Significado del Miércoles de Ceniza
El Miércoles de Ceniza es el primero de los 40 días previos a la Pascua y marca el comienzo del ayuno y penitencia en preparación para la Pascua (período conocido con el nombre Lent).
El Miércoles de Ceniza tiene un origen pagano y fue admitido dentro de las creencias de la Iglesia Católica unos pocos cientos de años después de Cristo. Fue la época en que Constantino procuró unir a paganos y Cristianos en una unidad dentro del Imperio Romano.
Las cenizas provienen de la quema de las palmas el Domingo de Ramos del año anterior, las cuales son bendecidas. Con estas cenizas el sacerdote marca una cruz en la frente de la persona diciendo, “Recuerda, hombre, que polvo eres, y al polvo volverás.” (Génesis 3:19).
Desde los tiempos Bíblicos, aplicarse las santas cenizas ha sido un símbolo de lamentación por el pecado. Aquellos que honran el Miércoles de Ceniza le suman a este estado de penitencia un segundo punto: la necesidad de prepararse para una muerte santa..
Cómo vivir la Semana Santa
La Semana Santa es la “semana mayor” del año para los cristianos, pues en ella conmemoramos los misterios centrales de nuestra fe: la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
LaFamilia.info les recomienda algunas formas de vivir estos días:
- Prepárese desde ahora leyendo los textos del Evangelio que se refieren a la Pasión de Cristo.
- Conviértase en un personaje más de esas escenas: No se trata de recordar acontecimientos pasados, sino de vivir con Jesús sus últimos momentos en la tierra.
- Procure que los días santos (jueves, viernes, sábado y domingo) sean de recogimiento, evitando el uso excesivo de la televisión y los espectáculos públicos.
- Intensifique la vida de familia alrededor de algunas prácticas piadosas. Sea un ejemplo para sus hijos.
- Vea alguna película sobre la vida de Jesús y aproveche para comentarla y sacarle partido espiritual.
- Recuerde que el viernes santo es ayuno y abstinencia: únase así a las horas que Jesús pasó clavado en la cruz.
- El Domingo de Resurrección debe ser un día de profunda alegría: ¡Cristo resucitó! Ojala se note en algún detalle extra en la comida, o con algún plan especial familiar.
Semana Santa, ocasión para educar en la fe
Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa, una festividad que nos sirve como una buena oportunidad para involucrar a los niños en esta semana de recogimiento y oración. Pero, ¿ Cómo hacer que los chicos vivan el verdadero sentido de esta celebración sin que pase inadvertida como una semana más de vacaciones?
Como padres tenemos el deber de mostrar con actitudes piadosas lo que significa este periodo en nuestra vida como cristianos. Viva cada día de la Semana Santa intensamente, hablando y reflexionando con los chicos sobre lo que se conmemora en cada ocasión. Para ayudarlos a comprender lo que sucedió en los últimos días de Cristo en la tierra, es aconsejable leer historias en familia sobre la Pasión y Resurrección, así como ver películas sobre la vida de Cristo.
Asegúrese de que sus hijos vayan a los servicios de Semana Santa, sabiendo de antemano lo que allí verán y de que comprendan el significado de cada oficio. Visite los monumentos y llévelos a las procesiones. Esto hará que su vivencia de esta Semana sea más cristiana.
Símbolos de la Pascua:
Recordemos que como católicos, el Domingo de Pascua es la celebración litúrgica más importante del año pues en este día reafirmamos nuestra fe en la Resurrección de Cristo entre los muertos. En algunos países este es el día en que el conejo de Pascua les trae a los niños una canasta llena de dulces y regalos.
Así que aproveche esta actividad lúdica para explicarle a los chicos que la costumbre de los huevos de pascua tiene un origen cristiano ya que el conejo simboliza la Resurrección. Su uso se remonta a antiguos predicadores del norte europeo que veían en la liebre un símbolo de la Ascensión de Jesús y de cómo debe vivir el cristiano: las fuertes patas traseras le permiten ir siempre hacia arriba con facilidad, mientras que sus débiles patas delanteras le dificultan el descenso.
En este día se abre solemnemente la Semana Santa y se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que dieron origen a esta celebración: por una parte, la alegre, multitudinaria y festiva liturgia de la Iglesia madre de la ciudad santa, imitando lo que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Así pues, la Liturgia de Jerusalén y la de Roma se unen para la celebración actual.
En este día viajamos con el pensamiento a Jerusalén donde Jesús entró como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías. Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y la gente que acompañó a Jesús como un Rey.
San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey. La gente gritaba: "Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto".
El lunes, al encaminarse de nuevo al Templo de Jerusalén, "sintió hambre".
La noche del domingo fue intensa para Jesús. Explica muchas cosas a los suyos, pero, sobre todo, reza. Su alma está en tensión. Ve, quiere, siente, habla con el Padre, es invadido por el Espíritu Santo que le empuja al sacrificio. Vive un amor intenso y dolorido. Ante sus ojos desfilan los sucesos de aquellos tres años, y la humanidad entera con sus miles de historias individuales se le hace presente. Es la oración del Mediador entre Dios y los hombres, y vive su función con intensidad.
También ayuna, su espíritu no se relaja. El lunes, al encaminarse de nuevo al Templo de Jerusalén, "sintió hambre". Pero en lugar de recurrir a los suyos pidiendo alimento, se dirige hacia un higuera buscándolo. Sabe que florecen hacia junio y raramente lo hacen en abril; pero le mueve un deseo intenso de que Israel dé buenos frutos, a pesar de todas las evidencias. Tiene hambre del amor de su pueblo y de todos los hombres. Pero aquel pueblo es como la higuera que tiene muchas hojas y ningún fruto. Y surge la ira profética como el relámpago en un cielo de tormentas, y clama hablando con el árbol, y más aún con su pueblo: "que nunca jamás coma nadie fruto de ti"(Mc). Los discípulos escuchaban sorprendidos.
Al día siguiente "Por la mañana, al pasar, vieron que la higuera se había secado de raíz". Los discípulos estaban acostumbrados a los milagros, pero esta vez se sorprenden, pues se dan cuenta que forma parte del mensaje de Jesús que les habla por medio de un símbolo. Un árbol frondoso y prometedor se ha secado casi de repente. "Y acordándose Pedro, le dijo: Rabbí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado". Era como decirle explícanos esta nueva parábola unida a un milagro tan extraño. Jesús abre su alma y les explica algo esencial: el valor de la fe y la importancia del perdón y les contestó: "Tened fe en Dios". La necesitarán pues dentro de poco van a ver la debilidad de Dios, o mejor, un manifestarse del amor divino que se abajará al máximo para ganar la buena voluntad de los hombres. Para personas acostumbradas a considerar a Dios lleno de poder y majestad, es un escándalo verle humilde para vivir el misterio del perdón.
Autor: Enrique Cases. Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias.
Fuente: Encuentra.com
El día de las grandes controversias.
La noche del lunes fue como la del domingo: enseñanzas a los discípulos y mucha oración. Jesús está en máxima tensión. El ambiente de paz de Betania ayuda a relajar los espíritus, pero Jesús no cede en su lucha y necesita rezar.
El martes acude al Templo por el camino tantas veces recorrido. Los rostros de los que le acompañan están serios; ya no hay vítores de los acampados alrededor de Jerusalén, ni en la misma ciudad. Pero muchos quieren oír y ver al Maestro, al Hijo de David, al que resucitó a Lázaro, al que se ha proclamado Hijo del Padre eterno. Este día todos los grupos que se oponen a Jesús se van a unir y emplear sus armas dialécticas para destruirle. "Siguieron observando y le enviaron espías que simulaban ser justos para cogerle en alguna palabra y entregarlo al poder y jurisdicción del gobernador"(Lc). Muchas cosas van a quedar claras en este día y mucha va a ser la luz para los de mente y corazón abiertos.
Autor: Enrique Cases. Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias.
Fuente: Encuentra.com
El miércoles santo Jesús no acudió al Templo. Permaneció en Betania en una vigilia de oración. Todo lo que había de decir, lo ha dicho.
La revelación de su identidad es clara. La denuncia del pecado también. Las posiciones de los importantes también están definidas.
Cristo les dice: "Sabéis que de aquí a dos días será la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado"(Mt). Hay presciencia en Jesús. Sabe lo que va suceder, sabe el día y la hora. No le será ahorrado el desconocimiento previo, o la esperanza de que el dolor va ser menor. Lo sabe todo. Es consciente de que los clavos van a atravesar su carne, sabe que su cuerpo va ser flagelado, escupido, deshonrado y, por fin, llegará una muerte cruel. Lo sabe, y no huye, porque esa afrenta va a ser convertida en un sacrificio en el que Él va a ser sacerdote y víctima. Va a pedir al Padre el perdón para todos, pero lo va a pedir pagando el precio de justicia de todos los pecados. Va ser un verdadero sacrificio expiatorio, como lo simbolizaba el animal que soltaban los sacerdotes que llevaba sobre sí los pecados del pueblo. Pero ahora no va ser un símbolo, sino una realidad. El peso de todos nuestros pecados va a caer sobre Él. Jesús va a ser el inocente que paga por los pecados de aquellos a quienes ama. De esta manera se manifiesta una misericordia que tiene en cuenta la justicia.
Ya había sido profetizado mucho sobre el siervo de Yavé que padecerá para librar al pueblo de sus pecados. Se cumplirá todo hasta el mínimo detalle. El amor no es sólo la satisfacción por el gozo con la persona amada. Es también querer tanto al otro -en este caso todos los hombres- que se busca librarlos de todo mal, se busca liberarlos de las garras del diablo, de las redes del pecado, de la muerte primera, y de la muerte segunda que es el infierno. Ese amor le lleva a no poder soportar que se pierda ninguno. Que todo el que quiera salvarse lo pueda hacer. Por eso no rechaza el sacrificio. Se puede decir que lo ama, aunque el corazón tiemble y la carne se resista. Pero la voluntad es firme. Y el miércoles santo es un día de oración intensa y sin descanso, rodeado del cariño de los suyos, aunque no todos, pues Judas le odia.
Autor: Enrique Cases. Tres años con Jesús, Ediciones internacionales universitarias.
Fuente: Encuentra.com
En este día se celebra:
- La Última Cena
- El Lavatorio de los pies
- La institución de la Eucaristía y del Sacerdocio
- La oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní
En la mañana de este día, en todas las catedrales de cada diócesis, el obispo reúne a los sacerdotes en torno al altar y, en una Misa solemne, se consagran los Santos Óleos que se usan en los Sacramentos del Bautismo, Confirmación, Orden Sacerdotal y Unción de los Enfermos.
La liturgia del Jueves Santo evoca todo lo que aconteció en la noche en que iban a entregar a nuestro Señor Jesucristo. En la última cena con sus discípulos, el mismo Jesús nos da ejemplo de la vocación al servicio del mundo que debemos tener todos los fieles cuando decide lavarle los pies a sus discípulos.
San Pablo nos recuerda que aquella memorable noche de la entrega de Cristo, llegó a hacerse sacramento permanente en un pan y en un vino que convierten en alimento su Cuerpo y Sangre para que todos lo recordemos mientras esperamos su venida al final de los tiempos, quedando así instituida la Eucaristía.
Él quiso que como en su última Cena, sus discípulos nos reuniéramos para participar de los Misterios Santos: "Hagan esto en memoria mía" (Lc 22,19). Cristo se entregó al Padre y se ofreció como alimento.
Por eso la Eucaristía del Jueves Santo debe celebrarse lo más solemnemente posible, pero sin ser tan festiva ni jubilosa como la Noche de Pascua, en la que celebramos la resurrección. En este día hay alegría y la Iglesia rompe la austeridad cuaresmal cantando el "gloria". Es la alegría del que se sabe amado por Dios, pero al mismo tiempo es sobria y dolorida, porque conocemos el precio que le costamos a Cristo.
En la tarde del Viernes Santo se conmemora la muerte de Cristo en el Calvario. Con la Pasión de Jesús según el Evangelio de San Juan, contemplamos el misterio de nuestro Señor Crucificado. San Juan, teólogo y cronista de la pasión, nos lleva a contemplar el misterio de la cruz de Cristo como una solemne liturgia.
Ceremonia de Viernes Santo:
En este día no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin velas, ni adornos. La solemne celebración litúrgica empieza con un rito de entrada diferente de otros días: los ministros entran en silencio, sin canto, vestidos de color rojo que simboliza la sangre y el martirio, y se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un lapso de silencio, se dice la oración del día.
Lecturas:
- Lectura del Profeta Isaías 52, 13-53, 12
- Salmo Responsal
- Segunda lectura: Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9.
- Versículo antes del Evangelio (Flp 2, 8-9)
Adoración de la Cruz: Después de las palabras se pasa a una acción simbólica propia de este día: la veneración de la Santa Cruz en la cual es presentada solemnemente la Cruz a la comunidad.
La Comunión: Desde 1955, cuando lo decidió Pío Xll en la reforma que hizo de la Semana Santa, tanto el sacerdote como los fieles pueden comulgar. Aunque en este día no se celebra la Eucaristía, se comulga del Pan consagrado en la celebración del Jueves Santo.
Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, y esperando en oración y ayuno su resurrección.
Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Es un día para contemplar. El altar está despojado, el sagrario abierto y vacío.
Liturgia Bautismal:
En este día se bendice la Pila Bautismal o un recipiente que la represente y se recita la Letanía de los Santos. Esta letanía nos recuerda la comunión de intercesión que existe entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración de toda la Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo.
El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de la familia de Dios.
Vigilia Pascual:
La celebración es el sábado por la noche, una Vigilia en honor del Señor, según una antiquísima tradición
(Ex. 12, 42). De tal manera que los fieles, siguiendo la exhortación del Evangelio (Lc. 12, 35 ss), tienen encendidas las lámparas aguardando a su Señor, para que al llegar, los encuentre en vela y los haga sentar a su mesa.
En la vigilia pascual se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior Omega y entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.
Al acercarse ya el día de la Resurrección, la Iglesia es invitada a participar en el banquete eucarístico, que por su Muerte y Resurrección, el Señor preparó para su pueblo. Toda la celebración de la Vigilia Pascual se realiza durante la noche, de tal manera que no se vaya a comenzar antes de iniciarse la noche, o se termine la aurora del Domingo.
La Misa, aunque se celebre antes de la media noche, es la Misa Pascual del Domingo de Resurrección. Los que participan en esta misa, pueden volver a comulgar en la segunda Misa de Pascua. El sacerdote y los ministros se revisten de blanco para la Misa y se dan cirios a todos los que participan en la Vigilia.
El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que la iglesia se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios. Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.
Fuentes: ACI Digital, Aceprensa y Catholic.net