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Por Vivian Forero / Blogs LaFamilia.info - 20.05.2019

 

Foto: Freepik 

 

Cada mañana al despertar anhelamos solucionar un sinnúmero de situaciones, desde la organización del hogar, hasta las diversas tareas que tenemos fuera de éste. No nos alcanzan las 24 horas que tiene el día y si pudiéramos, las aumentaríamos porque el tiempo nunca es suficiente. En ese dormir y despertar, se nos pasa la vida, muchas veces entre lamentaciones, quejas, desdenes y sentimientos encontrados. El tiempo pasa tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta qué sucede a nuestro alrededor. Nos sumergimos entre el computador, el teléfono móvil, los afanes del mundo, las simplezas de la vida.

 

Cuántas veces hemos deseado que el tiempo se detuviera para disfrutar de aquello que más nos llena. Cuántas veces hemos notado que todo sigue sin nuestra presencia como si no fuéramos importantes. En cuántas ocasiones nos hemos percatado que podemos ser felices, descubriendo la belleza en los pequeños detalles. Es cierto que todo continúa naturalmente cuando nos hacemos a un lado, cuando estamos incapacitados o cuando morimos, y ello nos debe llevar a reflexionar sobre qué misión tenemos en la vida. Nacemos por un porqué, vivimos por una razón, y esa misma tenemos que descubrirla pero a paso lento; deteniéndonos a revisar qué hacemos a diario y cuál es el sentido de cada palabra, acción, decisión. Si pasáramos por esta hermosa vida sin encontrarle un sentido, seríamos terreno árido, un destino sin rumbo fijo, un barco a la deriva. Por ello debemos descubrir lo bello y magnánimo que es estar vivos, de sentir, de percibir, de dar y recibir, de descubrir a cada instante todo lo que podemos lograr, construir y compartir.

 

¿Qué ves cuando te miras al espejo? ¿Ves a una persona espléndida? ¿Perfecta? ¿Maravillosa? ¿Capaz de alcanzar grandes sueños? ¿De compartir lo mejor de sí para transformar el mundo? Tú debes convertirte en tu mejor aliado. Ser la persona que más admira tus propios progresos y tus deseos enormes por alcanzar la mejor versión de ti mismo. Sin duda alguna, serás cada día mejor si logras aceptarte como eres y luchas por superar obstáculos y ver oportunidades para descubrirte y brillar por tantos dones recibidos.

 

Cada día es una oportunidad nueva de replantear tu camino, de descubrir maravillas en ti, de ser una persona maravillosa que inunde de felicidad el camino de los demás. ¿Qué sería de las 24 horas del día si estamos sumergidos sólo en el trabajar? ¿En cumplir metas sin un sentido trascendente? El trabajo tiene siempre el sentido de servir a los demás y de enriquecernos a través de hacerlo bien hecho, cara a Dios, ayudando a todas las personas que nos necesitan. El trabajo es un medio para santificarnos y hacer de nosotros personas de bien, correctas, intachables, virtuosas, que buscan el bien en cada tarea que se emprende. Pero esa razón de ser en el trabajo se hace tangible a través de vivir la caridad, entendida esta como “El esfuerzo de cada uno de vosotros, aislado, resulta ineficaz. – Si os une la caridad de Cristo, os maravillará la eficacia” San Josemaría Escrivá de Balaguer.

 

¿Eres capaz de mirarte al espejo con orgullo? ¿Con conciencia tranquila? ¿Con armonía en el corazón? ¿Con la firma convicción de estar haciendo lo correcto en tu vida? ¿Tu familia es lo más importante? ¿Actúas con recto criterio sin dejarte llevar por los demás? ¿Sin pasar por encima de las demás personas para alcanzar el éxito? Es un mérito y una satisfacción personal el levantarnos cada día con una sonrisa en los labios, a pesar de las dificultades porque tenemos la tranquilidad de hacer las cosas con corazón puro y recta intención. El camino de crecimiento personal va de la mano de hacer también el bien a los demás. No podemos pretender escalar pisoteando a los demás. Es de sabios trabajar en equipo, llevar de la mano a las demás personas hacia la búsqueda del bien común, el reconocer en el otro que también es importante y es un ser semejante a nosotros, por tanto merece respeto y buen trato.

 

Vale la pena descubrir frente al espejo qué tanto nos amamos y aceptamos. Mirarnos fijamente y admirar cada rasgo físico, diferente a los demás, que nos hace únicos e irrepetibles. Aprender a aceptarnos significa reconocer las fortalezas y aspectos por mejorar pues no somos perfectos. La clave en la vida está en luchar día a día para alcanzar esta perfección, haciendo que nuestros pasos vayan por el camino que Jesús nos enseñó. 

 

Lamentablemente a veces nos miramos sólo para criticarnos o para revisar qué podemos corregir con una cirugía. Pero el alma no la podemos embellecer en un quirófano y siempre será más importante nuestro interior porque el exterior se envejece, se transforma, cambia con el paso de los años. Pero lo que siempre nos hará brillar y ser reconocidos ante los demás será nuestra forma de ver la vida y de transformarla para el bien de nosotros y de los que están a nuestro alrededor. El preocuparnos por nuestra vida interior implica acercarnos más a Dios y buscar la bondad, el amor, la comprensión, la caridad y misericordia en cada acción. También nos debemos valer del arrepentimiento y de corregir los pasos equivocados, reconociendo el valor del sacramento de la reconciliación para aligerar las cargas que llevamos en nuestra alma y que la han opacado por el pecado o por las omisiones. Si combinamos un exterior virtuoso y un alma limpia de pecado, esa persona que se refleja en el espejo, brillará con luz propia y dará luz a todas las que están a su alrededor porque nadie puede dar de lo que no tiene.

 

Y por último… ¿Qué quieres que vean los demás?

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Por Vivian Forero / Blogs LaFamilia.info - 22.03.2019

 

Foto: Freepik

 

Cada día las noticias son más desalentadoras y poco a poco nos vamos hundiendo en la desesperanza. Sin duda algo está pasando en la actualidad, muchas ideas han ido penetrando en la mente de las personas y las hace encaminarse por el lugar equivocado. Y hasta las lleva a pensar que todo está perdido y que no se tiene nada por qué luchar. El pesimismo, el desamor y la pérdida de valores en la sociedad están siendo cómplices en la batalla entre el bien y el mal. Se vende el corazón por la comodidad y la voluntad por el libertinaje, supuestamente para vivir como reyes y conseguir a toda costa la felicidad. Pero cuan equivocados estamos pues al final de todas las decisiones desacertadas siempre surgirán las lamentaciones. 

 

Si nos adentramos en la familia, la cual es la base y pilar de la formación de las personas, me surgen preguntas como: ¿quiénes son los directamente responsables de los hijos, de educarlos, orientarlos, corregirlos, conocerlos y motivarlos? La respuesta obvia y correcta sería papá y mamá. Pero debido al agitado horario de las personas y de las prioridades que se tienen, para suplir esta misión indelegable, se acude a la nana, quien cumple con dicho acompañamiento en ausencia de los progenitores por motivos laborales o sociales. Hoy en día es muy común observar familias que son acompañadas por la nana o en algunas partes conocida también como niñera (y con ello no tengo nada en contra de su apreciada labor) quien suple a la mamá (en la mayoría de los casos) mientras está laborando o está cumpliendo con eventos sociales.

 

La anterior situación se convierte en ocasión de reflexión cuando la niñera conoce al niño o niña, en muchas ocasiones más que su propia mamá. En las redes sociales hay muchos experimentos plasmados en videos en los cuales se le hacen preguntas tanto a la mamá como a la nana, siendo esta última la que da muestra de conocer más al pequeñín que está bajo su cuidado. Hay nanas tan especiales que llegan a querer mucho a los niños que cuidan y por ello debemos ser agradecidos. Y con frecuencia el niño prefiere estar más tiempo con la nana que con su verdadera mamá. 

 

Lo que me orienta a esta revisión es que no está bien delegar las responsabilidades de los padres en una persona diferente a ellos mismos. Es verdad que luego de laborar, llegamos a casa cansados pero descansar significa cambiar de actividad y, ¿qué es más agradable que gozar de la compañía de los hijos? Lamentablemente algunos padres consideran como una carga a sus hijos, la cual alivianan contratando a varias personas para atenderlos mientras se cumplen con otras obligaciones. ¿Pero realmente cuál es la compañía que más valoran los hijos? Sin duda alguna es la de sus papás.

 

Los niños, así como los adolescentes, siempre van a necesitar de sus padres. Es triste ver a tantos niños abandonados por sus padres dentro de la misma familia, con escasez de cariño y atención pero con abundancia en cosas materiales, cuando lo verdaderamente esencial, lo que marca el camino y lo que se recuerda con nostalgia, con el paso de los años, son los abrazos, los besos, las palabras motivadoras, los momentos compartidos. No se recuerdan cuántos juguetes papá y mamá compraron, sino cuánto tiempo lleno de amor se compartieron. Muchas veces cala más un abrazo amoroso que un automóvil último modelo. Si esto no es cierto, ¿entonces por qué existe infelicidad también en la abundancia? Simplemente porque la felicidad no se puede comprar ni con todo el oro del mundo.

 

¿Entonces por qué nos esforzamos tanto en el tener y poco en el ser? Porque sólo buscamos la comodidad y en la rutina diaria, el hedonismo y lo material, están a la carta: en las redes sociales, los programas de televisión, los medios masivos de comunicación, las propagandas (que para ofrecer un producto se hace de la persona un objeto). Algo muy común también en la actualidad es la tendencia a evitar el esfuerzo, el sacrificio, el dolor, el sufrimiento. Siempre buscamos el estar bien olvidando que a veces el sacrificio es lo que más nos ayuda a valorar lo alcanzado. Tantos padres evitan al máximo que sus hijos se esfuercen y alcancen por sus propios méritos las metas. Se prestan para hacerlos llegar a la meta a través de atajos, comprando un ingreso a una prestigiosa universidad, prestándose para hacer lo incorrecto para alcanzar lo que ellos anhelan y con ello solo logran ser incoherentes y enseñar lo contrario de lo que se busca para ellos: ser únicos y correctos en todo momento y lugar.

 

¿Por qué nos preocupamos tanto en el aparentar y poco en ser auténticos? Porque sólo pretendemos ser lo que no somos para encajar en un medio social, para que nos valoren por lo que representamos y no por lo que realmente valemos por el hecho de ser personas. Por lo anterior muchas veces se tienen amigos por conveniencia, por un estrato social, por pertenecer a un grupo especial de cultura, por ser aceptados. Tantas frivolidades por el hecho de ser reconocidos pero a costa de qué. Muchas veces pretendiendo ser lo que no somos porque en el fondo realmente seríamos más felices siendo genuinos. Pero esta autenticidad no se mide simplemente por ser diferente a los demás. Somos auténticos al comportarnos acorde a lo que somos sin pretender cambiar la forma de ser o de pensar. Ser auténticos es la verdadera razón para tener un sello personal único e irrepetible capaz de dejar huella y de ser recordados con orgullo, cariño, prestigio y credibilidad.

 

Qué bueno sería preocuparnos más por nuestros seres queridos y en especial, por los hijos. Ellos serán siempre los primeros en agradecer lo que hagamos por su formación porque dicho proceso bien acompañado, será recogido en frutos abundantes de valores que orientarán acertadamente su camino y por ende, los ayudará a encontrar la verdadera felicidad, que solo se encuentra cuando se es coherente, se es correcto, ecuánime, libre de ataduras de maldad y se está cercano a Dios, quien es la fuerza superior que ilumina y orienta los pasos hacia el camino del bien, que siempre estará sobre el mal y lo derrotará por más fuerte que sean las diferentes tentaciones que se presentan a lo largo de la vida.

 

Lo ideal de todo el proceso de acompañamiento de los hijos es poder compartir con ellos todo el tiempo posible con el que se cuenta. Aprovechar al máximo los espacios compartidos como ir al mercado, hacer compras, tomar un refresco o un helado, ir a misa, el trayecto del colegio a la casa y viceversa, el desayuno, la cena, la hora de dormir, etc. Muchas veces el tiempo compartido con ellos implica sacrificio, es decir, dejar de lado las circunstancias personales que a veces nos gusta y dedicarles ese tiempo a los hijos. El tiempo de calidad es importante y se debe evitar al máximo el delegar esos detalles a terceras personas. El ser observador de los hijos evita el que caigan en malos hábitos o que se desvíen del camino por estar con personas que influyen negativamente en sus vidas; el dialogar permanentemente con ellos nos facilita el conocerlos e intervenir a tiempo, aconsejando y orientando sus pasos; el participar en sus aficiones, sueños, anhelos y esperanzas, los motiva a alcanzar sus metas y a tener motivos para vivir.

 

Lo importante es hacer presencia, en el presente, en el ahora. Dejar de trabajar tantas horas adicionales en la empresa y apurarnos a llegar a casa. Dejar de lado el uso irresponsable de las redes sociales y reconocer que las relaciones personales en vivo y en directo son la conexión vital para estrechar verdaderos lazos indestructibles y duraderos. Cuidar nuestro estado físico sin exagerar, pues las horas en las que estamos en un salón de belleza, gimnasio, sauna, tratamientos, son indispensables para estar presentes en la familia. Debemos aprender a priorizar y más aún cuando somos padres. Si desatendemos las redes sociales por largas horas, no será tan riesgoso como el dejar de lado el ser papá o mamá.

 

Tantos vacíos emocionales hoy en día en las personas son directamente proporcionales a la indiferencia de los padres, son consecuencia de decisiones inadecuadas, de la falta de atención y de la poca expresión del amor. Todo será mejor cuando se tome conciencia de la realidad y se busque el rumbo hacia la recuperación de la familia cuya misión es indelegable y es fundamental para la formación integral de la persona. Solo así se pensará y actuará en el bien, logrando superar las circunstancias que actualmente nos preocupan y que están desquebrajando la sociedad. Seamos optimistas, perseverantes, positivos y luchemos porque la familia siga siendo la cuna y la base de los valores y las buenas costumbres. Busquemos incansablemente el ser la mejor mamá o el mejor papá, pues nuestros hijos merecen lo mejor.

 

***

 

VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Blogs LaFamilia.info - 02.04.2018

 

Foto: Freepik 

 

Querida mamá, 

 

Hoy he descubierto las maravillas que tiene el mundo exterior. Siento tu respiración, tus movimientos y recibo alguna que otra sensación que aún no puedo identificar. Sólo estoy quieto y me muevo al vaivén de tu caminar. No se aún cuánto tiempo llevo dentro tuyo; pero lo que si te puedo asegurar es que estoy feliz de estar cerca de ti. Me gusta descubrir que hago parte de tu ser y que soy fruto de tus entrañas. Quiero compartir contigo todo el tiempo de mi vida, aprender tantas cosas, caminar al lado tuyo, balbucear las primeras palabras, recostarme en tu regazo y quedar dormido tranquilo y seguro de que me protegerás. Estoy orgulloso de ti, mamá. No me importa la cuna en la que naceré, ni las comodidades que gozaré o no tendré, sólo quiero estar contigo. Disfrutar de tu sonrisa y tu voz encantadora, escucharte cantar, verte bailar y bailar contigo, saborear las deliciosas comidas que cocines. Sólo quiero descubrirte a cada instante y que tú me descubras a mí. Quiero ser la persona más importante en tu vida, que me dediques tiempo, que me des amor, compañía, cuidados y que sientas que conmigo eres feliz. Quiero que contemples mis manos, mis pies, mi espalda, mi pecho, mis ojos, mis oídos, y que te convenzas que de esa perfección tú fuiste cómplice. No conozco el momento en el que yo empecé a formar parte de ti; tal vez he sido fruto de algún instante impensado de lo cual yo no tuve culpa alguna. Quizás no me esperabas, no quisiste que eso pasara, no contaste con que yo iba a hacer parte de tu vida y ahora estás asustada. 

 

Mamá, tal vez quisieras que yo no existiera y estás pensando en terminar con mi vida… Pero, yo no tengo razón alguna para irme tan pronto al cielo. Yo no pedí estar dentro de ti, yo no elegí; fuiste tú la que elegiste y ahora estás tan confundida que no encuentras sosiego, no encuentras paz interior. Te dejas aconsejar por otras personas inescrupulosas e incapaces de ser responsables, de ver la vida de manera sobrenatural; que desconocen el milagro de estar vivos. Estás tan ciega para ver la belleza de ser madre y tan sorda para escuchar cuánto te amo y te necesito; sólo te interesas tú misma, el qué dirán, la comodidad, el egoísmo, la belleza insana. 

 

Mamá, si decides tenerme, no puedo mentirte, sí seré el fruto de tu sacrificio y permanente dedicación pues te voy a necesitar siempre. Vas a ser mi heroína por toda la vida, te voy a llevar grabada siempre como la mujer que dio luz a mi vida y aquella que dijo un sí rotundo sin condiciones y sin vacilaciones. 

 

Mamá, yo solo deseo que me abraces y sientas mi cuerpo tierno y delicado, que te sientas ilusionada y capaz de sacar adelante tus proyectos y los míos, que serán uno solo. Seremos familia, cómplices, amigos; estaremos unidos hasta la eternidad pues no hay un lazo más grande que el de madre e hijo. ¡No te pierdas esa oportunidad! Piensa en los tantos proyectos que podemos enfrentar juntos, las enormes montañas que escalaremos y los maravillosos días que compartiremos, llenos de alegrías y también de tristezas, pero que al lado tuyo voy a poder superar todo obstáculo porque tú siempre serás mi fortaleza.

 

Mamá, escucha la voz de mi corazón, siente mi palpitar, conoce mis anhelos, piensa en todo lo bello que vendrá cuando se haga realidad tu maternidad. No interrumpas este ciclo que se ha iniciado dentro de ti. Pocas tienen el privilegio de ser mamás y de gozar de la dicha de poder crear una vida. Tú eres mamá y no dejarás de serlo nunca. No importa que te sientas sola o que no he sido fruto del amor verdadero. Qué interesan los problemas que vengan, yo ya estoy dentro de ti y no puedes devolver el tiempo. Debes ser consciente de ello y desechar todo pensamiento de muerte y crueldad. La ley habla de tantas cosas, en diferentes países ya son aprobados muchos procesos para parar el embarazo, pero no es humano lo que se hace, yo estoy vivo dentro de ti y merezco nacer. Sólo estás pensando en tus derechos, pero ¿y los míos dónde quedan? Yo también tengo derecho a vivir, a correr, a saltar, a tener una familia, a conocer, a aprender, a viajar, a enamorarme, a servir a los demás, a ser alguien en la vida, pues también soy persona digna de estar en el mundo e irme de él sólo cuando Dios lo disponga. ¿Quiénes se creen los adultos en decidir cuándo nacemos o cuándo no? ¿Acaso se creen Dios? No tengo la culpa de nada que haya pasado en tu vida. 

 

Mamá, si aún no he tocado tu alma. Mamá, si aún no quieres aceptarme, por lo menos bríndame la oportunidad de nacer. Hay tantas familias que anhelan un hijo. Hay tantas personas orgullosas de ser papás. Búscame un hogar que me quiera, me cuide, me acepte. Búscame unos brazos que me acojan y se preocupen por mí para que alcance mi plenitud. Búscame un lugar donde yo sea importante y me forme para ser una persona de bien. Demuéstrame un poco de corazón y de ternura. No deseches la oportunidad que hoy te da la vida de ser mamá o de brindar alegría infinita a otra persona de serlo de corazón. Yo solo podré ser agradecido por la decisión de darme la vida y de dejarme vivir.

 

Te amaré por siempre, tu hijo.

 

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Blogs LaFamilia.info - 02.11.2018

 

Foto: Freepik

 

¿Qué impronta queremos darle a nuestra vida? ¿Una luminosa, resplandeciente, alegre y trascendente? ¿O una oscura, lúgubre, sombría, triste, pasiva, que pase desapercibida? 

 

El sello de nuestra vida debe ser grabado sobrenaturalmente, con marcas imborrables, tinta permanente compuesta de la mejor colección de virtudes, huellas indestructibles, capaces de entrar hasta lo más hondo, lo más profundo del ser, con tal fuerza poderosa, que no se pueda deshacer ni con la más nefasta tempestad. Pero este sello imborrable solo se consigue en profunda armonía con nosotros mismos y los demás, con la firme convicción de amar a Dios por sobre todas las cosas y de convencernos de que somos sus hijos, consentidos, mimados y queridos inmensamente por Él. Somos su más sublime criatura, creada a su imagen y semejanza. Nos ha amado desde siempre. Nos lleva cargados en la dificultad, cuando no podemos caminar y nos deja correr libremente, disfrutando de todo lo maravilloso que ha creado.

 

Dios nos ha dado el libre albedrío. Confía tanto en nosotros que nos deja decidir sobre la vida de nosotros mismos. Nos ama tanto que sigue regalándonos cada día, así seamos insensatos, desagradecidos, soberbios o faltos de lealtad hacia Él. No nos abandona, sigue al lado caminando y recordándonos a cada instante que podemos volver hacia Él cuando lo decidamos. Nunca pierde las esperanzas de que encontremos de nuevo el camino. Dios es nuestro padre y como tal, siempre querrá lo mejor para nosotros.

 

Por tanto, el camino hacia la perfección y alcance de la verdadera felicidad va de la mano de Dios y todas sus bondades. Él entra a nuestra vida si le invitamos, si le abrimos las puertas de nuestro corazón, si le confiamos cada uno de nuestros pasos. Él respeta tanto nuestra libertad, no se impone ni entra furtivamente. Solo cala en nuestro interior, si le permitimos entrar y quedarse para siempre. Él no desea robar nuestro corazón, anhela conquistarlo y enamorarlo para guardarse dentro de sí y salir al encuentro con los demás, que son nuestros semejantes.

 

Dios quiere darle luminosidad a nuestras acciones con su amor infinito. Darle sentido a lo que somos, hacemos, sentimos y pensamos. Pero esa será nuestra misión a lo largo de toda la vida, descubrir y redescubrir a cada instante para reflexionar, reconsiderar nuestros pasos y crecer como personas, porque una vida sin Dios estará sin rumbo fijo, asemejándose a un caballo desbocado corriendo por la pradera, huyendo pero sin saber por qué o de quién, quizás huyendo de sí mismo porque se asusta de sus propios pasos. 

 

Nuestra vida sin Dios será siempre vacía, no se llenará ni se saciará con nada más porque siempre querremos más de lo material, de lo banal, de lo carnal, pero muy seguramente jamás nos regocijaremos tanto como con el amor incondicional de nuestro Padre Celestial, Creador de todo el universo. 

 

Una vida sin Dios será simple, sin gracia ni significado. ¿Para qué fuimos llamados a vivir? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Qué busca Dios a través de mis actos? ¿Qué desea decirme en secreto y al oído? Detengamos el paso acelerado y miremos a nuestro alrededor porque estamos tan inmersos en este mundo que somos sordos ante su llamado. Debemos descubrir las maravillas de vivir, de conocernos y valorarnos los unos a los otros; de construir en lugar de destruir; de amar en lugar de odiar; de ayudar en lugar de ser egoístas. Dios nos quiere felices y en el mundo pero ajenos a la maldad porque con su huella nos hace fuertes para vencer al enemigo, de luchar contra todo aquello que nos lleva por el camino de la crueldad, los vicios, lo indigno o el daño a los demás.

 

Vivir con Dios grabado en nuestro corazón nos saca del abismo más profundo. Dejemos que Él nos grabe el sello de ser sus hijos y de seguirle a través de la cotidianeidad y seamos agradecidos a cada instante por tantos dones para con nosotros.

 

Vivamos llenos de detalles de ternura, bondad, agradecimiento, unión, fraternidad, comprensión y amistad. Seamos ejemplo vivo de que el amor de Dios es verdadero y que desea brillar a través de lo que hacemos en el mundo, en el hogar, la familia, el trabajo, el estudio, la sociedad en general. Persigamos insistentemente la perfección en todo lo que hagamos porque al luchar por ser buenos cristianos, siempre daremos lo mejor y con ello, nos ganamos el cielo.

 

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Blogs LaFamilia.info - 09.03.2018

 

Foto: Freepik 

 

Cada persona a lo largo de su vida, está en búsqueda de la felicidad y el camino no deberá ser otro que dar pasos certeros hacia la perfección misma de su ser. Pero no es fácil decidir o aconsejar a otro con respecto al qué hacer o el cómo proceder en diversas circunstancias de la vida. Sin embargo, es vital poder tener presente 7 elementos básicos que nos darán guía y luz en el sendero que deseamos emprender, ojalá siempre, con la confianza de que será lo mejor para cada uno de nosotros.

 

 

1. Optimismo. Esta virtud nos lleva por el camino de la aclaración de nuestra visión ya que permite ver la vida de un tono agradable, interesante, encantadora. Ser optimista conlleva a ver los problemas como oportunidades; a enfrentar las situaciones con la convicción que todo va a mejorar y que todo tiene una razón de ser. Muchas veces no nos explicamos el porqué de las cosas y nos cuesta comprender cuando se presentan adversidades o cuando no logramos lo que tenemos planeado. Sí es preciso revisar qué tanto interés ponemos en lo que hacemos pero comprendiendo que algunas veces, lo presupuestado toma otro rumbo. El optimismo nos ayuda también a estar confiados y tranquilos, a vivir la vida con los pies en la tierra, a construir día a día preparados para cuando nuestro piso sea inestable. Su enemigo, el pesimismo.

 

 

2. Perseverancia. Otro aspecto relevante y no menos importante es la virtud de la perseverancia. Esta nos da la fortaleza y tenacidad para enfrentar todo lo que se nos presente sin perder la perspectiva. Nos ayuda a reconfortarnos y a emprender el camino sin desfallecer. Es necesaria al igual que la constancia, la persistencia, la paciencia y el empeño. Para alcanzar grandes metas, es importante cuidar los pequeños detalles que unidos forman una cadena resistente de actitudes necesarias para sobrellevar cualquier tormenta. Su enemigo, el desinterés.

 

 

3. Amor. El motor primordial del barco de nuestra vida indudablemente es el amor, porque sin este hermoso sentimiento difícilmente disfrutaríamos de la trayectoria en el viaje hermoso que emprendemos. El amor nos orienta hacia el perdón, estado que facilita la paz y armonía con nosotros mismos y los demás. El amor también nos conduce hacia la pasión y deseo de tomar las riendas de nuestros actos, logrando la plenitud en cada instante. Amamos la vida cuando la disfrutamos; amamos a los demás, cuando los reconocemos y valoramos; amamos la naturaleza, cuando la cuidamos; nos amamos a nosotros mismos, cuando nos respetamos. Su enemigo, el odio.

 

 

4. Aceptación. Conocerse a sí mismo permite establecer limitaciones y fortalezas. Las primeras para trabajarlas y superarlas; las segundas, para aprovecharlas y potenciarlas. Cuando nos conocemos nos permitimos ampliar márgenes de acción, participando en lo que nos gusta, expresando las ideas y pensamientos con mayor seguridad, construyendo proyectos en donde nos sentimos fuertes. Para ello es necesario ser amigos de nosotros mismos y evitar juzgarnos tan duramente. A veces, nos señalamos y no nos permitimos equivocarnos o desconocemos hasta dónde podemos llegar. Abandonamos las metas sin ni siquiera intentar avanzar por el temor a caer. Aceptarnos significa identificarnos con cualidades, habilidades, capacidades y también, con debilidades. No somos perfectos pero la búsqueda de esa perfección y los alcances pausados, nos ayudarán a llegar a la felicidad. Su enemigo, el desprecio.

 

 

5. Fe. «La fe es un don de Dios, una virtud sobrenatural infundida por Él (cfr.Mt 16, 17). Para dar la respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios» (Catecismo, 153). No basta la razón para abrazar la verdad revelada; es necesario el don de la fe. Siendo la fe el alimento esencial para creer en Dios y en todo lo que nos ha sido revelado, esta es una de las llaves más importantes para abrir la puerta hacia la felicidad, pues con esta virtud, todo se hace más llevadero y toma un significado sobrenatural. Cuando vivimos una vida llena de fe, logramos comprender nuestra misión y nos damos al servicio de los demás; buscaremos constantemente el hacer el bien; el alcanzar la plenitud máxima en cada una de las acciones emprendidas con un sentido trascendental, buscando dejar huella positiva en la humanidad. Su enemigo, la desesperanza.

 

 

6. Agradecimiento. Si piensas ser feliz, deberás ser agradecido. Nada más gratificante que el ser gratos con los demás. La vida misma nos retribuye a través de tantas maravillas: el amanecer, el despertar, el respirar, el caminar, el poder ver y escuchar. Además de la compañía de los seres amados, el trabajo, el servir a los demás, el adquirir bienes logrados por la tenacidad y el compromiso laboral. Dios nos da tantos regalos que a veces por la cotidianeidad, los vamos dejando a un lado y pensamos que debemos recibirlos porque es un derecho. Pero lo cierto es que si viviésemos la gratitud como acto voluntario, disfrutaríamos más de cada instante. Su enemigo, el egoísmo.

 

 

7. Alegría. “La alegría de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, ha de ser desbordante: serena, contagiosa, con gancho...; en pocas palabras, ha de ser tan sobrenatural, tan pegadiza y tan natural, que arrastre a otros por los caminos cristianos” (San Josemaría Escrivá de Balaguer – Camino, punto 60). La alegría es el paso a paso para llegar a la felicidad; es el punto a punto para bordar; es el nudo para amarrar la soga; es la gota a gota de la lluvia fresca que cae. Sin esta virtud, difícilmente estaríamos encantados de vivir. La alegría es el sabor de helado preferido. Cuando hacemos bien las cosas cara a Dios, simplemente sonreímos y nos sentimos alegres, y porqué no… felices. Su enemigo, la amargura.

 

 

No debemos usar todas las llaves a la vez. Sin embargo, sería gratificante que siempre estuviera abierta esta puerta pues seríamos más felices y por ende, regaríamos felicidad por doquier. Basta solamente que intentemos abrirla con tacto, dedicación y compromiso, sintiéndonos involucrados también en la búsqueda de la felicidad de los demás, en especial porque vivimos acompañados y lo que hagamos mal o dejemos de hacer, perjudicará también a los que nos rodean.

 

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