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Responsabilidad social, justicia y solidaridad
Tomado del libro: " El valor de la Fe", del P. Javier Abad Gómez

Este tema se integra entre las que hemos denominado Ideas-Madre en la educación en la fe puesto que constituye una dimensión particular del apostolado cristiano, que es la solidaridad humana. Los principios fundamentales en los que se apoya la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) y, en concreto, la solidaridad proyectan una luz sobre los criterios que guían la conducta humana en su actuación concreta.

Es razonable que quienes se forman dentro del espíritu del Evangelio, tengan en cuenta algunos principios que deben regir siempre sus relaciones interpersonales.

Citemos, por ejemplo:

1. La dignidad de la persona humana: Es el más importante de todos, el fundamento último en el que todo lo demás se apoya. Es, ante todo, una defensa de la dignidad de la persona humana, que muchas veces corre peligro de ser mal tratada en la convivencia social.

2. El bien común: Conjunto de condiciones sociales que hace posible a cada persona y a los grupos sociales intermedios conseguir la perfección que les es propia. Para entenderlo bien, hace falta saber qué es la persona, en toda su dimensión. Es deber de todos cooperar con el bien común.

3. La solidaridad: No se trata de un mero sentimiento, por la triste condición de muchas personas, cercanas o lejanas. “Es la determinación firme y permanente de empeñarse por el bien común, es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”308. Somos interdependientes. Toda conducta humana, tiene repercusiones, no sólo cerca, sino también más allá. Toda tarea humana, así se realice en beneficio propio, para un cristiano, debe pensarse también en función de los demás, del bien común. La solidaridad es la negación del egoísmo personal y colectivo.

4. La participación: hace parte del principio de subsidiariedad. El ser humano, inteligente y libre, no sólo debe, sino que quiere ser protagonista en la consecución del bien común: no se le puede negar este derecho. Deben respetarse los ámbitos concretos de iniciativa de cada uno.

5. Otros principios, permanentemente válidos, quizás no fundamentales pero que brotan de aquellos, que de una manera más cercana permiten juzgar las situaciones y formular orientaciones de la conducta práctica. Son como intermedios entre los Principios Fundamentales y la praxis concreta. Mencionemos algunos.

a. El destino universal de los bienes: Es fuente de múltiples deberes morales de los individuos y del Estado.

b.El derecho a la propiedad privada: Consecuencia del anterior, no su negación:“Sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social” (Juan Pablo II), no como añadido, sino algo que le es intrínseco.

c. Prioridad del trabajo sobre el capital: el trabajo es un bien propio d hombre. Trabajo y persona se entrelazan.

d. Derecho al salario justo: todo trabajador tiene derecho (en justicia) percibir por su trabajo un salario suficiente para suplir sus necesidades personales y familiares.

La virtud de la solidaridad

En la formación religiosa de los alumnos conviene destacar por su importancia, la virtud social de la solidaridad. Es virtud humana que hunde sus raíces en la comunión de origen del género humano, por la que forma una unidad, de donde surge la ley de solidaridad y de caridad que, sin excluir la rica variedad de persona, culturas y pueblos, nos asegura que todos los hombres somos hermanos. En cuanto cristianos rige, además, la Comunión de los santos: solidaridad sobrenatural nacida del amor en la cual ninguno vive para sí mismo, ninguno muere para sí mismo309.

La solidaridad, es una virtud relacionada con la amistad y con la caridad social: exigencia directa de la fraternidad humana y cristiana. Es comunicación de bienes espirituales, aún más que de bienes materiales.

Algunas manifestaciones de solidaridad

  • Justa distribución de bienes.
  • Justa remuneración del trabajo.
  • Lucha por un orden social más justo.
  • Esfuerzo por encontrar siempre salida a los conflictos.
  • Búsqueda permanente de unas relaciones humanas más dignas y justas.
  • Superación de la indiferencia social.

Diversidad de formas de solidaridad: entre ricos y pobres, pobres o ricos entre sí, miembros de una misma familia, varias familias en formas asociativas, empleados y empleadores, empleados entre sí. Solidaridad regional, nacional o internacional...

Importancia de la solidaridad para la paz del mundo

  • Que ninguna nación impida, por egoísmo colectivo, el desarrollo de países menos avanzados.
  • Eliminación de sistemas financieros abusivos, usurarios,
  • Sustitución de la carrera armamentista por ayudas humanitarias encaminadas a la solución de problemas vitales de la humanidad.
  • Lucha contra los flagelos humanos: el hambre, las injusticias, las discriminaciones, los derechos de las minorías, la libertad en general y la libertad de las conciencias, la drogadicción, el SIDA, los problemas de carácter ético.

Educación para la solidaridad

  • El hogar, medio natural para la iniciación en la solidaridad y responsabilidades comunitarias.
  • En toda comunidad: familia, colegio, barrio, conjunto, ciudad, nación..., el bien común es responsabilidad de todos. Ecología. Medio ambiente.
  • Conciencia clara de que los bienes de la creación están destinados a todo el género humano.
  • El derecho natural a la propiedad privada es un derecho de todos los hombres, no de unos pocos privilegiados.
  • Sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social.

Sentido sobrenatural de la solidaridad

  • La virtud de la solidaridad sigue la regla de oro y la generosidad del Señor que siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con pobreza311.
  • Danos hoy nuestro pan de cada día: solidaridad con las necesidades y sufrimientos de los demás. Que nadie sufra la crueldad de la indiferencia. Vencer el egoísmo con la generosidad. Negarse a la explotación de los bienes en favor de unos pocos; y, sobre todo, negarse a la explotación de un ser humano por otro.
  • Pensar en el drama del hambre en el mundo. Necesidad de orar y trabajar —de acuerdo con las capacidades y alcance de cada uno— para que cada ser humano tenga satisfechas sus necesidades mínimas. No podemos vivir de espaldas a los demás, preocupados sólo de nosotros mismos.
  • Parábola del pobre Lázaro (Luc. 16, 19-31).
  • Parábola del juicio final (Mat. 25, 3 1-46).
  • Líbranos del mal: todos juntos (Comunión de los santos).

Justicia y caridad

La justicia es la virtud moral que consiste en la constante y firme voluntad de dar a Dios y al prójimo lo que les es debido. La justicia con Dios es tarea de la virtud de la religión. La justicia con los hombres impone el respeto por los derechos de cada uno y el establecimiento de la armonía en las relaciones humanas, la equidad, en aras de lograr el bien común. Con frecuencia está orientada al cumplimiento de las obligaciones con los subordinados.

Como en Colosenses, 4,1: “Amos, dad a vuestros siervos lo que es justo y equitativo, teniendo presente que también vosotros tenéis un amo en el cielo”. O con los pobres: “No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que poseemos no son bienes nuestros, sino los suyos” (San Juan Crisóstomo).

Justicia social es la que facilita las condiciones que permiten a las asociaciones y a cada un conseguir lo que les es debido según su naturaleza y su vocación. Está ligada a la consecución del bien común. Sólo puede ser conseguida sobre la base del respeto, defensa y promoción de la dignidad trascendente de la persona humana. Lo cual implica el respeto de los derechos que se derivan de su dignidad de criatura de Dios: la vida, la libertad, la conciencia, el trabajo, la educación, la alimentación, el techo, el pertenecer a una familia, el descanso, la intimidad312.

El primer mandamiento social es el amor, único que nos hace capaces de vivir cabalmente la justicia. Uno y otra están muy relacionados y deben sostenerse mutuamente. Sin justicia no hay amor verdadero: sería mentira. Sin amor, no puede darse una justicia de dimensión cristiana: terminaría en crueldad. La justicia sola no da felicidad, ni solución a los problemas de la convivencia. Cuando en un hogar, en el colegio o en la empresa se tienen que reclamar los derechos, es porque el amor está ausente, la felicidad se está perdiendo y la infidelidad está a la puerta.

Distinciones entre justicia y caridad

LA JUSTICIA LA CARIDAD

Es camino
Quita barreras
Doy a otro lo que le pertenece
Se limita a cumplir
Su objeto es una persona
Busca algo que tiene el otro
Sujeto y objeto se distinguen
Mira “lo que es tuyo”
Da algo
Da lo que recibe
Siempre tiene medida

Acentúa la distinción
El otro es “un otro”
Busca no hacer daño

Para recorrerlo se necesita amor
Acerca a las personas
Doy lo que me pertenece
Se excede generosamente
Su objeto es un derecho a algo
Busca al otro en cuanto es
Tienden a identificarse
Te mira a “ti”, al “tú
Quiere a alguien
Da gratuitamente
La medida del amor es el amar sin medida” (S. Agustín)
Uno tiende a la unidad frente a otro
El otro es “otro yo”
Busca hacer el bien

Armonía entre justicia y caridad

Si se distinguen, es para poder unirlas mejor. Si la caridad exige querer el bien para otro, el primer bien, el primer deber que impone es la justicia. Si se pretende dar amor, hay que empezar por darle aquello a lo que tiene derecho, lo que en justicia se le debe. Las obligaciones de caridad y de justicia no son paralelas ni divergentes: son convergentes, no están jerarquizadas. Una y otra se reclaman mutuamente.

Para el cristiano no hay obligación de justicia, que no sea igualmente deber de caridad. Si no se vive la justicia, no se puede decir que hay amor. Sin justicia la caridad resulta un agravio, una burla. No se puede ofrecer por caridad lo que debe se por justicia: sería insultante. Por todo lo anterior, es preciso satisfacer ante todo las exigencias de la justicia, de modo que no se ofrezca como ayuda de caridad, lo que ya se debe a título de justicia313.

La libertad del corazón ante los bienes temporales

Existe un destino universal y un derecho natural a poseer los bienes necesarios para la vida, considerada en su totalidad. Pero también un mandato divino de no dejarse deslumbrar por esos bienes. Se hace necesario ejercitar -de corazón- virtudes como la templanza, el desprendimiento, la sobriedad, así como un respeto delicado y dócil a la integridad de la creación: la ecología humana, animal, ambiental.

La Doctrina Social de la Iglesia es expresión cabal del séptimo mandamiento de la Ley de Dios. El amor a lo pobres se inspira en el Evangelio de las Bienaventuranzas; en la pobreza de Jesús; en las señales de su mesianidad. Por ese amor reconoce Jesús a sus seguidores: “Tuve hambre y me disteis de comer, sed y me disteis de beber, estaba desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis”.

Cuando damos a los pobres las cosas indispensables, no les hacemos liberalidades personales, sino que les devolvemos lo que es suyo. Más que realizar un acto de caridad, lo que hacemos es cumplir un deber de justicia319.

Las obras de misericordia. Son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades espirituales y temporales320. Instruir, aconsejar, consolar, confortar, son obras de misericordia espirituales, como también lo son perdonar y sufrir con paciencia. Las obras de misericordia corporales que menciona el Señor en la parábola del juicio final321, son igualmente importantes. Entre ellas, la limosna hecha a los pobres, es uno de los testimonios principales de la caridad fraterna; también una practica de justicia que agrada a Dios322.

Bajo sus múltiples formas indigencia material, opresión injusta, enfermedades físicas o psíquicas y, por último, la muerte la miseria humana es el signo manifiesto de la debilidad congénita en que se encuentra el hombre tras el primer pecado y de la necesidad que tiene de salvación. Por ello, la miseria humana atrae la compasión de Cristo Salvador, que la ha querido cargar sobre sí e identificarse con los ‘más pequeños de sus hermanos’. También por ello, los oprimidos por la miseria son objeto de un amor de preferencia por parte de la Iglesia que, desde sus orígenes, y a pesar de los fallos de muchos de sus miembros, no ha cesado de trabajar para aliviarlos, defenderlos y liberarlos. Lo ha hecho mediante innumerables obras de beneficencia, que siempre y en todo lugar continúan siendo indispensables 323.

Notas

307 Cfr. Javier Abad Gómez, El trabajo y la dignidad de la persona humana, Ediciones Liceo Tacurí, Cali, 1994 n. 2.

308 Juan Pablo II, Enc. Solicitudo rei socialis.

309 Romanos 14, 7.

310 Cfr. C.E.C., nn. 2439-2440.

31l I Corintios 8, 9

312 Cfr. C.E C., nn. 1931-1933.

313 C.E.C., n. 2446.

314 Marcos 7 15

315 Marcos 7, 2 1-23.

316 Juan Pablo II, Libertatis nuntius, IV, n.14.

317 Juan Pablo II, Libertatis nuntius, n. 37.

318 Juan Pablo II, Ex. Ap. Reconciliatio etpaenztentia, 16.

319 San Gregorio Magno. Cfr. C.E.C., n. 2446.

320 Cfr. Isaías 58, 6-7; Hebreos 13, 3.

321 Mateo 25, 31-46.

322 Cfr. Mateo 6, 2-4; Lucas 3,11; 11, 4; Santiago 2,15-16; 1 Juan 3,17.

323 Cfr. C.E.C., n. 2448.

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