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ReL- 20.02.2019

 

Foto: Freepik 

 

La BBC no consigue comprender por qué en los tiempos del #MeToo las mujeres no se reconocen en la causa feminista. Leone Grotti apunta algunas posibles explicaciones recordando casos muy recientes:

 

¿Pero cómo? "Millones de mujeres" marcharon contra Donald Trump en 2017; más de 80 actrices tuvieron el valor de denunciar los abusos sexuales de Harvey Weinstein; medio millón de usuarios compartieron el hashtag #MeToo el día en que se lanzó en Twitter; actrices y estrellas internacionales abrazaron públicamente la batalla por la igualdad entre géneros; movimientos como  #everydaysexism se convirtieron en el centro de atención; todo esto y más ha pasado en pocos años ¿y aun así pocas mujeres "se definen feministas"?

 

El asombro de la BBC

 

La BBC no consigue entenderlo, y por ello le ha confiado a Christina Scharff, profesora del King’s College de Londres, la realización de un estudio. Según diversos sondeos realizados por YouGov y otros institutos que llevan a cabo encuestas de opinión, sólo el 34% de las mujeres en el Reino Unido se definen feministas. En otros países no va mucho mejor: en Suecia, patria de los derechos de las mujeres, el feminismo atrae al 40% de las mujeres; en Francia, al 33%; al 29% en Noruega; al 22% en Dinamarca; al 17% en Finlandia y en Alemania sólo al 8%.

 

El hecho es un poco desconcertante, dice Scharff, si se considera que más del 80% de las mujeres sostiene que "hombres y mujeres son iguales"; otras concuerdan en condenar el sexismo, y aun así, cuanto más baja el nivel de instrucción de las personas encuestadas, mayor es la tendencia a rechazar la etiqueta feminista que, sin embargo, "defiende" todas estas causas. 

 

La culpa sería de los viejos estereotipos que "asocian el término 'feminismo' con el odio a los hombres, el ser lesbianas y la falta de femineidad". Pero Scharff no consigue comprender cómo pueden sobrevivir en el siglo XXI semejantes prejuicios. Puesto que los periodistas de la BBC, al igual que tantas investigadoras y docentes universitarias, parecen vivir más en Twitter que en el mundo real, intentaremos recordar algunos atractivos modelos que la causa feminista ha ofrecido a las mujeres occidentales en los últimos años, y algunas soluciones que ha avanzado para corregir la sociedad patriarcal y machista.

 

Jugar a quemar iglesias

 

Un grupo famosísimo de feministas glorificado por los medios de comunicación, las Femen, se enorgullece de manifestarse pechos al aire en cada rincón del mundo para denunciar el "patriarcado". Este grupo tiene como líder a una mujer que aceptaría "donaciones incluso de Satanás para difundir el feminismo".

 

Otros ejemplos de colectivos feministas tranquilos y pacíficos se pueden encontrar en Argentina, donde cada año el 8 de marzo intentan quemar las iglesias del país y juegan a hacer abortar a la Virgen; o también en España, donde las feministas distribuyen cajas de cerillas con el lema: "La única Iglesia que ilumina es la que arde. ¡Contribuye!".

 

"Curar" a los hombres

 

En Suecia se ha introducido una ley "para cambiar la mentalidad de cada hombre y cada chico" que impone pedir a la otra parte, mejor si es de forma escrita, el consentimiento explícito para las relaciones sexuales. Sin ello, cualquiera podría ser acusado formalmente de violación. Siempre en Suecia, un profesor de neurofisiología fue investigado, acusado de "antifeminismo", por haber dicho en una clase que, desde el punto de vista biológico, "hombres y mujeres son distintos".

 

Por quedarnos en este paraíso del feminismo, he aquí otras batallas apoyadas por nuestra heroínas: leyes para cambiar la expresión "mujer embarazada" por "persona embarazada" para no discriminar a los transexuales; jardines de infancia donde para eliminar el "sexismo" se dirigen a los niños con pronombres neutros; cursos para curar a los hombres de su "masculinidad tóxica". Y nos paramos aquí para no discriminar a otros países.

 

La escritura inclusiva

 

En Francia se han inventado la "escritura inclusiva" para cambiar las reglas de la gramática y del lenguaje con el fin de garantizar, por fin, "la igualdad entre hombres y mujeres". Una norma de esta nueva lengua prevé descomponer el plural, que utiliza el masculino para designar a aquellos grupos dentro de los cuales hay hombres y mujeres, e introducir después de la raíz de la palabra el sufijo masculino y el femenino separados por un punto a media altura. Es más fácil escribirlo que describirlo: para indicar "los candidatos a la presidencia de la República" se tiene que escribir "los candidat·os·as". Lo mismo se ha propuesto también en España.

 

Siempre en Francia, una defensora del feminismo, Titiou Lecoq, se jactó de no haber llevado a su hijo durante días al otorrinolaringólogo porque "tenía que ocuparse del niño su compañero". El niño acabó con un tímpano perforado pero, en compensación, "él [el compañero] ahora lo ha entendido".

 

#MeToo, sujetadores y juguetes sexuales

 

En Italia, el periódico Repubblica le hace publicidad a la causa feminista hablando de sujetadores sin aro, que tal vez gustarán menos a los hombres, pero también "la perspectiva con la que se mira a un producto como la ropa interior femenina es hija de una conciencia distinta, por parte de las mujeres, del propio modo de ocupar un espacio en la sociedad". Culturalmente relevante también es la campaña feminista a favor de los juguetes sexuales.

 

No hablamos del #MeToo, que ha erigido en sistema en todo Occidente la ley primum sputtanare, deinde verificare [primero putear, después verificar]. ¿Cuántos hombres han sido acusados de acoso, han perdido trabajo y familia y, después, cuando los documentos han pasado de Twitter a un tribunal real, han sido absueltos de toda acusación? Como ha sugerido Alain Finkielkraut, el objetivo de la hiperbólica campaña social sobre el acoso es "la desaparición del hombre". 

 

Hombres no, musulmanes sí

 

El feminismo también es famoso por usar dos pesos y dos medidas: el hombre siempre es culpable, salvo cuando es de religión islámica. Las Femen no han protestado nunca en una mezquita; cuando las mujeres francesas del barrio Chapelle-Pajol de París han denunciado que "los hombres nos insultan si llevamos falda, ya no podemos salir de casa", la ultra-feminista Marlène Schiappa, ministra de igualdad de género, la misma que patrocinó la escritura inclusiva, se calló porque los hombres en cuestión eran inmigrantes y musulmanes. El emblema de estas equivocaciones es el silencio sobre los sucesos de Nochevieja en Colonia.

 

El feminismo serio

 

Se podrían citar otros miles de ejemplos, pero es mejor detenerse aquí. Nos encanta que la BBC se haya zambullido en el mundo real a través de los sondeos. Lo que falta en el análisis de Scharff, y de otras muchas docentes, es que el feminismo ha tenido, y sigue teniendo, un papel importante y grandes pensadoras que han sabido reflexionar a fondo sobre el tema de la diferencia sexual: Luisa Muraro, Marina Terragni, Sylviane Agacinski, sólo por citar algunos nombres.

 

No obstante, demasiado a menudo sus reflexiones se ven oscurecidas por quien ha reducido el feminismo al circo hipócrita y a la superficialidad denunciados en un magistral artículo para Tempi de la filósofa francesa Bérénice Levet: "El feminismo es una ideología que ve la relación entre hombre y mujer como una relación de fuerza y de poder, donde el hombre representa al depredador y la mujer a su presa. Pero no es así, y es nuestra experiencia quien nos lo dice. (…) El movimiento #MeToo me asombra, pero el discurso victimista, con mayor razón si quien lo transmite son grandes actrices americanas y mujeres que ocupan puestos destacados, no engaña a nadie (…) porque la esencia de una mujer no es para nada la de ser una víctima, y la historia de las mujeres no se puede reducir a esto (…). El feminismo es una escuela de estulticia, reduce las obras de nuestro patrimonio literario, figurativo, musical a su estrechez de miras".

 

*Publicado originalmente en ReL y traducido por Elena Faccia Serrano

 

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ReL - 06.02.2019

 

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El Papa Francisco volvió a manifestarse en contra el aborto el pasado 2 de febrero y aseguró que “es un asesinato que no puede presentarse como derecho humano”. 

 

Durante una audiencia que concedió en el Vaticano al Movimiento por la Vida, el Santo Padre subrayó que “donde hay vida, hay esperanza. Pero si la vida misma es violada cuando surge, lo que queda ya no es el recibimiento agradecido y asombrado del regalo, sino un cálculo frío de lo que tenemos y de lo que podemos disponer”.

 

Y añadió: “Entonces, también la vida se reduce a un bien de consumo, de usar y tirar, para nosotros y para los demás. ¡Qué dramática es esta visión, desafortunadamente difundida y arraigada, presentada también como un derecho humano, y cuánto sufrimiento causa a los más débiles de nuestros hermanos!”.

 

El Papa además recordó que “cuidar de la vida requiere que se haga durante toda la vida y hasta el final. Y también requiere que se preste atención a las condiciones de vida: salud, educación, oportunidades de trabajo, etc. En resumen, todo lo que permite a una persona vivir de manera digna”.

 

A propósito de estas declaraciones del Papa Francisco, compartimos el siguiente blog de Stephanie Gray, quien plantea ocho cuestiones con perspectivas originales que pueden ser muy útiles en cualquier discusión sobre el tema:

 

“Una persona que escuchaba una de mis conferencias me habló de una ocasión en la que presentó una solicitud de trabajo para una organización misionera que operaba en defensa de la castidad en América. Durante la entrevista le preguntaron: "Si no la aceptamos para este trabajo, ¿qué hará usted?". Sin dudarlo un instante, ella respondió: "Me iría a África y trabajaría con los pobres". Durante todo ese día no pudo quitarse de la cabeza la pregunta. Y su respuesta. Se dio cuenta de cuál era de verdad el deseo de su corazón, por lo que retiró su solicitud de trabajo y se fue a África a servir a los pobres. Del mismo modo que responder a una pregunta llevó a esta joven a tomar un camino muy distinto al del plan original, creo que aplicar el poder de las preguntas al debate del aborto puede ayudar a quienes las respondan a darse cuenta de que Roe vs Wade [sentencia del Tribunal Supremo que en 1973 legalizó el aborto en Estados Unidos], lejos de ser una buena decisión legal, fue en realidad una decisión contra la razón.

 

Estas son preguntas que podemos plantear:

 

1. ¿Desde qué punto medimos la viabilidad?

 

Cuando se discute Roe vs Wade, la gente a menudo habla de la viabilidad. Algunos argumentan que el aborto es aceptable si el niño no puede sobrevivir fuera del vientre materno. En general se considera que un niño no nacido es viable alrededor de la semana 24 de gestación. Pero consideremos la etiqueta 24 semanas y lo que implica: llegar a las 24 semanas implica que empezamos a medir el paso del tiempo 24 semanas antes. ¿Qué pasó en ese momento? La unión del espermatozoide y el óvulo, conocida como fecundación. Dado que empezamos a contar a partir de este momento, esto significa que se acepta que la vida empieza no a las 24 semanas, sino 24 semanas antes.

 

2. Si el aborto, en el caso de que peligre la vida de la mujer, se permite después de la viabilidad, ¿por qué no sacar al niño vivo y no muerto?

 

Los defensores del aborto indican que a veces es "necesario" después de la viabilidad porque la embarazada podría morir si no aborta. Dado que en estos periodos avanzados de embarazo el niño puede sobrevivir fuera del vientre materno, ¿por qué matar al niño? ¿Por qué no provocar el parto y poner al bebé en una incubadora?

 

3. ¿Un test de embarazo negativo ha llevado alguna vez a un aborto?

 

Sabemos que la respuesta es: "Obviamente no". Por lo tanto, ¿qué le está diciendo el test positivo de embarazo a una mujer? Le está diciendo que su cuerpo embarazado no es el único cuerpo presente, sino que hay otro individuo presente en él. ¿Y quién es este individuo? Un niño. Y no un niño cualquiera. Es su hijo. Por lo tanto, hay una pregunta que tenemos que plantear: ¿qué espera de los padres la sociedad? ¿Espera que cuiden a sus hijos o que los maten?

 

4. Si el aborto es una cuestión del derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, ¿cuándo empieza ese derecho?

 

Hace algunos años, la revista The Economist publicó un reportaje sobre la desaparición de cien millones de mujeres del mundo debido al aborto y al infanticidio selectivo. ¿No es interesante el hecho de que el aborto suela promocionarse como pro-mujer y, sin embargo, un gran número de mujeres son asesinadas en el vientre materno precisamente porque sus cromosomas sexuales son XX? ¿Acaso las niñas no nacidas no tienen derecho a sus cuerpos?

 

5. ¿Qué dice la ley cuando una mujer sentenciada a muerte está embarazada?

 

Todos los estados de Estados Unidos en los que es legal la pena de muerte prohíben la ejecución de mujeres embarazadas. Además, la Alianza Internacional de las Naciones Unidas sobre los Derechos Civiles y Políticos declara que "la pena de muerte no debe... ejecutarse en mujeres embarazadas". La gente discute si quienes han sido juzgados culpables deben ser o no condenados a muerte, pero todos coinciden en que los inocentes no deben ser condenados a muerte. No aplicar la pena capital a una mujer culpable por la única razón de que está embarazada es reconocer que dentro de su cuerpo hay un niño inocente.

 

6. ¿Qué nos dicen sobre el aborto los procedimientos abortivos y los defensores de esta práctica?

 

En al manual sobre el aborto de la National Abortion Federation (A Clinician's Guide to Medical and Surgical Abortion), en el capítulo 10 (del cual es coautor el abortero Martin Haskell) se hace referencia a "Fetocidal Techniques [técnicas fetocidas]". ¿Cuál es el significado de "-cida"? Matar. No matamos aquello que no tiene vida. Por lo tanto, hablar de matar al feto es, de nuevo, admitir que el niño no nacido vive.

 

Ese capítulo sobre abortos por dilatación y extracción después de las 12 semanas de gestación hace referencia también a "algunos elementos de embarazo" como "la médula espinal y el cráneo". La médula espinal y el cráneo ¿de quién? Claramente, no de la mujer embarazada. Esas son partes del cuerpo del niño. Si reconocemos estas partes importantes del niño, más aún deberíamos reconocer al niño al que pertenecen, ¿no?

 

Más: si bien Planned Parenthood es famosa por cometer abortos, es curioso que hace algunas décadas hiciera un asombroso reconocimiento: en un opúsculo de 1952 sobre control de natalidad, a la pregunta: "¿Se puede considerar al aborto como control de la natalidad?", respondía: "Ciertamente no... Un aborto... mata la vida del niño una vez que ya ha empezado".

 

7. ¿Qué sucedió con Roe, de Roe vs Wade?

 

La mayoría de las personas no sabe que la mujer real, Norma McCorvey, denominada Roe en Roe vs Wade, nunca tuvo el aborto que llevó el caso hasta el Tribunal Supremo. Es más: posteriormente se convirtió en provida y quiso que la sentencia fuera anulada.

 

8. ¿Cuál es el amor más grande? ¿Y su opuesto?

 

Estas son preguntas que se plantean en el video Abort73 en el cual dicen que si lo contrario del amor es el odio, lo contrario del mayor amor es el mayor odio. Si el mayor amor es sacrificar la propia vida por otro, el mayor odio es sacrificar la vida de otro por la propia. Por tanto, lo contrario del mayor amor es el aborto. Aunque el aborto no parezca odio, actúa como odio.

 

Desde un punto de vista cristiano, el amor más grande lo vemos en la persona de Jesucristo: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Juan 15, 13) y "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros" (Lucas 22, 19). Incluso las personas no religiosas aceptan este principio; por ejemplo, los bomberos que entraron en los edificios en llamas el 11 de septiembre de 2001. Sus acciones fueron un ejemplo del amor más grande. Si el amor más grande dice: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros", entonces lo opuesto de este amor es: "Esto es vuestro cuerpo, que se entrega por mí". 

 

Mientras que la maternidad, paradigma de la gratuidad, declara: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ti", su opuesto, reflejado en el aborto, exige con egoísmo: "Este es tu cuerpo, que se entrega por mí".

 

Stephanie Gray, canadiense, es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de British Columbia en Vancouver, con grado en Bioética obtenido en el US National Catholic Bioethics Center de Filadelfia. Como activista provida, ha mantenido cerca de 800 debates sobre el aborto en actos públicos y programas de televisión.

 

Publicado por ReL. Traducido por Elena Faccia Serrano.

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Aceprensa - 04.10.2018

 

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La revolución sexual que estalló en Occidente a finales de 1960 hubiera sido impensable sin la píldora anticonceptiva. El discurso contracultural de aquella época dio por sentado que los cambios sociales que siguieron a la revuelta fueron liberadores para las mujeres. Pero Mary Eberstadt, investigadora del Hoover Institute y miembro del consejo asesor de Policy Review, se muestra muy crítica en su libro ‘Adam and Eve after the Pill: Paradoxes of the Sexual Revolution’.

 

En un artículo publicado en el Wall Street Journal (24-03-2012), Eberstadt se pregunta si la revolución sexual ha sido buena para las mujeres. Y responde, ya desde el titular, con un escueto “no”.

 

El artículo toma pie de la polémica organizada por el gobierno de Obama sobre la obligación de exigir la cobertura de anticonceptivos, la píldora del día después y la esterilización en los seguros médicos. En estas últimas semanas, dice Eberstadt, se ha oído mucho la expresión “guerra contra las mujeres” para referirse a la reivindicación de algunas instituciones religiosas que no quieren colaborar ni directa ni indirectamente en la prestación de esos servicios.

 

A juicio de Eberstadt, la idea de la “guerra contra las mujeres” es un mito. Consistiría en imaginar “una formación de hombres tiránicos alineados contra las oprimidas mujeres, unidas por el coraje”.

 

Pero es posible, añade Eberstadt, que las mujeres no estén de acuerdo… en casi nada. Y, desde luego, no lo están en el debate del aborto ni de la nueva exigencia que impone el gobierno de Obama, incluida la de la píldora del día después. “Más de 20.000 mujeres de todos los estilos de vida, firmaron una carta abierta dirigida al presidente Obama y a la ministra de sanidad Kathleen Sebelius en contra del mandato federal”.

 

El problema no es la Iglesia católica

 

Otro mito es el que dice: “Si no fuera por la Iglesia católica, ya nadie se opondría a la contracepción”. Pero Eberstadt recuerda que, en el 50 aniversario de la invención de la píldora, en 2010, no faltaron destacados pensadores sociales que explicaron los efectos negativos que había tenido este invento para la vida en sociedad.

 

La propia Eberstadt destaca: “Las familias son más pequeñas; las tasas de nacimiento han caído; los divorcios y los nacimientos fuera del matrimonio están por las nubes… La demografía ha empezado a funcionar ahora en contra del moderno Estado de bienestar, que se ha hecho difícil de mantener con menos hijos y padres más ancianos”.

 

“Incluso en el ámbito religioso, esto no es un asunto meramente católico. La enseñanza cristiana contra la anticoncepción viene de los primeros Padres de la Iglesia que hacen frente a la Roma pagana. Los cristianos se mantuvieron unidos en esta enseñanza hasta tiempos relativamente recientes: en concreto, hasta 1930, que es cuando la Comunión Anglicana empieza a hacer excepciones a la regla”.

 

La paradoja de la felicidad femenina

 

A mitad del artículo, Eberstadt entra de lleno al mito que –como ella reconoce– más le interesa: la revolución sexual, ¿ha hecho más felices a las mujeres? Precisamente porque la felicidad es demasiado personal y escurridiza, las feministas deberían contestar algunas preguntas antes de proclamar que la revolución sexual es lo mejor que le ha pasado a las mujeres en los últimos tiempos.

 

“¿Por qué las páginas de nuestras revistas rebosan de entusiasmo con títulos como ‘The Case for Settling’ y ‘The End of Men’? ¿Por qué webs que están dirigidas por mujeres y destinadas a mujeres se centran tanto en hombres que no terminan de madurar, y rezuman tanta desesperación sobre las relaciones entre ambos sexos?

 

¿Por qué hoy tantas mujeres con mucho talento deciden tirar la toalla y tener hijos ellas solas, recurriendo a veces al semen de donantes anónimos, creando así –por primera vez, de manera intencionada– un mundo de hijos sin padres?”.

 

¿O cómo explicar el que, en una época en que el progreso de las mujeres estadounidenses y europeas ha sido enorme, sus niveles de satisfacción vayan en declive? Eberstadt se refiere al estudio “The Paradox of Declining Female Happiness”, publicado por dos economistas de la Wharton School (University of Pennsylvania), Betsey Stevenson y Justin Wolfers (cfr. Aceprensa, 10-06-2009).

 

A partir de datos extraídos de varias encuestas realizadas en EE.UU. y Europa, Stevenson y Wolferse muestran que el grado de satisfacción que declaran las mujeres ha descendido en los últimos 35 años, precisamente en un período en el que han mejorado indudablemente su educación, sus ingresos, su situación profesional y social.

 

Aunque las autoras del estudio se guardaron de sacar conclusiones, Eberstadt se pregunta: a la vista de ese descenso general de la satisfacción de las mujeres, “¿no es razonable pensar que al menos parte de ese descontento viene de la sensación de que puede haber un mundo mejor en otro sitio, sensación causada por la revolución sexual? (…) Si la revolución sexual ha hecho a las mujeres más felices, no quiero imaginarme cómo seríamos si nos hubiera hecho más infelices”.

 

La alusión a la “paradoja” en el estudio de las dos economistas y en el propio libro de Ebestardt (Adam and Eve after the Pill: Paradoxes of the Sexual Revolution) indica el gusto de esta autora por los matices. Parece más atractivo analizar con datos las consecuencias sociales de la revolución sexual –algo que hace en su libro, no en este artículo– que hablar genéricamente de “guerras contra la mujer”.

 

Publicado por: Aceprensa / Fuente: The Wall Stret Journal

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ReL - 15.11.2018

 

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Con el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido en su apogeo en Francia, más de 175 asociaciones involucradas han alcanzado un acuerdo para suscribir doce razones contra su legalización. Entre ellas, dos federaciones importantes que promueven los cuidados paliativos, la Jalmalv y la UNASP.

 

De esta forma se va alcanzando un consenso en torno los graves riesgos sociales que implica legitimar la muerte por decisión propia, de los familiares o de los mismos médicos. En abril, los obispos franceses escribieron un documento que pedía "un sí a la urgencia de la fraternidad" con argumentos similares a los expuestos ahora desde La vie, pas la mort [Sí a la vida, no a la muerte], y que reproducimos a continuación.

 

1. Todos deben vivir con dignidad hasta el final de su vida

 

Toda persona, sea cual sea su situación y su estado médico, es intrínsecamente digna. Incluso en las situaciones más temibles, los equipos de cuidados paliativos ponen todo su corazón y toda su experiencia en salvaguardar la verdadera dignidad de los pacientes. Pretender que se garantiza la dignidad de una persona matándola es una derrota de la humanidad.

 

2. La ley debe proteger a los más débiles

 

Todas nuestras decisiones personales tienen un alcance colectivo, sobre todo cuando requieren la ayuda de un tercero, como en el caso de la eutanasia o del suicidio asistido. Encarar la muerte y querer apresurarla es un caso raro y aislado que reivindican algunas personas concretas, pero que abrumaría sobre todo a los más débiles: las personas solitarias, ancianas o de origen extranjero, susceptibles de ser sometidas a todo tipo de presiones (familiar, social, incluso médica). Esto es particularmente cierto en nuestra sociedad, que exalta la rentabilidad y puede transmitir a una parte importante de su población el sentimiento de ser una carga.

 

3. La prohibición de matar vertebra nuestra civilización

 

Legalizar la eutanasia supone inscribir en el corazón mismo de nuestra sociedad la transgresión de la prohibición de matar. Un principio elemental de precaución debería disuadirnos de reducir a partir de ahora nuestros valores colectivos a un “matarás de vez en cuando” o “bajo ciertas condiciones”. Nuestra civilización ha progresado al tiempo que reducía las excepciones a la prohibición de matar (venganza, duelos, pena de muerte). Legalizar la eutanasia o el suicidio asistido sería una regresión.

 

4. Pedir la muerte no siempre significa querer morir

 

Muy pocos pacientes nos dicen que quieren morir y aún son menos los que insisten cuando se les alivia y acompaña adecuadamente. Muchos, además, cuando piden la muerte quieren transmitir algo muy distinto a la voluntad de morir. Querer morir significa casi siempre no querer vivir en condiciones tan difíciles. Y pedir la muerte porque se está sufriendo, ¿es realmente una decisión libre? Los cuidados paliativos permiten restablecer la libertad del paciente terminal asumiendo tanto su dolor como su sufrimiento físico. En última instancia, la ley francesa permite al paciente, cuando está agonizando y considera insoportables sus sufrimientos, pedir que dejen de aplicársele tratamientos para prolongar su vida y que se le aplique una sedación denominada profunda y continua hasta la muerte.

 

5. Acabar con la vida quita vida. Nadie puede saber lo que nos reservan nuestros últimos días

 

Incluso en esos momentos difíciles, hemos podido escuchar de nuestros pacientes que son momentos esenciales, incluso hasta descubrir algunos de ellos que la bondad existe. Otros se despiden de formas inesperadas de sus seres queridos. Acelerar la muerte puede privarnos también de estos momentos de humanidad últimos e imprevisibles.

 

6. Despenalizar la eutanasia obligaría a todas las familias y a todos los pacientes a considerarla

 

¿Realmente queremos tener que preguntarnos mañana, ante una situación de sufrimiento, sobre la conveniencia de acabar con él, para nosotros o para nuestros seres queridos? ¿Realmente deseamos, ante un diagnóstico, que en el ámbito de nuestras consideraciones se introduzca la inyección? ¿Deseamos tener que imaginar, cuando estamos débiles, a nuestros seres queridos planteándose la cuestión por nosotros?

 

7. Los cuidadores están ahí para cuidar, no para matar

 

La vocación propia del cuidador es cuidar. La relación de cuidados es una relación de confianza entre la persona enferma y quien la cuida. Para los cuidadores, matar es invertir ese contrato de confianza y darle la vuelta al código de deontología médica. Nuestros cuidadores rechazan por igual las tentaciones de  la omnipotencia, ya sea mediante el encarnizamiento terapéutico, ya sea mediante la eutanasia.

 

"Yo acompaño la vida, no la muerte", dicen las personas que forman parte de esta campaña, varios de ellos profesionales sanitarios.

 

8. La eutanasia que piden las encuestas es una petición de los sanos que oculta la palabra de los pacientes

 

El debate público y las encuestas que se han difundido anuncian una sociedad que estaría “dispuesta” a legalizar la eutanasia. Sin embargo, nadie puede protegerse de forma realista en el final de su vida y afirmar que sabe lo que de verdad querrá entonces. Las únicas personas consultadas son personas sanas, mientras que las personas afectadas son los pacientes. En realidad, se oculta la palabra de los pacientes terminales.

 

9. Equivocarse en una petición de eutanasia sería un error médico sin retorno

 

Los errores judiciales en los países que aplican la pena de muerte nos estremecen legítimamente. Pero tampoco volverá nunca un paciente de una eutanasia para reclamar un error de diagnóstico, o alegar que ignoraba los tratamientos existentes, o que desconocía la naturaleza real de su petición. ¿Podemos ni siquiera tolerar ese riesgo? Ante situaciones ambiguas por naturaleza, ¿qué riesgo queremos correr: el de vivir todavía un poco cuando querríamos morir, o el de morir cuando aún querríamos vivir?

 

10. Legalizar la eutanasia supondría banalizarla, sin evitar sus desviaciones

 

La experiencia demuestra que la legalización no hace sino ampliar los límites de las desviaciones hacia prácticas cada vez más extremas. Una vez legalizada la eutanasia de los pacientes terminales, se pasa a la de los menores, luego a la de las personas con problemas mentales -lo que ya pretenden sus partidarios en Francia-, luego se traspasan las condiciones fijadas por la ley, a veces incluso sin consentimiento del paciente. Además, las desviaciones son más numerosas aún en los países que ya han legalizado la eutanasia (así, las eutanasias clandestinas con tres veces más numerosas en Bélgica que en Francia [en Bélgica está legalizada, en Francia no]).

 

11. Los cuidados paliativos deben llegar a todos

 

Los cuidados paliativos deben estar disponibles en todas partes y para todos. Esto debe ser un derecho del paciente. Actualmente, demasiados pacientes no tienen acceso a los cuidados paliativos, aunque los necesitarían. Esto debe cambiar. ¡Apliquemos la ley, toda la ley, nada más que la ley! Francia ha desarrollado una forma específica que sirve de referencia a otros países, infinitamente más que los modelos belga u holandés, citados a veces como ejemplo. Francia debe formar a sus cuidadores y tener la ambición de dar a todos acceso a los cuidados paliativos.

 

12. Los cuidados paliativos son incompatibles con la eutanasia y el suicidio asistido

 

Ambas perspectivas obedecen a dos filosofías radicalmente distintas. La legalización de la eutanasia y del suicidio asistido reposa sobre la exigencia de autonomía. Los cuidados paliativos, por su parte, conjugan la ética de la autonomía con la ética de la vulnerabilidad y de la solidaridad colectiva. Los cuidados paliativos previenen y alivian los sufrimientos, mientras que la eutanasia se orienta a acelerar intencionadamente la muerte. Los cuidados paliativos constituyen un tratamiento, la eutanasia es un gesto mortal.

 

*Traducido por ReL

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Aceprensa - 28.09.2018

 

 

 

El número de menores que los médicos británicos remiten a especialistas para que se sometan a cambio de sexo ha registrado una fuerte subida en los últimos años. La ministra de Mujer e Igualdad, Penny Mordaunt, ha encargado una investigación.

 

El aumento de casos se ha dado en ambos sexos, pero en el femenino es desproporcionado. Los chicos que comienzan un tratamiento de transexualidad en Gran Bretaña han pasado de 57 en 2009-2010 a 713 en 2017-2018; las niñas, de 40 a 1.806 en el mismo periodo: o sea, se han multiplicado por 45 en 8 años.

 

Algunos menores inician el cambio de sexo a corta edad. El último año fueron unos 800 los preadolescentes, de 10 años o poco más, que recibieron fármacos para evitar el comienzo de la pubertad. Hubo incluso 45 que empezaron el proceso con 6 años o menos, aunque a estos no se les administran hormonas.

 

Entre los políticos, los médicos o los pedagogos hay quienes temen que se facilite el cambio de sexo a los niños con demasiada ligereza, sin entender realmente a qué responden tales deseos ni saber qué consecuencias tendrá. El departamento de Mordaunt ha justificado la investigación sobre el aumento de casos alegando que “se sabe poco de a qué se debe y de los efectos a largo plazo”.

 

El estudio oficial examinará si las redes sociales y la enseñanza sobre la transexualidad en las escuelas pueden estar influyendo en los niños para que se planteen cambiar de sexo. También considerará si es adecuado dar tratamiento hormonal a preadolescentes.

 

Sobre la primera cuestión, la especialista en educación Joanna Williams sostiene que las escuelas están “sembrando confusión” en las mentes infantiles. Con sus programas sobre aceptación de la transexualidad, “están incitando aun a los niños más pequeños a cuestionarse si realmente son chico o chica”. De forma análoga se han expresado otras voces.

 

Sobre la cautela con que conviene afrontar la transexualidad en menores desde el punto de vista médico, se puede ver en Aceprensa “El camino de la ciencia, mejor que la lucha ideológica”.

 

*Publicado por Aceprensa

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