo, una sociedad puede tener un legítimo desacuerdo entre los ciudadanos y los candidatos a puestos públicos, en lo que concierne a cuál plan de salud podría ser más efectivo para llenar las necesidades de los ciudadanos. Al tratar de lograr la mejor política o estrategia, la técnica opera, aunque no por separado de la razón moral. La razón técnica es el tipo de razonamiento que se emplea para llegar al más eficiente y efectivo resultado. Por otro lado, ninguna política o estrategia que se oponga a los principios morales de la ley natural, es moralmente aceptable. Por tanto, las razones técnicas deben de estar subordinadas siempre a las normas de la razón moral, el tipo de razonamiento que es la actividad de la conciencia y que se basa en la ley natural moral.

5. Si yo tengo fuertes sentimientos u opiniones para votar por un candidato en particular, incluso si este candidato es proaborto, ¿por qué no puedo votar por él?

Como explicamos en la pregunta número 1, ni tus sentimientos ni tus opiniones son idénticos a tu conciencia y no pueden tomar el lugar de ella. Tus sentimientos y opiniones deben ser gobernados por tu conciencia. Si el candidato a favor del cual tienes fuertes opiniones y sentimientos es proaborto, entonces tus opiniones y sentimientos necesitan ser gobernados por tu conciencia correctamente informada, la cual te diría que es erróneo para ti permitir que tus sentimientos y opiniones le den menos importancia al hecho de que el candidato apoye un mal moral.

6. Si yo no debo votar a un candidato proaborto ¿no es también verdad que yo no puedo votar por un candidato a favor de la pena de muerte?

No es correcto pensar que el aborto y la pena de muerte son la misma clase de materia moral. Por un lado el aborto directo es un mal intrínseco, y no puede ser justificado por ningún propósito ni en ninguna circunstancia. Por otro lado, la Iglesia siempre ha considerado que la autoridad legítima temporal tiene el derecho y la responsabilidad de defender y preservar el bien común, y defender a los ciudadanos contra el agresor. Esta defensa contra el agresor puede apoyarse en la pena de muerte, si no hay otros medios de defensa suficientes.

La clave está en que la pena de muerte es entendida por parte de la sociedad civil como un acto de defensa propia. Más recientemente, en su encíclica Evangelium Vitae, el Papa Juan Pablo II enseñó que la necesidad de recurrir a la defensa propia “es rara o casi no existe.” Por tanto, aunque lo que el Papa dice es que la obligación de probar que existe la necesidad de aplicar la pena de muerte en casos específicos debe quedar en las manos de la autoridades temporales legítimas; continúa siendo cierto que la legítima autoridad temporal tiene la sola autoridad para determinar cuándo surge un caso “raro” que merece la pena de muerte.

Más aún, si surge tal caso raro que requiere recurrir a la pena de muerte, este acto de la sociedad de auto-defensa sería una acción moralmente buena, aunque tenga el efecto no querido e inevitable de la muerte del agresor. Por tanto, a diferencia del caso del aborto, sería tan moralmente irresponsable rechazar por completo estas “raras” posibilidades a priori, como lo sería aplicar la pena de muerte indiscriminadamente.

7. Si creo que un candidato que es proaborto tiene mejores ideas para ayudar a los pobres, y un candidato provida tiene peores ideas que dañarán a los pobres, ¿por qué no puedo votar por el candidato que tiene mejores ideas para ayudar a los pobres?

Ayudar a los pobres no es sólo admirable sino también obligatorio para los católicos como un acto de solidaridad. La solidaridad tiene que ver con el compartir tanto los bienes materiales como espirituales y con lo que la Iglesia llama la opción preferencial por los pobres. Esta preferencia significa que tenemos el deber de dar prioridad a la ayuda a aquellos que más lo necesitan tanto material como espiritualmente. Comenzando con la familia, la solidaridad se extiende a todas las asociaciones humanas, inclusive en el orden internacional moral.

Basados en la respuesta a la pregunta 4, debemos señalar dos puntos muy importantes. Primero, cuando hemos de determinar la forma en que la política socio-económica puede ayudar mejor a los pobres, puede haber una legítima variedad de propuestas, y eso legitima desacuerdos entre los votantes y los candidatos. En segundo lugar, no puede haber solidaridad al precio de aceptar una postura que “descalifica.” Además, cuando se trata del no nacido, el aborto es el crimen más abominable contra la solidaridad, dado que el no nacido está sin duda entre los más necesitados de la sociedad. El derecho a la vida es el asunto más importante, porque, como dijo Juan Pablo II, “es el primer derecho, sobre el cual se fundamentan todos los demás derechos, y no puede ser recuperado una vez que se ha perdido”. Si un candidato rehúsa la solidaridad con el no nacido, ha abonado el campo para rechazar la solidaridad con todo el mundo.

8. Si el candidato dice que él personalmente se opone al aborto, pero siente la necesidad de apoyarlo bajo algunas circunstancias, ¿no es la oposición personal al aborto de este candidato moralmente aceptable para mí para que yo vote por él, principalmente si yo creo que sus otros puntos de vista son lo mejor para la gente, especialmente para los pobres?

Un candidato que afirma que él personalmente se opone al aborto, pero que en realidad vota a favor de ello, está engañándose a sí mismo o está tratando de engañarte. Aparte del caso extraño en que un rehén es obligado contra su voluntad a realizar acciones malvadas por sus captores, una persona que lleva a término un acto de maldad, como es votar a favor del aborto, realiza un acto inmoral, y su declaración de oposición personal al mal moral del aborto, o es un autoengaño, o es una mentira.

Si votas por ese candidato serás cómplice del avance del mal moral del aborto. Por tanto, no es moralmente aceptable votar por ese candidato, aunque como quedó explicado en las preguntas número 4 y 7, tú pienses que las otras posturas de ese candidato son las mejores para los pobres.

9. ¿Qué ocurre si ninguno de los candidatos es totalmente provida?

Como explicó el papa Juan Pablo II en su encíclica Evangelium Vitae (El evangelio de la vida): “Cuando no es posible rechazar o abolir totalmente una ley proaborto, un funcionario electo cuya oposición personal que se opone absolutamente a la procuración del aborto es bien conocida, podría lícitamente apoyar propuestas que animen a limitar el daño que se ha hecho por la tal ley y reducir sus consecuencias negativas al nivel de la moralidad y la opinión general. De hecho esto no representa una cooperación ilícita con una ley injusta, sino más bien es un intento legítimo y apropiado para limitar sus aspectos malvados.” Lógicamente se deduce de estas palabras del Papa, que un votante debe votar por aquel candidato que limitará lo más posible las maldades del aborto, o cualquier otro mal moral.

10. ¿Qué sucede si un candidato es antiabortista, excepto en los casos de violación o incesto, y otro candidato es completamente proaborto, y además hay un tercer candidato sin probabilidades de ganar que es completamente antiaborto? ¿Estaría yo obligado a votar por el candidato sin probabilidades de ganar?

En tal caso, el votante católico puede por supuesto elegir votar por el candidato sin probabilidades de ganar. Además, el votante católico debe valorar si votar por tal candidato puede sólo beneficiar al candidato completamente proaborto, y precisamente por evitar el mal del aborto, puede votar por el candidato que es antiaborto aunque no en su totalidad. Esto estaría de acuerdo con las palabras del Papa en la pregunta anterior.

11. ¿Qué sucede si todos los candidatos entre los cuales tengo que elegir son proaborto? ¿Tengo que abstenerme completamente de votar?¿Qué puedo hacer?

Obviamente uno de esos candidatos va a ganar las elecciones. Así pues, en caso de este dilema, debes hacer lo mejor para juzgar qué candidato podría hacer el menor daño moral. De cualquier forma como explicamos en la pregunta número 6, no podrías poner a un candidato que es pro pena de muerte (y antiaborto) en la misma categoría moral que un candidato que es proaborto. Si hay que hacer frente a tal conjunto de candidatos, no habría ningún dilema moral, y la clara obligación moral sería votar por el candidato que es pro pena de muerte, no necesariamente porque es pro pena de muerte, sino porque es antiabortista.

12. ¿No es la enseñanza de la Iglesia que el aborto debe ser ilegal en realidad una excepción? ¿No sostiene la Iglesia que el Gobierno debe ceñir de forma significativa su legislación en lo que concierne a la moral?

El que la Iglesia enseñe que el aborto debe ser ilegal no es una excepción. Santo Tomás de Aquino lo expresa de esta forma: “Puesto que la ley humana no prohíbe todos los vicios de los que la virtud se abstiene, sino tan sólo los vicios más obscenos de los que es posible para la mayoría abstenerse, y especialmente aquellos que hieren a los otros, prohibición sin la cual la sociedad humana no podría sostenerse, y así pues, la ley humana prohíbe el asesinato, el robo, y conductas parecidas; el aborto por sí mismo alcanza a ser un vicio tan obsceno que hiere a los otros, y la falta de prohibición de este mal por la sociedad es algo que lleva a que la sociedad humana no pueda sostenerse”. Como ha enfatizado el Papa Juan Pablo II: la negación del derecho a la vida en principio, asienta las bases para que se nieguen todos los demás derechos.

13. ¿Qué sucede con los funcionarios elegidos a cargos que son de la misma filiación política? ¿Están ellos cometiendo un pecado estando en el mismo partido, incluso si no abogan por puntos de vista propios? ¿Son culpables por asociación al ser del mismo partido político que aquellos que promueven el aborto?

Es por supuesto una grave maldad, si yo pertenezco al mismo partido político para asociarme con las políticas de propuesta proaborto de ese partido. De cualquier modo, también puede ser cierto que pertenecer a tal partido político puede tener como propósito cambiar las políticas de dicho partido. Por supuesto, si este es el propósito, uno tendría que considerar si es razonable pensar que las políticas propuestas por el partido pueden ser cambiadas.

Asumiendo que es razonable pensar así, entonces podría ser moralmente aceptable permanecer a dicho partido político.

Permanecer en dicho partido político no es tan instrumental en el avance de dichas políticas abortistas (especialmente si estoy luchando con todas mis fuerzas para cambiar la política del partido), como mi voto por los candidatos de un partido político con tales políticas proaborto.

14. ¿Qué podemos decir acerca de votar por una persona proaborto para algo como Secretario del Tesoro? ¿El candidato podría no tener nada que decir en materias como la vida en el desarrollo de sus deberes o trabajo, se trata solo de su postura personal. ¿Esto no sería pecado verdad?

Si alguien fuera candidato a Secretario del Tesoro, y este candidato declarara públicamente que está a favor de exterminar a la gente mayor de la edad de 70 años ¿votarías por él? El hecho es que el candidato que tiene esa maldad en su mente te hace saber que hay otras maldades en su mente, y el hecho de que se exprese así públicamente es una señal de peligro. Si la personalidad es muy importante en un candidato político, y la personalidad implica el tipo de pensamientos que una persona sostiene, entonces el candidato que se declara públicamente a favor de exterminar a la gente mayor de 70 años o a los niños no nacidos, también queda descalificado por esa razón para recibir el voto de un católico.

Yo iría más allá aún y diría que en principio, a la luz de la ley natural, ese candidato se ha descalificado a sí mismo para un cargo público.

15. ¿Es un pecado mortal votar por un candidato proaborto?

Excepto en el caso en que un votante se enfrente al hecho de que todos los candidatos son proaborto (en cuyo caso como explicamos en la pregunta número 9 él o ella debe luchar por determinar de acuerdo a su intuición cuál de ellos podría causar el menor daño), un candidato proaborto se imposibilita a sí mismo para recibir el voto de un católico.

Esto es así porque el hecho de ser proaborto no puede ser simplemente colocado al lado de las otras posturas, por ejemplo, sobre la atención médica (Medicare), o el desempleo. Y esto es así porque el aborto es intrínsecamente malo, y no puede ser justificado moralmente por ninguna razón ni por ningún conjunto de circunstancias.

Votar por ese candidato sabiendo que ese candidato es proaborto, es convertirse en un cómplice moral del mal que es el aborto. Si el votante sabe que el candidato es proaborto y vota por él, el votante comete pecado mortal.

Notas de VHI:

[1]. El Magisterio de la Iglesia está compuesto por el Papa y los obispos que están en comunión con él, véase el Catecismo de la Iglesia Católica, no. 80.

[2]. La única ocasión que se puede votar por un candidato que apoya el aborto es cuando el oponente es peor aún en este mismo tema y no hay un tercero con posibilidades reales de ser elegido.


Preguntas y respuestas del “Laicismo”

A. ¿Qué es el laicismo?

El laicismo es una teoría religioso-política que persigue eliminar a Dios de la sociedad, estableciendo un sistema ético ajeno a Dios. En su aspecto religioso es un ateísmo práctico que se impone a la sociedad con medidas políticas.

  • ¿Ateos o indiferentes? El laicismo adopta la postura de una indiferencia teórica. Pero en la práctica exige actuar como si Dios no existiera. También puede decirse que el laicismo es un ateísmo social porque pretende organizar una sociedad sin Dios (ateo significa sin Dios).
  • ¿En qué se basa el laicismo? Para instaurar sus planteamientos, el laicismo se basa en dos ideas correctas pero mal entendidas: la separación Iglesia-Estado y la libertad religiosa.
  • ¿Es buena la libertad religiosa? Sí; cada uno debe tener libertad para ejercitar la religión que desee, dentro de los límites del bien común. No se debe imponer una religión (ni un ateísmo).
  • ¿Es bueno separar religión y política? Depende cómo se interprete esto. Sobre todo depende qué se entienda por religión.

    Si con esa separación se expresa que los curas no sean políticos, y los gobernantes no sean obispos, entonces la frase es correcta. Cada uno gobierne en su terreno.

    Si con esas palabras se afirma que una religión no debe exigirse a todos, sino que se deben respetar las conciencias, entonces la separación es acertada. (Por esto el laicismo no debe imponerse a todos).

    Si por religión se entiende a Dios, los actos de culto o las enseñanzas espirituales, entonces no es bueno separar la sociedad de Dios.

    Si con esta separación se expresa enfrentamiento, tampoco es conveniente pues lo ideal es que Iglesias y Estados trabajen cada uno en su ámbito ayudándose en conseguir el bien de los ciudadanos.
  • ¿Y la laicidad del Estado? La laicidad del Estado es distinta del laicismo. La laicidad propone que el Estado no debe estar ligado a una religión particular sino que debe respetar la libertad religiosa. Sostiene que debe haber una separación adecuada entre Iglesia y Estado y no perjudicar a los ciudadanos por motivos religiosos. Es correcto.

En cambio en el laicismo, el Estado impulsa el ateísmo optando por la religión atea.

B. El laicismo y la religión

  • ¿Qué defiende el laicismo ante la religión? El laicismo desea instaurar varios planteamientos:
  • - Para el laicismo, el Estado debe apoyarse en una base común sin Dios. El laicismo reclama un Estado confesionalmente ateo.

    Sin embargo, el ateísmo es una postura religiosa que tampoco debe imponerse.

    - El laicismo intenta relegar la religión al ámbito privado, prohibiendo las manifestaciones públicas de fe.

    Sin embargo, una persona coherente vive de acuerdo con sus creencias tanto en privado como en la vida social. No se debe obligar al creyente a que se comporte como un ateo. (Tampoco se debe forzar al ateo a que actúe como religioso).

    - El laicismo y el relativismo suelen ir unidos, pues ambos defienden el indiferentismo religioso.

    Hay varias religiones pero esto no significa que sean falsas, o que sea indiferente elegir una. Por ejemplo, puede haber varias teorías sobre un hecho histórico, pero sólo un suceso tuvo lugar realmente. Habrá que buscar la religión verdadera.

  • Ejemplos de actitudes laicistas
  • - El laicismo suprimirá las clases de religión, las fiestas e imágenes religiosas, asentando su ateísmo con excusa de respeto a otras religiones.

    Respetarlas sería añadir imágenes y clases de las religiones que lo soliciten razonablemente. Quitar todas es imponer la religión atea.

    - Especialmente, el laicismo rechaza cualquier idea que suene a católica.

    Sin embargo, el que una idea sea católica no la hace falsa. Por ejemplo, la razonable idea de prohibir el robo.

  • ¿Hay un marco de gobierno común? El laicismo intenta que la base ética del Estado sea el ateísmo, pero esto es una postura que tampoco debe ser obligatoria. Entonces, ¿qué es lo común a todos los hombres? Precisamente el hecho de ser hombres. Por esto, las reglas éticas del Estado deberán basarse en lo propio de la naturaleza humana, en la llamada ley natural. (El ateísmo es la menos natural de las posturas religiosas). Con otras palabras: la base está en la dignidad de la persona humana.
  • ¿Se conocen las normas de la ley natural? El documento más conocido que contiene un resumen de la ley natural son los diez mandamientos. En su origen son formulaciones judeo-cristianas, pero ya se han convertido en patrimonio de la humanidad.
  • ¿Hay mandamientos laicistas? El laicismo no tiene reglas morales ni mandamientos, salvo apartar a Dios sobre todas las cosas.

    Al quitar a Dios es difícil mantener unas reglas de conducta. Puedes matar y robar mientras no te pillen. Usa del sexo como te dé la gana. Miente lo que te convenga. Por esto, en las sociedades donde el laicismo se extiende, aumentan la delincuencia y la corrupción.

  • ¿No hay ateos buenos? Hablamos del laicismo en general. En cambio, hay casos particulares de personas ateas que se comportan bastante bien -excepto con Dios, lógicamente.

Tomado de: ideasrapidas.org


Vivir cristianamente en democracia

Extractos de la Conferencia Cuaresmal de 2007 de Monseñor Fernando Sebastián Aguilar (Arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela)

Para poder vivir con paz en este mundo nuestro, tenemos que tratar de comprender los elementos esenciales de nuestra propia vida. No podemos disfrutar de nuestra condición de cristianos si no la conocemos suficientemente. Los laicistas querrían recluir la vida cristiana, la vida de los cristianos, al ámbito privado, como si la vida personal y la vida en familia pudiera estar inmunizada de las influencias del ambiente y del conjunto de la sociedad. Tanto si las aceptamos como si las rechazamos, los cristianos vivimos en este mundo, recibimos las influencias de todo lo que hay en la sociedad y nos sentimos también movidos y responsabilizados de influir en la vida de la sociedad, denunciando y eliminando los males y apoyando todas las cosas buenas vengan de donde vengan.

Tenemos que tener en cuenta la gravedad del conflicto cultural en que vivimos. Están enfrentadas dos maneras de entender la vida, uno de sus rasgos diferenciantes fundamentales es la valoración de la religión, vida humana con Dios o sin Dios. Esta es una cuestión capital. Y no solamente como una cuestión social o cultural, este conflicto se hace más agudo porque el gobierno y grandes fuerzas sociales son claramente beligerantes en favor de la implantación social de la concepción de la vida sin Dios.

Miembros responsables de la sociedad

Los cristianos y la misma Iglesia, somos parte de la sociedad, estamos profundamente arraigados en ella por vínculos naturales y sobrenaturales, por múltiples vínculos de convivencia reforzados por el apremio del amor fraterno. El hecho de adorar a Dios y de vivir arraigados en Cristo no nos aleja del mundo sino que nos permite vivir más intensamente nuestras responsabilidades y ofrecer a nuestros conciudadanos los mismos dones sobrenaturales que nosotros hemos recibido y los abundantes bienes de orden cultural y social que se derivan de la iluminación de la fe y de la sanación espiritual que los dones del Espíritu Santo producen en nosotros. Si la razón humana es capaz de organizar la convivencia y elaborar modelos morales de vida y de comportamiento, la fe purifica y enriquece las capacidades naturales, ilumina la razón, purifica los deseos y fortalece la voluntad para percibir y practicar el bien en la vida personal y social.

Responsabilidad social y política de los laicos cristianos

Los fieles cristianos, en la medida en que forman parte de la sociedad terrestre, tienen que colaborar con todos los demás ciudadanos en la noble tarea de construir la ciudad terrestre de la manera más justa posible, buscando continuamente fórmulas de convivencia y de colaboración en la verdad, la libertad y la justicia.

Los laicos, como ciudadanos de la sociedad secular, en plenitud de sus derechos y obligaciones, tienen preferentemente la tarea de hacer valer las normas nacidas de la recta razón, de la fe y del amor cristiano en las relaciones y actividades de la vida secular. Los laicos cristianos tienen «el deber inmediato de actuar en favor de un orden más justo en la sociedad». La caridad tiene que animar toda la vida de los fieles cristianos y por tanto también sus actuaciones políticas, en forma de lo que se llama «caridad social». Su misión es «configurar rectamente la vida social, respetando su legítima autonomía y colaborando con los otros ciudadanos, según las respectivas competencias y bajo su propia responsabilidad (ib. n. 29).

Con frecuencia, cuando los cristianos criticamos una ley o proponemos un proyecto, nos dice que queremos imponer a la sociedad nuestras propias convicciones de moral, como hacíamos en los tiempos del Estado confesional y de la Iglesia impositiva. La respuesta es clara. Primero que nosotros no queremos imponer nada, simplemente proponemos nuestras ideas como las demás, porque las consideramos buenas para todos. Reclamamos solamente la posibilidad de que nuestras ideas sean conocidas y lleguen a ser aceptadas como cualquier otra si por los procedimientos previstos alcanzan la mayoría y la aceptación requerida.

Con una plataforma común

«La Iglesia no puede ni debe emprender por cuenta propia la empresa política de establecer la sociedad más justa posible. No puede ni debe sustituir al Estado. Pero tampoco puede desentenderse de las exigencias de la caridad en el mundo. Tampoco puede quedarse al margen de la lucha por la justicia. Tiene el deber de ofrecer, mediante la purificación de la razón y la formación ética, su contribución específica, para que las exigencias de la justicia sean comprensibles y políticamente realizables.» (Benedicto XVI, Dios es amor, n.28).

Aunque a veces nos acusen de lo contrario, la intervención de los cristianos en política no tiende a imponer a los demás la fe o las obligaciones de la moral cristiana, sino en favorecer el bien común de todos, en libertad y justicia, tal como es patrimonio de la sociedad con la iluminación y la purificación, la rectitud y perseverancia que la vida cristiana aporta a quien la vive sinceramente.

Esta intervención de los cristianos en la vida pública se puede y se debe hacer en muchos órdenes y de diferentes maneras.

Se puede hacer de forma personal o asociada. En la vida ordinaria, por el sistema del boca a boca, familia, amigos, tertulias, si sabemos responder, si tenemos el valor de replicar amablemente y serenamente podemos hacer valer la opinión cristiana sobre muchos acontecimientos y prácticas en muchos asuntos. Estamos pecando de demasiado silencio, de demasiadas condescendencias.

Diversos planos

Esta intervención e influencia de los cristianos en la vida social se puede desarrollar en:

- El plano de las actividades profesionales, médicos, abogados, jueces, periodistas, profesores. Hay que saber en qué mundo vivimos y saber replicar serenamente con argumentos sólidos defendiendo los puntos de vista cristianos de acuerdo con la ley natural. Este es un elemento fundamental para la identidad de los cristianos y el vigor espiritual de la Iglesia. Los perfiles de la Iglesia se desdibujan si los cristianos no se diferencian por el ejercicio de la caridad en su vida profesional. En muchos casos puede resultar obligatoria la objeción de conciencia, médicos, farmacéuticos, abogados, constructores, políticos, funcionarios, etc.

- Especial importancia tiene lo que podamos hacer mediante actuaciones que influyen directamente en la opinión pública, en las tendencias culturales, estudios, investigaciones, publicaciones, declaraciones, cartas al director, favorecer unos medios u otros, etc., etc.

El ejercicio del voto

La participación más común de los cristianos en la vida política, consiste en el ejercicio del derecho a votar. ¿Cómo votar en unas elecciones en las que ningún partido asume enteramente las enseñanzas del evangelio ni de la moral católica?

Los católicos sabemos que en la sociedad actual es muy difícil que el programa político de un partido coincida en todo con la moral católica, ni siquiera con lo que se podría esperar de un gobernante católico que quisiera en todo atenerse a las directrices de una recta conciencia. Dos cosas quiero señalar. La primera es decir que los católicos, como todos los ciudadanos, antes de votar valoramos las propuestas de los partidos en muchos elementos contingentes y opinables acerca de cómo resolver los múltiples problemas temporales de la convivencia. Pero en esta valoración es necesario que valoremos también de manera especial los aspectos y las consecuencias morales de la ideología, los programas y las actuaciones conocidas de los diferentes partidos en asuntos como la educación religiosa, el apoyo al matrimonio y a la familia, el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la protección de la seguridad, la paz social y la convivencia, la atención y solidaridad con los pobres y necesitados, emigrantes, enfermos, tercer mundo, además de todos los demás elementos que integran el bien común actual de nuestra sociedad.

«Es preciso afrontar con determinación y claridad de propósitos el peligro de opciones políticas y legislativas que contradicen valores fundamentales y principios antropológicos y éticos arraigados en la naturaleza del ser humano, en particular con respecto a la defensa de la vida humana en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural, y a la promoción de la familia fundada en el matrimonio, evitando introducir en el ordenamiento público otras formas de unión que contribuirían a desestabilizarla, oscureciendo su carácter peculiar y su insustituible función social» (Benedicto XVI, Discurso al IVº Congreso Nacional de la Iglesia de Italia, Verona, 19 de octubre de 2006).

En el momento actual, los católicos, además de pensar en los elementos de orden material y social que podemos esperar de la buena acción de los gobiernos, para votar responsablemente y según nuestra conciencia y nuestras obligaciones como católicos, tendríamos que preguntarnos cómo se sitúa cada partida y cada político en relación con la ley natural y la ley de Dios en asuntos tan importantes como:

-el respeto a la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural;

-la visión del matrimonio y de la familia, la protección legal de la familia, desde las políticas de la vivienda, la compatibilidad del trabajo exterior con las obligaciones de la familia, las ayudas para la crianza y educación de los hijos, el reconocimiento del trabajo de la mujer en la casa como una actividad de alto interés social, etc.

-en todo lo referente a la educación de los niños y jóvenes, desde el derecho a la elección de centro, la formación religiosa en la escuela pública, la ayuda a la creación y mantenimiento de centros de enseñanza no estatales en igualdad de condiciones, el clima educativo general en materias morales, la lucha contra las drogas, contra la promiscuidad sexual, el apoyo a una buena educación de niños y jóvenes, etc.

-la actitud ante los temas de convivencia general y pacífica, la seguridad de los ciudadanos, la lucha efectiva contra el terrorismo, la justicia y la solidaridad entre todos los pueblos de España.

Los católicos tendríamos que aprender también a hacer valer nuestro voto mediante la presencia de nuestros puntos de vista en la opinión pública y la cohesión de nuestros votos exigiendo garantías de los candidatos sobre aquellos puntos que nos interesan a todos. La dispersión y la falta de unidad hace que los políticos no nos tengan en cuenta y no acepten nuestros puntos de vista. Es verdad que la Iglesia nos reconoce la libertad de opinar en política y la libertad de voto, pero tiene que ser nuestra conciencia la que nos mueva a votar teniendo en cuenta las dimensiones morales de la cuestión, apoyando a aquellos partidos que más se acerquen a las exigencias de una conciencia católica. Aunque la fe cristiana no se identifique con ningún partido, tampoco los cristianos podemos ser indiferentes o neutrales. Estamos más cerca de los que más se acercan a la concepción cristiana de la vida y menos agresivos son contra la moral natural y cristiana.

Pamplona, marzo 1 de 2007.

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