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Aceprensa - 01.11.2019

 

 Foto: Yanalya

 

Desde hace 20 años existe en Francia una figura llamada Pacs (Pacto civil de solidaridad) y ha sido la opción preferida por muchas parejas para formalizar su relación sentimental. En esta nota te explicamos de qué se trata y por qué el Pacs está produciendo una baja en la tasa de uniones matrimoniales. 

 

El Pacs es un “contrato social establecido por dos personas mayores de edad, del mismo o de distinto sexo, para organizar su vida en común”.  No se deben fidelidad, pero sí ayuda material y asistencia recíproca, por ejemplo, en caso de enfermedad o desempleo, y asumen solidariamente las deudas contraídas para las necesidades del sostenimiento familiar. Pueden hacer declaraciones fiscales conjuntas, están exentos del impuesto de sucesiones y pueden seguir utilizando el domicilio común en caso de fallecimiento, así como beneficiarse de las prestaciones sociales del compañero. Para disolver el Pacs, basta dirigir una declaración de voluntad, individual o conjunta, al tribunal de instancia.

 

Desde su creación en 1999, el "Pacs" ha seguido una trayectoria ascendente que le va acercando en números al matrimonio. En 2017, se registraron 193.950 uniones civiles de este tipo, solo 40.000 menos que el número de matrimonios celebrados ese mismo año. En cambio, la cifra de matrimonios está en baja, desde algo más de 400.000 a comienzos de los años 70 a 233.915 en 2017.

 

A veces el Pacs es una primera etapa antes del matrimonio. De hecho, cerca de la mitad de las disoluciones del Pacs se deben a su conversión en matrimonio. Aunque al principio el Pacs se concibió como un modo de dar una cobertura jurídica a las uniones homosexuales, pronto se vio que tenía éxito sobre todo entre las heterosexuales que no querían casarse por el momento. Actualmente, el 3,8% de los Pacs corresponden a parejas del mismo sexo.

 

La diferencia es que las disposiciones legales sobre el Pacs se circunscriben a la pareja, mientras que en el matrimonio parte de las normas conciernen a la paternidad y a la filiación. Los vinculados con el Pacs suelen ser parejas sin hijos con más frecuencia que los casados (27% frente a 11%); y cuando los tienen, suele ser solo uno.

 

Las tres cuartas partes de los vinculados por un Pacs mencionan los motivos instrumentales como razones para haber suscrito este tipo de unión civil, contra un 16% en el caso de los matrimonios.

 

Mientras que casi todos los matrimonios van acompañados de una fiesta, el Pacs solo se celebra en la mitad de los casos.

 

¿Qué opinas de esta figura? Déjanos tus comentarios. 

 

*Publicado originalmente en Aceprensa

 

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Semana.com - 08.10.2019

 


Foto: Familia Mejía. Archivo particular 

 

Julián y Lupe Mejía sacaron a sus tres hijos del colegio y durante un año recorrieron los sitios más históricos del planeta. Esto aprendieron de esa aventura.

 

Muchos tardan años para organizar un recorrido de un mes por Europa. A Julián Mejía le tomó las seis horas que dura el viaje entre Bogotá y Buenos Aires decidir dar la vuelta al mundo por un año con su esposa Lupe, una peruana que conoció en Alemania mientras hacía una especialización, y sus tres hijos: Luciana, de 13 años; José Manuel, de 12, y Nicolás, de 11. Soñaban hacerlo desde novios y siempre el plan se derrumbaba ante la pregunta de qué hacer con el colegio de los niños.

 

¿Por qué sentimos la necesidad de viajar?

 

Pero ese día, a 30.000 pies de altura, eso dejó de ser un obstáculo. “¿Y qué puede pasar si pierden un año? –se preguntó Julián–. Yo perdí uno por vago y no pasó nada. Ellos, que son disciplinados, tampoco tendrán problemas”. Estaba decidido. Al llegar a la capital argentina, llamó a Lupe a Medellín y le preguntó: “¿Qué vas a hacer del 5 de julio de 2018 al 5 de julio de 2019?”.

 

Lupe entendió enseguida de qué se trataba y luego de que él le contó los detalles le dijo que sí, porque, a pesar de tener una personalidad más aplacada y constante, siempre ha apoyado las locuras de su esposo. Al principio pensaron en establecerse en una ciudad europea durante un año, pero al sacar de la ecuación la variable del colegio, el plan tomó más vuelo. “En lugar de aprender de las civilizaciones antiguas en clase iríamos a Egipto y China; para aprender sobre la historia del siglo XX, visitaríamos Berlín y París. La cereza en el pastel sería un safari”, dice Lupe.

 

Esto sucedió en diciembre de 2017 y en los seis meses que faltaban para salir ella se dedicó a organizar todo: tramitar las visas, decidir qué hacer con la casa y dos perritas, comprar seguros de viaje y dejar organizado su negocio de venta directa para dirigirlo virtualmente. Vendieron el carro y otras pertenencias y además se prepararon para ser profesores de tres niños que, a pesar de estar en niveles académicos diferentes, recibirían los mismos conocimientos.

 

 
Foto: Hicieron una parada en Saarbru¨cken, Alemania, donde Julián y Lupe se conocieron y enamoraron. Ese fue el verdadero comienzo de esta aventura.

 

Los Mejía decidieron el itinerario con el criterio de visitar ciudades relevantes en términos de historia y cultura, lo que dejaba por fuera las playas y los parques temáticos como Disney. Cuando le contaron a sus familiares y amigos ninguno les dijo en la cara que estaban chiflados, “pero creemos que sí lo pensaron”, cuentan.

 

Otros lo vieron con cierta envidia, pues claramente muchos quisieran vivir ese plan pero no se atreven. Los profesores, curiosamente, fueron los más entusiastas. “Háganle. ¿Qué más les podemos decir?”, les aconsejaron emocionados.

 

Con ese criterio claro, la familia organizó un plan de viaje según las visas y las estaciones, pues no tenía sentido ir a un sitio en pleno invierno, con posibilidades más limitadas para conocer. En cada lugar se quedaban entre una semana –como Suiza–, y un mes –como Turquía–. Fueron cuadrando los detalles en cada país y de acuerdo con las circunstancias.

 

Empieza la aventura

 

El 5 de julio de 2018 la familia tomó el vuelo Medellín-Nueva York, donde se quedarían 12 días. A partir de ahí irían en su orden a España, Portugal, Francia, Suiza, Italia, el Vaticano, Grecia, Turquía, Israel, Palestina, Jordania, Egipto, Kenia, Tanzania, Emiratos Árabes, India, Nepal, Tailandia, Myanmar, Camboya, Singapur, Vietnam, China, Rusia, Polonia, Tasmania, Alemania, Francia, Países Bajos y Estados Unidos. Un año después, el 13 de julio, tras visitar 30 países, estaban de vuelta en Colombia.

 

En el periplo tomaron aviones, alquilaron carros, viajaron en tren, montaron en bicicleta e incluso navegaron y vivieron en un bote por una semana. Cuando les preguntan cuánto costó el viaje, Julián responde: “¿Cuánto cuesta un carro?”. Con eso quería decir que alguien puede comprar un Chevrolet Swift o un Ferrari según el nivel de comodidad y el destino que escoja, porque pasar dos meses en Madrid es diferente a dos meses en Vietnam. “Nosotros nos fuimos en Renault Koleos”, dice, evadiendo una cifra concreta. “El mejor carro es en realidad el que uno puede comprar”, explica.

 

En cierta forma, ellos no considerarían justo ponerle una cifra a un viaje que les cambió la vida. Por ejemplo, en Israel y Palestina tuvieron una de las experiencias más enriquecedoras, pues tenían amigos a lado y lado del muro. “Los niños vieron cómo vivía cada uno de ellos y nos preguntaron: ‘pero si todos son buenos, ¿por qué pelean?’”.

 

En Tanzania, José Manuel, el más social de los tres, entabló amistad con unos masáis, miembros de esa tribu nómada que le enseñó otras maneras de ver el mundo. Luego, el contraste entre la opulencia de los Emiratos Árabes con la pobreza de la India les despertó la curiosidad por el desarrollo y la economía de las naciones.

 

Pero todos, sin embargo, escogieron Tailandia como su país favorito por las similitudes con Colombia. “La belleza natural, el colorido, la riqueza gastronómica”, dice Lupe. Además de que fue uno de los menos costosos. Y en China tuvieron una gran sorpresa porque rompieron muchos estereotipos. “Encontramos deliciosa la comida y a la gente, muy bacana”, cuenta Julián.

 

En Alemania, ambos padres tenían una lección muy importante por impartir: ir a Saarbrücken, donde comenzó toda esta historia cuando ellos, dos estudiantes latinoamericanos, se enamoraron. Y en Ámsterdam visitaron la casa de Ana Frank, un pedido especial de Luciana, quien estaba leyendo su diario. A esa escapada solo fueron ella y su papá. Hicieron una parada final de 15 días en Miami para descansar y preparar el regreso.

 

Estudiar en el museo

 

Para el proceso académico llevaron una guía de matemáticas y de español en sintonía con la de los compañeros de colegio, para que no se atrasaran. “Pero las botamos en Egipto porque entendimos a la fuerza que no hay que seguir un pénsum y que lo mejor era aprovechar cada ciudad donde estábamos. No íbamos a pasar un día en Egipto al lado de las pirámides enseñándoles las palabras esdrújulas”, señala Julián. De este modo, las matemáticas y el español pasaron a un segundo plano.

 

Aunque siempre hubo un espacio académico para todas las materias, no lo dictaba un pénsum sino el destino. Al final de cada día los niños escribían un diario (Luciana llegó con ocho cuadernos) con lo que habían visto, y Lupe les revisaba la redacción y la ortografía. Pronto se dieron cuenta de que la historia que aprendían en un lugar de alguna manera se entrelazaba con la de otro.

 

No todo fue color de rosa. Que tres hermanitos casi de la misma edad pasen todo el día juntos auguraba peleas. Aunque eso les dio una oportunidad a los padres de enseñarles valores y, sobre todo, una actitud positiva. “Peleaban pero se reconciliaban porque no valía la pena perder esa oportunidad”, explica Lupe.

 

Por todo eso, Julián siente que la experiencia de estudiar viajando superó la de hacerlo en un aula; aunque aclara que si a sus hijos les hacen un examen con el currículo oficial de ese año, ellos se rajarían. “Pero en diez años, cuando les pregunten a los niños que se quedaron en el colegio y a nuestros hijos cómo ven el mundo, la respuesta de ambos grupos será muy diferente”, dice.

 

Los niños aprendieron a tolerar y a aceptar diferentes culturas, a ser más humildes y a ver el mundo con una mente más abierta. Hoy sienten no solo respeto, sino también curiosidad por lo que piensan los demás. El mejor aprendizaje que recibieron fue el de ver gente buena en todas partes. “Ellos no le tienen prevención a un árabe, a un judío o a un chino. Si hay algo que los pone orgullosos es que el mundo está lleno de gente amable y diferente”, indica Julián.

 

¿Cómo planear un viaje?

 

Además, hubo aprendizajes personales: José Manuel aprendió su pasión por los animales, mientras que Luciana descubrió una forma de comunicarse por medio de las letras, y por eso quiere estudiar escritura creativa. A Nicolás, el más sensible, le afectó mucho la miseria de India. “Hubo lecciones tan profundas que nunca se podrán medir en un examen”, asegura Julián.

 

Al regresar a Medellín, los tres niños llegaron al curso que debían haber hecho en 2018, aunque Nicolás pidió cambio de colegio mientras que los otros dos decidieron seguir con el sistema de escuela en casa.

 

Luego de esta experiencia, Julián y Lupe piensan que es fácil cumplir los sueños; basta decidir hacerlo. En estos meses ellos han estado reacomodándose en Medellín. Según cuentan, es menos complicado irse que regresar. Pero aún así ya tienen en mente próximas aventuras: una para conocer Colombia y la otra para recorrer todo Perú. 

 

Cinco enseñanzas

 

Los Mejía llegaron con muchas lecciones del viaje. Cinco de ellas:

 

1. Trabajo en equipo: cuando embarcaron en un bote que alquilaron para atravesar el canal du midi en Francia, la familia tuvo que poner a prueba su colaboración. El curso de inducción para manejar el bote duró solo 10 minutos, y para tener éxito al navegar tuvieron que aprender a trabajar en equipo.

 

2. Vivir la vida a lo ancho: en Xi’an, China, una comunidad que todas las noches salía a bailar les enseñó que si bien no es posible controlar el largo de la vida, sí se puede manejar el ancho mediante el disfrute de cada momento.

 

3. Hakuna matata: al llegar a África tuvieron una pesadilla porque se les perdieron maletas, Lupe tenía jaqueca y los niños estaban cansados. Cuando se desahogaron con el guía, él les dijo “hakuna matata”. Ellos pensaron que se refería a la cinta El rey león, pero el africano les contestó que la frase significaba “no hay problema”. Aplicaron esa filosofía durante el resto del viaje ante las dificultades.

 

4. El mundo está mejor: los Mejía estudiaron 30 países y cuando compararon su pasado con su situación actual encontraron que todos están en el mejor momento de la historia. “Tienen dificultades, pero vienen de ser colonias explotadas y hoy son libres y trabajan por el desarrollo”, dicen. Aunque ha corrido mucha sangre en la China, hoy tienen niveles más altos de progreso y de comodidad, mientras que Europa pasa por el periodo más largo de paz de su historia, “a pesar de que los noticieros nos traten de convencer de lo contrario”, dice Julián.

 

5. Dar el primer paso: cuando quisieron pasar una calle amplia y caótica en Hanói, Vietnam, esperaron a que no hubiera ningún vehículo, algo que nunca sucedió. Al ver a los locales, observaron que iban paso por paso hasta llegar al otro lado, mientras los esquivaban los autos. “Así es la vida: uno espera que todas las circunstancias se den para hacer algo, pero lo mejor es tomar una decisión y dar el primer paso”.

 

Más información de la familia Mejía en: 

 

Instagram >>> https://www.instagram.com/mivueltaalmundoenfamilia

 

Facebook >>> https://www.facebook.com/mivueltaalmundoenfamilia

 

*Publicado originalmente por Semana.com. Se reproduce con autorización de la familia Mejía. 

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Por Sergio Centofanti/VaticanNews - 10.07.2019

 

Foto: Cathopic 

 

El Papa ha lanzado hoy un nuevo tweet en su cuenta @Pontifex en nueve idiomas:

 

«Oremos por los enfermos que son abandonados hasta dejarlos morir. Una sociedad es humana si protege la vida, toda vida, desde el inicio hasta su fin natural, sin decidir quién es digno o no de vivir. ¡Que los médicos ayuden la vida, no la quiten!»

 

Este nuevo tweet de Francisco llega mientras Vincent Lambert está muriendo de hambre y sed. El enfermero francés de 42 años, en estado vegetativo o de mínima conciencia tras un accidente de tráfico en 2008, está internado en el hospital universitario de Reims. El pasado 2 de julio, los sanitarios de la estructura suspendieron nuevamente el suministro de alimentos e hidratación tras una larguísima batalla legal que adquirió dimensiones internacionales.

 

París no acepta la petición de la ONU

 

Francia decidió, al final, no tener en cuenta el llamamiento del Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que había pedido seis meses para examinar el caso. La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad –que fue ratificada por París, pero que para el gobierno francés «no es vinculante»– establece en su artículo 25 la necesidad de «adoptar todas las medidas adecuadas para garantizar el acceso de las personas con discapacidad a los servicios de salud (...), incluidos los servicios de rehabilitación» y de «prevenir el rechazo discriminatorio de asistencia médica o de atención y servicios de salud o de alimentos y líquidos por motivos de discapacidad».

 

Un dolor no respetado

 

Los padres de Vicent acusan: están matando a una persona discapacitada que no está en fin de vida, es eutanasia. Y la eutanasia está prohibida en Francia. El dolor del padre y de la madre, que asisten a la muerte programada de su hijo, se hace aún más amargo por las críticas, si no por los insultos, de ciertos sectores que descalifican su tormento al llamarlos «católicos integralistas».

 

No ceder a la cultura del descarte

 

Ya el pasado 20 de mayo, cuando los médicos comenzaron a interrumpir la alimentación e hidratación, que luego se reanudó después de la sentencia del Tribunal de Apelación, el Papa había lanzado este tweet:

 

«Roguemos por cuantos viven en estado de grave enfermedad. Custodiemos siempre la vida, don de Dios, desde el inicio hasta su fin natural. No cedamos a la cultura del descarte».

 

Cada paciente sea tratado con gran respeto por la vida

 

El año pasado Francisco lanzó dos llamamientos públicos por Vincent Lambert, citando explícitamente su nombre, un caso raro para llamamientos pontificios de este tipo. El Papa había pensado en su historia, acercándola a la historia del pequeño Alfie Evans. El 15 de abril de 2018, en ocasión de la Reina Caeli, dijo:

 

«Encomiendo a vuestra oración a personas como Vincent Lambert, en Francia, al pequeño Alfie Evans, en Inglaterra, y a otros en diversos países, que viven, a veces durante mucho tiempo, en estado de grave enfermedad, asistidos médicamente para las necesidades primarias. Son situaciones delicadas, muy dolorosas y complejas. Oramos para que cada enfermo sea respetado en su dignidad y tratado de manera adecuada a su condición, con el acuerdo de los familiares, médicos y los trabajadores de la salud con gran respeto por la vida».

 

Dios es el único dueño de la vida

 

Tres días después, al término de la audiencia general del 18 de abril de 2018, un nuevo llamamiento: «Llamo la atención de nuevo sobre Vincent Lambert y sobre el pequeño Alfie Evans, y quisiera reiterar y confirmar con fuerza que el único dueño de la vida, desde el inicio al final natural, ¡es Dios! Y nuestro deber, nuestro deber es hacer de todo para custodiar la vida».

 

Una derrota para todos

 

El Papa Francisco, en la estela de sus predecesores, siempre ha tenido palabras claras sobre el respeto a la vida a 360 grados. El 5 de junio pasado, dirigiendo sus pensamientos y oraciones a Noa Pothoven, la joven holandesa de diecisiete años que decidió morir acompañada de médicos especializados en suicidio asistido, afirmó en otro tweet:

 

«La eutanasia y el suicidio asistido son una derrota para todos. La respuesta que hemos de dar es no abandonar nunca a quien sufre, no rendirnos, sino cuidar y amar a las personas para devolverles la esperanza».

 

Santa Sede: alimentar e hidratar a un enfermo es un deber ineludible

 

Finalmente, recordamos también el comunicado conjunto sobre el caso, elaborado por el Cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y por Monseñor Vincenzo Paglia, Presidente de la Academia Pontificia para la Vida, en el que reiteraron «la grave violación de la dignidad de la persona, que la interrupción de la alimentación y de la hidratación comporta», contestando la decisión de los médicos de Reims, que llamaron «obstinación irrazonable» mantener vivo a Vincent:

 

El «estado vegetativo», de hecho, es un estado patológico ciertamente grave, que sin embargo no compromete en modo alguno la dignidad de las personas que se encuentran en esta condición, ni sus derechos fundamentales a la vida y al cuidado, entendidos como la continuidad de la asistencia humana de base. La alimentación y la hidratación constituyen una forma de cuidados esenciales siempre proporcionales al mantenimiento de la vida: alimentar a una persona enferma nunca es una forma de obstinación terapéutica irrazonable, hasta que el cuerpo de la persona sea capaz de absorber la nutrición y la hidratación, a menos que cause sufrimientos intolerables o sea perjudicial para el paciente. La suspensión de tales cuidados representa, más bien, una forma de abandono del paciente, basada en un juicio despiadado sobre su calidad de vida, expresión de una cultura del descarte que selecciona a las personas más frágiles e indefensas, sin reconocer su unicidad e inmenso valor. La continuidad de la asistencia es un deber ineludible.

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ACI Prensa - 17.09.2019

 

 

 

El Obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, publicó el pasado 8 de septiembre un artículo en el Diario Vasco, en el que alertó sobre el “panorama desolador” de la natalidad en España, donde mueren más personas de las que nacen, sin que la sociedad calibre lo que estas cifras significan. 

 

Sobre la natalidad en España, el Obispo recordó los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) a finales del pasado junio y que muestran “un panorama desolador en materia de natalidad”. Según precisa en el artículo, “la fecundidad se sitúa en 1,25 hijos y los nacimientos han caído un 6% respecto al año anterior. Acumulamos un descenso de un 30% en la última década; y si no nos hubiésemos visto beneficiados por la natalidad de los inmigrantes, este descenso en España habría alcanzado el 44%”.

 

Es decir, en España “mueren más personas de las que nacen, y mientras que la población de más de 65 años supera los nueve millones de personas, los menores de 15 años no llegan a los siete millones”, unos datos que “se agravan aún más si nos referimos al territorio vasco”.

 

Mons. Munilla explica que “parece que nos estamos acostumbrando a escuchar periódicamente este tipo de datos, sin calibrar suficientemente lo que implican”. Por eso precisa que la publicación de este tipo de cifras, que califica de “cada vez más inquietantes”, suscita la lógica preocupación “por la sostenibilidad del sistema de pensiones”.

 

Además asegura que hay quienes “llegan a mostrar cierto temor por el futuro de nuestra civilización, ya que los flujos migratorios se aceleran por motivo de la descompensación demográfica”.

 

Aunque también hay voces, “pocas por desgracia”, que plantean la necesidad de “implementar medidas para favorecer la natalidad, tales como la conciliación laboral, la lucha contra la especulación en el precio de la vivienda, incentivos directos, etc”.

 

El Obispo de San Sebastián explica también que “no estamos ante un fenómeno nuevo en la historia de la humanidad”, ya que esta “crisis de natalidad ha acompañado a casi todos los declives culturales”.

 

El Prelado pone el ejemplo de la Antigua Grecia, en donde el historiador grecorromano del siglo II, Polibio, escribía que la natalidad había bajado mucho en los últimos años en Grecia. “Las gentes de este país han cedido a la vanidad y al apego a los bienes materiales; se han aficionado a la vida fácil y no quieren casarse o, si lo hacen, se niegan a mantener consigo a los recién nacidos, o solo crían uno o dos como máximo, a fin de procurarles el mayor bienestar mientras son pequeños y dejarles después una fortuna considerable”, precisaba Polibio.

 

Mons Munilla apuntó que pocos años después de estas crónica de Polibio “el Imperio Romano fagocita a la Grecia decadente, hasta que siglos más tarde llega el ocaso del Imperio Romano, acompañado nuevamente de una profunda crisis de natalidad”.

 

Ante esta situación, el Obispo de San Sebastián asegura que “sería muy triste si nuestra preocupación por la crisis demográfica se circunscribiese al temor por el debilitamiento de nuestras pensiones, o al miedo a la llegada de extranjeros”. Precisa que “igualmente, sería muy ingenuo suponer que una administración pública vaya a ser capaz de revertir esta tendencia con la mera aprobación de incentivos a la natalidad, por muy necesarios que sean”.

 

De hecho, subraya que las clases sociales “más pudientes” no tienen un índice de fecundidad superior a la media, mientras que “los inmigrantes en España tienen un número de hijos muy superior a los autóctonos, a pesar de que su nivel económico es inferior y sus dificultades objetivas para la conciliación laboral sean mayores”.

 

Por eso explica que “nuestra crisis de natalidad es uno de los signos más evidentes de la crisis de valores que sufre Occidente”.

 

“En el contexto de una sociedad en la que la calidad de vida se identifica con el mero bienestar, el reto de la maternidad y la paternidad es percibido como demasiado exigente”, apunta el Prelado y destaca que “es innegable que la educación de los niños demanda una entrega plena e incondicional, me atrevería a decir que heroica, que no es fácilmente compatible con la cultura del weekend, de la invasión digital, del consumismo compulsivo, del desorden de vida generalizado, de la crisis existencial”.

 

Por eso afirma que “ciertamente, la maternidad y la paternidad requieren ‘dar la vida’ en el sentido más amplio del término”, ya que “la crisis demográfica esconde una crisis de esperanza”.

 

En ese sentido apunta a que “para abordar la cuestión es importante que entendamos que la baja natalidad no solo compromete el futuro de una cultura, sino que afecta en gran medida a su presente”, ya que “la carencia de niños en nuestras familias y en nuestra sociedad, nos empobrece mucho más de lo que suponemos”.

 

Por eso destaca que “en no pocas ocasiones hemos constatado que solo la inocencia de los niños es capaz de arrancarnos de nuestra zona de confort, de nuestro aburguesamiento, llevándonos a entregar lo mejor de nosotros mismos hasta alcanzar el cenit de la madurez, que suele coincidir con el olvido de uno mismo” y por eso destaca que ”nuestra cultura necesita de los niños de forma apremiante, porque pocas cosas hay tan falsas como una alegría sin inocencia”.

 

Mons. Munilla también recuerda que es importante no “hurtar a los niños la experiencia de la fraternidad”, pues su déficit “se traduce en la educación, en una notable dificultad para la socialización, además de una proclividad para desarrollar la herida narcisista”.

 

“Si la experiencia filial nos ayuda a tomar conciencia de nuestra dignidad, somos únicos e irrepetibles, la experiencia de fraternidad nos enseña a ser uno más entre todos; algo absolutamente necesario”, asegura el Obispo.

 

Por eso explica que “la paternidad y la maternidad requieren ‘dar la vida’. Pero la vida es algo que nos supera. Es un ‘milagro’ que hemos recibido gratis y que estamos llamados a transmitir generosamente”, por eso “los creyentes no solemos hablar de reproducción, sino de procreación” y “los progenitores colaboran con Dios creador para dar vida al mundo”.

 

*Publicado originalmente en ACI Prensa

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ReL - 28.05.2019

 

Foto: Freepik 

 

El Papa Francisco ha difundido uno de sus discursos más contundentes y detallados contra el aborto de su pontificado, al recibir este sábado 25 de mayo a entidades provida que han participado en el congreso internacional sobre la defensa de la vida humana. "¡Yes to Life!”, “¡Sí a la vida!. Este encuentro lo ha organizado el dicasterio vaticano para la Vida y la Fundación italiana El corazón en una gota que trabaja con "el más débil y frágil de todos: el feto con grave patología y malformación" y fomenta la atención perinatal al bebé enfermo y a sus familias.

 

"El aborto nunca es la respuesta que buscan las mujeres y las familias", proclama el discurso del Papa. "Más bien, es el miedo a la enfermedad y la soledad lo que hace que los padres duden. Las dificultades prácticas, humanas y espirituales son innegables, pero precisamente por eso son urgentes y necesarias acciones pastorales más incisivas para apoyar a los que reciben a los niños enfermos. Es necesario, es decir, crear espacios, lugares y "redes de amor" a las que puedan acudir las parejas, así como dedicar tiempo a acompañar a estas familias", ha exhortado el Pontífice.

 

El Pontífice ha alabado el ejemplo de la Fundación El corazón en una gota, "una de las realidades que en el mundo trabajan cada día para acoger al nacer a niños en condiciones de extrema fragilidad. Niños que, en algunos casos, la cultura del desecho define como "incompatibles con la vida", ha denunciado.

 

Todo niño es un regalo y necesita ser cuidado

 

En su discurso a los 300 participantes del Congreso, el Papa insistió en que “todo niño que se anuncia en el vientre de una mujer es un regalo, que cambia la historia de una familia: de un padre y una madre, de abuelos y hermanos. Y este niño necesita ser bienvenido, amado y cuidado. ¡Siempre!".

 

El Papa recuerda la relación especial entre la madre y el niño que lleva en su vientre y el “diálogo cruzado que se instaura entre ellos”: "Una relación real e intensa entre dos seres humanos, que se comunican entre sí desde los primeros momentos de la concepción para favorecer la adaptación mutua, a medida que el niño crece y se desarrolla. Una capacidad comunicativa – precisa el Santo Padre – que no es solo de la mujer sino sobre todo del niño, que en su individualidad envía mensajes para revelar su presencia y sus necesidades a la madre”.

 

Se refería con estas palabras a los hallazgos de la medicina reciente acerca de los "mensajes" bioquímicos que intercambian el feto y la embarazada para reconocerse y coordinarse biológicamente, ya que son dos organismos distintos, con distinto tipo sanguíneo, distintas inmunidades, distintos mecanismos de reacción. La medicina moderna hoy puede, por ejemplo, encontrar células madre del bebé en el cuerpo de la madre muchos años después de haberlo dado a luz.

 

Diagnóstico prenatal: que no se use para desalentar y matar al bebé

 

El Papa habló también de los efectos del diagnóstico prenatal en una cultura del descarte. "Hoy en día, las modernas técnicas de diagnóstico prenatal son capaces de descubrir desde las primeras semanas la presencia de malformaciones y patologías", sospechas que llevan a "las mujeres y las parejas a una desaliento profundo". Pero nadie - observa el Papa - "puede predecir el resultado cierto" de esa patología "porque la evolución de cada enfermedad es siempre subjetiva y ni siquiera los médicos saben a menudo cómo se manifestará en cada individuo".

 

"Los niños, desde el vientre materno, si presentan condiciones patológicas, son pequeños pacientes, que a menudo pueden ser curados con intervenciones farmacológicas, quirúrgicas y de asistenciales extraordinarias, capaces ahora de reducir la terrible brecha entre las posibilidades diagnósticas y terapéuticas, que durante años ha sido una de las causas del aborto voluntario y del abandono de la atención al nacer de muchos niños con enfermedades graves", advirtió.

 

"Desafortunadamente, la cultura dominante de hoy no promueve este enfoque: a nivel social, el miedo y la hostilidad hacia la discapacidad a menudo conducen a la elección del aborto, configurándolo como una práctica de ‘prevención'. Pero la enseñanza de la Iglesia sobre este punto es clara: la vida humana es sagrada e inviolable y el uso del diagnóstico prenatal con fines selectivos debe ser fuertemente desalentado, porque es la expresión de una mentalidad eugenésica inhumana, que priva a las familias de la posibilidad de acoger, abrazar y amar a sus hijos más débiles", añadió.

 

Se puede ayudar con terapias fetales y hospicios perinatales

 

Las terapias fetales, por un lado, y los Hospicios Perinatales, por otro, logran resultados sorprendentes en términos de atención clínica y proporcionan un apoyo esencial a las familias que reciben el nacimiento de un niño enfermo. Estas posibilidades y conocimientos deben ponerse a disposición de todos", mientras que "es esencial que los médicos comprendan claramente no sólo el objetivo de la curación, sino también el valor sagrado de la vida humana, cuya protección sigue siendo el objetivo último de la práctica médica”.

 

El Papa señala que "el cuidado perinatal" es "un modo de cuidado que humaniza la medicina, porque impulsa a una relación responsable con el niño enfermo, que es acompañado por los operadores y su familia en un proceso de cuidado integrado, que nunca lo abandona, haciéndolo sentir calor humano y amor".

 

Acoger a los bebés que pronto morirán: cuidarlos engendra amor

 

"Todo esto es necesario especialmente para aquellos niños que, en el estado actual de los conocimientos científicos, están destinados a morir inmediatamente después del parto, o en un corto período de tiempo. En estos casos, el tratamiento puede parecer un uso innecesario de recursos y más sufrimiento para los padres. Pero una mirada atenta sabe captar el verdadero sentido de este esfuerzo, destinado a hacer fructificar el amor de una familia. De hecho, cuidar de estos niños ayuda a los padres a elaborar el duelo y a concebirlo no sólo como una pérdida, sino como una etapa de un viaje recorrido juntos. Ese niño permanecerá en sus vidas para siempre. Y ellos habrán podido amarlo".

 

El Papa dio las gracias a las familias, a las madres y a los padres que han acogido "la vida frágil" y que ahora son "de apoyo y ayuda a otras familias". Es un "testimonio de amor" que "es un don para el mundo", dijo.

 

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