FamilyOn - 21.07.2020

 

Foto: senivpetro

 

Durante esta etapa de confinamiento pueden estar surgiendo rencillas y problemáticas agravadas por el hecho de estar encerrados. Y es que es justo en la adolescencia cuando los jóvenes empiezan a desligarse poco a poco de nosotros, sus padres, prueban el sabor de la independencia, comienzan a salir, a conocer gente, a enamorarse, a dejar de ser niños… Es un proceso de cambios y de evolución, un proceso que ahora mismo se ha visto interrumpido de golpe, sin previo aviso y con pocas herramientas para sobrellevar una situación tan complicada.

 

Muchas madres y padres están preocupados por sus hijos adolescentes, pues no saben cómo el confinamiento va a afectar a sus hijos, tienen miedo de que todo sea una riña constante o no saben bien qué medidas tomar en cuanto a límites y normas en casa. Por eso, compartimos a continuación la siguiente entrevista de FamilyOn con Ángel Peralbo, psicólogo, docente y escritor de libros como “Adolescentes: tu hijo no es tu enemigo” o “El adolescente indomable”, y le hemos trasladado todas las preguntas que teníamos sobre cómo llevar este confinamiento cuando tenemos hijos adolescentes, con la intención de que nos guíe y nos aclare todas estas dudas.

 

En estas semanas que llevamos de confinamiento son muchos los padres y madres de adolescentes que comparten una gran preocupación por el bienestar emocional de sus hijos, pues ven que esta situación está suponiendo un gran reto para ellos. ¿Qué podemos hacer los padres y madres para ayudarles a gestionarlo de la mejor manera posible?

 

Al margen del rol que ocupemos dentro de la familia o grupo, cada persona somos distintas en cuanto a nuestra forma de entender, de reaccionar, de asimilar, de reflexionar, en definitiva de digerir lo que está pasando. Por ello es importante, que como primer paso, padres y madres observen con atención y sin intención, es decir, no dando por supuesto nada y sí estando atentos a los indicadores que en la adolescencia hablan más sobre cómo se encuentran los hijos. A los adolescentes les molesta profundamente que se dé por hecho que por ser adolescentes piensan, sienten o actúan de determinada manera y en cambio, valoran muy positivamente que nos interesemos por ellos desde la incondicional muestra de que nos puedan contar lo que quieran. De la observación, los padres podrán ver si sus hijos adolescentes tienden a aislarse, están más irritables, o simplemente si tienen estados emocionales que les delatan. Les será de gran ayuda, facilitar un entorno de regularidad y relativa calma para que se sientan lo suficientemente tranquilos como para expresar y compartir, aunque sea mínimamente al principio, cómo se sienten. Cambios de humor, irritabilidad, estilos de respuesta alterados, …, especialmente cuando supongan un cambio claro con las semanas previas al confinamiento.

 

Estamos pasando mucho tiempo con ellos encerrados en el mismo espacio y, por lo tanto, los encontronazos son más frecuentes. ¿Cómo podemos evitar que todo sea motivo de discusión en casa?

 

La interrelación entre los miembros de la familia se basa mucho en estilos acostumbrados, por ello es posible que en parte, el confinamiento esté reflejando formas de comunicación que ya existían previamente; pese a esto, puede que los primeros días nos instaláramos en interacciones, discusiones y encontronazos y sin ser muy conscientes, ya se estén instaurando como habituales.

 

La primera idea realista que hemos de tener es que el conflicto es consustancial a las relaciones humanas y, por ello, el foco lo tendremos que poner en aprender a gestionarlos de la mejor manera posible, desde la calma, desde la búsqueda siempre del entendimiento por encima de todo; por ejemplo, con los adolescentes será mucho más inteligente encontrar una fórmula pactada que la mejor fórmula, por mucho que como padres siempre queremos lo mejor, el mejor horario, el mejor resultado, la mejor actitud, la mejor respuesta… ajustar expectativas al momento que vivimos, lo cual no significa en absoluto, hacer dejación de todo, sino buscar ese punto de equilibrio. En ocasiones se evita el conflicto olvidándose de que el adolescente está en casa. La solución es involucrarle como uno más, sentándole y pidiéndole que se implique, según su capacidad y disposición. Solo una actitud positiva, paciente y que permite a los padres entender que cada día vuelve a ser una oportunidad para seguir intentar la mejora de todo aquello que lo requiera.

 

Muchos padres y madres sienten los malos comportamientos de sus hijos adolescentes como una ofensa hacia ellos, como un ataque personal, sin embargo, en muchas ocasiones se trata de la forma que tienen ellos para expresar su desahogo emocional, ¿no es así?

 

En las relaciones, los círculos cuanto más íntimos son, más nos permiten que nuestros estados emocionales estén presentes y lideren muchas veces, el tono de la relación, a veces incluso, cuando en otros entornos nunca se darían. Como estilo acostumbrado, se dicen cosas y se utilizan formas, que ofenden, que alteran, que llegan a lo más hondo, aún cuando siempre representan más el estado emocional del adolescente que se expresa, que ninguna otra característica ni de los padres, ni del contenido. Ejemplo de ello, es el “Te odio” o “Eres la peor madre”.

 

El entorno familiar es, queramos o no, donde los hijos llegan a conocer sus propios límites, los de sus padres y madres y donde aprenden a regularse emocionalmente, aunque esto no será tarea fácil.

 

Algunos jóvenes están expresando sus emociones en forma de enfados o discusiones, pero también hay otras expresiones de este malestar que nos preocupan, como la tristeza, la ansiedad, problemas del sueño… ¿hay algo que podamos hacer los padres en este sentido?

 

Efectivamente existen problemas llamados exteriorizados y otros, denominados interiorizados; estos corresponden precisamente a la tristeza, ansiedad, psicosomáticos, etc., es decir, que no se ven directamente sino que los adolescentes los padecen especialmente de forma interna. Los padres han de buscar pistas indirectas como por ejemplo, cambios muy bruscos en su aparente estabilidad emocional, o estados mantenidos en el tiempo con aparente apatía general y poca energía observable, o disminución de las ganas de comer o todo lo contrario, ganas impulsivas de comer. Mi consejo a los padres es no basar las estrategias en las reacciones “típicamente paternales o maternales” como pueden ser las de insistir hasta la saciedad, para que coman, o para que duerman, o estar demasiado encima. Es preferible tratar de mostrarles un alto interés por aquello que les pueda preocupar, sea lo que sea y si no lo quieren compartir, mostrar apoyo incondicional y paciencia para que se vaya sintiendo cómodo, pero dejándole aire. Si se sienten escuchados, serán los propios adolescentes quienes darán señales de querer contar.

 

Se habla bastante de lo mal que lo pueden pasar los niños pequeños durante esta cuarentena. Sin embargo, en la adolescencia nuestros hijos empiezan a experimentar cambios, gozar de cierta independencia, y ahora han tenido que renunciar a eso y pasar más tiempo con nosotros, sus padres, justo en una etapa de sus vidas en la que suelen renegar completamente de nosotros. ¿Crees que ellos son los que peor pueden estar pasando esta etapa?

 

Considero que cada etapa tiene sus ventajas, sus puntos de apoyo pero también sus debilidades o lo que les puede hacer más vulnerable, especialmente en situaciones como el confinamiento. Si en circunstancias normales, los adolescentes viven su independencia especialmente fuera de casa, ahora lo hace en mayor medida aislándose dentro de su habitación, su fortaleza. La libertad que esto les proporciona, unida a la conexión que la red con el mundo exterior les permite, son sus grandes altares y les facilita mucho el encierro al que nos estamos todos viendo sometidos. Aún así están sus emociones que pueden entrar y salir de cierta ebullición así como su motivación que puede ir desde la euforia al aburrimiento a lo largo de una sola jornada. Y a esto hay que unir que los puntos de convivencia con sus padres a lo largo de un día también son más. La parte positiva de todo esto puede ser precisamente conseguir establecer un orden que permita canalizar todo ello para encontrar el equilibrio emocional, una motivación dosificada y hacer de la convivencia una oportunidad para mejorarla y combinarla perfectamente con la libertad que desea el adolescente.

 

¿Cómo puede afectar este periodo a nuestros hijos adolescentes? ¿Qué secuelas se pueden derivar del confinamiento y cómo podemos prepararnos para hacerles frente?

 

Tenemos que mirar lo que está ocurriendo como una realidad que nos impone una capacidad de adaptación más allá de lo que nos hubiéramos imaginado. Por ello, y porque la mentalidad adolescente cambia rápido y fluctúa entre un futuro que ven como lejano y un presente, del que muchas veces huyen y se evaden. Dado que habrá consecuencias en su curso lectivo, en su orden y horarios y en sus familias, a nivel de salud en muchos casos y económicos en otros, prepararnos para ello supondrá como primer paso que permitamos que sean conscientes de la realidad para que puedan aceptarla y esto se consigue reflexionando sobre ella, asumiendo las emociones que nos generen, todas sin discriminación, evitando que la mente se escape constantemente a través de las distracciones que hoy están a nuestro servicio. El segundo aspecto importante será involucrarlos en la dinámica familiar como uno más, más allá del niño que ya no es y muy cerca del adulto que casi es. Respetar el tiempo de cada uno, la necesidad del espacio personal pero también el trabajo colaborativo dentro de casa.

 

Muchos padres nos han comentado que durante el confinamiento se ha dificultado la imposición de límites, de manera que a algunos les preocupa que sus hijos se estén convirtiendo en los jefes de casa. ¿Qué consejo nos das para evitar que ocurra esto?

 

Si una adolescencia natural, y por lo tanto dentro de la normalidad, implica que los hijos pongan a prueba el entorno, a través de sus críticas, resistencias, manipulaciones, insistencias, etc., también necesita que el entorno, padres principalmente, se mantengan seguros, resistentes y firmes, imperturbables y asertivos.

 

Y para ello es importante, que:

 

– Cuando los padres se sientan cuestionados, no lo vivan como algo inaceptable sino como profundamente ligado a que sus hijos ya no son unos niños y necesitan criticar como parte del aprendizaje de su nueva identidad.

 

– Cuando los adolescentes quieran manejar el ritmo de la familia, compartir esas ganas y facilitar que puedan opinar, coparticipar y asumir que es importante su contribución, aunque los padres seguirán manteniendo el liderazgo. Aquí será importante que los padres pierdan el miedo a negociar y flexibilizar como antes nunca han tenido que hacer cuando sus hijos eran más pequeños.

 

– No perder nunca el rumbo que marca el afecto pues si intentamos marcar límites desde la alteración y el enfado nos veremos inmersos en conflictos permanentemente.

 

Tenemos claro que es imprescindible establecer normas de uso de la tecnología y redes sociales, pero claro, ahora los dispositivos electrónicos son la forma en que los jóvenes mantienen su vida social y se abstraen un poco de toda esta situación. ¿Deberíamos ser un poco más permisivos respecto al uso que hacen de las nuevas tecnologías durante el confinamiento?

 

El confinamiento hay que verlo desde la aceptación, como una situación atípica y circunstancial pero también incierta en su duración y con la vista puesta en una futura recuperación y vuelta a la normalidad. Por ello tenemos que anticiparnos y todo aquello que establezcamos ahora, intentar plantearlo de tal forma que sea sostenible y evitar que nos genere problemas en el futuro. Las nuevas tecnologías son un arma de doble filo, pues ahora nos proporcionan esa puerta abierta al mundo exterior pero a la vez pueden facilitar un excesivo aislamiento por parte del adolescente, además de una apatía y aburrimiento por abusar de ellas y por otro lado, una futura vuelta a la normalidad complicada. La permisividad aquí debería de llegar hasta donde llegue el compromiso del adolescente por mantener otras distracciones que permitan que sea sostenible con momentos familiares, orden razonable en las horas de sueño, implicación en obligaciones dentro de casa y otras tareas que eviten que lo electrónico tenga esa exclusividad que tanto nos preocupaba antes y nos puede preocupar después.

 

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FamilyOn - 26.06.2020

 

Foto: jcomp 

 

Perseguir los ideales de belleza puede convertirse en un camino tortuoso, sobre todo porque la mayoría de esos ideales son inalcanzables para la mayor parte de la población mundial. Para las chicas y mujeres, especialmente, la presión estética que fomentan muchas veces la publicidad, la moda, las redes sociales…, deviene una de las causas de los denominados trastornos de la conducta alimentaria.

 

Existe bastante confusión y desconocimiento sobre lo que son estos trastornos. Sara Bujalance, presidenta de la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia, explica que “los principales trastornos de la conducta alimentaria son la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón y el trastorno de la conducta alimentaria no especificado. Las principales características son una profunda insatisfacción con el cuerpo, alteraciones del hábito alimentario, un estado de ánimo deprimido e irritabilidad y aislamiento social”. Además, añade que “como existe mucha confusión y mucho desconocimiento sobre qué son realmente los trastornos de la conducta alimentaria, se tiende a infravalorar su gravedad (tienen la tasa de mortalidad más elevada dentro de las patologías mentales)”.

 

Existen diversos factores que influyen en este tipo de trastornos, sin embargo, Sara Bujalance apunta a que “la presión social actual por la delgadez, dirigida especialmente a la mujer, tiene una influencia muy elevada en el desarrollo tan masivo de los trastornos de la conducta alimentaria (1 de cada 20 adolescentes sufre un trastorno de la conducta alimentaria), y de cada 10 casos, 9 son mujeres”.

 

Los trastornos de la conducta alimentaria y el confinamiento

 

Esta etapa encerrados en casa ha sido complicada para todos, y las personas que sufren trastornos de la conducta alimentaria también se han visto afectadas. Como nos cuenta Sara Bujalance, “desde la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia hemos recibido casi el triple de consultas de las que recibimos habitualmente. Hemos detectado que en muchos casos se ha agravado la sintomatología del trastorno (irritabilidad, dificultad para comer, actividad física compulsiva, tristeza, aislamiento social, etc.) así como la confusión y angustia por parte de las familias, que en muchos casos han descubierto el trastorno en pleno confinamiento, sin saber qué hacer ante un problema tan grave”.

 

Además, también añade que “en otros muchos casos nos hemos encontrado que el acceso a los tratamientos durante el confinamiento se ha dificultado o reducido al eliminar toda la parte presencial”.

 

El papel de las redes sociales

 

Las redes sociales desarrollan un papel clave en cuanto al desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria. Por una parte, por el culto a la imagen y la difusión de ideales de belleza, que muchas veces son ficticios (fotos retocadas, posturas imposibles…) y muchos de ellos enfermizos (subsumen la belleza a la delgadez necesaria, por ejemplo). “La presión social por tener una determinada imagen está amplificada por las redes sociales actualmente, así como todo lo que tiene que ver con el “postureo” y mostrar no sólo un cuerpo perfecto en redes, sino también una vida social, alimentación, estado de ánimo, etc., idealizadas y alejadas de la realidad humana. Por eso es tan importante educar a chicos y chicas en el desarrollo de un sentido crítico hacia lo que ven en redes y también en otros medios de comunicación”, señala la presidenta de la Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia.

 

Pero no solo eso, las redes sociales también se han convertido en plataformas de difusión masiva de consejos que fomentan este tipo de trastornos. Este video nos explica quiénes son #mía y #ana, y pueden estar aconsejando a nuestras hijas y que forma parte de la campaña Por un uso Love de la tecnología de Orange. 

 

 

Sara Bujalance explica que “en los últimos años se han incrementado notablemente las páginas que hacen apología de los trastornos de la conducta alimentaria, las conocidas como #ana y #mia, en las que personas afectadas por el trastorno comparten información que es muy perjudicial para su salud”. Con este tipo de hashtags, miles de personas alrededor del mundo se aconsejan sobre cómo llevar a cabo estas prácticas (por ejemplo, los vómitos) sin que los padres se enteren, se difunden ideas extremas sobre la delgadez y la demonización de la gordura y el peso. En definitiva, prácticas muy peligrosas que no podemos dejar bajo ningún concepto que se conviertan en consejeras y referentes de nuestras hijas e hijos.

 

Qué podemos hacer las madres y padres

 

Sara Bujalance hace hincapié en que “las familias deben poner atención si observan cambios en la alimentación y/o incremento de la actividad física con el objetivo de adelgazar, preocupación por el cuerpo, cambios en el estado de ánimo, irritabilidad y aislamiento social. Si tienen la sospecha de un posible trastorno de la conducta alimentaria deben ser comprensivos y afectuosos con el chico o la chica, hablar con él o ella desde el afecto y, muy importante, ponerse en manos de un centro especializado en trastornos de la conducta alimentaria. Desde la asociación siempre insistimos mucho en este punto, el mejor tratamiento lo proporcionarán aquellos centros cuya experiencia y trabajo diario se centra en este tipo de trastornos”.

 

También tenemos que poner el foco en las redes sociales, “es importante que las familias y educadores favorezcan desde bien pequeños un uso saludable de las nuevas tecnologías enseñando a los niños y niñas a diferenciar entre lo bueno y lo malo que hay en internet, de la misma manera que les enseñamos a cruzar la calle para evitar atropellos”, señala Sara Bujalance.

 

Por último, cabe hacer mención a la función de la sociedad en su conjunto para hacer frente y prevenir este tipo de trastornos en los jóvenes. La presidenta de la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia afirma que “se necesita la implicación de toda la sociedad porque nadie tiene la culpa de un trastorno de la conducta alimentaria, pero cada agente debe asumir su parte de responsabilidad”. Sara Bujalance hace referencia a:

 

- Lo mejor que pueden hacer las familias es criar desde la parentalidad positiva (buen trato, límites coherentes y claros), llevar a cabo al menos una comida al día en familia y educado desde un buen ejemplo, no sólo a la hora de desarrollar un hábito alimentario saludable sino también en la forma en la que nos relacionamos con nuestro cuerpo y, muy importante también, evitando hacer comentarios negativos sobre el cuerpo del chico o chica así como de las personas en general.

 

- Desde las escuelas deben implicarse también reforzando el respeto por la diversidad corporal y previniendo situaciones de bullying.

 

- Las empresas deben favorecer medidas reales de conciliación laboral y familiar para que las familias puedan realmente ocuparse de sus hijos e hijas con calidad, tal como hemos descrito anteriormente.

 

- La publicidad y los medios de comunicación deben también favorecer la aparición y difusión de cuerpos saludables, que representen la diversidad corporal real que existe en las calles.

 

- Los sanitarios y técnicos, sobre todo los que trabajan con menores de edad, deben poder identificar señales de alerta para derivar a los profesionales especializados lo antes posible y, por último, políticos y administraciones deben desarrollar programas para permitir que todo lo anterior sea posible.

 

*Publicado originalmente en Family On

 

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FamilyandMedia - 01.11.2019

 

Foto: jcomp 

 

Las redes sociales han modificado drásticamente sus vidas cotidianas. Las primeras señales de que había un problema empezaron a surgir alrededor del año 2014: un número creciente de jóvenes manifestaban que se sentían abrumados y deprimidos. Y varios centros de orientación para universitarios comunicaron que había un fuerte incremento del número de estudiantes que pedían tratamiento por problemas de salud mental.

 

A pesar de que, desde 2010, otros estudios mostraban un aumento de los síntomas de depresión y de los casos de suicidio entre adolescentes, algunos investigadores afirmaron que la preocupación era exagerada y que, para llegar a esa conclusión, los datos, aunque reales, no eran suficientes.

 

Pero un nuevo análisis, a partir de una encuesta muy representativa, refuerza lo que algunos hemos venido diciendo: la epidemia es demasiado real. De hecho, el incremento de los problemas de salud mental entre adolescentes y adultos jóvenes es, sin duda, algo simplemente asombroso.

 

Una epidemia de angustia

 

Una de las mejores maneras de averiguar si han aumentado los problemas de salud mental es referirse a una muestra representativa de la población general, no sólo de quienes buscan ayuda. The National Survey on Drug Use and Health, del Departamento de Salud y Servicios Humanos, ha hecho justamente eso.

 

Se preguntó a más de 600.000 estadounidenses. Las tendencias recientes son alarmantes.

 

Desde 2009 a 2017, los casos de depresión mayor entre jóvenes de 20 a 21 años se duplicaron, pasando del 7 al 15 por ciento. La depresión aumentó un 69% entre chicos y chicas de 16 y 17 años. En ese mismo periodo, los trastornos psicológicos graves, que incluyen sentimientos de ansiedad y desesperación, crecieron un 71 por ciento entre las personas de 18 a 25 años.

 

Entre el 2008 y el 2017, los intentos de suicidio entre jóvenes de 22 a 23 años se duplicaron, y un 55 por ciento más tuvo pensamientos suicidas. El aumento fue más pronunciado entre las chicas y las mujeres jóvenes. En 2017, una de cada cinco chicas de 12 a 17 años de edad sufrió depresión mayor a lo largo del año anterior.

 

¿Es posible que los jóvenes se limiten a estar mucho más dispuestos a admitir sus problemas de salud mental? “Con mis coautores he tratado de abordar esta posibilidad mediante el análisis de los datos sobre las tasas de suicidio recogidas por los Centers for Disease Control and Prevention. El suicidio refleja un comportamiento vital: los cambios en las tasas de suicidio no pueden ser causados por una mayor disposición a admitir los problemas”.

 

Desgraciadamente, durante este período aumentaron los casos de suicidio. Por ejemplo, la tasa entre jóvenes de 18 y 19 años creció un 56 por ciento desde 2008 a 2017. Otros comportamientos relacionados con la depresión también se han incrementado, incluidos los ingresos en las Unidades de Urgencias por autolesiones, como cortes, así como los ingresos hospitalarios por ideas suicidas e intentos de suicidio.

 

El gran incremento de los problemas de salud mental, según la Encuesta nacional sobre el uso de drogas y la salud, apareció casi exclusivamente entre adolescentes y adultos jóvenes, con una variación menor entre los estadounidenses de 26 años y más. Incluso después de un control estadístico de la influencia de la edad y el año, descubrimos que la depresión, la angustia y las ideas suicidas eran mucho mayores entre los nacidos de mediados a finales de los noventa, la llamada generación iGen.

 

La crisis de salud mental parece ser un problema generacional, no algo que afecte a los estadounidenses de todas las edades. Y esto podría ayudar a los investigadores a averiguar por qué está sucediendo.

 

El cambio en la vida social

 

Siempre es difícil determinar las causas de las tendencias, pero algunas posibilidades parecen menos probables que otras.

 

Una economía problemática y la pérdida de puestos de trabajo, dos típicas causas de estrés mental, no parecen ser los culpables. El crecimiento económico de los Estados Unidos es fuerte. Y el desempleo cayó de modo significativo entre el 2011 y el 2017, precisamente cuando aumentaron los problemas de salud mental.

 

Es poco probable que la presión académica fuera la causa, pues los adolescentes iGen dedican menos tiempo a los deberes en casa que sus colegas de los años noventa.

 

Es cierto que el aumento de problemas de salud mental se ha producido a la vez que la epidemia de opioides, pero esa crisis parece afectar casi exclusivamente a adultos mayores de 25 años.

 

Pero hubo un cambio social en la última década que influye en la vida de los adolescentes de hoy y de los adultos jóvenes, más que en cualquier otra generación: la difusión de los teléfonos inteligentes y de los medios digitales como las redes sociales, los mensajes de texto y los juegos.

 

Las personas mayores utilizan también estas tecnologías, pero los jóvenes las han adoptado mucho más rápida y completamente, y el impacto sobre su vida social ha sido más pronunciado. De hecho, afectó radicalmente a su vida diaria.

 

En comparación con sus predecesores, los adolescentes de hoy pasan menos tiempo personalmente con sus amigos, y mucho más comunicándose electrónicamente. Y esto, según numerosos estudios, está asociado a problemas de salud mental.

 

No importa la causa; la cuestión es que el aumento de los problemas de salud mental entre adolescentes y adultos jóvenes merece atención, y no debe ser descalificado como un “mito”. Con más jóvenes afectados -incluidos más intentos de suicidios y más casos de personas que llegan a quitarse la vida-, la crisis de salud mental entre los jóvenes americanos no puede ser ya ignorada.

 

 

*Reproducido por FamilyandMedia. Autor: Jean Twenge, profesor de psicología en la Universidad estatal de San Diego. Ver aquí el artículo original

 

Empantallados.com - 06.01.2020

 

Foto: Freepik

 

Estas son las series de moda entre adolescentes que si aún no las han visto, están deseando hacer un maratón. 

 

¿Qué series o películas vemos cuando hay tanto donde elegir? Es difícil encontrar los contenidos más adecuados para ver con toda la familia.

Últimamente se han lanzado varias series dirigidas a público juvenil y adolescente. Para decidir si una serie es adecuada, no basta con fijarse en la clasificación por edades, también conviene antes informarse leyendo distintas fuentes y ver al menos el primer capítulo de la serie con el fin de decidir si pueden comenzarla. 

 

Por Trece Razones (16+)

 

Basada en la novela de Jay Asher, esta serie se estrenó en Netflix en 2017 bajo la producción de la cantante Selena Gómez. La protagonista de la serie es una estudiante de último año de instituto que se suicida, motivada por el maltrato (psicológico y físico) recibido por trece compañeros y compañeras con quienes comparte pupitre. Antes de su fatídico final decide grabar cintas de casete en las que explica por qué acabó con su vida.

 

La serie provocó una gran controversia por sus imágenes explícitas. Los productores de Por Trece Razones aseguraron que la serie tiene como intención evitar que se den estas conductas en adolescentes, sin embargo muchas personas entendieron que es una serie que las motiva. Por ello, en la segunda temporada, los propios actores antes del primer capítulo lanzaban un mensaje en favor de las personas que sufren bullying y redirigían a una web con recursos para encontrar ayuda. Actualmente este es el mensaje de advertencia que hay en la plataforma: Esta serie contiene escenas que pueden herir la sensibilidad de los espectadores (imágenes explícitas de abusos sexuales, consumo de drogas y suicidio). Si tú o alguien que conozcas necesita asistencia o apoyo por una crisis, encontrarás más información en 13ReasonsWhy.info.

 

Euphoria

 

Posiblemente una de las series de moda del año. Si ‘Por Trece Razones’ abrió la veda de un género adolescente explícito y controvertido, Euphoria rompió los moldes. Zendaya, la actriz protagonista de la serie, lanzó una advertencia a través de su cuenta de Instagram: “Solo un aviso antes del estreno: Euphoria es para audiencias adultas. Es cruda y un retrato honesto de la adicción, la ansiedad y las dificultades de navegar en la vida de hoy en día. Hay escenas que son gráficas, difíciles de ver y pueden desencadenar traumas. Por favor, miradla sólo si os creéis capaces de aguantarla. Haced lo que sea mejor para vosotros.”

 

Basada en una serie israelí, Euphoria se podría resumir con la advertencia-sinopsis que utiliza HBO: “En esta serie hay escenas violentas sobre drogas, sexo, y salud mental. Una serie sobre un grupo de estudiantes de instituto que se mueve por un mundo voluble cargado de drogas, sexo, problemas de identidad, traumas, redes sociales, amor y amistad.” HBO no ofrece calificación de edad en su plataforma.

 

La casa de papel (16+)

 

Ya cuenta con tres temporadas, siendo un fenómeno español que se ha internacionalizado con mucha facilidad. La casa de papel no necesita presentaciones. Un equipo de personas, reunidas por un hombre conocido como “El Profesor”, llevarán a cabo el mayor atraco de la historia: entrar en la Casa de la Moneda de Madrid e imprimir 2400 millones de euros.

 

El grupo de ladrones ataviados con unos monos rojos y una careta de una caricatura de Dalí se ha convertido en uno de los disfraces preferidos por adolescentes en fiestas de disfraces.

 

El lenguaje utilizado en ocasiones no es adecuado para menores, incluye escenas de sexo y violencia en cada temporada.

 

Élite (13+)

 

Del creador de la serie adolescente Física o Química, surge Élite, una serie que se desarrolla en el instituto prestigioso (y ficticio) Las Encinas, donde llegan tres jóvenes de clase obrera que han recibido una beca para estudiar allí tras el derrumbe de su anterior instituto. Las diferencias entre estos y los alumnos de familias adineradas, provocarán escenas de acoso escolar que derivarán en un asesinato.

 

Élite también es una serie que nace del boom de Por Trece Razones. Estos alumnos del colegio más caro del país, pasan sus noches de fiestas entre alcohol, discotecas, drogas, dinero y muchas escenas de sexo explícito.

 

Las escalofriantes aventuras de Sabrina (16+)

 

Sabrina es una serie basada en un cómic de los años sesenta. De ahí surgió la comedia americana, “Sabrina, cosas de brujas”, emitida en España en los primeros años de la década de los 2000. Una serie juvenil que nada tiene que ver con esta nueva adaptación de Netflix.

 

La serie trata sobre el paso a la madurez de la protagonista, una chica con doble naturaleza: mitad mortal, mitad bruja. A lo largo de los capítulos se combina la brujería, el ocultismo y el terror. Hay violencia explícita y escenas de sexo. El personaje central pertenece a un grupo de satanistas que cuenta con un requisito de entrada: vender el alma al anticristo. Por otro lado, Sabrina trata de defender a las personas que en el colegio sufren acoso.

 

*Publicado originalmente en Empantallados.com

 

Por LaFamilia.info - 12.08.2019

 

Foto: Kireyonok_Yuliya 

 

Conducir es mucho más que manejar un auto. Es uno de los actos de “libertad” que mayor responsabilidad implican, teniendo en cuenta todo lo que hay en juego. Antes de entregarles las llaves a los hijos hay que considerar varios aspectos.

 

Los rasgos de la personalidad y del carácter, son señales que ayudan a determinar si los padres podrían conceder a los hijos este pase a la independencia. Las siguientes pautas ayudan a reconocer ciertas actitudes que deberían desembocar en un “no” a la autorización de la deseada licencia:

 

1. Si le cuesta auto controlarse.

 

2. Si la personalidad del hijo(a) es impulsiva, inestable o agresiva.

 

3. Si generalmente es irresponsable en sus situaciones cotidianas.

 

4. Si suele exponerse o verse envuelto(a) en situaciones peligrosas. Si participa de peleas o discusiones habitualmente.

 

5. Si su actitud frente a la autoridad es inapropiada; no obedece ni acata las normas.

 

6. Si copia actitudes peligrosas de amigos o se deja llevar por ellos en cualquier situación.

 

Si llegas a identificar alguna de las anteriores, lo más recomendable es que esperes un poco para otorgarle la licencia a tu hij@. Espera a que demuestre madurez en diversos aspectos para considerarlo de nuevo.

 

Lee también > Hijos al volante: ¿cuándo entregar las llaves?

 

 

 

 

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