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Blogs LaFamilia.info - 03.08.2015

 

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Cuando tuvimos a nuestra primera hija, como es habitual, fuimos a la cita con el pediatra entre los primeros siete días de su nacimiento. Y una de mis preguntas como madre primeriza fue“¿Cómo me doy cuenta de que la bebita tiene cólico de gases? El doctor me respondió: “Los cólicos de gases no existen. Lo que existe es el estrés de la madre transmitido directamente al bebé. Por eso lloran, porque están tensos”. Me explicó que en ciudades o comunidades donde las mujeres tienen niveles de educación académica menores, ese “mal” no existe ya que ser madre no es un tema de grandes decisiones o reflexiones. Las mujeres dan de lactar (y sí, al 97% les sale leche) y viven su maternidad sin problema. Con la mayor naturalidad del mundo. En cambio, en lugares donde las mujeres son más preparadas y tienen una vida profesional muy activa, el tema se complica: largas depresiones post parto, mucho gasto en fórmula y bebés más llorones. Todo esto sumado a la búsqueda del momento perfecto para tener hijos lo que, en muchos casos, ha contribuido a elevar las tasas de infertilidad a números nunca antes detectados en la historia.

 

¿Por qué les cuento esto? Porque al ver el video que les comparto debajo de este escrito, pensé inmediatamente en: ¿qué chip se ha quemado en nosotras, las mujeres, que vivimos una angustiosa inseguridad en torno a nuestro rol de madres? ¿Por qué mientras más sabemos, más tememos? ¿En qué parte de la historia nuestra liberación femenina sometió a nuestra naturaleza de mujeres? Lo que debería ser algo normal se ha convertido en un juego de decisiones, depresiones, postergaciones, sacrificios mal entendidos, entre otros tantos dramas, que nos han hecho pensar que la mujer no está hecha para ser madre de buenas a primeras y que si no somos súper archi perfectas –bajo nuestra propia escala de valores, claro está— nuestros hijos nos odiarán y serán pequeños monstruos infelices. Y así empezamos este calvario de amor que nos carga de culpas y cuestionamientos, además de tareas agotadoras para alcanzar esta utópica perfección.

 

Y cuando vemos experimentos como los de los videos, lloramos y ponemos “Me gusta” y “Compartir” como si fuesen descubrimientos atómicos de afectividad.

 

¿Qué nos ha pasado? ¿El feminismo radical no sólo convenció a los hombres de que son totalmente prescindibles como padres sino también nos convenció a nosotras que siendo simplemente madres dispuestas a amar y a educar estamos siendo imperfectas y candidatas a la infelicidad? ¿El mundo de hoy, consumista y relativista, ganó la guerra al amor puro y bueno, es decir, al más natural de los amores? ¿Realmente nos parece muy raro que nuestro propio hijo nos reconozca sólo por el tacto y por el olor?

 

Lo natural, en la actualidad, es lo que se “usa”, lo que hace la mayoría, no lo que realmente le hace bien al ser humano, como debería ser. Hoy es natural, por ejemplo, postergar la maternidad hasta los casi cuarenta. O tener pocos hijos. O no tenerlos. Pero debemos comprender que si bien el desarrollo profesional es muy importante, ser madre, amar y recibir amor incondicional, no por ser perfectas, sino sólo por ser mamás, es lo natural. Es normal. Es extraordinario dentro de lo ordinario de su esencia. ¿Cómo nuestro hijo no nos va a reconocer con sólo olernos si, supuestamente, toda la primera parte de su vida está pegado a nuestro pecho y sostenido por nuestros brazos? O, al menos, debería ser así.

 

Muy bueno el trabajo de este video para hacernos recordar que existe un vínculo natural y potente entre una madre y su hijo. Que nuestra familia es feliz con tan sólo tenernos. Que debemos aceptarlo por más que nos cueste. Que debemos ser humildes. Decir sencillamente: así soy y, si bien no soy perfecta, merezco que me amen con mis defectos y virtudes. Y estar convencida de que así es. No estoy diciendo que perdamos las ganas de ser mejor. Al contrario. Nuestros hijos siempre valorarán esta lucha en nosotras. Pero no perdamos de vista qué es lo más importante. Y para darles una pista en esta reflexión recuerden que “lo esencial es invisible a los ojos”. Así lo demuestran los niños del video.

 

 

 

*Artículo escrito originalmente para Catholic-Link.com

 

La Mamá Oca

 

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mamaoca200x140Giuliana - La Mamá Oca

Peruana, Comunicadora Social de la Universidad de Lima y actualmente candidato a Master de Matrimonio y Familia en la Universidad de Navarra (España). Hace 5 años creó el proyecto "La Mamá Oca", una plataforma multimedia que tiene como misión ofrecerle a los padres recursos para criar niños felices, teniendo como eje la educación en virtudes. Actualmente dicta charlas, talleres y conferencias sobre temas de pedagogía familiar, matrimonio y afectividad. Casada y madre de dos pequeños hijos. 

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