Miriam Esteban Benito/Aleteia.org - 27.11.2020

 

foto: freepik

 

Si este fuera un año normal, sin covid, ya estaríamos planeando la fiesta más bonita de nuestro calendario. ¿Has pensado ya en la Navidad?

 

Si el 2020 fuera un año normal, todos tendríamos ya preparada nuestra agenda: ¿qué adornos navideños compramos?, ¿quién se encarga este año de la cena de nochebuena?, ¿qué día tenemos la cena de empresa?… 

 

Posiblemente, este año tendremos que añadir alguna nueva pregunta: ¿cómo serán nuestros encuentros navideños?, ¿el coronavirus nos dejará sentarnos a la mesa junto a nuestra familia? ¿El covid provocará que sean unas fiestas muy diferentes?

 

Este año, por la covid-19, tendremos que evitar eventos multitudinarios. Incluso en algunos países se podría llevar a cabo un nuevo confinamiento en las fechas navideñas.

 

¿Reinventar la Navidad?

 

Y yo me pregunto: ¿realmente hay que reinventar la Navidad? En las Navidades del 2018 el Papa Francisco nos preguntaba: “¿Cómo es esa fiesta que a Dios le gustaría que celebráramos?”

 

Este año, ante la pandemia del Covid-19, esta frase cobra todavía más sentido. Ahora, más que nunca, nos toca reflexionar sobre qué tipo de Navidad queremos vivir.

 

"Navidad significa acoger en la tierra las sorpresas del Cielo y celebrar a un Dios que revoluciona nuestras lógicas humanas” . (Papa Francisco, 19 de diciembre 2018).

 

La llegada de Dios cambió de manera radical los planes de María y este año un virus ha cambiado totalmente nuestros planes.

 

Hace más de dos mil años, cuando nació Jesús, la situación general no era mejor. La familia de Nazaret también se encontró con muchas «restricciones». Por un decreto promulgado por Cesar Augusto, José y María (con humildes recursos económicos) se dirigieron a Belén. Allí María «dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada» (Lucas 2,7).

 

Días más tarde, advertido en sueños de la amenaza de Herodes, José no dudó de ponerse en camino junto a su familia para emigrar a Egipto.

 

Espíritu navideño

 

La Navidad es siempre una oportunidad que Dios nos pone delante para vivir especialmente una promesa que genera esperanza.

 

Vivir la Navidad es entender que la vida no se programa, sino que se da, que no podemos vivir para nosotros mismos sino para Dios». (Papa Francisco, 19 de diciembre 2018).

 

En diciembre de 2011, el por entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio hacía alusión a una viñeta en la que una niña le contaba a una amiga lo que había pedido a sus padres para la Navidad: «Les había pedido a sus padres que no le regalaran juguetes sino ‘espíritu navideño’.  Sus padres quedaron sorprendidos, sin entender ni saber qué hacer».

 

Ante esa viñeta el actual Papa lanzaba la pregunta: ¿Qué es el espíritu navideño? Es la promesa de esperanza que se consolida en Jesús.

 

Empecemos por los detalles y los gestos que dedicamos a los otros. Estos son muy importantes para que en estas fechas la esperanza sea el tesoro que más luce. Todos estamos llamados a dar al mundo la esperanza que hemos recibido del mismo Cristo.

 

Transmitamos gratitud (escribamos y llamemos por Navidad a los que queremos o sabemos que necesitan un extra de compañía). Mostremos a nuestros hijos la suerte que tenemos de poder vivir la Navidad a pesar de la distancia. Es importante saber valorar lo que se tiene. Demos la vuelta a las restricciones del covid-19 y pensemos que el Señor hace “nuevas todas las cosas” (Apocalipsis 21:5).

 

Ideas para vivir la Navidad del Covid

 

Hagamos el Belén o Pesebre en familia mientras aprovechamos para contemplar la historia de San José, la Virgen María y el Niño Jesús. Esto nos ayudará a tomar conciencia del gran don que hemos recibido a través de la fe. (Te puede interesar también: El pesebre, verdadero sentido de la Navidad)

 

El portal de Belén manifiesta la ternura de Dios que se ha hecho niño para mostrarnos lo cerca que está de todo ser humanos a pesar de las circunstancias. En el portal de Belén hay sitio para cada uno de nosotros (pastores, médicos, herreros, enfermeras, lavanderas…), todos ellos nos hablan de la santidad de lo cotidiano, de sus problemas diarios y de cómo Jesús comparte con nosotros su vida pudiendo hacer extraordinario hasta el más severo confinamiento.

 

No tenemos que reinventar la Navidad realmente podemos vivir una Navidad plena, “sin restricciones “. Basta con que sepamos acoger el esperanzador espíritu navideño y contagiar a todos como lo hicieron los pastores de Belén, que brillen nuestros rostros a pesar de las dificultades o contratiempos.

 

¿La pandemia nos quita la Navidad? Sin duda, no. Alejemos el miedo. Hagamos de estas nuestras mejores Navidades.

 

*Publicado originalmente en Aleteia.org