Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 07.12.2015

 

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La Navidad nos trae a todos el recuerdo infantil de su celebración familiar. En la memoria de mi niñez –de la que tantas cosas se han esfumado– conservo, en cambio, nítidamente la percepción de que en días tan señalados como el de Navidad el tiempo no tenía ninguna importancia.


Llamaban mi atención, entonces, los regalos, la abundancia en las comidas pero sobre todo el tiempo que en esas fechas se regalaban unos a otros. Además, para mi abuelo y para mi madre claramente en el amor había cantidad: "Nos hemos juntado cuarenta y hemos estado hasta las tantas", decían con satisfacción sin prestar atención ninguna al trabajo que les había supuesto acoger y alimentar a muchos.


En aquellos días de gran reunión familiar las conversaciones de sobremesa entre los mayores se prolongaban indefinidamente. Solo eran interrumpidas por los villancicos ante el pesebre, seguidos de un repertorio de canciones populares, algunos juegos de niños y de mayores, y la despedida ocasional de alguno que tenía que marcharse o la bienvenida de algún otro grupo de la parentela que venía a felicitar la Pascua.


Parecía como si los relojes se hubieran parado o el tiempo viejo hubiera terminado. Estábamos de fiesta: Dios había nacido y teníamos todo el tiempo del mundo para Él y para nosotros.


Este es el mensaje central que la Navidad quiere recordarnos año tras año. No es un penoso recordatorio de que cada vez está más lejos nuestra infancia o de que somos un año más viejos. No.


El tiempo en Navidad se expande al compartirlo


Se trata de la gozosa enseñanza del Dios hecho niño: el tiempo no es un recurso escaso, sino que verdaderamente se expande al compartirlo. El Señor de la historia espera nueve meses en el seno de María, vive una infancia y juventud del todo normal en su época y no tiene prisa por llevar a cabo su misión redentora. Y cuando la lleva a cabo, lo que hace es dedicar su tiempo a los que tiene a su alrededor.


La Navidad nos enseña que el tiempo no es oro, sino que es amor, cariño, ternura, esto es, atención afectuosa a los demás.


Replicando a Gekko –de la película Wall Street– la Navidad nos dice que Greed is bad (la codicia es mala), que la ambición avariciosa es mala, tal como aprendimos todos del inolvidable Ebenezer Scrooge en el Cuento de Navidad de Dickens.


No es esto simple “ternurismo buenista”. Al contrario, tal como han detectado también muchos estudiosos de la actual crisis financiera, son muy probablemente quienes se han preocupado solo de su medro personal en instituciones bancarias y similares –sin prestar atención a las nefastas consecuencias de sus actos sobre los demás– los responsables inmediatos de la crisis: se trata de una crisis ética.

En las últimas semanas viene a verme periódicamente una valiosa alumna que quiere ser escritora para que revisemos sus textos. Cuando le escribo por correo electrónico mis sugerencias nunca deja de decirme: "Gracias por su tiempo".


Me impresiona a mí que me dé gracias por algo que hago tan gustosamente, pues aprendo siempre mucho de ella. Su ejemplo traía a mi cabeza que, en el fondo, lo que hacemos en Navidad es celebrar por todo lo alto que el Dios eterno, el único Señor del tiempo, haya comparecido personalmente en el tiempo hace cosa de 2015 años en la aldea de Belén, próxima a Jerusalén.


Le damos gracias con las canciones, las oraciones y los regalos, pero sobre todo, lo celebramos compartiendo con los demás el tiempo que Él nos ha regalado. De esta manera, el tiempo en Navidad crece y nosotros crecemos también.


La Navidad quiere recordarnos, año tras año, esa gozosa enseñanza del Dios hecho Niño: el tiempo no es un recurso escaso, sino que verdaderamente se expande al compartirlo.

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 14-12/11. Autor: Jaime Nubiola, Profesor de Filosofía, Universidad de Navarra

 

Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 22.12.2014

 

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Vivimos sumergidos en una sociedad opulenta, que ya ha sido etiquetada como “sociedad de consumo”, en la que el sentido de los eventos especiales va siendo homologado al término ‘gastar’. Y la Navidad tampoco se escapa de esta realidad… es hora de actuar en familia y con los hijos, ejercitando el valor de la sobriedad.

 

No se trata de negar sistemáticamente todo capricho, sino de enseñar a los hijos a reconocerlos y también a distinguir las cosas necesarias de las que no lo son tanto.

 

El ejemplo de los padres, es el aspecto más evidente, pues la enseñanza se avala con la conducta; de lo contrario, transmite un mensaje equivocado. Es bueno que los hijos aprendan a valorar las cosas, a saber lo que es necesario y lo que no lo es, de tal manera que sepan distinguir el capricho de la necesidad o conveniencia.

 

La sobriedad nos enseña a administrar nuestro tiempo y recursos, moderando nuestros gustos y caprichos para construir una verdadera personalidad con la alegría que esto supone. No solo tiene que ver con estar sobrio y el manejo del alcohol. Este valor afecta otras realidades más importantes de nuestra vida.

 

Para la sobriedad hace falta autodominio. Es muy claro si se ilustra con el exceso en la comida y la bebida, por la imagen y efectos que producen; también se manifiesta en el desmedido descanso y el argumento que pesa de ‘no hacer nada’. La distribución de nuestro tiempo debe tener un equilibrio entre la diversión, la obligación y la actividad.

 

Algunas ideas que nos ayudan a vivir la sobriedad

 

- No inventemos necesidades. Antes de comprar algo, reflexionemos sobre las razones que motivan esa adquisición: si es necesidad, un simple lujo o un verdadero capricho. Debemos ser valientes y saber reconocer que no vale la pena el gasto.


- Usemos las cosas que tenemos y no las cambiemos simplemente porque en el mercado hay una más novedosa o porque los amigos ya compraron esto o aquello. En esta competencia sin fin el bolsillo es el más afectado.


- Reconozcamos nuestra verdadera situación económica y vivamos de acuerdo con las posibilidades. Cuando nos decidimos a hacerlo, aprendemos que las personas nos aceptan por lo que somos.


- Hablemos solo lo necesario. Transmitamos pensamientos más que palabras. Rescatemos el diálogo amable e inteligente.


- Nuestra apariencia también es reflejo de sobriedad. Vistamos de forma elegante y decorosa, la moda también puede cumplir con este requisito.


- Evitemos el deseo de ser el centro de atención y aprendamos a divertirnos: el alcohol, las bromas de mal gusto, las palabras altisonantes y los desmanes manifiestan inseguridad y poco autodominio.


- La sobriedad es sinónimo de moderación. Por eso propongamos la sobriedad como un propósito para moderar los gustos y apetitos: comprar menos golosinas; comer un poco menos. Es sensato aceptar que la diversión también tiene un tiempo límite.


- La sobriedad no es negación ni privación. Es poner la voluntad y a la persona por encima de las cosas, los gustos y los caprichos, dominándolos para no vivir bajo su dependencia. Este valor debe moderar todas nuestras celebraciones para ayudarnos a no perder el verdadero sentido de lo que hacemos. ¡Una Santa y Feliz Navidad!


Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 18-12/12. Autora: Marcela Ariza de Serrano, Instituto de La Familia, U. de La Sabana.

Por LaFamilia.info - 01.12.2014
 

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Estamos próximos a las vacaciones y desde ahora las familias tienen sus mentes puestas en el descanso y en las fiestas de fin de año. Pero aparte de esos preparativos, ¿hay tiempo para compartir en familia? ¿para vivir el verdadero sentido de esta época?

 

La Navidad es el momento propicio para que las familias se reúnan y mejor aún cuando se cuenta con las vacaciones para dedicar este tiempo libre a la familia. Quizá tantos afanes nos hacen olvidar de lo importante que es para el ser humano, encontrarse con sus seres queridos, y a través de ellos, encontrarse a sí mismo.

 

Costumbres navideñas para compartir en familia

 

Todo tiene un sentido. El árbol, el pesebre o nacimiento, las luces, la corona, las canciones e incluso los regalos. Y así debemos transmitírselo a los hijos para que comprendan que detrás de cada costumbre hay un origen cristiano. Las siguientes actividades convocan a la familia de manera especial:

 

El adviento. Este tiempo de cuatro semanas que antecede a la Navidad es el momento dedicado a prepararnos espiritualmente para la llegada de nuestro Señor. Es importante enseñarles a los hijos el significado de este tiempo. El calendario y la Corona de Adviento son algunos símbolos.


La novena. Se inicia el 16 de diciembre y es una estupenda oportunidad para enseñarles a los niños el verdadero sentido de la Navidad: el nacimiento del Niño Dios. Cada grupo familiar se puede encargar de una novena y hacer algo especial en ella, como por ejemplo cantar villancicos y preparar los alimentos propios de esta época.


El pesebre o belén. Armar el pesebre siempre será una actividad muy divertida y, por tanto, la preferida de los niños. Además es la costumbre más importante de las festividades navideñas. Debemos explicarles a los más pequeños el significado de cada figura y contarles que el pesebre es la representación del nacimiento de Cristo (Ver aquí).


Decoración del árbol. El árbol vestido de luz es símbolo de la iluminación que Cristo enciende en nuestros corazones. Así que esta costumbre también se puede convertir en un acontecimiento para disfrutar en familia.


La cena navideña. Una bonita oportunidad para que suegras, nueras, hermanas, madres e hijas, tías y algunos hombres cocineros, trabajen en equipo.


Los regalos. Los obsequios materiales son una muestra de nuestro cariño hacia los demás, pero que tal si damos otro tipo de regalos como: una carta de perdón, un abrazo de reconciliación con un pariente que nos hayamos alejado, una sonrisa a aquel familiar que está triste, una invitación a alguna persona cercana que no tiene con quién compartir la Navidad... Estos regalos dan más satisfacción y son una bella demostración del verdadero espíritu de Navidad.

 

 

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Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 16.11.2015

 

20151611nFoto: Pixabay 

 

Ya estamos contando los días… se acerca la Navidad y para muchas personas esta temporada representa momentos de estrés: comprar regalos, decorar la casa con el ambiente navideño, pensar en la comida que se preparará y más y más. Todo apunta a pensar que es más importante TENER que SER.

 

¡Cuántos de nosotros hemos pensado así alguna vez! No debemos olvidar que detrás de acontecimientos con repercusiones personales, familiares, incluso históricas y relevantes, suele haber dolor. La época de Navidad trae a la memoria estos sucesos con más intensidad, tal vez por ser un tiempo especial, sinónimo de unión familiar, alegría, amor, atención, generosidad y perdón.

 

Que esta Navidad sea un motivo “entre tú y yo”

 

Valdría la pena practicar la virtud de la amabilidad, palabra que encierra todo aquello que nos gustaría encontrar en las personas más próximas, durante todos los días del año; una cualidad que nos hace delicados y cariñosos en el trato con los otros.

 

En la época navideña, el pesebre es un vivo reflejo de ella; en él se percibe el tono tranquilo en el que los protagonistas interactúan en momentos difíciles. Esa es, precisamente, la actitud que deberíamos asumir en las adversidades familiares que se nos presentan. Constituye el mejor ejemplo del significado de ese “Entre tú y yo” que queremos exaltar en esta Navidad y siempre.

 

Esta virtud, que debe estar presente en el entramado de la convivencia, crea un ambiente familiar donde cada uno se siente importante, útil, amado y valorado.

 

En muchos casos su ausencia es notoria, pues las relaciones interpersonales se tornan tensas y dificultan el trato con quienes nos rodean, generando que se sientan ofendidas y poco queridas las personas que más amamos: nuestra familia.

 

La cordialidad y las virtudes relacionadas con ella, armonizan todos los aspectos de la vida diaria: el hogar, el trabajo, el tráfico, los vecinos… Son opuestas, por su misma naturaleza, al egoísmo, al malhumor, la falta de educación, el desorden, el vivir sin tener en cuenta los gustos, preocupaciones e intereses de los demás.

 

En el trato diario, con una sonrisa oportuna, con un pequeño gesto amable, se abren las puertas del corazón de muchas personas que pueden estar cerradas al diálogo o a la comprensión. La amabilidad anima el desempeño en el trabajo y ayuda a superar las numerosas contradicciones que nos muestra la vida.

 

Una persona que se deja llevar habitualmente de la tristeza y del pesimismo; que es brusca en el trato con los otros, que no lucha por salir de ese estado, será molesta e incómoda para los demás. La delicadeza, la cortesía, el cariño, enriquece a los otros porque son expresiones de una riqueza interior que no se improvisa y que en esta época surgen de la alegría de la Navidad. 

 

Por eso, esta es una invitación a que aprovechemos la época tan especial que se acerca para practicar la mejor muestra de amabilidad: una sonrisa, pues quien sonríe acoge, produce confianza, hace de su rostro una casa en la que los demás tienen cabida y, por eso mismo, es causa y origen del cariño. Un abrazo, pues con él estamos demostrando acogida, agrado, regocijo y la dicha de saber que no estamos solos. Un apretón de manos, como expresión de afecto, de bienvenida, de complacencia por sentir que alguien más comparte con nosotros la alegría de la vida.

 

¡Ojalá en esta Navidad no desaprovechemos ese don, porque se trata de compartir amablemente ‘entre tú y yo’!

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 14-12/11. Autora: Marcela Ariza de Serrano. Instituto de la Familia. Universidad de La Sabana. 

 

 

Por LaFamilia.info

 

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El desprendimiento nos hace sentir en paz y felices con nosotros mismos. Y en Navidad sí que es cierto. La satisfacción que produce donarse a los demás con alguna ayuda espiritual o material, es incomparable a la que siente cuando se recibe.

 

Vivir la generosidad

 

Tener como premisa básica de vida que “es mejor dar que recibir” nos permite liberarnos de las ataduras, salir de la egolatría, además de experimentar la placidez que produce la generosidad.

 

Hay que dar con total disposición, sin arrepentirse, sin esperar alguna recompensa o gratitud, pues finalmente el que se beneficia es uno mismo, indiferente de la actitud del otro; similar a lo que sucede cuando se perdona a alguien.

 

“Cuando dar duele, porque significa alguna clase de sacrificio personal, la alegría es más grande aún, es un consuelo para el alma” (Oscar Schmidt - reinadelcielo.org).

 

El Lago de Genesaret y el Mar Muerto

 

En un artículo publicado en Catholic.net, Francisco Cardona hace un espléndido paralelo para ejemplificar lo que sucede cuando una persona es generosa y cuando no:

 

“Hay en Tierra Santa dos lagos alimentados por el mismo río, situados a unos kilómetros de distancia el uno del otro, pero con características asombrosamente distintas. Uno es el Lago de Genesaret y el otro el llamado Mar Muerto.

 

El primero es azul, lleno de vida y de contrastes, de calma y de borrasca. En sus orillas se reflejan delicadamente las flores sencillas amarillas y rosas de su bellísimas praderas. El Mar Muerto, es una laguna salitrosa y densa, donde no hay vida, y queda estancada el agua que viene del río Jordán.

 

¿Qué es lo que hace tan diferentes a los dos lagos alimentados por el mismo río? Es sencillamente esto: El lago de Genesaret trasmite generosamente lo que recibe. Su agua, una vez llegada allí, parte inmediatamente para remediar la sequía de los campos, para saciar la sed de los hombres y de los animales: es un agua altruista. El agua del Mar Muerto se estanca, se adormece, se salitra, mata. Es agua egoísta, estancada, inútil.

 

Pasa lo mismo con las personas. Las que viven dando y dándose generosamente a los demás, viven y hacen vivir. Las personas que egoístamente reciben, guardan y no dan, son como agua estancada, que muere y causa la muerte a su alrededor.

 

Pensamos que, cuando repartimos nuestro dinero, tiempo, honor, nos empobrecemos, que los demás se van quedando con lo nuestro, y nosotros nos vamos vaciando y empobreciendo cada vez más. Eso nos parece, estamos seguros de que así es, pero ocurre exactamente lo contrario.

 

Cuanto más damos, más recibimos. Cuanto menos repartimos de lo nuestro, más pobres nos volvemos. Es una ley espiritual, que se cumple puntualmente; es una ley difícil de aceptar, por eso pocos se arriesgan a ponerla en práctica; pero hay un reto muy interesante para el que lo quiera aceptar. El que quiere vivir de acuerdo a esa ley de dar y darse a los demás, se llevará sorpresas muy agradables. Es mejor dar que recibir”.

 

 

En esta Navidad propongámonos donar todo lo que tengamos y ofrecerlo a los demás: regalemos sonrisas, amabilidad, abrazos, cariño, afecto, amor, apoyo, gratitud, armonía, alegría, tiempo, oración… y también lo material que esté en nuestras posibilidades. 

 

Por LaFamilia.info

 

 Foto: Freepik

 

En Navidad abrimos las puertas de nuestros hogares a familiares y amigos para compartir juntos la alegría de esta festividad. Es por esto que debemos convertirnos en los mejores anfitriones y por supuesto, en los invitados más educados, ¿cuáles son los deberes de cada quien?

 

Tanto el anfitrión como el invitado tiene varios compromisos dentro de un festejo. En este caso hablaremos de aquellas tertulias caseras que se realizan en torno a la Navidad o fin de año, las cuales admiten un protocolo informal; lo que quiere decir que, aunque el trato sea más cálido, también hay unas normas básicas qué seguir.

 

Los deberes del anfitrión

 

El anfitrión es la persona central de la reunión, es quien hace las veces de líder y brinda las pautas para que sus invitados las sigan, por ejemplo, al momento de pasar a la mesa, de tomar asiento, etc. Un buen anfitrión debe hacer su mayor esfuerzo para que las personas se sientan a gusto en su hogar, por tanto, debe lucirse en cuanto a atenciones y detalles de buen gusto. De esta manera, es importante conocer las particularidades de este rol:

 

1. El anfitrión debe informar la fecha y hora de la invitación. Puede hacerse por medio del correo electrónico o de una llamada telefónica. En el primer caso, es importante confirmar su recibo, pues la tecnología nos puede jugar una mala pasada. No se recomienda dejar recados con terceras personas, pues hay que asegurarse que la persona reciba la invitación. Si la convocatoria se hizo con mucho tiempo de anticipación, se sugiere dar una llamada días antes para evitar olvidos.

 

2. Una vez llega el día del festejo, el anfitrión debe estar en casa a la hora pactada y tener los preparativos lo más adelantados posible, de forma que pueda compartir tiempo prudente con sus asistentes.

 

3. Es el anfitrión quien debe abrir la puerta y saludar con agrado a quien recibe en su hogar.

 

4. Si uno o varios de los invitados es ajeno al resto del grupo asistente, el anfitrión debe “apadrinar” con especialidad a esta(s) persona(s). Hay que otorgarle una acomodación específica para que no quede divagando por el lugar sin saber dónde ubicarse. Asimismo, hay que introducir la persona ante los otros invitados y crearle un ambiente de familiaridad. Una buena forma de “romper el hielo”, es ubicar a este invitado junto a alguien con quien pueda compartir similitudes que faciliten el inicio de una conversación.

 

5. Cuando las personas se acomoden, se les debe ofrecer un aperitivo, aunque hay que saber identificar el momento justo para hacerlo: ni apresurar, ni postergar. Del mismo modo, se recomienda brindar las opciones disponibles de bebida, mas no preguntar ¿qué se te apetece tomar? Sino darle las diferentes posibilidades para puedan elegir.

 

6. Insistir cuando alguien no ha aceptado una bebida o canapé, es un acto fuera de lugar, hay que respetar los deseos de cada quien.

 

7. El decoro general de la casa, donde cada cosa esté en su lugar, donde hayan detalles encantadores e indudablemente una mesa bien puesta, hablan por sí solos de los dueños. Recordemos que el valor de los objetos no está determinado por su precio, sino por la composición adecuada de los mismos.

 

Los deberes del invitado

 

El asistente también demuestra sus buenas maneras a la hora de aceptar una invitación:

 

1. Confirmar la asistencia y hora estimada de llegada. Es un acto indispensable y de buena educación.

 

2. En algunas culturas se acostumbra que el invitado lleve un obsequio –no de gran valor económico- al dueño de casa, como muestra de agradecimiento por abrirle las puertas de su hogar.

 

3. Saludar a todas las personas que se encuentran en el recinto, así no las conozca.

 

4. Si existe una relación de confianza con el anfitrión, es adecuado ofrecerle su colaboración. Será un gesto amable y que habla muy bien de usted.

 

5. Al otro día del festejo, siempre debe haber un gesto de agradecimiento, como una llamada o mensaje, para expresar gratitud al anfitrión.

 

 

Fuente: protocolo.org

 

 

 

Por LaFamilia.info

 

Los regalos hechos en casa además de novedosos y únicos, pueden resultar mucho más económicos, pero lo mejor es que les damos nuestro toque personal con mucho amor para expresar un sentimiento de gratitud en esta Navidad. Las siguientes son 5 ideas para ponerse ¡manos a la obra!

 

Regala naturaleza viva

 

Existen numerosas variedades de árboles, plantas y hierbas aromáticas, así que elige la que prefieras y decora el matero con una tela navideña o incluso con un retazo de yute o fibra natural. Otra opción es meter las plantas en una cesta y como detalle especial, añadir los letreros con el nombre de cada una y las instrucciones de cuidado. Un regalo original, económico y ecológico.

 

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79ideas.org

 

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spazio-noi.blogspot.com

 

Dulce tentación


Una idea fácil, práctica y muy divertida. Compra un frasco o incluso puedes reutilizar uno que tengas en la despensa, añade los ingredientes para realizar galletas, brownies, pancakes o esa comida que sepas que la otra persona disfruta. Añade una tarjeta con la receta y listo, ¡les encantará!

 

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kaleyann.com

 

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buildingbuttercream.blogspot.com

 

Chocolate caliente para el alma


Se necesita un pocillo, un frasco de vidrio o un recipiente cualquiera para guardar la cocoa en polvo mezclada con un poco de canela, una porción de malvaviscos blancos y cinta decorativa. No sobra añadir una leyenda con las indicaciones de preparación.

 

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inspirationsbyd.com

 

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Para los amantes de la cocina


Toma varios utensilios de cocina e intégralos a un guante o toalla de navidad. También se le puede agregar un recetario ya sea que lo compres o que tú mismo lo hagas, en internet hay miles de deliciosas recetas.

 

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AmberBush 

 

Bolsas aromáticas


Toma unas ramas de pino, eucalipto, lavanda o las hierbas que prefieras, lo importante es que tengan un aroma fuerte para que puedan perfumar bien, y luego ponlas en el centro de un pedazo de tela navideña, cose los extremos y decora con una cinta. Un obsequio muy práctico para aromatizar el hogar.

 

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apartmenttherapy.com - thecavenderdiary.com

 

Alianza Lafamilia.info y el Instituto de La Familia U.Sabana - 15.12.2014

 

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Un momento propicio para exaltar la dinámica interna del hogar, como algo más que un espacio físico donde habitan personas que por decisión libre y voluntaria al matrimonio, se complementan, comparten una identidad y su intimidad.

 

Los cónyuges construyen una relación que se desarrolla de manera natural y que no se queda en el plano de coexistir sino que con base en la comunión que surge con la entrega y con el amor, cada uno se enriquece como persona humana para luego trascender, si llegan los hijos como fruto de ese amor donado.

 

En el hogar cada miembro es aceptado tal y como es, según su carácter, su personalidad, sus talentos y también con sus debilidades… algo que solo se logra en el seno de la familia. Por tanto, en un clima de seguridad y confianza se forja el espacio idóneo para crecer, desarrollarse, perfeccionarse, saberse aceptado y amado.

Comienza la Navidad y esta época especial, como ninguna otra, resulta ideal para disfrutar en familia, para compartir momentos en tiempo libre, para estimular la creatividad y salir de la rutina en la relación conyugal y con los hijos, en la salud y en el descanso. Pero descansar no significa no hacer nada, por el contrario, propone realizar actividades que exigen menos esfuerzo y ojalá a compartir cantidad y calidad de tiempo con los seres más queridos.

 

Motivar en los niños la lectura y los cuentos o inventar historias sencillas, por ejemplo, resulta ideal para estimular su creatividad. Igual efecto tiene el contacto con la naturaleza, cultivar la música, la danza, el teatro… ideas para fomentar los talentos mientras la familia se divierte.

 

La alegría es posible en la medida en que se cumplan estas condiciones:

1. Si viene de nuestro interior, porque la actitud es clave al iniciar cada mañana y frente a las diversas situaciones cotidianas.

2. Si nos ilumina, porque se multiplica en cada uno y vigoriza las relaciones.

3. Si vivimos de manera sencilla, porque si queremos “ser” podemos enseñarles a los hijos a valorarse a sí mismos.

La felicidad como fin último de cada actuación, no necesariamente es ‘bien estar’ sino ‘ser bueno’ y representa el conjunto de cosas necesarias para vivir en armonía con uno mismo, con Dios y con cada uno de los seres que más queremos y con quienes compartimos los momentos más importantes de la existencia.

 

Aprovechemos esta época de Navidad para aprender de la familia de Nazaret, copiar sus virtudes y luchar porque nuestros hogares sean luminosos y alegres. ¡Feliz Navidad!

 

Artículo editado para LaFamilia.info. Tomado de Apuntes de Familia, edición 22-12/13. Autora: Ana Margarita Romero de Wills, directora Instituto de La Familia, U. de La Sabana.

 

Por LaFamilia.info 
 

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Las pataletas y caprichos de los niños en época de Navidad pueden ser más comunes de lo normal, debido al ambiente consumista que lamentablemente ahoga estas fechas. ¿Qué hacer como padres? Toma nota a las siguientes recomendaciones. 

 

Educar en la voluntad

 

Es normal que los niños se deslumbren ante los flamantes juguetes, son bastante atractivos para su pequeños ojos, también es normal que quieran tenerlos todos y que en medio de la tienda hagan una vergonzosa “pataleta”; al fin y al cabo son niños que están en formación y son los padres quienes deben enseñarles a manejar los deseos y formarlos en la voluntad.

 

Educar en el anhelo es educar en la voluntad, en el autocontrol, en el autodominio. Es importante enseñarles la austeridad, el valor del trabajo, el esfuerzo que tienen que hacer los padres para conseguir el dinero, por eso hay que ser coherentes y reglarles con moderación.

 

Aunque se tengan los recursos económicos, no todo se les puede dar a los hijos, ellos deben aprender la realidad de la vida: para obtener algo se requiere esfuerzo y trabajo, las cosas no llegan a las manos por arte de magia.

 

Aprender a decir "no"

 

Sabemos que como padres les queremos dar lo mejor a nuestros hijos, y quizá darles lo que nosotros nunca pudimos tener, sin embargo, en vez de hacerles un regalo les estamos haciendo un daño. Si de pequeños los padres les damos todo y les hacemos todo, cuando crezcan pensarán que el mundo se tiene que comportar como sus padres lo hicieron cuando eran pequeños.

 

Es muy constructivo decirles que NO a los hijos de vez en cuando u ojalá algo seguido. Decirles que no les podemos comprar ese juguete, que ya tienen muchos, que valoren los que tienen, que apenas alcanzan a jugar con esos, que miren la cantidad de niños que ni siquiera tienen uno de ellos, que papá y mamá no tienen dinero, que un buen comportamiento en la escuela quizá logre adquirir ese anhelado juguete; son algunos ejemplos.

 

Los niños que son educados con moderación en los elementos materiales, cuando sean adultos serán personas desprendidas, libres, valorarán las personas y no sus cosas, apreciarán el esfuerzo, harán un buen uso del dinero, tendrán buenas relaciones laborales, serán más tolerantes al fracaso, enfrentarán mejor una situación económica difícil, entre muchos otros beneficios.

 

Plan de acción

 

Saquemos provecho de la Navidad para educar, entre otras cosas, en el dominio de los deseos y el compartir con los demás, aquí algunas estrategias prácticas:

 

- Entre los 5 y 6 años, se les puede comenzar a enseñar el manejo del dinero; un uso adecuado y cauteloso.

 

- Estar en contacto con personas de pocos recursos, para que valore lo que tiene y comparta con los más necesitados. Este siempre será el mejor ejercicio para educar en la solidaridad.

 

- Compartir con amigos, primos, compañeros, etc. Invitarlos a casa a jugar con sus cosas, de esta forma aprenderá el desprendimiento y la generosidad.

 

- Cada que llegue un juguete nuevo a casa, deberá salir uno más viejito para un niño que lo necesite. Así por ejemplo después de Navidad, pueden seleccionar junto con el niño, los juguetes que él desea obsequiar.

 

- Enseñarles que compartir nos hace felices, pues de nada sirve tener muchos juguetes y no tener con quien jugar.

 

- Se le debe exigir al hijo el buen trato a los juguetes, hablarles del esfuerzo que papá y mamá tuvieron que hacer para podérselo regalar, y por eso es importante que lo cuiden y no lo pierdan.

 

 

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