La verdad sobre Benedicto XVI y los sacerdotes En las últimas semanas la Iglesia Católica ha sido objeto de ataques dirigidos a su cabeza, el Papa Benedicto XVI. A partir de algunos hechos lamentables, algunos medios de comunicación se han ensañado injustamente con el actual Pontífice. Otros, se han hecho eco, produciendo desinformación en muchas personas. Conviene que el católico tenga información pertinente que le permita poseer un juicio basado en la verdad. |
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Querido hermano y hermana periodista: Soy un simple sacerdote católico. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación. Hace veinte años que vivo en Angola como misionero. Me da un gran dolor por el profundo mal que personas que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar, sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños será siempre una prioridad absoluta. Veo en muchos medios de información, sobre todo en vuestro periódico la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos recientes… Ciertamente todo condenable! Se ven algunas presentaciones periodísticas ponderadas y equilibradas, otras amplificadas, llenas de preconceptos y hasta odio. ¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo! Pienso que a vuestro medio de información no le interesa que yo haya tenido que transportar, por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe aLwena (Angola), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños... No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU. No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina, que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados. No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o sobretodo, en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar. No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años. No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve. La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura… Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en la cual me siento ofendido. Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión. En Cristo, P. Martín Lasarte sdb
Giampaolo Crepaldi: los antipapas y el magisterio paralelo En un artículo publicado por un periódico italiano, monseñor Crepaldi defiende al Santo Padre Benedicto XVI y denuncia los injustos ataques a su persona y la existencia de un “magisterio paralelo” que parece ser expresión de dos Iglesias diversas. “El intento de la prensa de implicar a Benedicto XVI en la cuestión de la pedofilia es sólo el más reciente de los signos de aversión que muchos nutren hacia el Papa. Es necesario preguntarse cómo este Pontífice, a pesar de su mansedumbre evangélica y de su honradez, de la claridad de sus palabras unida a la profundidad de su pensamiento y de sus enseñanzas, suscite en algunas partes sentimientos de hastío y formas de anticlericalismo que se creían superadas. Y esto, hay que decirlo, suscita aún mayor asombro e incluso dolor cuando quienes no siguen al Papa y denuncian sus presuntos errores son hombres de Iglesia, sean teólogos, sacerdotes o laicos”. “Las inusitadas y claramente forzadas acusaciones del teólogo Hans Küng contra la persona de Joseph Ratzinger teólogo, obispo, Prefecto de la Congregación de la Fe y ahora Pontífice por haber causado, según él, la pedofilia de algunos eclesiásticos mediante su teología y su magisterio sobre el celibato nos amargan profundamente. Nunca había sucedido que la Iglesia fuese atacada de esta forma. A las persecuciones contra muchos cristianos, crucificados en sentido literal en muchas partes del mundo, a las múltiples tentativas de desarraigar el cristianismo en las sociedades antes cristianas con una violencia devastadora en el plano legislativo, educativo y de las costumbres que no puede encontrar explicaciones en el buen sentido común, se añade desde hace tiempo un encarnizamiento contra este Papa, cuya grandeza providencial está ante los ojos de todos”. “De estos ataques se hacen tristemente eco cuantos no escuchan al Papa, también entre eclesiásticos, profesores de teología en los seminarios, sacerdotes y laicos. Cuantos no acusan abiertamente al Pontífice, pero ponen sordina a sus enseñanzas, no leen los documentos de su magisterio, escriben y hablan sosteniendo exactamente lo contrario de cuanto él dice, dan vida a iniciativas pastorales y culturales, por ejemplo en el terreno de la bioética o en el del diálogo ecuménico, en abierta divergencia con cuanto él enseña. El fenómeno es muy grave por cuanto está muy difundido”. “Benedicto XVI ha dado enseñanzas sobre el Vaticano II que muchísimos católicos rebaten abiertamente, promoviendo formas de contraformación y de magisterio paralelo sistemático, guiados por muchos ‘antipapas’; ha dado enseñanzas sobre los ‘valores no negociables’ que muchísimos católicos minimizan o reinterpretan, y esto sucede también por parte de teólogos y comentaristas de fama, huéspedes en la prensa católica además de en la laica; ha dado enseñanzas sobre la primacía de la fe apostólica en la lectura sapiencial de los acontecimientos y muchísimos continúan hablando de la primacía de la situación, o de la praxis, o de los datos de las ciencias humanas; ha dado enseñanzas sobre la conciencia o sobre la dictadura del relativismo, pero muchísimos anteponen la democracia o la Constitución al Evangelio. Para muchos la Dominus Iesus, la Nota sobre los católicos en política de 2002, el discurso de Regensburg de 2006, la Caritas in veritate es como si nunca hubiesen sido escritos”. “La situación es grave, porque esta brecha entre los fieles que escuchan al Papa y quienes no le escuchan se difunde por todas partes, hasta en los semanarios diocesanos y en los Institutos de Ciencias Religiosas, y anima dos pastorales muy distintas entre sí, que ya casi no se entienden entre ellas, como si fuesen expresión de dos Iglesias diversas y provocando inseguridad y extravío en muchos fieles”. “En estos momentos muy difíciles, nuestro Observatorio siente el deber de expresar nuestra filial cercanía a Benedicto XVI. Oramos por él y permanecemos fieles en su seguimiento”. (Traducción al castellano publicada por Zenit, 22-03-10) La respuesta a los casos de abusos sexuales Presentamos el análisis que ha publicado el padre Federico Lombardi, S.I. director de la Oficina de Información de la Santa Sede con el título "Después de Semana Santa, mantener el rumbo" en Radio Vaticano. En primer lugar hay que seguir buscando la verdad y la paz para los ofendidos. Entre las cosas que más llaman la atención es que hoy salen a la luz también tantas heridas internas que se remontan a hace muchos años -incluso a diversas décadas-, pero que, evidentemente, siguen abiertas. Muchas víctimas no buscan un resarcimiento económico sino una ayuda interior, un juicio acerca de su dolorosa vivencia personal. Todavía queda algo por entender realmente. Probablemente debemos tener una experiencia más profunda de los hechos que han marcado tan negativamente la vida de las personas, de la Iglesia y de la sociedad. Un ejemplo, en ámbito colectivo, son el odio y la violencia de los conflictos entre los pueblos, que resultan tan difíciles de superar para una reconciliación verdadera. Los abusos hieren a nivel personal profundo. Por eso han hecho muy bien los episcopados que valerosamente han reemprendido el establecimiento de modos y lugares para que las víctimas puedan expresarse libremente y ser escuchadas, sin dar por descontado que el problema estuviera ya afrontado y superado gracias a los centros de escucha instituidos hace tiempo, al igual que aquellos episcopados u obispos que con trato paternal prestan atención espiritual, litúrgica y humana a las víctimas. Parece cierto que el número de las nuevas denuncias de abusos disminuye, como está sucediendo en Estados Unidos, pero para muchos el camino del saneamiento en profundidad empieza solamente ahora y para otros todavía está por empezar. En el contexto de atención a las víctimas, el Papa ha escrito que está dispuesto a nuevos encuentros con ellas, involucrándose en el camino de toda la comunidad eclesial. Pero se trata de un camino que para tener efectos profundos debe llevarse a cabo, todavía más, en el respeto de las personas, y en búsqueda de la paz. Junto a la atención por las víctimas hay que continuar, además, aplicando con decisión y veracidad los procedimientos adecuados del juicio canónico de los culpables y de colaboración con las autoridades civiles en lo que se refiere a sus competencias judiciales y penales, teniendo en cuenta la especificidad de las normativas y de las situaciones en los diversos países. Sólo así se puede pensar en reconstruir efectivamente un clima de justicia y la plena confianza en la institución eclesial. Se ha dado el caso de que diversos responsables de comunidades o instituciones, por falta de experiencia o de preparación, no dispusieran de los criterios de intervención que podían ayudarles a intervenir con determinación aún cuando fuera para ellos muy difícil o doloroso. Pero, mientras la ley civil interviene con normas generales, la canónica debe tener en cuenta la particular gravedad moral de la traición de la confianza depositada en las personas con responsabilidad en la comunidad eclesial y de la flagrante contradicción con la conducta que deberían testimoniar. En este sentido, la transparencia y el rigor se imponen como exigencias urgentes de un testimonio de gobierno sabio y justo de la Iglesia. En perspectiva, la formación y selección de los candidatos al sacerdocio, y más en general del personal de las instituciones educativas y pastorales son las premisas para la prevención eficaz de posibles abusos. Conquistar una sana madurez de la personalidad, también desde el punto de vista de la sexualidad, ha sido siempre un reto difícil, pero hoy lo es todavía más, aunque los mejores conocimientos psicológicos y médicos representan una gran ayuda en la formación espiritual y moral. Alguno ha observado que la mayor frecuencia de los abusos se ha verificado en el período más álgido de la "revolución sexual" de los decenios pasados. En la formación hay que tener en cuenta este contexto y aquel más general de la secularización. En realidad, se trata de redescubrir y reafirmar el sentido y la importancia del significado de la sexualidad, de la castidad y de las relaciones afectivas en el mundo de hoy, en formas muy concretas y no sólo verbales o abstractas. ¡Qué fuente de desorden y sufrimiento puede suponer su violación o menosprecio! Como observa el Papa al escribir a los irlandeses, una vida cristiana y sacerdotal solo puede responder hoy a las exigencias de su vocación si se alimenta realmente de las fuentes de la fe y de la amistad con Cristo. Quien ama la verdad y la valoración objetiva de los problemas sabrá buscar y encontrar las informaciones para una comprensión más general del problema de la pederastia y de los abusos sexuales de menores en nuestro tiempo y en los diferentes países, comprendiendo su extensión y su penetración. De este modo, podrá entender mejor en qué medida la Iglesia católica comparte no solo sus problemas, en qué medida suponen para ella una gravedad particular y exigen intervenciones específicas, y finalmente en qué medida la experiencia que la Iglesia va adquiriendo en este campo pueda ser útil también para otras instituciones o para toda la sociedad. Por lo que concierne a este aspecto, creo que los medios de comunicación no han trabajo todavía suficientemente, sobre todo en los países en los que la presencia de la Iglesia tiene una mayor relevancia, y sobre quien se apuntan más fácilmente, por tanto, los dardos de la crítica. Pero, documentos como el informe nacional de EEUU sobre el maltrato de los niños, merecerían ser más conocidos para entender cuáles son los campos que exigen una intervención social urgente y las proporciones de los problemas. Sólo en el año 2008, en Estados Unidos, se identificaron más de 62.000 autores de abusos de menores, mientras el grupo de los sacerdotes católicos es tan pequeño que ni siquiera se tiene en cuenta como tal. El compromiso por la protección de los menores y de los jóvenes es por tanto un campo de trabajo inmenso e inagotable, que va más allá del problema concerniente a algunos miembros del clero. Quienes dedican sus esfuerzos con sensibilidad, generosidad y atención merecen gratitud, respeto y aliento por parte de todos, y en particular, de las autoridades eclesiales y civiles. Su contribución es esencial para la serenidad y la credibilidad del trabajo educativo y de formación de la juventud en la Iglesia y fuera de ella. Justamente, el Papa les ha dirigido palabras de gran aprecio en la carta a los irlandeses, pero pensando naturalmente en un horizonte más amplio. Finalmente, Benedicto XVI guía coherente por el camino del rigor y de la veracidad, merece todo el respeto y el apoyo, y prueba de ello son los amplios testimonios de todos los rincones de la Iglesia. El Papa es un pastor que está a la altura de afrontar con gran rectitud y seguridad este tiempo difícil, en el que no faltan críticas e insinuaciones infundadas; hay que afirmar, sin prejuicios, que es un Papa que ha hablado mucho de la verdad de Dios y del respeto de la verdad, siendo un testigo creíble de ella. Le acompañamos y aprendemos de él la constancia necesaria para crecer en la verdad, en la transparencia, manteniendo amplio el horizonte sobre los graves problemas del mundo, respondiendo con paciencia a la aparición --gota a gota-- de "revelaciones" parciales o presuntas que tratan de mermar su credibilidad o la de otras instituciones y personas de la Iglesia. En la Iglesia, en la sociedad en la que vivimos, cuando comunicamos y escribimos, tenemos necesidad de este paciente y firme amor a la verdad si queremos servir y no confundir a nuestros contemporáneos. (Traducción del Vatican Information Service, VIS) Un caso de “pánico moral”. Los abusos a menores desde el punto de vista de la sociología Massimo Introvigne, conocido sociólogo de las religiones, examina en Avvenire (22-03-10) los datos sociológicos disponibles sobre abusos sexuales a menores, su incidencia en el clero católico y en otros ámbitos. Massimo Introvigne señala que las discusiones actuales sobre sacerdotes y paidofilia son un caso típico de lo que en sociología se ha calificado como “moral panics.” Los ‘pánicos morales’ han sido definidos como “problemas socialmente construidos, que se caracterizan por una amplificación sistemática de los datos reales, ya sea en su repercusión mediática o en la discusión política.” Hay otras dos características de los ‘pánicos morales’. “En primer lugar, problemas sociales que existen desde hace decenios son reconstruidos en la narrativa mediática y política como si fueran ‘nuevos’ o como si experimentaran una presunto y dramático crecimiento. En segundo lugar, su incidencia se exagera con estadísticas folklóricas que, aunque no han sido confirmadas por estudios académicos, son repetidas de un medio de comunicación a otro y pueden inspirar campañas mediáticas persistentes.” Como ha subrayado Philip Jenkins en una serie de valiosos estudios, en la creación y gestión de los ‘pánicos morales’ hay “agentes morales”, que tienen un programa no siempre declarado. En el caso que nos ocupa, el punto real de partida es que existen sacerdotes pedófilos, cuyos abusos sexuales han llevado a condenas firmes y que los propios acusados han reconocido. “Estos casos –en EE.UU., en Irlanda, en Australia– justifican las severas palabras del Papa y su petición de perdón a las víctimas”. Los números importan Para comprender cómo de este dato trágicamente real se ha pasado a un ‘pánico moral’, hay que preguntarse cuántos sacerdotes han sido autores de estos abusos. Los datos más completos son los que existen para EE.UU., donde en 2004 la Conferencia Episcopal encargó un estudio independiente al John Jay College of Criminal Justice de la City University de Nueva York, una universidad no católica y reconocida como la más seria institución académica del país sobre criminología. Este estudio, resume Introvigne, “dice que de 1950 al 2002, 4.392 sacerdotes americanos (sobre un total de 109.000) fueron acusados de haber tenido relaciones sexuales con menores. De estos, poco más de un centenar fueron condenados por tribunales civiles. Este bajo número se explica porque las verdaderas o presuntas víctimas denunciaron a sacerdotes ya fallecidos o porque los delitos habían prescrito. En otros casos, la condena en la vía canónica no se correspondía con ninguna violación de la legislación civil, como, por ejemplo, en el caso de aquellos estados americanos donde la relación con una o un menor de más de 16 años que consiente no es un delito.” Pero también ha habido casos clamorosos de sacerdotes inocentes acusados. “Estos casos se han multiplicado en los años 1990, cuando algunos estudios de abogados han visto que podían obtener indemnizaciones millonarias también sobre la base de simples sospechas.” “¿El estudio del John Jay College dice, como se lee a menudo, que el 4% de los sacerdotes americanos son “pedófilos”?, se pregunta Introvigne. “En absoluto. Según la investigación, el 78,2% de las acusaciones se referían a menores de edad que habían alcanzado la pubertad. Por lo tanto, los sacerdotes acusados de efectiva paidofilia en los EE.UU. son 958 en 42 años, es decir, 18 anuales. Y las condenas han afectado a 54.” Para otros países no se dispone de un estudio tan completo como el del John Jay College. Sobre Irlanda, a menudo se citan informes encargados por el gobierno que califican de “endémica” la plaga de abusos sexuales en escuelas y orfanatos (masculinos) gestionados por diócesis e instituciones católicas, en los que es evidente que ha habido abusos muy graves contra menores. Pero, el análisis pormenorizado de los datos muestra, afirma Introvigne, que “muchas acusaciones se refieren al uso de medios de corrección excesivos o violentos. El llamado informe Ryan del 2009 –que utiliza un lenguaje muy duro contra la Iglesia- referido a 25.000 alumnos de escuelas, reformatorios y orfanatos en este periodo, recoge 253 acusaciones de abusos sexuales a chicos y 128 a chicas, no todas atribuidas a sacerdotes, religiosos o religiosas, casos de diversa naturaleza y gravedad, rara vez referidos a impúberes." Casos antiguos como si fueran nuevos En cuanto a los casos de las últimas semanas sobre abusos de este tipo en Alemania y en Austria, muestran, según Introvigne, una característica típica del ‘pánico moral’: “Se presentan como ‘nuevos’ hechos ocurridos hace muchos años, en algunos casos más de treinta, y en parte ya conocidos. El hecho de que se insista de modo particular en el área de Baviera, de la que proviene el Papa, presentando en primera página de los periódicos sucesos de los años 1980 como si hubieran ocurrido ayer, y de ahí nazcan polémicas capciosas en la forma de un ataque concéntrico que cada día anuncia a gritos nuevos ‘descubrimientos’, muestra bien como el ‘pánico moral’ es promovido por ‘agentes sociales’ de modo organizado y sistemático.” Por ejemplo, el caso con el que se ha querido involucrar al Papa –la acogida en la diócesis de Munich para someterse a terapia de un sacerdote que había cometido abusos en otra diócesis– surgió en 1985 y fue juzgado en un tribunal alemán en 1986, y sin embargo hoy un periódico alemán decide resucitarlo y volverlo a poner en primera página. Introvigne se plantea también si un sacerdote católico tiene más riesgo de abusar sexualmente de menores que el resto de la población. Aunque la pregunta pueda parecer defensiva, “es fundamental para descubrir las causas del fenómeno y por lo tanto para prevenirlo. Según los estudios de Jenkins, si se compara la Iglesia católica de EE.UU. con las principales iglesias protestantes se descubre que la presencia de pedófilos es –según las distintas iglesias– de dos a diez veces más alta entre los pastores protestantes que entre los sacerdotes católicos. Lo cual muestra que la cuestión no es el celibato, pues la mayor parte de los pastores protestantes son casados.” Siempre en EE.UU., en el mismo periodo en que un centenar de sacerdotes católicos eran condenados por abusos sexuales a menores, el número de profesores de gimnasia y de entrenadores deportivos condenados por el mismo delito en los tribunales rozaba los seis mil. “Y, sobre todo, a tenor de los informes periódicos del gobierno americano, dos tercios de los casos de molestias sexuales sobre menores no provienen de extraños ni de educadores sino del entorno familiar, por desgracia también de los padres.” Datos similares se dan en otros países. Homosexualidad y abusos Un dato altamente significativo es que “más del 80% de los pedófilos son homosexuales, varones que abusan de otros varones. Y, citando una vez más a Jenkins, más del 90% de los sacerdotes católicos condenados por abusos sexuales a menores y paidofilia son homosexuales.” Introvigne concluye que “si en la Iglesia católica ha habido efectivamente un problema, este no es el del celibato, sino una cierta tolerancia de la homosexualidad, en particular en los seminarios de los años setenta, época en que se ordenaron la gran mayoría de los sacerdotes condenados por los abusos.” Lo más paradójico es que se ataque hoy al Papa por casos de hace treinta años, sobre todo si se considera la gran severidad del cardenal Ratzinger antes y hoy Benedicto XVI en este tema, que el Papa está corrigiendo con vigor. “Los ‘agentes sociales’ que organizan el ‘pánico moral’ tienen un programa que emerge cada vez más claramente, y que ciertamente no tiene en su centro la protección de los niños.” La Iglesia está con el Papa, le asegura el cardenal Sodano El cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, en la felicitación por la Pascua que dirigió a Benedicto XVI este Domingo de Resurrección, aseguró que la Iglesia se encuentra particularmente cerca del Santo Padre, en medio de las críticas que han publicado medios de comunicación. Al inicio de la misa que el Papa presidió en la plaza de San Pedro del Vaticano, el antiguo secretario de Estado, sorprendió con un momento particularmente emotivo al asegurar: "Nos unimos para arroparle". "Estamos profundamente agradecidos por la fortaleza de espíritu y la valentía apostólica con la que anuncia el Evangelio de Cristo", afirmó. "Está con usted el pueblo de Dios que no se deja impresionar por las murmuraciones del momento, por las pruebas que en ocasiones golpean a la comunidad de los creyentes", subrayó. "Están con usted los cardenales, sus colaboradores de la Curia Romana. Están con usted los hermanos obispos, esparcidos por el mundo, que guían las tres mil circunscripciones eclesiásticas del planeta. En particular, están con usted en estos días los cuatrocientos mil sacerdotes que están al servicio generoso el pueblo de Dios, en las parroquias, en las escuelas, en los hospitales, en otros michos lugares, así como en las misiones y en las partes más remotas del mundo". El cardenal Sodano recordó que el Papa, el Jueves Santo, en la santa misa de la bendición de los santos óleos, recordó que Pedro describe así la actitud de Cristo en la Pasión: "Cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente". En esta solemnidad pascual, concluyó el purpurado italiano, "nosotros rezamos por usted para que el Señor, Buen Pastor, siga apoyándole en su misión al servicio de la Iglesia y del mundo". Del cardenal Levada al “New York Times” En nuestro crisol de pueblos, lenguas y orígenes, los estadounidenses no nos distinguimos como ejemplos de "alta" cultura. Pero podemos estar orgullosos por lo general en nuestra pasión por la justicia. En el Vaticano, donde actualmente trabajo, mis colegas - ya sea en las reuniones de cardenales o funcionarios de mi oficina - proceden de muy diversos países, continentes y culturas. En el momento de escribir esta respuesta de hoy (26 de marzo de 2010) he tenido que admitir ante ellos que no estoy orgulloso del periódico americano New York Times, como un modelo de justicia. Digo esto porque el 30 de marzo el Times presenta por un lado un extenso artículo de Laurie Goodstein, una importante columnista, titulado Warned About Abuse, Vatican Failed to Defrock Priest (Advertido sobre los abusos, el Vaticano no suspendió a un sacerdote, n.d.t), y por otro un editorial adjunto titulado The Pope and the Pedophilia Scandal (El Papa y el escándalo de pedofilia, n.d.t.), en el que los editores consideran el artículo de Goodstein un informe preocupante (énfasis en el original) como base para sus propias acusaciones contra el Papa. Tanto el artículo como el editorial son deficientes en todos los estándares razonables de justicia, que los estadounidenses tienen todo el derecho - y la expectativa de encontrar – en la información de sus principales medios de comunicación. En su párrafo inicial, Goodstein se basa en lo que ella describe como "archivos recién desenterrados" para señalar lo que el Vaticano (es decir, el entonces cardenal Ratzinger y su Congregación para la Doctrina de la Fe) no hizo – “expulsar del sacerdocio al padre Murphy”. Noticias impactantes, al parecer. Sólo después de ocho párrafos de prosa grandilocuente, Goodstein revela que el padre Murphy, que abusó criminalmente de casi 200 niños sordos, mientras trabajaba en una escuela en la archidiócesis de Milwaukee entre 1950 y 1974, "no sólo nunca fue procesado ni disciplinado por el sistema judicial eclesiástico, sino que también consiguió un 'pase' de la policía y los fiscales, que ignoraron los relatos de sus víctimas, según los documentos y entrevistas con éstas". Pero en el párrafo 13, al comentar una declaración del padre Lombardi (el portavoz del Vaticano) de que la ley eclesiástica no prohíbe que cualquier persona denuncie los casos de abuso a las autoridades civiles, Goodstein escribe: "Él no explicó por qué nunca sucedió en este caso". ¿Acaso olvida, o que sus editores no leen , lo que ella misma escribió en el párrafo nueve sobre el hecho de que Murphy conseguió "un pase de la policía y los fiscales"? Según su proprio relato, parece claro que las autoridades penales habían sido informadas, muy probablemente por las víctimas y sus familias. El relato de Goodstein salta adelanta y atrás, como si no hubiesen pasado más de 20 años entre los informes de los años 60 y 70 de la archidiócesis de Milwaukee y la policía local, y la petición de ayuda de monseñor Weakland al Vaticano en 1996. ¿Por qué? Porque el nudo del artículo no trata sobre los fracasos por parte de la Iglesia y las autoridades civiles para actuar en su momento. Yo, por ejemplo, mirando este informe, coincido en que el Padre. Murphy merecía ser expulsado del estado clerical por su atroz comportamiento criminal, lo que normalmente sería el resultado de un juicio canónico. El nudo del artículo de Goodstein, en cambio, es atribuir el fracaso en llevar a cabo esta expulsión al Papa Benedicto XVI, en lugar de a las decisiones diocesanas del momento. Ella utiliza la técnica de repetir la ristra de cargos y acusaciones provenientes de diversas fuentes (y las de su propio periódico no son las menos importantes), y trata de utilizar estos "archivos recién descubiertos" como base para acusar al Papa de indulgencia e inacción en este caso y, presumiblemente, en otros. Me parece, en cambio, que tenemos con el Papa Benedicto XVI una gran deuda de gratitud por la introducción de los procedimientos que han ayudado a la Iglesia a tomar medidas frente al escándalo por abuso sexual de menores por parte de sacerdotes . Estos esfuerzos se iniciaron cuando el Papa era cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y continuaron después de ser elegido Papa. Que el Times ha publicado una serie de artículos en los que se pasa por alto la importante contribución que ha hecho - especialmente en el desarrollo y aplicación de la Sacramentorum Sanctitatis Tutela, el Motu proprio expedido por el Papa Juan Pablo II en 2001 - me parece a mí suficiente para justificar la acusación de falta de la justicia que debería ser el sello distintivo de cualquier periódico de renombre. Déjeme decirle lo que una lectura imparcial del caso Milwaukee parece indicar. Las razones por las que las autoridades eclesiásticas y civiles no actuaron en los años 60 y 70, aparentemente, no figuran en estos "archivos recién descubiertos." Tampoco el New York Times parece estar interesados en saber por qué. Pero lo que surge es lo siguiente: después de casi 20 años como arzobispo, Weakland escribió a la Congregación pidiendo ayuda para hacer frente a este terrible caso de abusos en serie. La Congregación aprobó su decisión de emprender un proceso canónico, ya que el caso se refiere a proposiciones durante la confesión - uno de los delicta graviora (delitos más graves) por los que la Congregación tenía la responsabilidad de investigar y tomar las medidas oportunas. Sólo cuando se supo que Murphy se estaba muriendo, la Congregación sugirió a monseñor Weakland que se suspendiese el juicio canónico, ya que implicaría un largo proceso de toma de declaraciones a un buen número de víctimas sordas de décadas anteriores, así como del sacerdote acusado. No obstante, propuso medidas para garantizar que se impusiesen restricciones adecuadas sobre su ministerio. Goodstein infiere que esta acción implica "clemencia" hacia un sacerdote culpable de crímenes atroces. Mi interpretación sería que la Congregación se dio cuenta de que un proceso canónico complejo sería inútil si el sacerdote se estaba muriendo. De hecho, he recibido recientemente una carta no solicitada del vicario judicial que fue el presidente del tribunal en el juicio canónico, en la que me dice que nunca recibió ninguna comunicación sobre la suspensión del juicio, y que no habría estado de acuerdo a ella. Pero el Padre. Murphy había muerto en el ínterin. Como creyente, no tengo ninguna duda de que Murphy se enfrentará a Aquel que juzga a los vivos ya los muertos. Goodstein también se refiere a lo que ella llama "otras acusaciones" sobre la reasignación de un sacerdote que había abusado de niños anteriormente a otra diócesis, por parte de la archidiócesis de Munich. Sin embargo, la Arquidiócesis ha explicado repetidas veces que el responsable, el Vicario General monseñor Gruber, admitió su error en la toma de esa decisión. Es anacrónico de Goodstein y el Times sostengan que el conocimiento sobre los abusos sexuales que tenemos en 2010 deberían de alguna manera haber sido intuidos por quienes detentaban la autoridad en 1980. No es difícil para mí pensar que el profesor Ratzinger, nombrado arzobispo de Munich en 1977, hiciera lo que la mayoría de los nuevos obispos suelen hacer: permitir quienes ya se encargaban de la administración de 400 o 500 personas sigan llevando a cabo la tarea que ya ejercían. Cuando miro hacia atrás mi propia historia personal como sacerdote y obispo, puedo decir que en 1980 nunca había oído hablar de ninguna acusación de abuso sexual de este tipo por parte de un sacerdote. Fue sólo en 1985, cuando asistí como obispo auxiliar a una reunión de nuestra Conferencia Episcopal de EE.UU. donde se presentaron datos sobre este asunto se presentó, cuando supe de estos hechos. En 1986, cuando fui nombrado arzobispo de Portland, comencé a afrontar personalmente acusaciones por el delito de abuso sexual, y aunque mi "curva de aprendizaje" fue rápida, aún estaba limitada por los casos particulares que se me presentaban. Aquí están algunas cosas que he aprendido desde entonces: muchos niños víctimas son reacias a denunciar incidentes de abuso sexual por el clero. Al presentarse de adultos, el motivo más frecuente que aducen no es pedir el castigo del sacerdote, sino advertir al obispo y a los responsables de personal para que se pueda evitar a otros niños el trauma que ellos han experimentado. Al tratar con los sacerdotes, he aprendido que muchos sacerdotes, cuando se enfrentan a acusaciones del pasado, admiten de manera espontánea su culpabilidad. Por otra parte, me he dado cuenta de que la negación no es infrecuente. Hay casos en los que ni siquiera los programas de tratamiento residencial han logrado romper su negativa. Incluso terapeutas profesionales no llegan a un diagnóstico claro en algunos de estos casos; a menudo sus recomendaciones son demasiado vagas para ser útiles. Por otro lado, los terapeutas han sido de gran ayuda a las víctimas para que afornten los efectos a largo plazo de los abusos en la infancia. Tanto en Portland como en San Francisco, donde tuve que lidiar con problemas de abuso sexual, las diócesis siempre pone fondos disponibles (a menudo a través de la cobertura del seguro diocesano) para la terapia de las víctimas de abuso sexual. Desde el punto de vista de los procedimientos eclesiásticos, la explosión de la cuestión de los abusos sexuales en Estados Unidos llevó a la adopción, en una reunión de la Conferencia Episcopal en Dallas en 2002, de una Carta para la Protección de Menores contra el Abuso Sexual. Esta Carta establece las directrices uniformes sobre cómo denunciar los abusos sexuales, las estructuras de rendición de cuentas (Juntas que incluyen a miembros del clero, religiosos y laicos, incluidos expertos), informes a un Consejo Directivo nacional, y programas de educación para las parroquias y escuelas en la sensibilización y la prevención de la violencia y el abuso sexual a los niños. En varios países han sido adoptados por autoridades de la Iglesia otros programas similares: uno de las primeros fue adoptado por la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales, en respuesta al Informe Nolan realizado por una comisión de alto nivel de expertos independientes en 2001. Fue sólo en 2001, con la publicación del Motu proprio del papa Juan Pablo II Sacramentorum Sanctitatis Tutela (SST), cuando la responsabilidad de guiar la respuesta de la Iglesia Católica sobre el problema del abuso sexual de menores por parte de clérigos fue asignada a la Congregación para la Doctrina de la fe. Este documento papal fue preparado para el Papa Juan Pablo II, bajo la dirección del cardenal Ratzinger como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Contrariamente a algunas informaciones de prensa, la SST no quitaba la responsabilidad al obispo local para actuar en casos de denuncias de abuso sexual de menores por parte de clérigos. Tampoco se trataba, como algunos han teorizado, de parte de una conspiración desde lo alto para interferir en la jurisdicción civil en estos casos. En su lugar, SST exige a los obispos que informen sobre las acusaciones creíbles de abusos a la Congregación para la Doctrina de la Fe, la puede prestar un servicio a los obispos para asegurar que los casos se manejan adecuadamente, de acuerdo con la ley eclesiástica vigente. Éstos son algunos de los avances de esta nueva legislación de la Iglesia (SST). Ha permitido un proceso de simplificación administrativa para llegar a una sentencia, conservando así el proceso más formal de un juicio canónico para los casos más complejos. Esto ha sido una ventaja sobre todo en las diócesis misioneras y pequeñas, que no cuentan con un equipo fuerte de canonistas bien preparado. Se prevé erigir tribunales interdiocesanos para ayudar a las diócesis pequeñas. La Congregación tiene la facultad de establecer excepciones a la prescripción de un delito (estatuto de limitaciones) a fin de permitir que se haga justicia, incluso en "casos históricos". Por otra parte, la SSM ha modificado la ley canónica en casos de abuso sexual, ajustando la edad de un menor a 18 para que corresponda con la ley civil actual en muchos países. Proporciona un punto de referencia para los obispos y superiores religiosos para obtener asesoramiento sobre el manejo uniforme de los casos de los sacerdotes. Tal vez lo más importante de todo, ha designado los casos de abuso sexual de menores por clérigos como delicta graviora: delitos más graves, como los crímenes contra los sacramentos de la Eucaristía y la Penitencia, perennemente asignados a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Esto en sí mismo ha puesto de manifiesto la seriedad con que hoy la Iglesia lleva a cabo su responsabilidad de ayudar a los obispos y superiores religiosos para evitar que estos crímenes se repitan en el futuro, y para castigarlos cuando se producen. Este es un legado del Papa Benedicto XVI que facilita enormemente la labor de la Congregación, que ahora tengo el privilegio de dirigir, en beneficio de toda la Iglesia. Después de la Carta de Dallas de 2002, fui nombrado (entonces era arzobispo de San Francisco) para formar parte de un equipo de cuatro obispos que debía obtener la aprobación de la Santa Sede para las Normas Esenciales que los obispos de América habíamos desarrollado para permitirnos hacer frente a las acusaciones de abusos. Debido a que estas normas interfieren con el Derecho Canónico vigente, que requiere la aprobación antes de ser aplicadas como ley particular para nuestro país. Bajo la presidencia del cardenal Francis George, arzobispo de Chicago y actualmente Presidente de la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos, nuestro equipo trabajó con expertos del Vaticano canónica en varias reuniones. Encontramos en el cardenal Ratzinger, y en los expertos que él asignó a reunirse con nosotros, una cordial comprensión de los problemas que afrontábamos como obispos americanos. En gran medida gracias a su orientación, pudimos llevar nuestro trabajo a una conclusión exitosa. El editorial del Times se pregunta "cómo los funcionarios vaticanos no sacaron lecciones del enorme escándalo en los Estados Unidos, donde más de 700 sacerdotes fueron expulsados en un periodo de tres años". Puedo asegurar al Times que el Vaticano, en realidad, no ignoraba ni ahora ni entonces estas lecciones. Pero el editorial del Times continúa mostrando la tendencia de siempre: "Pero luego leemos informe preocupante de Laurie Goodstein… Acerca de cómo el Papa, cuando todavía era cardenal, fue personalmente advertido sobre un cura... Pero los líderes de la Iglesia eligieron proteger a la iglesia en vez de a los niños. En el informe se ilumina el tipo de conducta de la Iglesia estaba dispuesto a mantener para evitar el escándalo”. Disculpenme, editores. Incluso el artículo de Goodstein, basado en los "archivos recién desenterrados”, pone las palabras sobre la protección de la Iglesia del escándalo en los labios del arzobispo Weakland, no en los del Papa. Es precisamente este tipo de fusión anacrónica que creo que merece mi acusación de que el Times, precipitándose en emitir un veredicto de culpabilidad, carece de imparcialidad en sus informaciones sobre el Papa Benedicto. Como miembro a tiempo completo de la Curia romana, la estructura de gobierno que lleva a cabo las tareas de la Santa Sede, no tengo tiempo para lidiar con los artículos casi diarios de Rachel Donadio y otros, y mucho menos con las ridículas repeticiones de loro de Maureen Dowd sobre el "inquietante informe de Goodstein". Pero cuando se trata de un hombre con y para quien tengo el privilegio de trabajar, como su “sucesor” como prefecto, un Papa cuya encíclicas sobre el amor y la esperanza y la virtud económicas tanto nos sorprendieron y nos hicieron pensar, cuya semanales catequesis y homilías Semana Santa nos inspiran, y sí, cuya dinámica de trabajo para ayudar a la Iglesia hacer frente con eficacia con el abuso sexual de menores sigue ayudándonos hoy en día, pido al Times que reconsidere su forma de atacar al Papa Benedicto XVI y que de al mundo una visión más equilibrada de un líder con el que se puede y se debe contar. Oleada de muestras de apoyo de obispos al Papa Innumerables obispos de todo el mundo están mostrando su adhesión al Benedicto XVI y apoyando su respuesta a los abusos sexuales por parte de algunos sacerdotes. Lo hacen a través de sus homilías, declaraciones, escritos, cartas dirigidas al Papa y otras iniciativas con las que rechazan las acusaciones que le tachan de encubridor de esos abusos o de no haber actuado con el suficiente rigor. Traemos aquí algunos testimonios de obispos de habla hispana. “La cabeza visible del Cuerpo Místico de Cristo ha sido maltratada por enemigos de la Iglesia, con inusitada falta de respeto a la verdad y con un despliegue de cinismo increíble; se ve, detrás, ese ataque a la Iglesia para dañarla”, afirmó el arzobispo de Lima, el cardenal Juan Luis Cipriani en la Misa Crismal celebrada en la catedral de la capital peruana este miércoles. “Sus hijos no podemos quedarnos en silencio -exhortó-. La oración es la principal arma que el Espíritu Santo pone a su disposición”. “Recemos por el Papa, por la Iglesia, por los obispos, por los sacerdotes y por la vida consagrada -continuó-. Busquemos con más fuerza la santidad personal”. “Estamos llamados a ser colaboradores y cooperadores de la verdad”, dijo ante más de doscientos presbíteros que renovaron sus compromisos de fidelidad sacerdotal. Y les animó “a permanecer cercanos al Papa en la oración, con el empeño en seguir sus enseñanzas con delicada obediencia”. La Conferencia Episcopal de Paraguay envió a Benedicto XVI una carta de “apoyo, comunión y solidaridad por los ataques que aparecen en la prensa internacional”. Los obispos expresaron en ella “su comunión con el Papa, en estos momentos de dolor por los ataques que recibe en su carácter de pastor de la Iglesia universal”, que buscan “debilitar su voz y su autoridad moral”. En Santiago de Chile, el cardenal Francisco Javier Errázuriz declaró el Domingo de Ramos que “algunos medios de comunicación tratan de golpear el buen nombre del Papa acusándolo de cosas, en las que el Santo Padre nunca tuvo ninguna responsabilidad”. Ese mismo día, el obispo de la diócesis mexicana de San Cristóbal de Las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, aseguró en celebración de los Ramos que Benedicto XVI siempre ha actuado con responsabilidad ante ese problema. “Estamos sufriendo por los pecados internos que son innegables, como también lo es la traición de Judas, la negación de Pedro y el alejamiento de los propios apóstoles que dejaron solo a Jesús, dijo. "Se ha querido incluso salpicar de lodo al Papa Benedicto XVI, siendo que él desde que era arzobispo de Munich o después responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siempre trató estos casos con suma delicadeza y con suma responsabilidad", indicó. En la República Dominicana, el arzobispo de Santo Domingo, el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez destacó los criterios de firmeza, transparencia y severidad con que Benedicto XVI ha tratado y trata los casos de abusos a menores. El purpurado afirmó este martes, en una rueda de prensa en Santo Domingo, que algunos medios de comunicación intentan “menospreciar los hechos y forzar las interpretaciones”. “Eso no es nada nuevo y nadie ignora que se trata de una confabulación de sectores de gobiernos europeos y grupos de Estados Unidos, que no perdonan al Papa ni a la Iglesia su posición firme de defensa a la vida y su rechazo al crimen del aborto“, declaró. En España, monseñor Jesús Sanz Montes ha dirigido una carta a Benedicto XVI, junto con el arzobispo emérito de Oviedo, monseñor Gabino Díaz Merchán, el obispo auxiliar de Oviedo Raúl Berzosa Martínez, así como los presbiterios, las comunidades de Vida Consagrada y los fieles laicos de la Archidiócesis de Oviedo, de la Diócesis de Huesca y de la Diócesis de Jaca, para hacerle hacer llegar un respetuoso y filial abrazo. En la misma, monseñor Sanz Montes comunica al Santo Padre que “en estos días de honda vivencia litúrgica, las Diócesis que la Santa Sede me ha confiado como arzobispo de Oviedo y administrador apostólico de Huesca y de Jaca, hemos tenido la ocasión de celebrar la Misa Crismal en las respectivas catedrales. En ese marco hemos hecho una especial mención y hemos elevado nuestras plegarias por su querida persona”. “El testimonio de amor a la verdad que Su Santidad nos está transmitiendo con hondura y belleza –añade--, no deja de ocultar el profundo dolor que los sucesos acaecidos entre algunos sacerdotes y consagrados han provocado en su corazón de Padre. La clara cercanía hacia las víctimas inocentes y la reprobación de los graves pecados cometidos por estos hijos de la Iglesia, ha sido un evangélico ejemplo de firmeza, libertad y misericordia que hemos reconocido con gratitud”. “Lamentamos que estos hechos hayan ocurrido en maleficio de niños y jóvenes, que deberían haber recibido de estos sacerdotes y consagrados lo que el Señor quería darles a través suyo”, subraya el mensaje de las tres diócesis. Junto a la gratitud por el testimonio de amor a la verdad del Papa, la carta expresa su dolor por “el maltrato injusto y falaz que algunos medios de comunicación y grupos interesados están haciendo de su persona y de su largo e intachable ministerio como arzobispo de Munich, como cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y ahora como Sucesor de Pedro”. El presidente de la Conferencia Episcopal Española, el cardenal Antonio María Rouco Varela, también expresó, en la Misa Crismal celebrada este martes en la catedral de Madrid, la unión al Papa “precisamente en estos días en que es tan ofendido y tan atacado”. Por su parte, el arzobispo castrense, monseñor Juan del Río, manifestó su comunión y afecto filial al Papa a través de una carta y la jurisdicción castrense dedicó la Hora Santa del Jueves Santo a pedir por la Iglesia. El obispo de Urgel, monseñor Joan Enric Vives, transmitió al Papa, por carta, “la adhesión filial a su persona y a su magisterio ejemplar, a su manifiesta bondad y humildad, y a su tenaz lucha contra el pecado que ofende a Dios y lastima a sus hijos”. El arzobispo de Valencia, monseñor Carlos Osoro, afirmó este miércoles: “Nada, ni siquiera las opiniones de los hombres por muy organizadas y orquestadas que estén, destruirá el ministerio sacerdotal que con tanto amor ha diseñado el mismo Jesucristo”. En Roma, el cardenal Antonio Cañizares, prefecto de la Congregación para los Obispos y la Disciplina de los Sacramentos, expresó su cercanía al Papa el martes, en la homilía durante la Misa con los miembros del Parlamento italiano. “¡Gracias, Santo Padre! -dijo-. Con toda la Iglesia, y de un modo particularmente eminente en los tiempos actuales, estamos con Pedro, con el gran don que Dios no ha dado en su sucesor, nuestro amadísimo Papa Benedicto XVI”. Arzobispo de Milwaukee: “Los errores no se cometieron en Roma, sino aquí” El arzobispo de Milwaukee, monseñor Jerome E. Listecki, negó la responsabilidad que el New York Times y otros medios de comunicación han atribuido recientemente a Benedicto XVI en el caso del sacerdote acusado de abusar de niños sordos en su diócesis en los años 70. “El Santo Padre no me necesita para defenderle a él o sus decisiones -dijo-. Creo, y la historia lo confirmará, que sus acciones en respuesta a esta crisis, rápidas y resueltas, y su respuesta compasiva a las víctimas/supervivientes, hablan por sí mismas”. Y continuó: “El Santo Padre ha sido firme en su compromiso para combatir el abuso sexual por parte del clero; sacarlo de la Iglesia; llegar a los afectados, y responsabilizar a los agresores”. “Él ha sido un líder, reuniéndose con víctimas/supervivientes y castigando a obispos por su falta de sentencias y de liderazgo”, añadió. Monseñor Listecki reconoció que la Iglesia, las autoridades civiles, los oficiales eclesiásticos y los obispos” cometieron errores en su archidiócesis. “Y por eso, os pido perdón en nombre de la Iglesia y en nombre de esta archidiócesis de Milwaukee”, dijo. También agradeció a las personas que han denunciado esos abusos propiciando que la Iglesia cambiara. Una de las lecciones que señaló el arzobispo de Milwaukee es que ningún sacerdote con una denuncia fundamentada de abuso sexual a un menor puede volver a servir como sacerdote a la Iglesia. También destacó que actualmente se toman medidas en la formación de los sacerdotes y se vigila, en parroquias, escuelas e instituciones, que los niños estén protegidos. Recordó que profesionales jurídicos, médicos y de la comunicación también cometieron errores y afirmó: “Todos hemos aprendido mucho”. “Nos hemos convertido en una Iglesia más prudente”, destacó, “hemos dado pasos para purgar este abuso de nuestra Iglesia e incluso del conjunto de la sociedad”. Testigo directo Entre las numerosas reacciones suscitadas por la acusación de que Joseph Ratzinger no fue lo suficientemente enérgico al gestionar este caso concreto, destaca también la del responsable del juicio eclesiástico contra el padre Murphy. Se trata del padre Thomas T. Brundage, JCL, vicario judicial de la arquidiócesis de Milwaukee entre los años 1995 y 2003. En un escrito publicado en Caholic Anchor, el semanario de la arquidiócesis de Anchorage en la que reside actualmente, acusa a los responsables de esta información y explica en primera persona lo que sucedió realmente. “El hecho de que yo presidiera ese juicio y ninguna organización de noticias se haya puesto en contacto conmigo nunca, habla por sí mismo”, denuncia. “Mi nombre y comentarios sobre el caso del padre Murphy han sido citados de manera generosa y a menudo errónea en el New York Times y en más de otros 100 diarios y periódicos on-line”, constata. Por ello, continúa “me siento libre para contar parte de la historia del juicio al padre Murphy desde el lugar de los hechos”. “También escribo desde un sentido del deber a la verdad”, añade. El artículo del padre Brundage subraya que el Papa Benedicto XVI ha hecho más que ningún otro papa u obispo contra el abuso sexual a menores en la Iglesia y destaca los esfuerzos de la Iglesia para sanar, así como su garantía de seguridad para los niños. También explica detalladamente su experiencia de lo que significa abusar, para las víctimas y para los abusadores. El sacerdote relata detalles del juicio: “En 1996 me presentaron la historia del padre Murphy, exdirector de la Escuela de San Juan para Sordos de Milwaukee”. “Teníamos que tomar medidas enérgicas y rápidas respecto a los errores de varias décadas atrás”, recuerda, “procedimos a empezar un juicio contra el padre Murphy”. Tras dos años de un duro trabajo que incluyó escuchar a numerosas víctimas de esos abusos, “en verano de 1998, ordené al padre Murphy que se presentara en una deposición en la cancillería de Milwaukee”. Pero el vicario judicial recuerda que poco después, recibió una carta del médico del padre Murphy que decía que la salud del acusado era frágil y no podía viajar tanta distancia como la requerida. De hecho, “una semana después, el padre Murphy murió por causas naturales en una localidad situada a unas 100 millas de su casa”, continúa. Después de explicar estos hechos, el padre Brundage denuncia: “Respecto a la información errónea del New York Times, la Associated Press, y los que han utilizado esas fuentes, primero de todo, esas agencias de noticias nunca se pusieron en contacto conmigo, pero se sintieron libres para citarme”. Y explica en concreto que “casi todas mis declaraciones son de un documento que puede encontrarse en internet con la correspondencia entre la Santa Sede y la arquidiócesis de Milwaukee”. Se trata de un documento manuscrito del 31 de octubre de 1997, que pone algunas importantes declaraciones en boca del padre Brundage, quien considera que “el problema con esas informaciones que se me atribuyen es que están escritas a mano”. “Los documentos no fueron escritos por mí, ni se parecen a mi letra -asegura-. La sintaxis es parecida a lo que yo podría haber dicho, pero no tengo ni idea de quién escribió esas declaraciones”. El padre Brundage lamenta esta manera de ejercer la profesión del periodismo. “Cuando era alumno de la Escuela Universitaria de Periodismo Marquette, se nos pedía comprobar, volver a comprobar y una tercera comprobación de nuestros presupuestos si era necesario”, recuerda. Pero en este caso, se queja, “nadie contactó nunca conmigo sobre este documento, escrito por una fuente que yo desconozco”. “Discernir la verdad lleva tiempo y es evidente que el New York Times, la Associated Press y otros no se tomaron el tiempo para obtener la información correcta”, escribe. Y continúa ofreciendo más detalles: “Además, en la documentación de una carta del arzobispo Weakland al entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, el arzobispo Tarcisio Bertone, en agosto de 1998, el arzobispo Weakland informó que me había dado instrucciones para reducir el proceso contra el padre Murphy”. “El padre Murphy, sin embargo, murió dos días después y el hecho es que el día que el padre Murphy murió, todavía era acusado en un juicio eclesiástico criminal”. “Nadie parece darse cuenta de esto -destaca-. Si me hubieran pedido reducir ese juicio, con seguridad yo habría insistido en apelar al tribunal supremo de la Iglesia, o al papa Juan Pablo II si hubiera sido necesario. Ese proceso habría llevado meses, si no más tiempo”. Finalmente, “respecto a la función del entonces cardenal Joseph Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI) en esta cuestión, no tengo razones para creer que estuviera implicado -indica-. Colocarle este tema es saltarse la lógica y la información”. Finalmente, el padre Brundage repasa los pasos dados por el Papa y por las diócesis para superar el problema de los abusos a menores por parte del clero. En primer lugar, destaca que la competencia para conocer apelaciones de casos de abusos a menores ha pasado de la Rota Romana a la Congregación para la Doctrina de la Fe, agilizándose así los procesos. También las reiteradas disculpas del Papa, así como sus encuentros con víctimas y sus reuniones con obispos sobre esta cuestión, la más reciente con los de Irlanda. Y recuerda que, en los últimos 25 años, se han llevado acciones firmes en la Iglesia para evitar dañar a los niños, exhaustivos exámenes psicológicos a los candidatos al sacerdocio, y grandes esfuerzos para formar a los seminaristas en la protección del entorno de los niños. Realmente, constata el sacerdote, en la última década, se han reducido mucho los casos de abusos a menores por el clero. Las diócesis católicas de los Estados Unidos han llevado a cabo medidas extraordinarias para garantizar la seguridad de los niños y los adultos vulnerables, concluye. Y señala como ejemplo las de la arquidiócesis de Anchorage, donde reside actualmente: los baños públicos de las parroquias tienen un cartel que pregunta si alguien ha sufrido algún abuso en la Iglesia, existe un número telefónico para informar sobre abusos, y todos los trabajadores de la diócesis están llamados a participar en sesiones formativas anuales sobre entorno seguro. Obispos de EEUU También los obispos de Estados Unidos recordaron este martes “que continuamos con nuestros esfuerzos para proporcionar un ambiente seguro para los niños en nuestras parroquias y escuelas”. A través de un comunicado de la conferencia episcopal, recordaron que también “trabajamos con otras personas en nuestras comunidades para hacer frente a la prevalencia del abuso sexual en la sociedad en general”. Campaña laical internacional de apoyo al Papa y a los sacerdotes “¡Sacerdotes, ánimo! Os necesitamos. Confiamos en vosotros. Os confiamos a nuestros hijos”, indica un mensaje que laicos de distintos países están enviando a sacerdotes y difundiendo a través de las redes sociales. La iniciativa surgió este martes por la tarde de la asociación E-Cristians para combatir la “campaña real y muy evidente que presenta al Papa y a los sacerdotes como lo que no son”, explicó a ZENIT su presidente, Josep Miró i Ardèvol. Los impulsores de la iniciativa creen que “si cada laico se muestra un poco activo, la acción puede tener un efecto multiplicador”, y esperan “que una ola de confianza en nuestros sacerdotes y en el Papa llene el mundo”. “Existe una campaña que quiere presentar como normal lo que son hechos excepcionales acumulados a lo largo del tiempo, manipulando datos y sucesos”, indica uno de los mensajes de apoyo que ya han empezado a circular por internet. “Pensamos que es el momento de que los laicos manifestemos nuestra opinión, lo que pensamos, la confianza que les tenemos y que los necesitamos, y se la hagamos llegar directamente a ellos”, explicó Miró. “Creemos que a algunos sacerdotes les puede llegar a afectar esta campaña porque se encuentran de repente ante una especie de dedo acusador que les viene a decir que son un foco de delincuencia, y de un delito muy grave, cuando no es así”. El presidente de E-Cristians explicó que, “en Estados Unidos, donde ha habido más sacerdotes denunciados -así como una vulneración de la presunción de inocencia-, ha habido un promedio de menos de ocho casos al año, que además decrece en los últimos diez años”. Y ello en un país de trescientos millones de habitantes donde, sólo en colegios católicos -sin contar parroquias y otros centros- hay dos millones y medio de niños. “En Alemania, el 99,96% de los delitos de pederastia denunciados corresponden a laicos -continuó Miró-. No he visto ningún periódico que se pregunte sobre esta cifra”. “La pederastia es una tentación, es un mal que tienen los hombres de esta sociedad -lamentó-. La presencia de este mal entre los sacerdotes es muchísimo menor que entre el resto de la sociedad y no hablemos de entre las personas que se dedican a la enseñanza”. “Pero nunca a nadie se le ha ocurrido decir que el profesorado tenga connotaciones pedófilas”, observó. En este sentido, Miró se refirió a un estudio del año 1994 realizado en España, según el cual el 25% de las niñas y el 10% de los niños han sufrido abusos por parte del profesorado. “Es una cifra mucho más alta que la de los sacerdotes y nadie ha prestado atención; por tanto, hay una campaña, con manipulación de cifras y utilización malintencionada de los datos”. El presidente de E-Cristians, miembro del Consejo Pontificio para los Laicos, opina que esta campaña de descrédito está originada sobre todo en el área anglosajona. En ella, apuntó a “dos medios de comunicación que tienen una especial importancia: en Inglaterra, la BBC y en los Estados Unidos, el New York Times. “Son los dos focos que machacan desde hace años a la Iglesia en este tema, aunque no son los únicos”, declaró. En el caso de Europa, los ataques son más dispersos, según el presidente de la Convención de Cristianos por Europa. Miró también denunció “el esfuerzo, por parte de algunos medios de comunicación y personas, entre ellas Hans Küng, para intentar focalizar casos en Alemania, con el objetivo de dañar primero a Ratzinger y ahora al Papa”. Entrevista a Monseñor Juan Vicente Córdoba* ¿Cuál es la posición de la Iglesia frente al escándalo? La Iglesia acepta que hay un problema con clérigos involucrados en casos de pederastia; nos duele y lo rechazamos. La iglesia no quiere ser cómplice ni encubridora. Esto es muy grave, pero hay que tener en cuenta que sólo el 0,2 por ciento de casos de pederastia en el mundo involucra a la Iglesia. ¿Y el resto? ¿A qué se refiere? A que el 99,8 por ciento de abusos sexuales no los cometen los curas: son del mundo. De los mismos papás, de los tíos, del hermano mayor, del vecino, del padrastro, del profesor. En Colombia hay casas de prostitución donde abusan niños, y eso no tiene que ver con la Iglesia. ¿Esa es una justificación? No. Lo que pasa es que por estar señalando sólo a la Iglesia no se ve que se trata de un problema de salud pública, que involucra a muchas otras instituciones y personas. Pero un sacerdote representa a Cristo en la Tierra. Es un argumento muy importante. Si el sacerdote le da la espalda a Cristo por darle rienda suelta a sus problemas, eso es algo que nos consterna y que no aceptamos. El Vaticano ha dicho que todo esto es una campaña de desprestigio. ¿Qué piensa? En río revuelto, ganancia de pescadores. Los enemigos de la fe, los anticlericales y antireligiosos se aprovechan para criticar al Papa. Con esto no quiero decir que no aceptamos ni asumimos las responsabilidades de la Iglesia en casos en los que sí tuvo que ver. ¿Cómo es eso de que la Iglesia encubre a sus sacerdotes? Si ha habido obispos que encubrieron, ¿por qué lo hicieron? Mal hecho, pero si lo hicieron no fue por maldad, sino por caridad cristiana con sus sacerdotes. Si ocurrió fue en épocas pasadas, cuando estas cosas eran menos frecuentes y no había claridad para manejarlas ni dentro ni fuera de la Iglesia. ¿Y eso no es encubrir? No, nunca. Es como si un padre de familia tiene un hijo pedófilo y le preguntan: ¿Ya denunció a su hijo? Obviamente no, porque es su hijo. Primero tratará de ayudarlo antes de que llegue la justicia. No hay que olvidar que la pederastia es una enfermedad. ¿Qué hace la Iglesia si sabe de un caso de pederastia de un sacerdote? Si tenemos algún indicio, le damos el beneficio de la duda, lo escuchamos, investigamos porque en muchos casos son chismes o venganzas personales; lo llevamos a que reciba ayuda sicológica o psiquiátrica de ser necesario. ¿Y con las víctimas? Cuando las víctimas denuncian ante nosotros, les pedimos que sean ellos los que denuncien ante las autoridades; y estamos dispuestos a colaborar con las autoridades, pues los sacerdotes siguen siendo ciudadanos. Muchas veces somos los obispos los que retiramos a sacerdotes si concluímos su mal comportamiento. Los obispos hemos suspendido sacerdotes, los hemos sacados del sacerdocio, de los seminarios; pero no salimos a decirlo. Eso lo guardamos en secreto por caridad cristiana. ¿A cuántos sacerdotes han retirado los obispos colombianos? No hay estadísticas porque no son muchos los casos. Ha ocurrido en no más de siete diócesis, y no hace más de dos años. Aunque el problema es global, en Colombia es menor que en países del primer mundo donde hay ausencia de Dios. ¿Sirve levantar el celibato? El celibato no tiene nada que ver con la pederastia. La mayoría de pederastas son casados. Por ejemplo, si al ladrón se le da dinero, igual va a seguir robando. Diciéndoles a los sacerdotes que se casen no se va a acabar el problema, porque es un problema de inconsistencia de personalidad. ¿Qué tanto daño le hace esto a la Iglesia? Muchísimo, si alguien no está bien informado o no tiene fe profunda, va a pensar mal y no llevará a su hijo donde un sacerdote por temor a que lo violen. Pero los verdaderos católicos se sostienen en su fe. No hay que olvidar que la Iglesia no está compuesta por ángeles, sino pecadores; y que Cristo vino a redimirnos del pecado. El Papa pide 'no dejarse intimidar' El papa Benedicto XVI dijo en la misa del Domingo de Ramos que Dios da la fuerza para "no dejarse intimidar por las murmuraciones de las opiniones dominantes", así como la bondad para no rendirse ante la ingratitud. En sus palabras, observadores vaticanos vieron una referencia indirecta a los escándalos de curas pederastas en E.U., Irlanda, Alemania, Austria, Holanda, que han colocado en el ojo del huracán al Vaticano y salpicado al propio Pontífice. En la homilía, Benedicto XVI dijo que el hombre puede elegir entre seguir a Jesús o hundirse en la ciénaga de la mentira y de la indecencia. "Jesús nos conduce hacia lo que es grande, puro. Nos lleva hacia el aire salubre de las alturas, nos da la valentía que no nos deja amedrentarnos ante las murmuraciones de las opiniones dominantes y la paciencia que soporta y sostiene al otro", agregó. Además, el Santo Padre pidió a los jóvenes que sigan a Cristo, y que no teman incomprensiones y ofensas que conlleva ese seguimiento". De esta crisis, la autoridad del Papa sale fortalecida La cuestión de los abusos sexuales de menores por parte de miembros del clero católico ha seguido estando muy presente en los medios de comunicación de muchos países, en particular en Europa y en América del Norte también en los últimos días tras la publicación de la carta del Papa a los católicos irlandeses. No es una sorpresa. El argumento es de tal naturaleza que atrae la atención de los medios de comunicación, y el modo con el que la Iglesia lo afronta es crucial para su credibilidad moral. En realidad, los casos que han salido a relucir tuvieron lugar, por lo general, hace bastante tiempo, incluso hace decenas de años, pero reconocerlos y reparar el daño hecho a las víctimas es el precio del restablecimiento de la justicia y de aquella "purificación de la memoria" que permite mirar con renovado compromiso y con humildad y confianza en el futuro. A esta confianza contribuyen las numerosas señales positivas que han llegado de diferentes conferencias episcopales, obispos e instituciones católicas de varios países de distintos continentes: las directivas para la gestión correcta y la prevención de los abusos, reiteradas, actualizadas y renovadas en Alemania, Austria, Australia, Canadá, etc. En particular, una buena noticia es el séptimo informe anual sobre la aplicación de la "Carta para la protección de los niños y jóvenes" de la Iglesia en Estados Unidos. Sin caer en la complacencia fuera de lugar, no se puede dejar de reconocer el esfuerzo extraordinario de prevención efectuado a través de numerosos cursos de formación y capacitación tanto para los jóvenes como para todo el personal encargado de la pastoral y la educación. También hay que tener en cuenta que el número de las denuncias de abusos ha disminuido un 30 por ciento en el último año y de que la mayor parte se remonta a hechos sucedidos hace más de 30 años. Sin entrar en detalles, hay que reconocer que las medidas tomadas y las que se están llevando a cabo se han revelado eficaces. La Iglesia en Estados Unidos ha emprendido un buen camino para renovarse. Pensamos que esta es una noticia importante en el contexto de los recientes ataques de los medios de comunicación que, evidentemente, han causado daños. Pero un observador imparcial advierte que la autoridad del Papa y la labor intensa y coherente de la Congregación para la Doctrina de la Fe no resultan mermadas, sino al contrario, confirmadas a la hora de sostener y orientar a los episcopados para combatir y extirpar la plaga de los abusos en cualquier lugar donde sucedan. La reciente carta del Papa a la Iglesia de Irlanda representa un intenso testimonio que contribuye a preparar el futuro a través de un camino de "curación, renovación y reparación". Con humildad y confianza, con espíritu de penitencia y esperanza, la Iglesia entra ahora en la Semana Santa y pide al Señor, que sufre y resucita por todos, misericordia y gracia. Si es humilde, la Iglesia saldrá de esta crisis “más resplandeciente” "¡Si hay humildad, la Iglesia saldrá más resplandeciente que nunca de esta guerra!", aseguró este viernes el padre Raniero Cantalamessa, ofmcap., predicador de la Casa Pontificia, ante Benedicto XVI y sus colaboradores, haciendo referencia a las manipulaciones informativas sobre casos de abusos sexuales de menores cometidos por sacerdotes. En la tercera predicación de Cuaresma, que tuvo lugar en la capilla Redemptoris Mater del palacio apostólico, el sacerdote capuchino aseguró: "Cristo sufre más que nosotros por la humillación de sus sacerdotes y por la aflicción de su Iglesia; si la permite, es porque conoce el bien que puede brotar de ella, de cara a una mayor pureza de su Iglesia" Además, subrayó, "el encarnizamiento de los medios de comunicación - lo vemos también en otros casos - a la larga obtiene el efecto contrario al deseado por ellos". En su última predicación de Cuaresma, inspirada por las siete cartas a las comunidades cristianas del libro del Apocalipsis, el padre Cantalamessa afrontó las tentaciones en las que puede caer un sacerdote, como el dinero o las comodidades, y que pueden poner en peligro su vocación. Se necesita "una purificación dentro de la Iglesia, empezando por su clero", aseguró, como lo demuestran casos recientes de "traición de la confianza de Cristo y de la Iglesia, la doble vida, el descuido de los deberes del proprio estado, sobre todo en lo que respecta al celibato y la castidad". "Sabemos por dolorosa experiencia cuánto daño puede venir a la Iglesia y a las almas por este tipo de infidelidad. Es la prueba quizás más dura que la Iglesia está atravesando en este momento", reconoció. Citando la carta a los cristianos de Laodicea, el capuchino explicó que Cristo es duro sobre todo con los tibios en la fe: "La tibieza de una parte del clero, la falta de celo y la inercia apostólica: yo creo que esto es lo que debilita a la Iglesia, más aún que los escándalos ocasionales de algunos sacerdotes que han hecho más ruido y contra los cuales es más fácil correr a refugiarse". "No se debe generalizar (la Iglesia es rica de sacerdotes santos que cumplen silenciosamente con su deber), pero tampoco callar", precisó el predicador del Papa. Ahora bien, es importante que los presbíteros no olviden que están llamados a ser "modelos de la grey" y no "dueños de la fe"; pobres como lo fue el santo cura de Ars; capaces de afrontar las incomodidades por las exigencias del apostolado, sin caer en la tentación de tener a cristo en "libertad vigilada". Por este motivo, concluyó, "el fruto más bello de este Año Sacerdotal será una vuelta a Cristo, una renovación de nuestra amistad con él. En su amor, el sacerdote encontrará todo aquello de lo que humanamente se ha privado, y 'cien veces más', según su promesa". Puede leerse la meditación del padre Cantalamessa en la sección de documentos de la página web de ZENIT (Cf. Predicador del Papa: "Si vuelves a mi...") La Iglesia, la prensa y el escándalo de algunos sacerdotes Si hay un periódico que me viene a la mente cuando se habla de lobbies laicistas y anticatólicos, este es el New York Times. El 25 de marzo de 2010, el diario de Nueva York ha confirmado esta vocación suya con un increíble bulo relativo a Benedicto XVI y al cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone. Según el diario en 1996 los cardenales Ratzinger y Bertone habrían ocultado el caso, señalado a la Congregación para la Doctrina de la Fe por la archidiócesis de Milwaukee, relativo a un cura pedófilo, Lawrence Murphy. Increíblemente – tras años de precisaciones y después de que el documento fue publicado y comentado ampliamente en medio mundo, desvelando las falsificaciones y los errores de traducción de los lobbies laicistas – el New York Times acusa aún a la instrucción Crimen sollicitationis de 1962 (en realidad, segunda edición de un texto de 1922) de haber actuado para impedir que el caso Murphy fuese llevado a la atención de las autoridades civiles. Los hechos son un poco distintos. Alrededor de 1975 Murphy fue acusado de abusos particularmente graves y desagradables en un colegio para menores sordos. El caso fue inmediatamente denunciado a las autoridades civiles, que no encontraron pruebas suficientes para proceder contra Murphy. La Iglesia, en esta cuestión más severa que el Estado, continuó sin embargo con persistencia indagando sobre Murphy y, dado que sospechaba que fuese culpable, a limitar de diversos modos su ejercicio del ministerio, a pesar de que la denuncia contra él hubiese sido archivada por la magistratura correspondiente. Veinte años después de los hechos, en 1995 – en un clima de fuertes polémicas sobre los casos de los “curas pedófilos” – la archidiócesis de Milwaukee consideró oportuno señalar el caso a la Congregación para la Doctrina de la Fe. El señalamiento era relativo a violaciones de la disciplina de la confesión, materia de competencia de la Congregación, y no tenía nada que ver con la investigación civil, que se había llevado a cabo y que había concluido veinte años antes. Se debe también observar que en los veinte años precedentes a 1995 no había habido ningún hecho nuevo, o una nueva acusación hacia Murphy. Los hechos de los que se discutía eran aún aquellos de 1975. La archidiócesis señaló también a Roma que Murphy estaba moribundo. La Congregación para la Doctrina de la Fe ciertamente no publicó documentos y declaraciones veinte años después de los hechos, sino que recomendó que se continuase limitando las actividades pastorales de Murphy y que se le pidiese que admitiera públicamente sus responsabilidades. Cuatro meses después de la intervención romana, Murphy murió. Este nuevo ejemplo de periodismo basura confirma cómo funcionan los “pánicos morales”. Para enfangar a la persona del Santo Padre se remueva un episodio de hace treinta y cinco años, conocido y discutido por la prensa local ya a mitad de los años 70, cuya gestión – en cuanto era de su competencia y un cuarto de siglo después de los hechos – por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, fue canónica y moralmente impecable, y mucho más severa que la de las autoridades estatales americanas. ¿De cuántos de estos “descubrimientos” tenemos aún necesidad para darnos cuenta de que el ataque contra el Papa no tiene nada que ver con la defensa de las víctimas de los casos de pedofilia – ciertamente graves, inaceptables y criminales, como Benedicto XVI ha recordado con tanta severidad – sino que intenta desacreditar a un Pontífice y a una Iglesia que molestan a los lobbies por su eficaz acción de defensa de la vida y de la familia? Admirable trabajo de Benedicto XVI frente a abusos sexuales No hace falta ser un lince para constatar que en la prensa occidental se vive unos momentos curiosos en lo que se refiere a la información sobre la Iglesia Católica. El último bloque de episodios lo constituye ver cómo algunos medios están informando de los casos de abusos sexuales cometidos por algunos sacerdotes en los últimos decenios. Si analizamos bien, es casi inexistente una “situación ideal” en la cobertura informativa de la Iglesia, pero lo que está ocurriendo en estas semanas, no es el simple fruto de la dialéctica normal de la información periodística. Ensañamiento de los medios Desde 1995 se ha denunciado en Alemania 210.000 casos de abusos sexuales de algún tipo. De ellos, 94 afectan a personas o instituciones de la Iglesia católica. (El dato lo ofrece el veterano periodista Luigi Accattoli en un artículo publicado en Liberal, el pasado 9 de marzo de 2010.) Eso supone el 0,045%. No el 4%, ni el 0,4% sino el 0,0447%. Tal como se afirma en laiglesiaenlaprensa.com: “Un solo caso ya es demasiado”. No se trata, por tanto, de hacer un ranking ni de ver quien se ha comportado peor. Pero al mismo tiempo, es preciso reconocer que -a juzgar por los titulares de prensa de estos días-, se diría que la gran bestia negra es la Iglesia Católica y sus depravados ministros. “Es fácil explicar el ensañamiento de los medios sobre el clero católico”, dice Accattoli. “El mundo de los periodistas apoya espontáneamente la 'revolución sexual' e individua fácilmente en el clero católico la mayor resistencia a tal orientación, de aquí el ímpetu con el que da resalto -si puede- a las contradicciones”. Es una observación interesante de una persona que lleva cuarenta años trabajando en diarios como La Repubblica y Corriere della Sera. Dejando de lado lo que puedan decir o hacer los demás, resulta admirable la "operación limpieza" que está llevando a cabo Benedicto XVI, de la que ya habló en el memorable Vía Crucis de 2005 (escrito por el cardenal Ratzinger y seguido por Juan Pablo II, pocos días antes de morir). Para limpiar la casa, el Papa está haciendo lo que ningún otro pontífice ha hecho jamás. Se percibe una voluntad real por erradicar el problema. Duele, como cuando se cura una infección, pero el resultado puede ser positivo. Carta pastoral de Benedicto XVI a Irlanda Extraemos algunos párrafos de la carta pastoral que emitió el Santo Padre Benedicto XVI a Irlanda, el pasado 19 de marzo de 2010. --"Comparto la desazón y el sentimiento de traición"... "He decidido escribir esta carta pastoral para expresaros mi cercanía, y proponeros un camino de curación, renovación y reparación". --"Para recuperarse de esta dolorosa herida, la Iglesia en Irlanda, debe reconocer en primer lugar ante Dios y ante los demás, los graves pecados cometidos contra niños indefensos". --"Ese reconocimiento, junto con un sincero pesar por el daño causado a las víctimas y sus familias, debe desembocar en un esfuerzo conjunto para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos". --"Entre los factores que han contribuido" a esta situación, "podemos enumerar: los procedimientos inadecuados para determinar la idoneidad de los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, la insuficiente formación humana, moral, intelectual y espiritual en los seminarios y noviciados, la tendencia de la sociedad a favorecer al clero y otras figuras de autoridad y una preocupación fuera de lugar por el buen nombre de la Iglesia". --A las víctimas de abusos y a sus familias: "Sé que nada puede borrar el mal que habéis soportado. Vuestra confianza ha sido traicionada y violada vuestra dignidad". "Ruego que, acercándoos a Cristo y participando en la vida de su Iglesia - una Iglesia purificada por la penitencia y renovada en la caridad pastoral - podáis descubrir de nuevo el amor infinito de Cristo por cada uno de vosotros". --A los sacerdotes y religiosos que han abusado de niños: "Habéis traicionado la confianza depositada en vosotros por jóvenes inocentes y por sus padres. Debéis responder de ello ante Dios Todopoderoso y ante los tribunales debidamente constituidos". --A los padres: "Os habéis sentido profundamente indignados y conmocionados al conocer los hechos terribles que sucedían en lo que debía haber sido el entorno más seguro para todos". --A los niños y jóvenes de Irlanda: "Todos estamos escandalizados por los pecados y errores de algunos miembros de la Iglesia, en particular de los que fueron elegidos especialmente para guiar y servir a los jóvenes. Pero es en la Iglesia donde encontraréis a Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre. Él os ama y se entregó por vosotros en la cruz". --A los sacerdotes y religiosos de Irlanda: "Soy consciente de que a los ojos de algunos aparecéis tachados de culpables por asociación, y de que os consideran como si fuerais de alguna forma responsable de los delitos de los demás. En este tiempo de sufrimiento, quiero dar acto de vuestra dedicación cómo sacerdotes y religiosos". --A los obispos: "No se puede negar que algunos de vosotros y de vuestros predecesores han fracasado, a veces lamentablemente, a la hora de aplicar las normas, codificadas desde hace largo tiempo, del derecho canónico sobre los delitos de abusos de niños. Se han cometido graves errores en la respuesta a las acusaciones". "Sólo una acción decisiva llevada a cabo con total honestidad y transparencia restablecerá el respeto y el afecto del pueblo irlandés por la Iglesia a la que hemos consagrado nuestras vidas". Medidas concretas --"Os invito a todos a ofrecer durante un año, desde ahora hasta la Pascua de 2011, la penitencia de los viernes para este fin. Os pido que ofrezcáis el ayuno, las oraciones, la lectura de la Sagrada Escritura y las obras de misericordia por la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia en Irlanda". --"Os animo a redescubrir el sacramento de la Reconciliación y a utilizar con más frecuencia el poder transformador de su gracia". --"Hay que prestar también especial atención a la adoración eucarística, y en cada diócesis debe haber iglesias o capillas específicamente dedicadas a ello". --"Tengo la intención de convocar una Visita Apostólica en algunas diócesis de Irlanda, así como en los seminarios y congregaciones religiosas". --"Propongo que se convoque una misión a nivel nacional para todos los obispos, sacerdotes y religiosos" para llegar "a una valoración más profunda de vuestras vocaciones respectivas, a fin de redescubrir las raíces de vuestra fe en Jesucristo". Laicismo contra cristianismo *Marcelo Pera es senador de la República Italiana y profesor de filosofía; no es católico. La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios. No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?». Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro. Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo. La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide. De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que «progenitor A» y «progenitor B» es lo mismo que «padre» y «madre». De quien sostiene que la fe es como el coxis, un órgano que ya no participa en la evolución porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por sí mismo. O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que existe el mal. Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión. Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto XVI. Aquellos obispos equívocos que sostienen que entrar en compromisos con la modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano. Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo. Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una «cuestión femenina» dentro de la Iglesia y un problema no resuelto entre cristianismo y sexualidad. Aquellas conferencias episcopales que equivocan en el orden del día y, mientras auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente, llevados al banco de los acusados. O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético, o aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser «laico», es decir anticristiano. La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué está allí. |
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