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ACI Prensa - 11.06.2019

 

 

 

Estamos presenciando el riesgo de que se imponga un pensamiento único a las escuelas como un pensamiento científico que no podemos aceptar. Al mismo tiempo debemos ser capaces de dialogar, de renovarnos y de valorar lo bueno que ha surgido en la investigación sobre el género”. Cardenal Giuseppe Versaldi

 

Esta ideología “presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia”. 

 

“Este problema que genera la ideología de género debe ser respondido con una “positiva y prudente educación sexual”

 

***

 

El Vaticano se pronunció sobre la ideología de género en la escuela con un documento de la Congregación para la Educación Católica titulado “Varón y mujer los creó. Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación”, publicado el pasado 10 de junio. 

 

En el documento se explica que “se difunde cada vez más la conciencia de que estamos frente a una verdadera y propia emergencia educativa, en particular por lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”.

 

El Vaticano advierte que “la desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural”.

 

En este contexto, “la misión educativa enfrenta el desafío que surge de diversas formas de una ideología, genéricamente llamada gender, que niega la diferencia y la reciprocidad natural de hombre y de mujer”.

 

Esta ideología “presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia. Esta ideología lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer. La identidad humana viene determinada por una opción individualista, que también cambia con el tiempo”.

 

Por el contrario, “la visión antropológica cristiana ve en la sexualidad un elemento básico de la personalidad, un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los demás, de sentir, de expresar y de vivir el amor humano”.

 

Por ello, “la Congregación para la Educación Católica, dentro de sus competencias, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada”.

 

De esta manera, “se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escuchar, razonar y proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades”.

 

Metodología en tres actitudes: escuchar, razonar y proponer

 

La Congregación para la Educación Católica, tiene la intención de ofrecer algunas reflexiones que puedan orientar y apoyar a cuantos están comprometidos con la educación de las nuevas generaciones a abordar metódicamente las cuestiones más debatidas sobre la sexualidad humana, a la luz de la vocación al amor a la cual toda persona es llamada. “De esta manera – se precisa en el Documento – se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escuchar, razonar y proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades. De hecho, escuchar las necesidades del otro, así  como  la comprensión de las diferentes condiciones lleva a compartir elementos racionales y a prepararse para una educación cristiana arraigada en la fe que «todo lo ilumina con nueva luz y manifiesta el plan divino sobre la entera vocación del hombre». *Vatican News

 

Lea el documento completo AQUÍ.

 

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ReL - 06.06.2019

 

Foto: Rawpixel 

 

El doctor Jacinto Bátiz ha sido durante 25 años el responsable del área de cuidados paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurce (España -Vizcaya). En todo este tiempo por sus manos y el resto de esta unidad hospitalaria han pasado más de 10.000 enfermos a los que ayudaron a tener la mejor muerte con el menor sufrimiento posible.

 

En estos momentos, este doctor es secretario de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médico Colegial así como director del nuevo Instituto para Cuidar Mejor del hospital vizcaíno. A través de este nuevo centro “intenta investigar sobre cómo cuidar mejor a quién se está muriendo”.

 

Para Bátiz es importante la labor de divulgación y para ello ha creado una guía, que se puede descargar aquí, titulada Cuidar a las personas en el proceso de morir. Esta pequeña obra explica qué son los cuidados paliativos, cómo responder a las inquietudes de los pacientes o cómo actuar si éste desea la muerte. Igualmente, habla de las necesidades de los enfermos y de la importancia de la compañía, del tacto, la escucha y la comprensión en el final de la vida.

 

A modo de pequeño resumen que engloba estos consejos para cuidar a estos enfermos, el doctor Bátiz ofrece un pequeño decálogo:

 

Decálogo para cuidar bien al final de la vida

 

1.Tratar al enfermo como un ser humano hasta el momento de su muerte. Y que no solo se le contemple como una estructura biológica, sino que además se tenga en cuenta su dimensión emocional, social y espiritual.

 

2. Que se le permita al enfermo expresar sus propios sentimientos y emociones sobre su forma de enfocar la muerte.

 

3. Que se le permita al enfermo participar en las decisiones que incumban a sus cuidados.

 

4. Que no se le deje morir solo, abandonado por sus seres queridos ni por los profesionales.

 

5. Que se responda a sus preguntas con sinceridad, que no se le engañe.

 

6. Que se le respete su individualidad y no se le juzgue por sus decisiones, aunque sean contrarias a las de quienes le atiendan.

 

7. Que le cuiden personas solícitas, sensibles y entendidas, intentando comprender sus necesidades y que, además, sean capaces de obtener satisfacción del hecho de ayudarle a afrontar la muerte.

 

8. Que quien le cuide al final de la vida lo haga como le gustaría que le cuidaran a él cuando llegue su momento.

 

9. Que no le precipiten deliberadamente su muerte, pero que tampoco prolonguen innecesariamente su agonía, sino que le ayuden a no sufrir mientras llegue su muerte.

 

10. Y que se atienda a sus seres queridos después de su muerte, para aliviar su pena.

 

*Publicado originalmente por ReL

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ReL - 06.02.2019

 

Foto: Pixabay 

 

El Papa Francisco volvió a manifestarse en contra el aborto el pasado 2 de febrero y aseguró que “es un asesinato que no puede presentarse como derecho humano”. 

 

Durante una audiencia que concedió en el Vaticano al Movimiento por la Vida, el Santo Padre subrayó que “donde hay vida, hay esperanza. Pero si la vida misma es violada cuando surge, lo que queda ya no es el recibimiento agradecido y asombrado del regalo, sino un cálculo frío de lo que tenemos y de lo que podemos disponer”.

 

Y añadió: “Entonces, también la vida se reduce a un bien de consumo, de usar y tirar, para nosotros y para los demás. ¡Qué dramática es esta visión, desafortunadamente difundida y arraigada, presentada también como un derecho humano, y cuánto sufrimiento causa a los más débiles de nuestros hermanos!”.

 

El Papa además recordó que “cuidar de la vida requiere que se haga durante toda la vida y hasta el final. Y también requiere que se preste atención a las condiciones de vida: salud, educación, oportunidades de trabajo, etc. En resumen, todo lo que permite a una persona vivir de manera digna”.

 

A propósito de estas declaraciones del Papa Francisco, compartimos el siguiente blog de Stephanie Gray, quien plantea ocho cuestiones con perspectivas originales que pueden ser muy útiles en cualquier discusión sobre el tema:

 

“Una persona que escuchaba una de mis conferencias me habló de una ocasión en la que presentó una solicitud de trabajo para una organización misionera que operaba en defensa de la castidad en América. Durante la entrevista le preguntaron: "Si no la aceptamos para este trabajo, ¿qué hará usted?". Sin dudarlo un instante, ella respondió: "Me iría a África y trabajaría con los pobres". Durante todo ese día no pudo quitarse de la cabeza la pregunta. Y su respuesta. Se dio cuenta de cuál era de verdad el deseo de su corazón, por lo que retiró su solicitud de trabajo y se fue a África a servir a los pobres. Del mismo modo que responder a una pregunta llevó a esta joven a tomar un camino muy distinto al del plan original, creo que aplicar el poder de las preguntas al debate del aborto puede ayudar a quienes las respondan a darse cuenta de que Roe vs Wade [sentencia del Tribunal Supremo que en 1973 legalizó el aborto en Estados Unidos], lejos de ser una buena decisión legal, fue en realidad una decisión contra la razón.

 

Estas son preguntas que podemos plantear:

 

1. ¿Desde qué punto medimos la viabilidad?

 

Cuando se discute Roe vs Wade, la gente a menudo habla de la viabilidad. Algunos argumentan que el aborto es aceptable si el niño no puede sobrevivir fuera del vientre materno. En general se considera que un niño no nacido es viable alrededor de la semana 24 de gestación. Pero consideremos la etiqueta 24 semanas y lo que implica: llegar a las 24 semanas implica que empezamos a medir el paso del tiempo 24 semanas antes. ¿Qué pasó en ese momento? La unión del espermatozoide y el óvulo, conocida como fecundación. Dado que empezamos a contar a partir de este momento, esto significa que se acepta que la vida empieza no a las 24 semanas, sino 24 semanas antes.

 

2. Si el aborto, en el caso de que peligre la vida de la mujer, se permite después de la viabilidad, ¿por qué no sacar al niño vivo y no muerto?

 

Los defensores del aborto indican que a veces es "necesario" después de la viabilidad porque la embarazada podría morir si no aborta. Dado que en estos periodos avanzados de embarazo el niño puede sobrevivir fuera del vientre materno, ¿por qué matar al niño? ¿Por qué no provocar el parto y poner al bebé en una incubadora?

 

3. ¿Un test de embarazo negativo ha llevado alguna vez a un aborto?

 

Sabemos que la respuesta es: "Obviamente no". Por lo tanto, ¿qué le está diciendo el test positivo de embarazo a una mujer? Le está diciendo que su cuerpo embarazado no es el único cuerpo presente, sino que hay otro individuo presente en él. ¿Y quién es este individuo? Un niño. Y no un niño cualquiera. Es su hijo. Por lo tanto, hay una pregunta que tenemos que plantear: ¿qué espera de los padres la sociedad? ¿Espera que cuiden a sus hijos o que los maten?

 

4. Si el aborto es una cuestión del derecho de la mujer sobre su propio cuerpo, ¿cuándo empieza ese derecho?

 

Hace algunos años, la revista The Economist publicó un reportaje sobre la desaparición de cien millones de mujeres del mundo debido al aborto y al infanticidio selectivo. ¿No es interesante el hecho de que el aborto suela promocionarse como pro-mujer y, sin embargo, un gran número de mujeres son asesinadas en el vientre materno precisamente porque sus cromosomas sexuales son XX? ¿Acaso las niñas no nacidas no tienen derecho a sus cuerpos?

 

5. ¿Qué dice la ley cuando una mujer sentenciada a muerte está embarazada?

 

Todos los estados de Estados Unidos en los que es legal la pena de muerte prohíben la ejecución de mujeres embarazadas. Además, la Alianza Internacional de las Naciones Unidas sobre los Derechos Civiles y Políticos declara que "la pena de muerte no debe... ejecutarse en mujeres embarazadas". La gente discute si quienes han sido juzgados culpables deben ser o no condenados a muerte, pero todos coinciden en que los inocentes no deben ser condenados a muerte. No aplicar la pena capital a una mujer culpable por la única razón de que está embarazada es reconocer que dentro de su cuerpo hay un niño inocente.

 

6. ¿Qué nos dicen sobre el aborto los procedimientos abortivos y los defensores de esta práctica?

 

En al manual sobre el aborto de la National Abortion Federation (A Clinician's Guide to Medical and Surgical Abortion), en el capítulo 10 (del cual es coautor el abortero Martin Haskell) se hace referencia a "Fetocidal Techniques [técnicas fetocidas]". ¿Cuál es el significado de "-cida"? Matar. No matamos aquello que no tiene vida. Por lo tanto, hablar de matar al feto es, de nuevo, admitir que el niño no nacido vive.

 

Ese capítulo sobre abortos por dilatación y extracción después de las 12 semanas de gestación hace referencia también a "algunos elementos de embarazo" como "la médula espinal y el cráneo". La médula espinal y el cráneo ¿de quién? Claramente, no de la mujer embarazada. Esas son partes del cuerpo del niño. Si reconocemos estas partes importantes del niño, más aún deberíamos reconocer al niño al que pertenecen, ¿no?

 

Más: si bien Planned Parenthood es famosa por cometer abortos, es curioso que hace algunas décadas hiciera un asombroso reconocimiento: en un opúsculo de 1952 sobre control de natalidad, a la pregunta: "¿Se puede considerar al aborto como control de la natalidad?", respondía: "Ciertamente no... Un aborto... mata la vida del niño una vez que ya ha empezado".

 

7. ¿Qué sucedió con Roe, de Roe vs Wade?

 

La mayoría de las personas no sabe que la mujer real, Norma McCorvey, denominada Roe en Roe vs Wade, nunca tuvo el aborto que llevó el caso hasta el Tribunal Supremo. Es más: posteriormente se convirtió en provida y quiso que la sentencia fuera anulada.

 

8. ¿Cuál es el amor más grande? ¿Y su opuesto?

 

Estas son preguntas que se plantean en el video Abort73 en el cual dicen que si lo contrario del amor es el odio, lo contrario del mayor amor es el mayor odio. Si el mayor amor es sacrificar la propia vida por otro, el mayor odio es sacrificar la vida de otro por la propia. Por tanto, lo contrario del mayor amor es el aborto. Aunque el aborto no parezca odio, actúa como odio.

 

Desde un punto de vista cristiano, el amor más grande lo vemos en la persona de Jesucristo: "Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos" (Juan 15, 13) y "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros" (Lucas 22, 19). Incluso las personas no religiosas aceptan este principio; por ejemplo, los bomberos que entraron en los edificios en llamas el 11 de septiembre de 2001. Sus acciones fueron un ejemplo del amor más grande. Si el amor más grande dice: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros", entonces lo opuesto de este amor es: "Esto es vuestro cuerpo, que se entrega por mí". 

 

Mientras que la maternidad, paradigma de la gratuidad, declara: "Esto es mi cuerpo, que se entrega por ti", su opuesto, reflejado en el aborto, exige con egoísmo: "Este es tu cuerpo, que se entrega por mí".

 

Stephanie Gray, canadiense, es licenciada en Ciencias Políticas por la Universidad de British Columbia en Vancouver, con grado en Bioética obtenido en el US National Catholic Bioethics Center de Filadelfia. Como activista provida, ha mantenido cerca de 800 debates sobre el aborto en actos públicos y programas de televisión.

 

Publicado por ReL. Traducido por Elena Faccia Serrano.

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ReL- 20.02.2019

 

Foto: Freepik 

 

La BBC no consigue comprender por qué en los tiempos del #MeToo las mujeres no se reconocen en la causa feminista. Leone Grotti apunta algunas posibles explicaciones recordando casos muy recientes:

 

¿Pero cómo? "Millones de mujeres" marcharon contra Donald Trump en 2017; más de 80 actrices tuvieron el valor de denunciar los abusos sexuales de Harvey Weinstein; medio millón de usuarios compartieron el hashtag #MeToo el día en que se lanzó en Twitter; actrices y estrellas internacionales abrazaron públicamente la batalla por la igualdad entre géneros; movimientos como  #everydaysexism se convirtieron en el centro de atención; todo esto y más ha pasado en pocos años ¿y aun así pocas mujeres "se definen feministas"?

 

El asombro de la BBC

 

La BBC no consigue entenderlo, y por ello le ha confiado a Christina Scharff, profesora del King’s College de Londres, la realización de un estudio. Según diversos sondeos realizados por YouGov y otros institutos que llevan a cabo encuestas de opinión, sólo el 34% de las mujeres en el Reino Unido se definen feministas. En otros países no va mucho mejor: en Suecia, patria de los derechos de las mujeres, el feminismo atrae al 40% de las mujeres; en Francia, al 33%; al 29% en Noruega; al 22% en Dinamarca; al 17% en Finlandia y en Alemania sólo al 8%.

 

El hecho es un poco desconcertante, dice Scharff, si se considera que más del 80% de las mujeres sostiene que "hombres y mujeres son iguales"; otras concuerdan en condenar el sexismo, y aun así, cuanto más baja el nivel de instrucción de las personas encuestadas, mayor es la tendencia a rechazar la etiqueta feminista que, sin embargo, "defiende" todas estas causas. 

 

La culpa sería de los viejos estereotipos que "asocian el término 'feminismo' con el odio a los hombres, el ser lesbianas y la falta de femineidad". Pero Scharff no consigue comprender cómo pueden sobrevivir en el siglo XXI semejantes prejuicios. Puesto que los periodistas de la BBC, al igual que tantas investigadoras y docentes universitarias, parecen vivir más en Twitter que en el mundo real, intentaremos recordar algunos atractivos modelos que la causa feminista ha ofrecido a las mujeres occidentales en los últimos años, y algunas soluciones que ha avanzado para corregir la sociedad patriarcal y machista.

 

Jugar a quemar iglesias

 

Un grupo famosísimo de feministas glorificado por los medios de comunicación, las Femen, se enorgullece de manifestarse pechos al aire en cada rincón del mundo para denunciar el "patriarcado". Este grupo tiene como líder a una mujer que aceptaría "donaciones incluso de Satanás para difundir el feminismo".

 

Otros ejemplos de colectivos feministas tranquilos y pacíficos se pueden encontrar en Argentina, donde cada año el 8 de marzo intentan quemar las iglesias del país y juegan a hacer abortar a la Virgen; o también en España, donde las feministas distribuyen cajas de cerillas con el lema: "La única Iglesia que ilumina es la que arde. ¡Contribuye!".

 

"Curar" a los hombres

 

En Suecia se ha introducido una ley "para cambiar la mentalidad de cada hombre y cada chico" que impone pedir a la otra parte, mejor si es de forma escrita, el consentimiento explícito para las relaciones sexuales. Sin ello, cualquiera podría ser acusado formalmente de violación. Siempre en Suecia, un profesor de neurofisiología fue investigado, acusado de "antifeminismo", por haber dicho en una clase que, desde el punto de vista biológico, "hombres y mujeres son distintos".

 

Por quedarnos en este paraíso del feminismo, he aquí otras batallas apoyadas por nuestra heroínas: leyes para cambiar la expresión "mujer embarazada" por "persona embarazada" para no discriminar a los transexuales; jardines de infancia donde para eliminar el "sexismo" se dirigen a los niños con pronombres neutros; cursos para curar a los hombres de su "masculinidad tóxica". Y nos paramos aquí para no discriminar a otros países.

 

La escritura inclusiva

 

En Francia se han inventado la "escritura inclusiva" para cambiar las reglas de la gramática y del lenguaje con el fin de garantizar, por fin, "la igualdad entre hombres y mujeres". Una norma de esta nueva lengua prevé descomponer el plural, que utiliza el masculino para designar a aquellos grupos dentro de los cuales hay hombres y mujeres, e introducir después de la raíz de la palabra el sufijo masculino y el femenino separados por un punto a media altura. Es más fácil escribirlo que describirlo: para indicar "los candidatos a la presidencia de la República" se tiene que escribir "los candidat·os·as". Lo mismo se ha propuesto también en España.

 

Siempre en Francia, una defensora del feminismo, Titiou Lecoq, se jactó de no haber llevado a su hijo durante días al otorrinolaringólogo porque "tenía que ocuparse del niño su compañero". El niño acabó con un tímpano perforado pero, en compensación, "él [el compañero] ahora lo ha entendido".

 

#MeToo, sujetadores y juguetes sexuales

 

En Italia, el periódico Repubblica le hace publicidad a la causa feminista hablando de sujetadores sin aro, que tal vez gustarán menos a los hombres, pero también "la perspectiva con la que se mira a un producto como la ropa interior femenina es hija de una conciencia distinta, por parte de las mujeres, del propio modo de ocupar un espacio en la sociedad". Culturalmente relevante también es la campaña feminista a favor de los juguetes sexuales.

 

No hablamos del #MeToo, que ha erigido en sistema en todo Occidente la ley primum sputtanare, deinde verificare [primero putear, después verificar]. ¿Cuántos hombres han sido acusados de acoso, han perdido trabajo y familia y, después, cuando los documentos han pasado de Twitter a un tribunal real, han sido absueltos de toda acusación? Como ha sugerido Alain Finkielkraut, el objetivo de la hiperbólica campaña social sobre el acoso es "la desaparición del hombre". 

 

Hombres no, musulmanes sí

 

El feminismo también es famoso por usar dos pesos y dos medidas: el hombre siempre es culpable, salvo cuando es de religión islámica. Las Femen no han protestado nunca en una mezquita; cuando las mujeres francesas del barrio Chapelle-Pajol de París han denunciado que "los hombres nos insultan si llevamos falda, ya no podemos salir de casa", la ultra-feminista Marlène Schiappa, ministra de igualdad de género, la misma que patrocinó la escritura inclusiva, se calló porque los hombres en cuestión eran inmigrantes y musulmanes. El emblema de estas equivocaciones es el silencio sobre los sucesos de Nochevieja en Colonia.

 

El feminismo serio

 

Se podrían citar otros miles de ejemplos, pero es mejor detenerse aquí. Nos encanta que la BBC se haya zambullido en el mundo real a través de los sondeos. Lo que falta en el análisis de Scharff, y de otras muchas docentes, es que el feminismo ha tenido, y sigue teniendo, un papel importante y grandes pensadoras que han sabido reflexionar a fondo sobre el tema de la diferencia sexual: Luisa Muraro, Marina Terragni, Sylviane Agacinski, sólo por citar algunos nombres.

 

No obstante, demasiado a menudo sus reflexiones se ven oscurecidas por quien ha reducido el feminismo al circo hipócrita y a la superficialidad denunciados en un magistral artículo para Tempi de la filósofa francesa Bérénice Levet: "El feminismo es una ideología que ve la relación entre hombre y mujer como una relación de fuerza y de poder, donde el hombre representa al depredador y la mujer a su presa. Pero no es así, y es nuestra experiencia quien nos lo dice. (…) El movimiento #MeToo me asombra, pero el discurso victimista, con mayor razón si quien lo transmite son grandes actrices americanas y mujeres que ocupan puestos destacados, no engaña a nadie (…) porque la esencia de una mujer no es para nada la de ser una víctima, y la historia de las mujeres no se puede reducir a esto (…). El feminismo es una escuela de estulticia, reduce las obras de nuestro patrimonio literario, figurativo, musical a su estrechez de miras".

 

*Publicado originalmente en ReL y traducido por Elena Faccia Serrano

 

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ReL - 15.11.2018

 

Foto: Freepik 

 

Con el debate sobre la eutanasia y el suicidio asistido en su apogeo en Francia, más de 175 asociaciones involucradas han alcanzado un acuerdo para suscribir doce razones contra su legalización. Entre ellas, dos federaciones importantes que promueven los cuidados paliativos, la Jalmalv y la UNASP.

 

De esta forma se va alcanzando un consenso en torno los graves riesgos sociales que implica legitimar la muerte por decisión propia, de los familiares o de los mismos médicos. En abril, los obispos franceses escribieron un documento que pedía "un sí a la urgencia de la fraternidad" con argumentos similares a los expuestos ahora desde La vie, pas la mort [Sí a la vida, no a la muerte], y que reproducimos a continuación.

 

1. Todos deben vivir con dignidad hasta el final de su vida

 

Toda persona, sea cual sea su situación y su estado médico, es intrínsecamente digna. Incluso en las situaciones más temibles, los equipos de cuidados paliativos ponen todo su corazón y toda su experiencia en salvaguardar la verdadera dignidad de los pacientes. Pretender que se garantiza la dignidad de una persona matándola es una derrota de la humanidad.

 

2. La ley debe proteger a los más débiles

 

Todas nuestras decisiones personales tienen un alcance colectivo, sobre todo cuando requieren la ayuda de un tercero, como en el caso de la eutanasia o del suicidio asistido. Encarar la muerte y querer apresurarla es un caso raro y aislado que reivindican algunas personas concretas, pero que abrumaría sobre todo a los más débiles: las personas solitarias, ancianas o de origen extranjero, susceptibles de ser sometidas a todo tipo de presiones (familiar, social, incluso médica). Esto es particularmente cierto en nuestra sociedad, que exalta la rentabilidad y puede transmitir a una parte importante de su población el sentimiento de ser una carga.

 

3. La prohibición de matar vertebra nuestra civilización

 

Legalizar la eutanasia supone inscribir en el corazón mismo de nuestra sociedad la transgresión de la prohibición de matar. Un principio elemental de precaución debería disuadirnos de reducir a partir de ahora nuestros valores colectivos a un “matarás de vez en cuando” o “bajo ciertas condiciones”. Nuestra civilización ha progresado al tiempo que reducía las excepciones a la prohibición de matar (venganza, duelos, pena de muerte). Legalizar la eutanasia o el suicidio asistido sería una regresión.

 

4. Pedir la muerte no siempre significa querer morir

 

Muy pocos pacientes nos dicen que quieren morir y aún son menos los que insisten cuando se les alivia y acompaña adecuadamente. Muchos, además, cuando piden la muerte quieren transmitir algo muy distinto a la voluntad de morir. Querer morir significa casi siempre no querer vivir en condiciones tan difíciles. Y pedir la muerte porque se está sufriendo, ¿es realmente una decisión libre? Los cuidados paliativos permiten restablecer la libertad del paciente terminal asumiendo tanto su dolor como su sufrimiento físico. En última instancia, la ley francesa permite al paciente, cuando está agonizando y considera insoportables sus sufrimientos, pedir que dejen de aplicársele tratamientos para prolongar su vida y que se le aplique una sedación denominada profunda y continua hasta la muerte.

 

5. Acabar con la vida quita vida. Nadie puede saber lo que nos reservan nuestros últimos días

 

Incluso en esos momentos difíciles, hemos podido escuchar de nuestros pacientes que son momentos esenciales, incluso hasta descubrir algunos de ellos que la bondad existe. Otros se despiden de formas inesperadas de sus seres queridos. Acelerar la muerte puede privarnos también de estos momentos de humanidad últimos e imprevisibles.

 

6. Despenalizar la eutanasia obligaría a todas las familias y a todos los pacientes a considerarla

 

¿Realmente queremos tener que preguntarnos mañana, ante una situación de sufrimiento, sobre la conveniencia de acabar con él, para nosotros o para nuestros seres queridos? ¿Realmente deseamos, ante un diagnóstico, que en el ámbito de nuestras consideraciones se introduzca la inyección? ¿Deseamos tener que imaginar, cuando estamos débiles, a nuestros seres queridos planteándose la cuestión por nosotros?

 

7. Los cuidadores están ahí para cuidar, no para matar

 

La vocación propia del cuidador es cuidar. La relación de cuidados es una relación de confianza entre la persona enferma y quien la cuida. Para los cuidadores, matar es invertir ese contrato de confianza y darle la vuelta al código de deontología médica. Nuestros cuidadores rechazan por igual las tentaciones de  la omnipotencia, ya sea mediante el encarnizamiento terapéutico, ya sea mediante la eutanasia.

 

"Yo acompaño la vida, no la muerte", dicen las personas que forman parte de esta campaña, varios de ellos profesionales sanitarios.

 

8. La eutanasia que piden las encuestas es una petición de los sanos que oculta la palabra de los pacientes

 

El debate público y las encuestas que se han difundido anuncian una sociedad que estaría “dispuesta” a legalizar la eutanasia. Sin embargo, nadie puede protegerse de forma realista en el final de su vida y afirmar que sabe lo que de verdad querrá entonces. Las únicas personas consultadas son personas sanas, mientras que las personas afectadas son los pacientes. En realidad, se oculta la palabra de los pacientes terminales.

 

9. Equivocarse en una petición de eutanasia sería un error médico sin retorno

 

Los errores judiciales en los países que aplican la pena de muerte nos estremecen legítimamente. Pero tampoco volverá nunca un paciente de una eutanasia para reclamar un error de diagnóstico, o alegar que ignoraba los tratamientos existentes, o que desconocía la naturaleza real de su petición. ¿Podemos ni siquiera tolerar ese riesgo? Ante situaciones ambiguas por naturaleza, ¿qué riesgo queremos correr: el de vivir todavía un poco cuando querríamos morir, o el de morir cuando aún querríamos vivir?

 

10. Legalizar la eutanasia supondría banalizarla, sin evitar sus desviaciones

 

La experiencia demuestra que la legalización no hace sino ampliar los límites de las desviaciones hacia prácticas cada vez más extremas. Una vez legalizada la eutanasia de los pacientes terminales, se pasa a la de los menores, luego a la de las personas con problemas mentales -lo que ya pretenden sus partidarios en Francia-, luego se traspasan las condiciones fijadas por la ley, a veces incluso sin consentimiento del paciente. Además, las desviaciones son más numerosas aún en los países que ya han legalizado la eutanasia (así, las eutanasias clandestinas con tres veces más numerosas en Bélgica que en Francia [en Bélgica está legalizada, en Francia no]).

 

11. Los cuidados paliativos deben llegar a todos

 

Los cuidados paliativos deben estar disponibles en todas partes y para todos. Esto debe ser un derecho del paciente. Actualmente, demasiados pacientes no tienen acceso a los cuidados paliativos, aunque los necesitarían. Esto debe cambiar. ¡Apliquemos la ley, toda la ley, nada más que la ley! Francia ha desarrollado una forma específica que sirve de referencia a otros países, infinitamente más que los modelos belga u holandés, citados a veces como ejemplo. Francia debe formar a sus cuidadores y tener la ambición de dar a todos acceso a los cuidados paliativos.

 

12. Los cuidados paliativos son incompatibles con la eutanasia y el suicidio asistido

 

Ambas perspectivas obedecen a dos filosofías radicalmente distintas. La legalización de la eutanasia y del suicidio asistido reposa sobre la exigencia de autonomía. Los cuidados paliativos, por su parte, conjugan la ética de la autonomía con la ética de la vulnerabilidad y de la solidaridad colectiva. Los cuidados paliativos previenen y alivian los sufrimientos, mientras que la eutanasia se orienta a acelerar intencionadamente la muerte. Los cuidados paliativos constituyen un tratamiento, la eutanasia es un gesto mortal.

 

*Traducido por ReL

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