Padres e hijos | Su hijo, año por año

padres e hijos
Su hijo, año por año

Cuatro años: El niño se abre al mundo
Por Sandra Poveda Soriano

Alrededor de los cuatro años, nuestro hijo inicia una nueva etapa vital en la que va a descubrir el placer de vivir rodeado de gente. Abandona paulatinamente su apego hacia nosotros los padres, ya no siente la necesidad estar siempre tras nuestros pasos e incluso experimenta la sensación de que ya no le bastamos para divertirse: necesita gente distinta y nuevos alicientes. Empieza a comprender lo divertido que resulta relacionarse con otros niños de su misma edad con quienes comparte intereses, y pronto toma conciencia del inmenso placer que supone el ser independiente de los mayores.

A los cuatro años nuestro hijo empieza a relacionarse con personas ajenas a su entorno familiar inmediato. Aunque la familia sigue ejerciendo una gran influencia sobre él, y los padres seguimos siendo las figuras más importantes de su vida, necesita a sus amigos para jugar, comienza a compartir y respetar algunas reglas, a imitar determinados comportamientos de los adultos, a identificarse con los amigos de su mismo sexo… Se está socializando, está aprendiendo nuevas pautas de conducta, está madurando.

Hogar y escuela

Los dos contextos educativos más importantes para el desarrollo social de nuestro hijo en torno a los 4 años son la familia y la escuela. La escuela complementa al hogar facilitando la progresiva integración de nuestro hijo en la sociedad: se adaptará a un ritmo de vida, actividades, horarios, normas y comportamientos diferentes a los que ha seguido hasta ahora en casa. Los sentimientos de afecto, amistad, compañerismo y ternura que se generan contribuirán a desarrollar en él una mayor sensibilidad hacia los demás.

A esta edad, le gusta relacionarse con otros niños estableciendo una comunicación más variada y más rica en matices, ya que ha ampliado su vocabulario. Es en la escuela donde el niño realiza un mayor número de contactos sociales y puede dedicar más tiempo a la relación social con el grupo de juego. Básicamente, todos sus amigos lo son porque participan de juegos comunes y sus intereses lúdicos son parecidos.

El juego individual ya no le divierte tanto como antes, prefiere aquellas actividades en que participen grupos de dos o tres niños generalmente de su mismo sexo. Aunque continúa siendo bastante egocéntrico empieza a respetar su turno, a compartir sus juguetes y a pensar qué sienten sus compañeros. Esto le permitirá poco a poco afianzar su identidad, aunque le cueste más de una decepción y más de una pelea con sus amigos por defender sus intereses. Los conflictos entre sus amigos, tan repetitivos y pasajeros, le permitirán ir controlando las frustraciones y la agresividad, y le enseñarán a aceptar los fracasos.

Juegos de imitación

El juego simbólico o de imitación adquiere mucha importancia a esta edad. Les gusta adoptar el papel de otras personas (familia, profesor, personaje de ficción) e imitar las actividades que ven realizar. Nosotros seguimos siendo sus modelos más influyentes y es nuestra responsabilidad mostrar patrones y valores sociales valiosos. En sus juegos teatrales no mantiene mucho rato el mismo papel, sino que cambia de un personaje a otro con la mayor facilidad. Por ejemplo, puede simular que es Superman y acto seguido que conduce un coche como su madre.

Esta clase de juego también aparece cuando el niño juega en grupo. Cada uno representa un papel tras haber llegado a un acuerdo ("tú harás de papá y yo de mamá", "tú serás un elefante y yo un león"). Como el juego es colectivo cada niño sabe que debe desempeñar bien su papel para que el juego sea coherente.

Debemos permitirle relacionarse con los demás con entera libertad, con nuestro apoyo afectivo y nuestra confianza pero sin mediar en sus conflictos sociales, potenciando así su independencia y autonomía, la seguridad en sí mismo y su autoestima.


La conciencia moral
Por Bernabé Tierno

Paralelamente al desarrollo psicoafectivo del niño, en los primeros años tiene lugar la educación moral. Aunque esta conciencia se va desarrollando en el niño desde el nacimiento con las observaciones que hacen los progenitores sobre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo permitido y no permitido, la verdad es que, de alguna manera, desde muy pronto existe en el niño una cierta noción del bien y del mal, una verdadera necesidad ética y una exigencia de normas fijas.

Entre los cuatro-seis años, el niño no aplica todavía ninguna regla, su conducta prácticamente la reduce a imitar a los adultos. Es necesario que sus padres le dejen bien claro y le demuestren, con su modo de proceder, lo que está permitido y lo que no, lo que le conviene y lo que puede perjudicarle, lo que es justo y lo que no lo es.

Cómo evoluciona por edades

A los cinco años, el niño, además de imitar a los mayores, es básicamente servicial y obediente, y es bueno, no porque tenga una noción clara del bien y del mal, sino porque desea agradar a los padres. Si se le dice algo malo sobre sí mismo, se siente profundamente herido. Miente poco y tiene sentido de la propiedad. Es menos prudente y cuando está junto a su madre se libera al sentir su protección. Considera la muerte como algo unido a la vejez y que no le concierne.

Entre los seis-siete años, la muerte adquiere gran importancia para el niño, y teme a veces que su padre o su madre puedan morir porque descubre que la muerte no va siempre unida a la vejez sino que cualquiera puede ser golpeado por ella, aunque sea joven y sano. El niño se hace más responsable y adquiere la noción de justicia y la de suerte.

Aunque suele ser obediente, necesita que se le recuerde lo que debe hacer. Tiene el deseo de ser bueno y, si no lo es, a veces culpa a los demás, pues no soporta que le consideren malo.

Entre los ocho-nueve años el niño va conociendo cada vez mejor las reglas de juego y las va aplicando. Hacia los nueve años ya no las considera inmutables, y puede cambiar los reglamentos y modificarlos según su propio criterio.

La moral del niño de esta edad es mucho más realista. Desea ser sincero y también suele ser obediente, pero sus acciones muchas veces se adelantan a sus intenciones. Acepta los castigos cuando se los merece y no suele protestar, pero se pone muy furioso si se le castiga siendo inocente, porque tiene ya un sentido muy claro de lo que es justo y merecido y de lo que no lo es. La muerte ha pasado a ser el fin de la vida y apenas le preocupa, pues la ve lejana para él Y para sus padres.

A los diez-once años el niño entra en el mundo adulto, se hace más exigente, estricto y riguroso, y adquiere una conciencia casi excesiva de la responsabilidad. Aparecen los ideales morales; sobre todo la moral colectiva. Se establece la cooperación entre los compañeros y las reglas convenidas por el grupo se respetan de la manera más exigente y estricta. Ni es tramposo ni mentiroso a no ser por consideración.

A los doce-trece años su moral es un poco la moral del grupo. Es generoso, diplomático, desea adaptarse en todo a los demás: forma de vestir, juegos, aficiones, etc. Es la época en que se descubren las conductas morales extremas y aparece, sobre todo en los chicos, la intención de apartarse de la moral corriente. Sienten el deseo de comportarse (como mayores», fumar, beber, etc. Empiezan a ocultar la verdad o parte de ella (beber o fumar a escondidas).

La influencia de los amigos comienza a ser decisiva y su conducta estará influenciada en gran medida por el comportamiento que observa a los compañeros de clase o a los chicos del barrio en que vive.

A los catorce-quince años el adolescente suele tener menos escrúpulos, y no le preocupa tanto su comportamiento moral. Bastantes fuman y beben, hacen trampas, emplean términos y expresiones groseras y obscenas, participan en las tareas del hogar pero exigen compensaciones a cambio, como aumento de la paga semanal, etc. La muerte se acepta ya como realidad ineludible.

A medida que se acerca a la juventud va examinando mejor sus decisiones, estudia más a fondo las normas, reglas y principios y le gusta discutirlas con los adultos. Son frecuentes las reuniones con amigos y su conciencia individual adquiere cada vez mayor autonomía.

No duda en defender un criterio opuesto al de la mayoría si tiene plena convicción de estar en lo cierto. Aparece la personalidad con fuerza, y gusta de sentirse «él mismo», con criterio propio, capaz de mantenerse firme frente a posturas y actitudes contrarias

Pautas a seguir

Recordemos que, antes de que el niño acceda a la libertad, la identificación es la fase necesaria para que, posteriormente, el adolescente se encamine correctamente hacia la autonomía moral y afectiva.

1. Es muy importante que los padres no caigan en la trampa fácil de acusar al niño de “malo”, «incorregible» y «travieso», hasta el punto de convencerle de que él es así. Por el contrario, en todo momento deben estar pendientes para cazar al niño en su mejor momento, cuando se está portando muy bien, y hacerle ver que esa conducta nos complace y nos mueve a felicitarle y alabarle por ello.
2. Otra actitud errónea sobre la moralidad es la de aquellos padres cuya actitud educativa se reduce a toda una serie de prohibiciones referidas a los normales actos cotidianos como: comportamiento en la mesa, juegos, salidas, elección de amigos, etc., privando al hijo/a de los medios morales de expansión y descuidando los verdaderos valores humanos.
3. En las familias con pocos hijos es muy corriente que haya demasiadas personas pendientes del niño (abuelos, tíos...); esta actitud también es perjudicial. Se corre el peligro de que estos niños, con una conducta aparentemente irreprochable hasta los diez-once años, no tarden demasiado tiempo en demostrar una incapacidad de decisión. Después de la pubertad esa incapacidad para tomar decisiones de orden moral puede ser total.
4. Tampoco conseguirán jamás llevar a los hijos por los caminos deseados quienes les abrumen con toda una serie de mandatos y prohibiciones rigurosas, con ideas morales inflexibles o con un código aplastante y rígido, tratando de manipularles la voluntad y la mente.

Este tipo de moral irracional y férrea es la llamada moral de vía estrecha, que siempre es contraproducente y negativa. Es precisamente el ejemplo de amor, comprensión, tolerancia y actitudes dialogantes en un ambiente en el que reina la alegría lo que debe presidir las relaciones entre padres e hijos y subyacer a toda educación moral.


¿Lista para la pubertad?

Hija, la pubertad son todos aquellos cambios fisiológicos y somáticos que se te van a presentar entre los 8 y 14 años de edad. Todos estos cambios son buenos y te ayudarán a convertirte en una mujer adulta, responsable y segura de ti misma. Pero como todas las cosas, cuando cambiamos podemos tener muchas dudas sobre lo que nos está pasando, por eso ALMAS, A.C. quiere ayudarte a encontrara las respuestas a algunas de tus dudas.

¿Qué cambios físicos voy a experimentar?

  • Aumentará el tamaño de tus senos.
  • Los ovarios, útero, vagina, labios y clítoris aumentarán de tamaño.
  • Aparece el vello púbico y axilar.
  • Se dará por primera vez la menarca.

¿Qué es la menarca?

Es cuando ocurre por primera vez el sangrado menstrual después de una primera ovulación hablamos de menarca. Ha empezado la época fértil de la mujer. Recuerda que aunque fisiológicamente ya estás lista para ser madre aún faltan muchos aspectos psicológicos que van a madurar con el tiempo.

¿A qué edad se tiene la primera regla?

Generalmente aparece entre los 11 y 13 años por primera vez. En los primeros años de la pubertad los ciclos no son muy regulares, por lo tanto, esta no es una razón por la cual te tengas que preocupar. A veces, incluso vuelve a desaparecer la regla durante unos meses. A los diez y ocho años generalmente los ciclos se establecen con normalidad. En algunos casos desaparece la regla también cuando ha habido un cambio importante en el estilo de vida, o cuando se hace mucho ejercicio físico.

¿Por qué hay alteraciones del humor antes de la regla?

Seguramente ya sabes, has oído o te habrás dado cuenta que poco antes o durante la regla la mayoría de las mujeres tiene cambios emocionales, muchos lo llaman SPM (Síndrome Pre Menstrual), que se demuestra en el deseo de tranquilidad, cariño y seguridad. También puedes sentir desgana, irritabilidad, cansancio y malestar general (dolor de cabeza, náusea, dolor de espalda, etc.). Esto se debe a los cambios hormonales importantes que se presentan sobre todo al final del ciclo menstrual.

¿Qué cambios emocionales o psicológicos voy a tener?

Durante esta etapa vas a tener una crisis, debido a que comienzas a dejar de ser niña para iniciar a ser una joven.

En esta época surgen dos impulsos característicos.

1. Autoafirmación individual.

  • Comienza con la conciencia de ser alguien distinto a los que te rodean (padres, amigos, hermanos, maestros, etc.)
  • Imponer a los demás lo que eres.
  • Exagerada acentuación de ti misma.
  • Constante rebeldía
  • Desconfianza hacia lo que otros dicen y a la vez te sientes atraída por ideas necias que no te llevan a nada.

2. Despertar del instinto sexual.

  • Aparece junto con los cambios físicos.
  • Comienzan a llamar la atención las niñas.

¿La pubertad son sólo cambios?

No solamente son cambios, porque tú eres una persona y no una computadora que se está ajustando a un nuevo programa o a una actualización. Los seres humanos somos mucho más que eso, por eso aunque en esta etapa hay muchos cambios físicos y emocionales, lo más importante es aprovechar este tiempo para crecer integralmente en todas las áreas de tu vida, y sobre todo para planear tu futuro, porque todo lo que tú haces el día de hoy tiene consecuencias el día de mañana.

Busca tu desarrollo personal

Para lograr un desarrollo óptimo es importante trabajar los tres aspectos de nuestra vida, algo a lo que llamaremos IVA.

INTELIGENCIA: Todos tenemos la tendencia natural a defender lo más íntimo de nuestra persona y a esto se le llama pudor. Es decir como eres inteligente usas ropa, los animales no tienen inteligencia y no fabrican nada para cuidar su cuerpo. El pudor es exactamente eso, la inteligencia que tenemos para cuidar lo más íntimo de nosotros: nuestro cuerpo, nuestra forma de hablar y todas aquellas cosas que consideramos privadas.

VOLUNTAD: La voluntad es la capacidad de hacernos dueños de nosotros mismos, por eso algunas veces tendremos que aprender a decir NO, aunque esto nos resulte difícil. Hay que decir no a nosotros mismos, y en ocasiones a otros y ser fuertes para renunciar a amistades y situaciones que nos dañen. También debemos aprender a decir que SÍ y asumir todo lo que nuestras decisiones implican.

AFECTIVIDAD: Todas las personas tenemos una capacidad de amar, pero cada uno lo manifestamos de diferente manera. Por esta razón es importante que aprendas lo que es el amor.

El verdadero amor busca el bien de la otra persona.

El amor no se prueba, se vive.

AMOR= Autodominio+Madurez+Optar por el otro como por ti+Respeto.

Tips para vivir responsablemente tu sexualidad

  • Cultivar la amistad de personas que te hagan mejor persona.
  • Renuncia a amistades que puedan dañarte o que pueden ponerte en ocasión de caer o recaer.
  • Tratar de que las relaciones entre jóvenes de distinto sexo al tuyo sean profundas y valiosas.
  • Ten diversiones sanas, haz ejercicio, recuerda que mente sana cuerpo sano.
  • Controla la imaginación. Sobre todo en los momentos de ociosidad. Mantén pensamientos positivos.
  • Evita la ociosidad, recuerda que es la madre de todos los vicios.
  • Procura ver y escuchar cosas que favorezcan tu crecimiento y desarrollo. Recuerda que no es sabiduría el conocimiento del mal.
  • Cuida tu intimidad en el vestido y en el lenguaje. Guarda las mejores cosas para ti y para las personas que tú decides amar.
  • Procura tu aseo personal limpia siempre es agradable.
  • Ten el coraje para huir de ocasiones que te puedan dañar. Más vale que digan aquí corrió que aquí quedó.
  • Aprende a decir que NO a tiempo.
  • Cuando tengas dudas, pregunta a fuentes confiables que te digan la verdad, como por ejemplo tus maestros, sacerdotes y otros adultos que sean de confianza.
  • Ante cualquier cambio físico o emocional, piensa que es algo normal y no te avergüences de ello, simplemente estás creciendo.
  • PLATICA CON TUS PADRES. Aunque suene difícil. Ya que ellos son los más adecuados para ayudarte.
  • HAZ UN PLAN VIDA. Es más fácil llegar a cualquier lado cuando ya sabes a donde ir.

Asociación de Laicos por la Madurez Afectiva y sexual, A.C.


Características psicológicas de los niños de 6 a 11 años

6 y 7 años


8 a 11 años


6 y 7 años

Hacia los 6 años, el niño desea ya la compañía de otros niños. En el juego y en sus compañeros halla sus propias experiencias, que unidas a la enseñanza y ejemplo de los mayores lo ayudarán a alcanzar un mayor equilibrio y madurez psicológica.

Un cambio de personalidad

Ha adquirido ya un considerable número de conocimientos que van agrandando y variando constantemente las nociones que tiene del mundo. Cuanto más rico se hace en nociones, menos lo es en intuiciones. Comprende más cosas y adivina menos. Es más inteligente y menos intuitivo (aunque lo es mucho).

El cambio es menos notorio en los niños que han vivido una vida de relación reducida, que se han localizado menos. Y aún es menos acentuado en los que han vivido en un hogar truncado. El niño que no tiene madre entra mucho más tarde en la vida sentimental, y el que no tiene padre tarda más en esbozar su carácter.

El cambio que sea manifestado con esta etapa es debido también a la educación. Si día tras día han sido frenados los impulsos excesivos, enderezadas las desviaciones que hubiere, algo tiene que haber ocurrido en la personalidad del niño.


Iniciación del carácter

El carácter no es un elemento más de la personalidad. Es la síntesis de los elementos de la personalidad. El carácter no estará completamente formado, o, mejor dicho, esta reacción secundaria no será permanente hasta la edad adulta. Pero en estos años empieza a formarse y sobre todo se define ya en un sentido determinado.

La presencia del carácter es lo que da a los padres la sensación de un gran cambio. Claro que ha habido un cambio: el que conduce del temperamento al carácter. El lenguaje corriente encierra un profundo sentido cuando de un individuo o de una ciudad con poca personalidad, dicen que no tiene carácter.

El niño en esta etapa, se proyecta hacia el mundo porque empieza a tener carácter, porque empieza a ser psicológicamente una persona.


La afectividad

Cuanto más rica en emociones sea la vida afectiva, más rica podrá ser en sentimientos. Cuanto más inteligente, más pronto podrá transformar sus emociones en sentimientos. Pero los sentimientos, al igual que las emociones, necesitan algo externo para elaborarse y dar un tono afectivo a toda la personalidad; necesitan un estímulo.

Ávido de comunicaciones afectivas, su necesidad fundamental es sentirse amado. Por eso, solo en ese ambiente de seguridad afectiva puede sentirse bien. Este estimulo, nacido en el exterior o en la propia interioridad del alma, será más fácil en una vida en la que la relación con el mundo sea dilatada, en la que la inteligencia sea activada en la que haya una educación constante. El niño por sí solo podrá llegar también a poseer todos los sentimientos.

Ningún niño en una u otra forma deja de tener todos los sentimientos ni ningún educador podrá crear nunca sentimiento alguno. Pero el niño aislado, el de escasa inteligencia, el que ha sufrido una educación desviada, es pobre en su vida afectiva, sus sentimientos están diferenciados, no se manifiestan claramente, el niño en esas condiciones no pasa casi del placer y del dolor y de los sentimientos egoístas.

En el niño de dos a cuatro años, los sentimientos ya son abundantes. En el de cuatro a siete años, ya están casi todos esbozados y si bien no se puede decir que sean más numerosos que las emociones, porque el concurso de éstas viene determinado por un número de estímulos que las provocan, se puede asegurar que toda la vida afectiva del niño comienza a ser dirigida ya, tanto por los sentimientos como por las emociones.

Una característica esencial de la vida afectiva del niño es la ausencia absoluta de pasiones, las cuales no aparecen hasta la pubertad o la vida adulta. Si aparecieran antes, debería sospecharse una personalidad patológica. Esta ausencia de pasiones ni impide que en algún momento las emociones del niño (cólera, ira, temor, etc.) puedan llegar a crear un estado pasional momentáneo. Pero cuando éstas se presentan de una manera repetida, son también producto de una personalidad o educación desviadas.


Sentimiento estético

Durante este período de la vida empiezan a aparecer los sentimientos más importantes como el estético y el religioso. El sentimiento estético generalmente no aparece antes de los seis años, porque la emoción estética también se produce tardíamente.

La emoción necesita de un órgano sensorial que reciba la sensación del elemento exterior que la produce y necesita que esta sensación se convierta en percepción. El niño de un año, por ejemplo, ve los colores, pero no los distingue. Igualmente ocurre con los sonidos y con las formas, los siente y las ve, pero no los distingue hasta después de mucho oírlos y verlos. Sin este aprendizaje no sería capaz de apreciar la armonía y el ritmo de las formas y de los colores, la armonía y el ritmo de los sonidos y no podría por tanto sentir la emoción estética. Cuando ésta ha aparecido y se multiplica con el ejercicio, se produce el sentimiento estético que no alcanza muchas veces su plenitud hasta la adolescencia o la juventud.


Su idea de Dios

La idea de Dios la lleva en potencia por el mero hecho de estar dotado de una naturaleza humana, y puede llegar a poseerla actualmente, no ya por investigación propia sino por la influencia del medio. El niño irá indagando, pregunta tras pregunta, hasta agotar las posibilidades de causalismo. Para él todo tiene causa, toda acción su porqué y no descansa hasta saberlo o hasta que cree que lo sabe y su positivismo no se detiene aquí. Toda cosa tiene su causa, pero además, tiene su fin, su utilidad. Al “porqué”, añade el “para qué” y todo el día está preguntando.

Va llegando así a la idea de la necesidad de un autor de las cosas. La familia y el colegio son los que han de dar un sentido cristiano a sus preguntas; hacerles ver a Dios como autor de todas las cosas y como Padre. Es esencial este sentimiento de Filiación Divina como base de una educación religiosa sólida y firme. No deben olvidar tanto padres como profesores que esta edad es importantísima para lograr una educación religiosa y que esta educación no consiste en enseñar sino procurar “transmitir” una vida de piedad viva y sincera. La enseñanza de una práctica religiosa puramente mecánicas, sin alma, no sirven de nada.


Voluntad y Carácter

Durante esta etapa, el niño va mostrándonos cada día más nuevas manifestaciones del carácter; en sus reacciones a nuestra actuación o a la actuación de los demás niños, podemos ver claramente que su inteligencia y sus sentimientos van transformando la primitiva reacción, rápida, inconsciente, temporal, en una reacción medida, consciente, con carácter. Nos damos cuenta de que el niño tiene una manera propia de sentir, de pensar y de querer. Podemos decir que, el núcleo central del carácter es la voluntad.


¿Qué es la voluntad?

El niño en este período es quien lo dice más claramente. Cuando desea hacer una cosa y duda en hacerla y llega a creer que no es capaz de hacerla y por fin se vence a sí mismo, la hace y queda satisfecho, es decir cuando pasa de un sentimiento de incapacidad, a uno de capacidad, ha tenido voluntad.

En el lenguaje corriente sería conveniente saber distinguir el verbo querer, del verbo desear. Tal vez para querer es preciso el deseo, como para éste es necesario el impulso. Querer, equivale a desear una cosa y creer en la posibilidad y conveniencia de realizarla.

El niño cuando tiene carácter casi siempre sabe qué es lo que quiere, lo que tiene que hacer. Ante cada estímulo, ante cada nueva situación se produce de una manera segura en un sentido u otro. No duda. La duda es la negación del carácter, o por decirlo de otra manera; el carácter es la energía personal que resuelve nuestra duda. Y si no duda, tampoco se precipita; entre el pensamiento y la ejecución, entre el deseo y la consecución, hay un intervalo; en este intervalo se inserta el acto de la voluntad. Voluntad que no produce ni los deseos, ni los sentimientos, ni los pensamientos, ni siquiera los impulsos. No los produce, pero los escoge, los delimita, los frena, los excita.

Lo que realmente establece una diferencia profunda entre el niño temperamental y el niño de carácter, es que el primero no sabe que es lo que hace, pero el segundo sí.

En líneas generales hay que tener en cuenta la falta de seguridad en sí mismo y como consecuencia siente fuertemente la necesidad de protección y ayuda. Los padres deben estar vigilantes para no darle hecho lo que el niño puede hacer por sí solo. A sí mismo, deben insistir en lo importante que es hacer, que aprendan haciendo, aunque suponga un mayor esfuerzo, una aparente pérdida de tiempo y lo que es más costoso para una madre, no hacerse la imprescindible para el hijo. Llevarlos de la mano, en un clima de espontaneidad orientada.


La obediencia

Hay que tener en cuenta también que las órdenes que el niño recibe, las obedece o desobedece, las cumple o no las cumple. Hay niños que obedecen más que otros. Algunos, sienten una tendencia casi irresistible a desobedecer. Sin embargo, sería un error creer que siempre que el niño obedece es bueno y que siempre que desobedece es malo. Porqué, en la obediencia, hay un factor que no depende del niño sino de la manera como los padres educan. Muchas cosas son obedecidas porque han sido bien ordenadas, pero muchas veces queda sin cumplir, porque han sido inoportunas e impertinentes.

El hábito de obediencia puede ser, ciertamente, la revelación, de una personalidad patológica, pero muchas veces es la revelación de que las órdenes han sido dadas sin tener en cuenta la ineludible libertad del niño.


Sociabilidad

El menor de seis años va sintiendo que es un elemento de la familia, uno más, ya es “alguien”. Momento este decisivo, porque si lo ignoran los padres, pueden truncarse la mejor de las ambiciones: ser algo. Puede decirse que el niño pasa por un período de selección profesional, en el que, buscando el modo de realizar un papel en la vida insinúa de una manera vaga e imprecisa las posibilidades de su futura actuación.

Desgraciadamente esto pasa muchas veces desapercibido de los padres y hasta del propio niño, porque en él hay una característica que en aquél momento se acentúa y seguirá acentuándose hasta la pubertad, a saber: una invencible vergüenza a ser descubierto tal cual es, como si escondiese su personalidad y ocultara sus sentimientos, pensamientos, deseos, no por temor a que los consideren malos, sino por vergüenza de que los conozcan, sean como sean. Vergüenza en la que va implícita una manifestación del sentimiento de pudor.

Su espíritu es precario, no tiene aún auto reflexión para hacer consciente su propio yo independiente. Tiene compañeros, pero no amigos.

A veces son muestra individualista, le interesan sus logros, que presentan a todos en espera de estima. Suele ser adaptable y extrovertido, su capacidad de adaptación le hace apto para la asimilación de hábitos de conducta, fundamentales para ir consiguiendo una mayor educación de su voluntad.


El afán de saber

El niño no desea que sepan como es, poro quiere saber como son las cosas, de aquí el porqué y el para qué hemos señalado. Este por qué y este para qué tienen su motor en uno de los instintos más específicamente infantiles que es el epistemológico, en el que se reúnen todas sus ansias de saber y de progresión.

Sería muy conveniente tenerlo siempre presente y ante todo sería muy conveniente saberlo comprender en sus varias manifestaciones. Porque en él, a más del por qué y del para qué, se esconden otros dos fenómenos instintivos que pueden parecernos independientes y constituyen, en estas etapas, buena parte del instinto epistemológico. Nos referimos al afán de destrucción y al espíritu de contradicción.

Pocas veces el niño destruye con los dientes apretados, sino que lo hace con una cierta sonrisa en los labios; la sonrisa del que está descubriendo o espera descubrir algo. Porque el niño destruye las cosas para saber cómo son por dentro, para saber cómo están hechas.

Y si bien el niño nos contradice muchas veces porque nosotros lo hemos contradicho antes, obligándole a ponerse unos zapatos cuando él deseaba salir con otros, o estar sentado en una silla cuando él quería estar sentado en el suelo, muchas otras nos contradice buscando en su contradicción una reafirmación para saber realmente si las cosas son como le decimos que son

Durante esta etapa, habremos de esforzarnos en comprender de una parte la vergüenza del niño a ser descubierto tal como es y de otra el afán de destrucción y contradicción, que están en el mismo meollo de este instinto epistemológico que le procura la satisfacción de sus ansias de saber y de progresión.


Verdad y Mentira

La vergüenza que siente el niño a mostrarse tal y como es no podemos confundirla con la falsedad y la mentira.

El niño no miente todas las veces que así lo parece, antes de afirmar que un niño miente, sería prudente pensar si realmente es posible que mienta.

La mentira es una negación consciente de la verdad. Conoce siempre el niño la verdad?. De la misma manera que antes no podía distinguir un color de otro, ahora muchas veces, no puede distinguir lo verdadero de lo falso. Por falta de comprensión y aún, porque su imaginación le deforma la realidad. Deformación que en muchas ocasiones le imposibilitará a distinguir lo que realmente ha visto de lo que simplemente ha imaginado.

El niño no dice nuestra verdad porque no la conoce o no la bien. Generalmente el niño no miente. Dice otra verdad. Sólo existe mentira allí donde se aparte de su realidad.

Hay una mentira que se produce por el deseo de liberarse que siente el niño. Es aquél que a nuestras preguntas responde indistintamente e indiferentemente sí o no. Responde así porque le hacemos la pregunta usando unos términos que no son los suyos, y para librarse de nuestra pregunta que a menudo tienen un tono impertinente- responde sí o no, lo primero que le viene a la lengua. Cuando su comprensión haya madurado y cuando la pregunta sea hecha de una manera adecuada a su capacidad, en vez de este sí o no indiferente, dirá no lo sé.

No siempre se produce un mismo tipo de mentira, hay varias clases:

La mentira como instinto de defensa: el niño miente por miedo, porque siente que hay alguien que se mete en sus cosas, y antes de perder su libertad oculta sus actos con una mentira. Muchos niños sólo mienten ante una determinada persona, o sólo mienten por una determinada cuestión.

La mentira producida por el mal ejemplo de los padres los cuales, delante de los hijos, hablando con otra persona, dicen cosas absolutamente falsas. Son muchos, por desgracia, los niños que mienten porque también mienten sus padres.

Mentira automática: El niño la dice obedeciendo a un impulso que le lleva, sin saber porqué a mentir, o miente de la misma manera que realiza un acto reflejo.

Mentira combinada: Es utilizada por el niño que tiene interés en no decir la verdad para esconder sus actos o para conseguir algo, entonces combina los términos que han de constituir la mentira y a su vez, busca que las cosas tengan un encadenamiento lógico que las hagan posibles.

Mentira por pereza: El niño renuncia al ejercicio mental que presupone determinada pregunta a menudo hecha en momento inoportuno y se escapa por el camino más fácil, que es el de decir la primera cosa que se le ocurre.

Mentira altruista: Para disimular la falta de otra persona.

Mentira fabulación : Con la que el niño no intenta engañar a los demás, sino así mismo.

Mentira por atolondramiento: El niño es requerido a dar precipitadamente una respuesta y no estando preparado para contestarla correctamente, miente.

De todas ellas la más frecuente es la dicha por miedo o por instinto de defensa.


El juego

El niño empieza a jugar muy pronto y hasta la adolescencia será el juego su ocupación preferida y la que representará su manifestación más clara. Por lo que el juego tiene para la educación una importancia capital que, por desgracia, es desconocida muchas veces, pues abundan los padres que consideran el juego como un estorbo.

Considerado como una actividad superflua, se teme que entorpezca otras cosas consideradas más importantes, como por ejemplo, el silencio en la casa, la limpieza del piso, la pulcritud del vestido. Todo esto puede ser conseguido sin que a ello quede supeditada la actividad del niño. Contra el desorden y la suciedad, la educación pero no la inactividad.

El adulto en el juego

El adulto mira el juego del niño como si fuera cosa propia, porque cree que él juega aún para entretenerse. Profundo error. Admitiendo por un momento que el juego sólo fuera un entretenimiento, no por ello podríamos reducirlo a una actividad menos apreciable. Porque este entretenimiento puede ser beneficioso para el cuerpo y para el espíritu y porque es preferible ver a una persona entretenida que sin hacer nada.

Si hiciéramos que el niño no se entretuviera, lo único que conseguiríamos sería crear perezosos.

Pero es que, además el adulto no se conoce a sí mismo. Entretenimiento? Bien, pero entretenimiento por necesidad. El adulto no se entretiene porque no sepa qué hacer sino porque ha hecho demasiado. El adulto que no hace nada, que no trabaja, no juega: se tumba.

Aún intenta el adulto otra explicación ante el juego: ésta sería la manifestación de un exceso de energía, de una sobrante de fuerza que no ha sido utilizada en el trabajo.

Entonces por qué juega cuando está cansado? ¿Por qué cuando ha pasado un día de gran trabajo, siente la necesidad de pasear, de bailar, de jugar a la pelota? El adulto no juega porque le sobran fuerzas, sino para recuperarlas cambiando de actividad.

Si este sobrante de energía pudiera ser alguna vez la causa del juego en el adulto, no lo sería nunca en el niño. El joven que, en el taller o en la universidad, es un escéptico de su trabajo y un desilusionado de la vida, fue un niño a quien su madre, excesivamente ordenada, o un maestro demasiado instructor le privaron de jugar.


8 a 11 años

Es una edad de hacer, producir y proyectar. En este estadio de la vida, crecen y aprenden los niños rápidamente. Estamos en la madurez de la infancia. Hay que tener en cuenta, que la evolución de las niñas se adelanta a la de los niños.

Al llegar a los siete años el niño tiene ya su carácter esbozado, una personalidad algo definida y una Inteligencia despierta. Ante él hay un camino nuevo que seguir: el de ensanchar la conciencia, el de engrandecer el conocimiento del mundo, el de ampliar al concepto de las cosas, o, por decirlo do otra manera, delante de él hay la oportunidad de introducir el mundo dentro de sí.

Al llegar a los siete años, el niño vuelve a comenzar la vida. He aquí el por qué de las crisis que se producen en este momento, crisis que en algunos casos asusta a los padres porque creen que el niño se vuelve tonto, o que pierde la gracia o la espontaneidad.

Ante los nuevos movimientos, ante las nuevas concepciones, parece que duda, que no comprende las cosas tan de prisa como antes. Lentamente la duda desaparece ante la mayor firmeza de conocimientos, la lentitud se transforma nuevamente en rapidez ante la mayor claridad de nuevas concepciones. Vencida la crisis inicial, que en muchos niños no llega a producirse, cada día se apresura el desarrollo de la personalidad, con lo cual el carácter y la afectividad, conservando el tono que ya tenían, adquieren un aspecto más definitivo.

Necesita crecer su confianza en sí mismo y en los demás. Tanto los padres como los profesores, deben inculcarle confianza en sus aptitudes y seguridad en sí mismo. En general, es más eficaz el elogio que el reproche y más el reproche que no decir nada. No se debe ser indiferente: hay que elogiar o reprochar. El alumno introvertido reacciona sensiblemente ante el elogio, los extrovertidos necesitan algo más de reprensión.


Unidad y variedad de la Inteligencia

El niño de los siete a los doce años pone su inteligencia al servicio del ensanchamiento de la conciencia. En este periodo la inteligencia va acercándose a su plenitud y puede ser definida como la facultad con la que elaboramos nuevos conocimientos adquiridos para resolver problemas que la vida plantea.

Es decir, que ya hay en el niño una Inteligencia de adquisición y otra de elaboración; pero es preciso no olvidar que la Inteligencia es un conjunto de facetas, de aspectos, de funciones distintas, que pueden hacer que dos personas muy inteligentes lo sean de maneras muy diferentes.

Este conjunto tiende a la unidad individual, es decir, en cada individuo hay una inteligencia, pero cada inteligencia es diferente de las demás, porque su unidad está hecha de un conjunto distinto. Distinto en la cualidad y en la intensidad. Porque no en todas tas inteligencias hay las mismas cualidades ni están presentes con la misma intensidad.

De otra parte, debemos considerar que la inteligencia de cada individuo conceptuado como muy inteligente se diferencia según las circunstancias del ambiente en que se desarrolla, según el tipo de rendimiento que se exija de ella. Únicamente así es comprensible que el mismo individuo, conceptuado como muy inteligente por los que le conocen en un trabajo determinado, sea conceptuado como poco inteligente por los que le conocen en otro ambiente, en donde debe dar un rendimiento distinto.

Únicamente así es comprensible también que los niños parezcan muy inteligentes en la escuela y lo parezcan muy poco en la vida social.


La intuición

Hemos dicho anteriormente que cuando más rico se hacía el niño en nociones, más pobre se volvía en intuiciones, pero que esto no indicaba precisamente que el niño dejara de ser intuitivo. En esta época, el niño sigue siendo intuitivo y en mayor o menor grado seguirá siéndolo siempre. Porque la intuición es un auxiliar admirable de la inteligencia. Casi un elemento de la misma. La intuición al igual que la inteligencia, nos proporciona conocimientos. No los proporciona por investigación de lo que se ha de conocer.

La diferencia esencial entre intuición e inteligencia es ésta: con la intuición conocemos las cosas sin saber cómo ni por qué, con la inteligencia sabienèndolo. La intuición es la mentalidad en inspiración. La inteligencia es la mentalidad en ejercicio. Por esto una misma cosa podemos intuirla una sola vez, pero podemos pensarla muchas veces.


El niño entra en el uso de la razón

De los 7 a los 12 años, la conciencia del niño, con la ayuda de la inteligencia y de la intuición, se agranda cada día más. Es diferente de las edades anteriores, porque ya está formada no sólo de hechos y conocimientos, de sujetos y de objetos, sino de la posesión y elaboración de las ideas, por lo que comienza a pensar en abstracto.

El niño empieza a hacer uso de la razón. Va siendo capaz de juzgar las cosas como bien o mal hechas. Entre los 10 y los 11 años, empieza a manifestar síntomas de espíritu crítico y de rebeldía.

Con todas sus facultades llega al juicio de las cosas y avanzando en su maduración llega a la razón que es el encadenamiento de los juicios. Encadenamiento que se produce pasando de un juicio a otro, manteniendo estrecha relación entre ellos, de manera que los últimos juicios dependan aún de los primeros.

Hasta ahora el pensamiento del niño se producía espontáneamente sin dirección alguna. En el niño de siete a doce años, el pensamiento se organiza, tiene una dirección, prevee las cosas que pueden acontecer. Es decir un pensamiento razonador. El pensamiento no es ahora un simple juego, tiene una utilidad.

La de dar a la conciencia el valor de una cosa universal, el valor de una conciencia social, de introducir el mundo dentro de sí. Con ello no perderá nada de su peculiar personalidad; por el contrario será menos un individuo, pero será más una persona que piensa por sí mismo, pero al unísono con un pensamiento universal, con una conciencia social.


El niño entra en la vida seria

Al entrar en el uso de la razón, el niño comienza también a entrar en la vida seria. Es más responsable de sus actos, o al menos, capaz de progresar más rápidamente su sentido de responsabilidad. Su posición dentro de la familia, su posición dentro de la escuela, dentro de la sociedad empieza a surgir un cambio.

Por una parte, él no se conforma con un papel totalmente infantil. Por otra, se le exigen actitudes y trabajos más importantes. Dentro de la familia ya no es un ser al que todo se lo dan hecho. El también debe hacer algo, para sí mismo y para los demás. Dentro de la escuela, los aprendizajes aumentan en cantidad y dificultad, pierden en gracia y encanto y, sobre todo, hacen penetrar en la conciencia del niño la idea de que se dirigen a la consecución de algo que sólo se obtendrá en un futuro remoto.

También la sociedad comienza a tratar al niño de otra manera. Aún se le respeta, pero no tanto como cuando tenía 3, 5 ó 7 años; no le abre paso con tanta facilidad, se le hace esperar cuando quiere llegar a una primera fila. Y aún más, se le impulsa, cuando no le obliga, a estar presente en alguna fiesta, en algún desfile, en alguna concentración, donde se le considera más como un número que como un individuo.

Necesita asegurar su posición en algún grupo social. De aquí el desarrollo en esta edad de las barras, clubes secretos, etc.

Tiene afán de prestigio y lo busca en la estatura, en la fuerza, en el dinero, en jactancias y rivalidades.


La conquista de la independencia

Ocurre que, precisamente este momento en el que ha perdido algo de su maravillosa y primitiva libertad, comienza a intuir que es un ser independiente y quiere actuar con independencia.

El niño a esta edad necesita sentir la responsabilidad de realzar sus proyectos o encargos, de tener ocasión de hacerse valer, y de experimentar cierta libertad en sus acciones. Mientras va a realizar el mandado que el encargó a la familia, mientras busca el insecto que le pide la escuela, mientras vuelve del acto público donde mandó la organización a la que pertenece, convierte paradójicamente su nueva misión en un acto de independencia, que resuelve muchas veces, dentro de su vida interior, viviendo imaginariamente las hazañas de un Robin de los Bosques o de cualquier otro héroe de leyenda.

Y a esta supuesta independencia adapta su constante “porqué”, que se hace menos infantil y se vuelve más especulativo. Su “por que” adquiere más lógica y pierde conformidad. Apunta más lejos y no se contenta con la respuesta escuela o parcial.

Pregunta más allá del seno familiar; pregunta al compañero, al profesor, al libro, pero sobre todo, se pregunta a sí mismo. Hasta ahora había adoptado la realidad de su vida interior. En este momento presiente que habrá de acomodar su mundo interior a la realidad que lo circunda. Y a veces, mezcla graciosamente el gesto imaginativo de lanzar, como Robin una flecha, con la actitud del que busca en lo más hondo del pensamiento.

Si su padre está atento a sus necesidades espirituales, si su profesor es inteligente, se encuentra con la agradable sorpresa de que el niño ya no sólo es niño y se va convirtiendo en un amigo. Entonces puede producirse el más maravilloso y constructivo de los diálogos que por desgracia se malogra muchas veces por un padre excesivamente atareado, cuando no distraído, o por un profesor pedante, cuando no negligente o rutinario.

Durante este período de iniciación de la emancipación de los adultos, el niño tiene necesidad de cariño y buena dirección. Necesita sentir que goza de la confianza de sus padres y educadores. Necesita diálogo, y tanto como el éste la orientación.

Tanto si el diálogo se produce como si no se produce, el niño completa su búsqueda de conocimientos con un monólogo constante, en el que analiza todo cuanto la realidad le ofrece, todo cuanto la enseñanza le procura, y quizá más que nada, todo cuanto su inquietud de saber lo descubre. Este comportamiento, se presenta a partir de los 10 años y se desarrolla principalmente en estos dos contextos:

En casa

Aumenta el interés hacia el padre. Sin embargo, ya aparecen los primeros síntomas de deseos de independencia. Prefiere no participar en salidas familiares. Lo que de verdad le importa es el “grupo”.

En el colegio

Siente ansias de competir, de ganar, de hacerse notar. Lo entusiasma los juegos de equipos y su sentido de la solidaridad del grupo es grande. El espíritu de competencia y rivalidad entre las diversas barras o cursos es también notable.

Por un tiempo más o menos corto, según tarda en aparecer el período de la pubertad el niño recuperará aquella primitiva intuición que le dio los primeros conocimientos y la hermanará con la nueva razón, llegando con las dos a un ensanchamiento de su saber.


El concepto de realidad y conciencia

Cuántas leyendas de cigüeñas, de hadas, y de gigantes, acumuladas por una triste insensatez de los mayores se derrumbarán en este momento. Cuántos enredos, cuántas contestaciones inexactas, cuántas falsedades serán puestas en evidencia y desmenuzadas pieza por pieza, haciéndole perder la confianza en los formadores que no supieron formarle en la verdad.

Y el niño –quizá sin darse cuenta de ello- empieza a reconstruir su concepto de la realidad, partiendo de la base de que las cosas no son como son, sino como deben ser; que las cosas no han de imaginarlas como le decían sino que debieran ser. Revisa el mundo falso que le han querido hacer aceptar.

Con lo cual, el niño, gracias a su razón, iluminada por la fe, intuye la necesidad ineludible de unos principios mortales a los que debe ajustarse su vida y a los que mirará si se ajustan los actos de los demás: y desde ese momento ya no preguntará tan solo: Y esto porqué? Sino que dirá: “Y esto está bien?”.

Sus ideas morales son prácticas y su interpretación de ley es literal y absoluta. Se hará implacable al juzgar a sus formadores.

Es decir, el niño, habrá transformado la conciencia del puro acontecer psíquico en una conciencia moral y entenderá por primera vez de un a manera clara, si no el total significado, el absoluto valor de los diez mandamientos. Su interés y preocupación por las cuestiones sexuales aumentan considerablemente.


Características generales de los niños de 7 a 11 años


Introducción

Esta es una edad de hacer, producir y proyectar. En este estadio de la vida, crecen y aprenden los niños rápidamente. Estamos en la madurez de la infancia. Hay que tener en cuenta, que la evolución de las niñas se adelanta a la de los niños.

Al llegar a los siete años el niño tiene ya su carácter esbozado, una personalidad algo definida y una Inteligencia despierta. Ante él hay un camino nuevo que seguir: el de ensanchar la conciencia, el de engrandecer el conocimiento del mundo, el de ampliar al concepto de las cosas, o, por decirlo do otra manera, delante de él hay la oportunidad de introducir el mundo dentro de sí.

Al llegar a los siete años, el niño vuelve a comenzar la vida. He aquí el por qué de las crisis que se producen en este momento, crisis que en algunos casos asusta a los padres porque creen que el niño se vuelve tonto, o que pierde la gracia o la espontaneidad.

Ante los nuevos movimientos, ante las nuevas concepciones, parece que duda, que no comprende las cosas tan de prisa como antes. Lentamente la duda desaparece ante la mayor firmeza de conocimientos, la lentitud se transforma nuevamente en rapidez ante la mayor claridad de nuevas concepciones. Vencida la crisis inicial, que en muchos niños no llega a producirse, cada día se apresura el desarrollo de la personalidad, con lo cual el carácter y la afectividad, conservando el tono que ya tenían, adquieren un aspecto más definitivo.

Necesita crecer su confianza en sí mismo y en los demás. Tanto los padres como los profesores, deben inculcarle confianza en sus aptitudes y seguridad en sí mismo. En general, es más eficaz el elogio que el reproche y más el reproche que no decir nada. No se debe ser indiferente: hay que elogiar o reprochar. El alumno introvertido reacciona sensiblemente ante el elogio, los extrovertidos necesitan algo más de reprensión.


Unidad y variedad de la Inteligencia

El niño de los siete a los doce años pone su inteligencia al servicio del ensanchamiento de la conciencia. En este periodo la inteligencia va acercándose a su plenitud y puede ser definida como la facultad con la que elaboramos nuevos conocimientos adquiridos para resolver problemas que la vida plantea.

Es decir, que ya hay en el niño una Inteligencia de adquisición y otra de elaboración; pero es preciso no olvidar que la Inteligencia es un conjunto de facetas, de aspectos, de funciones distintas, que pueden hacer que dos personas muy inteligentes lo sean de maneras muy diferentes.

Este conjunto tiende a la unidad individual, es decir, en cada individuo hay una inteligencia, pero cada inteligencia es diferente de las demás, porque su unidad está hecha de un conjunto distinto. Distinto en la cualidad y en la intensidad. Porque no en todas tas inteligencias hay las mismas cualidades ni están presentes con la misma intensidad.

De otra parte, debemos considerar que la inteligencia de cada individuo conceptuado como muy inteligente se diferencia según las circunstancias del ambiente en que se desarrolla, según el tipo de rendimiento que se exija de ella. Únicamente así es comprensible que el mismo individuo, conceptuado como muy inteligente por los que le conocen en un trabajo determinado, sea conceptuado como poco inteligente por los que le conocen en otro ambiente, en donde debe dar un rendimiento distinto.

Únicamente así es comprensible también que los niños parezcan muy inteligentes en la escuela y lo parezcan muy poco en la vida social.


La intuición

Hemos dicho anteriormente que cuando más rico se hacía el niño en nociones, más pobre se volvía en intuiciones, pero que esto no indicaba precisamente que el niño dejara de ser intuitivo. En esta época, el niño sigue siendo intuitivo y en mayor o menor grado seguirá siéndolo siempre. Porque la intuición es un auxiliar admirable de la inteligencia. Casi un elemento de la misma. La intuición al igual que la inteligencia, nos proporciona conocimientos. No los proporciona por investigación de lo que se ha de conocer.

La diferencia esencial entre intuición e inteligencia es ésta: con la intuición conocemos las cosas sin saber cómo ni por qué, con la inteligencia sabienèndolo. La intuición es la mentalidad en inspiración. La inteligencia es la mentalidad en ejercicio. Por esto una misma cosa podemos intuirla una sola vez, pero podemos pensarla muchas veces.


El niño entra en el uso de la razón

De los 7 a los 12 años, la conciencia del niño, con la ayuda de la inteligencia y de la intuición, se agranda cada día más. Es diferente de las edades anteriores, porque ya está formada no sólo de hechos y conocimientos, de sujetos y de objetos, sino de la posesión y elaboración de las ideas, por lo que comienza a pensar en abstracto.

El niño empieza a hacer uso de la razón. Va siendo capaz de juzgar las cosas como bien o mal hechas. Entre los 10 y los 11 años, empieza a manifestar síntomas de espíritu crítico y de rebeldía.

Con todas sus facultades llega al juicio de las cosas y avanzando en su maduración llega a la razón que es el encadenamiento de los juicios. Encadenamiento que se produce pasando de un juicio a otro, manteniendo estrecha relación entre ellos, de manera que los últimos juicios dependan aún de los primeros.

Hasta ahora el pensamiento del niño se producía espontáneamente sin dirección alguna. En el niño de siete a doce años, el pensamiento se organiza, tiene una dirección, prevee las cosas que pueden acontecer. Es decir un pensamiento razonador. El pensamiento no es ahora un simple juego, tiene una utilidad.

La de dar a la conciencia el valor de una cosa universal, el valor de una conciencia social, de introducir el mundo dentro de sí. Con ello no perderá nada de su peculiar personalidad; por el contrario será menos un individuo, pero será más una persona que piensa por sí mismo, pero al unísono con un pensamiento universal, con una conciencia social.


El niño entra en la vida seria

Al entrar en el uso de la razón, el niño comienza también a entrar en la vida seria. Es más responsable de sus actos, o al menos, capaz de progresar más rápidamente su sentido de responsabilidad. Su posición dentro de la familia, su posición dentro de la escuela, dentro de la sociedad empieza a surgir un cambio.

Por una parte, él no se conforma con un papel totalmente infantil. Por otra, se le exigen actitudes y trabajos más importantes. Dentro de la familia ya no es un ser al que todo se lo dan hecho. El también debe hacer algo, para sí mismo y para los demás. Dentro de la escuela, los aprendizajes aumentan en cantidad y dificultad, pierden en gracia y encanto y, sobre todo, hacen penetrar en la conciencia del niño la idea de que se dirigen a la consecución de algo que sólo se obtendrá en un futuro remoto.

También la sociedad comienza a tratar al niño de otra manera. Aún se le respeta, pero no tanto como cuando tenía 3, 5 ó 7 años; no le abre paso con tanta facilidad, se le hace esperar cuando quiere llegar a una primera fila. Y aún más, se le impulsa, cuando no le obliga, a estar presente en alguna fiesta, en algún desfile, en alguna concentración, donde se le considera más como un número que como un individuo.

Necesita asegurar su posición en algún grupo social. De aquí el desarrollo en esta edad de las barras, clubes secretos, etc.

Tiene afán de prestigio y lo busca en la estatura, en la fuerza, en el dinero, en jactancias y rivalidades.


La conquista de la independencia

Ocurre que, precisamente este momento en el que ha perdido algo de su maravillosa y primitiva libertad, comienza a intuir que es un ser independiente y quiere actuar con independencia.

El niño a esta edad necesita sentir la responsabilidad de realzar sus proyectos o encargos, de tener ocasión de hacerse valer, y de experimentar cierta libertad en sus acciones. Mientras va a realizar el mandado que el encargó a la familia, mientras busca el insecto que le pide la escuela, mientras vuelve del acto público donde mandó la organización a la que pertenece, convierte paradójicamente su nueva misión en un acto de independencia, que resuelve muchas veces, dentro de su vida interior, viviendo imaginariamente las hazañas de un Robin de los Bosques o de cualquier otro héroe de leyenda.

Y a esta supuesta independencia adapta su constante “porqué”, que se hace menos infantil y se vuelve más especulativo. Su “por que” adquiere más lógica y pierde conformidad. Apunta más lejos y no se contenta con la respuesta escuela o parcial.

Pregunta más allá del seno familiar; pregunta al compañero, al profesor, al libro, pero sobre todo, se pregunta a sí mismo. Hasta ahora había adoptado la realidad de su vida interior. En este momento presiente que habrá de acomodar su mundo interior a la realidad que lo circunda. Y a veces, mezcla graciosamente el gesto imaginativo de lanzar, como Robin una flecha, con la actitud del que busca en lo más hondo del pensamiento.

Si su padre está atento a sus necesidades espirituales, si su profesor es inteligente, se encuentra con la agradable sorpresa de que el niño ya no sólo es niño y se va convirtiendo en un amigo. Entonces puede producirse el más maravilloso y constructivo de los diálogos que por desgracia se malogra muchas veces por un padre excesivamente atareado, cuando no distraído, o por un profesor pedante, cuando no negligente o rutinario.

Durante este período de iniciación de la emancipación de los adultos, el niño tiene necesidad de cariño y buena dirección. Necesita sentir que goza de la confianza de sus padres y educadores. Necesita diálogo, y tanto como el éste la orientación.

Tanto si el diálogo se produce como si no se produce, el niño completa su búsqueda de conocimientos con un monólogo constante, en el que analiza todo cuanto la realidad le ofrece, todo cuanto la enseñanza le procura, y quizá más que nada, todo cuanto su inquietud de saber lo descubre. Este comportamiento, se presenta a partir de los 10 años y se desarrolla principalmente en estos dos contextos:

En casa

Aumenta el interés hacia el padre. Sin embargo, ya aparecen los primeros síntomas de deseos de independencia. Prefiere no participar en salidas familiares. Lo que de verdad le importa es el “grupo”.

En el colegio

Siente ansias de competir, de ganar, de hacerse notar. Lo entusiasma los juegos de equipos y su sentido de la solidaridad del grupo es grande. El espíritu de competencia y rivalidad entre las diversas barras o cursos es también notable.

Por un tiempo más o menos corto, según tarda en aparecer el período de la pubertad el niño recuperará aquella primitiva intuición que le dio los primeros conocimientos y la hermanará con la nueva razón, llegando con las dos a un ensanchamiento de su saber.


El concepto de realidad y conciencia

Cuántas leyendas de cigüeñas, de hadas, y de gigantes, acumuladas por una triste insensatez de los mayores se derrumbarán en este momento. Cuántos enredos, cuántas contestaciones inexactas, cuántas falsedades serán puestas en evidencia y desmenuzadas pieza por pieza, haciéndole perder la confianza en los formadores que no supieron formarle en la verdad.

Y el niño quizá sin darse cuenta de ello empieza a reconstruir su concepto de la realidad, partiendo de la base de que las cosas no son como son, sino como deben ser; que las cosas no han de imaginarlas como le decían sino que debieran ser. Revisa el mundo falso que le han querido hacer aceptar.

Con lo cual, el niño, gracias a su razón, iluminada por la fe, intuye la necesidad ineludible de unos principios mortales a los que debe ajustarse su vida y a los que mirará si se ajustan los actos de los demás: y desde ese momento ya no preguntará tan solo: Y esto porqué? Sino que dirá: “Y esto está bien?”.

Sus ideas morales son prácticas y su interpretación de ley es literal y absoluta. Se hará implacable al juzgar a sus formadores.

Es decir, el niño, habrá transformado la conciencia del puro acontecer psíquico en una conciencia moral y entenderá por primera vez de un a manera clara, si no el total significado, el absoluto valor de los diez mandamientos. Su interés y preocupación por las cuestiones sexuales aumentan considerablemente.


Evolución del niño año por año


Los dos primeros años de vida

  • El bebé necesita el cuidado de su madre ser atendido y cuidado por ella especialmente a la hora de alimentarlo.
  • El recién nacido necesita varias horas de actividad succionadora al día.
  • Ser llevado en brazos a menudo para que se desarrolle en él el equilibrio y la sensación de seguridad.
  • La pronta atención al bebé cuando llora, desarrolla su sentido de confianza.
  • El canto, el balanceo, el golpeteo rítmico y el mecimiento del bebé en brazos cuando parece demasiado despierto le ayudará a dormirse.
  • Una habitación exclusivamente destinada al niño es importante para tranquilidad y comodidad suya y de sus padres.
  • El niño necesita demostraciones abiertas de cariño, ya que siendo amado aprenderá a amar.
  • Conviene dejarlo que coma solo cuando se muestre interesado en hacerlo aunque el resultado sea una mezcolanza.
  • Asegúrese de que el bebé disponga de espacio y oportunidad para sus movimientos de expansión y exploración.
  • Sus primeros juguetes deberán ser tales que satisfagan su necesidad de manipular, golpear, chupar, arrojar...
  • La compañía y juego con los padres son importantes para todo niño.
  • El niño necesita actitudes paternas positivas. Por ejemplo, no muestre disgusto cuando se ensucia.
  • Con una bacinilla apropiada el niño aprenderá a valerse por sí mismo cuando tenga que hacer sus necesidades.
  • Empiece a hablarle al niño con cariño del amor de Papá Dios.
  • Necesita que sus padres se percaten de que no es un adulto pequeño.
  • Un niño necesita desarrollarse a su propio ritmo y ser apreciado, no rechazado.
  • Necesita una madre tranquila y responsable que se trace un plan de descanso y recreo para sí y su bebé.
  • Es importante una atmósfera armoniosa en el hogar; las tensiones angustian al niño.
  • Necesita tanta libertad como requiera su sensibilidad; no ser acorralado con sistemáticas negativas.
  • Afirmándose así mismo adquiere la sensación de individualidad.
  • Necesita sentirse miembro de un grupo familiar.
  • Necesita acostumbrarse a considerar todas las partes de su cuerpo como igualmente buenas y aceptables.
  • El niño mayorcito necesita trepar, correr , arrojar objetos; en una palabra, ser físicamente activo.

Tres años

  • Se muestra alegre y ruidoso cuando se despierta en la mañana. L gusta brincar por la habitación de sus padres y bañarse con ellos.
  • Come solo con bastante habilidad.
  • Ayudará a quitar la mesa y a limpiar su habitación, si se le pide que lo haga.
  • A veces inventa compañeros de juego o pretende ser un animal.
  • En algunos momentos fastidia a su hermanos y también se la lleva bien con ellos.
  • Aprende a montar en triciclo. Le gusta ir de compras con mamá.
  • Reclama ciertos alimentos favoritos.
  • Domina sus necesidades fisiológicas.
  • Empieza a jugar con otros niños. Muestra clara tendencia a elegir sus amigos.
  • Algunas veces muestra agresividad tanto en palabras como en actos.
  • Advierte diferencias sexuales y a veces se preocupa con este motivo. Sus preguntas deberán obtener respuestas sencillas.
  • A veces se lleva las manos a los órganos genitales. Puede distraérsele con facilidad cuando lo haga.
  • Le gustan que le lean cuentos conocidos.
  • Le encanta pintar, manejar lápices, modelar con plastilina o arcilla.
  • Acepta gustoso el juego con papá. Le agradan los acertijos y adivinanzas.
  • Escucha a los adultos. Quiere agradar y ser alabado. Le gusta aprender nuevas palabras.
  • Le agrada lavarse solo.
  • Busca ser el centro de atención en la mesa familiar.
  • Tiene miedo a la oscuridad. Necesita que se le tranquilice.
  • Cuando sus padres salen de casa puede ocurrir que los despida alegremente, pero también proteste.
  • Empieza a hablar de sus sueños y a veces se despierta con alguna pesadilla.
  • A menudo se levanta por la noche; a veces anda errante por la casa.
  • Es el momento de despertarle un afecto interno hacia el Niño Jesús y la Virgen María.

Cuatro años

  • Generalmente se despierta por la mañana de buen humor y cuida de sus necesidades inmediatas.
  • Se viste solo casi del todo.
  • Es muy dinámico, aficionado al triciclo y a juegos de trepar. Es capaz de manejar algunas herramientas sencillas.
  • Disfruta con el juego en grupo.
  • Aumenta su capacidad verbal..
  • Sus juegos necesitan todavía alguna vigilancia; pueden ocurrir disputas en medio del juego.
  • El niño discrepa de mamá verbalmente y a veces físicamente.
  • Empieza a comprender algunas reglas y restricciones.
  • Su apetito es bueno aunque puede mejorar. Posee gustos concretos. Come hábilmente.
  • Frecuentemente quiere ir solo al baño, pero pide ayuda para limpiarse.
  • Su imaginación se manifiesta en la representación de escenas en que imita a los mayores.
  • Puede ocurrir que le niño juegue con muñecas y la niña con el bate de béisbol.
  • Le gusta probar instrumentos musicales, poner música en el equipo, cantar.
  • Construye intrincados edificios con su “arquitectura”. Le gusta que papá le ayude.
  • Llora a la menor molestia, necesita consuelo y distracción.
  • Puede aprender oraciones.
  • Hace constantes preguntas.
  • A menudo se muestra muy apegado a sus padres, le gusta ser mimado.
  • Empieza a preguntar cómo nacen los niños. Se le debe dar una explicación clara y sencilla.
  • El baño y aseo con niños de diferente sexo puede ayudar a enseñar las diferencias sexuales.
  • Puede bañarse por si mismo si la madre vigila.
  • Le gusta comer en familia, pero interrumpe la comida hablando y dejando la mesa.
  • Se despierta menos en la noche; puede despertarse para ir al baño, necesita ayuda para volver a la cama.

Cinco a siete años

  • Llevarle ocasionalmente a la Iglesia y enseñarle a rezar al acostarse y al levantarse.
  • Necesita una cálida llegada del colegio y la oportunidad de hablar después de un día escolar.
  • El colegio puede proporcionarle la sensación de saber hacer algo, aunque sea lento en algunas cosas.
  • Necesita comprobar que puede llevar libremente a sus amigos a casa y que sus padres los aceptan.
  • Darle la oportunidad para sus actividades creadoras, según sus posibilidades.
  • Comienza con la lectoescritura.
  • Necesita juegos en grupo espontáneos y sencillos.
  • Deberá seguir el camino que se le señale y también darle la oportunidad de actuar independientemente.
  • Dele tiempo para pensar, soñar y actuar.
  • Necesita que se le asigne un “pago” o una “mesada” para que adquiera la noción del valor del dinero.
  • El niño necesita que el padre de su mismo sexo le dé pruebas de compañerismo.
  • Exaltarle sus puntos fuertes en vez de criticarle los débiles.
  • Necesita que se le den facilidades para la caracterización y los juegos teatrales.
  • Ayudarle a aceptar a niños de otras razas y clases.
  • Se estimulará el desarrollo de los rasgos masculinos en los niños y femeninos en las niñas.
  • Necesita la comodidad de unos hábitos regulares pero flexibles.
  • Comienza los hábitos de la higiene personal pero se debe estar siempre alerta.
  • Necesita dormir alrededor de 11 horas en la noche.


Ocho a diez años

  • Necesita contar con la aceptación y aprobación de los de su edad; le desagrada estar solo.
  • Disfruta sintiéndose importante y útil. Le gustan las actividades de club y las excursiones.
  • Le agrada pertenecer a un grupo restringido y secreto.
  • Siguen los parámetros de vestir, hablar y actuar de sus amigos.
  • Necesita libertad para visitar solo a sus amigos.
  • Necesita ejemplo de los mayores en tolerancia, bondad y valores.
  • Le gusta participar en los planes y actividades familiares.
  • Necesita la satisfacción de emprender cosas y terminarlas.
  • Necesita estar seguro de la comprensión y apoyo de sus padres.
  • Necesita que se le asigne un “pago” o una “mesada” para que adquiera la nación del valor del dinero.
  • Necesita correr, saltar y hacer ejercicios de gran actividad física.
  • Debe saber que a sus padres les agradan sus actividades creadoras.
  • Debe estimularlo a ir a la Santa Misa los domingos, así como prepararlo para la confesión y la comunión.
  • Deberá desarrollar sus propios gustos literarios.
  • Los padres deberán contestar francamente las preguntas del niño relativas al sexo..
  • Las actividades fuera de casa le darán ocasión de satisfacer su gusto por la aventura.
  • Con deberes impuestos en casa se acostumbrará a hacer frente a obligaciones serias.
  • Necesita que los padres se den cuenta que todavía no está en condiciones de observar conducta de adulto.
  • Con ayuda aprenderá los reglas propias y hacer un juego limpio..
  • Deberá respetar los horarios impuestos por su padres en cuento a ver TV, jugar, etc.
  • Se le debe dejar tomar decisiones y enfrentar las consecuencias de una equivocación.
  • Necesita tolerancia hacia sus gestos nerviosos y la oportuna indagación de su origen por parte de sus padres.

Once a trece años

  • Necesita sentirse aceptado por los chicos de su edad y asumir un papel activo entre ellos.
  • Le interesa la Historia Sagrada, la vida de Jesús y la Liturgia.
  • Empieza a alternar con chicos del sexo opuesto.
  • Es importante el conocimiento de su propio cuerpo, sus cambios y funciones.
  • Le agradan juegos que exigen coordinación y organización.
  • Debe dársele la oportunidad de ampliar experiencias personales en el mundo que le rodea.
  • Debe animársele a ampliar su destreza física con nuevos deportes.
  • Aprecia los momentos de retiro solitario y desea una habitación particular.
  • Generalmente necesita de 8 a 10 horas de sueño.
  • Observa a lo mayores para formar sus patrones de comportamiento.
  • Necesita saber que sus opiniones cuentan en las discusiones familiares.
  • Debe dársele responsabilidades en el hogar para robustecer su papel en la familia.
  • Necesita sujetarse a un código de principios morales elevados. Le agrada pertenecer a organizaciones como “boys scouts”.
  • Acoge gustoso la oportunidad de aprender a bailar, aunque los muchachos pueden mostrarse reacios.
  • Necesita tolerancia frente a sus reacciones contra los modos y cánones adultos.
  • Es importante que los padres reconozcan abiertamente su importancia como persona.
  • Debe prestarse cuidadosa atención al desarrollo de sus capacidades potenciales.

Catorce a dieciséis años

  • Necesita estímulo activo para cultivar sus aficiones intelectuales y artísticas.
  • Mostrar con ejemplo y palabra cómo se vive la vida cristiana.
  • Desea destacarse en un deporte u otra actividad.
  • Necesita oportunidades de ganar dinero y decidir cómo emplearlo.
  • Son muy importantes para él la aprobación y aceptación del grupo de amigos.
  • Necesita libertad para establecer estrechas amistades.
  • Aprecia la oportunidad de participar en los planes y responsabilidades familiares.
  • Requiere de libertad para invertir el tiempo libre a su modo.
  • Necesita confianza en su capacidad de atracción frente al sexo opuesto.
  • Debe poseer auténtica información sobre el sexo y la validez de los sentimientos.
  • Requiere tolerancia hacia los largos periodos de inactividad en que sueña despierto.
  • Debe tener amistad con adultos diferentes a sus padres con el fin de explorar otros puntos de vista.
  • Necesita estímulo en su creciente interés por los problemas sociales y colectivos.
  • Debe responsabilizarse de sus cosas personales y objetos favoritos.
  • Debe acostumbrarse a aceptar la responsabilidad de su salud y bienestar general.
  • Necesita de 8 a 10 horas de sueño.
  • Es esencial una actitud tolerante de lo padres hacia su necesidad de ser brusco y ruidoso.
  • Necesita que sus padres se percaten de que su agresividad y despego hacia ellos es pasajero.
Envíe este artículo a alguien más:
Remitente:
Email destino:
Para enviar el artículo a varias personas separe las direcciones con comas ( , ).
08.02.2010 © Corporación CED. Colombia
www.servicont.com