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Familia

La Familia, centro de intimidad

La familia es un conjunto de intimidades unidas por el lazo del amor familiar. De la convivencia familiar surgen el crecimiento individual y el enriquecimiento personal.

Las relaciones familiares nacen del amor y el origen del amor es el corazón. Hay una estrecha relación entre corazón, amor, intimidad y relaciones familiares, la cual surge en forma natural. Por esto:

La familia es una institución natural.  No es, pues, un invento social, artificial. Si así fuera, hace tiempo que habría sido sustituida por otros inventos sociales más prácticos, de acuerdo con las ideas predominantes en un momento dado.

La familia hace posible que el ser humano disfrute de algunos derechos esenciales:

  1. El derecho a la vida, a nacer.
  2. El derecho a la educación, a crecer.
  3. El derecho al progreso.

En definitiva, la familia resguarda y fomenta el derecho a desarrollarse como persona. No basta ser y aprender a ser persona. El hombre también necesita ser reconocido como persona.

No es en la superficialidad donde el ser humano se distingue de sus semejantes, sino en la intimidad: el hombre vale lo que vale su intimidad.

Descubrirse a sí mismo en la dimensión personal requiere conocer cada vez mejor la propia intimidad. Descubrirse a los demás en esta misma dimensión implica ser capaz de comunicar la intimidad a otros.

Ambas cosas resultan más fáciles en el clima natural de la intimidad que es la familia. Ello se debe a que "en el ámbito de esa gestación de segundo orden -comparando el claustro familiar con el claustro materno- lo biológico se hace biográfico. La familia es, por tanto, un centro de intimidad.

La familia es el modelo de convivencia del ser humano porque en ella se comprende y se quiere, de modo natural al hombre como persona.

Como centro de intimidad, en la familia coinciden libertad y naturaleza porque ella facilita las acciones libres de quienes la integran. Pero si en una familia determinada falta esa referencia personal en las relaciones entre los cónyuges, entre padres e hijos, o entre hermanos, esas relaciones se desnaturalizan: no son más propiamente familiares.

Ese concurso de libertad responsable debe traducirse en una serie de objetivos educativos que cada familia concreta fijará en cada caso como su centro de intimidad. Los principales responsables deben esforzarse en promover la intimidad en la familia. ¿Cómo?

Preguntas para responder

Los padres necesitan preguntarse a sí mismos: ¿Nuestra vivienda favorece la intimidad? Las costumbres que vivimos, ¿son costumbres propias o son costumbres de moda? ¿Propiciamos un diálogo amistoso y de confianza? ¿Desarrollamos un estilo personal?

Cuando se responde negativamente a las preguntas anteriores, entonces, en esa familia se corre el riesgo de referir las cuestiones íntimas a cualquier persona, sin criterio selectivo, de modo que la intimidad viene a formar parte del dominio público.

Esto se traduce también en el lenguaje. El lenguaje de moda a veces es inexpresivo, repetitivo, y nada tiene que ver con la intimidad. También tienen que preocuparse de esto los responsables de la educación: se procurará fomentar las pláticas amistosas y frecuentes con los hijos (en grupo y en privado), con el fin de que ellos sepan con claridad lo que piensan.

Centro de apertura

Por medio de lo anterior procuramos señalar que la familia no puede ignorar el ambiente que la rodea ni puede dejar que la influencia del entorno anule su labor educativa.

En un estudio sobre la familia, realizado en Francia y publicado en 1975 por el Comisariado del Plan de Desarrollo, se dice: "La familia, fuertemente sacudida por el choque del futuro, se nos muestra, dentro de este mundo incierto y cambiante, como el último refugio de la verdadera convivencia."

Pero habría que decir que la familia no es un refugio, sino un lugar desde el que se puede, mediante la acción educativa, mejorar este mundo incierto y cambiante, porque a la familia le corresponde el privilegio de seguir siendo el ámbito natural del amor y, por tanto, el lugar original de la educación. La familia no es un refugio: es una escuela de irradiación de virtudes sociales.

También se ha calificado a la familia como "un islote privilegiado dentro de una sociedad personalizada". Es evidente que el privilegio del islote familiar tiene que servir para transformar esa sociedad despersonalizada en una sociedad educativa, en una sociedad humanizada.

Es una aspiración (un "objetivo tendencia") construir una sociedad totalmente personalizada. Debemos intentarlo con perseverancia revitalizando la célula básica de la sociedad -la célula familiar- para que ésta supere los condicionamientos actuales y haga posible la aceptación incondicional de las personas en las relaciones sociales y profesionales, de modo que se puedan armonizar en cualquier situación de colaboración o de convivencia social la exigencia y la comprensión, la confianza y el respeto, la eficacia y la amistad.

Sin intimidad no hay apertura

La meta es ambiciosa, para realizarse a largo plazo y en el inmenso ámbito de la sociedad. Pero, si consideramos el valor de cada persona, y sus posibilidades, las metas respecto a su apertura educativa y educadora tienen que ser aún más ambiciosas.

Sin intimidad no hay posibilidad de apertura, pero sin esta última el individuo no se forma, el ser humano no crece. "La realidad fundamental de la educación es ese diálogo privilegiado en el curso del cual se afrontan y confrontan dos hombres de desigual madurez, en el que cada uno, a su manera, delante del otro, da testimonio de las posibilidades humanas". Esos dos seres humanos de desigual madurez realizan la tarea de educarse, porque el educador también se educa, se supera, crece y se perfecciona al educar. Puede tratarse de una relación de padre e hijo, de profesor y alumno, o de amigos.

La libertad, esa energía interior que nos permite abrirnos por medio de la actividad y de la relación, y cuya finalidad es el servicio cualificado por el verdadero amor, la libertad, decíamos, es justamente la que hace posible la educación. Y la libertad es la característica fundamental de la persona. Debido precisamente a que ésta es libre, es diferente. Siempre habrá diferencias entre las diversas realizaciones personales de la madurez humana. Nunca coinciden en dos personas sus zonas más desarrolladas, sus diferencias de calidad humana ni sus puntos fuertes, porque cada uno, de manera irrepetible, posee su don y su misterio.

El privilegio del diálogo educativo consiste en la amistad, por cuanto ésta hace posible la comunicación íntima de personas diferentes y de sus diferencias complementarias.

¿Cómo se cultiva la intimidad familiar? Por el diálogo.

¿Y cómo abrir el diálogo? Por medio de una pregunta inteligente.

Los padres y los maestros han de ser "maestros" de la pregunta y no tanto de las respuestas, aunque también deben saber responder.

El método a seguir es el mismo empleado en la metodología participativa, que no es sino el que utilizaba Sócrates con sus discípulos: preguntar.

Ello quiere decir que los padres de familia necesitarán preguntarse, en cada caso, cómo hacer de su familia un centro de apertura con el cultivo de la amistad (amigos de los padres, amigos de los hijos); cómo favorecer el propio hogar y las propias costumbres familiares mediante el cultivo de la amistad; cómo ampliar el círculo de la amistar sin que ello se traduzca en una merma de la calidad de las relaciones; cómo influye el ejemplo de los propios padres en esa dimensión de amistad y de servicio social, etc.

Por otra parte, el tipo de objetivos que se han propuesto conseguir en la educación de cada hijo puede ser un indicador muy valioso.

Posibles objetivos en cuanto al desarrollo de la intimidad y de la apertura:

1. Cultivo de la intimidad:

  1. Enseñar a pensar.
  2. Enseñar a observar.
  3. Fomentar las buenas lecturas, el estudio y la reflexión.
  4. Cuidar el respeto hacia uno mismo y hacia los demás.
  5. Enriquecer las conversaciones familiares.
  6. Huir de la frivolidad o la superficialidad.
  7. Combatir la mediocridad y el aburrimiento.
  8. Cuidar la calidad del tiempo en familia.
  9. Fomentar el diálogo amistoso.
  10. Formar criterios rectos y verdaderos.
  11. Conservar costumbres y tradiciones.

2. Cultivo de la apertura.

  1. Ayudar a una correcta expresión oral y escrita.
  2. Cultivar la amistad.
  3. Participar en actividades comunitarias o de promoción social.
  4. Respetar otros puntos de vista.
  5. Manifestar la propia opinión participando en medios de comunicación social.
  6. Ser parte de la solución de los problemas, no sólo de su planteamiento.

La familia, como cauce natural de estas actividades facilita la promoción de la intimidad y de la apertura. Pero la realización concreta de estas últimas es tarea de seres libres. En ellas se trata de hacer uso inteligente y libre de las posibilidades individuales como manifestación cotidiana de verdadero amor.

Fuente: Sembrar familia
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