Luz Ivonne Ream / misionerosdigitales.com - 08.04.2019

 

Foto: Freepik 

 

Ver crecer a los hijos produce un sabor agridulce en el corazón. ¡Y eso pasa en un abrir y cerrar de ojos! Por eso compartimos este escrito de Luz Ivonne Ream, el cual puede conectarse con el sentir de muchas madres que nos leen. 

 

***

¡Cómo me está costando dejar ir la niñez de mis hijos! ¡Cuánta añoranza hay en mi alma!

 

Recuerdo como si fuera ayer este cuadro de mis hijos llegada la hora de ir a la cama: “Mamá, ¿Me duermes? ¿Te puedes quedar un rato conmigo hasta que me quede dormido?” 

 

Esta era la pregunta que por años me hicieron. 

 

Y a lo lejos siempre se escuchaba la voz del papá: “Cual me duermes. Ya están muy grandecitos para dormirse solos”.

 

Invariablemente esta fue mi respuesta: “Déjame aprovechar estos momentos en que aún me invitan a estar con ellos. Ya llegará el día en que ellos mismos me echen de su habitación”.

 

Dicho y hecho. Por años mi esposo y yo nos turnábamos por las noches para estar con cada uno, hasta que un día dejaron de “necesitarnos”. Así, sin saber ni cómo ni cuándo, crecieron… ¡Pero, en qué momento! 

 

Hay que aprender a mirar atrás con agradecimiento y no con tristeza

 

Claro, uno educa a los hijos para dejarlos listos para la vida. Para que justo suceda eso, que llegue el día en que nos digan: “Mamá, papá, te amo, pero ya no te necesito porque me dejaste listo para vivir sin ti, para volar. Ya soy grande”.

 

Crecieron y nos dimos cuenta que el amor y el tiempo que les regalamos de forma incondicional fueron de los principales ingredientes para que ellos mismos desarrollaran esas alas fuertes con las que ahora vuelan en busca de cumplir con su misión de vida, pero también fueron las raíces firmes para vivir sus vidas arraigados en lo que verdaderamente tiene valor: la familia. Todo eso es los que les mostrará el camino de regreso. Antes, nosotros -los padres- éramos todo su mundo. Ahora, ellos crearon su propio mundo y es su derecho vivir en él. 

 

Por lo mismo hablo de esa sensación agridulce en el alma. Sale la sonrisa del rostro por la gratitud a Dios al ver en quienes se están convirtiendo, hombre y mujeres de bien que aspiran siempre al bien mayor, pero no se puede negar que también se siente algo -o mucha- nostalgia, añoranza, tristeza. Sí que se extraña su niñez. 

 

Aunque no vale la pena quedarse estacionado en la esquina de “melancolía” con “ya quiero llorar porque extraño a esos niños”. Sí, hay que recordar, pero para agradecer, para alegrarse, para deleitarse y reírse remembrando tantas y tantas travesuras y eventos que en ese momento se les dio demasiada importancia, como el tiradero de juguetes, el caos de la casa que parecía interminable. Las noches de desvelo, los hijos corriendo a tu cama porque tienen miedo.  O las vocecitas gritando cada 5 minutos: “Mamá, mamá, mamá…” Y la mamá histérica: “¡Ya no me digas mamá; ya no me llamó así!” 

 

¿Desearía que mis hijos volvieran a ser pequeños? Pero claro, mentiría si lo niego. Quizá para arreglar lo desarreglado, para hacer las cosas mejor… Cuánto tiempo perdido en cosas absurdas, tantos regaños sin sentido…  También, hay tantos, tantísimos recuerdos tan maravillosos en que hubiéramos querido que el tiempo se detuviera, que los congelara. 

 

Los peques ya no son peques, nos crecieron en un abrir y cerrar de ojos. Al final del día, para los papás, los hijos nunca dejarán de tener el corazón de niño. Siempre serán nuestros niños. 

 

*Luz Ivonne Ream, Coach certificado (Ontológico/Matrimonio/Divorcio) y Orientadora Familiar y Matrimonial. Texto publicado en misionerosdigitales.com

 

Por LaFamilia.info - 01.03.2019

 

Foto: peoplecreations

 

Dentro de todo lo maravilloso que implica educar un hijo, también surgen momentos difíciles que nos retan a nosotros los adultos y ponen a prueba nuestra formación como padres. Por eso, de un momento de descontrol emocional y falta de paciencia, pueden salir palabras y actos desafortunados que afectan tanto a los hijos como a los padres. 

 

“Al corregir hay que dominar la ira, o por lo menos dominarla. Mantener sereno el espíritu, evitar la dureza o el desprecio en la mirada, y las palabras hirientes”, señala el autor Javier Abad Gómez en uno de sus escritos. Y es que el cansancio, el estrés, los problemas, el desconocimiento de la labor educativa, las limitaciones del carácter; son algunos de los factores que nos hacen vulnerables a los padres.

 

Por eso es importante cultivar la paciencia, la cual provee el autodominio cuando no se puede controlar una situación determinada. Así que por el bien de los hijos y de los padres, se debe evitar perder la paciencia, las siguientes tácticas nos ayudan en este propósito:

 

1. Sé paciente contigo mismo 

 

Para ser paciente con los demás, primero hay que ser paciente uno mismo. Esto implica aprender a auto-regularse, es decir, a respirar profundo y actuar de manera calmada y respetuosa.

 

2. Firmeza pero no violencia

 

Una autoridad asertiva es aquella que siempre parte del respeto; sin gritos, palmadas ni malas palabras. La firmeza es la facultad que tenemos los padres para lograr una respuesta adecuada por parte de los hijos. Un tono serio al emitir una orden y sostenerse en la decisión tomada, son algunos ejemplos.

 

3. Señala el comportamiento, no la persona

 

Es diferente decir: “eres muy desordenado” a decir “tu habitación está desordenada”. Cuando continuamente se le señalan las faltas a los hijos de forma negativa, ellos terminan aceptando ese comportamiento como parte de su personalidad sin la necesidad de cambiar ese mal hábito.

 

4. Los hijos saben cuando sus padres han perdido los estribos

 

Saben que pueden desestabilizarlos y así logran su objetivo. “Cuanto más lenta y plácidamente nos expliquemos, mayor atención captaremos”. Sugieren Pedro García Aguado y Francisco Castaño, escritores del libro «Aprender a Educar» en entrevista con ABC Familia. Los autores también aconsejan no perseguir nunca al niño por la casa gritándole, sino situarnos delante de él y explicarle lo que esperamos de él.

 

5. Tratar de reducir la tensión 

 

Un momento acalorado puede finalizar muy mal si no se ejerce el autocontrol que se necesita en ese instante. Por eso existen técnicas que ayudan a bajar la tensión como por ejemplo frenar la conversación, contar hasta diez y respirar profundo, tomar asiento y bajarse a la estatura del niño para lograr un contacto visual. En el caso de los hijos adolescentes, es importante analizar la situación, bajar el tono de voz y “saber escuchar” su estado de ánimo. Los chicos a esta edad, les cuesta expresar adecuadamente sus emociones, de ahí que los padres debamos ser más maduros que ellos, no “igualarnos” a su comportamiento y así lograr captar sus emociones.

 

6. Identifica un acto caprichoso de uno real

 

A algunos padres les cuesta apartarse al ritmo de aprendizaje, especialmente en la infancia. Por ejemplo, es normal que un niño de dos años se tarde para comer o para ir al baño. Sin embargo, también hay momentos que no quieren comer y se vuelven juguetones. Así que identificar cuándo es real y cuándo es capricho, es fundamental para saber cómo actuar.

 

7. Cambia por ellos y para ellos

 

El amor paternal es tan poderoso que puede ser el impulsor de un cambio importante en la personalidad, haciendo que las limitaciones se conviertan en fortalezas. Si este es tu caso, no dudes en comenzar cuanto antes a trabajar en este buen propósito, ¡verás maravillosos resultados en tu vida y en la de tu familia!

 

¿Qué tal te parecen estas claves? ¿Te animas a aplicarlas? Déjanos tus comentarios. 

 

 

 

Aprendemosjuntos.elpais.com - 14.03.2019

 

 

Rafael Guerrero es Licenciado en Psicología Clínica y de la Salud por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Educación, ha dedicado gran parte de su carrera profesional a la investigación, el ejercicio clínico y la docencia en la Facultad de Educación en la Universidad Complutense de Madrid y del Centro Universitario Cardenal Cisneros, además es autor de varios libros. Guerrero es experto en inteligencia emocional y en este video nos da unas claves prácticas para implantar en casa y en el aula. “Existen varias herramientas que podemos dar al niño para que sepa identificar, nombrar y expresar sus emociones. Debemos legitimarlas: si nuestro hijo nos habla de algo que le preocupa no podemos racionalizar, sino escuchar y atender hasta que encuentre el equilibrio emocional”, afirma el psicólogo. 

 

Los dejamos con este video de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País.

 

 

Ver también: 

VIDEO: "Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo”. Tim Elmore

VIDEO: "Sed los entrenadores emocionales de vuestros hijos". Elsa Punset

VIDEO: “La atención es el nuevo cociente intelectual”. Gregorio Luri

VIDEO: “Sobreproteger a los niños es desprotegerlos”. Eva Millet

 

 

Aprendemosjuntos.elpais.com - 22.03.2019

 

 

María Jesús Álava Reyes es Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Psicología Pedagógica. Ha dedicado más de 30 años a la investigación de la psicología en el ámbito clínico, educativo y del trabajo. Es profesora de la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y miembro del Consejo Asesor de la Fundación Española para la Promoción y el Desarrollo Científico y Profesional de la Psicología. Además, es autora de varios libros. 

 

En este video, la experta habla sobre la importancia de la frustración en la educación de los hijos y señala la necesidad del autoconocimiento para el manejo adecuado de las emociones: “Si nos conociéramos más, sabríamos relacionarnos mejor; sabríamos ser felices, que es el objetivo final que todos buscaríamos, y seríamos menos manipulables, que es, en definitiva, el gran objetivo de la educación. Hagamos niños, adolescentes, jóvenes, adultos que sean auténticos, que sean ellos, que no sean manipulables”, propone la psicóloga.

 

Los dejamos con este video de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País.

 

 

Ver también: 

VIDEO: "Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo”. Tim Elmore

VIDEO: "Sed los entrenadores emocionales de vuestros hijos". Elsa Punset

VIDEO: “La atención es el nuevo cociente intelectual”. Gregorio Luri
VIDEO: “Sobreproteger a los niños es desprotegerlos”. Eva Millet
VIDEO: "Siete pasos para ayudar a tu hijo a entender sus emociones". Rafael Guerrero

 

Por LaFamilia.info - 11.03.2019

 

Foto: Freepik 

 

Los buenos modales o normas de cortesía no son simples “formalismos”, son mucho más que eso: demuestran respeto, interés por el otro, cultura, dignidad, conciencia, madurez... y somos los padres quienes debemos fomentarlos en nuestros hijos. 

 

Pero antes de entrar en materia, hablemos de algo fundamental: ¡el ejemplo! En LaFamilia.info insistimos en este aspecto, pues la coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos es clave en el proceso educativo. Pues de qué vale reclamarles a los hijos que no hablen mientras coman, escuchen a quien les habla, saluden, apaguen el celular en la misa; si los padres salen en el auto y no dan paso al peatón, o al subir al ascensor no dan una sonrisa amable a los demás... Hay que tener presente que los hijos están en permanente observación de sus principales modelos: los padres. Ahora sí vamos con los tips, toma nota: 

 

1. Enseñarles a ser puntuales 

 

La puntualidad es cultura y por consiguiente ser impuntuales crea malestar, además del abuso del tiempo del otro. Hay que sembrar en los hijos este buen hábito desde que son pequeños; claro está que en las primeras edades, la tarea será exclusiva de los padres, ya que los niños no tienen la autonomía necesaria y serán los adultos quienes deban llevarlos a tiempo al colegio, clases extra escolares, citas médicas, cumpleaños de amigos, etc.

 

2. Enseñarles a saludar

 

El saludo debe convertirse en un hábito de vida y debe aplicarse a todas las personas con la que nos topamos a diario. 

 

3. Enseñarles a comportarse en la mesa

 

Las comidas diarias de toda familia son la mejor oportunidad para educar a los hijos en la buena conducta en la mesa. Asimismo, se le debe hacer igual énfasis a las cenas en restaurantes o casas ajenas, como en las del propio hogar.

 

4. Nada de malas palabras

 

Es posible que a los niños les cause cierta gracia decir "malas palabras" y groserías, pero si les explicamos que es un comportamiento inapropiado y les insistimos en evitarlas, poco a poco ellos mismos se irán haciendo conscientes y las dejarán a un lado. 

 

5. Enseñarles a mirar a los ojos cuando alguien les habla

 

Este acto denota que se le está prestando toda la atención al otro, también es un indicio de autoconfianza y autoestima.

 

6. Enseñarles las “palabras mágicas”

 

“Por favor”, “gracias” y “perdón”: ¡estas palabras tienen poderes! Así debemos transmitírselo a los hijos, estas palabras nos hacen la vida más amable y más feliz. 

 

 

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