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Diez
errores gerenciales comunes Sí,
es cierto. Los gerentes cometen errores. Las equivocaciones son
el medio que tiene la naturaleza para mostrarnos que estamos aprendiendo.
Edison dijo una vez que es necesario cometer 10.000 errores para
hallar una respuesta.
Ahora presentamos una lista de diez
trampas en las cuales pueden caer tanto los gerentes nuevos
como los veteranos.
1. No
hacer la transición de subalterno a gerente
El
empleado tiene un trabajo y lo hace. Aunque el trabajo quizás exija
participar en un equipo o compartir estrechamente con otros empleados,
el trabajador, al final, sólo debe responder por sí mismo. ¿Logró
sus metas? ¿Llegó a trabajar a tiempo? ¿Hizo correctamente su trabajo?
Cuando la persona se convierte en gerente, todo cambia. De la noche
a la mañana tiene sobre sus hombros la responsabilidad de los resultados
de mañana tiene sobre sus hombros la responsabilidad de los resultados
de un grupo de personas, no de sí mismo. ¿Sus empleados
lograron sus metas? ¿Están altamente motivados? ¿Hicieron correctamente
el trabajo?
Para
convertirse en gerente es necesario desarrollar todo un conjunto
nuevo de destrezas: destrezas humanas. Algunos de
los empleados más calificados técnicamente pueden llegar a ser los
peores gerentes porque no logran hacer la transición de subalterno
a gerente.
2. Ausencia
de delegación
A
pesar de los esfuerzos constantes de muchos gerentes por demostrar
lo contrario, una sola persona no puede hacerlo todo. Y aunque fuera
posible, tratar de hacerlo todo no es la forma más eficaz de utilizar
el tiempo o el talento de un gerente. Usted bien podría ser el mejor
estadístico del mundo, pero al convertirse en gerente de un
equipo de estadísticas, su trabajo cambia. Su labor ya no es
realizar análisis estadísticos sino manejar y desarrollar a un grupo
de empleados.
Cuando
usted delega el trabajo en los empleados, multiplica la cantidad
de trabajo realizado. Un proyecto que a primera vista parecía agobiante
súbitamente se vuelve manejable al dividirlo entre doce personas.
No solamente eso, sino que al delegar el trabajo se crean oportunidades
para desarrollar las destrezas laborales y de liderazgo de los empleados.
Siempre que acepte una nueva asignación o una tarea como parte de
un trabajo a largo plazo, pregúntese si alguno de sus empleados
podría encargarse en lugar suyo.
3. No
establecer las metas conjuntamente con los empleados
¿Le
dicen algo las palabras barco a la deriva? Deberían. Un buen
desempeño comienza con metas claras. Si usted no establece metas
conjuntamente con sus empleados, la organización por lo general
se queda sin rumbo y los empleados sin retos, de tal manera que
apenas tienen motivación para presentarse a trabajar todos los días
y cobrar sus cheques al final de la quincena. Las metas de sus empleados
comienzan con la visión de dónde desean estar en el futuro. Por
lo tanto, usted como gerente debe reunirse con sus empleados para
desarrollar metas alcanzables, factibles, que les sirvan de guía
en sus esfuerzos por realizar la visión de la organización. No deje
a sus empleados a oscuras. Ayúdelos a ayudarle a usted y a la organización,
estableciendo metas y trabajando mano a mano con ellos para hacerlas
realidad.
4. Falta
de comunicación
En
muchas organizaciones es un verdadero milagro que haya alguien que
sepa lo que realmente sucede. La información es poder y algunos
gerentes utilizan la información –en particular el control que tienen
sobre ella- para cerciorarse de ser los individuos mejor informados
y, por tanto, más valiosas de la organización. Algunos gerentes
evitan las situaciones sociales y evaden por naturaleza la necesidad
de comunicarse con sus empleados. Otros sencillamente están demasiado
ocupados y no hacen esfuerzo alguno por comunicar la información
con regularidad, dejándose llevar por otros asuntos más apremiantes
o sencillamente “olvidándose” de hablar con sus empleados.
Cualquiera
que sea la razón, la difusión generalizada de la información a través
de toda la organización, y la comunicación que esta difusión permite,
es esencial para la salud de las organizaciones de hoy –en especial
durante las épocas de cambio (es decir, en todo momento).
Hay que facultar a los empleados por medio de la información para
que puedan tomar las mejores decisiones posibles en los niveles
más bajos de la organización: rápidamente y sin necesidad
de la aprobación de los superiores.
5.
No aprender
La
mayoría de los gerentes están acostumbrados al éxito y en un principio
dedicaron mucho tiempo a aprender a fin de lograrlo. Por esta razón,
precisamente, muchos fueron sacados de las filas de los subalternos
y ascendidos a cargos de gerencia. Sin embargo, una vez instalados
en sus cargos, muchas veces se contagian de una enfermedad temida
–el endurecimiento de las actitudes- y comienzan a exigir
que las cosas se hagan únicamente a su manera.
Los
gerentes exitosos encuentran las mejores formas de hacer las cosas
y de culminar sus metas, y después desarrollan procesos y políticas
para institucionalizar esos enfoques eficaces de hacer negocios.
Ese método es maravilloso, siempre y cuando que no cambie el entorno
empresarial. Sin embargo, cuando éste cambia, si el gerente no cambia
–es decir, si no aprende- la organización sufre.
Esta
situación puede ser especialmente difícil para el gerente que ha
alcanzado el éxito procediendo de una determinada manera. El modelo
del gerente como una roca inamovible que resiste todas las tormentas
ya no es válido. En la actualidad, los gerentes deben estar listos
a cambiar su forma de hacer negocios en la medida en que su entorno
cambie. Deben aprender, experimentar y ensayar cosas nuevas constantemente.
Si no lo hacen, estarán condenados a desaparecer –como le sucedió
a ese gran Tyrannosaurus Rex de la película Jurassic Park.
6.
Resistirse al cambio
Si
usted cree que puede frenar el cambio, está muy equivocado. Más
le valdría tratar de desviar el curso de un huracán. ¡Buena suerte!
Cuanto más pronto reconozca que el mundo –incluso el suyo-
ha de cambiar, gústele o no, mejor. Así podrá concentrar sus esfuerzos
en tomar medidas que cambien positivamente la vida de su empresa.
Esto implica aprender a adaptarse al cambio y utilizarlo en su beneficio
en lugar de empeñarse en luchar contra él.
En
lugar de reaccionar a los cambios después del hecho cumplido,
adelántese activamente a los cambios que se avecinan y formule los
planes para enfrentarse antes de que golpeen a su organización.
Hacer caso omiso de la necesidad de cambiar no la hace desaparecer.
7.
No destinar tiempo para los empleados
Para
algunos de sus empleados, usted es un recurso. Para otros, es un
socio en quien confiar. Otros pueden ver en usted un maestro y mentor,
mientras que para otros puede ser un instructor o un padre. Cualquiera
que sea la forma como lo vean sus empleados, todos tienen algo en
común: necesitan de su tiempo y orientación durante el desarrollo
de su vida profesional. Ser gerente es un asunto “humano”, y usted
debe destinar tiempo para la gente. Habrá empleados que necesitarán
más de su tiempo que otros; en esa medida es importante para usted
evaluar y suplir las necesidades de cada uno de sus empleados.
Aunque
algunos de sus empleados pueden tener mucha experiencia y necesitar
poca supervisión de su parte, otros podrán necesitar atención casi
constante cada vez que realizan una tarea o una actividad nueva.
Asegúrese de estar disponible siempre que un empleado necesite hablarle.
Deje de lado su trabajo por un momento, olvide el teléfono y preste
toda su atención al empleado. De esa manera no solamente mostrará
a sus empleados que son importantes, sino que escuchará realmente
lo que tienen que decir.
8.
No reconocer los logros de los empleados
En
estos días de cambio constante, reducciones de personal y creciente
incertidumbre laboral, es más importante que nunca encontrar formas
de reconocer el buen trabajo de los empleados. El mayor problema
no es que los empleadores no deseen retribuir a sus empleados –la
mayoría de los gerentes están de acuerdo en que es importante recompensarlos-
sino que muchos gerentes no dedican tiempo a retribuciones.
Aunque
las alzas salariales, las bonificaciones y otros adornos se han
evaporado en gran medida en muchas organizaciones, son muchas las
cosas que se pueden hacer sin invertir demasiado tiempo, esfuerzo
o dinero. En realidad, los reconocimientos más eficaces –las notas
personales del gerente- no cuestan nada. Nunca deberán estar tan
ocupado como para no dedicar uno o dos minutos a reconocer los logros
de sus empleados. El resultado será que la moral, el desempeño y
la lealtad mejorarán.
9.
Optar por la solución rápida en lugar de la duradera
A
todos los gerentes les encanta resolver problemas y arreglar las
partes descompuestas de su organización. El desafío constante de
lo nuevo e inesperado atrae a muchas personas hacia la gerencia.
Infortunadamente, en su celo de “arreglar” los problemas
rápidamente, muchos gerentes olvidan destinar tiempo necesario a
buscar soluciones a largo plazo a los problemas de sus organizaciones.
En
lugar de diagnosticar el cáncer y realizar una cirugía mayor, muchos
gerentes hacen curaciones superficiales. Aunque no es tan divertido
como apagar incendios, es necesario ver el sistema en su globalidad
y encontrar la causa para poder solucionar realmente los
problemas. Una vez identificada la causa es posible desarrollar
soluciones verdaderas de efecto duradero. Cualquier otra cosa es
apenas un tratamiento sintomático y no resuelve el problema.
10.
Tomarse las cosas demasiado en serio
Sí,
los negocios son cosa seria. Si no lo cree así, basta ver lo que
sucede cuando se excede el presupuesto y las finanzas de la compañía
quedan en rojo. Es una forma muy rápida de reconocer cuán serio
es el asunto. Independientemente de la gravedad de las responsabilidades
que pesan sobre los hombros de los gerentes –y precisamente
por esa razón- usted debe conservar su sentido del humor y promover
un ambiente ameno tanto para usted como para sus empleados. Invítelos
a una rifa en la oficina, una reunión informal en algún restaurante
cercano, un almuerzo campestre en su casa. Sorpréndalos con premios
especiales por cosas tales como la corbata más rara o la estación
de trabajo más creativa. Bromee con ellos. ¡Disfrute!
Cuando
los gerentes se jubilan, generalmente no son recordados por sus
logros con respecto a los presupuestos o la disciplina de sus empleados.
Las personas recuerdan a quienes no se tomaron el trabajo demasiado
en serio y supieron poner un toque de humor, alegrando así sus días
y haciendo el trabajo más tolerable. No sea un ladrillo. Viva cada
día como si fuera el último.
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