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Aprendemosjuntos.elpais.com - 17.05.2019

 

 

Enhamed Enhamed está considerado como el mejor nadador paralímpico de la historia. Apodado como el ‘Michael Phelps español’, este atleta tiene un espectacular palmarés con treinta y siete medallas repartidas en doce años de carrera profesional, y entre las que destacan, ocho campeonatos del mundo, tres europeos y cuatro medallas de oro en tres Juegos Olímpicos. Más allá de su colección de premios, Enhamed brilla por su capacidad para ayudar a desarrollar el máximo potencial de estudiantes, deportistas y profesionales de todos los ámbitos. Sus lecciones de vida están repletas de inspiración: “A los 8 años no perdí la vista, gané la ceguera”; “No creo en los sueños, los sueños no tienen fecha, yo tengo planes"… A Enhamed le gusta fijar sus metas siempre por escrito y situar el esfuerzo por encima de la motivación. Una actitud que no se queda en palabras vacías, y aunque ya está retirado de la máxima competición, él sigue explorando límites y supera retos como subir al Kilimanjaro o convertirse en la primera persona ciega en cruzar a nado el estrecho de Gibraltar. Y es que, como él mismo dice, la pasión de su vida es descubrir cómo aprendemos a convertirnos en las personas que queremos ser. En ese camino, Enhamed se siente como un pez en el agua.

 

Les dejamos con el video de su testimonio, el cual hace parte de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País.

 

 

 
 

 

 

Ver también: 


VIDEO: ¿Puede el perdón curar el dolor?. Irene Villa

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VIDEO: "Sed los entrenadores emocionales de vuestros hijos". Elsa Punset

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Aprendemosjuntos.elpais.com - 29.03.2019

 

 

Irene Villa es psicóloga, periodista, escritora y madre de tres hijos, su historia conmocionó a España y al mundo. En 1991 un atentado con bomba cambió su vida. Con doce años, perdió las dos piernas y tres dedos de una mano. Sin embargo, no perdió la capacidad de luchar, y se aferró a la vida con más fuerza que nunca. Su determinación y optimismo la han convertido en un referente para la sociedad. Irene Villa ha logrado convertir la adversidad en uno de los motores impulsores de su vida. Tal como afirma: “La clave a veces está en cambiar el foco a la situación”. En su mensaje positivo, destaca valores como el esfuerzo, la confianza en uno mismo, el trabajo en equipo y por encima de todo, el perdón. De este último asegura que “es la base para tener una vida plena y feliz”. Afirma que de lo que más se aprende, es de la adversidad: “A mí me ha enseñado a agarrar la vida con fuerza. Y a valorar el regalo que supone, simplemente, el hecho de estar viva”.

 

En la actualidad forma parte del equipo de competición de esquí alpino adaptado de la ‘Fundación También’. Ha recibido innumerables galardones, entre ellos el Micrófono de Plata por su libro ‘Saber que se puede’. Es fundadora y presidenta de la Fundación Irene Villa, dedicada a la inclusión laboral y al deporte adaptado para personas con discapacidad. En 2013 fue elegida una de las ‘Top 100 Mujeres Líderes’ más influyentes de España.

 

Les dejamos con el video de su testimonio, el cual hace parte de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País.

 

 
 

 

Ver también: 

VIDEO: "Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo”. Tim Elmore

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Por LaFamilia.info 

 

Foto: Freepik 

 

Todos empezamos muy entusiasmados los propósitos de año nuevo, pero lo verdaderamente meritorio es cumplirlos durante el resto del año, ¿cómo lograrlo? ¡Pon atención a estas claves!

 

El primer paso es no dejarse vencer por las siguientes "amenazas" que impiden culminar los proyectos que cada quien se ha trazado:

 

No ver rápidamente los resultados. Para llegar a una meta, se deben superar pequeñas pruebas. Nada es gratuito. Constancia y determinación son las claves.


No sentirse capaz, no creer en sí mismo. Si desde el comienzo se duda del éxito y de la capacidad propia, entonces lo más probable es que ese propósito no tenga un buen final. Antes de emprender una meta, se debe fortalecer mentalmente para aumentar la confianza y la autoestima. Como dice la frase de Charles Dickens: "El hombre nunca sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta".


Perder el ánimo. Para mantener el entusiasmo y lograr los resultados esperados, se debe conservar el entusiasmo, para ello es necesario hacer seguimientos periódicos puesto que estimulan a continuar y no desfallecer.


Claves para cumplir los propósitos

 

1. Cultivar la autodisciplina. Se necesita mucho más que un deseo pasajero para poder tener disciplina. La disciplina es un asunto de entrenamiento diario: cuando suena el despertador en la mañana, y se levanta de inmediato, lo que hace es entrenar su mente en la disciplina. Cuando debe terminar una tarea pero resuelve antes ver televisión para relajarse, entrena su mente para que sea indisciplinada. Cuando resuelve comerse un segundo pedazo de postre aunque sabe de antemano que puede hacerle daño, está entrenando su mente para ser indisciplinado.

 

2. Entender el valor positivo de los sacrificios. No se trata de grandes sacrificios, sino de pequeños vencimientos que enrecian el carácter.

 

3. Cuidar los pequeños detalles. Le ayudarán a ser dueño de usted mismo. Cuide esos detalles en el estudio, en el trabajo, en la vida social, en la familia. Pregúntese cuáles debe cuidar mejor.

 

4. Ejercitar la fuerza de voluntad. La voluntad necesita un aprendizaje gradual, "que se consigue con la repetición de actos en donde uno se vence, lucha y cae, y vuelve a empezar", explica Enrique Rojas autor de las 10 Reglas de oro para educar la voluntad.

 

Cada año que comienza es una nueva oportunidad más para ser mejores personas, para transformar la vida, el hogar, la familia, el trabajo... Por eso los propósitos son importantes, pues representan un paso adelante hacia la madurez personal. Así que vale la pena comenzar el año con toda la determinación y la mejor actitud.

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Lamenteesmaravillosa.com - 01.02.2019

 

Foto: jcomp  

 

Viktor Frankl, psiquiatra, escritor y fundador de la logoterapia, estuvo internado durante la II Guerra Mundial en varios campos de concentración. Esa experiencia y su formación, le permitieron hacer una gran reflexión sobre el sentido de la vida, también sobre la adversidad, que plasmaría en diversos libros, entre los que destaca “El hombre en busca de sentido”.

 

Todos pasamos por situaciones en la vida que nos producen sufrimiento y que no sabemos cómo afrontar, pero no existe una fórmula que funcione siempre, sino que debemos aceptar que el sufrimiento es parte de la vida.

 

Las lecciones que nos puede dar una persona que estuvo tres años en un campo de concentración y supo superarlo, se deben considerar para hacernos ver la vida desde otra perspectiva y para motivarnos día a día. Estas son algunas de las lecciones que nos enseñó Viktor Frankl.

 

1. La importancia de elegir

 

La diferencia entre una persona que sabe superar sus problemas y enfrentarse a la adversidad en la vida y una persona que no logra esa superación, es que la primera es una persona que decide, que elige ser una cosa u otra, a pesar de las condiciones que le toque vivir.

 

2. La vida tiene sentido en cualquier circunstancia

 

El Doctor Frankl habla en este sentido de la desesperanza como una operación matemática. La desesperanza es igual a sufrimiento sin propósito. Si una persona no puede encontrar un sentido a su sufrimiento, tenderá a la desesperanza. Pero si la persona es capaz de encontrar un sentido a la adversidad, puede convertir sus tragedias en un logro, en una forma de superación.

 

3. Tus acciones diarias te llevan a ser la mejor versión de ti mismo

 

Esa es una pregunta que nos debemos hacer cada día para saber quiénes somos y quiénes queremos ser, para lograr ser la mejor versión de nosotros mismos, para mostrar lo extraordinario que hay en cada uno y que los demás lo vean y puedan apreciarlo.

 

4. Piensa en por qué o por quién vale la pena vivir

 

Todos tenemos un por qué o por quién vivir, una razón que nos permite seguir adelante cada día, que nos motiva y que da sentido a cada segundo de nuestra existencia, a cada paso que damos o a cada acción que realizamos. Cómo reaccionamos ante condiciones que no pueden ser cambiadas, depende de nosotros.

 

Si no poder para cambiar la situación, siempre podemos elegir nuestra actitud frente a esa situación. Es decir, siempre hay algo en nuestro interior que podemos cambiar, cómo nos sentimos, siempre hay una parte de nosotros mismos que depende sólo de nosotros.

 

No importa que no esperamos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. Piensa en lo que le aportas a la vida, en lo que espera la vida de ti, porque nuestra vida nos cuestiona y nos exige continuamente.

 

Lo que debemos preguntarnos es qué podemos hacer para cambiar nuestra vida, qué le aportamos al mundo y reaccionar en consecuencia.

 

5. La adversidad y el sufrimiento existen

 

Todo lo malo de nuestra vida es algo que existe y que debemos aceptar. Se crea una tensión entre lo que ya se ha logrado y lo que todavía queda por lograr. No necesitamos vivir sin adversidades, sino saber que van a existir, que son parte de la vida y que debemos luchar por algo que merezca la pena, dar un sentido.

 

6. Nadie es indispensable, pero todos somos irremplazables

 

Cuando se acepta que es imposible reemplazar a una persona, se manifiesta la responsabilidad que el hombre asume ante su existencia. Un hombre que se hace consciente de que le espera una persona o de que tiene una obra inconclusa, asume su responsabilidad y conoce el por qué, el sentido de su vida.

 

7. Descubre el sentido de tu vida

 

El interés del hombre no es encontrar el placer o evitar el dolor, sino encontrar el sentido de la vida. Incluso en los momentos en los que sufrimos, debemos encontrar un sentido a ese sufrimiento.

 

Nadie puede ponerse en tu lugar y sufrir por ti, por lo que tu única oportunidad es la actitud que adoptes ante el sufrimiento. Todos tenemos una razón de ser, pero a veces, no somos conscientes de esa razón. ¿Qué visión tienes ahora sobre la adversidad?

 

*Publicado originalmente en lamenteesmaravillosa.com

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Colaboración FamilyandMedia.eu - 30.11.2018

 

Foto: Freepik 

 

Si somos personas muy activas en las redes sociales quizá hemos sentido alguna vez la inquietud que nuestra relación con el instrumento no sea del todo equilibrada.

 

Quizá nos ha sucedido pasar tiempo con algunos amigos cercanos y hacer fotos más con la idea de publicarlas y enseñarlas a los otros -para obtener aprobación, por envidia o simplemente para estar en el centro de la atención-, que no con el propósito de inmortalizar un bonito momento para conservar y desempolvar en su momento.

 

Facebook o Instagram - solo por citar algunas redes muy usadas – son instrumentos para compartir. ¿Y qué habría de equivocado en el hacer saber a los amigos cómo se está pasando el tiempo libre y con quién? ¿Por que debería ser negativo mostrar algunas actividades o lugares que nos son queridos?

 

El problema está cuando la “inquietud de compartir” llega a niveles patológicos, cuando el estar en Facebook, por ejemplo, se convierte en más importante que estar con quien tenemos al lado o ser visto cuenta más que tener amistades auténticas.

 

En el artículo Si los instrumentos pensados para comunicar se convierten en obstáculo de la comunicación hemos hablado de un riesgo: que los instrumentos pensados para favorecer el compartir, la amistad, la solidaridad, nos lleven, en cambio, a alejarnos, a mirarnos con desconfianza o a ignorarnos.

 

Y hay que admitir que a veces, con nuestro perfiles hacemos de todo menos compartir, usándolos como accesorios para alimentar vanidad y egocentrismo.

 

Lo que hay detrás de las selfie

 

Un profesor de sociología dijo una vez: “En el pasado, cuando los turistas venían a Roma hacían fotos al Coliseo o a la Fontana di Trevi. Hoy, los monumentos están apenas en el fondo de la escena. Es decir, lo que cuenta es que esté yo en la foto, que podamos decir a nuestro círculo de conocidos, con un simple clic, ‘he estado allí’”.

 

¿Quizá porque queremos suscitar envidia, hacer creer a los otros que somos más afortunados, más guapos, más felices? ¿Quizá queremos satisfacer nuestro ego, nuestra soberbia o simplemente hacer callar la inseguridad o el miedo de ser inferiores a los otros?

 

Cualquiera que sea nuestra respuesta, si el espíritu de compartir disminuye, entran en juego mecanismos para nada positivos, de los que hemos hablado en el artículo Los 7 pecados capitales de las redes sociales .

 

Obviamente, el abuso de los selfies es solo la punta del iceberg, el problema, cuando se trata de vicios, se encuentra siempre en el corazón humano. Demonizar la moda del selfie, difundida en particular entre los jóvenes, no es la solución. Lo que debe cambiar es la actitud hacia el instrumento. Debemos por tanto prestar atención a no vivirlo como una “enfermedad”, a no usarlo para aparentar a toda costa.

 

Cuando nos damos cuenta de que estamos exagerando, cuando advertimos que la galería del teléfono o nuestro perfil están “repletos” de fotos que nos retratan solo a nosotros mismos, quizá es el momento de dejar de posar, para abrirnos a los otros y “volver a mirar al exterior”.

 

Redes sociales y el narcisismo

 

Los narcisistas necesitan exponerse y aparecer porque no están contentos con lo que son. Dar una imagen positiva de sí mismos les ayuda a compensar la frustración que sienten por el hecho de no gustarse. Este mecanismo es generado por un vacío afectivo, por la falta de amor y atenciones..

 

Si miramos alrededor y, sobre todo, dentro-, no será difícil descubrir tendencias narcisistas en muchas personas que conocemos… y en nosotros mismos..

 

Un análisis exhaustivo del desorden narcisista (véase el narcisismo es un desorden psicológico y no tiene nada que ver con selfies ), al margen de las “tendencias” más o menos pronunciadas, revela, sin embargo, que quienes padecen una verdadera patología (tratable, por lo tanto, con una terapia) no son la mayoría de las personas, sino un 6%.

 

Y las redes sociales, a menudo acusadas de nutrir el narcisismo, ¿qué papel tienen?

 

El artículo antes mencionado nos ofrece una respuesta inesperada: “La estructura de las redes sociales ahora influye en nuestra vida hasta el punto de alimentar tendencias narcisistas ya existentes – proporcionando lo que se llama ‘suministro narcisista’ – pero el narcisismo real es mucho más inquietante que el hacerse algunos selfies”.

 

¿El problema más común? La vanidad

 

Según estos estudiosos, no habría un vínculo estrecho entre redes sociales y narcisismo. Y el narcisismo, entendido como una patología que no puede ser curada por uno mismo, concierne solo a una pequeña parte de la población.

 

Sin embargo, ¿con qué frecuencia aprovechamos una red social para presumir?

 

Bueno, las informaciones de este estudio nos hacen deducir que la mayoría de nosotros tenemos un defecto pero que podemos corregir: la vanidad. Con un poco – quizás mucho – empeño, podemos salir de nuestro egocentrismo. ¿Por dónde empezar? Por ejemplo, dejando de considerar las redes sociales escaparates y comenzar a verlas como ventanas hacia el mundo...

 

El otro no es un “distribuidor de me gusta”

 

Cuando nos acercamos a una red social, el verdadero obstáculo que debe eliminarse es nuestra vanidad. Debemos trabajar para “descentrarnos”, conscientes de que estamos en una plaza y no frente al espejo.

 

Tanto cuando estamos conectados como cuando estamos desconectados, debemos recordar que estar con los demás, escuchar a los demás, valorarlos, es mucho más hermoso que “usarlos” para autoafirmarnos.

 

Ver al amigo en Facebook solo como un “distribuidor de me gusta”, que me ayuda a sentirme superior, no tiene nada que ver con una auténtica relación de amistad. Sin embargo, la verdadera amistad puede hacernos mucho, mucho más felices que los pedestales.

 

Por Cecilia Galatolo. Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

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