"El gran mártir", le llaman los griegos. El defensor de la iglesia, el portaestandarte de la fe, el defensor de los perseguidos e inocentes, el patrón de los cruzados y de varias ciudades españolas... todo esto es el glorioso mártir que hoy celebramos.
Se cree que nació en Palestina, por el año 280. Sus padres eran fervorosos cristianos y emparentados con la alta aristocracia del país. Era un joven bien plantado: alto, elegante, fuerte, simpático... abrazó la carrera más noble de aquellos tiempos, la militar y todo le sonreía hasta que un día... Allá en los inicios del siglo IV llegó a Nicodemia el terriblemente duro emperador Diocleciano, con la satánica idea de hacer desaparecer a la secta de los cristianos.
Su último edicto ordenaba arrojar a todos los militares, dignidades y cargos administrativos, si se podía probar que eran cristianos. Jorge, en medio de la plaza de la ciudad arrancó con furia el edicto y se enfrentó a Diocleciano diciéndole: "Señor, ni he cumplido ni espero cumplir de ahora en adelante cuanto habéis ordenado, por juzgarlo altamente injusto. ¿Por qué abusáis de los pobres y de las vírgenes? ¿Por qué, si hay libertad para adorar a Dioses falsos, no debe haberla para adorar al único Dios verdadero?" El emperador dictó que le atormentasen con toda clase de los más refinados instrumentos para hacerle claudicar de su fe. Pero por más que lo hicieron sufrir, la fe crecía y el valor aumentaba en el tribuno Jorge. Finalmente viendo que ninguno de aquellos tormentos acababan con él, fue decapitado. San Jorge es el patrón de los militares valientes y de cuantos luchan por defender su fe. |