Empantallados.com - 05.06.2018

 

Foto: Freepik 

 

Tenemos algo que contarte. Algo que probablemente hayas sospechado en algún momento. Tu hijo hace cosas para que tú no veas los sitios web que visita en Internet, cosas como:

 

Borrar el historial

 

Todo adolescente ha hecho esto en algún momento de su vida. Eliminar el rastro web para evitar que otros vean los sitios que ha visitado en Internet. Es la técnica más usada por los menores, pero tranquilo, no está todo perdido. Si sospechas que tu hijo está visitando webs inapropiadas, en este artículo puedes aprender cómo recuperar el historial de navegación aunque haya sido borrado.

 

Navegar en modo incógnito 

 

Este modo de navegación permite visitar sitios web sin que queden registrados en el historial. Pero, algo que te puede interesar para transmitir a tu hijo, es que esto no significa que el rastro desaparezca. Aunque la navegación no quede guardada en el dispositivo, sí que deja rastro en el sitio web. Es más, la actividad de navegación podrá ser vista por la empresa proveedora de internet, el propietario del ordenador y el propietario del sitio web.

 

Usar el móvil en lugar de un computador u ordenador

 

Por lo general, el móvil es un dispositivo menos controlado por los padres, por lo que a menudo los menores recurren al teléfono móvil para navegar, guardar o compartir contenido inapropiado.

 

Cerrar rápido las pestañas

 

No necesita conocimientos técnicos, solo destreza y buenos reflejos para cerrar a toda prisa las ventanas de navegación. Te sorprendería saber la de ventanas por segundo que puede cerrar un hijo cuando ve a su padre (o cualquier otro adulto) aproximarse a su ordenador.

 

¿Qué puedes hacer como padre?

 

Lo recomendable es tener una navegación compartida entre padres e hijos menores. De este modo, puedes tener acceso al contenido que ve tu hijo y así evitar que visite sitios poco apropiados. También te recomendamos visitar nuestro artículo sobre control parental para que sopeses todas las posibilidades y elijas cuál es la forma de control y prevención que más se adapta a tu hijo.  

 

 

Por LaFamilia.info - 14.05.2018

 

 

 

“Desde que descubrí la aplicación musica.ly tengo que decir que me ha sorprendido. Me sorprende porque no deja de ser una nueva manera de comunicar. El lenguaje del baile es complicado porque con las redes sociales se entra en un terreno pantanoso. He podido ver con detalle mensajes que lanzan a niños de no más de 13 años después de que posteen ese típico baile. Mensajes fuertes, de todo tipo…” así relata Noelia López en su blog, pero tal vez te estás haciendo la misma pregunta que nos hicimos nosotros cuando nos hablaron de esta app: ¿pero, qué es Musica.ly? Aquí te explicaremos. 

 

Se trata nada más y nada menos de la red social que está causando furor en niños y adolescentes. Musical.ly es una red social de video en la que se pueden crear, compartir y descubrir videos breves, algo así como Snapchat, sólo que ésta gira alrededor de la música, como su nombre lo dice. 

 

En Musical.ly puedes grabar videos de hasta 15 segundos de duración, bailando, haciendo una coreografía o literalmente haciendo un baile tonto ante la cámara de tu móvil, mientras suena de fondo alguna canción que puedes elegir entre una gran cantidad de opciones. 

 

Está dirigida a niños de 11 y 16 años, aunque existen cuentas de menores y mayores de este rango. Queda comprobado entonces que los padres no tenemos cabida en esta red y tal vez sea éste el primer factor de éxito. 

 

¿Puede ser peligroso usar Musical.ly para nuestros hijos?

 

Puede que hasta el momento no veas el “peligro” de esta red social, y es que como en todas las demás, el mal uso es el que finalmente acaba con los buenos propósitos de sus creadores, si es que los hay. 

 

Algunos defienden la red por ser un espacio para promover la música, el baile y la creatividad. Pero de otro lado, está la sobreexposición, los videos de bailes sensuales y aquellos donde se hace el ridículo con un único objetivo de llamar la atención de los demás; donde todo aquello que se publique recibirá a cambio o muchos “likes” o una lluvia de críticas, algunas pasadas de tono. Todo lo anterior teniendo en cuenta que estamos hablando de niños y adolescentes.

 

Álvaro Écija en el blog de ciberderecho.com, opina al respecto: “Musical.ly, al igual que otras apps como Instagram, Snapchat o Facebook, permite compartir contenido con otras personas desconocidas en todo el mundo (en este caso, videos) y este contenido, al subirse a internet, corre el peligro de escapar de nuestro control, o viralizarse pudiendo perjudicar a nuestros hijos, si es vergonzoso o humillante, o simplemente inadecuado. (…) Nuestros hijos tienen que saber que una vez que el contenido sube a internet, no es posible saber quién lo ha visto, y con qué intención puede llegar a utilizarlo, o si puede utilizarse en su contra, y por eso es importante aprender que no deben subir contenido inadecuado, que en un futuro puedan pensar que es ridículo y avergonzarles, o que muestre información delicada, como la casa o dirección donde viven”, señala el experto en seguridad en internet.  

 

Asimismo, Noelia López, Coach profesional, consultora en temas de Recursos Humanos, conferencista y Máster de Profesor de Educación Secundaria y Bachillerato, explica por qué hay que tener cuidado con esta red social:

 

“No, no puedes subir un baile a musica.ly y te voy a explicar por que´”– esto fue lo que le dije a mi hija cuando vi qué se cocía con esa aplicación y lo que implicaba.

 

Desde que descubrí la aplicación musica.ly tengo que decir que me ha sorprendido. Me sorprende porque no deja de ser una nueva manera de comunicar. Quién hace el mejor baile y la mejor sincronización es al final el que lanza el mejor mensaje. Y este mensaje es entendido por masas y masas de niños-jóvenes que quieren aprender a hacer las transiciones y bailes con esa perfección.

 

He visto como muchas de esas cuentas que muestran selfies uno tras otro donde por un lado aparecen los fans declarando su amor absoluto y por otro y sin ningún tipo de mesura, aparecen los “haters” insultando, ninguneando y atacando sin piedad al niño en cuestión.

 

Los selfies sin duda son esas herramientas de mostrarse, de reconocerse, de conectar con otros como ellos. Los bailes también. Al final, son maneras de comunicar que en este caso, representan a una generación. Sin embargo, todos quieren “salir perfectos”. Todos quieren que el baile “sea perfecto”. Así que aquí estamos jugando con la imagen que ese chico o chica se está haciendo de sí mismo porque responde también a las opiniones que reciba del entorno.

 

Miles y miles de personas que pueden opinar sobre lo que ven, lo que haces y por tanto, influyen en lo que piensas que eres. Si de repente ese joven sube su baile pensando que es lo más “cool” del mundo y recibe una media de 100 insultos, ¿qué va a pasar con él? Por supuesto lo mismo si recibe una media de 100 mensajes de amor absoluto y “eres perfecto, mi ídolo, te adoro…” …al final es irreal, es un mundo ficticio el que determina quién eres.

 

Así que me parece que esa sobreexposición a determinadas edades cuando se está formando la imagen de uno, donde el crecimiento de la autoestima está en juego… no toca. Por supuesto mucho menos, ese carácter sensual que lleva… Todo a su debido tiempo. Pero claro, aquí para opiniones, colores. Y todo respetable.

 

Así que no, mi hija tiene claro que no puede usar la aplicación para mostrarse bailando y si lo hace, lo que sube no son bailes. Fue un tema explicado, comentado, dialogado y debatido… y por ahora, las reglas son esas. Lo curioso de esto es que el límite en este caso, ha generado creatividad en ella. No ha hecho videos-bailes, ha hecho algo diferente. 

 

Este es el panorama de Musical.ly, ya cada familia determinará lo que considere mejor para sus hijos, lo cierto es que ésta como las otras redes sociales, implican atención, supervisión y guía de los padres, no podemos dejar a los hijos solos en un mundo de posibilidades como las que le ofrece internet a nuestros niños y adolescentes. 

 

 

Colaboración FamiliyandMedia.eu – 09.03.2018

 


Foto: Sean Parker en conferencia por Axios 

 

Durante una conferencia organizada por Axios en el National Constitution Center de Filadelfia (USA), Sean Parker, cofundador de Napster y primer presidente de Facebook, ha declarado que "Facebook se aprovecha de la psicología humana y sólo Dios sabe lo que le está haciendo al cerebro de nuestros hijos".

 

El famoso social network parece un gran experimento social que transforma la sociedad. Nuestras emociones y nuestra capacidad de análisis pasan y se forman cada vez más a través de una sociedad digital que, en líneas generales, se desarrolla, valora e interactúa precisamente dentro de los confines de esta red social tan potente y que, en ciertos aspectos, es preocupante. Incluso para quien la fundó y gestionó en sus primeros meses de vida.

 

¿Son una droga?

 

El propio Parker definió Facebook como “un circuito cerrado de retroalimentación de validación social, es exactamente la clase de cosa que se le ocurriría a un hacker como yo, porque explotamos una vulnerabilidad en la psicología humana… Y creo que los inventores, los creadores… yo mismo, Mark [Zuckerberg], Kevin Systrom en Instagram, todos lo entendíamos, éramos conscientes, y lo hicimos a pesar de todo". Facebook -como las demás redes sociales- aprovecha la vulnerabilidad de la psicología humana para crear una fuerte dependencia a través del mecanismo de "Me gusta", "Comentar" y "Compartir".

 

¿Se han preguntado por qué miramos continuamente nuestro smartphone? Probablemente porque esperamos un mensaje de una persona importante, o queremos controlar cuántas personas comentan nuestro status en Facebook. Ejemplo típico de condicionamiento de las redes sociales es el de las "dobles marcas" azules de Whatsapp. Quién de nosotros no ha exclamado alguna vez: "ha visto mi mensaje ¡pero no me contesta!".

 

Pero lo más sorprendente, y ésta es la verdadera cuestión, es nuestra reacción emocional hacia lo que compartimos online. Si nuestros follower responden de forma positiva, estamos contentos porque gustamos. Pero si recibimos pocos me gusta o compartir, nos sentimos poco apreciados por nuestra comunidad virtual, o peor aún, ignorados. Sean Parker da en el blanco: Facebook y las redes sociales nos empujan continuamente a buscar la aprobación social por nuestra red de contactos virtuales. Queremos tener consenso, ser compartidos, porque eso genera placer y autogratificación.

 

Pero ¿de qué depende esta química de la felicidad? De la dopamina. El aprecio de otras personas hacia algo que hemos compartido a través de las redes genera dopamina, un potente neurotransmisor, capaz de estimular nuestras emociones, dar placer y satisfacción, llegando así a regular nuestros estados de ánimo. Por eso no es exagerado afirmar que las redes sociales crean dependencia y condicionan diariamente nuestro humor.

 

Facebook cambia nuestra manera de aprender

 

Pero no se trata solamente de esto. La gran sospecha que está emergiendo es que Facebook puede influir también en nuestro modo de aprender, memorizar, relacionarnos con los demás y razonar. En pocas palabras, puede cambiar nuestro cerebro.

 

Cada actualización, cualquier cambio de reglas dictadas por Facebook, influye en las interacciones y en la implicación en las redes sociales, y también repercute en nuestra mente, sobre todo en los más jóvenes, pues están implicadas las dinámicas de aprendizaje y relación, así como la capacidad de concentración.

 

El aprendizaje cognoscitivo se realiza organizando la información, haciendo comparaciones, formando nuevas asociaciones, y se guía por experiencias pasadas y presentes. Pero estos escenarios son modificados con cierta regularidad, cambian las reglas del juego, y esto implica la imposibilidad de poder construir un aprendizaje lineal en el tiempo.

 

También la definición de la propia identidad no pasa ya a través del único grupo de nuestros iguales, pues ya no es posible identificarlo y “controlarlo”.

 

Es verdad que la tecnología y el progreso son imparables, pero también es cierto que habría que comprobar y observar con atención lo que está pasando online. En estos ambientes tan líquidos que se nos escurren de las manos, se están erosionando reglas conocidas y definidas hasta ahora, y no sabemos qué efectos tendrán en el futuro de los jóvenes.

 

Facebook y cerebro: ¿qué han descubierto las últimas investigaciones?

 

Las comunidades de Facebook, los grupos, las interacciones, parecen haber sustituido el grupo de referencia real y tangible de los amigos. Pero los efectos de la red pueden ser mucho más graves de los señalados por Sean Parker.

 

Según los investigadores de la Facultad de Medicina de Shanghai, en el cerebro de los adictos a Internet hay una cantidad anormal de materia blanca, es decir, de los haces de fibra nerviosa revestidos de mielina que garantizan el enlace entre el encéfalo y la médula espinal, en las áreas encargadas de la atención, el control y las funciones ejecutivas.

 

Esto produciría un cambio físico en el cerebro. Quienes frecuentan con asiduidad las redes sociales tienen un cerebro diferente al de los que no las usan. Y las redes y sus efectos se parecen cada vez más a los de las sustancias estupefacientes.

 

Es decir, las interacciones en las comunidades ¿se definen únicamente como necesidad de compartir, o hay algo más? Se trata de la necesidad compulsiva de convertir la vida social personal en algo público, escenográfico. La evanescencia de esos mensajes cambia la memoria, la capacidad de concentración y deducción lógica.

 

Podríamos decir que, de todos modos, las redes sociales no nos hacen estúpidos, pero la cuestión no es ésta. En realidad, estamos ante un cambio histórico. Las nuevas generaciones no consiguen concentrarse, no son capaces de diferenciar lo que es verdadero de lo que no lo es, como ocurre con las fake news. Pero ¿por qué?

 

Porque nuestro cerebro recibe tal cantidad de información que lo ralentiza y esto hace más lenta la capacidad de tomar decisiones inmediatas. Lo demuestra un experimento de Angelika Dimoka, directora del Center for Neural Decision Making de la Temple University. La investigadora invitó a un grupo de voluntarios a una especie de subasta, y les pidió que, antes de realizar la oferta, consideraran una serie de variables, e intentaran conseguir la mejor opción al precio más bajo. La investigadora observó cómo, al aumentar las variables, también aumentaban los errores, y a través de una resonancia magnética comprobó que la mayor carga de información hace aumentar la actividad de la corteza prefrontal dorso lateral, responsable de los procesos decisorios y del control de las emociones. Superado un cierto umbral de información y de parámetros indispensables, el cerebro sufría una especie de black out cognoscitivo que impedía la presentación de una nueva oferta. Además, los participantes mostraban signos de ansiedad y cansancio mental.

 

En resumen, podemos decir que la era digital no nos hace estúpidos, pero cambia drásticamente nuestro modo de sentir y comportarnos. Somos casi parte de un enorme box Skinner (box Skinner o cámara de condicionamiento operante es un instrumento de laboratorio utilizado en análisis experimental del comportamiento de los animales; el nombre alude a su inventor). Y el continuo flujo de información genera cansancio y ansiedad.

 

 

Todo esto, unido a una vida frenética y llena de estrés, contribuye a hacer más lentos los procesos decisorios. La única verdadera solución es frenar, pasar del always on (siempre on line) al sometimes on (algunas veces on line). De lo contrario, se resentirán nuestra vida, nuestras relaciones, el trato humano. Sin caer en alarmismos, intentemos reordenar nuestra vida y ser realmente dueños de las propias decisiones.

 

 *Colaboración de www.FamilyandMedia.eu para LaFamilia.info 

 

Empantallados.com - 09.04.2018

 

Foto: Freepik

 

ThisCrush es la red social que está triunfando entre los adolescentes. Su formato no es tan novedoso, se parece bastante a Ask.fm, ya que su éxito se basa en la comunicación entre usuarios bajo el anonimato.

 

Se lanzó a principios de 2016 pero cuando realmente se volvió popular en España fue en abril del 2017,  teniendo como principales usuarios a jóvenes entre 12 y 20 años.

 

¿Por qué justifican el anonimato? 

 

En ThisCrush se pueden enviar mensajes a otro usuario con el nombre real, o de forma anónima. Los creadores hicieron esto último ya que supuestamente facilita que una persona se declare a otra sin revelar su identidad o, al menos, esa era la intención inicial de la web. De hecho, el nombre de la red social viene de los crushes (amores platónicos no correspondidos).

 

Y como la intención es una cosa, y la práctica es otra, la realidad es que esta web se ha convertido en una de las más peligrosas para los menores, siendo un hervidero de acoso y cyberbulling.

 

¿Cómo funciona? 

 

Para comenzar debes indicar un nombre de usuario, una contraseña, y escoger un color para que se te identifique. Una vez hecho esto, se obtiene el CrushTag, que puedes añadir a otras redes sociales como Instagram. En tu perfil podrás insertar una foto y una descripción en la que cuentes quién eres, a qué te dedicas o cuáles son tus hobbies.

 

En tu cuenta eliges si prefieres postear de manera privada o bien de forma pública, con tu nombre o anónimamente. En la parte inferior de la misma se muestra un marcador que contabiliza los crush posts (comentarios que te han dejado) y los quick likes (los ’me gusta’ que te han dedicado).

 

¿Qué tipo de contenido se publica? 

Piropos, piropos subidos de tono, amenazas e insultos.

 

¿Qué hace tu hijo en ThisCrush? 

Puede que no quieras oírlo, pero los menores hacen básicamente una de estas tres cosas: ligar, acosar o ser acosado.

 

¿Por qué le gusta a tu hijo? 

Por lo mismo que le gusta Ask.fm: el anonimato. Y porque está muy ligada a Instagram. Los menores acostumbran a redirigirse desde Instagram (una red social con más control sobre comentarios y contenido inapropiado) a ThisCrush, lo hacen generalmente poniéndose el link de su perfil de ThisCrush en el link de la bio de su cuenta de Instagram.

 

¿Qué aspectos hay que tener en cuenta en esta red social?

ThisCrush afirma en su política legal de su web que no se hace responsable de lo que escriba la gente. A menudo publican en su cuenta oficial de Twitter tuits en los que hacen declaraciones como que ‘no son niñeras de nadie para supervisar su contenido.’ Sin comentarios.

 

Si un usuario tiene muchas denuncias online, lo que hace ThisCrush es bloquear el perfil durante un tiempo y remitirle a una página que le informa sobre el ciberbullying y al vídeo ‘Stand up to cyberbullying’ realizado por la Federal Trade Commission de Estados Unidos.

 

Por lo tanto, solo tenemos una recomendación que hacerte para ayudar a tu hijo: no dejarle abrirse una cuenta en ThisCrush.

 

*Publicado originalmente en Empantallados.com

 

 

Empantallados.com - 26.02.2018

 

Foto: Pixabay 

 

Uno de los mayores atractivos de WhatsApp son los grupos. Esas conversaciones grupales en las que nos enfrascamos a diario, se han convertido en algo cotidiano de nuestras vidas. Los grupos de WhatsApp pueden ser muy útiles para amigos, compañeros de colegio, trabajo, familias o también para quienes necesiten ‘conversar’ sobre un tema a la vez. Pero también pueden convertirse en un centro de malentendidos y, sobre todo, una gran pérdida de tiempo.

 

¿Cómo pueden hacer nuestros hijos un buen uso de los grupos de WhatsApp? Desde empantallados.com nos comparten las siguientes sugerencias de comportamiento en grupos de WhatsApp para nuestros hijos, y por qué no, para nosotros.

 

Pregunta antes de añadir a alguien. Hay quienes prefieren no estar en grupos de WhatsApp, por lo que antes de añadir a alguien a un grupo es importante preguntarle en una conversación privada. También hay una nueva opción que permite al crear un grupo enviar un link con invitación a unirse, en vez de añadir a una persona directamente.

 

Durante las horas de clase, estudio o trabajo evita enviar mensajes irrelevantes. Interrumpen el día y cansan a los demás integrantes del grupo que en ese momento están atendiendo a sus obligaciones. No hay peor cosa que las notificaciones incesantes: por eso te puede ayudar en la configuración de algunos grupos silenciar sus notificaciones.

 

¿No es un mensaje para todos? ¡Entonces no utilices un grupo! Los grupos de WhatsApp son para cosas que conciernen a todos los participantes. Evita empezar una conversación que sabes que solo atañe a uno o pocos participantes; y si es otra persona la que ha iniciado la conversación individual dentro de un grupo, abre una conversación individual con ella y hablad de vuestras cosas sin molestar al resto. Para enviar información o avisos son de gran utilidad  (y a veces poco utilizadas) las listas de difusión.

 

Una llamada vale más que mil WhatsApps. Las grandes noticias es mejor darlas en persona, pero si por cualquier motivo es imposible, llama y cuéntaselo de viva voz. Y si eso tampoco puede ser: abre una conversación individual y coméntaselo en privado. Si es algo que quieres comunicar de forma grupal, asegúrate que en ese grupo está toda la gente que quieres que sepa tu noticia, para que nadie se pueda sentir ofendido o molesto.

 

Cuida el uso de las palabras y los emoticones. El lenguaje te puede jugar malas pasadas… ¡hasta los emojis pueden malinterpretarse! Hay diccionarios de emoticonos y estudios con rankings de los emojis más usados, como este de la Universidad de Michigan (el emoticón de llorar de risa es el más utilizado en todo el mundo, salvo en Francia, donde el más usado es el corazón). Y, por supuesto, da siempre las gracias y pide las cosas por favor. Aunque con sentido común. No hace falta que la respuesta sean 256 mensajes de ‘¡Gracias!’.

 

¿Estás enfadado? Mejor guarda el móvil. No hay peor mensaje que ese que has escrito cuando estabas enfadado, y más si es en un grupo. Tampoco es muy recomendable hablar sobre temas opinables que no son el objeto del grupo: por ejemplo, enviar chistes sobre temas políticos o deportivos que pudieran causar conflicto o polémica entre los integrantes.

 

Evita reenviar mensajes de manera automática. ¿No te ha ocurrido alguna vez que has reenviado algo sin leerlo y luego se ha descubierto que era mentira? Desconfía de algunos mensajes y especialmente de esos que te dicen que se lo debes reenviar a 10 personas o que te ha tocado un vale de 100 € en una tienda muy conocida.  

 

El silencio tras el doble check azul: no lo malinterpretes. En todos los grupos hay gente más participativa que otra, y si a eso le sumamos la inmediatez en la respuesta a la que nos hemos malacostumbrado, esto puede generar malentendidos absurdos. Que alguien no participe, en un momento determinado, no es razón para molestarse. Debemos promover el derecho a la desconexión, que puede ser facilitado desactivando el doble check o confirmación de lectura (así nadie sabrá si has leído su mensaje y no te sentirás presionado a contestar inmediatamente).

 

Consulta antes de enviar fotos o videos de otras personas. Fotos, videos o cualquier material que pueda ser enviado por un grupo de WhatsApp es susceptible de ser guardado, usado o difundido por cualquier persona que esté dentro de ese grupo. Hay que tener especial cuidado con lo que se envía en un grupo, sobre todo si este cuenta con un número elevado de participantes y no conoces (bien) a todos.

 

Huye de los grupos en los que no quieras estar. A veces eres tú el que no quieres seguir estando y a veces son otros los que se van. Cuando alguien se salga de un grupo no saques conclusiones que puedan llevar a equívocos. Si quieres saber por qué una persona ha abandonado un grupo, pregúntale por privado, pero tampoco le atosigues.

 

Practica el detox de grupos inactivos. Es saludable hacer, de vez en cuando, una ‘limpieza’ de grupos de WhatsApp. La aplicación no hace fácil saber en cuántos grupos estás, pero puedes dedicarle un rato a contarlos y borrar los que ya no utilizas. Además, si eres el administrador de un grupo, es bueno eliminarlo cuando terminó la finalidad para la que se creó (por ejemplo, la organización de una fiesta de cumpleaños sorpresa). 

 

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