Infovaticana - 17.02.2020

 

Foto: freepic.diller

 

Hay consejos que nunca pasan de moda, como estas que propone un pequeño libro que fue publicado por primera vez en 1936, que se titula: How to be a Good Husband (Cómo ser un buen marido).

 

Es, previsiblemente, divertido aunque anticuado. No crea -le dice a los hombres- que está guapísimo con unos pantalones bombacho y de colores, sobre todo si su esposa lo desaprueba. Nunca use una chaqueta, excepto con traje de franela blanca. Y si alquila una casa para las vacaciones, no despida a la sirvienta durante ese tiempo – sería más trabajo para su pobre esposa.

 

Sin embargo, a pesar de todos sus elementos arcaicos, este pequeño libro parece seguir teniendo cierta relevancia hoy: ha sido reimpreso doce veces por la Biblioteca Bodleian, desde que fue rescatado por primera vez, en 2008, de los archivos de los años 30. Algunos de los consejos seguramente tocarían la fibra sensible de cualquier consejero matrimonial de hoy. “No pienses que no le estás haciendo caso a tu esposa”, aconseja. “Si una esposa tiene fallos, él [el esposo] debería tratar de cerrar los ojos ante ellos”. 

 

Estos son algunos de los consejos conyugales que propone el libro: 

 

Un marido debe interesarse por los intereses de su esposa. Y ser franco en tema de dinero. “Cuéntele a su esposa todo sobre sus finanzas y no le oculte cifras”. En una nota sorprendentemente progresista, se recomienda tener cuentas bancarias separadas, en lugar de una cuenta compartida.

 

No le “cuente a su esposa inexactitudes terminológicas que, en inglés llano, son mentiras. Una mujer posee una intuición increíble para detectar incluso pequeñas desviaciones de la verdad”.

 

No juzgue a los amigos de su esposa. Preste atención tanto a su amiga más aburrida, la señorita Prudence Dowdy, como a su amiga más seductora, la señorita Dolly Dimple (los llamaríamos estereotipos, pero aún así sigue siendo un buen punto).

 

No diga una cosa y haga otra. “No le diga a su esposa que la ama para tratarla después como basura”. Una esposa no es “un juguete”, sino “una compañera de vida”.

 

“No sea grosero con su esposa. La mayoría de las mujeres aprecian mucho más que los hombres los modales refinados”. El respeto y la estima son vitales en el matrimonio.

 

No sea demasiado exigente y nunca critique a su esposa delante de otros. Tenga sus hobbys y deje que su esposa tenga los suyos. Pero no continúe con actividades recreativas peligrosas una vez casado.

 

El consejero anónimo da por descontado que los hombres adoran los automóviles. Sin embargo, aconseja al buen marido que “si le preguntan si es mejor un coche en el garaje o un niño en la cuna, no dude en elegir lo segundo”.

 

Algunas buenas ideas siempre seguirán siendo válidas.

 

*Publicado por Mary Kenny en The Catholic Herald. Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

 

 

Patheos.com - 03.02.2020

 

Foto: Freepik 

 

El cuerpo humano puede sobrevivir semanas sin comida, días sin agua y minutos sin aire. Necesitamos ciertas cosas para mantenernos vivos. De manera similar, un matrimonio necesita ciertas cosas para poder mantenerse vivo. No son cosas tan concretas como alimentos, agua u oxígeno, pero su importancia para la salud y la supervivencia de un matrimonio es vital.

 

A continuación, el terapeuta de pareja Dave Wills presenta ocho acciones fundamentales que todo matrimonio necesita para poder mantenerse a flote. Si alguno de los siguientes falta en tu matrimonio, por favor toma medidas inmediatas para agregarlo.

 

Aquí están las 8 cosas que todos los matrimonios necesitan para mantenerse vivo (sin ningún orden en particular):

 

1. Transparencia

 

La transparencia es básicamente otra palabra para "honestidad", pero me encanta la connotación que la palabra "transparencia" pinta, porque es también otra palabra para "desnudez".

 

Un matrimonio necesita desnudez y no sólo desnudez física. Necesitas estar desnudo emocionalmente con tu cónyuge. En términos prácticos, esto significa no tener secretos. No puedes ocultar nada (dinero, motivos, acciones, etc.) a tu cónyuge.

 

El nivel de la honestidad y transparencia determinará en última instancia el nivel de su intimidad.

 

2. Amabilidad

 

La amabilidad es uno de los ingredientes más importantes (aunque también subestimados) para un matrimonio exitoso. Si traes más bondad al matrimonio, la relación irá de maravilla.

 

3. Sexo

 

Las parejas que regularmente hacen el amor tienden a ser más felices y saludables que aquellos que no lo hacen.

 

Entiendo que puede haber una gran cantidad de factores por las cuales la vida sexual de una pareja no está donde quieren que esté y algunos de esos problemas (desequilibrios hormonales, agotamiento, limitaciones médicas, etc.) parecen estar fuera del control de ambos cónyuges. Sin embargo, cuando haces del sexo una prioridad, tu matrimonio siempre se beneficiará.

 

4. Comunicación

 

La comunicación hace para un matrimonio lo que la respiración hace a los pulmones. Tu matrimonio no sobrevivirá sin ella. La comunicación significa algo más que una pequeña charla sobre los detalles de lo que debe ser verificado en la lista de deberes de la familia.

 

La comunicación significa poner a un lado los móviles u otras distracciones, y centrarse uno en el otro. Significa escucharse de manera activa. Tómense el tiempo para hacer esto todos los días.

 

5. Risas

 

Los matrimonios saludables deben tener mucha más "comedia" que "drama". Incluso en los tiempos más difíciles, siempre deben encontrar momentos para reír juntos.

 

Claro, habrá momentos en los que se encontrarán llorando juntos, eso también pasa, pero la risa y la alegría deben permear tu relación a través de todos los altos y bajos de la vida. 

 

La risa también puede mejorar la salud en general e incluso su humor sexual, por lo que hay muchas razones por las cuales deben reírse juntos.

 

6. Fe

 

Mi esposa Ashley y yo no tenemos un matrimonio "perfecto" (no creo que exista tal cosa), pero tenemos un gran matrimonio. Hemos cometido errores a lo largo del camino, pero creo que la mejor decisión que tomamos para nuestra relación fue construirla sobre nuestra fe.

 

Para nosotros, esto ha significado orar juntos y unos por otros, usando la Biblia como nuestro mapa para la vida, de la mano de ser parte activa de una Iglesia saludable.

 

La Biblia dice: "Dios es amor". (1 Juan 4,8), y estoy convencido de que cuanto más lo invitas a tu matrimonio, más amor traerá al mismo.

 

7. Amistad

 

Los matrimonios con lazos más fuertes son entre mejores amigos. A través de todas las temporadas de tu matrimonio, muchos aspectos de la relación cambiarán, pero su amistad puede ser una firme ancla que lo mantenga fuerte a través de los retos de toda la vida.

 

Invertir en tu amistad con tu cónyuge, los adentrará en el camino a la construcción de un matrimonio que sobrevivirá (y prosperará) para toda la vida.

 

8. Compromiso

 

Los matrimonios no fallan debido a la falta de compatibilidad. En su mayor parte, los matrimonios fracasan debido a la falta de compromiso. Las parejas que logran un matrimonio exitoso no son las que nunca tuvieron una razón para divorciarse. Son aquellas cuyo compromiso fue siempre más fuerte que sus razones para separarse.

 

Si tienes luchas en tu matrimonio actualmente y estás considerando la separación, por favor, no pierdas la esperanza. Consiga ayuda profesional y haga cualquier otra cosa a tu alcance para salvar el matrimonio. Todo lo que suceda a través de esta lucha puede hacer a matrimonio aún más fuerte en otros aspectos.

 

 

Adaptación por Mariel Parra de Pildorasdefe.net. Artículo publicado en: Dave Willis´s Blog

 

 

LaFamilia.info - 20.01.2020

 

Foto: Freepik

 

Sí, mujeres, los hombres son simples y prácticos, por eso, aunque resulte difícil, no hay que montar videos. A veces que las mujeres quisiéramos que nuestros maridos se comportaran de cierta manera, que fueran más empáticos o que nos escucharan como lo hacen nuestras amigas. Pero la verdad es que esto es pedirle "peras al olmo", pues su naturaleza masculina tiene unas características diferentes a la femenina. 

 

Así que este manifiesto masculino además de sacarte unas cuantas risas, te ayudará a entender mejor a tu marido:  

 

 

1. Las indirectas sutiles no funcionan. Las indirectas directas tampoco. Las indirectas muy obvias menos. Si quieres algo, solo pídelo.

 

 

2. Si te pido que me pases el pan solo quiero decir eso. No te estoy reprochando que no esté puesto. No hay segundas intenciones ni retorcimientos.

 

 

3. Acude a mí con un problema solo si quieres ayuda para resolverlo. No me pidas empatía como si fuera una de tus amigas.

 

 

4. Repuestas sencillas como un sí o no, son perfectamente aceptables para cualquier pregunta.

 

 

5. A veces no estoy pensando en ti y no me preguntes en qué estoy pensando, a menos que quieras hablar de temas como política, economía, fútbol o carros deportivos.

 

 

6. Cuando tengamos que ir a alguna parte, absolutamente cualquier cosa que te pongas está bien. De verdad.

 

 

7. Si algo que dije se puede interpretar de dos formas distintas, y una de ellas hace que te entristezcas o te enojes, mi intención era decir la otra.

 

 

8. Si piensas que estás gorda, muy probablemente sea cierto. No preguntes. Me negaré a responder.

 

 

9. La mayoría de los hombres tenemos tres pares de zapatos. ¿Qué te hace pensar que sirvo para decidir cuál par de los 30 que tienes te va mejor?.

 

 

10. No preguntes ¿me quieres? Ten la seguridad de que si no te quisiera no estaría contigo.

 

 

11. Si te pregunto si pasa algo malo y tu respuesta es “nada”, te creeré y reaccionaré como si nada malo pasara.

 

 

12. Regla genérica, ante cualquier duda sobre nosotros, piensa lo más sencillo. No le des tantas vueltas. Somos simples.

 

 

13. Ir de compras no es divertido, y no, nunca voy a considerarlo de esa manera.

 

 

Autor desconocido

 

 

ReL - 24.01.2020

 

Foto: jcomp 

 

La era de internet ha traído consigo la globalización pero también nuevas epidemias. Entre ellas destaca la adicción a las pantallas entre niños y adultos, y la explosión de la adicción a la pornografía, que ahora está tan sólo a un golpe de click a través del teléfono móvil o el computador.

 

La pornografía se está cobrando numerosas víctimas, y muchas de ellas menores de edad. Vidas destrozadas, familias rotas, y graves problemas físicos y psicológicos está dejando tras de sí la que se está considerando como la oscura epidemia del siglo XXI.

 

El doctor Kleponis, psicólogo y psicoterapeuta con más de veinte años de experiencia en este campo, y autor de Pornografía. Comprender y afrontar el problema, explica que “debido a que ver pornografía es algo tan común entre la gente, muchos son adictos sin darse cuenta”.

 

Dale una Vuelta, asociación conformada por profesionales para alertar de este problema y ayudar a adictos a la pornografía, confirma la existencia de un aumento considerable de esta adicción. Su fundador, Jorge Gutiérrez, habla en un extenso reportaje en la revista Mundo Cristiano del perfil de adicto que se están encontrando en las consultas.

 

El ejemplo de Enrique

 

Suelen ser personas entre 20 y 40 años que “sufren y no pueden salir de esa espiral. Se dan cuenta tarde del problema que padecen desde hace años, problema que les impide llevar una vida normal, saludable, y que gritan basta”.

 

Uno de estas personas que han sido ayudadas por Dale una Vuelta ha sido Enrique (nombre ficticio), un joven que descubrió la pornografía en su adolescencia y que posteriormente se casó. “Con toda la tecnología a mi alcance, comencé a descubrir el mundo de la pornografía como no lo había visto antes: multitud de páginas distintas con muchísimos vídeos, cada cual más extraño, extremo y excitante. Ahí comenzó un proceso descendente en mi vida, desde los 23 hasta los 26 mi adicción fue una espiral cada vez más oscura. Poco a poco, este mundo de la pornografía fue cambiando mi mente, mis aspiraciones, mis impulsos, mi forma de ver la vida. Lo cambió todo”, cuenta.

 

Gracias a la ayuda de su mujer, a la que había ocultado este hábito, de un centro de rehabilitación y de Dale una Vuelta consiguió salir de esta adicción que había afectado gravemente a toda su vida. Y su caso es uno entre millones de personas que sufren las consecuencias de consumir pornografía.

 

Un consumo que ya empieza a los 11 años

 

Según informes de Dale una Vuelta, la edad media para iniciarse en el consumo de pornografía online comienza a los 11 años, aunque hay otros que lo adelantan a los 9. El 81% de menores entre 13 y 18 años afirman haber visto pornografía como conducta normal. Entre adultos, el 96% de los hombres afirman haber sido expuestos o haber consumido pornografía.

 

Jorge Gutiérrez incide en que los estudios “evidencian que un alto porcentaje de personas adictas tienen una personalidad ansiosa, impulsiva u obsesiva. La adicción actúa como regulador emocional, y en estas personas, por su modo de ser, es una salida más fácil hacia todo lo que suponga gratificación, huida, evasión o relajación”.

 

Por otro lado, científicos del Instituto Max Planck de Alemania publicaron en 2014 el informe Si ves mucho porno, tienes un sistema de recompensas más pequeño. En él se estudiaba a 64 hombres de entre 21 y 45 años y los resultados mostraron una relación entre el número de horas a la semana que estos individuos pasaron viendo pornografía y el tamaño de la materia gris de su cerebro.

 

¿Qué significa esto? Simone Kühn, uno de los autores, indica que “quiere decir que los sujetos con alto consumo de pornografía requieren más y más incentivos para lograr el mismo nivel de recompensa, reduciendo así las áreas cerebrales relacionadas con el aprendizaje”.

 

Vidas destrozadas y familias rotas

 

Pero los expertos también alertan de las consecuencias sociales de la pornografía, especialmente en el ámbito familiar. Cuando la pornografía entra en escena y afecta a una persona “se manifiesta incomunicación, desconfianza, dudas, aislamiento y muchas veces unas relaciones sexuales donde se ve que ‘algo no funciona’, que algo ha cambiado. En bastantes casos el consumo de pornografía va debilitando el matrimonio y es causa directa o indirecta de separación”. De hecho, en Estados Unidos en el 56% de los divorcios la pornografía es ya una de las causas que se alegan para poner fin al matrimonio.

 

De este modo, Gutiérrez indica que para ayudar a las personas con adicción a la pornografía aconseja “la paciencia, la necesidad de perdonarse y de mirar al futuro con un proyecto de vida ilusionante. La recuperación es un proceso, y por tanto se requiere, como en cualquier adicción, un buen acompañamiento y una decisión firme de preferir otro estilo de vida”.

 

*Publicado originalmente en ReL

 

Por Daniel Torres Cox / AmaFuerte.com - 13.01.2020

 

Foto: Freepik 

 

El cuerpo es un medio muy poderoso para expresar amor. Al mismo tiempo, el cuerpo es también fuente de sensaciones muy intensas, y tiene sus propias reglas. Por eso, cuando se trata de expresar físicamente lo que uno siente, muchas veces se hace difícil encontrar un equilibrio, y puede llegar a ser muy fácil perder el control.

 

Hay expresiones de cariño con las que la pareja de enamorados o de novios se puede sentir cómoda. Sin embargo, hay ocasiones en las que claramente uno de ellos o ambos se dan cuenta de que se han excedido. Y a pesar de ser conscientes de que lo que hacen no es lo mejor, les resulta difícil dejar de hacerlo. ¿Qué hacer en estos casos? Aquí hay tres consejos que pueden ayudar.

 

1. Pónganse de acuerdo

 

Lo primero —y fundamental— es que ambos estén de acuerdo en qué es lo que quieren y qué no. Es decir, que ambos concuerden en que ciertas formas de expresar el afecto constituyen un exceso, y quieran evitarlas. Si ambos no están de acuerdo, la cosa no va a funcionar.

 

Es importante hablar sobre estos temas, y no simplemente asumir que la otra persona piensa lo mismo que uno. Y hay que ponerse de acuerdo no sólo en el “no”, sino también en el “sí” que da sentido a ese “no”. Ese “no” implica renunciar a algo que, a nivel físico, se siente bien. Por eso, para que esa renuncia no genere frustración, ambos deben tener en claro el por qué de esa renuncia. Si bien se privan de algo que físicamente se siente bien, terminan ganando algo que le aporta un mayor bien a la relación, y ambos deben ser conscientes de ello.

 

Hablar estos temas y ser explícitos respecto a lo que ambos realmente quieren es fundamental porque, en esos momentos “complicados”, lo más natural es que uno tienda a dejarse llevar por la situación. Si las cosas no están claras, el riesgo es que la otra persona interprete que, como uno se deja llevar, uno quiere que las cosas sigan como están. Debe estar claro que eso que uno puede consentir en un determinado momento no necesariamente es lo que realmente se quiere para la relación.

 

2. Eviten situaciones complicadas

 

Las expresiones físicas de cariño pueden compararse a andar en bicicleta bajando por la pendiente de una montaña. Al principio, los frenos funcionan; pero, mientras uno más avanza, más aumenta la velocidad, y más difícil es frenar.

 

Si ambos saben que en ciertas situaciones les es difícil poner un freno, es importante no exponerse a esas situaciones. Aquí es fundamental identificar si hay patrones que se repiten. Por ejemplo, si siempre se exceden cuando están solos en casa de alguno, cuando se demoran en el trabajo, o cuando conversan hasta tarde en el auto; entonces, conviene evitar esas situaciones. El que quiere el fin quiere también los medios. Es más fácil cambiar de opinión cuando uno está subiendo la montaña con la bicicleta en la mano que cuando uno ya está yendo cuesta abajo y agarró velocidad.

 

Es importante también tener en cuenta que, por más que ambos tengan las ideas claras, todos somos humanos, y experimentamos momentos de debilidad. Evitar esas situaciones complicadas ayuda a que, en esos momentos de debilidad de uno o de ambos, las cosas no se salgan de control.

 

3. Ante las caídas, hay que levantarse

 

La castidad no es un acto, sino un hábito que ordena las fuerzas del mundo de la sexualidad hacia el amor. Como todo hábito, no se adquiere con un solo acto. Hay que repetir en el tiempo el acto a partir del cual se constituye dicho hábito, que consiste en elegir el amor —entendido como la búsqueda del bien de la otra persona—. Tener esto en cuenta es importante porque, así como un acto no basta para construir un hábito, un acto tampoco es suficiente para destruirlo.

 

Nadie es perfecto. Por eso es probable que, aun queriendo hacer las cosas bien, nos equivoquemos más de una vez. Más aún si se trata de abandonar comportamientos que ya se habían hecho “normales” en la relación. Al respecto, es importante recordar que, ante las caídas, no se pierde todo lo que se venía avanzando. El error sería pensar: “pasó una vez, da igual que pase de nuevo”. Esto sí es peligroso porque los hábitos sí pierden fuerza cuando uno empieza a sostener en el tiempo actos contrarios. Y es ahí donde sí se corre el riesgo de perder lo ganado.

 

Si hay caídas, no hay que hacer todo un drama al respecto. Hay que levantarse y seguir avanzando, recordando que uno no ha vuelto al punto inicial. Corresponde no perder la esperanza y reafirmarse en el propósito asumido como pareja —y, si son católicos, buscar la confesión—. No mirar atrás sino adelante, y seguir caminando juntos.

 

*Publicado originalmente en AmaFuerte.com

 

Más de este tema >

 

 

Reciba gratis en su e-mail las novedades de LaFamilia.info de cada semana.

Suscribirse aquí

síguenos

            

logo pie

© 2020 Corporación CED - all right reserved - desarrollado por Webpyme