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Prince Martínez, Blogs LaFamilia.info - 17.02.2015

 

princeblogPrince Martínez
Tulia Martínez de Barrios, más conocida como “La Prince” es Orientadora Familiar de la Universidad de la Sabana y Universidad de Navarra (España). Fundadora de los colegios de la Asociación para la Enseñanza, Aspaen en Cartagena, Colombia. Asesora y consultora en temas de dirección, administración y gestión de la educación.

 

 

El cerebro de un niño podríamos compararlo con un teatro lleno de sillas vacías. En cada una de esas sillas se van sentando principios y enseñanzas que perduran. A los 3 años de edad el 90% del cerebro se ha desarrollado, en esta edad se aprende más rápido especialmente cuando se recibe amor, afecto, atención y alimentación adecuada. Entonces tenemos que sentar en cada una de esas sillas vacías todo lo que va a regir la conducta de ese niño. Indudablemente que se puede reeducar, pero es ya más difícil levantar de esa silla un comportamiento inadecuado.

 

Esto evidencia la necesidad que a la educación de preescolar se le preste la mayor importancia y que los padres sean conscientes de esta realidad, brindándole a sus hijos los cuidados requeridos.


Cuando se argumenta que es muy sencillo ser docente de pre-escolar se desconocen los beneficios y los alcances que tiene en el niño la educación que recibe en esta etapa como también los perjuicios, ya que este es un período formativo muy importante para su desarrollo.


“Invertir en la educación temprana es, de acuerdo a esta premisa, más rentable que hacerlo a mayores edades”.

 

Muchos autores resaltan la importancia de este período, llegando a sostener que lo más importante para su vida lo aprendió en el Kindergarten. Robert Fulghum escribió un libro titulado: “Todo lo que realmente necesito saber lo aprendí en Kindergarten”. Enumera unas premisas básicas que se aprenden en el preescolar. Analizándolas y circunscribiéndolas a un contexto adulto nos damos cuenta de que son unos principios de vida útiles a cualquier edad.

El nos dice, entre otros, en el Kindergarten aprendí a:
• Compartir.
• Jugar limpio.
• No ofender a las personas.
• Colocar las cosas donde las encontraste.
• Limpiar tu propio desorden.
• No tomar lo que no te pertenece.
• Pedir perdón cuando ofendes a alguien.
• Lavarse las manos antes de comer.
• Deshacerse de lo que no te sirve.
• Sorprenderme.
• Una galletica caliente y leche fría son buenas para ti.
• Vivir balanceado. Pinta, colorea. Baila. Dibuja. Canta. Bebe, come.
• Tomar una siesta cada tarde.
• Las raíces van hacia abajo y las ramas hacia arriba.
• Al salir, tener cuidado al cruzar la calle, agarrarse de las manos y mantenerse junto a los demás.
• El pez, el hámster, (cualquier otra mascota) se muere y yo también.


Cuando analizamos estos aprendizajes nos damos cuenta que son premisas básicas válidas para vivir bien. De eso se trata la educación: aprender a vivir en una sociedad compleja. Saquémosle provecho a cada uno. Yo ya lo hice. Eso de la galletica y un vaso de leche, me dice cuán provechoso es tomarme el tiempo para disfrutar de un café con una amiga.


Muchos padres de familia le restan importancia a la educación en esta etapa y matriculan al niño en cualquier preescolar pensando que está pequeño y no necesita tanta atención, sólo que pase el tiempo “jugando” con otros niños y nada más. El profesor de economía e investigador de la Universidad de Pennsylvania, Jere R. Behrman, recalca que la Educación de la Primera Infancia (EPI) es decisiva para desarrollar habilidades cognitivas de lenguaje, interpersonales, socioemocionales y para lograr un adecuado desarrollo físico.

 

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