Es el patrono de Madrid. Sus padres, al no poder enviarlo a la escuela, se encargaron ellos mismos de inculcarle sus escasos conocimientos, junto con el horror del pecado y el amor a la oración. Isidro se casó con una muchacha pobre, tan buena como él; pero después del nacimiento de su primer hijo, que murió en la infancia, ambos decidieron servir a Dios en continencia perfecta. Con su santidad y heroísmo salió del oscuro anonimato que rodea a los humildes hombres del campo. Su vida fue un modelo de perfección cristiana en el mundo.
Sencillo labrador, trabajó la tierra de sol a sol durante toda su vida y murió en la pobreza. Una leyenda nos narra que Isidro, muy temprano, solía ir a misa antes de comenzar a arar la tierra y que, mientras tanto, llegaban los ángeles para suplirlo en su labor hasta que terminaba la Eucaristía. Mientras araba, sembraba y cosechaba, elevaba sus pensamientos hacia Dios.
Los teólogos modernos llaman a esto "ejercicio de la presencia de Dios"; afirman que el alma, con un poco de práctica, logra dirigir la atención simultáneamente a dos cosas diferentes: el trabajo diario y el pensamiento en Dios presente en todas las cosas. Isidro aprendió este arte y lo ejerció de manera muy particular. Toda su vida fue una unión con el amor de Dios. San isidro era muy generoso con los pobres; con frecuencia los invitaba a su mesa y reservaba para sí los restos de la comida.
Murió el año de 1130, a la edad de 60 años. Su esposa, que le sobrevivió varios años, alcanzó también el honor de los altares. Los restos de san Isidro se veneran en la iglesia de san Andrés, en Madrid, España. Su culto se popularizó mucho por los milagros que el santo obró en Madrid. La familia real de España, promovió ardientemente la causa de san Isidro, quien fue canonizado en marzo de 1622, junto con san Ignacio, san Francisco Javier, santa Teresa y san Felipe Neri. En España se les llama, desde entonces, "los cinco santos". |