Infocatolica.com - 13.01.2020

 

Foto: Exe Lobaiza - Cathopic

 

Una cosa es "asistir" a la Eucaristía y otra es "vivirla y participar correctamente" en ella, así que este decálogo nos ayudará a hacer de este espacio un verdadero momento de conexión con Dios y de entrega a Él. 

 

Desde la Arquidiócesis de Yucatán (México), en concreto desde la Parroquia Cristo Resucitado, nos comparten el siguiente escrito:

 

1. Si vas a una fiesta viste ropa de fiesta

 

Tal vez te preguntes, ¿le interesa a Dios como visto? ¿Si Él me ama tal como soy por qué preocuparnos del vestido? ¿Si el importante soy yo, por qué darle importancia a lo externo? ¿Qué tiene de malo ir cómodos y confortables a misa?

 

Sabemos profundamente que vestir bien va con ocasiones importantes. ¿Es para ti ir a misa una ocasión importante? La forma en que vestimos refleja cuanto respetamos al anfitrión y la dignidad del evento.

 

Es verdad que el interior es muy importante, por eso, necesariamente lo del interior tendrá que manifestarse en lo exterior. Todo nuestro ser debe prepararse para la gran celebración que es la misa dominical. Todo lo visible ayuda a elevarnos al Dios invisible. Si no vestimos la mejor ropa para la Santa Misa, ¿Para quién la reservamos? El pudor y el respeto nos deben guiar. No vayas a Misa con short, bermudas, chancletas, minifaldas, escotes, gorras, etc.

 

2. Que tu misa sea completa, escucha misa entera

 

Cuando vamos al cine, ¿qué tan frecuente es llegar pasados 10 minutos desde que inicio la película; y que tan frecuente es salirnos antes del último capítulo que marca el final?

 

Cuando vas a un espectáculo o concierto, ¿te da igual llegar un buen tiempo después de que el concierto inició? ¿Y cuándo vas a misa? Como católicos se nos invita a “oír misa entera” es decir, participar activa y conscientemente en la Eucaristía.

 

La Misa empieza cuando el sacerdote se dirige al altar y nos ponemos de pie para recibirlo. La Misa termina cuando el sacerdote besa el altar, abandona el templo y se hace el canto final. Al terminar no salgas precipitadamente, es de bien ser agradecidos hasta que el sacerdote entra en la sacristía o esté fuera del templo saludando a los participantes.

 

3. Ninguna llamada puede ser más importante que la de Él

 

La comunicación exige atención y concentración, nos molesta que mientras hablamos nos den la espalda o no nos escuchen. Pero tal parece que eso se nos olvidó con la llegada del celular. Nos hicieron vivir los beneficios del celular sin educarnos en el uso del mismo. Es increíble como el móvil nos ha hecho adictos y dependientes a él. No se está en contra de esta tecnología, sino del mal uso que le damos.

 

Hay personas que al menos se salen cuando suena el móvil, aunque tampoco esto es correcto, porque distrae a otros, lo ideal es apagarlo pues la Eucaristía es el encuentro con Dios ¿Y qué llamada puede ser más importante que la de Él?, como para literalmente decirle “Señor, espérame tantito".

 

¿Tú qué haces cuando suena (o vibra) tu móvil? Sería muy interesante aprender a distinguir los contextos, no en todos los lugares ni circunstancias deberíamos darle al celular el lugar número uno de nuestra atención.

 

4. Dejen que los niños se acerquen a mí

 

Esta petición y deseo de Jesús para con los niños, no debe ser una excusa tanto para justificar el comportamiento de los niños en la misa (hablar, correr, hacer ruidos, llantos, berrinches, etc.) como para evitar ir a misa con estos niños llamados “traviesos".

 

Si no los encaminamos desde ahora, evitaremos la oportunidad de hacerlos crecer y educarse.

 

Si tu niño llora, corre, brinca o grita en la misa, ayúdalo atendiendo en ese momento su necesidad, cálmalo, distráelo y si es necesario salte un momento con él del templo. Que no te de pena levantarte e ir por él. A veces distrae más lo que el niño hace que el hecho de levantarte, ir por él y calmarlo.

 

No traigas reproductor de video portátil o videojuegos para distraerlos, porque también distraes a los demás.

 

5. Sé puente y no obstáculo para los demás

 

Todos estamos llamados a participar activa y gozosamente en la celebración eucarística. Para aquellos que se les hace más difícil su participación, principalmente por motivos de salud o alguna otra causa física (la edad, u otra limitación física), como los amigos que ayudan al paralítico a encontrarse con Jesús, ayúdanos respetando los lugares que corresponde a estos hermanos nuestros. Esos lugares son para ellos, incluso los espacios en el estacionamiento.

 

6. Cuida Su casa, que es tu casa y nuestra casa

 

El templo parroquial y todo lo que en él esta, ha sido consagrado a Dios, ciertamente cada objeto tiene su dignidad, merece respeto. Por eso te invitamos a cuidar (si vas con menores) y no pisar los reclinatorios, al momento de usarlos desplegarlos con cuidado. Evita pisar o rayar las bancas. Cuida Su casa, que es también la tuya, es nuestra casa.

 

7. Que tu boca sea para alabar al Señor

 

“El celo de tu casa me devora” dice Jesús, “la casa de mi Padre es casa de oración". Que tu voz, que tu boca y que tu corazón sean siempre para alabar al Señor, para hablar con Él, para bendecir, para agradecer, para pedir, para ofrecer… no platiques durante la misa, para no distraerte y no distraer a los demás.

 

Es el momento para escucharle y hablar con Él, para luego poder hablar de Él.

 

Evita ir a misa ya sea masticando chicle o ingiriendo algún alimento o bebida. De este modo también les damos testimonio a los demás.

 

8. Que nadie ocupe tu lugar

 

Jesús llamo personalmente a sus discípulos, ciertamente uso intermediarios, pero el encuentro con Él es personal. En el cine, en el circo, en el carnaval y en cualquier evento es válido apartar los lugares de aquellos que aún no llegan.

 

En la misa no es así, el que llega a tiempo tiene derecho ocupar lugar si no ha sido ocupado por otro personalmente. No se vale poner la bolsa, el suéter y otras pertenencias sobre las bancas para apartar lugar. Date la oportunidad de ser amable, fraterno y educado, somos parte del cuerpo místico de Cristo.

 

9. Trátalo como se merece

 

Las posturas que asumimos y el modo de comportarnos en la misa tiene mucho que ver con la persona con la que se entra en relación y con nuestra disposición. Al entrar en el templo se recomienda un momento de meditación, saludo, preparación para el acontecimiento más importante que existe, primero sentado (no piernas cruzadas) escuchar al Señor en las lecturas, que nos dice, que le dices, en el Evangelio oír a Jesús de pie, posteriormente en el momento de la consagración se debe estar de rodillas, se está al pie de la Cruz, con la Virgen María y S. Juan; si no te es posible, es más recomendable que permanezcas sentado y no de pie. Si vas a recibir la Sagrada Forma (Jesús) no te distraigas en el camino es un encuentro privilegiado, procura llevar las manos juntas y nunca en los bolsillos. Busca lo menos posible pasar por en medio del pasillo central ya iniciada la misa, o querer un lugar de adelante, distraes a todos. Si se está llevando a cabo alguna celebración como boda, rosario, hora santa, etc., estas esperando o ya terminó la ceremonia, puedes saludar y platicar fuera del templo.

 

10. Estar siempre preparado

 

La vida sacramental y el seguimiento a Jesús no se improvisan. Los sacramentos tienen un lugar, un tiempo de preparación y una dignidad para celebrarlos. No existen “confesiones rapiditas” o de “un minuto".

 

Cuida no llegar 5 o 10 minutos antes de la misa para pedir por alguna intención. Es bueno prever y organizar nuestro tiempo, eso habla de la importancia que tienen las cosas según el tiempo que se les dedica. Para darte un mejor servicio solicita tus intenciones de misa en horario de oficina y las confesiones en su horario establecido.

 

Y, hasta aquí, el Decálogo. Con franqueza tengo que decir que, a lo mejor, es difícil de cumplir pero, en realidad, nadie ha dicho que sea sencillo ser buen católico. Al menos, no debería ser demasiado cómodo aunque sí gozoso.

 

*Publicado originalmente en Infocatolica.com por Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

Javier Lozano / ReL - 26.07.2019

 

Foto: jcomp

 

En un mundo lleno de ruido y que va a un ritmo vertiginoso, se corre el peligroso riesgo de no cuidar y alimentar el espíritu, ni la relación con Dios. Frente a esta velocidad, la vida monástica ha ofrecido desde sus orígenes el ritmo pausado necesario para poder vivir la fe de una manera que alimente realmente el alma.

 

Sin embargo, no todo el mundo está llamado a una vocación monástica. Muchos encontramos esa vocación en la vida matrimonial y la familia. A pesar de ello, hay elementos de la vida de los monjes que se pueden adaptar y aplicar a todos los creyentes, sea su condición la que sea, y que pueden ser un aliciente importante para su relación con Dios. El benedictino Paul Sheller, director de vocaciones de la Abadía de la Concepción, en Estados Unidos, ofrece en Catholic Gentleman “cinco formas de vivir como un monje sin ser uno de ellos”:

 

1. Cultivar el silencio

 

Explica este benedictino que el silencio es el ambiente que permite escuchar de manera adecuada la voz de Dios y de las personas cercanas. Pero son muchos los que se sienten incómodos con el silencio y necesitan llenar sus días con ruidos o distracciones. Apagar un poco la música o moderar el consumo de televisión e internet pueden ser un desafío para escuchar esta voz que está en el fondo del corazón. Al evitar ruidos innecesarios en la vida se aprende a cultivar el silencio interior, lo que es ideal para la oración.

 

2. Sé fiel a la oración diaria

 

Dice la Regla de San Benito: “La oración debe ser breve y pura, a  no ser que se prolongue por un afecto inspirado por la gracia divina”. Por tanto, esta instrucción es bastante reconfortante para aquellas personas que tienen una jornada laboral muy exigente, un horario complicado o muchas obligaciones en el hogar, algo que les impide tener largos ratos de oración.

 

Sin embargo, se debe encontrar tiempo para alabar a Dios por la mañana antes de iniciar el día y dar gracias a Dios por la noche antes de dormir. Además, durante el día siempre surgirán oportunidades para realizar pequeñas oraciones. El objetivo de los monjes (y de todos los cristianos) es orar sin cesar, y se puede hacer manteniendo la memoria de Dios viva en el corazón y en la mente en todo momento.

 

3. Formar una comunidad auténtica

 

En una comunidad monástica los monjes se apoyan y animan entre ellos cuando hay dificultades y lo celebran cuando hay momentos difíciles.  De este modo, en un mundo donde prima el individualismo, las redes sociales y las relaciones superficiales, las personas anhelan un profundo sentido de pertenencia y comunión entre ellas.

 

La vida espiritual es un viaje que es mejor hacer en comunidad y con otros hermanos. Por ello, se debe estar dispuesto a invertir tiempo y energías en acercarse a otras personas, mostrar interés por sus vidas permitiendo que las conversaciones pasen de temas superficiales a áreas importantes de la vida. Compartir la experiencia de Dios y escuchar a otros sobre la suya propia es un bien para toda la comunidad.

 

4. Buscar tiempo para la Lectio Divina

 

La antigua práctica monástica de la Lectio Divina o “lectura sagrada” pone énfasis en una lectura lenta y orante de las Sagradas Escrituras. Por ello, la reflexión sobre la Palabra de Dios, si se hace con intensidad y en oración, tiene el poder de llamar a una continua conversión. Este benedictino recomienda a los creyentes familiarizarse con el método y tomarse entre 15 y 30 minutos al día para, en un ambiente tranquilo, leer las Escrituras, los escritos de los santos u otras grandes obras espirituales. La lectura espiritual nutre mente y alma y, a menudo, proporciona palabras inspiradas que la persona necesitaba escuchar.

 

5. Practicar la humildad

 

En la Regla de San Benito hay numerosas referencias a la importancia de la humildad. En el capítulo siete la describe como una escalera de doce peldaños que el monje debe subir. El primero de ellos es mantener el “temor de Dios”, pues cuando se teme a Dios se mantiene una relación verdadera con Él pues la persona sabe que es una criatura y no es Dios.

 

La humildad es una virtud que necesita ser desarrollada, y que conlleva ser sensato, honesto y sincero, tanto en la oración  como en el trabajo y las acciones cotidianas. Además, ser humilde significa ser agradecido por las bendiciones y oportunidades que Dios da a cada uno,  así como reconocer que los dones y talentos provienen de Dios.

 

 

ReL - 28.05.2018

 

Foto: Freepik 

 

“Para ser santos ‘no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosos o religiosas (…). Todos nosotros, todos, somos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo cada uno su propio testimonio en las ocupaciones de cada día, ahí donde se encuentra’”, señala el Papa Francisco en su exhortación apostólica Gaudete et exsultate. Por eso estos consejos de Joshan Rodrigues, sacerdote de la diócesis de Bombay (India), nos caen como “anillo al dedo”.

 

El sacerdote presenta en su blog, la siguiente lista de comprobación de cinco puntos sobre la santidad: 

 

1. Perseverancia, paciencia y mansedumbre

 

El primer signo es cuando Dios se convierte en la fuente de tu fortaleza interior, cuando estás firmemente anclado en Él. Esta actitud ayuda al cristiano a afrontar cualquier situación en la vida, por grave y desesperanzada que sea. Cuando “sabes” y “sientes” que Dios está contigo, entonces “¡Todo está bien!”  

 

Esa es la fuente de la fortaleza de los santos, que se enfrentan a toda hostilidad y violencia con amor y paz. Es también el signo de una persona con la que se puede contar, porque quienes tienen su fe en Dios son también fieles a los demás. Una persona así no responde al mal con venganza sino con amor. Una persona así protege el buen nombre de los demás. No juzga a los demás por sus faltas, sino por sus fortalezas. Siempre está dispuesto a aprender de los demás. ¡Si estás dispuesto a sufrir humillaciones por el bien de los demás, entonces te pareces a Cristo!

 

2. Alegría y sentido del humor

 

Un cristiano santo siempre está lleno de alegría y con sentido del humor, porque alguien que tiene a Dios consigo nunca puede estar triste o abatido. Cuando entra en una habitación trae sonrisas y buen rollo. Esta persona puede estar afrontando el momento más duro de su vida, y sin embargo nada puede destruir la alegría y confianza que están en él, porque sabe que, a fin de cuentas, ¡Dios me ama! Esa alegría trae una profunda seguridad, una serena esperanza y una satisfacción espiritual que el mundo no puede entender ni valorar.

 

3. Audacia y pasión

 

Déjenme enseñarles este punto mostrando cómo un cristiano no debe ser. El mayor obstáculo a la evangelización es una mentalidad de miedo y falta de entusiasmo entre los cristianos al hablar de su fe. Podemos paralizarnos por un exceso de prudencia, siempre queriendo jugar sobre seguro, sin querer jamás alejarnos demasiado de la playa. Nos negamos a mirar a la realidad a los ojos y, por el contrario, nos tienta huir hacia un “espacio seguro”. Esto puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, adicción, vivir en “mi” mundo, rechazo a nuevas ideas y perspectivas, pesimismo, dogmatismo, etc. Somos como Jonás; no queremos ir donde el Señor quiere que vayamos. Pero Dios nunca tiene miedo. ¡Es un valiente! Siempre es más grande que nuestros planes y esquemas. Quiere que seamos audaces y que tengamos el coraje de hacer cosas que nadie más quiere hacer, de decir las cosas que nadie más quiere decir. No digas “deja las cosas como están”.

 

4. En comunidad

 

La santidad no se vive en solitario, se vive en común con otros. Esto es mucho más difícil, como experimentamos en las familias, los lugares de trabajo, en la parroquia e incluso en las comunidades religiosas.

 

Aislarme de los demás es lo contrario de la santidad. En el matrimonio, cada uno de los esposos se convierte en la fuente de santificación del otro. Una persona santa es alguien que puede vivir los mandamientos cuando está con otros. La santidad tiene también que ver con prestar atención a las pequeñas cosas. Una comunidad santa es una cuyos miembros prestan atención a las pequeñas necesidades de todos. Un gran amor en las cosas pequeñas. Dios está en los detalles. 

 

5. En constante oración

 

¿Recuerdas cuántas horas puedes pasarte hablando o escribiéndote con esa persona tan especial en tu vida? ¿Cómo esa persona está siempre en tu mente? Pues bien, si esa otra persona es Dios, eso es oración. Si dices que amas a Dios, pero no sientes que estás hablando con Él, ¿es un amor de verdad? No puede alcanzarse la santidad sin tener hilo directo con Dios. No es imprescindible que las oraciones sean siempre en el sentido tradicional, usando las fórmulas establecidas o largas devociones. Lo importante es cuánto tiempo estás a solas con Dios, hablándole. ¡Reza sin cesar! También es oración ponerte tranquilamente ante el fuego del Señor y dejar que caliente tu corazón. ¡Estate tan cerca de Él que puedas coger su fuego sin quemarte!

 

La oración también es silencio; es leer la Palabra de Dios y “recordar” que todo lo ha hecho por mí y por los demás. Piensa en tu propia historia cuando reces y encontrarás la misericordia. La oración también es petición e intercesión. Se convierte en una señal de nuestra dependencia de Dios y también en una expresión de nuestro amor a los demás. Cuando rezamos por los demás (incluso por quienes no nos gustan), acogemos sus vidas, sus problemas más profundos, su bienestar, y sus sueños más elevados. En la oración encontrarás la fuerza para perdonar.

 

 Finalmente, esta oración debe conducirnos a la Eucaristía, a recibir a Jesús en la Santa Comunión. Es ahí donde lo humano y lo divino se reúnen.

 

 

Por Andrés D' Angelo - catholic-link.com / 22.04.2019

 

Foto: Freepik 

 

Todos los años hacemos resoluciones o propósitos para año nuevo, y a veces nos comprometemos a que “en esta Cuaresma ordenaré mi cuarto”, como un gran sacrificio que podemos hacer para que nuestra vida sea más “productiva” o más “provechosa”.

 

Pero rara vez hacemos propósitos de Pascua. ¿Por qué hacer propósitos en Pascua? ¡Porque estamos alegres pues el Señor resucitó verdaderamente como lo había prometido! Y la Pascua es más que el Año Nuevo. Jesús nos ha hecho hombres nuevos. ¿Cómo no proponernos anunciar al mundo la alegría de que la muerte no tiene la última palabra? ¡Esa es la buena noticia! ¡Nosotros resucitaremos con Él!

 

Cuando estamos alegres es más fácil que tomemos compromisos y también es más fácil que los cumplamos. Así que aquí les dejamos esta lista que nos comparten desde CatholicLink, de diez cosas hermosas que podremos hacer en este tiempo pascual, o en lo que resta del año.

 

1. Aprendamos a aceptarnos. Dios no comete errores

 

Nadie es perfecto. Yo, el menos perfecto de todos. Pero Dios me creó así, con mis virtudes y mis defectos. Y para superar mis defectos, tengo que admitir que los tengo y hacer lo posible por superarlos, sabiendo que solo Dios me puede ayudar a superarlos para llegar a ser mi mejor versión.

 

2. Antes de criticar o corregir, escuchemos al prójimo con caridad

 

Muchas veces nos dejamos llevar por "dimes y diretes" que hacen daño a nuestro prójimo. Si sabemos de alguien que está angustiado, o pasando por un momento difícil. Seamos el oído atento y el corazón comprensivo que necesitan.

 

3. ¡Seamos Compasivos! Antes de criticar los errores de los demás corregiremos los nuestros

 

¿Estoy constantemente criticando u observando a quienes se equivocan? ¿Qué tal si en lugar de mirar tanto para afuera veo qué puedo mejorar durante este tiempo pascual? Hay muchas cosas en las que podemos crecer, especialmente en la paciencia con los errores del prójimo.

 

4. Cuidemos nuestro cuerpo. Iniciemos alguna actividad física

 

Si tengo un poco desatendido a mi cuerpo, ¡Cristo Resucitó en Cuerpo y Alma! Y tenemos que cuidar a nuestro cuerpo, para que dé todo lo que tiene que dar en el servicio de los demás. Iniciar en esta época una actividad física que me lleve a cuidar el don de Dios de mi cuerpo.

 

5. ¡Verdaderamente resucitó! Hagamos resucitar una amistad olvidada

 

¿Hace mucho que no sabemos de algún amigo? ¿La vida nos separó y no sabemos dónde está? ¡Aprovechemos la Pascua para llamarlo y quedemos a vernos durante la semana! ¡Hagamos resucitar la antigua amistad!

 

6. ¡El murió por nosotros! Comprometámonos en un apostolado por los demás

 

Ofrezcamos nuestra ayuda a alguien que lo necesite, a alguien que esté abandonado o solo. Vayamos a las plazas a buscar a los que pasan solos la Pascua, y llevémosle comida o un regalo.

 

7. Cuestionemos la vocación

 

¿Me animaré a hacer un retiro vocacional? ¿Ya sé claramente qué es lo que Dios espera de mí? El Plan de Dios es perfecto y quiere mi felicidad. ¿Por qué no ofrecerme a cumplir los sueños de Dios para mi vida?

 

8. Exploremos nuestros talentos para el servicio de los demás

 

¿Cuáles de mis talentos tengo ocultos? ¿Puedo ponerlos al servicio de los demás? Comencemos en este tiempo pascual a donarnos a los demás. Nuestro Señor resucitado va a multiplicar nuestros talentos para ayudar.

 

9. ¡Perdonemos de verdad! Reconciliémonos con alguien que nos haya herido

 

Es cierto, esa persona me hirió y me cuesta mucho perdonarla. Puedo ofrecer ese dolor enorme para "completar en mí lo que falta a la Pasión de Jesús. ¿Soy capaz de perdonar de corazón y para siempre la ofensa que me hicieron? La Pascua de Resurrección es una oportunidad hermosa para dejar atrás las heridas del pasado.

 

10. ¡Celebremos la vida! Toda vida, la que comienza y la que se acerca a su fin

 

¿Sabemos de alguien que está hospitalizado? ¡Vamos a visitarlo! El domingo de Pascua dura toda una semana, así que podremos ir en cualquier momento. Alegremos con nuestra presencia a los que están afligidos por la enfermedad. Y celebremos la vida de los recién nacidos.

 

*Publicado originalmente por CatholicLink

 

 

Por AFP AGENCIA - 10.04.2018

 

Foto: Cathopic 

 

El sumo pontífice mencionó los extractos de la tercera exhortación apostólica. “Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos”, dijo el Papa.

 

El papa Francisco lanzó este lunes 9 de abril, su tercera exhortación apostólica, “Gaudete et Exsultate”, un manual para ser un buen católico frente a los retos del siglo XXI 

 

Extractos de la tercera exhortación apostólica del papa Francisco

 

Me gusta ver la santidad en los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a casa (...) Es la santidad 'de la puerta de al lado', de aquellos que viven cerca de nosotros, son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, 'la clase media de la santidad”.

 

Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos”.

 

No se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos”.

 

Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales”.

 

No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto”.

 

"Quiero destacar que el 'genio femenino' también se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo".

 

"Quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías (...) que siguen teniendo alarmante actualidad".

 

"La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio".

 

"Es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista".

 

"La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte".

 

"Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo".

 

"Algunos católicos afirman que es un tema (el de los migrantes, ndr) secundario al lado de los temas 'serios' de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero no un cristiano, a quien solo le cabe la actitud de ponerse en los zapatos de ese hermano que arriesga su vida para dar un futuro a sus hijos".

 

"El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada, porque en la obsesión por pasarla bien terminamos excesivamente concentrados en nosotros mismos, en nuestros derechos y en esa desesperación por tener tiempo libre para disfrutar".

 

"Los jóvenes están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento".

 

 

 

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