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Blogs LaFamilia.info - 20.11.2017

 

 

 

Levantarse un día y no sentir ni ver más a esa persona grandiosa que ha abandonado nuestra vida, nos puede nublar la existencia y hacernos sentir cabizbajos y a veces sin aliento para continuar. Es un abandono inconsciente, no premeditado, no programado e inocente. Toda vez que disfrutas de la presencia de ese ser entrañable, más difícil será el desprendimiento y la aceptación. ¿Pero… qué hacer cuando ese ser amado es llamado a formar parte del reino de Dios? ¿Cómo enfrentar el resto del camino sin tristezas ni agobios, recriminación ni arrepentimientos? No es sencillo poder enfrentar esta pérdida y más aún cuando es un ser cercano.

 

Les contaré mi historia, ya que recientemente mis queridos padres fallecieron y no hubo casi tiempo para preparación y aceptación de esta pérdida irreparable.

 

Mi madre… persona excepcional, inigualable, grandiosa, virtuosa y muy especial, nos enseñó durante su vida una razón intensa por la cual vivir y dedicar su tiempo y esfuerzos: sus hijos y esposo. Fue una mujer muy piadosa; nos enseñó a través de su ejemplo, el luchar intensamente por sacar adelante los sueños (no los de ella, sino los nuestros) porque abandonó los suyos por dedicarse a nosotros las 24 horas del día. Al pasar de los años era más exigente, no permitía faltas de respeto, desobediencias o altanerías. Ante todo, motivaba el deber ser y el cumplimiento de las normas y principios morales. Fue toda una dama, intachable, correcta en su proceder y con coherencia de vida. Indiscutiblemente todo lo anterior, nos ayudó a forjar nuestro futuro, convirtiéndonos en personas de bien que trabajan por el crecimiento de la sociedad.

 

Lo que más cala en lo profundo del corazón son sus palabras, gestos, consejos, movimientos involuntarios cuando algo no le agradaba. A veces en mis gestos, en mi proceder, en la manera de pensar o de actuar, se ven reflejadas sus enseñanzas. Esas palabras dulces que nos orientaban a sacar buenas calificaciones, nos animaban a ser los mejores y a demostrar que podíamos alcanzar las metas propuestas siempre quedarán sonando en mi caminar, en mi proyecto de vida personal y familiar.

 

Mi padre, un hombre correcto y generoso, muy alegre y divertido pues a todo le encontraba gracia y sus chistes fueron famosos en reuniones familiares y en los contextos en los cuales compartía con amigos y conocidos. Su sonrisa encantadora, nos hacía pensar en lo maravillosa que era la vida. A pesar de sus años y de sus enfermedades, siempre se mostró motivado y animoso por seguir luchando. Cuidaba y consentía mucho a mi madre. Le agarraba la mano para ver televisión (aprendió a ver telenovelas para acompañar a su amada esposa y ella, aprendió a ver fútbol, para acompañar a su príncipe azul). Siempre se mostró tierno y consentidor con nosotros sus hijos y con sus nietos. Fue un hombre de casa. No le conocimos situaciones de las cuales tuviésemos que sentir vergüenza.

 

Juntos fueron una pareja ejemplar. Se acompañaron y animaron a lo largo de los 58 años de casados y dos de novios. Los cariños se seguían percibiendo a pesar del tiempo y del perder día a día las facultades del cuerpo, por enfermedad y cansancio. Después de que mi madre abandonó el mundo terrenal, mi padre expresaba extrañarla mucho y que siempre la llevaría en su corazón.

 

Tanto fue el amor y la conexión con su amada, que casi a los dos meses de haber fallecido ella, él comenzó a sentir que en su cuerpo poco a poco se extinguía la llama de la vida. Empezó a enfermarse con más frecuencia. Fueron visitas frecuentes a clínicas y tratamientos para aliviar sus dolencias, hasta que una mañana en una de las últimas clínicas visitadas, se abandonó en la paz del Señor Todo Poderoso y sus ojos no volvieron a abrirse. Se reencontró con su amada en la eternidad. Nunca se quejaba ni nos preocupaba, siempre manifestaba sentirse bien, de pronto para no agobiarnos ni preocuparnos.

 

Lo que tranquiliza nuestro corazón es que ambos abandonaron esta vida terrenal con una sonrisa en los labios. A pesar de estar enfermos y que poco a poco se fue complicando su estado de salud, estuvieron conscientes y se entregaron en los brazos de Dios, creyentes, fieles, con fe firme, con convicción de haber cumplido su deber. Con la esperanza de entregarse en sus brazos para descansar y disfrutar de la vida eterna, tal como Él nos lo ha prometido.

 

He estado pensando sobre lo que pudimos haber hecho de más o lo que nos hizo falta hacer y no es preciso hacerlo todo. Basta solamente con amar a la persona y demostrárselo a cada instante porque no sabemos en qué momento nos llega la muerte. Las flores no nos llenan en el cementerio, nos deben llenar en un cumpleaños, un aniversario, una celebración especial o un día cualquiera, sin motivo alguno, solo con la sonrisa y el detalle de un te amo y un “te extraño”.

 

No esperemos a sufrir de enfermedades para pedir por la salud; no esperemos a accidentes para visitar a un ser que apreciamos; no esperemos a un viaje para llamar y expresar que se extraña a alguien; no esperemos a una separación para sentir que lo perdido era valioso. Luchemos en el ahora, en el presente, por los miles de razones para mantener vivo el amor; luchemos por brindar cariño y experiencias que no se volverán a repetir. Luchemos por demostrar con resplandor y pasión, que la familia nos importa, que son lo más significativo en nuestras vidas, que es irremplazable, única e irrepetible. No nos alcanzará el tiempo para expresar tanto amor si no empezamos desde este instante.

 

Qué triste es escuchar a tantas personas manifestando arrepentimiento por dormir enojados con su pareja, sin dirigirle una palabra porque el orgullo pesa más, y al siguiente día esa persona no despierta más. Y ya es demasiado tarde porque todo lo bueno lo debemos entregar en vida.

 

Disfrutemos al máximo de nuestros seres queridos, llamémoslos, escribámosles, visitémosles, enviémosles una tarjeta, hagámoslos sentir que son valiosos para nosotros, aprovechémoslos al máximo, aprendamos de ellos.

 

El mejor legado siempre será la conciencia tranquila, el pensar en todo lo bueno que se vivió, en las anécdotas, el buen humor, las grandes experiencias compartidas. Debemos estar preparados para afrontar estos momentos difíciles y orar con el corazón para que Dios traiga tranquilidad y confianza para continuar nuestro camino, dando lo mejor en cada tarea que emprendamos, rodeados siempre de los seres que nos aman y que amamos, porque juntos las cargas se hacen más livianas.

 

Madre querida, siempre estarás grabada en mi corazón y te daré profundas gracias por todo lo que hiciste en nosotros, por amarnos, cuidarnos, enseñarnos, corregirnos, llevarnos de la mano, comprendernos y reprendernos cuando era necesario. Siempre demostraste que éramos tu orgullo y nos encomendabas diariamente en tus oraciones. Desde el cielo te pido que sigas acompañándonos y guiándonos, y cerca de Dios intervengas por todos nosotros.

 

Padre adorado, fuiste el ejemplo vivo de que los hombres maravillosos existen y que dan la vida por su esposa e hijos. Gracias por tu compañía, enseñanzas, correcciones fraternas, palabras de aliento y capacidad de escucha. No conocimos palabras equivocadas ni estallidos de furia incontrolable, por el contrario, fuiste paciente, alegre y divertido, y eso nos dejó grandes enseñanzas. Nos ayudó a conocer el verdadero sentido de la vida.

 

Ambos estarán en lo profundo de nuestros corazones.

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Blogs LaFamilia.info - 23.06.2017

 

Foto: Freepik 

 

Muchas veces hemos escuchado que debemos aceptar y querer al prójimo, tener compasión, ayudarlo y protegerle; lo cual es sinónimo de vivir la caridad. Cuán difícil es poder conocer la trascendencia de esta actitud y de interiorizar la magnitud de su significado. “El prójimo”… ¿Pero quién es? ¿En dónde lo busco? ¿Cómo le ayudo?

 

No hay que desplazarnos ni ir muy lejos porque donde menos creemos está esa persona que necesita de nuestra mano amiga, de una voz de aliento, de una mirada, de un simple saludo. A medida que avanzamos en nuestra edad, vamos considerando la vida de una manera más pausada. Cuando jóvenes queremos atrapar el mundo con las manos, pensamos que vivir la vida es ir contra corriente y muchas veces, sumergirnos en un abismo sin regreso. En la actualidad eso es lo que nos transmiten los medios de comunicación, las redes sociales, las amistades, el contexto. “Anda a vivir sin importar qué haces con tu vida y a quién atropellas en ese ir y venir desaforado porque lo importante es disfrutar”. Pero esto a costa de qué.

 

Nuestra vida no puede estar basada en lo trivial, en lo que no tiene real importancia. En un abrir y cerrar de ojos podemos perder todo y encontrarnos solos, y más aún cuando no cuidamos a las personas que conocemos y que hacen parte importante de nuestras vidas. Con una actitud desinteresada es muy fácil quedarnos sin los verdaderos tesoros que nos llenan de alegría: la familia, la pareja, los hijos y los amigos. Los seres que más nos quieren son aquellas personas a las cuales debemos cuidar especialmente pues son los que nos dan las razones y el sentido para existir y disfrutar de lo maravillosa que es la vida. Los bienes materiales son valores agregados obtenidos al hacer muy bien nuestro trabajo pues con este recibimos remuneración que a la vez, si sabemos aprovechar, día a día podremos ir adquiriendo casa y vehículo; podremos ir escalando profesionalmente, vestir dignamente, viajar si está dentro de nuestros planes, etc. Pero lo fundamental, y que muchas veces dejamos de lado, son las personas.

 

Entonces, esa actitud de piedad, humanidad, sensibilidad y de misericordia, se resume en una virtud que nos ayuda a ganarnos el cielo con cada acción emprendida, porque se hace con amor, con sentido sobre natural; con el sentimiento inigualable del agradecimiento a Dios y a los dones excepcionales que nos da a cada instante. Cuando dejamos el egoísmo y actuamos sin pensar en nosotros mismos, es cuando se vive realmente la caridad, que reúne a todas las virtudes descritas anteriores. Son virtudes porque se hacen presentes como algo ya propio de cada uno de nosotros, se viven naturalmente cuando pensamos en el prójimo sin esperar nada a cambio. Sólo por el hecho de pensar que esa persona cercana está necesitando de mi auxilio, de mi ayuda, de mi consejo, de mi compañía. A veces para ser solidarios esperamos sólo a que haya catástrofes o campañas en pro de la comunidad para aportar un mercado, sin considerar, que la caridad debe ir más allá. Trascendemos cuando somos caritativos pues la satisfacción es tan grande que podemos decir y sentir que somos felices cuando vamos al encuentro con el otro que es semejante a mí.

 

El amor es lo más profundo que permite a la persona tener una razón para vivir. No hablo sólo del amor de pareja. Hay muchas maneras de amar y profundamente. Aquellas personas que entregan su vida para trabajar por los demás, aportando un grano de arena para construir un proyecto lleno de bondad; están pensando en hacer el bien y eso no tiene precio alguno. La caridad está unida al amor necesariamente. Como lo expresó san Josemaría Escrivá de Balaguer en su libro Amigos de Dios: «No poseemos —señalaba san Josemaría— un corazón para amar a Dios, y otro para querer a las criaturas: este pobre corazón nuestro, de carne, quiere con un cariño humano que, si está unido al amor de Cristo, es también sobrenatural. Ésa, y no otra, es la caridad que hemos de cultivar en el alma», tenemos un solo corazón y este solo bastará para amar a Dios, y si lo amamos a Él, amaremos también a todos nuestros semejante.

 

La caridad la debemos tener con todos a nuestro alrededor. Es absurdo amar a los de fuera de casa y en nuestra familia tener un comportamiento irrespetuoso, intolerante e intransigente. Amémonos también primero a nosotros mismos; si no nos amamos y respetamos, ¿quién nos amará y respetará? La cadena de virtudes se hace más fuerte cada vez que las vivimos en nuestra vida personal, familiar, laboral y profesional. Se forma un escudo impenetrable que nos hará más fuertes ante las tentaciones y frente a las actitudes desfavorables de los demás. La caridad es la madre de las buenas obras. Nada más gratificante que el deber de hacer bien las cosas porque cuando se omite o se disfrazan los valores en las acciones emprendidas, en algún momento de nuestras vidas comienza la conciencia a cobrarnos factura. Se dice que la vida misma es un búmeran que nos trae lo bueno o lo malo de acuerdo a como hemos procedido.

 

Sabiamente lo expresó el Papa Francisco: “la caridad es una gracia: no consiste en el hacer ver lo que nosotros somos, sino en aquello que el Señor nos dona y que nosotros libremente acogemos; y no se puede expresar en el encuentro con los demás si antes no es generada en el encuentro con el rostro humilde y misericordioso de Jesús”. Seamos caritativos, personas con un corazón bondadoso, con rostro alegre, con manos reconfortantes y mirada comprensiva. No es fácil lograrlo pero si es más gratificante que una persona con corazón de piedra o egoísta, con rostro desolado, con manos intolerables y mirada inflexible. Una persona con esta actitud sufre más, está aislada y también es incomprendida. Puede tener una coraza tan fuerte por fuera pero por dentro se desmorona y se desanima ante la adversidad. Se necesita la fuerza de Dios para poder enfrentar con la cabeza en alto la adversidad y con la esperanza de que todo mejorará en unión con la lucha interior para cumplir nuestra misión de alcanzar la verdadera felicidad, que se encuentra dentro de cada uno pero que no se alcanza en la soledad. Estamos en la sociedad y por tanto, no vivimos solos, compartimos con los demás y debemos dar lo mejor en cada uno de nuestros actos.

 

El verdadero rostro de la caridad está frente a nosotros, sin ir tan lejos. Mi prójimo es mi hermano, mi mamá, mi papá, mi esposo, mi hijo, mi amigo, mi compañero de trabajo, mi vecino. Está en quien necesite de mí. Todo lo que hagamos bien será retribuido en nosotros mismos y en nuestra familia. Siempre debemos pensar hacer lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros y vivir también la virtud de la alteridad, la cual consiste en ponernos en el lugar de los demás, para así poderlos comprender y entender, para ser también cada vez más humanos.

 

“Estamos llamados al amor, a la caridad y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esa está ligada también la alegría de la esperanza cristiana. Quien ama tiene la alegría de la esperanza, de llegar a encontrar el gran amor que es el Señor”. Papa Francisco, VATICANO, 15 Mar. 17

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Blogs LaFamilia.info - 10.01.2017

 


Foto: Pixabay

 

Ingredientes:

 

1 copa de comprensión

1 cucharadita de amistad

½ taza de ternura

2 cucharadas de afecto

1 pizca de simpatía

 

Preparación:

 

1. Vierta la copa de comprensión, la cucharadita de amistad y las dos cucharadas de afecto en un recipiente. Revuelva hasta obtener que los ingredientes se mezclen totalmente.

 

2. Agregue poco a poco la media taza de ternura hasta que todos los ingredientes se vean homogéneos.

 

3. Sirva los ingredientes anteriores en una copa grande y por último eche la pizca de simpatía. Este último ingrediente puede agregarlo al gusto.

 

4. Por último, para decorar el coctel del Amor, puede rosear la copa con una capa de cariño.

 

¿Cuándo acompañar con este coctel del Amor?

 

Este es un aperitivo que nunca está de más. Es bienvenido en todos los momentos del día. Entre más se use en la cotidianidad más se recogerá porque dar invita a recibir. El coctel del Amor reúne una serie de ingredientes vitales para la vida en pareja. 

 

- ¿Qué sería de nuestra vida sin el amor? 

- ¿Se puede construir un matrimonio sano sin este ingrediente? 

- ¿Se fortalece el matrimonio con la comprensión, la amistad, la ternura, el afecto y la simpatía? 

 

Estos elementos son vitales  para hacer que una relación avance por un camino lleno de afectividad, de expresión de sentimientos profundos que le darán solidez a la unión marital y sobre todo, la ayudarán a soportar cualquier eventualidad, problema o diferencias que se puedan presentar.

 

¡A brindar entonces con este coctel del Amor!

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

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Blogs LaFamilia.info - 09.06.2017

 

 

El hombre, como ser único e irrepetible, creado por Dios a su imagen y semejanza, ha de ser modelo de los principios y valores que soportan con pilares sólidos la sociedad. Ha de ayudar a construir un mundo más justo y pacífico para todos, desde su propio hogar, ya que se ejerce un efecto multiplicador cuando se actúa de manera apropiada y, nada más efectivo para contagiar a los demás, que dar el ejemplo.

 

A continuación encontrarás diez características del hombre en la sociedad, no como un ideal, sino como el deber ser. 

 

1.   Ser especial, único e irrepetible creado por Dios como complemento esencial de la mujer para trascender y dar prosperidad a su generación, sus tradiciones, cultura, valores y principios.

 

2.   Es irresistiblemente contagioso su deseo profundo de justicia, de servicio y de afán por emprender tareas magnas en pro de la sociedad.

 

3.   Es capaz de bajar la luna y las estrellas por sus seres amados pues es fiel en la entrega total de su corazón cuando ama con profundidad y devoción.

 

4.   Se distingue por su sentido protector en la familia y por ser defensor de las buenas costumbres y tradiciones que propenden por el bien común y la ayuda desinteresada. 

 

5.   Está preparado para afrontar la adversidad con la valentía y la fortaleza más admirable pues brinda calma en la tormenta y apacigua las dificultades con sosiego y serenidad.

 

6.   Su familia es estandarte del cual se enorgullece y le brinda su más profundo afecto, trabajando y aportando su tesón para alcanzar las metas propuestas.

 

7.   Su inteligencia lo orienta hacia el camino del bien común y de la construcción de un ambiente de bienestar para sí mismo y los demás.

 

8.   Es dinámico, alegre, comprometido y perseverante para lograr los objetivos en su vida, guiándose de su sabiduría y constante búsqueda de la verdad.

 

9.   Brinda buen consejo y es amigo incondicional, pues los valores fundamentales son la base para conciliar y apoyar a los seres más queridos sin esperar nada a cambio.

 

10.    El hombre al igual que san José, protege y cuida a su familia, trabaja por ella, la conduce por el camino del bien. “Mira cuántos motivos para venerar a San José y para aprender de su vida: fue un varón fuerte en la fe...; sacó adelante a su familia —a Jesús y a María—, con su trabajo esforzado...; guardó la pureza de la Virgen, que era su Esposa...; y respetó —¡amó!— la libertad de Dios, que hizo la elección, no sólo de la Virgen como Madre, sino también de él como Esposo de Santa María. – San Josemaría Escrivá de Balaguer, Forja, 552.

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Blogs LaFamilia.info - 9.12.2016

 

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Hace algunos días escuché a una persona sabia hablando sobre el pecado y dentro de las experiencias y anécdotas que contaba, hilaba a la pérdida de la dignidad humana con el abandono del bien. Tantas situaciones unidas al estar divorciado de Dios porque indudablemente el pecado es una ruptura del hilo de amor que nos une a Él como nuestro Creador y máxima inspiración para dar riendas a nuestro actuar. Decía que el pecado nos hace errar enormemente, nos hace realizar cosas de las cuales nos sentiremos mal con nosotros mismos, de pronto no en la inmediatez del momento, sino con el pasar del tiempo, de los años, muchas veces cuando todo está ya perdido.

 

Dentro de los diferentes ejemplos estaba el de la persona que se sumerge en el mundo del alcohol, y que muchas veces es consciente de que beber desafortunadamente está mal, pero el placer del momento está por encima del mal y del bien. Su raciocinio se nubla, su conciencia se perturba, su sabiduría se adormece, dejándose llevar por el instante, tan efímero pero contundente. De ese momento de aturdimiento total podrán surgir consecuencias inevitables que lo conducirán por el camino de la irresponsabilidad cometiendo actos tan vergonzosos que lo llevarán poco a poco a quebrar o a olvidar totalmente su dignidad.

 

¿Cuántas personas sumergidas en el mundo del alcohol han cometido actos de los cuales se arrepienten cuando están en su sano juicio? Y no es fácil resarcir lo que se ha hecho, por ejemplo, frente a los menores, frente a  los hijos. Al estar adormecidos con el alcohol se puede ofender enormemente a los seres más queridos, ser violento, insultar o provocar situaciones que degradan totalmente, y lamentablemente devolver el tiempo y sanar es demasiado difícil.

 

¿Pero qué es la dignidad y por qué es importante tenerla en cuenta en el transcurrir de nuestras vidas? En el Catecismo de la Iglesia Católica se encuentra la siguiente definición: “La dignidad de la persona humana está enraizada en su creación a imagen y semejanza de Dios (artículo primero); se realiza en su vocación a la bienaventuranza divina (artículo segundo). Corresponde al ser humano llegar libremente a esta realización (artículo tercero). Por sus actos deliberados (artículo cuarto), la persona humana se conforma, o no se conforma, al bien prometido por Dios y atestiguado por la conciencia moral (artículo quinto). Los seres humanos se edifican a sí mismos y crecen desde el interior: hacen de toda su vida sensible y espiritual un material de su crecimiento (artículo sexto). Con la ayuda de la gracia crecen en la virtud (artículo séptimo), evitan el pecado y, si lo han cometido recurren como el hijo pródigo (cf Lc 15, 11-31) a la misericordia de nuestro Padre del cielo (artículo octavo). Así acceden a la perfección de la caridad.”*

 

La dignidad en la persona está unida entonces a su creación, no puede desligarse de su ser, es intrínseca a su diario vivir y además está enlazada también con su capacidad de edificarse y de ser acompañada de la conciencia moral. Es por lo anterior que cuando realizamos actos en contra de la honestidad, de la decencia, del decoro, de la honorabilidad e integralidad, estamos acometiendo actos impuros y por consiguiente, nos rodeamos del pecado. Hay que tener en cuenta que es muy fácil caer en este juego de infringir normas en contra de la moral y de los buenos principios y más aún, en el mundo actual, en donde casi todo es relativo. Prima más la individualidad que el bien común. Ponemos de estandarte una bandera enorme marcada con el “YO” y sólo cuenta el “placer”, enfocado éste hacia muchos aspectos de la vida cotidiana.

 

Tantas veces se acometen actos con justificación, como si esto borrara la mancha del pecado y como si no se atentara contra la dignidad de la persona. Cuando estamos casados, salir con otras personas y olvidarnos de responsabilidades porque en casa se discute permanentemente; tomar dinero que no nos corresponde porque hay situaciones financieras difíciles; enceguecernos con el licor u otras sustancias por simple diversión. Todo esto y muchas otras situaciones van opacando el resplandor de la belleza humana, pues no fuimos hechos para dañar o para atentar contra los demás. Tenemos libre albedrío pero esta condición o regalo divino no nos justifica para hacer lo que queramos y mucho menos, para pisotear o dañar a los demás.

 

Ser una persona digna deberá ser nuestra mayor meta, lo demás vendrá por añadidura, por valor agregado. No nos enfoquemos solamente en el paraíso terrenal. Es más gratificante la vida eterna, el cómo seremos premiados por el deber ser, lo que debemos hacernos a nosotros mismos y a las demás personas, porque no estamos solos; siempre estaremos rodeados de seres que comparten muchas veces nuestros mismos espacios: el hogar, el trabajo, el barrio.

 

Actuemos con mayor responsabilidad teniendo como base que lo realizado involucra no sólo a la propia persona sino que deja un camino ya labrado para los seres amados. ¿Qué dejaremos sembrado para nuestros hijos? ¿Es el mejor ejemplo el que les estoy dejando? ¿Si contribuyo con cada acción en la construcción de una sociedad mejor para todos? ¿O simplemente soy de las personas que me enfoco a mis propios deseos o caprichos; que busco mis propios beneficios pasando por encima de los demás sin tener en cuenta mi dignidad y pisoteando también la de ellos?

 

Diciembre es un mes lleno de gracia, de amor infinito, de luz y esplendor. Qué grandioso sería que en cada uno de nosotros titilara ese brillo de esperanza y que reconsideráramos nuestro actuar, dejando a un lado el egoísmo y dedicando tiempo y cariño a las personas que han sido importantes en nuestras vidas. Nunca es tarde para resarcir nuestros actos y volver a tomar las riendas de nuestra vida. Recuperemos la dignidad que hemos a veces ido perdiendo y busquemos estar en familia, unidos por los lazos inquebrantables de la fe y la esperanza. Pidamos perdón a quien hemos ofendido, no nos hará perder dignidad, por el contrario, nos convertirá en personas correctas y sabias, porque reconocer las fallas es más grande que tratar de ocultarlas o justificarlas.

 

Iniciemos un año nuevo lleno de buenos propósitos y de acciones que nos hagan brillar hacia los demás. Con seguridad, todo lo que nos propongamos será más decisivo si reconocemos las faltas y las llevamos hacia la búsqueda permanente de la verdad y de la bondad.

 

***

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

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