Por LaFamilia.info - 30.04.2018

 

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Cada año que pasa al lado de tu pareja es un acontecimiento muy importante, es un día para recordar y revivir el amor que los llevó a unirse para siempre. Por ello, ¡amerita una gran celebración! Estas son algunas ideas. 

 

Existen muchas razones por las que este día no debería trascurrir como cualquier otro: es una gran oportunidad para fortalecer el amor de pareja, además para echar una mirada atrás y memorizar todas las situaciones por las que se han pasado y se han superado, y también para imaginar el futuro que ambos quieren construir, por eso ¡no lo desperdicies! Estas ideas podrán darte un poco de imaginación: 

 

1. Agradece

 

Hay que empezar agradeciendo, pues hay muchos motivos: agradece que tienes a tu lado una persona que te ama y que juntos han afrontado obstáculos que los han hecho más firmes a través de los años, agradece por cada día que pasa en compañía de tu esposo(a), agradece por los hijos (si los hay) que han sido fruto de esta unión, agradece por los aprendizajes, etc… Una eucaristía o una ceremonia, dependiendo de tu creencia o religión, son una buena forma de “materializar” este agradecimiento.  

 

2. Revive el día de tu matrimonio

 

"Recordar es vivir", así que traten de recordar juntos el día del matrimonio de principio a fin, si hay videos o fotos, es momento de sacarlos del armario y traer todos los recuerdos. Seguramente volverán “las mariposas en el estómago” y los suspiros tan maravillosos de la época del noviazgo. 

 

3. Una escapada solos 

 

Una cena romántica, una aventura en la naturaleza, un viaje soñado, una segunda luna de miel o una simple salida en pareja; no importa la actividad que escojan, lo importante es dedicar un momento especial a esta celebración, ojalá sea algo que se salga de la rutina y que ambos disfruten. 

 

4. Que no falten los detalles 

 

No hay que gastar mucho, incluso puede ser algo hecho por ti y que tenga un significado especial para los dos, por ejemplo: una foto, una carta, un video, una comida, etc. 

 

5. Inspírate en el símbolo

 

Cada año de matrimonio tiene un símbolo que lo representa, puedes valerte de este concepto para crear una ocasión especial para tu pareja o un obsequio con “sello propio”:

 

1 año: Papel

2 años: Algodón

3 años: Cuero

4 años: Lienzo

5 años: Madera

6 años: Hierro

7 años: Cobre

8 años: Bronce

9 años: Cerámica

10 años: Estaño

11 años: Acero

12 años: Seda

13 años: Encaje

14 años: Marfil

15 años: Cristal

20 años: Porcelana

25 años: Plata

30 años: Perla

35 años: Coral

40 años: Rubí

45 años: Zafiro

50 años: Oro

55 años: Esmeralda

60 años: Diamante

 

Por LaFamilia.info - 16.04.2018

 

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Ya sea por un motivo grave o por una secuencia de pequeños actos, se puede perder la confianza en la pareja y recuperarla es una tarea que requiere esfuerzo. 

 

“La desconfianza es uno de los principales problemas por los cuales se acude a terapia de pareja, puesto que es uno de los más habituales tras la mala o nula comunicación, y, en algunas ocasiones, produce la ruptura de la pareja, porque el proyecto vital en común, se rompe, y nada vuelve a ser como antes” cuenta Maria Dolors del portal siquia – Psicólogos online. 

 

Por eso estos son cinco comportamientos te ayudarán a reconstruir este importante ingrediente de toda relación matrimonial:

 

1. Admite tus errores

 

Todos nos podemos equivocar, pero hay una gran diferencia cuando se reconoce ese error y hay un arrepentimiento sincero. Para recuperar la confianza hay que reconocer que se ha fallado y dar un paso adelante para generarla de nuevo. 

 

2. Muéstrate abiertamente, sé transparente

 

“El que nada debe, nada teme”. Si no hay nada que ocultar, ¿por qué ser misteriosos y reservados? Si a tu pareja le crea desconfianza tus redes sociales por ejemplo, muéstraselas para que él/ella vea que nada pasa, esto genera seguridad. 

 

3. No tengas secretos

 

Los secretos son grandes enemigos de la confianza. Muchas veces las personas ocultan cosas, algunas sin mayor importancia (por ejemplo, cuando se hace un gasto que la pareja no está de acuerdo, cuando se programa una reunión sin contar con el otro, etc.) y esto crea un gran conflicto sin necesidad. 

 

4. Sé coherente entre lo que se dices y lo que se haces

 

La coherencia es un importante indicador de la honestidad. No prometas “el cielo y la tierra” a tu esposo(a), mejor demuéstrale con acciones, éstas son realmente las que valen. Cumple lo que prometes.

 

5. Escucha a tu pareja, demuestra interés y valida sus sentimientos

 

Entiende que le has fallado a tu pareja, esto conlleva a un sinfín de emociones y desconocerlas sería injusto. Por lo tanto, escucha a tu pareja, comprende sus temores y trata de ponerte en su lugar: si tu fueras el engañado(a), ¿qué estarías sintiendo? ¿qué estarías pensando?

 

Y, por último, dale tiempo. Recuerda que hay heridas, a veces profundas que cuestan sanar, así que ten paciencia. La confianza no se recupera de la noche a la mañana, esto es un proceso que requiere un gran esfuerzo de ambos, lo importante ser constante y permanecer firme en el propósito de recuperarla. En algunos casos es necesario contar con una ayuda extra, como un terapeuta de pareja o un asesor familiar; agotar todos los recursos es primordial para recuperar la confianza perdida. 

 

 

Aleteia.org - 26.02.2018

 

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De fabricación ya venimos equipados con una serie de necesidades emocionales y para que nuestro matrimonio sea más sólido cada día, es esencial conocerlas y satisfacerlas mutuamente por medio de actos de amor, de servicio. 

 

Willard F. Harley, Jr. en su libro “Lo que él necesita, lo que ella necesita” dice de que hombres y mujeres somos diferentes y con distintas necesidades emocionales. Entonces muchos matrimonios tienen problemas porque no conocen ni comprenden las necesidades de su pareja. A continuación, las necesidades emocionales que Harvey nos presenta en su libro y una pequeña explicación de Ivonne Ramírez (Orientador Familiar y Matrimonial y Coach certificado):

 

 

1. (Ella) Afecto. Una mujer necesita sentirse amada, valorada, querida, apreciada, sentir que es especial y constantemente escuchar palabras reafirmantes. Hombres: digan cosas lindas a sus mujeres y ya verán que lo que lograrán en ellas. Recuerden que “hacer el amor” es un acto que comienza desde que amanece.

 

(Él) Plenitud Sexual. Resulta que el hombre se casa pensando que tendrá su intimidad resuelta. ¿Y qué sucede poco después de la luna de miel? ¡Que se da cuenta de que se ha casado con una mujer que sufre terribles y casi diarios dolores de cabeza! Muchas mujeres comenten el gravísimo error de “castigar” al esposo con esto, negarse a tener intimidad por razones que no son precisamente de peso.

 

Aquí es importante aclarar lo siguiente: una de estas ideas erróneas es que el sexo es una necesidad vital y que está bien que “lo practiques” cada vez que lo “sientas”. ¡Mentira! Necesidad vital es comer, dormir, etc. Necesidad que si no se satisface a corto plazo perdemos la vida. ¿Cuándo has visto a alguien en la sala de emergencias de un hospital muriéndose por falta de actividad sexual?

 

El sexo es un apetito, un instinto, una expresión del amor que no puede ser reducido a mera biología; es un regalo que está al servicio del hombre para un fin muy específico: comunicar amor.

 

La mujer que de todo se da cuenta y su cerebro almacena todo como computadora observa y piensa: “No me ha dado dinero para comprarme ese vestido, no me ha dicho que me veo bonita con mi nuevo corte de cabello y hace mucho que no me dice que me quiere, entonces no me interesa estar lista entre las sábanas para él” (claro que yo lo pongo con palabras más elegantes porque las que en realidad pasan por la mente de la mujer no son precisamente aptas para leerse). ¡Grave error, mujer! No chantajees ni manipules a tu marido con eso porque con esto lo único que estás generando es un círculo vicioso.

 

La mujer percibe: no me quiere porque no me da afecto, y él percibe: no me quiere porque no está dispuesta para mí. ¿Cómo romper este círculo? Pensando cada uno en la necesidad del otro. Así que mujercita si no tienes “ganas”, ¡pues las encuentras! Recuerda que el principal órgano sexual es el cerebro.

 

La sexualidad humana es diseño de Dios por lo tanto es perfecta. Quizá no tenemos claro todo lo que se transmite mediante el acto íntimo. Ese mismo acto Dios lo utiliza como fuente de infinitas gracias o ayudas para el matrimonio es por eso que ese acto es sagrado.

 

 

2. (Ella) Conversación. Varón, tu mujer necesita soltar las más de 10 mil -muchas más- palabras que “necesita” decir al día, por eso cuando ella comience a hablar simplemente escúchala. De hecho, cuando ella habla la mayoría de las veces es solo para eso, para que la escuches y no para que le des soluciones. Dale tiempo para que hable y hable y tú muestra interés. Sí -y solo sí- ella te pide consejo, dáselo.

 

(Él) Compañía recreativa o actividades en pareja. Mujer, a tu esposo le fascina compartir tiempo contigo, hacer cosas en pareja, necesita sentirte a su lado. El hombre difícilmente puede estar solo, necesita estar acompañado, no disfruta tanto de la soledad como lo haría una mujer. Si busca tu compañía, aunque sea para que le acompañes a poner combustible, ve con él. Recuerda que uno le dedica tiempo a aquello que ama. 

 

Busquen coincidir en intereses. Vayan al cine y luego comenten la película. También, si a él le gusta el golf, pueden compartir tiempo juntos. La mujer espera cómodamente en el carrito y entre hoyo y hoyo pueden conversar.

 

 

3. (Ella) Honradez y franqueza. A la mujer la deshaces con mentiras y hay hombres que con tal de no tener problemas con ella las dicen. Lo mejor es tener una comunicación abierta y no ocultar nada. Por el otro lado, la mujer necesita estar dispuesta a escuchar absolutamente todo de su esposo, esté o no de acuerdo.

 

(Él) Una mujer atractiva. El hombre es visual y necesita tener una mujer de la cual sentirse orgulloso. Luego las esposas se acomplejan y viven en la queja de que están gordas, llenas de celulitis, flácidas y llenas de estrías. Créanme cuando les digo que su esposo lejos de ver eso a lo que ustedes llaman “imperfecciones o defectos”, ven a una mujer -su mujer- a quien amar.

 

Mujer, recuerda que tu atractivo no radica en que seas escultural sino en que seas inteligente, segura, íntegra, agradable, aseada, pulcra; en que te cuides porque sabes y reconoces tu valor como mujer. No necesitas ser una “Miss Universo” sino ser la mejor versión de ti misma y ser atractiva a los ojos de tu hombre. No necesitas que te digan frases morbosas como “estás bien buena” para subir tu autoestima obteniendo ese tipo de reconocimiento porque la belleza no es tan solo imagen sino una actitud de vida.

 

 

4. (Ella) Seguridad financiera. Y no es porque sea interesada, es una seguridad inconsciente, mas muy real. En el reino animal, cuando los lobos llegan a querer aparearse con la loba, ella instintivamente elige al más fuerte porque sabe que protegerá a sus crías. Lo mismo sucede con la mujer, necesita tener la certeza de que su esposo la protegerá a ella y a sus hijos. En esta necesidad emocional el hombre responde siendo el proveedor principal, cuidando lo que gana e invirtiéndolo principalmente en su familia.

 

(Él) Paz y tranquilidad. El hombre necesita un hogar de paz, llegar a su casa sintiendo que arriba a un ambiente de tranquilidad y cordialidad. Que la familia -la esposa en especial- le hagan sentir bienvenido, todos emocionados cuando le vean entrar. Por favor, que no le dé más gusto al perro de verle que a la familia.

 

Mujeres, cuidado con las amenazas que suelen decirles a los hijos, tales como “ya verás cuando llegue tu padre cómo te irá”. Si hacemos eso, los chicos, en vez de estar esperando a papá con gusto estarán muertos de miedo y sin deseos de que él llegue.

 

 

5. (Ella) Compromiso familiar. La mujer necesita tener la garantía de que será un buen padre que guiará a toda la familia por un camino de virtudes y amor. Necesita tener la certeza de que para él su primer compromiso es con la familia, en especial con ella.

 

(Él) Admiración. El hombre necesita sentirse admirado y que se lo hagan saber, en especial, su mujer. Necesita sentir que todo lo que hace es reconocido por ella, por su familia. Mujer, procura que de tu boca salgan menos quejas y más palabras de afirmación hacia tu esposo. Que con tu actuar y tu hablar él se dé cuenta que de verdad reconoces y aprecias todo lo que él es y lo que hace. Hazle sentir que el don de su persona es valiosísimo para ti.

 

 

Después de explicarte las 5 necesidades emocionales básicas de cada uno, la invitación el día de hoy es que tú salgas de ti mismo, de tu egoísmo y egocentrismo y te enfoques en las necesidades de tu cónyuge, no solo para conocerlas sino para satisfacérselas de acuerdo a cómo lo necesite. Recuerda que también nos casamos para hacer feliz a otro ser humano, para amarlo y para mutuamente ayudarnos, es por eso que hay que salir de uno mismo y pensar en la necesidad del otro y, aunque yo no sienta hacerlo, satisfacer su necesidad por amor.

 

Alimentemos nuestro vínculo porque no se puede renunciar a un matrimonio solo porque ya no estoy a gusto o feliz, eso tiene remedio. Si las necesidades emocionales estuvieran mutuamente satisfechas el índice de infidelidades y divorcio disminuiría tremendamente.

 

*Publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

 

Colaboración Aleteia.org - 02.04.2018

 

Foto: Freepik 

 

¿Cómo alejar las sombras del divorcio de tu relación? El matrimonio es como el vino, si no se cuida, con los años se vuelve vinagre. Por eso, ¡haz lo que esté en tu mano para evitarlo! Las siguientes recomendaciones de Orfa Astorga de Lira, Orientadora familiar y Máster en matrimonio y familia de la Universidad de Navarra, te ayudarán en este importante propósito. 

 

1. Vivir a plenitud el compromiso. En el amor no se elige realmente si uno no se compromete con ese alguien elegido. Haber elegido al cónyuge es una gran manifestación de nuestra libertad, porque renunciando a todo lo que no sea ese alguien amado, nos enriquecemos en un: “yo, para ti, contigo” en la salud o en la enfermedad, en la riqueza o la adversidad. Lo contrario sería el mayor de los absurdos, pues nadie renuncia a todo por nada.

 

2. Jamás admitir la indiferencia. Esforzarse por “estar ahí” participando el uno con el otro, lo mismo en preguntarse por sus respectivas ocupaciones del cada día, que cuidar juntos los niños, o hacer la cena. Esforzarse por escuchar, sin hacer como que se escucha, por trivial que sea el comentario: desde la ganga que se encontró en el supermercado, hasta el último chiste que se sabe y soltar la carcajada. No dejar solo al otro en lo que le ocupa y preocupa, desde los asuntos más delicados, hasta los más pequeños detalles. Solo si se atiende al otro se le puede comprender en lo que piensa, siente, sus alegrías y preocupaciones, lo que lo anima y lo que lo desanima. Saber ponerse en su lugar y ser uno su principal motivo.

 

3. No aceptar una dependencia enfermiza. Cuidar siempre el mutuo espacio para tomar decisiones, defendiendo razonablemente los propios criterios, discutiendo cara a cara si es necesario lo que por amor es de mutuo interés. Cuidar ambos su individualidad en esa nueva forma de ser que nace de la unión entre dos, pues es así como lo cónyuges se necesitan. Antes que coartar la autonomía del otro, es preferible dejarlo correr el riesgo de equivocarse.

 

4. No manipular. Tener una comunicación espontánea y sincera que refleje siempre la intimidad del pensamiento. No decir esto para que se entienda lo otro, no hacer cálculos recurriendo a la excusa o el pretexto. Manipular es instrumentalizar y no respetar la condición de persona en el cónyuge. Se manipula con las palabras, argumentos, tonos de voz, expresiones corporales; se manipula con toda la humanidad cuando precisamente es a través de esta que podemos amar. La sinceridad es el fuerte tejido del amor, y a la vez su delicado perfume.

 

5. Respetar la libertad. No olvidar nunca que el cónyuge es un ser libre aunque libremente se haya convertido en un don para mí; que es por su libertad que gozo de su amor. Sus decisiones, gustos, aficiones, talentos, son la riqueza de un ser único e irrepetible, que brotan de su intimidad para compartir conmigo haciéndome mejor.

 

6. Confiar. No reservarse algo que el otro debe saber. Buscar siempre un diálogo abierto desde lo más ordinario, hasta el más profundo sentimiento. Ser conscientes de que lo que no se comunica, deviene luego en un secreto, en una barrera que luego lleva a la discrepancia que incomunica, separa, aísla. Toda diferencia se resuelve y une más con el motivo del amor, sin la desconfianza de por medio.

 

7. No admitir los celos. No comparar los logros del uno con los del otro. No exponer al cónyuge comparándolo con terceros, ni dudar de la fidelidad de su amor cayendo en suspicacias injustas. No aceptar vivir bajo el temor, bajo el peso de una amenaza, estando seguro de su cariño.

 

8. Moldear el carácter. No justificar la intemperancia ante las contrariedades, dando lugar a los malos comportamientos, tanto en la casa como en lugares públicos; exhibiendo tonos destemplados, gesticulaciones, ademanes que avergüenzan y humillan profundamente, creando inseguridad en el otro y atentando contra la dignidad de su amor.

 

9. Rechazar el temor. El cónyuge que, por temor al conflicto en la relación, empieza concediendo, termina por ceder permitiendo que el otro crezca en el error. Se debe tener confianza para decir que se está cansado y no se desea salir al cine, hablar sobre la impertinencia de uno de los dos, sobre la falta de paciencia, el desinterés, el error cometido, etc., etc. No aceptar esa falsa prudencia que da solo la apariencia de que el matrimonio está bien ajustado, mientras se incuban resentimientos.

 

10. Cuidar nuestra conciencia. En el matrimonio nadie puede faltarse el respeto a si mismo sin faltar también al respeto del cónyuge y viceversa. Se debe luchar contra las faltas morales que anidan en la persona, rompiendo su integridad y desdoblando su personalidad con la mentira.

 

El amor entre esposos madura cuando se comprende la personalidad del otro; cuando se pone en su piel para aceptarle plenamente y amarlo desde sí mismo. Solo así, el don del amor es un verdadero don.

 

*Publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

 

Por Dolors Massot / Aleteia.org - 05.02.2018

 

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La maternidad lo cambia todo, los hijos te necesitan... ¿Eso significa que él debe pasar a un segundo plano?

 

Mientras fueron novios, todo era perfecto. Ella mandaba whatsapp preguntándole cómo iba en el trabajo, a la hora del bocadillo le sorprendía con un mail, escogía su mejor perfil para cada selfie…

 

Los fines de semana le acompañaba al partido de fútbol a pesar de que no le interesaba lo más mínimo ese deporte, buscaba el restaurante más recoleto para que el plan de cena fuera único, era capaz de cambiar turnos y trabajar más horas por verse al salir del trabajo, alteró la ruta del autobús por darle los buenos días antes de que él entrara en la fábrica…

 

Él hacía lo mismo. Se desvivía por ella con los detalles que le iban soplando los amigos. A pesar de ser poco romántico, aprendió a enviar un dibujo, a dejarle una frase encendida en el bolsillo del abrigo, a acercarse con unas flores…

 

Y se casaron. Llegó el primer embarazo y el primer hijo. La alegría más absoluta. Y comenzaron los despertares a medianoche, las tomas de la criatura, la falta de sueño llevada con humor… La baja de maternidad fue un soplo y el horario del trabajo quedó pegado al del bebé.

 

Eso sí, siguieron unos buenos días cariñosos y un “robar” tiempo para ellos dos solos. Pero cuando llegó el segundo, una hermosa niña, ella creyó definitivamente que los hijos debían ser la prioridad.

 

“Los hijos necesitan sobre todo a la madre, y más en los primeros años”, se decía. La falta de tiempo y los cambios en la economía doméstica relegaban a un segundo plano los fines de semana en un hotel con encanto. Incluso se hizo imposible ir al cine en las “noches del espectador”, esos miércoles con descuento.

 

A ella le comenzó a dar pereza maquillarse y encontró que para no salir mal parada con las babas de la pequeña era mejor ir con un fondo de armario al llegar a casa. O sea, con una camiseta de algodón blanca, negra o gris, según la época. Del recogido estudiado y con mecha suelta se pasó al moño de lápiz.

 

Ella creía que se debía a los niños. Que el papel que le otorgaba la vida era el de ser madre por encima de todo. Y en ese todo también estaba él. Dentro de unos años recuperarían el romanticismo de la primera etapa, pero ahora tocaba bregar en otra dirección.

 

Él se vio relegado a un papel secundario. Sentado en el banquillo en vez de jugando en los partidos de la vida familiar.

 

Él o los niños, ¿gran dilema?

 

¿Realmente primero hay que atender a los hijos y luego al marido? Ella explicaba que los maridos ya son adultos y saben lo que deben hacer mientras que a los pequeños hay que guiarles en sus primeros pasos porque son dependientes. Error de manual. 

 

Cuando llegan los hijos a la familia, eso no implica que haya que cambiar lo esencial, lo que es básico y sostiene todo el edificio. A saber:

 

1. El amor de tu vida es tu marido, no son tus hijos.

2. Con quien tú te casaste es con tu marido, no con tus hijos.

3. Con él terminarás tus días, con ellos no. 

4. Quien dijo (y dice) que te quiere para siempre es tu marido, no son tus hijos. 

 

Hay que volver a formular la ecuación

 

Recuerda que los hijos son fruto de nuestro amor, pero lo que no puedes hacer es olvidar al marido o apartarlo por atender a los hijos. Ni siquiera ellos te lo piden. Y si alguna vez crees que tus hijos te están pidiendo algo que va contra el amor a tu marido, es que algo está equivocado en la ecuación y hay que reformular.

 

¿Recuerdas aquellas matemáticas de hace un tiempo? La x, la y, las constantes y las variables… Una de las mejores maneras de formular bien el proyecto de familia es precisamente contar con que tú y él son constantes, mientras que lo demás es variable. Y los hijos, sí, aunque parezca una ofensa, son una variable.

 

Son una variable en el número y son una variable en el tiempo: hoy están, quién sabe si mañana se marchan libremente.

 

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Lo primero para una mujer con familia es siempre el marido. Y lo mismo se aplica al marido (aunque ahora no hablemos de ellos): lo primero es la mujer.

 

Si no vienen los hijos, no se desmontará el castillo porque no son la esencia de nuestra unión. Y si vienen (uno, dos o los que sean) tampoco desmontarán el castillo porque los cimientos siempre van a ser los dos unidos.

 

Esa unión no es una cuestión de papeles sino de corazón, de entrega absoluta. ¿A quién vas a querer más que a tu marido? Por mucho que el instinto de maternidad te una con una fuerza casi irracional a tus hijos, el amor verdadero en la familia empieza por el amor de pareja.

 

Es la relación de pareja la que hay que cuidar, preservar, mimar. Decía un sabio conocedor del amor humano que las mujeres deben proponerse querer al marido como si fuera el hijo pequeño. Ese puede ser un buen termómetro de tu amor. Así nunca estará desatendido y nunca habrá problemas de desorden afectivo. El marido ocupará el lugar adecuado si está por encima de la atención que reciben los hijos.

 

¿Significa eso desatender a los hijos? En absoluto. Y eso, quien lea este texto lo sabe, es algo que no suele ocurrir en una madre salvo esas excepciones en que nos encontramos con una madre “desnaturalizada”.

 

Lo importante, pues, es encajar los diferentes periodos de la relación de pareja y adaptarse a las variables de cada etapa. La constante “él” ha de ser siempre el motor de tu amor. Los hijos, cuando eso es así, salen fortalecidos por ese amor, que los cuida, los protege y los hace crecer en la seguridad de la familia estable.

 

*Publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

 

 

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