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Por LaFamilia.info
 

Foto: Freepik 

 

¿Se te dificulta tomar el ritmo de trabajo al comenzar el día?, ¿Sueles posponer la alarma para levantarte?, ¿Culminas los trabajos con dificultad?, ¿Sueles ser desordenado(a) con el tiempo?, ¿Acostumbras a dejar las tareas más complejas para el final?, ¿Se te acumulan varios pendientes hasta el último plazo?, ¿Te sientes más productivo cuando se acerca la fecha límite para entregar un trabajo?

 

Las anteriores podrían ser señales de que estás cayendo en el hábito de procrastinar: sinónimo de diferir, posponer o aplazar. La palabra procrastinar tiene que ver con la costumbre de no hacer a tiempo las tareas que deben ser realizadas.

 

¿Cuáles son las causas?

 

Las causas de aplazar o posponer son diversas. Entre las más comunes se encuentran la falta de autodisciplina, voluntad, y dificultad para establecer prioridades así como para administrar el tiempo.

 

También ocurre porque el "procrastinador acostumbra subestimar la importancia de la tarea encomendada por su aparente facilidad, o sobrestimar el tiempo que le queda para realizarla. Generalmente se asocia a la excesiva autoconfianza que redunda en una también falsa sensación de autocontrol y seguridad" explica el psicólogo Alain Bayona Correa, director de Infopsicologica.com.

 

Qué se debe hacer

 

"Revisa lo que te estás diciendo a ti mismo y cómo mantienes conductas que te llevarán hacia la auto derrota. Actitudes como el aplazamiento se convierten en una fuerte barrera. Algunos ejemplos son: “cinco minuticos más”, “mañana llego más temprano y comienzo”, “una siesta y me sentiré con más ánimos de trabajar”, “lo haré más tarde”, “no tengo información suficiente para empezar...” Sé proactivo, toma la responsabilidad de tu vida en sus manos y practica la habilidad de seleccionar una respuesta ante cualquier estímulo." Aconseja el sicólogo.

 

Lo importante es que la persona se haga consciente de esta debilidad y así proponerse un plan de mejora; pues cuando procrastinar ya no es la excepción sino la regla, se afecta la capacidad productiva y el desempeño en general, ocasionando muchas veces consecuencias desfavorables a nivel laboral y personal. 

 

4 estrategias para acabar con este mal hábito

 

1. Establece una lista de pendientes. Es el primer paso para tener claridad.

 

2. Segmenta las tareas. Una vez tengas esta lista, otórgales un valor según la importancia y “no la urgencia”, pues pensamos que todo es urgente mas no todo es importante. Teniendo depurada la lista, te darás cuenta qué cosas son primordiales y notarás que hay otras que quizá no resultaron tan necesarias como pensaba pero que sí requieren de un tiempo.

 

3. Observa los progresos analizando esas pequeñas etapas. No te permitas postergar una misma tarea varias veces.

 

4. Ejercita tu voluntad. La procrastinación tiene mucho que ver con la falta de voluntad y la determinación, así que trabaja fuerte en estos aspectos (Leer también: 4 Pasos para ser constantes en nuestras metas)

 

 

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