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Motivarse para estudiar

CONDICIONES FUNDAMENTALES PARA EL ESTUDIO EFECTIVO

Es secundario precisar exactamente la mejor manera de leer, plantear un problema y de adquirir el adecuado hábito de estudio. Existe una condición fundamental e indispensable para dar eficacia al estudio, más importante que cualquier regla técnica. Sin tal condición el estudio provechoso es imposible; con ella pueden obtenerse resultados positivos, aunque se desconozcan las reglas. Este principio fundamental es un motivo impulsor, es decir, un intenso deseo de aprender, de interesarse por los temas intelectuales, una decidida voluntad de obrar dentro de la esfera de su trabajo.

Por consiguiente, si en verdad desea aprender a estudiar, convénsase íntimamente de que quiere dominar sus estudios y de que lo conseguirá. Sepa que todo lo demás está subordinado a esto.

¿Cómo adquirir este convencimiento?

En primer lugar, concretando sus ideales y ambiciones en el objetivo que persigue con estos estudios, reconociendo que un mal empleo del esfuerzo puede retrasar, dificultar e incluso impedir la realización del fin propuesto, mientras que un trabajo eficiente le conducirá de manera rápida y segura a él.

Piense detenidamente la gran satisfacción que le proporcionará el éxito y la triste decepción que, por el contrario, le deparará el fracaso.

Es infinito el número de estudiantes que se transforman de manera radical, convirtiendo en actitud consciente y enérgica la que antes sólo era indiferente y para salir del paso.

¿Cuál fue la razón de este cambio trascendental?

Sin ninguna duda la encontraríamos en algún hecho que les hizo pensar seriamente en sí mismos y en su porvenir.

En ocasiones, la lectura de la vida de los grandes hombres contribuirá a orientarnos el verdadero y único camino: el del esfuerzo práctico en beneficio de la Humanidad, por el que ellos ejemplarmente marcharon.

Trazar los planes de nuestra vida, ambiciosos sin exceso, nobles y justos, será el más eficaz y directo estímulo. Pregúntese de cuando en cuando para qué asiste a las clases y hacia qué meta definida dirige sus actividades. Una breve, pero frecuente reflexión, dedicada a ustedes y a los motivos por los que se afanan, es excelente incentivo para un estudio serio.

En segundo término, el impulso necesario para dar eficacia a este estudio proviene del interés que le inspire el tema elegido. Al mismo tiempo, respondiendo al desarrollo de los móviles principales y a los incentivos externos mencionados, debe suscitarse el interés por los temas y problemas particulares y el deseo de estudiarlos por ellos mismos.

He aquí cuatro reglas fundamentales imprescindibles para que un tema pueda interesar. 

1

ADQUIRIR CONOCIMIENTOS ACERCA DEL TEMA

 

Es evidente que todos nos interesamos mucho más por las cosas en las que tenemos un conocimiento más o menos grande, que por aquellas que sólo conocemos o tratamos superficialmente. Del mismo modo que crece su interés en relación con el fútbol, según va sabiendo las características de los equipos y jugadores e interpreta mejor las reglas del juego, igual sucede en cualquier otro orden.

Los temas de estudio no constituyen una excepción: son materia que debe desarrollar su interés, sin el que no podrá vencer luego las dificultades que le presenten los distintos asuntos al adentrarse en ellos.

2

RELACIONE CON LOS YA SABIDOS LOS NUEVOS

CONOCIMIENTOS QUE VAYA ADQUIRIENDO

Establezca la relación de los nuevos hechos con los que posea y merezcan esta atención.

Los sucesos históricos cobran nuevo interés al compararlos con los presentes. La Química y la Medicina, por ejemplo, aumentarán su importancia ante ustedes cuando puedan ver su aplicación en la vida diaria.

3

HAGA PERSONALES CONOCIMIENTOS

 

Lo mejor para lograrlo es su aplicación a cuanto le concierna directamente. Todo lo que se expone en este Manual despertará su atención sólo imaginando hasta qué punto le puede resultar una valiosa ayuda.

4

ADOPTAR UNA ACTITUD ACTIVA HACIA EL TEMA ESTUDIADO Y APLIQUE A ÉSTE LOS NUEVOS CONOCIMIENTOS ADQUIRIDOS

 

Pregunte sobre temas que contenga el libro o exponga el profesor; conozca por anticipado su alcance y conclusiones, y entonces compárelos y medite sobre ellos. Piense, hable y escriba acerca de las ideas del tema; llévelas a su acción; seleccione el material de cada rama de estudio que pueda aplicar en las otras, y hágalo. Discuta sobre los puntos difíciles y dudosos con los compañeros. Medite con detenimiento sobre las nuevas ideas obtenidas y las consecuencias que ellas implican.

Debe llevar a cabo con ferviente interés la parte de sus actitudes que se relacionan con el estudio. Obrando así, no sólo no constituirán para ustedes un arduo trabajo, sino que hallarán verdadero deleite en ellas.

El estudio dinámico y proyectado a un fin determinado evita distracciones y exige un mínimo esfuerzo. Es como leer una novela o asistir a una sesión cinematográfica. En estas condiciones, cuanto más estudie, tanto mejores serán los resultados.

Todo estudio cobrará ese interés intrínsecamente si trata de convertirlo decidida y entusiásticamente en una parte activa de su pensamiento.

Es preciso tener en cuenta que, en sus comienzos, algunos estudios están condenados a no promover interés alguno e, incluso, a proseguir carentes de él más adelante. Lo que motiva que para unos estudiantes pueda ser atractivo lo que para otros resulta árido y hostil.

Pero con todas sus dificultades, existen determinadas materias que es preciso dominar. Por consiguiente, debe imponerse un examen real de ustedes mismos y de la situación. Valore las exigencias y esfuerzos, las satisfacciones y recompensas que la materia en cuestión pueda proporcionarle, y entonces ponga en práctica el inquebrantable deseo de triunfar y dominar el tema, a fin de convertir en realidad sus ambiciones.

Para la decisión, esencial en las buenas resoluciones, conviene tener presente algunas indicaciones de importancia, porque en general la mayoría de los estudiantes están animados de excelentes propósitos que, por diferentes motivos, muy pocas veces llegan a efectuarse.

Las siguientes reglas servirán a tales estudiantes de valiosa ayuda:

SIENTA INTENSAMENTE LA URGENCIA

DE REALIZAR LA TAREA IMPUESTA

 

Aclare la relación fundamental existente entre la labor actual, los estudios ulteriores y sus objetivos y ambiciones. Recapacite en la gran influencia que en el futuro puede tener el éxito o el fracaso, y no ya solamente en el caso personal, sino en el de aquellas personas que han puesto en ustedes sus esperanzas. Tenga, por consiguiente, motivos sobrados para aplicarlos en el estudio y es necesario, por tanto, que los ponga en juego con toda firmeza, comprendiendo lo urgente de la tarea impuesta.

DEFINA SU LABOR

Elija cuál ha de ser su trabajo y cuándo lo emprenderá. Si el objeto de su estudio fuese excesivamente largo, divídalo en partes para hacer más fácil la tarea y facilitar su dominio. Compruebe con exactitud el contenido general de la primera parte y concéntrese en su estudio. 

! EMPIECE A TRABAJAR !

Resuelto y definido el plan, comiéncelo inmediatamente. No se detenga ante las dificultades que se le presenten; sálvelas pensando sólo en su labor, olvidando todo lo demás. Una vez iniciado el trabajo se incrementará por sí solo el interés en la materia, haciéndola más asequible.

INSTALECE CONVENIENTEMENTE PARA ESTUDIAR

Es de gran importancia crearse un ambiente apropiado para el estudio. Hay que elegir con acierto el lugar donde vamos a hacerlo, procurando que reúna las condiciones de luz, ventilación y silencio imprescindibles para lograr la completa abstracción. Tenga a vuestro alcance cuantos libros y materiales precise, a fin de no moverse y así evitar la consiguiente distracción.

CONCÉNTRESE. REPRIMA TODA TENDENCIA AL SUEÑO

Una imaginación que divague es el mayor enemigo de un trabajo intelectual. Más provecho se obtiene de una hora de estudio realizado con absoluta atención, que de diez lleno de interrupciones. El estudio requiere la concentración de la mente en el asunto en que se ocupe. Es necesario reaccionar con rapidez cada vez que la imaginación se aparte del tema, manteniendo constante esa vigilancia. Las condiciones favorables para el estudio y el total ensimismamiento en él son garantías de un resultado útil y fructífero. Las distracciones se deben en muchos casos a la incomprensión de las palabras o a una base deficiente con respecto al tema que se estudia. Si ésta es la causa, será forzoso retroceder en busca de los orígenes o fundamentos de aquello que no dominemos aún y aprenderlo. No hay otra solución.

SI TIENE PREOCUPACIONES O PROBLEMAS PERSONALES, AFRÓNTELOS CON DECISIÓN, ADOPTANDO LAS SOLUCIONES MÁS RAZONABLES.

Las preocupaciones y problemas personales suelen motivar deficiencias en el estudio, al igual que perturban cualquier otra actividad. Las dificultades se originan por el miedo al fracaso, desconfianza en nuestras fuerzas físicas (capacidad de trabajo), o por asuntos sentimentales y, en ocasiones, también por el complejo de inferioridad social, por una falta de fe o por una disparidad de criterio con la familia respecto al camino elegido. La mayoría de los jóvenes tratan de eludir estas dificultades sin enfrentarse con ellas, y si lo hacen, no so les dan la debida importancia, lo que es causa frecuente de muchos fracasos y decepciones. Existe, sin embargo, cierto número de estudiantes que tratan de hallar un medio mejor para solucionar de cara a ellos sus problemas personales. A éstos ofrecemos las siguientes sugerencias:

Determine y defina tan rotundamente como sea posible en qué se basan sus dificultades y qué cambios se precisan para hacerlas desaparecer; conocidas unas y otras, opte entonces por la solución más viable. A veces se hace necesario modificar los objetivos propuestos ante la imposibilidad de cambiar las condiciones externas. Siempre es lo principal decidirse, trazarse una línea a seguir. Y aun cuando considere que no existe ninguna solución buena, es decir, aquella que compendie sus anhelos, piense que hay unas mejores que otras y que hemos de optar por las que más nos convenga y acerque a nuestros objetivos. Planeé con precisión la acción a desarrollar y el momento de llevarla a cabo. Entonces es la ocasión de poner manos a la obra.
Siempre que pueda, y antes de seguir las indicaciones del apartado a)., será altamente beneficioso para ustedes conversar de los problemas que le preocupan con un viejo amigo o miembro de la familia, con un pedagogo, médico o psicólogo, o persona que por su experiencia, conocimientos y afecto que le tenga, inspire su confianza. Un consejero inteligente es la mejor ayuda para realizar y combatir las dificultades y hasta los propios defectos.
Evite engañarse a usted mismo eludiendo las dificultades que le preocupan o pretendiendo haberlos resuelto. Si las actividades y distracciones sociales perturban la realización satisfactoria de la tarea impuesta, debe admitir este hecho y resolver en consecuencia lo más conveniente, sin buscar excusas o defensas inverosímiles para convencerse que sus estudios son realmente de escasa importancia.

 

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