Por LaFamilia.info - 12.08.2019

 

Foto: Kireyonok_Yuliya 

 

Conducir es mucho más que manejar un auto. Es uno de los actos de “libertad” que mayor responsabilidad implican, teniendo en cuenta todo lo que hay en juego. Antes de entregarles las llaves a los hijos hay que considerar varios aspectos.

 

Los rasgos de la personalidad y del carácter, son señales que ayudan a determinar si los padres podrían conceder a los hijos este pase a la independencia. Las siguientes pautas ayudan a reconocer ciertas actitudes que deberían desembocar en un “no” a la autorización de la deseada licencia:

 

1. Si le cuesta auto controlarse.

 

2. Si la personalidad del hijo(a) es impulsiva, inestable o agresiva.

 

3. Si generalmente es irresponsable en sus situaciones cotidianas.

 

4. Si suele exponerse o verse envuelto(a) en situaciones peligrosas. Si participa de peleas o discusiones habitualmente.

 

5. Si su actitud frente a la autoridad es inapropiada; no obedece ni acata las normas.

 

6. Si copia actitudes peligrosas de amigos o se deja llevar por ellos en cualquier situación.

 

Si llegas a identificar alguna de las anteriores, lo más recomendable es que esperes un poco para otorgarle la licencia a tu hij@. Espera a que demuestre madurez en diversos aspectos para considerarlo de nuevo.

 

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ReL/AllProDad.com - 01.06.2019

 

Foto: jcomp/freepik 

 

BJ Foster es un padre de familia con experiencia en el trabajo con adolescentes, desde su blog en AllProDad.com, invita a los padres a detenerse un momento y revisar qué están haciendo bien, qué pueden mejorar y qué peligros acechan a los hijos.

 

BJ Foster avisa: “Si ves que tus hijos empiezan a comportarse de forma inadecuada con regularidad, estas podrían ser las razones, las 7 cosas que llevan a los chicos por el mal camino”. 

 

1. No se sienten amados por sus padres

 

“No hay nada que haga que un chico se sienta más solo y perdido que no saberse amado incondicionalmente por sus padres. Deja un dolor profundo y tratan de hacer algo para aliviarlo. Pueden intentar adormecerlo con drogas, alcohol o violencia. En cualquier caso, esa emoción seguirá dañando y si no se sana de alguna forma continuará latiendo con fuerza”.

 

2. No reciben una atención positiva

 

Los chicos piden atención y harán cualquier cosa por conseguirla, y si no consiguen atención buena buscarán al menos atención mala (haciendo cosas malas que escandalicen o indignen a los mayores) porque no hay nada peor que no recibir atención de los demás. Sin atención, sienten que la vida no tiene significado ni valor.

 

3. Sienten que no encajan

 

Los adolescentes a menudo se sienten diferentes, extraños y aislados. Eso les puede crear ansiedad, ira y baja autoestima. Los chicos en esta situación pueden tender a aislarse aún más, llegando a la depresión y un riesgo de autolesión. Pueden actuar exageradamente de forma similar a cuando sienten que no les quieren sus padres. Y podrían integrarse en un grupo de amigos que sean mala influencia para ellos.

 

4. Su grupo de amigos son un mal modelo

 

La gente que nos rodea nos moldea, y eso, que es cierto para todos, lo es más para los niños y adolescentes. Si siguen saliendo con amigos que son una mala influencia, pronto pasarán a hacer las cosas malas que les ven hacer a ellos.

 

5. Sus padres dan mal ejemplo

 

Más influyentes que los amigos son los padres. A un joven le afecta lo que los amigos dicen, pero le afecta más lo que ve hacer (no decir) a sus padres. Además, si los padres se implican en un comportamiento irresponsable, los chavales van a sentir que viven en un entorno inestable. Sin cimientos firmes y sin estructura, se sentirán como plumas llevadas por el viento. Puesto que nadie les pone fronteras reales, entrarán en territorios peligrosos.

 

6. Los padres son inconsistentes en sus reglas o son agobiantemente estrictos

 

Los adolescentes necesitan límites, pero han de ser claros y tener consecuencias prácticas. Si rompen una regla y no se les penaliza de alguna forma, pensarán que las reglas no son importantes, no son reales,  y volverán a sentir esa inestabilidad.

 

El otro extremo es el de los padres que no muestran ninguna comprensión por el chaval y todo lo reducen a reglas y normas y penalizaciones. El hijo piensa que cada vez que le hablan es para regañarle o sermonearle, y que nunca se le escucha. Eso produce en él acritud y rebelión.

 

7. Los chicos no saben como gestionar la presión

 

Los estudios pueden producir mucha presión en los chicos, igual que las relaciones, las presiones en actividades como el deporte, las expectativas de los padres, de otros adultos... y hay varias formas poco saludables en las que pueden intentar adormecer esa presión.Pueden ser las drogas, el alcohol, los desórdenes alimenticios (anorexia, bulimia), las relaciones sexuales y la pornografía o las autolesiones cortándose o causándose quemaduras.

 

Un padre debe estar alerta ante posibles señales de que esto esté sucediendo. 

 

“Proporciónale un ambiente seguro y escúchale mucho”, aconseja BJ Foster. “Necesitan tu guía amable. Actúa pronto y a menudo. Y asegúrate de que tu hijo sepa que tus acciones vienen motivadas por tu amor por él”.

 

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Carmelo López-Arias / ReL - 29.03.2019

 

Foto: Freepik 

 

La relación personal de los adolescentes con sus amigos ha decrecido enormemente en la última década, en la misma proporción que ha crecido su sensación de soledad.

 

Quien advierte de ello es Jean Twenge, madre de tres hijos y profesora de Psicología en la Universidad de San Diego, donde se ha especializado en los problemas de la denominada iGeneración, esto es, los adolescentes y jóvenes contemporáneos de la hiperconectividad vinculada a dispositivos móviles. A quienes describe en el libro que les ha consagrado como "menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y absolutamente nada preparados para la vida adulta".

 

Y con una dificultad añadida: la soledad. En un reciente artículo en The Conversation, que resume un estudio publicado por ella y sus colaboradores en Psicology of Popular Media Culture, a partir de 2007 la generalización del teléfono móvil con acceso a redes sociales ha transformado completamente los patrones de ocio común de los adolescentes y jóvenes, hasta convertirles en "la generación más solitaria que se recuerda".

 

Dos gráficas lo muestran palmariamente:

 

 

La gráfica muestra el porcentaje de jóvenes que ven a sus amigos "casi todos los días". 

 

Los de 17-18 años (en rojo en la gráfica: 12º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron del 52,25% en 1976 al 43,31% en 2010, una caída del 17% a lo largo de 34 años. A partir de ahí, el desplome es significativo: del 43,31% en 2010 al 27,60% en 2017, una caída del 36% en siete años.

 

Los de 15-16 años (en rosa en la gráfica, 10º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron el 53,45% en 1991 al 40,80% en 2010, una caída del 23,67% en 19 años. Y luego, del 40,80% en 2010 al 26,20% en 2017, una caída del 35,78% en siete años.

 

Los de 13-14 años (en naranja en la gráfica, 8º curso en el sistema educativo estadounidense) pasaron del 52,04% en 1991 al 37,90% en 2010, una caída del 27,17% en 19 años. Y luego, del 37,90% en 2010 al 25,90% en 2017, una caída del 31,66% en siete años.

 

Estamos, pues, ante un proceso que es obedece a muchas razones y ya se presentaba antes de 2010, pero que a partir de esa fecha se acelera sin que exista otra causa identificable que el uso de móviles para la interacción social.

 

"Nos preguntamos entonces si esa tendencia tendría consecuencias en los sentimientos de soledad", explica Twenge antes de introducir el segundo resultado del estudio. Y así es:

 

 

La gráfica muestra el porcentaje de adolescentes y jóvenes que se identificaron con la afirmación "Muchas veces me siento solo". 

 

En los de 17-18 años, el porcentaje pasa del 22% en 2007 al 38,80% en 2017, un crecimiento del 76,36% en diez años.

 

En los de 15-16 años, pasa del 21,40% en 2007 al 32,40% en 2017, un crecimiento del 51,40% en diez años.

 

En los de 13-14 años, pasa del 20,10% en 2007 al 28,00% en 2017, un crecimiento del 39,30% en diez años.

 

Un cambio generacional

 

Lo significativo de estos cambios es que no son individuales, sino generacionales. En efecto, como señala Twenge, otros estudios señalan que no se produce un desplazamiento de los contactos activos (físicos) a los pasivos (mediante móvil), y que los adolescentes y jóvenes más hiperconectados no son necesariamente los que ven menos físicamente a sus amigos.

 

¿Cómo explicar la aparente contradicción?

 

Tiene que ver, explica, con la dinámica "del grupo frente a la del individuo". En un grupo de amigos siempre hay algunos más sociales y dispuestos a salir y verse con los demás, y otros menos propensos a ello. Una vez que todos se conectan a redes sociales, los patrones de conducta suelen repetirse. Así, el más social y más conectado sigue saliendo, aunque menos, porque pasa más tiempo en casa con las redes. Sin embargo, los menos sociales se ven más afectados por el menor tiempo que aquel pasa ahora con ellos. Si a la vez son menos propensos a mantener actividad en las redes sociales, su situación de soledad se agrava: "¿Quién querrá salir con ellos si la mayor parte de sus amigos están solos en su habitación con Instagram?"

 

Algunos sostienen, dice Twenge, que "los adolescentes, simplemente, han decidido comunicarse de otra forma, y que el auge de la comunicación electrónica no es preocupante". Pero hay estudios que hablan de "epidemia" de depresión y angustia entre los jóvenes, y de infelicidad. No se puede sostener, concluye, que "la comunicación electrónica sea tan buena para mitigar la soledad y la depresión como la interacción cara a cara... Hay algo en el hecho de tener al lado a otra persona -el contacto físico, la mirada, la risa- que no puede ser sustituido por la comunicación digital. El resultado es una generación de adolescentes más solitaria que nunca".

 

¿Causa y efecto?

 

En otro artículo sobre esta cuestión en Psychology Today, Twenge recoge los datos de otro de sus estudios, que muestra que "los adolescentes que pasaron más tiempo ante las pantallas eran menos felices, más depresivos y con un riesgo de suicidio", relación que se mantenía incluso teniendo en cuenta otros factores como el sexo, la raza o el estatus socioeconómico. 

 

Con todo, la concurrencia de hechos no es lo mismo que causalidad, comenta ella misma: pudiese ser que las personas con mayor tendencia a la depresión buscasen más las pantallas. Pero cita tres estudios que apuntan claramente a una relación de causa-efecto. Dos encontraron que, "mientras el mayor uso de redes sociales conducía a la infelicidad sin embargo la infelicidad no conducía aun mayor uso de redes sociales. Ambos estudios se referían a Facebook, como el tercero, que es directo y orientado a definir causalidad. En este último, se crearon dos grupos aleatoriamente, uno tuvo acceso a Facebook durante una semana, y el otro no: "Los que dejaron de usar Facebook acabaron la semana más felices, menos solitarios y menos deprimidos".

 

Si surgen evidencias de que el incremento de la infelicidad de adolescentes y jóvenes (un hecho empíricamente demostrado), tiene otras causas, Twenge se muestra dispuesta a estudiarla: "Pero, por el momento, el smartphone es el agente de cambio más probable, así que es el que yo estoy considerando con mis propios hijos, y lo que creo que otros padres deberían también considerar".

 

*Publicado originalmente en ReL

 

 

Aprendemosjuntos.elpais.com - 05.04.2019

 

 

Daniel J. Siegel es doctor en Medicina, profesor de Psiquiatría Clínica de la Universidad de California, codirector del UCLA Mindful Awareness Research Center y director ejecutivo del Mindsight Institute. Siegel es autor de bestsellers como ‘Ser padres conscientes’, ‘Mindsight’, la nueva ciencia de la transformación personal y de uno de los libros más aclamados internacionalmente ‘The Developing Mind’. En su obra ‘Tormenta Cerebral’, Daniel J. Siegel aporta las claves para acabar con algunos de los mitos y falsas creencias más extendidas sobre la adolescencia. Desde una visión positiva, Siegel afirma que la adolescencia es una etapa muy especial, una chispa emocional, un momento de conexión social, de búsqueda de lo nuevo y con esencia creativa. En el siguiente video de la colección "Aprendemos juntos" del BBVA y El País, el experto amplía el tema. 

 

 

Ver también: 

VIDEO: "Prepara a tu hijo para la vida, no la vida para tu hijo”. Tim Elmore

VIDEO: "Sed los entrenadores emocionales de vuestros hijos". Elsa Punset

VIDEO: “La atención es el nuevo cociente intelectual”. Gregorio Luri

VIDEO: “Sobreproteger a los niños es desprotegerlos”. Eva Millet

VIDEO: "La frustración nos hace más humanos y más inteligentes". María Jesús Álava
VIDEO: "Siete pasos para ayudar a tu hijo a entender sus emociones". Rafael Guerrero

VIDEO: ¿Puede el perdón curar el dolor?. Irene Villa

 

LaFamilia.info - 07.09.2018

 

Foto: Freepik

 

El 10 de septiembre se celebra el Día Mundial de Prevención del Suicidio, iniciativa que busca poner el tema en la agenda pública, haciendo énfasis en la necesidad de su prevención. 

 

La conducta suicida se ha ido incrementando alrededor del mundo, incluso la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha declarado un problema de salud pública. Según datos de esta entidad, anualmente, cerca de 800 000 personas se quitan la vida y muchas más intentan hacerlo. En el año 2016, el suicidio fue la segunda causa principal de defunción en el grupo de 15 a 29 años en todo el mundo. Y no solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, en 2016, más del 79% de los suicidios en todo el mundo tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos.

 

El suicidio es un problema complejo en el que intervienen factores psicológicos, sociales, biológicos, culturales y ambientales; sin embargo los trastornos mentales (especialmente la depresión y los trastornos por consumo de alcohol) son los principales.

 

Cada suicidio es una tragedia que afecta a las familias y deja una huella imborrable en ellas; no obstante, es prevenible mediante intervenciones oportunas. 

 

Señales de alarma

 

Teniendo en cuenta que las redes sociales se han convertido en un espacio en que los jóvenes se expresan libremente, incluso muchos manifiestan deseos de acabar con su vida por estos medios, Facebook ha lanzado una guía sobre cómo ayudar a un amigo. Esta campaña busca promover la prevención del suicidio en alianza con el Instituto Hispanoamericano de Suicidología, Decide Vivir México, The Jed Foundation y The Clinton Foundation, organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan promoviendo el bienestar emocional, para compartir posibles señales de alarma que te indican que alguien puede estar sufriendo, angustiado o necesitando ayuda, las cuales compartimos a continuación. 

 

Así que presta atención a estados, publicaciones, mensajes, fotos o videos que incluyan los siguientes temas:

 

1. Comentarios relacionados con sentirse solo, sin esperanza, aislado, inútil o como una carga para los demás: “Siento que estoy en un agujero”; “No quiero volver a levantarme de la cama”; “Déjenme en paz”; “Todo lo hago mal”.

 

2. Muestras de irritabilidad y hostilidad fuera de lo común: “Odio a todo el mundo”; “A la mie**a con todo”.

 

3. Muestras de comportamientos impulsivos: conducción imprudente, un cambio significativo y, sobre todo, un aumento en el consumo de sustancias o exposición a otros riesgos. 

 

4. Publicaciones sobre insomnio: “Son las 3 de la mañana y sigo sin poder dormir”. 

 

5. Abandono de las actividades cotidianas: “Vuelvo a faltar a prácticas de química, no valgo para nada”; “Otro día más bajo las sábanas”.

 

6. Uso de emoticonos negativos: uso repetido de emoticonos que describen los siguientes estados de ánimo. 

 

Aunque puede ser difícil, sobre todo en Internet, saber si alguien está exagerando, siendo sarcástico o hablando en serio, cuando amenaza con quitarse la vida, siempre hay que tomarlo en serio. Estos son algunos ejemplos de frases que puede decir una persona con tendencias suicidas:

 

7. Hablar del suicidio o de querer morir: “No quiero seguir viviendo”; “Todo el mundo estaría mejor sin mí”; “No tengo motivos para vivir”.

 

8. Desesperación emocional intensa y urgente o culpa o vergüenza intensas, sentirse atrapado: “No puedo soportar más [el dolor]”; “No hay salida”; “Estoy acabado”; “Siento mucho los problemas que causé a todo el mundo”.

 

9. Mostrar rabia o buscar venganza: “Les daré una lección a todos”; “Se arrepentirá”.

 

10. Despedirse, desprenderse de bienes personales: “Los voy a extrañar a todos”; “Ya no se tendrán que preocupar más por mí”.

 

11. Glorificar o idealizar la muerte o hacer que la muerte parezca un acto heroico: “La muerte es bella”.

 

12. Preguntar dónde o cómo obtener medios potencialmente letales, como el acceso a pastillas o armas.

 

 

 

 

 

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