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Dificultades que afrontan las chicas en la sociedad actual
Por Juan Meseguer Velasco de Aceprensa

Si ya era difícil que una niña de 12 ó 13 años se aguantara a sí misma, añada a esto el boom de las redes sociales, la obsesión por estar sexy o por ser la primera de la clase a cualquier precio. Ciertamente, las chicas de hoy no lo tienen nada fácil. Por eso, los padres han de ayudarlas a discernir entre lo accesorio y lo que de verdad importa.

El psicólogo y médico de familia Leonard Sax, presidente de la Asociación Nacional para la enseñanza diferenciada por sexos de Estados Unidos (NASSPE), se ha hecho famoso por mostrar los efectos positivos que produce un estilo educativo adaptado a cada sexo.

La idea básica que defiende Sax es que la educación diferenciada mejora los resultados académicos y la socialización, y disminuye la violencia en el aula. Sus conclusiones responden a los datos científicos y de experiencia que ha ido exponiendo en sus libros. Así, Sax muestra cómo el cerebro del niño y el de la niña se desarrollan de manera distinta; la diferente forma que tienen de aprender en su etapa escolar; su heterogéneo modo de ver los sucesos del mundo...

A exponer estos resultados dedicó uno de sus libros más populares: Why Gender Matters? Después escribió otro libro centrado en las dificultades que afrontan los chicos en la sociedad actual: Boys Adrift (1). Y ahora acaba de publicar en Estados Unidos Girls on the Edge (2), donde analiza los cuatro problemas que a su juicio afectan más a las chicas.

Ellos y ellas tienen dificultades, claro, pero no son las mismas para unos y otras. “Cada vez hay más chicos que están desarrollando una actitud sibarita que les lleva a disfrutar ellos solos: videojuegos, pornografía, comer, dormir... A menudo les falta empuje y motivación para saltar de la cama y triunfar en el mundo real”.

Las chicas, en cambio, van sobradas de empuje y de motivación. Su problema es que “no saben cómo relajarse ni cómo divertirse y disfrutar de la vida. Para muchas de estas niñas, cada logro es sólo un paso intermedio hacia el siguiente”.

Mami, ¿estoy sexy?

En Girls on the Edge, Sax argumenta que las chicas de hoy están sometidas a cuatro factores de riesgo. Lógicamente, estos cuatro factores no afectan por igual a todas. Depende mucho del carácter de cada una, de la educación que han recibido o del ambiente en que se mueven.

El primer factor de riesgo es la confusión en torno a la identidad sexual. “Las chicas quieren ponerse sexy cada vez más temprano. Y eso no es una buena noticia”, dice Sax. Mientras que la forma de vestir de los chicos no ha variado tanto en las últimas décadas, el cambio entre las chicas de 9 a 11 años ha sido brutal: tops con tirantes, pantalones ajustados, minifaldas…

Este empeño por vestirse como si tuvieran una “agenda sexual” produce efectos perjudiciales en su identidad. Como explica Stephen Hinshaw, profesor de psicología en Berkeley, “si las chicas pretenden tener atractivo sexual antes de que realmente lo tengan, se encontrarán con serias dificultades para conectar con sus propios sentimientos”.

A Sax no le interesa la decencia porque sí. A su juicio, se trata de un problema antropológico de más calado. “A las chicas de hoy se les bombardea con la idea de que tienen que mostrar su cuerpo para autorrealizarse, o incluso como una manifestación del ‘poder de las niñas’. Como padres, tenemos que ayudarles a rechazar esta idea. Los chicos no necesitan quitarse la ropa para demostrar que tienen poder. Las chicas tampoco”.

“La sexualidad –añade Sax– es una esfera muy saludable del ser humano y del paso a la edad adulta. Pero la sexualización supone convertirse en un objeto de placer para los demás; es estar expuesto a los otros. La sexualidad tiene que ver con quién eres. La sexualización con lo que aparentas”.

Según Sax, esta banalización de la sexualidad ha favorecido –junto a otros factores– que un número considerable de chicas se sientan confusas respecto a su identidad sexual. En un sondeo realizado a más de 20.000 adolescentes y jóvenes de Estados Unidos, el 14,4% de las chicas encuestadas se declara lesbiana o bisexual, en comparación con el 5,6% de los jóvenes que se identifica como gay o bisexual (3).

No sin mi móvil

El segundo factor de riesgo para las chicas es lo que Sax llama la “burbuja digital”, ese mundo paralelo hecho de SMS, correos electrónicos y redes sociales. Que las nuevas tecnologías pueden “enganchar” hasta crear una adicción no es ninguna novedad. Lo sorprendente es la brecha que hay entre chicos y chicas en este terreno.

En su libro, Sax se hace eco de un reciente estudio publicado por el Pew Research Center. Una de las conclusiones más relevantes es que mientras una adolescente de Estados Unidos puede mandar unos 80 mensajes escritos al día (bien a través del móvil o del correo electrónico), un adolescente envía 30 al día (4).

Al problema de los SMS compulsivos hay que añadir el tiempo que les quita –y la tensión que les genera– la “creación” de su propia imagen en las redes sociales. “Las chicas saben que si quieren que su perfil sea visitado, necesitan estar colgando fotos continuamente. Las fotos divertidas triunfan, pero todavía triunfan más las fotos sexys”.

“Mientras estas chicas permanecen hiperconectadas con sus amigas –dice Sax–, cada vez están más desconectadas de sí mismas”. El remedio no está en cortar la conexión a Internet o en quitarles el móvil, sino en enseñarles a usar con moderación las nuevas tecnologías. En ocasiones, esto exigirá a los padres un esfuerzo para ponerse al día: cuando aprendan a manejarse dentro de la “burbuja digital”, podrán evitar que su hija quede atrapada en ella.

De mayor, top model

El tercer factor de riesgo son las obsesiones. “Nunca hasta ahora –escribe Sax– había existido una cultura que brinde tantas oportunidades a las chicas, y sin embargo, están desprovistas de criterios de orientación. En consecuencia, muchas centran su atención en una única actividad o en una sola parcela de su vida: ser la mejor estudiante, ser la atleta estrella, ser la más delgada…”

Sax recomienda a los padres que estén prevenidos contra este tipo de obsesiones. Es preciso que aprendan a discernir “si el interés de su hija por el deporte, las buenas notas o la salud es sano o destructivo”.

Para ilustrar esto cuenta el caso de Madison, una chica de 9 años que soñaba con convertirse en una flamante top model de Estados Unidos. Y lo cierto es que, entre los 9 y los 13 años, Madison era una chica preciosa. Y ella lo sabía.

Pero con el tiempo llegó el acné. Los padres de Madison le dijeron que no se preocupara porque, antes o después, acabaría pasando como el sarampión. Pero ella insistió en ir al dermatólogo. El tratamiento no le hizo efecto o, por lo menos, no el que deseaba Madison.

Y aparecieron los problemas de peso. Entre los 13 y los 14 años, Madison engordó 13 kilos. “Ya no era aquella niña mona y esbelta de piel perfecta. Pero entonces, ¿quién era? No lo sabía. Terminó con una depresión clínica. Y sus padres la trajeron a mi consulta”, recuerda Sax.

Sax comenzó a tratarla con medicación. Tras varios ajustes, Madison mejoró su carácter y también perdió peso. Pero Sax se dio cuenta de también le producía más ansiedad. Ella pedía más dosis. Y él se negó en redondo.

“Madison –concluye Sax– se valoraba a sí misma en función de su apariencia. Estaba dispuesta a tragar con lo que fuera, con tal de adelgazar y limpiar su piel. Pero si no lo conseguía, dejaba de saber quién era”.

Aquí Sax se pone poético y recurre a un verso de Rainer Maria Rilke: “Bucea en tu interior y descubre qué hondo es el lugar donde tu vida florece”. Para Sax, esta es una de las tareas fundamentales de los padres de hoy: enseñar a sus hijas a descubrir quiénes son. Algo que no depende del aspecto físico, de las canciones que guardas en tu iPod o del número de amigos que tienes en Facebook.

“Si tu hija aprende a desarrollar una identidad fundada en raíces profundas, terminará por convertirse en una mujer resistente y con autoestima. La edad no es el factor más importante. He conocido algunas chicas de 11 y 12 años que lograron alcanzar ese sentimiento de seguridad y lo mantuvieron durante toda su adolescencia y luego. Y también conozco a muchas mujeres adultas que nunca lo han conseguido”.

Piropos de doble filo

El cuarto factor son las “toxinas ambientales” que se encuentran en las cremas, las lociones, las comidas y las bebidas que toman las chicas. En este capítulo, Sax intenta demostrar hipótesis verdaderamente curiosas.

Defiende, por ejemplo, que las botellas fabricadas con tereftalato de polietileno pueden afectar –bajo determinadas circunstancias– el metabolismo de las chicas hasta el punto de hacerlas parecer mayores de lo que son.

Si bien en otros estudios se ha ocupado de las consecuencias fisiológicas que tienen este tipo de perturbaciones, aquí se fija sobre todo en las emocionales. “Cuando Olivia tenía 11 años, solía pasar por una adolescente de 15 o incluso de 17 años. En sus visitas a los centros comerciales, los chicos le silbaban o le lanzaban piropos”.

“Puede que su cuerpo tuviera la apariencia del de una chica de 15, pero ella tenía la madurez emocional de una niña de 11 porque eso es lo que era. Muchas de las chicas que aparentan tener 15 años no están preparadas para encajar la admiración que despiertan cuando van a un centro comercial o a la playa”.

Cada niña es un mundo

Llegados a este punto, uno podría verse tentado a encerrar a su hija en un cuarto vacío y sin ventanas. Así, ciertamente, estaría a salvo de influencias externas. Pero esa no es la solución que recomienda Sax. A su juicio, lo que mejor funciona es que los padres conozcan muy bien a sus hijas y les ayuden a cultivar la mente, el cuerpo y el espíritu de acuerdo con sus rasgos específicos.

“La paternidad es un arte, no una ciencia. Aunque podemos aprender de la experiencia de chicas alegres y equilibradas, las estrategias concretas que sirvieron para esas niñas pueden no encajar con tu hija”.

Afortunadamente, no todas las chicas de hoy están expuestas a todos los riesgos descritos por Sax. “Algunas resuelven sus problemas bastante bien. Están seguras de sí mismas, pero no son narcisistas. Son enérgicas, pero no se centran en sí mismas. Saben quiénes son, porque conocen sus puntos fuertes y sus debilidades. Y son felices siendo como son”. Pero entonces, ¿por qué hay otras chicas que lo pasan tan mal? “El éxito no es cuestión de azar. Los padres marcan la diferencia. Por desgracia, algunos padres no podrán hacer mucho por sus hijas –aunque tengan la mejor intención del mundo– hasta que no se hagan cargo de lo que les pasa”.

“También hay padres que intentan arreglar los problemas del siglo XXI con soluciones de los años ochenta. Y eso no funciona. La sociedad actual ha generado una serie de desafíos para las chicas que hace 30 años no existían”. ____________________________________________________________

NOTAS
(1) Leonard Sax, Boys Adrift: The Five Factors Driving the Growing Epidemic of Unmotivated Boys and Underachieving Young Men. Basic Books, Nueva York, 2007.

(2) Leonard Sax, Girls on the Edge: The Four Factors Driving the New Crisis for Girls –Sexual Identity, the Cyberbubble, Obsessions, Environmental Toxins. Basic Books, Nueva York, 2010.

(3) Ritch Savin-Williams y Geoffrey L. Ream, “Prevalence and stability of sexual orientation components during adolescence and young adulthood”, Archives of Sexual Behavior, vol. 36, 2007, pp. 385-394.

(4) Amanda Lenhart, “Teens, Cell Phones and Texting”, Pew Internet & American Life Project, 20 abril 2010.

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