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La lectura efectiva como eje del aprendizaje REGLAS PARA QUE LA LECTURA SEA EFICAZ También es conveniente en la lectura dar rápida ojeada al tema o libro que nos interesa antes de entregarnos a él con mayor detenimiento. Si el libro no tiene gran valor, bastará con esta primera lectura; pero si en ella advertimos su mayor trascendencia, entonces será indudable dedicarle una segunda más cuidadosa y minuciosa. La primera le habrá ayudado a obtener las ideas y puntos de vista más esenciales que en el tema se mantienen. Igualmente en este caso antes de examinar superficialmente un libro, artículo o lectura de cualquier índole, habrá de hacer los preparativos indispensables: piense sobre el tema, formule preguntas y plantee problemas que, en la propia lectura, encontrará resolución adecuada. Debe leer las anotaciones de sus lecturas anteriores y evocar las discusiones de que en el aula fue objeto el tema en cuestión y todo cuanto con él se relacione. Del mismo modo, descubriendo el estilo o escuela del libro o artículo que lee le será posible familiarizarse con él y, por consiguiente, obtener el mejor resultado. Antes de proceder, si el libro lo merece, a la segunda revisión intensiva y meditada, siga estas indicaciones: 1. Reflexione sobre el tema que va a leer y fórmese una idea de lo que espera descubrir en él. 2. Compenétrese, en el mayor grado posible, con el libro y su autor. 3. Examine superficialmente, con rapidez, la materia de que trata, para obtener, con esta simple ojeada, un concepto de su conjunto y una idea aproximada del plan seguido. Tras esta preparación podrá dedicarse por entero a su lectura, teniendo bien presente las normas indicadas a continuación: Mientras lea, retenga en su mente el propósito de la lectura. Observe qué relación se mantiene entre sus propósitos y la finalidad que persigue la lectura. Cuando se de cuenta de que su mente está distraída y ajena por completo al trabajo, deténgase, concéntrese y una vez conseguido esto, continúe el pasaje que estaba leyendo. Asegúrese de que haya captado la idea fundamental de cada párrafo. Al final de cada parte, idea completa o división del tema, deje de leer durante un momento y describa, con sus propias palabras, la interpretación que le ha sugerido el pensamiento central, comprobando, de esta manera si concuerda con el autor, lo que lo convencerá de si ha asimilado o no. Hágase preguntas acerca del tema, ampliando con ella su comprensión. Estudie qué relación tiene con la línea temática. Si el párrafo no está claro, analice cada una de sus oraciones, y si, aun así, no esclarece sus dudas, entonces reflexione cada frase e incluso cada palabra. Es preciso conocer con exactitud el significado de cuantos vocablos compongan la lectura. Aproveche toda ocasión para, consultando el Diccionario, enriquecer su léxico. Si tiene el convencimiento de haber comprendido perfectamente el párrafo leído, no pierda tiempo en las frases secundarias y continúe adelante. Únicamente será oportuno anotar los términos técnicos que vaya encontrando y que, más tarde, necesitará sin duda. Interrumpiendo de vez en cuando su lectura para recordar lo que acaba de leer, adopte el mejor método para asegurarse la perfecta asimilación de lo leído. Esto podrá parecerle un derroche de tiempo, pero la experiencia y la práctica constante han demostrado que contribuye en gran manera a dar la debida eficacia al trabajo. De todos modos, no deje de suspender con frecuencia su estudio para pensar en lo que ha leído. Tenga la certeza de que esto le resultará más práctico que una lectura ininterrumpida. Aproveche debidamente el tiempo que dedica a los diferentes puntos de su lectura. Varíe de modo de leer según los casos. A aquellas partes más importantes y difíciles de la lectura es a las que debe conceder una mayor atención y el tiempo que sea necesario, hasta comprenderlas perfectamente. En cambio, las que le sean conocidas o no ofrezcan duda alguna las leerá simplemente, norma general a seguir con todo aquello que no corresponda a la finalidad perseguida. El secreto del estudio está en saber hallar las partes difíciles e importantes de la lectura y concentrarse en ellas. Haga reflexiones críticas acerca de la lectura. Saque sus propias conclusiones y vaya más allá del libro. Es de muy buen resultado emplear una parte del tiempo dedicado al estudio en meditar sobre el conjunto de lo que se lee, en vez de recordar tan sólo determinados fragmentos. La mayoría de los estudiantes aceptan como verdad indudable cuanto ven impreso en las páginas de un libro. Más lógica y conveniente es la actitud de quienes sopesan y consideran cuidadosamente los hechos, opiniones y teorías antes de hacerlos suyos. Nada es verdad por estar impreso. Ni es verdadero o falso por estar o no de acuerdo con sus nociones previas. Es aconsejable observar siempre una actitud de crítica imparcial hacia el tema que lea. Esté dispuesto a creer, pero no sea crédulo con exceso y analice cuando le digan. Examine seriamente los postulados y razonamientos sostenidos por el autor en sus conclusiones y nunca formule un juicio sobre aquello de lo cual no esté absolutamente convencido o no tenga elementos bastantes para enjuiciar. En sus meditaciones, haga preguntas como éstas: ¿Desarrolla el autor verazmente los hechos? ¿Delimita con exactitud los sucesos de los comentarios? ¿Se ajusta en sus conclusiones al proceso general del libro? ¿Concuerdan aquéllas con mis puntos de vista particulares? Contestándose a estas preguntas, después de meditarlas con detenimiento, fijará sus ideas, estén o no identificadas con las del autor. Sin embargo, sus conclusiones deben ser lógicamente susceptibles de variación, eclécticas, nunca rígidas ni definitivas, ya que es fácil que se equivoque por falta de preparación. Llegue a formarse un concepto propio, buscando ejemplos y aplicaciones de lo leído, con lo que además, habrá sometido a un análisis crítico las opiniones del tratadista. Su nueva lectura estimulará constantemente el pensamiento sobre determinado número de temas que se relacionan con ella. Anote la idea fundamental de cada trozo leído. Es de gran utilidad señalar los puntos que se considera importantes a medida que se va llegando a ellos. La manera más sencilla de hacerlo es trazar una línea al margen de los pasajes que le interesen. Si son de gran importancia, hágalos resaltar con una doble línea. Ponga un signo de interrogación al lado de aquellos fragmentos que no entendió bien o sobre los que tenga necesidad de hacer averiguaciones posteriores. Claro está que existen muchos sistemas para señalar la lectura, pero es conveniente que adopte uno, éste u otro, pero siempre el mismo, empleándolo con toda lectura. Si el libro no es de su propiedad, realice las anotaciones el libreta o cuaderno aparte destinado a tal fin, para no estropear aquél. Cuando al final de cada página, idea o conjunto de ideas se detenga a meditar, sintetice el pensamiento primordial de lo leído por medio de una nota marginal lo más resumida posible e incluso marcando el resumen del propio autor. Anote asimismo cuantas preguntas le haya sugerido y todos aquellos puntos en que su criterio difiera del que expresa el autor. Haciendo notas críticas y marcando determinados pasajes de su lectura se verá forzado a pensar y a aprender sobre lo fundamental de ellos. Además, este procedimiento constituirá una gran ayuda cuando precise efectuar un repaso o revisión de los estudios o consultar sobre determinadas cuestiones. Mientras lea, trace un esquema mental o escrito del asunto. Repase toda la lectura teniendo presente este esquema. Todos los juicios críticos han de relacionarse muy estrechamente entre sí. Divídalos en principales y secundarios, lo que le permitirá una más clara visión del conjunto del tema y un esclarecimiento más completo de los conceptos. La mezcla de hechos y opiniones sin cohesión y relación alguna entre sí, de nada o de muy poco le servirá. Es necesario condicionar siempre el conjunto. Agrupe los detalles de las líneas fundamentales. Medite la lectura punto por punto, encuadrándola en el esquema mental que previamente se trace como guía. Si tiene duda, vuelva al libro cuantas veces haga falta y relea aquello que no haya comprendido bien, llegando incluso a modificar las líneas básicas prefijadas si fuera necesario. Lo importante es tener la seguridad de que el tema ha quedado completamente organizado para su estudio y comprensión. Para obtener un mayor rendimiento de la lectura, estudie formulándose repetidamente preguntas acerca de las ideas principales de sus asignaturas y anotando las respuestas que se le ocurran. Este método de recitación, hábilmente empleado, contribuye en gran manera a dar la eficacia deseada a sus estudios periódicos. Para desarrollarlo formúlese una o varias preguntas respecto a cada fragmento de lectura, cuidando de que se relacionen lo más directamente posible con el nervio de la materia que trata. Estas preguntas conviene que las escriba en su libreta, anotando, debajo de cada una de ellas, la contestación, la contestación que le sugiera la lectura en conjunto y su propio criterio. Limítese a los puntos esenciales, sin preocuparse excesivamente de los secundarios. De este modo se formulará un punto de vista particular y razonando sobre el contenido del libro. Cuando lleve a efecto el repaso, bien sea inmediatamente después de leer, bien pasado más tiempo, hágase las preguntas y, sin mirar las respuestas, trate de contestar por ustedes mismo los puntos esenciales que en ellas se plantean, consultando finalmente la libreta es que anotó con anterioridad las respuestas, comprobando de este modo si se ha equivocado. Siempre que lo juzgue oportuno, consulte el libro de nuevo para refrescar la memoria y enriquecer sus conocimientos, fortaleciendo así sus juicios en todo aquello que sea preciso. Además de todas estas pruebas, conviene también que trate de recordar cuanto se relacione con los principales asuntos que las preguntas entrañan. Autoexamínese, repitiendo preguntas y respuestas hasta fijar en su mente un conjunto temático claro, completo y razonado de cuanto ha estudiado. En este proceso de autorrecitado es de gran importancia ir más allá del libro, ampliando sus ideas con cuanto tenga una relación más o menos inmediata con la finalidad perseguida por la materia. Incorpore este pensamientos suplementarios y críticos a las respectivas anotaciones de su libreta, ya entre paréntesis, ya con sus propias iniciales o de cualquier forma que pueda diferenciarlos de las idea expuestas por el autor del libro.
CÓMO SE MANTIENEN Y COMPRUEBAN LOS PROGRESOS EN EL PERFECCIONAMIENTO DE LA LECTURA
El mayor estímulo es el éxito comprobado. El hecho de ver pruebas concretas del adelanto conseguido en su lectura lo animará a superarse más todavía. Conociendo los progresos que vaya realizando habrá encontrado el más poderoso incentivo para mejorar progresivamente. El tema principal de este capítulo puede enunciarse así: Prepare un programa definido para la práctica diaria de la lectura y planeé también un método para comprobar sus progresos con toda exactitud. Las condiciones que siguen le podrán servir de modelo: 1 EMPLEE POR LO MENOS QUINCE MINUTOS DIARIOS EN EL EJERCICIO DE LECTURA RÁPIDA SIGUIENDO LAS INDICACIONES DEL CAPÍTULO DEDICADO A ESTE TEMA Este ejercicio puede efectuarlo en sus primeros trabajos, bien en las propias asignaturas, bien en otros libros, revistas o diarios, lo que constituirá una práctica especial de lectura sin relación directa con las materias que vaya a estudiar. Si le es posible dedicar media hora a este ejercicio en ves de los quince minutos señalados, lógicamente los resultados serán proporcionales al mayor esfuerzo. Pero es mucho más importante realizar este ejercicio de manera regular y constante día tras día, procurando siempre una mayor rapidez, sin dejar por ello de captar las ideas. 2 AUTOEXAMÍNESE CADA TRES DÍAS PARA COMPROBAR SUS PROGRESOS Proceda de la siguiente manera:
Lea las cuatro o cinco páginas tan rápidamente como le sea posible y procurando no perder ninguna de las ideas esenciales. Al llegar al punto marcado como final, mire el reloj y tome nota también del momento preciso en que ha terminado.
3 ANOTE TODOS LOS DATOS CONCERNIENTES A LA PRUEBA REALIZADA, PARA COMPROBAR TANTO LA RAPIDEZ DE LA LECTURA COMO SU COMPRENSIÓN.
El número total de palabras contenidas en el trozo leído se hallará estableciendo primeramente el promedio de las contenidas en cada línea. Este promedio se obtiene escogiendo al azar tres grupos de diez líneas cada uno y contando las palabras que forman su conjunto. Después se divide el total de palabras por el número de líneas, treinta ,lo que dará el promedio de palabras por línea. Hecho esto, cuente las líneas completas que contienen las páginas leídas y multiplique esta cantidad por las palabras que, por término medio, corresponden a cada línea. Obteniendo así el total de palabras, fácil será determinar la rapidez con que ha leído dividiendo dicho total por el número de minutos empleados.
He aquí un ejemplo: Un fragmento determinado de lectura requiere 6 minutos y 33 segundos, y reduciendo los segundos a decimales de minuto (33: 60 = 0´55) nos dan un total de 55 centésimas de minuto, que agregadas a los 6 minutos constituyen un tiempo de 6´55 minutos. El trozo elegido contiene 160 líneas, con un término medio de 10,3 palabras. Por lo tanto, el resultado será: 251´603 palabras por minuto (1.648:6´55 ? 251,603).
Procediendo en esta forma sabrá, después de cada lectura, la rapidez alcanzada, que le expresará exactamente la fórmula matemática indicada. El progreso semanal que irá comprobando le demostrará de forma indudable su avance en el aprendizaje. Es muy conveniente que haga un cuadro con la presentación gráfica de los resultados que vaya logrando, para tener siempre a la vista, y con la máxima claridad, los adelantos obtenidos.
La práctica de elegir los conceptos fundamentales es un valioso ejercicio en la lectura mental. Debe tener siempre, a ser posible, las listas de las ideas principales extraídas por otras personas sobre el mismo tema, a fin de compararlas con la suya. Por lo general, en cada párrafo suele haber una idea de importancia, a veces tratada en varias páginas. Raramente encontrará más de dos o tres conceptos básicos en cada hoja. Hecha y comparada la lista, confronte con ella su reseña escrita a raíz de la primera lectura y las ideas que le sugirió y que también anotó. Aquellos conceptos perfilados con vaguedad no deben tenerse en cuenta. El resultado de la comprensión en su lectura estará determinado por el cociente de dividir el número de ideas incorrectas escritas en su reseña entre el número total de ellas que aparecen en la lista completa. Estas cifras le demostrarán las ideas de importancia que captó en su primera lectura. Al igual que la comprobación del apartado a)., debe obtener la de éste semanalmente. Así tendrá la demostración gráfica de la superación y éxito conseguido en sus prácticas. Lo importante es aumentar la velocidad en la lectura al mismo tiempo la capacidad de comprensión. Deben compararse continuamente ambos resultados, a fin de mejorarlos, pues sin ellos no hay lectura eficaz. Los estudios requieren además una atención especial en cuanto se refiere al conocimiento de los detalles de las asignaturas. En la segunda lectura de las materias de estudio su tarea suele ser con frecuencia aprender de memoria nombres, fórmulas, fechas o términos técnicos y recordar y comprender los hechos especiales que sostiene o refuta una teoría. Este tipo de lectura requiere mucha práctica. No obstante, puede realizar pruebas para determinar su eficiencia respecto al estudio de los detalles, al tiempo que efectúe otras para apreciar su mejor entendimiento. La única diferencia es, en este caso, que ha de recordar todos los pormenores relativos a las asignatura que estudia, en lugar de las grandes ideas o conceptos fundamentales de otras lecturas. Entonces los comparará con una lista completa de los puntos detallados, extraídos directamente del libro, a semejanza de lo que se hacía en la lectura corriente. |
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