ReL/Mercatornet.com - 25.06.2018

 

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La idea que “madre hay una sola, padre es cualquiera” difundida por algunos medios y organizaciones, cada vez pierde más valor, pues son numerosos los estudios que comprueban que la ausencia de la figura paterna, causa inestabilidad en los hijos y en la sociedad.

 

Por ello, Bradford Wilcox, director del National Marriage Project, de la Universidad de Virginia, pone los puntos sobre las íes en un artículo en Mercatornet. Con datos científicos y varios estudios, Bradford refuta así, cinco de los mitos más extendidos contra la figura paterna:

 

Mito 1: "Muchos padres se quedan en casa ya a tiempo completo" 

 

No: los padres que se quedan como responsables del hogar a tiempo completo son pocos. Los padres aún son los que mayoritariamente se encargan de llevar el sustento al hogar, como demuestra un estudio del Pew Research Center, que refleja que en Estados Unidos son los padres varones los que ganan dos tercios de los ingresos familiares.

 

Bradford apunta que la prensa aprovecha el día del padre para presentar como un fenómeno habitual historias de padres que se quedan en casa mientras las madres trabajan a tiempo completo. Sin embargo, las familias en las que ocurre esto son tan solo el 5%, según la Oficina del Censo Estadounidense. En 2017, este órgano oficial mostró que 267.000 de los 21 millones de padres casados y con hijos menores de 15 años se quedaron en casa. De estas 21 millones de familias, el 23% (4,96 millones) tenían una madre que se quedó en casa cuidando de los hijos.

 

Mito 2: "Casi todas las madres quieren repartir las tareas del hogar al 50% con los padres"

 

Otro mito que Bradford denuncia es el de aquellas mujeres que buscan un marido que divida su tiempo en un 50-50 entre el trabajo y la vida familiar. Es cierto que la mayoría de mujeres casadas y con hijos quieren que el padre haga su parte, pero no piensan que esta división tenga que hacerse en dos mitades iguales.

 

El Pew Research Center expone que tan solo el 23% de las mujeres casadas y con hijos menores de 18 querían trabajar a tiempo completo, contra un 53% que prefería tener un trabajo a tiempo parcial y otro 23% que optaba por quedarse en casa.

 

Mito 3: "Los padres que cohabitan educan igual que los padres casados"

 

Varios expertos han demostrado que un 40% de niños de esta generación pasarán tiempo en una casa donde los padres solamente cohabitan, ya sea por no estar casados, o porque están separados.

 

Aunque la cohabitación y el matrimonio se pretenden mostrar como iguales a la hora de educar a los hijos, los estudios demuestran lo contrario. Sandra Hofferth, de la Universidad de Maryland y Kermyt Anderson, de la Universidad de Oklahoma, mostraron en un estudio publicado años atrás que los padres casados son significativamente más cariñosos y participativos con sus hijos que los padres que solo cohabitan. “El matrimonio per se confiere ventajas en términos de implicación que están más allá de las características de los padres que cohabitan”, concluían en el estudio.

 

El Mapa Mundial de la Familia de 2017 comprobó que los niños nacidos de parejas no casadas son dos veces más propensos a vivir una ruptura familiar antes de los 12 añosque aquellos nacidos en un matrimonio.

 

Otro estudio realizado por Wendy Manning, de la Universidad de Bowling Green State, y Pamela Smock, de la Universidad de Michigan, demostró que el 50% de los niños nacidos de padres no casados verían romperse la familia antes de cumplir los 5 años. En cambio, tan solo el 15% de los niños nacidos de un matrimonio sufren esta experiencia.

 

Según los sociólogos Frank Frustenberg y Andrew Cherlin, esto ocurre porque para los papás el matrimonio y la paternidad son un “pack”, una misma cosa.

 

Mito 4. "A los niños no les importan las rupturas y lo llevan bien"

 

El mito del “buen divorcio” suele aparecer cada cierto tiempo en la prensa, según escribe Bradford, y se utiliza muy a menudo para justificar malos hábitos o adulterios. Así lo hizo Sandra Tsing Loh, periodista de The Atlantic, que justificó el divorcio con su marido (con el que llevaba casada 20 años), entre otras razones porque no podía sustituir “la imagen romántica de mi compañero (adúltero) transgresor con la de mi marido, más formal”. Loh explicaba también que sus hijos parecían estar “relativamente contentos” y “poco afectados” por el divorcio.

 

Sin embargo, los estudios muestran una tendencia muy distinta en los niños. Según una investigación realizada por Sara McLanahan, de la Universidad de Princeton, las niñas de padres divorciados son el doble de propensas a dejar la universidad, quedar embarazadas siendo adolescentes, y a sufrir de depresión o tener pensamientos suicidas. También son más propensas a divorciarse en el futuro.

 

Un divorcio más tardío, cuando los hijos son mayores, también tiene consecuencias. Según el Institute for Family Studies, los divorcios generan en los hijos que ya son jóvenes adultos un sufrimiento oculto que puede afectar de por vida.

 

Mito 5. "El padre varón no es imprescindible para educar"

 

El último mito es que la figura del padre no tiene un papel central en la educación de los hijos. Según Bradford, este error está muy favorecido por los brillantes perfiles de madres solteras perfectas que se presentan en la prensa.

 

Con todo, trabajos como el del psicólogo Ross Parke indican que los papás son más tendentes a realizar juegos físicos con los hijos y a animarlos a sobrevenir las dificultades de la vida. El estudio demuestra también que los papás son más firmes a la hora de imponer disciplina.

 

Los hijos se benefician físicamente, mentalmente y emocionalmente de la forma de educar de los papás. El sociólogo David Eggebeen ha mostrado que los adolescentes que han tenido un padre implicado tienen menos posibilidades de sufrir depresión o caer en la delincuencia; además, desarrollan una relación con sus madres de mucha mejor calidad. “Lo que muestran estos análisis es que tanto las madres como los padres hacen contribuciones vitales para el bienestar del hijo adolescente”, concluye en su estudio.

 

Para terminar de recalcar la importancia de la figura paterna, Bradford cita un artículo de Charlotter Hilton publicado en Redbook, que señala como un padre implicado y afectivo es crucial en la educación de las hijas, y evita que acaben cayendo en desórdenes alimenticios o relaciones sexuales tempranas.

 

 

Por LaFamilia.info - 25.06.2018

 

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Las bondades de incentivar la autonomía en nuestros hijos son muchísimas; de esta manera estamos sembrando en ellos independencia, responsabilidad, orden, seguridad, autoestima, recursividad, tolerancia a la frustración, entre otras. 

 

Lo cierto es que para educar en la autonomía hay que dejar de lado la sobreprotección. Proteger más de la cuenta a los hijos puede crear en ellos vacíos en el plano sicológico como inmadurez, inseguridad, dependencia, debilidad, nerviosismo, timidez, poca tolerancia al fracaso, escasa capacidad de adaptación. Asimismo, se pueden entorpecer los procesos físicos que marcan cada edad.

 

La psicóloga y profesora de educación infantil, Virginia González, explica cómo una actitud sobreprotectora puede influir de forma negativa en los hijos: “Si en lugar de apoyar al niño, sugerirle y guiarle para que aprenda por sí mismo, le imponemos, vigilamos y le damos todo solucionado, lejos de ayudarle a crecer, el niño tendrá un escaso desarrollo de sus habilidades (vestirse, comer...) y adoptará una postura de pasividad y comodidad, ya que interiorizará que sus padres, de los que tendrá una gran dependencia, siempre están dispuestos a ayudarlo”. 

 

De la misma manera, la autoestima y la seguridad en sí mismo se pueden ver afectadas, incluso el niño se podrá sentir incapaz de resolver sus problemas, “le costará mucho tolerar frustraciones, posponer las gratificaciones y no sabrá valorar lo que tiene” añade la experta en conmishijos.com

 

De ahí la importancia de enseñar a los hijos a resolver las dificultades en la medida de sus capacidades, obviamente el grado de dificultad deberá ir aumentando conforme a la edad, pero desde muy pequeños se debe sembrar en ellos la semilla de la independencia y la recursividad. 

 

¿Cómo fomentar la autonomía? Mira estas 8 estrategias

 

Cuando los padres acostumbran a los hijos a hacerles todo, los niños se acostumbran a no hacer nada. Es necesario otorgarles a los niños responsabilidades de a poco y dejarlos que vayan desarrollando su autonomía. Sólo con la práctica, van a poder desarrollar habilidades y adquirir hábitos. En LaFamilia.info te damos las siguientes pautas.

 

1. Exigirles de acuerdo a la edad.

 

2. Darles pequeños encargos a medida que van creciendo. Puedes tomar varias ideas de este artículo > Tareas hogareñas que pueden hacer tus hijos según su edad

 

3. Permitirles “ser” ellos, partiendo de la seguridad y el amor.

 

4. Darles las herramientas para superar los obstáculos, no resolver las cosas por ellos.

 

5. Proyectarles seguridad, entusiasmo, autoestima; recuerda que los hijos siempre observan a sus padres.

 

6. Estimularlos para que investiguen y socialicen. Hablarles claro para que se relacionen con los demás seguros de sí mismos.

 

7. Permitirles que exploren su entorno con nuestra supervisión. Lo ideal es que los padres los acompañen en esa exploración para que puedan aprender con seguridad y se creen lazos más fuertes.

 

8. Dejarles que tomen cierto tipo de decisiones, les ayuda a formar su criterio.

 

 

Colaboración Sontushijos.org - 05.06.2018

 

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Háblame bien de papá, háblame bien de mamá. Si pensamos bien, ese es el mayor regalo y legado que le podemos hacer a nuestros hijos, ya que nuestros padres son nuestras raíces en donde nos vamos edificando. Necesitamos crecer con raíces sólidas para podernos sostener. Nuestras raíces son las que nos van a dar esa seguridad en la vida; y en el desarrollo evolutivo de nuestros hijos los padres o las figuras parentales o aquellos cuidadores de niños y adolescentes son los que tienen la encomienda mayor, pues verdaderamente son sus custodios y los que con su ayuda le procuraran también esas alas para volar.

 

Por eso es de vital importancia hablar bien de papá y de mamá, utilizar un lenguaje desde lo positivo. Una de las cosas claras que tiene que tener la pareja es que ante los hijos tienen que proponerse hacer un buen equipo en donde ninguno de ellos desmerezcan al otro miembro de la pareja. Tener eso claro, es lo que hace a su vez que la pareja este cada vez más cohesionada, respetando al otro en su forma de hacer las cosas con respecto a sus hijos. Pues hay que tener en cuenta que en ocasiones los hijos pueden “separar” a los padres en su lucha por lograr lo que quieren a través de alguno de ellos. Y cuando los padres acceden a esta situación, poniéndose en contra del otro o uniéndose más a ese hijo por ganarse su cariño, permiten que el hijo vaya ganando un espacio importante en medio de la pareja, y esto es delicado porque va separando a la pareja, va distanciando a los padres y los hijos van tomando un poder que no les compete.

 

¿Cómo remediarlo? ¿Cómo restablecer de nuevo los sistemas y la jerarquía? Todo puede volver al inicio o incluso mejor cuando todos entienden que todos participan en ese problema y saben asumir la parte de la responsabilidad que les toca, y así restablecer esos órdenes del amor, de los cuales hablaba el biólogo y filósofo chileno Humberto Maturana. Eso hará mucho bien a la familia. Pues al fin al cabo lo que a todos nos salva es el Amor. Pero para amar es necesario tener bien dispuesto el corazón, pues el corazón está hecho para amar. Y eso tienen que tenerlo encuentra los padres, pues realmente cuando los hijos ven que hablan bien el uno del otro, así como lo hacen extensivo para el resto de los familiares y amigos. Los hijos crecen con un testimonio realmente que les puede edificar y fijar unas sólidas raíces en su desarrollo evolutivo que les permitan crecer con más seguridad en la vida. Y a su vez representa uno de los legados más bonitos que puedan recibir los hijos.

 

*Por Mª del Carmen González Rivas. Psicóloga y terapeuta de familia. Centro de atención psicológica y familiar Vínculos en Badajoz. Colaboración de Sontushijos.org para LaFamilia.info

 

Gestionandohijos.com - 28.05.2018

 

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¿Qué otra cosa podríamos anhelar más que nuestros hijos sean felices, con una buena autoestima y emocionalmente seguros? Parece que Dinamarca ha descubierto la fórmula para lograrlo, pues desde 1973 es el país más feliz del mundo según la OCDE.

 

El secreto está en su crianza, así lo revelan las autoras del libro Cómo criar niños felices en un artículo de Gestionandohijos.com. Jessica Joelle Alexander e Iben Dissing Sandahl se apoyan en su experiencia y en investigaciones de psicología para desentrañar la filosofía danesa detrás de la educación y la crianza, que alcanza, afirman, “resultados muy poderosos: niños fuertes, emocionalmente seguros y felices que se convierten en adultos fuertes, emocionalmente seguros y felices que después repiten el mismo proceso con sus hijos”. El fomento del juego libre, el optimismo realista, la importancia de la empatía y de la unión, el valor de la autenticidad y la búsqueda de la responsabilidad y no la obediencia son algunas de las claves que nos facilitan las autoras.

 

Jessica Joelle Alexander e Iben Dissing Sandahl han sistematizado las claves de la filosofía de la educación danesa en seis puntos, cada uno de los cuales comienza por una de las letras de la palabra EDUCAR. Veamos cuáles son:

 

Clave danesa para educar 1: E de Enseñar a jugar

 

Se muestran alarmadas las autoras por el creciente nivel de estrés y ansiedad de los niños estadounidenses y la obsesión de los padres por que estén bien preparados para la vida. Así, se preguntan: “La diversión a veces parece ser un desperdicio de tiempo que podría ser mejor utilizado aprendiendo algo. ¿Será cierto?”. A la luz de los hallazgos en psicología, esta creencia se muestra totalmente falsa. Es más: “¿Será posible que no nos demos cuenta de que estamos volviendo más ansiosos a nuestros hijos al no dejarlos jugar más? ¿Y si les dijéramos que el juego libre enseña a los niños a ser menos ansiosos? Jugar les enseña lo que es la resiliencia. Y está comprobado que esta es uno de los factores más importantes para convertirse en adultos exitosos. La habilidad de «poder levantarse», regular emociones y saber lidiar con el estrés es una cualidad clave en los adultos saludables y funcionales”.

 

¿Qué consejos dan las autoras para que el juego sea protagonista de la vida de nuestros hijos?

 

• Apagar el televisor

• Dejar tiempo libre a nuestros hijos para jugar,

• Intervenir lo menos posible en situaciones de juego entre iguales,

• Dejar que exploren el mundo exterior,

• Fomentar que haya grupos de niños de diversas edades

• Jugar con ellos siendo genuino y sin fingir

• Dejar que jueguen solos

 

Clave danesa para educar 2: D de Definir la autenticidad

 

Nos cuentan las autoras que las películas danesas no presentan un mundo ideal con finales felices que se corresponden muy poco con la vida real y así, desde su propio imaginario, los daneses llevan bien incorporado el valor de la autenticidad. Y qué es la autenticidad: Educar con autenticidad es el primer paso para enseñar a los niños a ser valientes y honestos consigo mismos y con los demás. Convertirte en un modelo de equilibrio emocional a seguir será una gran herramienta en el momento de educar. La honestidad emocional, más que la perfección, es lo que un niño verdaderamente necesita de sus padres, que seamos ejemplo de honestidad para nuestros hijos y hacerles ver que está bien sentir todas sus emociones”.  Además, la autenticidad supone “buscar en tu corazón y en tu interior lo que es correcto para ti y para tu familia, y no tener miedo de seguir ese camino. Es permitirte estar en contacto con tus emociones y actuar conforme a ellas en lugar de enterrarlas o ignorarlas”.

 

La autenticidad se conecta con la humildad, un valor que los daneses cultivan evitando halagar en exceso a sus hijos y fomentando la mentalidad en crecimiento, el interés por aprender y mejorar.

 

¿Qué consejos dan las autoras para fomentar la autenticidad?

 

• Ser honesto con uno mismo y conocer sus emociones

• Responder con honestidad

• Enseñar a los niños a ser honestos

• Leer cuentos que abarquen todas las emociones

• Celebrar el proceso y evitar halagar automáticamente

• Enfocarse en el esfuerzo

• Enseñar a los niños a no compararse

• Comunicarse con asertividad, manifestando de manera honesta la opinión: “a mí me parece”

 

Clave danesa para educar 3: U de Utilizar la redefinición para mantener un punto de vista más positivo

 

“Los optimistas realistas simplemente filtran información negativa innecesaria, aprenden a ignorar palabras y experiencias negativas y desarrollan el hábito de ver situaciones ambiguas bajo una luz más positiva”, dicen las autoras. Por eso, no se dejan llevar por el lenguaje limitante, como las etiquetas que a menudo ‘regalamos’ a nuestros hijos.

 

Las autoras señalan que “la redefinición con los niños consiste en que el adulto ayude al niño a cambiar su perspectiva de lo que él o ella cree que es incapaz de hacer en algo que sí puede lograr. El adulto debe motivar al niño a ver ciertas situaciones desde distintos puntos de vista y lograr que se centre menos en los resultados o conclusiones negativas”.

 

¿Cómo podemos lograrlo? Algunas ideas son:

 

• Poner atención a nuestra propia negatividad

• Practicar la redefinición para ver la misma situación desde un prisma menos negativo.

• Evitar usar lenguaje limitante.

• Separar las acciones (que se pueden calificar) de las personas.

• Redescribir a nuestro hijo de una manera más amorosa

• Usar preguntas para explorar las emociones

• Usar el sentido del humor.

 

Clave danesa para educar 4: C de Crear empatía

 

Las autoras enfatizan en el contraste entre la sociedad danesa y la estadounidense. En esta última, afirman, “la empatía ha disminuido casi un 50 % entre los jóvenes estadounidenses desde 1980, lo cual resulta alarmante, mientras que el nivel de narcisismo se ha duplicado”. La visión del mundo que está detrás de esta tendencia es la idea de que el éxito solo llega por medio de la competitividad extrema, que les lleva a desconectar de los demás y de sus propias emociones, por el afán de ser el más fuerte.

 

En el libro se subraya que “los niños a los que se les dice constantemente cómo deben sentirse y comportarse no se desarrollan de la misma manera que aquellos a los que se les permite reconocer y expresar cada una de sus emociones. Los primeros suelen terminar desconectándose de sus verdaderos sentimientos, lo cual podría ocasionar que les sea casi imposible tomar decisiones difíciles en la vida”. Por el contrario, en Dinamarca, desde bien pequeños, hay programas escolares que fomentan el ejercicio de la empatía.

 

¿Qué consejos nos dan las autoras para cultivar la empatía?

 

• Reflexionar sobre lo que entendemos por empatía y cómo la ejercemos

• Esforzarnos por entender a los demás

• Leer, leer y leer

• Apostar por relaciones significativas y sólidas poniéndote en la piel de los demás.

• No tener miedo a mostrarnos vulnerables, algo de lo que ya hablamos en este post sobre la entrevista de UNICEF a Pepa Horno.

• Busca la empatía de otras personas.

 

Clave danesa para educar 5: A de Aprender a no usar ultimátums

 

Los daneses tienen un estilo de crianza muy democrático y buscan la responsabilidad más que la obediencia, señalan las autoras, porque en su estilo educativo subyace la idea de que “los niños son buenos por naturaleza. Los daneses quieren que sus hijos sean respetuosos, pero saben que el respeto se construye en ambos lados: tienes que darlo para recibirlo. Educar con miedo es un problema porque no fomenta el respeto, más bien genera miedo, y existe una enorme diferencia entre ser firme e inspirar temor”.

 

Una de las ideas que subrayan las autoras para no ver la crianza como una guerra constante es tomar perspectiva: “Conoce la diferencia entre las batallas y la guerra, y no te dejes llevar por cualquier pelea. ¿Realmente es importante que su cabello o su ropa estén perfectos todo el tiempo? Recuerda que los niños pasan por etapas en las que no quieren hacer algo/comer/ vestir/decir ciertas cosas. Pronto madurarán. Si tú eres congruente con los límites, ellos los entenderán”.

 

Las claves para desterrar las guerras de poder y los ultimátums en casa son:

 

• Distinguir entre el niño y el comportamiento, criticar el comportamiento y no al niño.

• No buscar luchas de poder y tratar de encontrar soluciones en las que todos ganen

• No culpar al niño y responsabilizarse de la situación

• Entender que los niños son buenos por naturaleza

• Enseñar, guiar a nuestros hijos

• Redefinir la visión de nuestros hijos, encontrar una visión más positiva

• Conocer lo que nos hace explotar

• Aceptar todos los sentimientos

• Convertir los ultimátums en algo más positivo.

• Demostrar que los escuchamos

 

Clave danesa para educar 6: R de Reforzar la unión y el hygge

 

Hygge es una palabra danesa que viene a significar estar a gusto en comunidad. Las autoras subrayan que “Sentirnos conectados con los otros le da propósito y significado a nuestras vidas”. Algunos consejos para reforzar esta unión son:

 

• Hacer un pacto en familia para reforzar la unión, buscar momentos de verdadera conexión y disfrute juntos.

• Darnos un respiro de las quejas

• Divertirse juntos

• No complicar las cosas, ir a lo sencillo.

• Mantenerse presentes y animar a nuestros hijos a hacerlo.

• Confiar y compartir nuestras opiniones, emociones…

• Fomentar el juego y el trabajo en equipo

• Buscar o crear grupos de madres y padres

• Enseñar a nuestros hijos que la familia es un equipo

 

 

 

Colaboración Aleteia.org - 18.05.2018

 

Foto: Freepik 

 

El afecto de los padres protege a los niños de diferentes maneras

 

Más o menos cuando cumplió 7 años, Liam, mi hijo mayor, empezó a limpiarse los besos que le daba. A cambio, yo le daba el doble más de besos y le fastidiaba bromeando al decirle que me colaría en su habitación de noche y le cubriría de besos mientras dormía. Él protestaba ruidosamente… con la sonrisa más grande que tenía en su rostro.

 

Mi hija mayor hace poco que ha entrado en la adolescencia, ya no da ni recibe abrazos, sino que simplemente los tolera. Al principio, me sentí herida por su falta de afecto, porque ella siempre ha sido muy cariñosa y siempre hemos tenido una relación muy cercana. De hecho, hasta empecé a reprimir mis impulsos de abrazarla. Pero entonces me acordé de Liam y de su falso odio a los besos y recordé mi propia adolescencia, cuando lo único que quería más que nada en el mundo era sentirme amada y segura, así que supe que retirar mis afectos no era el paso correcto.

 

Una publicación reciente en ThriveGlobal reunió los resultados de varios estudios sobre la forma en que el afecto parental influía el desarrollo del niño, desde la infancia hasta bien entrada la adultez. Había dos estudios que me llamaron la atención, por relevantes en mis actuales contrariedades con la adolescencia, porque se centraban menos en el afecto durante la primera infancia y más en el afecto general a lo largo de toda la infancia y juventud de una persona… y explicaban que el cariño parental clasificado como “extravagante” daba como resultado niños que luego eran adultos menos estresados, menos deprimidos y más compasivos.

 

Luego, un estudio de 2013 de la Universidad de California en Los Ángeles demostró que el amor y el afecto incondicionales de los padres pueden hacer que los niños estén emocionalmente más felices y menos estresados. Esto sucede porque su cerebro de hecho cambia como resultado de ese afecto.

 

Por otro lado, el impacto negativo de los abusos, maltratos y falta de cariño afecta a los niños tanto mental como físicamente. Esto puede desembocar en todo tipo de problemas de salud física y emocional a lo largo de sus vidas. Lo verdaderamente fascinante es que los médicos piensan que el afecto parental puede proteger a los individuos de los efectos dañinos del estrés infantil.

 

Además, en 2015, un estudio de la Universidad de Notre Dame mostró que los niños que reciben afecto de sus padres son más felices como adultos. Se encuestó a más de 600 adultos sobre cómo se criaron, incluyendo cuánto afecto físico recibieron.

 

Los adultos que informaron de haber recibido más cariño en la infancia mostraban menos depresión y ansiedad y, en general, eran más compasivos. Quienes reportaron menos afecto, tenían problemas de salud mental, tendían a estar más incómodos en situaciones sociales y eran menos capaces de empatizar con las perspectivas de otras personas.

 

A mí todo esto me parece bastante intuitivo, además de una razón añadida para seguir abrazando a mi recalcitrante adolescente. Ojalá pudiera decirles que seguí abrazando y besando a mis hijos incluso cuando actuaban como si quisieran alejarse de mí y que han resultado ser los adultos mejor adaptados y más humanamente edificantes de la historia de este milenio, pero no puedo.

 

Todo lo que puedo decirles es que siguen quejándose por mis abrazos, aunque también siguen manteniéndose muy cerca de mí y no dicen nada hasta que les abrazo. Y eso sí, puede que protesten, pero también se inclinan hacia mí y se relajan.

 

Para mí, es prueba suficiente de que los niños necesitan abrazos independientemente de que ellos piensen que no… como yo pensaba con su edad.

 

*Por Calah Alexander, publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

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