Momentos Pompas - 05.12.2017

 

Fotos: momentospompas.blogspot.com.co 

 

Hemos iniciado el Adviento; tiempo de esperanza, de ilusión y de preparación para recibir a Jesús con toda nuestra alegría, emoción y cariño. Y para transmitir a los hijos el significado de esta época, ¡qué mejor que el calendario de Aviento!

 

Esta propuesta de Pachu, mamá de cinco hijos y creadora de los Blogs Momentos Pompas y Pompas de elefante, es perfecto para hacerlo en familia, ¡los niños lo amarán!

 

***

 

Llevamos cinco años haciendo este calendario, sí, no es una casita con puertas, ni cajitas con números. Pero decidimos hacerlo sencillo y hacerlo pensando en la situación de cada año, los niños crecen y cambian y sus propósitos tienen que evolucionar, como los premios. Este año repetimos y queremos volver a compartir nuestro calendario, porque en nuestra familia funciona muy bien y por ello queremos regalarles nuestra idea, es fácil, llevadera y para todas las edades.

 

Son palitos con propósitos en un vaso, y palitos con "recompensas" en otro, un plato lleno de estrellitas y caras llena de esperanza e ilusión por esa espera de la Virgen que queremos vivir y acompañar. Un calendario lleno de superación siempre positiva donde todos lo conseguimos y si no, la recompensa puede ser doble...

 

En nuestra casa tenemos niños de varias edades. Pero está pensado para todos, para hacerlo en familia y poder compartirlo. La idea es pensar un propósito para cada día, se pueden repetir, pensar en esas cosas que más cuesten, pero que no sea un castigo, pues buscamos un tiempo de alegría y de conseguir las cosas. Aunque es una ocasión genial para ayudar a crecer en eso que más podemos pinchar en nuestro día a día.

 

Y por otro lado están los premios. Los premios no tienen por qué ser cosas materiales, ni siempre dulces, pueden ser un momento especial para todos, un abrazo (nosotros somos muy cariñosos y nos abrazamos y besamos siempre, a todas horas, no esperamos ocasiones especiales para hacerlo, pero os sorprenderá que este premio es especial, un abrazo ganado, es muy especial), pegatinas (a mis hijos les encantan), palomitas compartidas... Lo que se les ocurra que a los niños y en familia les pueda gustar compartir después de conseguir el propósito del día.

 

Estos son nuestros propósitos y nuestros premios. Muchos se repiten, y otros de un año a otro desaparecerán, porque no sirven. Lo bueno de este calendario de Adviento es que es personal, familiar, y si algo no funciona, se cambia. Cuando por la mañana, antes de salir al cole, sacan el palito del día (uno para todos) y ves la cara de felicidad de todos porque ha tocado "sonreír" y llegan por la tarde y te cuentan todas las sonrisas que han dado, son pequeños, pero son muy conscientes de lo que hacen, y se ponen muy contentos cuando notan que hacen las cosas bien y las consiguen, Y lo consiguen, y sacan su premio y les toca elegir una comida, y entre todos eligen la comida. Entonces ves, que es un calendario de superación, unión, compañerismo y compartido.

 

La otra parte del calendario son las estrellas. Este año volvemos a elegir estrellas, el año pasado también, y el anterior... Otro año fueron puntos verdes y rojos (conquistamos una corona de Adviento). Otro año conquistamos piedrecitas que marcarían el camino para llegar a ver a Jesús en el portal. Otro año conquistamos estrellas que hacíamos con papel plata...

 

Este Adviento vamos a conquistar el cielo de Belén, repetimos porque nos encantó ver cómo nuestro belén se iba haciendo más acogedor según se acercaba el Nacimiento de Jesús. La idea es regalar, al Niño que va a nacer, un cielo bonito y limpio, donde brillen muchas estrellas.

 

Cuando por la noche o tarde valoremos, cada uno, si ha conseguido el propósito, le regalará a María, pues está embarazada, su estrella, bien conseguida o sin conseguir. Si has hecho bien lo que tocó genial, si no lo has hecho bien, no pasa nada, se la regalas y se lo ofreces, al día siguiente tu propósito saldrá mejor, porque el no conseguirlo lo dejas en su mano con tranquilidad.

 

Éste es nuestro calendario de Adviento, tiempo de esperanza y crecimiento. Fácil de hacer, fácil de llevar, ilusionante, alegre y conquistador. ¿Te atreves a hacer un buen calendario? Es tiempo de cambio, es tiempo de crecer.

 

¡Feliz Adviento!

 

*Colaboración del Blog Momentos Pompas para LaFamilia.info

Andrés D' Angelo / Catholic-link.com – 28.11.2016

 

20162811nFoto: Pixabay

 

Las fiestas grandes requieren grandes preparaciones, y cuando se vive la preparación adecuadamente el fruto de la fiesta se multiplica al infinito. Pero además cuando la realidad que festejamos es grande, cuando su significación espiritual es muy importante, la tradición de la Iglesia incorpora algunos símbolos materiales para prepararnos mejor, para que tengamos un asidero que nos eleve a las realidades espirituales que contemplamos. 

 

En torno a la Navidad, han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos que todos usamos y reconocemos. Pero no siempre sabemos su historia, o cómo utilizarlos mejor para adentrarnos en la espiritualidad navideña.

 

El árbol navideño 

 

Es el signo más visible y frecuente de la Navidad, pero no siempre le damos un sentido religioso. El mundo comercial se ha apropiado del árbol como un signo de “las fiestas”, quitándole al nacimiento de Nuestro Señor el protagonismo. En muchas casas se acostumbra que el niño más pequeño sea el que pone la estrella en la punta del árbol. Otras familias lo arman rezando los misterios de gozo, otros piden al párroco la bendición del pesebre y del árbol. No importa la tradición que usemos en nuestra familia, lo importante es recordar que el árbol de Navidad es un símbolo católico y que debemos recuperar su sentido.

 

arbolito

 

La corona de Adviento

 

Otro símbolo de la antigua Europa, y una hermosa costumbre (que afortunadamente se está recuperando mucho en América) es la corona de Adviento. Ésta nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis en un aspecto particular del tiempo de Adviento.

 

corona-adviento

 

El pesebre o nacimiento

 

Esta es una tradición iniciada por el gran San Francisco de Asís y que los franciscanos extendieron rápidamente por todo el mundo. En sus primeros años eran “pesebres vivientes” y luego se convirtió en una representación a escala con figuras de barro cocido, yeso o cera. Cada familia vive el pesebre a su modo, algunas familias cada domingo de Adviento le van agregando figuras teatralizando la historia para los más pequeños. El nacimiento es por supuesto, el símbolo emblemático del día de Navidad, cuando se pone finalmente el niño en el nacimiento, y la familia se congrega para cantarle villancicos y canciones típicas de cada país.

 

nacimiento

 

Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 14.12.2015

 

 Foto: Freepik

 

En Navidad los regalos adquieren un valor tan importante que los deseos de grandes y chicos se ven reflejados solo en objetos materiales; pero la Navidad va mucho más allá de esto, debe trascender en nuestros corazones.  

 

Para ello, los expertos del Instituto de la Familia de la Universidad de la Sabana, nos comparten las siguientes ideas para sorprender a los hijos con verdaderos regalos de amor. Es muy fácil, son gratis, no necesitan de un empaque especial y están ahí al alcance de su mano:

 

1. Si su anhelo es que su hijo sea feliz, no le dé todo lo que pide. Valórelo, priorícelo y sintonícelo con sus objetivos educativos.

 

2. Los niños no se pueden sobornar. Los regalos nunca suplirán la falta de tiempo o atención de los padres. ¿Será que los hijos prefieren un juguete o ir con su padre a patinar, a jugar al futbol, montar en bici, ir al cine o, sencillamente, compartir los dos la fantasía de un cuento…? En ocasiones, disfrutar con los hijos será el mejor juguete que puedan recibir de sus padres. ¡Y eso es gratuito!

 

3. Acostumbrar a los hijos a pasar la Navidad con lo que se tiene, ya es el mejor regalo que les podemos hacer. No se trata de que sufran, pero sí de que vivan la realidad y acepten con ilusión lo poco o mucho que puedan recibir como regalo.

 

4. Lo que ellos piden para la Navidad no siempre es lo que más les conviene. Cuando se es niño no hay criterio ni límites para pedir; por eso, la tarea de pensar qué regalar debe ser responsabilidad de los padres.

 

5. Hable con ellos acerca de lo que han pedido en su carta al Niño Dios o a los Reyes. En muchas ocasiones nos sorprenderán los motivos por los que han elegido sus regalos, tanto por su acierto como por su desacierto. Aproveche su capacidad de entusiasmo para sugerirles alternativas más enriquecedoras.

 

6. Navidad es sinónimo de familia. Es un buen momento de ser sincero consigo mismo y reflexionar sobre el papel de padre o madre. Seguro que hay cosas que se pueden mejorar. Es un tiempo para ser humilde y recapacitar.

 

7. La felicidad no está en las cosas; más bien es un estado del alma producto de la paz espiritual que se gana con las buenas acciones y del bienestar consigo mismo y con la familia.

 

La Navidad es amor y está colmada de tradiciones que deben trascender a los hijos para que prevalezcan más allá del tiempo. Es la oportunidad de inculcar en ellos la grandeza de los buenos sentimientos.

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 14-12/11. Autora: Marcela Ariza de Serrano. Instituto de la Familia. Universidad de La Sabana.

 

 

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ACI Prensa – 19.12.2016

 

Foto: Pixabay 

 

Navidad es una época especial para alimentar nuestra vida espiritual, para ello compartimos unos apartes del escrito de Mons. Florian Kolfhaus, escritor y funcionario de la Secretaría de Estado del Vaticano, publicado originalmente en CNA Deutsche.

 

Vale la pena leer y aplicar estas siete formas de prepararnos para el nacimiento del Niño Jesús:

 

1. Ayunar en Adviento

 

Incluso si las cuatro semanas previas a la Navidad tienen un carácter «más alegre» que la penitencia previa a la Pascua, nosotros debemos esperar hasta el cumpleaños de Jesús para celebrar en la cena navideña. No solo es un sacrificio que tiene valor espiritual, pero sí uno que genera más gusto y expectativa a la Navidad.

 

2. Levantarse 10 minutos más temprano

 

No es fácil levantarse temprano por las mañanas, pero un poco más de tiempo cada día nos da la oportunidad de empezar bien el día con Dios: una oración personal por la mañana, una breve lectura de las Escrituras, el rezo del Rosario, etc.

 

3. Obsequiar presentes desde el corazón

 

Todos los días se puede obsequiar un pequeño regalo, carta o imagen. Siempre me pregunto ¿por qué no dar una alegría a alguien por cada día de Adviento?

 

Es bueno tener un plan previo: obsequiar quizás una fotografía a un familiar, juguetes de mis hijos para un sobrino, las chaquetas de invierno para un hogar de niños huérfanos o hacer galletas para una casa de ancianos.

 

4. Tener un tiempo de silencio cada día

 

Todos los días de Adviento debemos contar con una hora de silencio. Ni radio, ni teléfono, ni televisión, ni música de fondo, sino utilizar el tiempo para momentos de oración y reflexión. Y si sentimos inquietud o preocupaciones, debemos enderezarlas para dejar que el Mesías entre en el corazón. La paz externa y silencio interior limpia casi automáticamente el alma.

 

5. Visitar a Jesús

 

La Navidad no es de «Santa Claus», sino del pequeño niño en el pesebre. Aquí es el Hijo de Dios quien nos alimenta verdaderamente, tan pequeño y, que sin pretensiones, está presente en todos los tabernáculos. La Navidad es la celebración del «pan vivo» que ha llegado del cielo como nuestro alimento. Belén significa «casa del pan».

 

En este 2020 las condiciones son diferentes, pero podemos asistir a Misa de forma virtual o presencial en caso que sea posible.  

 

6. Confesarse

 

Jesús nace en un establo, en pobreza y modestia, lejos del bullicio de los albergues. Sin embargo ciertamente San José tuvo que remover las telarañas y la suciedad alrededor; mientras que Nuestra Señora desempaquetó ropa de cama limpia para preparar un buen lugar al recién nacido. Por encima de todo, tenían un corazón lleno de amor puro.

 

Sin confesión no hay una buena Navidad para los católicos. La paja vieja o podrida debe ser barrida del corazón; otras veces limpiar el polvo es suficiente, pero Jesús siempre quiere encontrar una morada donde pueda reposar.

 

7. Devoción a María

 

Sin María no existiría Jesús. Sin María no podríamos celebrar la Navidad porque el Hijo de Dios no se habría convertido en hombre. Por lo tanto, el camino a Belén es el de la madre de Jesús, que es nuestro también.

 

Debemos orar a la Virgen María todos los días de Adviento para recibir a Jesús y no solo en la víspera de Navidad.

 

También debemos orar por la maternidad de todas las mujeres que esperan o han perdido un hijo en esos días.

 

Es menester dirigirnos a nuestra Madre, a quien le pedimos su intercesión en nuestras necesidades, para darle gracias por su sí en Nazareth, por el cuidado y la crianza de Jesús, por su ayuda maternal a Él y a nosotros, por su lealtad a la Cruz.

 

Podemos obsequiarle flores, una oración especial o una pequeña peregrinación una iglesia. También, podemos darle todos los días una nueva alegría, quizá reconciliándonos con antiguos enemigos, renunciado a malos hábitos u ofreciendo nuestro trabajo por más difícil que sea.

 

¿Por qué todo esto? Solo para hacerla feliz. Para darle algo a cambio del mejor regalo de todos: ¡Jesús!

 

LaFamilia.info 

 

2016211nFoto: Freepik 

 

El próximo domingo iniciamos el tiempo de Adviento, que son las cuatro semanas que antecede a la Navidad. Tiempo en el que nos preparamos espiritualmente para rememorar y celebrar la llegada del niño Jesús. Y nada mejor que darle la bienvenida a esta época con un excelente video (ver abajo) que nos ayudará a reflexionar en una actitud fundamental para este tiempo: la espera activa.

 

“Esperar es prepararse, despertar, ¡esperar es buscar! ponerse a la altura, dejar que Aquel a quien se espera vaya entrando en nuestra vida hasta volverla suya…” explica Mauricio Artieda en Catholic-link. Algo similar ocurre cuando esperamos una visita especial a nuestra casa, nos esmeramos por tener todo limpio y en orden para este momento. Por eso, el tiempo de espera a la Navidad no puede ser pasivo, en un momento para cultivar, cuidar y alimentar nuestra fe, y renovar nuestra vida. 

 

Las siguientes son algunas ideas para hacer del Adviento una verdadera vivencia personal:

 

1. Ayudaré en casa en aquello que más me cueste trabajo.

2. Me quejaré menos y reiré más.

3. Ayudaré a familiares, compañeros de trabajo y amigos, en algo que necesiten sin esperar nada a cambio.

4. Daré gracias a Dios por todo lo que me ha dado.

5. Haré una obra de caridad con niños y/o ancianos.

6. Haré algún sacrificio (algo que me cueste) y lo ofreceré por un necesitado.

7. Perdonaré a alguien que me haya ofendido, no guardaré más rencor.

8. Tendré un gesto amable con esa persona que tanto me cuesta.

9. No difundiré chismes ni crearé un mal ambiente.  

10. Abriré mi corazón a Jesús para que nazca en él.

 

Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 07.12.2015

 

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La Navidad nos trae a todos el recuerdo infantil de su celebración familiar. En la memoria de mi niñez –de la que tantas cosas se han esfumado– conservo, en cambio, nítidamente la percepción de que en días tan señalados como el de Navidad el tiempo no tenía ninguna importancia.


Llamaban mi atención, entonces, los regalos, la abundancia en las comidas pero sobre todo el tiempo que en esas fechas se regalaban unos a otros. Además, para mi abuelo y para mi madre claramente en el amor había cantidad: "Nos hemos juntado cuarenta y hemos estado hasta las tantas", decían con satisfacción sin prestar atención ninguna al trabajo que les había supuesto acoger y alimentar a muchos.


En aquellos días de gran reunión familiar las conversaciones de sobremesa entre los mayores se prolongaban indefinidamente. Solo eran interrumpidas por los villancicos ante el pesebre, seguidos de un repertorio de canciones populares, algunos juegos de niños y de mayores, y la despedida ocasional de alguno que tenía que marcharse o la bienvenida de algún otro grupo de la parentela que venía a felicitar la Pascua.


Parecía como si los relojes se hubieran parado o el tiempo viejo hubiera terminado. Estábamos de fiesta: Dios había nacido y teníamos todo el tiempo del mundo para Él y para nosotros.


Este es el mensaje central que la Navidad quiere recordarnos año tras año. No es un penoso recordatorio de que cada vez está más lejos nuestra infancia o de que somos un año más viejos. No.


El tiempo en Navidad se expande al compartirlo


Se trata de la gozosa enseñanza del Dios hecho niño: el tiempo no es un recurso escaso, sino que verdaderamente se expande al compartirlo. El Señor de la historia espera nueve meses en el seno de María, vive una infancia y juventud del todo normal en su época y no tiene prisa por llevar a cabo su misión redentora. Y cuando la lleva a cabo, lo que hace es dedicar su tiempo a los que tiene a su alrededor.


La Navidad nos enseña que el tiempo no es oro, sino que es amor, cariño, ternura, esto es, atención afectuosa a los demás.


Replicando a Gekko –de la película Wall Street– la Navidad nos dice que Greed is bad (la codicia es mala), que la ambición avariciosa es mala, tal como aprendimos todos del inolvidable Ebenezer Scrooge en el Cuento de Navidad de Dickens.


No es esto simple “ternurismo buenista”. Al contrario, tal como han detectado también muchos estudiosos de la actual crisis financiera, son muy probablemente quienes se han preocupado solo de su medro personal en instituciones bancarias y similares –sin prestar atención a las nefastas consecuencias de sus actos sobre los demás– los responsables inmediatos de la crisis: se trata de una crisis ética.

En las últimas semanas viene a verme periódicamente una valiosa alumna que quiere ser escritora para que revisemos sus textos. Cuando le escribo por correo electrónico mis sugerencias nunca deja de decirme: "Gracias por su tiempo".


Me impresiona a mí que me dé gracias por algo que hago tan gustosamente, pues aprendo siempre mucho de ella. Su ejemplo traía a mi cabeza que, en el fondo, lo que hacemos en Navidad es celebrar por todo lo alto que el Dios eterno, el único Señor del tiempo, haya comparecido personalmente en el tiempo hace cosa de 2015 años en la aldea de Belén, próxima a Jerusalén.


Le damos gracias con las canciones, las oraciones y los regalos, pero sobre todo, lo celebramos compartiendo con los demás el tiempo que Él nos ha regalado. De esta manera, el tiempo en Navidad crece y nosotros crecemos también.


La Navidad quiere recordarnos, año tras año, esa gozosa enseñanza del Dios hecho Niño: el tiempo no es un recurso escaso, sino que verdaderamente se expande al compartirlo.

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 14-12/11. Autor: Jaime Nubiola, Profesor de Filosofía, Universidad de Navarra

 

LaFamilia.info - 16.12.2016

 

 

Por momentos pareciera que la Navidad se reduce a una temporada en que se intercambian regalos y se organizan eventos sociales… Por eso vale la pena rescatar el verdadero sentido de la Navidad por medio de videos como el que compartimos a continuación: 

 

 

 

Por LaFamilia.info 

 

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Se dice que “la caridad empieza por casa” y algo similar debe suceder con la Navidad. En esta época en la que somos llamados a vivir el amor, la paz y la fraternidad, debemos comenzar por dónde debe ser, por la familia.

 

La Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, que debe ser al mismo tiempo, un renacer en nuestra propia vida, un cambio que evidencie fe y coherencia. Por eso la Navidad es un momento de reconciliación, de paz interior, de amor. Y la primera esfera de acción debe ser la familia.

 

¿Qué le puedes regalar a tu familia?

 

Nos llenamos de satisfacción dar obsequios de navidad a los más necesitados, ¿pero cómo está nuestro propio círculo familiar? Tal vez podría estar igual o más necesitado: relaciones fracturadas, rencores entre familiares, problemas conyugales, falta de tiempo para los padres, abuelos o hijos, entre otros.  

 

Y es que en realidad no existe la familia perfecta como lo dice el Papa Francisco, quien asegura además que no hay que temerle a la imperfección, a la fragilidad, ni a los conflictos: «hay que aprender a afrontarlos de manera constructiva. Por eso, la familia en la que, con los propios límites y pecados, todos se quieren, se convierte en una escuela de perdón» asegura el Papa.

 

Así que esta época es la oportunidad para reflexionar sobre ese papel que cada quien tiene dentro del núcleo familiar y el lugar que le damos a nuestras realidades familiares, pues sin darnos cuenta, utilizamos mucho tiempo para otros asuntos y muy poco para aquellos con quienes compartimos nuestra vida y son los que le dan sentido a nuestra existencia.

 

El Padre Oscar Pezzarini en uno de sus artículos, escribía algunas preguntas que vale la pena destacarlas:

 

- ¿Cuántas veces nos dedicamos a salvar al mundo, en nuestras charlas, en nuestra imaginación, en nuestras discusiones, y lo que nos “sobra”, se lo dedicamos a la familia?

 

- ¿Cuántas horas invertidas en salvar nuestras tareas, nuestro negocio, nuestras amistades, nuestras diversiones, y es muy poco el tiempo que le damos a la familia?

 

- ¿Cuánto tiempo solemos tener para hablar con los demás, con los vecinos y amigos, pero para hablar de y en la familia, con nuestros padres o con nuestros hijos, siempre nos falta tiempo?

 

- ¿Cuánto tiempo utilizamos en compartir con los amigos y compañeros, pero muy pocas para estar con nuestros hermanos, para disfrutar de nuestra familia, para escuchar a nuestros padres, o siendo padres para interesarnos por lo que les pasa a nuestros hijos...?

 

Finalmente cabe anotar que nada hacemos con regalar juguetes y alimentos cuando en realidad somos distantes u ofensivos con los seres que nos rodean… La Navidad empieza por casa.

 

 

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Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 16.11.2015

 

20151611nFoto: Pixabay 

 

Ya estamos contando los días… se acerca la Navidad y para muchas personas esta temporada representa momentos de estrés: comprar regalos, decorar la casa con el ambiente navideño, pensar en la comida que se preparará y más y más. Todo apunta a pensar que es más importante TENER que SER.

 

¡Cuántos de nosotros hemos pensado así alguna vez! No debemos olvidar que detrás de acontecimientos con repercusiones personales, familiares, incluso históricas y relevantes, suele haber dolor. La época de Navidad trae a la memoria estos sucesos con más intensidad, tal vez por ser un tiempo especial, sinónimo de unión familiar, alegría, amor, atención, generosidad y perdón.

 

Que esta Navidad sea un motivo “entre tú y yo”

 

Valdría la pena practicar la virtud de la amabilidad, palabra que encierra todo aquello que nos gustaría encontrar en las personas más próximas, durante todos los días del año; una cualidad que nos hace delicados y cariñosos en el trato con los otros.

 

En la época navideña, el pesebre es un vivo reflejo de ella; en él se percibe el tono tranquilo en el que los protagonistas interactúan en momentos difíciles. Esa es, precisamente, la actitud que deberíamos asumir en las adversidades familiares que se nos presentan. Constituye el mejor ejemplo del significado de ese “Entre tú y yo” que queremos exaltar en esta Navidad y siempre.

 

Esta virtud, que debe estar presente en el entramado de la convivencia, crea un ambiente familiar donde cada uno se siente importante, útil, amado y valorado.

 

En muchos casos su ausencia es notoria, pues las relaciones interpersonales se tornan tensas y dificultan el trato con quienes nos rodean, generando que se sientan ofendidas y poco queridas las personas que más amamos: nuestra familia.

 

La cordialidad y las virtudes relacionadas con ella, armonizan todos los aspectos de la vida diaria: el hogar, el trabajo, el tráfico, los vecinos… Son opuestas, por su misma naturaleza, al egoísmo, al malhumor, la falta de educación, el desorden, el vivir sin tener en cuenta los gustos, preocupaciones e intereses de los demás.

 

En el trato diario, con una sonrisa oportuna, con un pequeño gesto amable, se abren las puertas del corazón de muchas personas que pueden estar cerradas al diálogo o a la comprensión. La amabilidad anima el desempeño en el trabajo y ayuda a superar las numerosas contradicciones que nos muestra la vida.

 

Una persona que se deja llevar habitualmente de la tristeza y del pesimismo; que es brusca en el trato con los otros, que no lucha por salir de ese estado, será molesta e incómoda para los demás. La delicadeza, la cortesía, el cariño, enriquece a los otros porque son expresiones de una riqueza interior que no se improvisa y que en esta época surgen de la alegría de la Navidad. 

 

Por eso, esta es una invitación a que aprovechemos la época tan especial que se acerca para practicar la mejor muestra de amabilidad: una sonrisa, pues quien sonríe acoge, produce confianza, hace de su rostro una casa en la que los demás tienen cabida y, por eso mismo, es causa y origen del cariño. Un abrazo, pues con él estamos demostrando acogida, agrado, regocijo y la dicha de saber que no estamos solos. Un apretón de manos, como expresión de afecto, de bienvenida, de complacencia por sentir que alguien más comparte con nosotros la alegría de la vida.

 

¡Ojalá en esta Navidad no desaprovechemos ese don, porque se trata de compartir amablemente ‘entre tú y yo’!

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 14-12/11. Autora: Marcela Ariza de Serrano. Instituto de la Familia. Universidad de La Sabana.