Retiro para Matrimonios / 19.08.2019

 

Foto: Freepik 

 

Cuando cometemos errores y ofendemos a nuestro esposo(a) con nuestras actitudes o nuestras palabras, no se hacen esperar las heridas, algunas bastante hondas... Y para esos casos el perdón es el único que puede sanar la relación. Así que si estás pasando por un momento difícil en tu matrimonio, te invitamos a hacer este ejercicio que propone el Padre Daniel Varayoud en el blog Retiros para Matrimonios.  

 

1. Trabajo individual

 

En el momento del día en que más calma tengan para cada uno de ustedes, tomen un cuaderno y un lápiz, busquen un lugar silencioso y cómodo. Estén listos el uno para el otro.

 

2. Momento de ponerse en oración

 

Serenar el corazón y pensar:

 

- ¿Qué cosas son las que mi cónyuge me tiene que perdonar?

 

- ¿En qué le he fallado o le estoy fallando?

 

- ¿Qué cosas soy consciente en las que necesito recibir el perdón?

 

Muy importante: "Es el momento en el que me pongo en el lugar de…" Hago consciencia de mis errores y defectos y son esos que molestan o dañan mi vida matrimonial y familiar.

 

Nota: Poner por escrito todo lo que se me viene a la mente. Todo lo que humildemente veo que necesito pedir perdón. Esto es importante hacerlo durante varios días. Apartar de tu lado esos pensamientos cuando que se cruzan por la cabeza en la que te ponen: "las ofensas recibidas".

 

Primero hay que reconocer las propias fallas, las deudas que tengo con mi cónyuge.

 

3. Cosas que debo perdonar

 

Después de varios días de hacer el ejercicio anterior, ahora es el momento de pensar y escribir, igual como lo hicimos anteriormente, las cosas que veo de mi cónyuge y que tengo que perdonar.

 

También aquí debes escribirlas con la mayor caridad y respeto posible, no condenando, sino dejando la puerta abierta para el arrepentimiento.

 

4. Tomar un tiempo

 

En un día establecido, deben tomarse un tiempo, que sea lo más largo posible, para poner en común todo lo que se ha rezado y escrito durante este tiempo.

 

Si lo hacen bien, el fruto puede ser muy grande.

 

5. Acuerdo y propósito

 

Se busca juntos un acuerdo para evitar en adelante aquello que hiere o molesta al cónyuge. También es el momento en que se materializa el perdón en la renovación del amor reconociendo a Dios como su fuente. Puede surgir un propósito para que sea revisado periódicamente.

 

Cada matrimonio encontrará lo que mejor se adapte para su crecimiento.

 

Algunas pautas para saber si estamos haciendo bien el ejercicio

 

- ¿Miro mis errores antes de los de mi cónyuge?

 

- En el momento de pensar aquello que tengo que perdonar de mi cónyuge ¿lo hago con respeto y compasión?

 

- ¿No dejo de lado nada, por más doloroso que sea?

 

- Al momento de dialogar: ¿Se evitan las discusiones, se renuncia a la actitud de justificarse, se da la oportunidad al cónyuge de que explique alguna situación, y muy importante: se cree en el otro?

 

- ¿No hay apuros?, ¿Esto no se hace por compromiso o por conformar al otro?, ¿es un deseo y un encuentro buscado y querido?

 

- ¿Se crece en la convicción de que éste es el camino por el que se crece en el amor?

 

*Publicado originalmente en: Retiro para Matrimonios, autor: Padre Daniel Varayoud

 

 

Por Empantallados.com - 29.07.2019

 

Foto: Freepik 

 

Un estudio de la Universidad Baylor, en Texas, revela que el 46% de los encuestados afirman haber sufrido phubbing por parte de su pareja. Es decir, se han sentido ignoradas por la persona con la que están, en este caso su pareja, que está absorto en su pantalla. El término phubbing es un mix de las palabras phone (teléfono) y snubbing (despreciar). ¿Te resulta familiar esta situación?

 

El 22 % reconoce que este fenómeno causó problemas de relación con su pareja, y el 36 % afirma que esto le hizo sentir deprimido durante un tiempo. No parece un asunto que pueda tomarse a la ligera. En tu relación de pareja puede haber entrado un tercero: ¡el móvil!

 

Empieza por la mirada

 

Tu pareja piensa así: “si estás conmigo, espero que estés verdaderamente y que, en estos momentos, soy lo más importante. Necesito sentir que me escuchas, que no estoy en un segundo plano”.

 

¿Cómo podemos conseguirlo? Con la mirada. Si tu mirada, en lugar de estar en tu pareja, está en la pantalla, seguramente se va a sentir en un segundo plano. A menudo, tener tanta confianza con nuestra pareja nos lleva a cometer este error con más frecuencia. Recupera la mirada cuando te hable. Aléjala en ese momento de las pantallas.

 

El móvil, un chupete emocional

 

Hay determinadas personas que utilizan las pantallas en esta época para evitar determinadas conversaciones. A veces utilizamos el móvil como un chupete emocional. Con él evitamos enfrentarnos a nuestras emociones e incluso hacer el ejercicio de pararnos y hacer introspección. Las pantallas nos ayudan a evadirnos de nuestra realidad y eso, claramente, puede afectar a la pareja. 

 

Díselo a la cara

 

Hablar con tu pareja durante el día a través del móvil tiene la parte positiva de demostrar al otro que nos acordamos de él. Pero al mismo tiempo favorece que nos perdamos la comunicación no verbal: nos faltan un montón de matices, lo que puede llevar a provocar infinidad de malentendidos.

 

WhatsApp puede estar muy bien para momentos puntuales pero cuando se trata de una conversación importante es necesario afrontarla de otra manera. En esas situaciones puede ser muy necesario una llamada, verle cara a cara o estar presente para darle un abrazo en el momento adecuado.

 

¡A poner objetivos reales!

 

1. Fijen momentos específicos del día para conversar sin pantallas. Puede que, al principio, si la relación de pareja no está en su mejor momento, sea un poco forzado pero poco a poco podrán recuperar la conversación.

 

2. Recuperar la mirada. Volver a las conversaciones y a los momentos en que las miradas están conectadas el uno con el otro.  

 

3. Volver a la ilusión de cuando se conocieron. 

 

4. Recuperar cosas que antes hacían.

 

5. Salir de la rutina del día a día.

 

En definitiva, las pantallas bien utilizadas pueden jugar un papel importante con un “te quiero”, “te echo de menos”, etc.; pero hay temas que es mejor afrontar cara a cara, y recuerda ¡no solo las utilices para los asuntos logísticos! Busca todo aquello que te enamoró de tu pareja porque seguro que hay muchas cosas que siguen estando ahí. Pon de nuevo el foco en todo eso y pasen tiempo juntos. 

 

*Publicado originalmente en Empantallados.com

 

ReL - 14.01.2019

 

Foto: Freepik

 

Daniela Maria Augello, es psicóloga de la escuela de la gestalt y psicoterapeuta, ha publicado el libro "Reconstruir a partir del amor. Cómo gestionar los cambios en la vida de pareja" el cual trata sobre la protección y cuidado del amor de pareja a medida que pasan los años y suceden cambios inevitables. 

 

Este librito, de algo más de cien páginas, explica lo que puede suceder después de la fase inicial de enamoramiento, cuando llegan los hijos, las rutinas, cuando desaparecen algunos impulsos de la juventud. La autora cita a varios autores y estudios, que comprueban que el amor de pareja hay que cuidarlo, hay que hacer la decisión intencional de protegerlo y de hacerlo crecer. Si no, como una planta desatendida, sin abonar ni regar, se muere, asaltada además por las zarzas hostiles de nuestra sociedad. Una pareja con problemas puede llegar a mejorar mucho y resolverlos, pero siempre lo conseguirá por decisión de hacerlo, nunca por inercia.

 

Compartimos aquí 9 párrafos del libro que pueden ayudar a crecer y prevenir a muchos matrimonios.

 

1. Hombre y mujer son distintos: eso nos impulsa a abrirnos

 

El psicoterapeuta Giovanni Salonia, propone un fascinante viaje hacia el descubrimiento de las diferencias entre sexos. Ser hombre y ser mujer nos obliga y nos da la posibilidad de experimentar toda la riqueza del intercambio y del diálogo.

 

2. Amar requiere conocer los defectos del otro... y saber vivir con ellos

 

Amar no significa ignorar los defectos del otro, sino conocerlos y saber que podemos tolerarlos. Significa ser conscientes de que, más allá de unos comportamientos distintos de los nuestros, es posible el encuentro. Creer en el amor duradero no implica que podamos vivir con cualquiera. Hay una premisa indispensable que debemos atender: si en lo concreto el otro no ha estado nunca presente, las cosas no cambiarán por arte de magia.

 

3. Las relaciones "provisionales" no funcionan: se eligen peores parejas

 

La idea general de que "la cosa va bien mientras funciona, y luego ya se verá" perjudica la voluntad de la persona, que desde el principio ya está perdiendo. Lo ideal no es vivir con el otro y tener las maletas preparadas al lado de la puerta: así se transmite cierta sensación de inestabilidad y desconfianza. Si nos viésemos más capaces de esto, quizá en la elección de pareja pesaría una dinámica más consciente, o nos fijaríamos en otra cosa, quizá elegiríamos más sensatamente a quien ha de ser nuestro compañero de viaje.

 

4. Con los años, somos toscos con nuestra pareja y obsequiosos con los "de fuera"

 

Dentro de la pareja pasamos por alto el dar las gracias, el pedir disculpas y cierta formalidad que podría subsistir en la pareja cual amable y benévola costumbre. Estas carencias crean un vacío, y puede que influyan en que busquemos experiencias extraconyugales, que en cierta medida hacen que volvamos a sentir la emoción de sentirnos cortejados y queridos. Sin duda, es triste lo que ocurre en esos casos. Las figuras familiares pueden convertirse en motivo de estrés, mientras que los extraños resultan ser "dispensadores" de consideración. A los primeros les dedicamos nuestros peores desahogos, y a los segundos les regalamos dulzura.

 

5. La pasión no es para siempre, el amor no se mantiene solo

 

Las parejas que esperan que la pasión dure para siempre o que la intimidad no se vea nunca amenazada, ya han preparado el camino hacia la desilusión. La teoría nos lleva a entender que nunca debemos cansarnos de comprender, de construir y reconstruir nuestra relación amorosa. No podemos pensar que una relación amorosa se mantenga viva por sí sola: somos nosotros los que hemos de asumir la responsabilidad de hacerla cada vez mejor.

 

6. El afecto y el sexo requieren darle prioridad: busquemos momentos

 

"Podemos vernos por la mañana, mientras los niños están en el colegio; podemos pedirle a la cuidadora que se los lleve a la ludoteca; podemos dejar para otro momento ese compromiso de trabajo; pidamos ayuda a los abuelos o digámosle a la tía que se los lleve al cine, o también se lo podríamos pedir a estos amigos que tienen hijos de la misma edad que los nuestros". Si la relación de pareja es prioritaria, hay que cuidarla renunciando a alguna otra cosa. Si la pareja no logra hallar tiempo para estar juntos, si las atenciones disminuyen, toda la dimensión de la corporeidad se resiente, lo cual afecta a la sexualidad, la afectividad y el apego. Sabemos, por ejemplo, que la disminución de las relaciones sexuales determina una reducción en la producción de oxitocina, la hormona que nos hace sentir que pertenecemos al otro.

 

7. La pareja cambia y está en movimiento: eso debe fortalecer el amor

 

Es hermosa la lección del Cantar de los Cantares, donde ella y él están siempre en movimiento. Después de encontrarse, se pierden de nuevo, para que nunca puedan pararse y decir: estamos a resguardo. Precisamente este juego de encontrarse y perderse una y otra vez, es un crescendo de celo y confianza, de presencia y ausencia, es la tensión que mantiene viva la fidelidad (G. Salonia).

 

8. Habrá momentos de apatía: combátelos con intereses comunes

 

Si no tengo mucho de qué hablar con mi pareja, si no tengo grandes cosas que compartir, me encerraré en mis intereses, en mis lecturas, en mi ordenador, en mi deporte... Un momento inicial de apatía -que sin duda todas las parejas experimentan antes o después-, si no se le presta atención y se afronta, puede elevarse al grado dos, tres, seis, diez... y convertirse en un vacío imposible de colmar. Ogden y Bradburn (1996) observan que el número de actividades placenteras de la pareja es una señal importante para prever el éxito o el fracaso conyugal. Lo cual no significa que ir a clases de tango vaya a salvar el matrimonio: lo que cambia las cosas es la experiencia de compartir intereses.

 

9. Ni rigidez ni estancamiento: deja entrar a tu cónyuge

 

Habrá muchas veces en que cometeremos errores, y en otras ocasiones sentiremos desgana; no estaremos exentos de sufrimiento de vez en cuando nos veremos compensados por alegrías; nos perderemos y nos volveremos a encontrar. Lo importante es no crear torres de acero en las que refugiarnos, donde el otro no tiene posibilidad de entrar. El amor no casa bien con el hielo, ni con la rigidez, ni con el estancamiento.

 

*Publicado originalmente en ReL

 

ACI - 13.02.2019

 

 

 

En poco más de 24 horas, el video “La mejor lista para preparar tu boda” llegó a las 31 mil reproducciones en Facebook, y generó cientos de reacciones, compartidos y comentarios.

 

El video lanzado el 11 de febrero por la iniciativa “Soy Amante”, con ocasión del Día de San Valentín, muestra a seis parejas que se casarán a mediados de 2019 y que responden algunas preguntas con el fin de “encontrar la lista definitiva” de lo que “no puede faltar” en la boda perfecta.

 

Si bien al principio las respuestas resaltan las alianzas de oro, maquillaje, banquete, zapatos, invitados, photocall, candybar, baile, vestido o la luna de miel; más adelante el sentido del video cambia y se les hace la pregunta: ¿Qué pasaría si tu pareja no puede tener hijos? El video termina con respuestas que muestran el amor profundo y que los mantendrá unidos “hasta que la muerte los separe”.

 

 
 

 

Finalmente, el video presenta la “mejor lista para el día de la boda”:

 

1. ¿Alianzas de oro?: Dos corazones dispuestos a comprometerse para siempre.

 

2. ¿Maquillaje?: Mostrar siempre el rostro más sincero.

 

3. ¿Banquete?: Un menú lleno de “te quieros” para momentos de conflicto.

 

4. ¿Zapatos de repuesto?: Pies dispuestos a caminar siempre hacia delante.

 

5. ¿Muchos invitados?: Personas que en vuestros momentos de debilidad y duda tengan la valentía de recordaros el amor que os tenéis hoy.

 

6. ¿Photocall?: Unos ojos que sepan admirar la belleza con el paso de los años.

 

7. ¿Candybar?: Saber encontrar el lado bueno, incluso en las situaciones más amargas.

 

8. ¿Baile?: Aprender a bailar al compás de tu pareja, incluso en los días que no suene la música.

 

9. ¿Luna de miel?: Las maletas listas para un viaje sin fecha de retorno.

 

10. ¿Vestido?: Un armario lleno de ilusión para cada día.

 

Aquí puedes ver los otros videos de Amantes

 

ReL/thosecatholicmen.com - 19.10.2018

 

Foto: Freepik 

 

Peter C. Kleponis es un psicólogo especializado en terapia familiar y en particular en una de las grandes amenazas actuales al matrimonio: la adicción a la pornografía. El especialista acaba de publicar su primer libro en español "Pornografía. Comprender y afrontar el problema", el cual ofrece "una ayuda para restaurar la integridad de la persona". 

 

Como un anticipo de los temas que se tratan en este libro, compartimos el artículo publicado recientemente por el mismo doctor Kleponis en Those Catholic Men.

 

***

 

Al hablar sobre el consumo de pornografía y el matrimonio, existen varios mitos que deben ser disipados. Hacerlo puede mejorar la capacidad de una pareja para sanar y restaurar su vida personal y su matrimonio. He aquí ocho mitos habituales que he encontrado en las parejas con las que he trabajado a lo largo de los años.

 

Mito 1. Ver pornografía es más excitante y satisfactorio que el sexo conyugal natural

 

Uno de los principales mitos que la industria de la pornografía intenta que la gente crea es que el mundo de fantasía de la pornografía es mejor que el sexo real. Esto ha conducido a muchas personas a no querer casarse. Creen que la felicidad y la plenitud verdaderas solo vendrán de tener miles de experiencias sexuales con numerosas parejas sexuales. La realidad es que el sexo en la pornografía nunca satisface verdaderamente. Si lo hiciera, los consumidores de pornografía no necesitarían buscar constantemente en internet más experiencias sexuales excitantes. Suelo comparar el sexo con el fuego. Ver pornografía es como encender una cerilla. Se inflama con brillantez y es atractiva, pero se apaga con la misma rapidez. Nunca nos deja satisfechos. El sexo en una relación conyugal saludable es como hacer un fuego lento que va creciendo con el tiempo. Puede no resultar atractivo todas las veces, pero siempre satisface y llena. Es la amorosa relación íntima que acompaña al sexo conyugal lo que lo hace satisfactorio. El sacramento del matrimonio también añade la gracia al sexo conyugal, lo que lo hace aún más satisfactorio.

 

Mito 2. La gente acude a la pornografía porque “el sexo es una necesidad”

 

Una de las formas con la que la gente intenta justificar su consumo de pornografía es alegar que necesitan sexo. Lo cierto es que el sexo es un apetito, no una necesidad. El alimento y el agua, por ejemplo, son necesidades. Si no los tienes, mueres. Si no puedes tener sexo, puede ser una cruz difícil de llevar, pero eso no te matará. Como apetito que es, el sexo debe experimentarse en su contexto apropiado. El suyo es dentro de una relación conyugal sólida. No conseguir tenerlo siempre que quieras lo hace realmente más especial y satisfactorio.

 

Mito 3. Si una persona consume pornografía, es culpa de su cónyuge

 

A pesar de lo que pueda estar sucediendo en un matrimonio, el consumo de pornografía de una persona NUNCA es culpa de su cónyuge. Hay quien alega que acude a la pornografía porque se sienten solos en su matrimonio, porque se han enfadado con su esposo o esposa, porque no tienen suficiente sexo, porque no se sienten respetados o apreciados por su cónyuge… Todas estas excusas, explícita o implícitamente, culpan al cónyuge del consumo de pornografía. Son escapatorias débiles. El hecho es que cada uno de nosotros es responsable de sus actos. Si una persona ve pornografía, es su decisión y su única responsabilidad. Ningún otro puede ser culpado.

 

Mito 4. La adicción a la pornografía es solo cosa de hombres

 

Aunque la mayoría de los adictos a la pornografía suelen ser hombres, es cada vez más también un asunto de mujeres. En torno a una tercera parte de quienes visitan páginas pornográficas son mujeres. Un 70% de las mujeres guardan en secreto su ciberactividad. Suele ser difícil identificar la adicción a la pornografía en mujeres. Esto se debe a que a ellas les atrae una más amplia variedad de medios pornográficos que los hombres. Mientras que a los hombres les atrae sobre todo la pornografía visual (imágenes y vídeos), a las mujeres les atraen también los chat, los blogs, las historias eróticas, las novelas románticas y las redes sociales de contenido pornográfico. Otra razón por la que resulta difícil identificar esta adicción en mujeres es la gran vergüenza que les supone. Temen que otros descubran su adicción y sean etiquetadas como putas y marginadas. Por eso muchas mujeres adictas a la pornografía nunca vienen a pedir ayuda. Sufren en silencio.

 

Mito 5. La adicción a la pornografía no es más que un pecado de egoísmo

 

Cuando alguien queda devastado por tener un cónyuge adicto a la pornografía, es fácil ver eso como nada más que un pecado de egoísmo o un fracaso moral. Sin embargo, como en el alcoholismo, debemos ver la adicción a la pornografía como una enfermedad. En ese sentido, debe ser tratada como una enfermedad. Es más, es una enfermedad que afecta a toda la familia. Muchos expertos se refieren a la pornografía incluso como una enfermedad familiar. Es importante para los adictos y sus cónyuges que busquen inmediatamente ayuda profesional. Cuanto antes comiencen juntos el programa de recuperación, mayor será su éxito en sanar y restaurar su matrimonio. Considerándolo como una enfermedad, es más fácil que desaparezca la vergüenza y buscar la ayuda necesaria para la recuperación.

 

Mito 6. Una persona adicta consume pornografía porque quiere más sexo

 

Es fácil creer que cuando alguien ve pornografía compulsivamente simplemente es porque quiere más sexo. La realidad, sin embargo, es que la pornografía no tiene realmente nada que ver con el sexo. Es simplemente una droga que se usa para sobrellevar con sentimientos o situaciones difíciles. Así como una persona puede acudir al alcohol como vía de escape, se puede acudir a la pornografía como una huida. He aquí un punto donde vale eso de que “el problema nunca es el problema”. El consumo de pornografía es solamente el síntoma. El problema real (o los problemas reales) pueden ser la soledad, el estrés, la ira, el miedo, el aburrimiento, la vergüenza, el abuso o la necesidad de intimidad.

 

Mito 7. Una persona consume pornografía porque su cónyuge ya no le resulta atractivo o sexualmente deseable

 

Ésta es una creencia común entre los cónyuges, especialmente entre las esposas. Como las estrellas del porno son jóvenes y atractivas, el esposo o esposa puede creer que el cónyuge adicto ve pornografía porque está cansado de él o ella y ya no lo encuentra atractivo. Puede pensar también que el adicto quiere sustituirlo por una persona más joven. Raras veces es así. El consumo de pornografía del adicto rara vez tiene que ver con el atractivo de su cónyuge o con el deseo de reemplazarlo. Como hemos afirmado antes, la pornografía es simplemente una droga que se usa para lidiar con sentimientos o situaciones difíciles. Tiene poco que ver con el esposo o esposa.

 

Mito 8. Si él o ella dejara de consumir pornografía, nuestra vida volvería a lo que solía ser

 

Muchos esposos o esposas entienden la recuperación como simplemente dejar la pornografía y volver a donde estaban sus vidas antes de que se descubriese el problema. Sin embargo, lo más frecuente es que el consumo de pornografía sea anterior al matrimonio.

 

El consumo de pornografía suele empezar en la infancia o adolescencia. En todo matrimonio, ambos esposos tienen que ser tipos sanos para tener una relación sana. Si uno de ellos o los dos se casan no siendo sanos, no pueden tener un matrimonio sano. Así, si el que consume pornografía era adicto antes de comenzar la relación, nunca fue alguien sano con quien empezar. Tener un matrimonio sano no significa volver a cómo solían ser las cosas. Significa forjar una nueva y saludable relación conyugal. Aunque esto puede resultar laborioso, ¡también puede ser excitante que la pareja trabaje al unísono para crear el matrimonio que siempre quisieron ser!

 

*Publicado originalmente en Those Catholic Men

 

 

 

 

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