LaFamilia.info
13.11.2008

 

 

Es indudable que la discriminación contra la mujer siempre ha existido y que es necesario condenar y erradicar toda acción que margine a una persona por el solo hecho de ser mujer.

 

El movimiento feminista en países como Estados Unidos, originado en el siglo XIX, comenzó con una filosofía pro justicia, igualdad y respeto a todo ser humano. Aquellas feministas lucharon por los justos derechos de la mujer y lograron mejoras para el sexo femenino. Nunca se les hubiera ocurrido exigir legalización del aborto, como un "derecho". Para las fundadoras del feminismo, el aborto era el asesinato de un niño.

 

¿Pero es éste el mismo movimiento feminista de hoy? ¿Qué le sucedió a aquel movimiento idealista que dio buenos frutos en sus comienzos?

 

El cambio más significativo en la dirección y los objetivos del movimiento feminista se dio con el libro "The Feminine Mystique" (El Mito de la Femineidad) cuya autora, Betty Friedan, es considerada por muchos como  "La Madre" del actual movimiento feminista. Al adoptar la nueva filosofía del "yo primero", propuso a las mujeres que sólo se podrían sentir "verdaderamente realizadas" y felices si lograban obtener triunfos fuera de su hogar, y que el ser esposa y madre era la más indigna y denigrante de todas las labores que podía realizar la mujer.

 

Este nuevo feminismo por lo tanto llegó a la conclusión de que la mujer sólo podría lograr su máximo potencial si se liberaba de la "carga" de la maternidad. Es decir, que de acuerdo a estos nuevos valores, que difieren de los valores de las primeras feministas, el próximo paso era que aceptaran como prioridades nuevos objetivos materialistas y egocéntricos.

 

Rechazo de la maternidad

 

Puesto que las nuevas feministas buscaban la igualdad con el hombre y la capacidad de ser madre es precisamente lo que más distingue a la mujer del hombre, la maternidad se convirtió para ellas en el mayor obstáculo. A partir de entonces la sexualidad y la reproducción ya no fueron considerados por las feministas radicales regalos de Dios y a los niños se les vio como una carga y no una bendición. De ahí que las nuevas feministas comenzaran a demandar el "derecho" a la contracepción primero, y más tarde siguiendo el mismo falso razonamiento, al aborto a petición.

 

Este trágico cambio de rumbo del movimiento feminista les ha costado la vida a más de 43 millones de niños por nacer en EE.UU. en los primeros 30 años de aborto legal. Además ha dejado una estela de muertes maternas y grandes números de mujeres física y psicológicamente dañadas por abortos legales, que supuestamente eran "seguros e inocuos".

 

Hora de contrarrestar la falsa percepción

 

Ante estas posiciones radicales visiblemente anticristianas, la mujer no puede seguir siendo espectadora. Es hora de que asuma su papel de protagonista en el cambio social y recupere su lucha por su verdadera realización y desarrollo.

 

Si es cierto que la mujer ha atravesado en los últimos años una severa crisis de identidad pues no sabe si vivir de acuerdo a su naturaleza o al mundo que la rodea y la manipula, también lo es que cuando se habla del futuro de la mujer se habla del futuro del mundo. Es ella quien humaniza todo lugar y espacio en donde se desenvuelve.

 

A la mujer moderna se le han abierto las puertas en muchas áreas en las que nunca pensó participar. Sin embargo en el afán de abrirse brecha en nuevos ámbitos de la sociedad, ha perdido el rumbo de su misión y de su propia identidad. No obstante hay que reconocerle  su riqueza y su capacidad de aporte en el campo de los valores y su papel como madre y esposa.

 

¿Qué podría hacer la mujer latina? Antes que nada, necesita informarse y organizarse. Muchas mujeres latinas que ahora viven en los Estados Unidos y que han visto el daño ocasionado a la mujer de hoy por el falso feminismo, están preocupadas de que ocurra lo mismo en sus países de origen.

 

Por esto, las mujeres deben levantar su voz en sus países para defender a la familia, el matrimonio, la maternidad y los valores religiosos. Deben informar a los presidentes de sus países que las líderes del movimiento radical femenino no representan a la gran mayoría de las mujeres, y por lo tanto no deberían ser nombradas como delegadas a conferencias internacionales.

 

Las verdaderas feministas, es decir las que quieren que la mujer recupere su papel como portadora de valores, necesitan obtener status de organización no gubernamental (ONG) ante la ONU, y enviar delegadas a las reuniones de dicho ente para luchar por las familias y por las verdaderas necesidades de las mujeres.

 

Basado en artículos publicados por Mujer Nueva y vidahumana.org

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