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Harry Potter y el prisionero de Azkaban

Director: Alfonso Cuarón
2004
Guión: Steven Kloves
Intérpretes: Daniel Radcliffe, Rupert Grint, Emma Watson, Gary Oldman, Alan Rickman.
Duración: 142 min.
Apto para jóvenes

Tercera entrega de las aventuras del niño mago, que adapta la que pasa por ser la mejor novela de la saga . De la prisión de Azkaban se ha escapado Sirius Black y los temibles dementores comealmas rodean Hogwarts para impedir su entrada.

El mexicano de 42 años Alfonso Cuarón (Y tu mamá también, Grandes esperanzas), sustituto de Chris Columbus, pilota una película que repite guionista, con más exteriores y un tono un poco más oscuro que puede asustar a los más pequeños, y una historia que puede hacerse larga y enmarañada para los adultos.

Cuarón ha confiado el montaje a Weisberg (Mensaje en una botella, Men in Black 2, Persiguiendo a Betty), y no parece que hayan logrado mejorar el ritmo de las entregas dirigidas por Columbus, más bien lo contrario. Cambia también el director de fotografía, ahora el neozelandés Seresin, asiduo colaborador de Alan Parker (desde Bugsy Malone [1976] hasta La vida de David Gale [2003] pasando por expresos a medianoche, corazones y cenizas angélicos, famas, lunas y birdies), que quizás ha querido imprimir un aire más ominoso, que no me parece muy acertado.

Sí se han mantenido los responsables de la música y el diseño de producción, dos señaladísimos pesos pesados de la industria, John Williams y Stuart Craig. Para Craig la atmósfera British no tiene secretos, cosa lógica después de haber ambientado Tierras de penumbra, El hombre elefante, Ghandi, Memphis Belle, Greystoke, El paciente inglés, El jardín secreto, Notting Hill, entre otras.

Una divertida y caótica Emma Thompson se incorpora al claustro de Hogwarts, mientras los niños actores, muy creciditos, siguen sufriendo un doblaje que no les ayuda demasiado, aunque algo ha mejorado.

Varias secuencias divertidas y una trama bastante confusa y truculenta harán las delicias de los lectores de Rowling, que se reencontrarán con el hockey aéreo, el sauce boxeador, las escaleras de geometría variable, las idas y venidas por los alrededores del colegio y el malvado Draco Malfoy, con su permanente carita de asco. Cuarón se centra más en el trío preadolescente (Harry, Hermione, Ron) y presta poca atención al resto, cosa que gustará a unos y a otros no. Los excelentes efectos visuales brillan en la escena del hipogrifo y en la divertida secuencia inicial en la casa de los detestables tíos de Harry. Una vez más brilla el talento de Rowling para describir escenas fantasiosas, que, como es lógico, tienen mucha más fuerza y encanto en los libros, siempre más pródigos en su estimulo de la imaginación. Alberto Fijo.

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