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Por AFP AGENCIA - 10.04.2018

 

Foto: Cathopic 

 

El sumo pontífice mencionó los extractos de la tercera exhortación apostólica. “Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos”, dijo el Papa.

 

El papa Francisco lanzó este lunes 9 de abril, su tercera exhortación apostólica, “Gaudete et Exsultate”, un manual para ser un buen católico frente a los retos del siglo XXI 

 

Extractos de la tercera exhortación apostólica del papa Francisco

 

Me gusta ver la santidad en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a casa (...) Es la santidad 'de la puerta de al lado', de aquellos que viven cerca de nosotros, son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, 'la clase media de la santidad”.

 

Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos”.

 

No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos”.

 

Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”.

 

No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto”.

 

"Quiero destacar que el 'genio femenino' también se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo".

 

"Quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías (...) que siguen teniendo alarmante actualidad".

 

"La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio".

 

"Es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista".

 

"La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte".

 

"Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo".

 

"Algunos católicos afirman que es un tema (el de los migrantes, ndr) secundario al lado de los temas 'serios' de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero no un cristiano, a quien solo le cabe la actitud de ponerse en los zapatos de ese hermano que arriesga su vida para dar un futuro a sus hijos".

 

"El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada, porque en la obsesión por pasarla bien terminamos excesivamente concentrados en nosotros mismos, en nuestros derechos y en esa desesperación por tener tiempo libre para disfrutar".

 

"Los jóvenes están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento".

 

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Por LaFamilia.info - 26.03.2018

 

Foto: Cathopic

 

La Cuaresma y la Semana Santa son momentos que nos invitan a transformarnos, es decir, a vivir un verdadero cambio que evidencie que Dios ha pasado por nuestras vidas para hacernos mejores personas. Este realmente es el sentido de la Semana Santa, que cada quien sea un testimonio de fe.

 

Y para que ese cambio sea verdadero, el Señor nos invita a dejar morir en nosotros todo aquello que nos aleja de Él y de los demás. Las siguientes recomendaciones podrán ser un buen plan de mejora personal pues parten de las falencias que, por lo general, todos caemos en algún momento.

 

1. Empezar con los más cercanos

 

Evaluemos nuestra relación con los más cercanos y empecemos por ahí. ¿Qué podemos mejorar como padres? ¿Qué actitud debo cambiar para hacer feliz a mi pareja? ¿Cómo ser un mejor hijo, hermano, amigo? ¿Qué podemos hacer por nuestro compañero de trabajo?... Como dicen por ahí, la caridad empieza por casa. 

 

2. Soportar con paciencia las personas molestas

 

Ante los defectos de los otros tenemos dos caminos: llenarnos de ira, rencor y envenenarnos; o respirar profundo, ser pacientes y no dejar que nos roben nuestra paz. La segunda opción es la que nos permite tener un espíritu sano y un corazón tranquilo.

 

Además, no podemos olvidar que también somos humanos y, por consiguiente, nos equivocamos. Hay que enfocarse mejor en lo bueno de cada quien, así evitamos que los errores y defectos de los demás nos atormenten, robándonos así la tranquilidad que tanto buscamos.

 

3. Perdonar al que nos ofende 

 

“¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices”. Frase del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud 2016.

 

Perdonar nos hace libres, por eso en esta Semana Santa, perdona esa ofensa que desde hace tiempos tienes metida en tu corazón, déjala ir, libérate y siéntete en paz. 

 

4. Pedir perdón a quien ofendimos

 

“Solo quien sabe reconocer sus propios errores y pedir perdón recibe la comprensión y el perdón de los otros”  Papa Francisco. (@Pontifex_es – 17.02.2018)

 

Tengamos la valentía y el valor de pedirle perdón a esa persona que ofendimos con nuestro comportamiento o nuestras palabras. Que sea esta Semana Santa un renacer en nuestro corazón y demos el primer paso hacia la reconciliación. 

 

5. No hablar mal de los otros

 

No juzgar ni condenar, sino entender y acoger. “Un mal comentario puede acabar una amistad, enterrar una institución, manchar un buen nombre, desmoronar una vida. El mejor modo de no meterse en vidas ajenas es no hablar nunca de los demás” Fragmento del artículo “Ser cada día mejor” de BuzonCatolico.es

 

6. Ayudar al que lo necesita

 

“Dios, que no se deja ganar por nadie en generosidad, se sirve de ti y de mí para ayudar a los hermanos” Papa Francisco. (@Pontifex_es – 05.03.2018)

 

En esta Semana Santa vivamos la caridad en carne propia, alguien está necesitando nuestra ayuda. 

 

7. Dedicar más tiempo a la oración

 

Durante el mes de marzo, el Papa Francisco ha publicado en su cuenta de Twitter varios mensajes relacionados con la oración: 

 

“En medio de todas nuestras actividades, a menudo descuidamos lo esencial: la vida espiritual, nuestra relación con Dios. ¡Detengámonos a rezar!” (@Pontifex_es – 09.03.2018)

 

“Si dedicamos más tiempo a la oración, nuestro corazón puede descubrir las mentiras secretas con las que nos autoengañamos, y encontrar consuelo en Dios” (@Pontifex_es – 10.03.2018)

 

 

Vale la pena que las pongamos como obra en nuestras vidas. 

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ACI – 21.10.2016

 

20161024feFoto: Pixabay 

 

En varias oportunidades el Papa Francisco dedicó algunas reflexiones sobre la importancia de los Ángeles de la Guarda, también llamados Ángeles Custodios, cuya festividad se celebró el pasado 2 de octubre.

 

Aquí 4 enseñanzas del Santo Padre para aprender a relacionarnos mejor con nuestro Ángel de la Guarda.

 

1.  El Ángel Guardián no es una doctrina fantasiosa

 

En el 2014, el Papa Francisco expresó durante la homilía de la Misa en la Casa de Santa Marta que el Ángel Guardián o Custodio sí existe, no es una doctrina fantasiosa sino un compañero que Dios ha puesto a cada uno en el camino de la vida.

 

“Echar a nuestro ángel del camino es peligroso, porque ningún hombre, ninguna mujer puede aconsejarse a sí mismo. Yo puedo aconsejar a otro, pero no puedo aconsejarme a mí mismo. Está el Espíritu Santo que me aconseja, está el ángel que me aconseja. Por eso tenemos necesidad. Esta no es una doctrina sobre los ángeles un poco fantasiosa: no, es realidad. Lo que Jesús, lo que Dios ha dicho: ‘Yo envío un ángel ante ti para custodiarte, para acompañarte en el camino, para que no te equivoques’”, expresó.

 

2. Los Ángeles luchan contra el demonio

 

El 29 de septiembre de 2014 el Papa señaló a Radio Vaticano que Satanás presenta las cosas como si fueran buenas, pero su intención es la de destruir al hombre; y los ángeles luchan contra el demonio y nos defienden.

 

“Defienden al hombre y defienden al Hombre-Dios, al hombre superior, Jesucristo que es la perfección de la humanidad, el más perfecto. Por esto la Iglesia honra a los ángeles, porque son los que estarán en la gloria de Dios –están en la gloria de Dios– porque defienden el gran misterio escondido de Dios, es decir que el Verbo ha venido en la carne”, agregó.

 

3. Para escuchar a nuestro Ángel debemos ser dóciles

 

El 2 de octubre de 2015 el Papa dijo en la homilía de la Misa de la Casa de Santa Marta que “el cristiano debe ser dócil al Espíritu Santo. La docilidad del Espíritu Santo comienza con esta docilidad a los consejos de este compañero de camino”.

 

Para ser dóciles, aconsejó el Papa, hay que hacerse pequeño, como niños. “Pidamos hoy al Señor la gracia de esta docilidad, de escuchar la voz de este compañero, de este embajador de Dios que está junto a nosotros en Su nombre, que nos sostiene con su ayuda”.

 

4. Se les debe respetar porque ellos siempre nos aconsejan

 

En la misma homilía el Santo Padre aseguró que el ángel de la guarda “está siempre con nosotros” y que “el Señor nos dice: ‘¡Ten respeto por su presencia! Escuchar su voz, porque él nos aconseja”.

 

También dijo que nuestro ángel es “un amigo que no vemos, pero que escuchamos”. Un amigo que un día “estará con nosotros en el Cielo, en la alegría eterna”.

“Y cuando nosotros, por ejemplo, hagamos una maldad y pensemos que estamos solos: ‘no, él está’. Cuando sentimos la inspiración: ‘haz esto… esto es mejor… esto no se debe hacer…’ ¡Escucha! ¡No te rebeles a él!”, manifestó.

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ACI - 19.02.2018

 

Foto: cathopic.com 

 

En la Cuaresma 2015, el Papa Francisco obsequió a los fieles en la Plaza de San Pedro un folleto especial titulado “Custodia el corazón”, el cual tiene una serie de importantes recursos para el camino de conversión hacia la Semana Santa.

 

Entre los distintos recursos planteados por el Santo Padre está un examen de conciencia de 30 preguntas para hacer una buena confesión, así como una breve explicación sobre las razones para acudir al sacramento.

 

A la pregunta ¿por qué confesarse?, el folleto contesta: “¡porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios”.

 

Para confesarse, prosigue el texto, es necesario comenzar “por la escucha de la voz de Dios” seguido del “examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta, y finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada”.

 

A continuación las 30 preguntas propuestas por el Papa Francisco para hacer una buena confesión:

 

En relación a Dios

 

¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misa los domingos y días de fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me rebelo contra los designios de Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

 

En relación al prójimo

 

¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico, o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos?

 

¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

 

En relación a mí mismo

 

¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Cómo, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

 

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P.J.Ginés / ReL – 10.10.2016   

 

 fotolibrocomodefenderlafe-01

 

Cada controversia es una oportunidad: significa que tu interlocutor tiene tu atención, está dispuesto a hablar contigo... aunque, probablemente, poco tiempo. Hay que aprovecharlo.

Esa es la realidad que propone el método Catholic Voices, que nació en 2010 y ahora se recopila en el libro en español Como defender la fe sin levantar la voz: respuestas civilizadas a preguntas desafiantes de ediciones Palabra.

 

Catholic Voices cuenta con laicos bien formados para explicar en público y en la prensa la postura de la Iglesia respecto a numerosos temas: se presentan como voces autorizadas (con permiso de los obispos para ejercer este servicio) pero no oficiales.

El libro enseña a abordar los temas que generan más controversia en 333 páginas ágiles y rápidamente documentadas, pero reforzando siempre las 10 claves que los años de experiencia han mostrado que son necesarias para una comunicación católica que ilumine de verdad y sea eficaz. He aquí un resumen:

1. En lugar de enfadarte, reformula

 

Hay que buscar los valores cristianos escondidos bajo esa crítica y aceptarlos. Después hay que reformular la historia colocando a la Iglesia en el lugar que honradamente le corresponde.

Por ejemplo, si se acusa a la Iglesia de no preocuparse por el problema del sida en África se puede recoger así el valor cristiano compartido: “A ti te preocupan los enfermos de sida en África, y también a mí, y a la Iglesia, porque Cristo enseña a cuidar a los enfermos. Todos coincidimos en esto y debemos colaborar en este esfuerzo".

2. Echa luz, no leña al fuego; iluminemos, no acaloremos

 

El objetivo es comunicar, iluminar, que se entienda qué defiende la Iglesia y por qué. Por eso se explican las cosas con calma. Son conversaciones, a menudo breves y en entornos complicados, en las que no podemos pretender convertir a nadie (aunque, si sucede, bendito sea Dios) sino echar luz en un tema confuso que la gente no entiende.

3. Piensa en triángulos

 

El Papa Francisco a menudo reduce sus homilías a tres ideas o tres puntos, porque es una forma eficaz de comunicar. De igual forma, en un diálogo oral, un encuentro breve, una charla informal, en la que vas a tener poco tiempo, es bueno tener 3 ideas claras, incluso memorizadas, y poder decirlas. Si las cosas se ponen feas (no dejan hablar, hay ataques que se salen de tema, un brillante interlocutor ha secuestrado la charla) siempre puedes decir: “Mira, ¿puedo simplemente decir 3 cosas?”

De esas tres cosas, la primera ha de aglomerar el valor positivo del interlocutor(“Mira, te preocupa el sida en África, y también a mí y a la Iglesia”) y las otras dos lo reformulan (“por eso la Iglesia, y no otras entidades, atienden al 75% de enfermos de sida allí, y lo previene con campañas eficaces de prevención, como demuestran los casos de Uganda, Kenia y Zimbabue, donde con campañas de fidelidad y abstinencia se han reducido los contagios”).

4. La gente no recuerda qué dijiste, sino qué sintió al escucharte

 

La verdad, por sí sola, no convence tanto como la verdad expresada de forma educada, empática, clara y amable. No se trata de “emitir ideas”, como una máquina, sino de tener un trato interpersonal, un encuentro, un conocerse mutuamente y compartir un rato, sentimientos, pasiones y preocupaciones... Tu interlocutor, ¿quedará con ganas de seguir tratándote, de acudir a ti y consultarte... o se sentirá atacado cuando hables y aliviado cuando calles? Los sentimientos del interlocutor son más importantes a la hora de comunicarse entre humanos que la exactitud del discurso.

5. No lo digas, muéstralo

 

La gente prefiere un testimonio personal antes que una argumentación filosófica. La gente quiere oír cosas que se puedan imaginar. Si hablas del sida en África, ¡lo mejor es que hayas estado en África y cuentes lo que has visto y tocado!

Si no has estado en África, describe lo que cuentan los que sí han estado: dispensarios remotos, monjas con retrovirales en canoa que llegan a poblados de cabañas de paja donde no va nadie, enfermos que piden algo tan sencillo como vitaminas o comida, jefes, ancianos y familias que se reúnen para hablar de cómo enseñar la fidelidad matrimonial a los jóvenes, etc...

6. Acuérdate de decir “sí”

 

A menudo al católico se le pregunta ¿“por qué estás en contra de tal cosa”? Es una trampa: hablar “en contra” te dará mala imagen, a ti y a la iglesia, y tu comunicación será ineficaz. El contertulio pensará en la Iglesia como en una antipática policía moral, en vez de ver un testimonio del amor de Dios, como Madre Teresa. Hay que reformular el tema para explicarlo en positivo.

7. La compasión importa

 

Mucha gente ha sufrido abusos, traumas sexuales, malos tratos por parte quizá de algún eclesiástico... o experiencias duras de enfermedad, dolor, infertilidad, deseos frustrados... y descarga eso contra la Iglesia y contra Dios. Si hablas con ellos, o hablas sobre ellos (enfermos que sufren y piden la eutanasia, madres asustadas que creen que necesitan abortar, etc...) has de dejar claro que sientes compasión, solidaridad, que los entiendes en sus sentimientos, que empatizas. La Iglesia es madre y las madres se duelen con sus hijos dolidos. Los enemigos de la Iglesia la presentarán una y otra vez como una máquina fría, insensible. Como voz católica, en encuentros personales, muchas veces, en vez de dar argumentos, habrás de mostrar compasión, acogida y escucha.

8. Las cifras son complicadas y no convencen mucho

 

“Las estadísticas pueden resultar abstractas e inhumanas, o simplemente una tapadera. No es extraño que, cuando un político las usa, la gente piense que está mintiendo. No bases la argumentación en cifras y datos, aunque puedes usarlos para ilustrar el argumento principal”, enseña el modelo de Catholic Voices, pensando sobre todo en el coloquio hablado. Además, hay que simplificar las cifras: no digas “un 33,5%” sino “uno de cada tres”.  Con todo, en una exposición por escrito, o con gráficos visuales, pueden ayudar.

9. Se trata de dar testimonio, no de vencer a nadie

 

La gente casi nunca cambia de mentalidad ante un argumento firme, sino ante una realidad visible... que suele ser una persona. Por ejemplo, quien veía a la Iglesia como fría e insensible puede cambiar al ver cristianos empáticos y compasivos. Para que “se vea”, el cristiano ha de testimoniarlo. Los interlocutores hostiles a Jesús le tendían muchas trampas y mostraban su fuerte oposición, pero Él respondía sin violencia y sin victimismo. La mentalidad de “ganar la argumentación”, o peor aún, “hundir al otro” no sirve para dar testimonio, no ilumina.

10. No se trata de ti

 

Como Juan el Bautista, el cristiano anuncia a alguien más grande, Cristo y su Iglesia, y se retira, sin protagonismos. Es bueno rezar antes de un debate, charla, encuentro... y ponerlo en manos de Dios, saber que es cosa Suya, no tuya. Hay que pedir al Espíritu Santo que hable a través de ti. E incluso si lo haces mal, puedes aprender en cada ocasión sabiendo que lo pones en manos de Dios y vas a intentar mejorar.

*Publicado originalmente en ReL

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