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ACI Prensa - 24.10.2018

 

Foto: Pixabay 

 

El Arzobispo de Nueva York, Cardenal Timothy Dolan, alentó a recuperar una serie de “ricas tradiciones” muchas veces olvidadas por los católicos, y que considera “poderosamente providenciales para mantener a las familias unidas, fuertes, saludables y santas”.

 

Necesitamos toda la ayuda posible en estos días de tensión, confusión y desafío en la vida matrimonial y en la familia”, señaló.

 

Estas son las 13 tradiciones que recomienda recuperar el Arzobispo de Nueva York, aunque aseguró que “pueden ciertamente añadir (más) a la lista”:

 

1. Celebraciones alegres pero sencillas de bautismos, primeras comuniones, confirmaciones, matrimonios y aniversarios de matrimonio.

 

2. Adorar a Dios fielmente juntos como una familia en la Misa dominical, y preservar los regalos de tiempo de calidad y una comida juntos, al menos en el Día del Señor, si no se puede más a menudo durante la semana.

 

3. Tener agua bendita, crucifijo, Biblia e imágenes de Jesús, María y los santos en nuestras casas.

 

4. Una verdadera celebración del Adviento, mientras nos preparamos a celebrar el nacimiento de Jesús.

 

5. Una atención especial a la preparación del pesebre de Navidad en la casa.

 

6. El cumplimiento en familia de la Cuaresma, especialmente a través de prácticas penitenciales comunes, mayor compasión por los pobres, enfermos y necesitados, y acercamiento como familia al sacramento de la reconciliación.

 

7. Dar a los niños nombres bíblicos y cristianos.

 

8. Tomar con mucha seriedad los deberes de los padrinos en el bautismo y la confirmación.

 

9. Pedir a un sacerdote que bendiga un nuevo hogar.

 

10. Peregrinaciones familiares.

 

11. Reunirse en torno a familiares que están enfermos y moribundos, y unirse en la fe en el momento de la muerte y el entierro.

 

12. Recordar a los padres y a los miembros de la familia en la Misa, en el aniversario de su muerte.

 

13. Pedir la bendición de los padres expectantes y la intercesión especial para parejas que luchan por concebir un bebé.

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Por Anna O'Neil / Alteia.org - 10.08.2018

 

Foto: Cathopic 

 

Todos los padres en algún momento nos hemos sentido desmotivados por el mal comportamiento de nuestros hijos pequeños en misa, tanto que podemos dejar de llevarlos, sin embargo, esta bonita carta nos da una gran lección:

 

Queridos padres y madres exhaustos y desanimados:

 

Así que sus hijos son terribles en misa. Caóticos, desobedientes y alborotadores, semana tras semana. Es como si el gran foco de un circo concentrara su luz sobre ustedes todo el tiempo, ustedes y su paternidad aparentemente de inferior calidad.

 

Estoy  ahí, con ustedes. He empezado a tener miedo de los domingos.

 

Es decir, lo hemos intentado todo. Ir a la primera misa de la mañana, ir a la misa vespertina, usar libros de misa, explicaciones susurradas, amenazas susurradas, nos hemos sentado delante, nos hemos sentado atrás, hemos ido directamente a la sala de los niños para que lloren…

 

Y tal vez algunos de los trucos han ayudado, pero la conclusión es que no hay manera de salir de ese edificio sin que algún hijo grite, corra como un loco hacia el altar o Dios sabe qué.

 

Sin embargo, a pesar de todo, cada semana, yo y mi ruidosa y caótica familia vamos a estar allí (¡al fondo!) meneándonos y distrayendo a todo el mundo, y sometiéndonos al juicio de un gran número de personas, que tal vez no entiendan lo difícil que es  enseñar a un niño pequeño a sentarse en silencio durante 45 minutos.

 

Parece una locura. Aun así, igualmente nos vestimos de domingo y vamos a misa, tal como la Madre Iglesia nos pide.

 

Quiero que sepan que si ésta también es su historia, está bien. Mejor incluso. Cristo tenía algo muy importante que decir sobre personas como nosotros:

 

Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre, y dijo: “Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que nadie. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir”. (Lucas 21,1-4)

 

¿No es eso exactamente lo que estamos haciendo? Estamos dando literalmente todo lo que tenemos, obedeciendo la petición de la Iglesia de asistir a la misa dominical (la vergüenza, desafortunadamente, no es una buena razón para quedarse en casa).

 

Visto desde fuera, parece que hemos hecho lo mínimo. Hemos entrado en el edificio, claro, pero ¿nos estamos concentrando? ¿Estamos teniendo una experiencia espiritual? ¿Acaso escuchamos una palabra del Evangelio, por el amor de Dios?

 

No lo parece demasiado. Somos los únicos que sabemos lo mucho que realmente estamos dando. Pero Cristo también lo sabe.

 

Así como las dos monedas pequeñas de la mujer en la caja de la colecta no parecen nada en comparación con la gigantesca bolsa de oro del hombre rico, nuestra contribución parece tan pequeña que una persona podría preguntarse por qué nos molestamos.

 

¿Por qué venir a misa si vas a pasar todo el tiempo con el protocolo de control de daños con los niños pequeños? Pero Cristo está ahí para recordarnos que no ve lo que ve el resto del mundo.

 

Con frecuencia, salgo de misa sintiendo que todo fue un fracaso. Ni siquiera pude seguir la ceremonia y me fui tan rápido que olvidé hacer una genuflexión. ¿Qué clase de católica soy?

 

Si así es como se sienten ustedes también, no lo olviden: tener niños pequeños o niños con necesidades especiales o cualquier situación en la que se encuentren que haga imposible arrodillarse en silencio y escuchar cuidadosamente, es un tipo único de pobreza.

 

Y nosotros, en nuestra pobreza, realmente damos todo lo que tenemos, simplemente haciéndolo lo mejor que podemos. Aunque lo mejor que podemos hacer sea simplemente estar allí.

 

Así que no preocupen. No se preocupen demasiado por la imagen de su familia. Aunque nunca sea fácil, sigan haciendo lo que hacen y sepan que, aunque el mundo no lo vea, Dios sí percibe cuán valioso es su sacrificio.

 

*Publicado bajo la alianza Aleteia.org y LaFamilia.info

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Por LaFamilia.info - 30.04.2018

 

Foto: Pixabay 

 

Como padres tenemos una gran responsabilidad en la educación de la fe de nuestros hijos y la Primera Comunión en uno de los momentos más significativos en este proceso. 

 

Por eso debemos ser coherentes y saber orientar a nuestros pequeños para evitar que las cosas superfluas opaquen la grandeza de este sacramento. Así lo apunta el Obispo de Córdoba (España), Mons. Demetrio Fernández: "Es bueno encontrarse, compartir esa alegría entre toda la familia", pero precisa que "la mejor manera de ayudar a estos niños es entrar en la verdad de lo que celebramos". El Obispo también anima a los padres a "evitar atiborrar a los niños con regalos" porque "el mejor regalo, el único insustituible es Jesús y ninguna otra cosa debiera distraer en este día la atención de los niños", señala Mons. en su carta pastoral publicada por ACI.

 

Así que te damos las siguientes ideas para celebrar la Primera Comunión de tus hijos, honrando por supuesto, su significado: 

 

1. Compartir este día con los más necesitados

 

Que mejor ocasión que la Primera Comunión para compartir con los que más nos necesitan. Este día podría celebrarse en un hogar de niños abandonados o enfermos, ancianos, o personas discapacitadas, quienes necesitan de nuestra alegría y compañía. Una experiencia como ésta, nunca se les borrará de la mente a los chicos, además es el mejor regalo que se les puede dar y vivirán en carne propia el verdadero sentido de la Primera Comunión.

 

2. Un día para agradecer

 

Los niños están rodeados de personas cercanas que les prestan su servicio (el portero, la persona que hace el aseo en casa o en la escuela, los profesores, etc.), sería muy bueno invitar a los hijos de estas personas a disfrutar una tarde de cine, o a comer un helado, o al parque de diversiones.

 

3. Un encuentro de familia

 

Podemos celebrar este importante momento en familia y amigos cercanos, un encuentro sencillo e íntimo; no hay necesidad de despilfarrar, ni hacer grandes eventos. Lo importante es celebrar que nuestro hijo recibirá a Jesús en su alma y corazón, así debemos explicárselo y darle a entender que todo lo demás es accesorio. 

 

El alcohol no debe ser el protagonista, pues sería un mensaje completamente equivocado para el hijo que acaba de hacer la Primera Comunión. Eso sí, la celebración debe ser ¡muy alegre y divertida!

 

 

Más de este tema > La Primera Comunión también se prepara en la familia

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Por Andrés D' Angelo / Catholic-Link

 

Foto: Cathopic 

 

El Papa Francisco dijo en su Exhortación Apostólica La alegría del amor: “La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe, que se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir. Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo”.

 

Así que tenemos una inmensa misión con nuestros hijos, por eso estas ideas de Andrés D' Angelo en la web Catholic-Link, caen como ¡anillo al dedo! Andrés es escritor, experto en formación, consejería familiar y padre de familia. Él explica que los padres debemos enseñar a nuestros hijos “que ellos tienen otro Padre, en el Cielo, que los ama y los espera para amarlos para toda la eternidad. Esa enseñanza no es en una ´clase de catecismo´ (cuando cumplan la edad adecuada para entenderlo), no, es una enseñanza que comienza el día que nacen y termina el día que ellos mismos encuentren su camino hacia Dios, y se lo enseñen a la vez a sus hijos, naturales o espirituales. Y pienso que esa enseñanza sobre quién es Dios, tiene que concretarse en algunas cosas que ellos tienen que aprender sí o sí de papá y mamá”. 

 

Así que a continuación compartimos las ideas que Andrés D' Angelo junto a su esposa, les transmiten a sus hijos para que conozcan a su verdadero Padre:

 

1. Dios es amor

 

Esto se aprende viendo amor verdadero, como el que tienen mamá y papá. El amor de mamá y papá da la vida y Dios es una comunidad de amor que da toda vida. De la ternura de mamá se aprende la misericordia divina, y de la firmeza de papá, la justicia divina. Pero sobre todo se aprende que Dios no deja de amarnos nunca, no importa qué difíciles se pongan las circunstancias.

 

2. La religión es una relación de amor

 

Así como mamá y papá aman a sus hijos, así Dios nos ama. Pero para tener una relación de amor, es necesario hablar con el Amado, contarle tus problemas y agradecerle tus alegrías. La religión no es una fría lista de prohibiciones, sino una historia de amor hermosa que hay que cultivar todos los días.

 

3. Sigues a Cristo

 

Muchas veces vamos a la iglesia porque hay un gran sacerdote, una monjita buenísima o un consagrado que es un campeón y te trata con cariño. Pero hay dificultades y esos “referentes” nos pueden fallar porque son humanos. No seguimos al sacerdote, a la monjita o al consagrado. Seguimos a Jesús, que nunca falla.

 

4. Hay gente que no ama a Dios

 

Y hay gente que lo odia. No han llegado a relacionarse con este Padre Amoroso, porque no han aprendido a amar o porque no les han enseñado que Dios es amor. Hay que escucharlos, comprenderlos y convertirse uno mismo en testimonio del amor de Dios.

 

5. Puedes dudar

 

¡Por supuesto que la fe admite la duda! Las dudas sobre la fe siempre se tienen que aceptar y agradecer porque nos permiten profundizar un poco más en esa relación de amor que tenemos con nuestro Padre del Cielo. Todos tenemos dudas, todos tenemos derecho a preguntar y a comprender mejor a Dios. Lo mejor de todo es que ese conocimiento nunca termina, porque Dios es infinito amor.

 

6. Siempre puedes volver a casa

 

“Dios no se cansa de perdonarnos”, dijo el Papa Francisco. Y verdaderamente no se cansa. ¿Caíste? ¡Levántate! ¿Volviste a caer? ¡Vuelve a levantarte! ¿Te sientes mal por la caída? ¡Dios te ama por tus “levantadas”! ¿No te puedes levantar? ¡Pídele ayuda a tu Padre! ¡Él ama ayudarte y lo alegras con cada una de tus oraciones!

 

7. La Iglesia somos nosotros

Los edificios son parroquias, catedrales, capillas, etc. Pero la Iglesia somos todos. Especialmente los más pecadores. Muchos grandes santos comenzaron siendo grandes pecadores y encontraron misericordia en la Iglesia se convirtieron en grandes santos. Es importante alegrarnos, como en el Cielo, por cada pecador que se arrepiente y no por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia.

 

8. No todo es tan sencillo como parece

 

Como la Iglesia está formada por pecadores, yo el primero, hay que comprender a la gente antes que juzgarla. Dios actúa en modos misteriosos y pone pruebas a la gente de las que no podemos saber nada. Nuestro primer deber es estar, como decía San Francisco, “más prestos a consolar que a ser consolados”, porque no todas las preguntas tienen una respuesta simple y directa.

 

9. Dios no se deja ganar en generosidad

 

Cuando somos mezquinos, Dios es generoso. Pero cuando somos generosos, Dios es mucho más generoso. Claro que no siempre su generosidad se traduce en bienes materiales, sino en abundancia de dones espirituales. El Papa Francisco dijo que Dios es tan generoso que su generosidad da miedo, y es que a veces nos asustamos por tanta generosidad, y tememos donarnos a Dios, porque Él es mucho más generoso.

 

10. Dios no siempre está a la vista

 

Muchas veces Dios juega “a las escondidas”. Es que muchas veces buscamos los consuelos de Dios y no al Dios de los consuelos. Y entonces Dios se esconde, porque es un Dios celoso y no quiere que lo busquemos por los beneficios que nos da, sino por amor verdadero. Si nos pasa que no vemos la mano de Dios en nuestras vidas, es tal vez porque nos alejamos de su amor. ¡Hay que volver a Dios!

 

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Nory Camargo / catholic-link.com - 12.03.2018

 

Foto: Pixabay 

 

Ser padres nos hace responsables no solo del cuidado de nuestros hijos sino también de la educación espiritual que les brindamos desde el momento en que los concebimos. Por eso compartimos estas 10 sencillas formas de acercar a nuestros hijos a Dios, escritas Nory Camargo del portal CatholicLink

 

1. Ora en voz alta durante el embarazo

 

Nuestros pequeños escuchan nuestra voz todo el tiempo, es importante que el momento que le dediques a la oración esté lleno de tranquilidad. Elije un espacio cómodo en donde no te interrumpan o donde nada te distraiga. Puedes construir un pequeño altar o hacerlo mientras ves una estampita de la Virgen o de Jesús para que tus pensamientos no divaguen en otras cosas. Haz que tú bebe sienta que ese momento es único y especial para los dos, puedes elegir una hora del día para que se vuelva una rutina diaria. Mientras oras puedes sobar tu pancita para que tu bebe sienta que la oración va dedicada a él también.

 

2. Llévalos a misa

 

Algunas personas piensan que es muy molesto llevar a los chiquitines a misa porque lloran muy fuerte, hacen ruido, incomodan a la gente o no se quedan quietos. Mi recomendación es que lo lleves a misa cada domingo, tal como tú y tu familia lo solían hacer antes de su nacimiento.  Si llora y es aún muy bebe lo podrás calmar con el pecho o el biberón; si es un poco más grande y ya gatea o camina suele hacer berrinches más a menudo, sal de la iglesia, dale un pequeño paseo hasta que se calme y vuelve a entrar. Si tu niño ya es 100% consciente de que va a misa los domingos y no se queda quieto, grita a todo pulmón o incluso se tira al piso, sal de nuevo, ponte a su altura y háblale de manera pausada y en tono suave, explícale porque están allí y porque es importante portarse bien durante la Eucaristía. Si pellizcas a tu hijo mientras hace el berrinche, lo halas bruscamente para sacarlo, lo matas con la mirada o le gritas afuera de la iglesia, detestará cada domingo. Son niños y hay que ponernos en sus zapatos, no están en edad de quedarse quietos y mucho menos de poner atención más de 20 minutos seguidos. Cada vez que yo voy a misa, salgo a calmar a mi hijo unas 10 veces pero lo vuelvo a entrar; no hay que darse por vencido pues aunque son pequeños saben muy bien como manipularnos, lo importante es que ellos se den cuenta que no importa cuántas veces salgamos de la iglesia siempre volveremos a entrar hasta que la celebración culmine.

 

3. Reza con ellos en las noches

 

Puede ser junto a su cama o cuna, ponte de rodillas y ora. Cuando los niños son pequeños todo les asombra y les causa curiosidad, tienen el don de imitar tanto lo bueno como lo malo, y muy probablemente mientras estés orando querrán llamar tu atención, empezaran a hablar como si les dieran cuerda, cantaran, sacaran sus juguetes o te halaran de la camisa. Aprovecha esta oportunidad para explicarle lo que estás haciendo e invítalo a unirse a tu oración. Dile que repita después de ti o pregúntale: ¿por qué le darías gracias a Dios hoy? ¿Quieres enviarle un mensaje a la Virgen conmigo? Notarás que este tipo de preguntas les causa sorpresa, enséñales cómo deben persignarse y procura que ese momento dedicado a la oración no sea tan largo, pues querrá empezar a hacer otra cosa. Si tu niño o niña es un bebe, persígnalo con su manita y ora en voz baja junto a él.

 

4. Familiarízalo con imágenes de Jesús y de María Santísima

 

Tener un altar en el hogar debe ser tarea de todo católico, no tiene que ocupar una habitación completa, pero si debes destinarle un lugar especial, de visibilidad y alcance para todos los miembros de la familia. Es importante que nuestros pequeños encuentren imágenes de Jesús, de María y de los Santos. Mi hijo tiene un año y cinco meses y le hemos enseñado a mandarle besitos a la Virgen. Cada vez que la ve, sin importar el lugar en el que estemos le manda un beso y yo me derrito de amor, los niños aprenden muy rápido las cosas, aprovechar la edad entre los 0 y 5 años es primordial para enseñarles lo que más podamos. Un día Juan José (mi hijo) encontró el llavero de mi mamá en un bolso, vio que de el estaba colgada la imagen de la Virgen de Guadalupe, y sin que nadie le dijera nada, hizo cara de sorpresa, nos miró a todos por unos segundos y la besó. Puedes poner un Cristo en su habitación, la imagen de María Santísima en su mesita de noche o un cuadro con el ángel de la guarda.

 

5. Déjalo elegir películas y libros que hablen de Dios

 

Aprovecha el gusto que tienen tus hijos por las películas o los cuentos. Compra películas como «El Arca de Noe», «David y Goliat», «El Buen Samaritano», «El Hijo Prodigo», «La Historia de José y sus hermanos», «Los Milagros de Jesús», «El Príncipe de Egipto», «Joseph: Rey de los Sueños», etc. Existen también muchos libros que le cuentan a los niños las historias de la biblia de manera divertida e ilustrada, puedes comprar libros para colorear o la llamada «Biblia de los niños» que está en las principales librerías. De esta manera podrás darle varias opciones a tu hijo para que sea él quien escoja qué historia quiere conocer. Nunca los obligues o los amenaces con castigos si no quieren realizar esta actividad. Cada fin de semana le puedes dar una opción distinta o proponerle a él o ella que te acompañe a comprar el libro o la película que prefiera. Es una manera fácil y divertida para que nuestros hijos conozcan la vida de Jesús, de María Santísima o los santos desde que son chiquitines.

 

6. Déjalo participar en actividades relacionadas con la Iglesia

 

Si en el colegio de tu hijo hay infancia misionera, déjalo ser miembro del grupo. Si le gusta actuar o cantar, déjalo participar en las ceremonias religiosas en las que se hacen dramatizaciones o inscríbelo al coro de la Iglesia. Si el colegio realiza campañas en las que se recolecta ropa o víveres para los más necesitados, explícale porque debemos ayudarle a los demás. Nunca le prohíbas a tu hijo actividades como estas, si muestra algún interés, déjalo experimentar y mantén una actitud siempre positiva frente a sus logros y hazañas. Hazle saber cuánto le agrada a Dios su buen comportamiento y solidaridad, permitiéndole sentir que te sientes orgulloso de ser su madre o su padre.

 

7. Permítele ver que hay niños que no lo tienen todo

 

Llevar a nuestros hijos a fundaciones o instituciones que ayuden a los demás es una experiencia hermosa para todos los involucrados, tanto como para los niños a los que visitamos, como para nuestros hijos y para nosotros mismos. Hacerles ver que el mundo no es color de rosa y que no todos los niños gozan de un hogar con papá y mamá abrirá sus corazones. Puedes ir a una fundación que acoja a niños huérfanos, niños maltratados, con cáncer, o con alguna enfermedad. Todos los niños merecen ser amados y escuchados. Haz que tu hijo comparta al menos dos veces al año una experiencia como ésta. Organiza un partido de fútbol, una tarde de película o un compartir con la organización que escojas. De esta manera tu hijo comprenderá que no todos los niños gozan de los privilegios que él tiene; aprenderá a compartir y a ver a todos como iguales, no hará distinciones en la hora del juego y se convertirá en un niño consciente y dispuesto a ayudar a los demás en cualquier lugar.

 

8. Enséñale a apreciar la naturaleza

 

No es necesario que viajes a Irlanda para que tu hijo sea testigo de impresionantes paisajes: una flor basta para que le cuentes a tu pequeño que Dios está presente en cada una de sus creaciones, hasta en la más pequeña. El cielo, el mar, las estrellas, la luna, los árboles, las montañas. Puedes intentar preguntarle a tu hijo cuanto cree que le ama a Dios (tal vez alguna de sus ocurrencias te haga derretir de amor) pero es válido que tú le des una manita: puedes retarlo a contar las estrellas o a adivinar qué tan profundo es el mar y decirle que así es el amor de Dios: infinito como las estrellas que adornan el firmamento o los granos de arena en la playa. Es importante que nuestros hijos sean conscientes que todo cuanto nos rodea ha sido creado de la mano de Dios, los viajes a otras ciudades o países pueden ser la oportunidad perfecta para que le hables de Dios a tus hijos.

 

9. Hazle saber que hay más satisfacción en dar que en recibir

 

La época de Navidad es perfecta para realizar esta actividad. Hay dos formas de hacerlo: la primera es comprar juguetes o ropa para que niños de escasos recursos, huérfanos o desamparados reciban un detalle en esta fecha. La otra opción que tenemos es pedirles a nuestros pequeños que decidan qué juguetes ya no utilizan y están en buen estado para donarlos. En todo el proceso debemos incluir a nuestros pequeños, desde ir a comprar o escoger los juguetes, hasta empacarlos e ir a entregarlos personalmente. De esta manera ellos entenderán que las cosas no son tan fáciles de obtener y que no todos los niños tienen los privilegios que nosotros como padres les otorgamos. Este acto de generosidad y entrega puede practicarse en cualquier época del año, lo importante es transmitirles a nuestros hijos el amor por el que más lo necesita. Cuando hayan culminado la tarea puedes preguntarle cómo se sintió al entregarle a otro niño un regalo o  que fue lo que más le gustó de estar allí. Podemos encontrar a Dios de muchas maneras, hazle comprender cuanta felicidad hay en dar.

 

10. Enséñale a bendecir los alimentos

 

El desayuno, el almuerzo o la cena pueden ser escenarios perfectos en los que le enseñes a tus hijos que hay que dar gracias por todo lo que Dios nos permite tener, incluyendo la comida que llega a nuestra mesa. Yo acostumbro hacer la siguiente oración para bendecir los alimentos: «Bendice Señor estos alimentos que por tu infinita misericordia tenemos hoy en esta mesa, dale Señor pan a los que no tienen y danos hambre de ti a los que tenemos pan. Ámen». Recuerda que tu ejemplo es la mejor herramienta, conviértete en el modelo a seguir de tus hijos y bendice los alimentos sin importar el lugar en el que te encuentres, pídeles a tus hijos que repitan después de ti y veras como con el tiempo ellos lo harán solitos.

 

 

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