LaFamilia.info
01.12.2008
 

La Navidad representa una oportunidad genial para relatar cuentos infantiles a los hijos. Además, los cuentos navideños son parte de la transmisión de la cultura y de valores educativos tan representativos en esta época.

 

El Pino

Allá lejos en el bosque había un pino: ¡qué pequeño y qué bonito era! Tenía un buen sitio donde crecer y todo el aire y la luz que quería, y estaba además acompañado por otros camaradas mayores que él, tantos pinos como abetos. ¡Pero se empeñaba en crecer con tan apasionada prisa!

No prestaba la menor atención al sol ni a la dulzura del aire, ni ponía interés en los niños campesinos que pasaban charlando por el sendero cuando salían a recoger frutillas.

A veces llegaban con una canasta llena, o con unas cuantas ensartadas en una caña, y se sentaban a su lado.

—¡Mira qué arbolito tan lindo! —decían—. Pero al arbolito no le gustaba nada oírles hablar así.

Al año siguiente se alargó hasta echar un nuevo nudo, y un año después, otro más alto aún. Ya se sabe que, tratándose de pinos, siempre es posible conocer su edad por el número de nudos que tienen.

—¡Oh, si pudiera ser tan alto como los demás árboles! —suspiraba—. Entonces podría extender mis ramas todo alrededor y miraría el vasto mundo desde mi copa. Los pájaros vendrían a hacer sus nidos en mis ramas y, siempre que soplase el viento, podría cabecear tan majestuosamente como los otros.

No lo contentaban los pájaros ni el sol, ni las rosadas nubes que, mañana y tarde, cruzaban navegando allá en lo alto.

Cuando venía el invierno y la resplandeciente blancura de la nieve se esparcía por todas partes, era frecuente que algún conejo se acercase dando rápidos brincos y saltase justamente por encima del pinito. ¡Oh, qué humillante era aquello!… Pero pasaron dos inviernos, y al tercero había crecido tanto, que los conejos viéronse forzados a rodearlo. "Sí, crecer, crecer, hacerse alto y mayor; esto es lo importante", —pensaba.

En el otoño siempre venían los leñadores a cortar algunos de los árboles más altos. Todos los años pasaba lo mismo, y el joven pino, que ya tenía una buena altura, temblaba sólo de verlos, pues los árboles más grandes y espléndidos crujían y acababan desplomándose en tierra. Entonces les cortaban todas las ramas, y quedaban tan despojados y flacos que era imposible reconocerlos; luego los cargaban en carretas y los caballos los arrastraban fuera del bosque.

¿Adónde se los llevaban? ¿Cuál sería su suerte?

En la primavera, tan pronto llegaban la golondrina y la cigüeña, el árbol les preguntaba:

—¿Saben ustedes adónde han ido los otros árboles, adónde se los han llevado? ¿Los han visto acaso?

Las golondrinas nada sabían, pero la cigüeña se quedó pensativa y respondió, moviendo la cabeza:

—Sí, creo saberlo. A mi regreso de Egipto encontré un buen número de nuevos veleros; tenían unos mástiles espléndidos, y en cuanto sentí el aroma de los pinos comprendí que eran ellos. ¡Oh, y qué derechos iban!

—¡Cómo me gustaría ser lo bastante grande para volar atravesando el mar! Y dicho sea de paso, ¿cómo es el mar? ¿A qué se parece?

—Sería demasiado largo explicártelo —respondió la cigüeña, y prosiguió su camino.

—Alégrate de tu juventud —dijeron los rayos del sol—; alégrate de tu vigoroso crecimiento y de la nueva vida que hay en ti.

Y el viento besó al árbol, y el rocío lo regó con sus lágrimas. Pero él era aún muy tierno y no comprendía las cosas.

Al acercarse la Navidad los leñadores cortaron algunos pinos muy jóvenes, que ni en edad ni en tamaño podían medirse con el nuestro, siempre inquieto y siempre anhelando marcharse. A estos jóvenes pinos, que eran justamente los más hermosos, les dejaron todas sus ramas. Así los depositaron en las carretas y así se los llevaron los caballos fuera del bosque.

—¿Adónde pueden ir? —se preguntaba el pino—. No son mayores que yo; hasta había uno que era mucho más pequeño. ¿Por qué les dejaron todas sus ramas? ¿Adónde los llevan?

—¡Nosotros lo sabemos, nosotros lo sabemos! —piaron los gorriones—. Hemos atisbado por las ventanas, allá en la ciudad; nosotros sabemos adónde han ido. Allí les esperan toda la gloria y todo el esplendor que puedas imaginarte. Nosotros hemos mirado por los cristales de las ventanas y vimos cómo los plantaban en el centro de una cálida habitación, y cómo los adornaban con las cosas más bellas del mundo: manzanas doradas, pasteles de miel, juguetes y cientos de velas.

—¿Y luego? —preguntó el pino, estremeciéndose en todas sus ramas—. ¿Y luego? ¿Qué pasa luego?

—Bueno, no vimos más —respondieron los gorriones—. Pero lo que vimos era magnífico.

—¡Si tendré yo la suerte de ir alguna vez por tan deslumbrante sendero! —exclamó el árbol con deleite—. Es aun mejor que cruzar el océano. ¡Qué ganas tengo de que llegue la Navidad! Ahora soy tan alto y frondoso como los que se llevaron el año pasado. ¡Oh, si estuviese ya en la carreta, si estuviese ya en esa cálida habitación en medio de ese brillo resplandeciente! ¿Y luego? Sí, luego tiene que haber algo mejor, algo aún más bello esperándome, porque si no, ¿para qué iban a adornarme de tal modo?, algo mucho más grandioso y espléndido. Pero ¿qué podrá ser? ¡Oh, qué dolorosa es la espera! Yo mismo no sé lo que me pasa.

—Alégrate con nosotros —dijeron el viento y la luz del sol— alégrate de tu vigorosa juventud al aire libre.

Pero el pino no tenía la menor intención de seguir su consejo. Continuó creciendo y creciendo; allí se estaba en invierno lo mismo que en verano, siempre verde, de un verde bien oscuro. La gente decía al verlo:

—¡Ése sí que es un hermoso árbol!

Y al llegar la Navidad fue el primero que derribaron. El hacha cortó muy hondo a través de la corteza, hasta la médula, y el pino cayó a tierra con un suspiro, desfallecido por el dolor, sin acordarse para nada de sus esperanzas de felicidad. Lo entristecía saber que se alejaba de su hogar, del sitio donde había crecido; nunca más vería a sus viejos amigos, los pequeños arbustos y las flores que vivían a su alrededor, y quizás ni siquiera a los pájaros. No era nada agradable aquella despedida.

No volvió en sí hasta que lo descargaron en el patio con los otros árboles y oyó a un hombre que decía:

—Éste es el más bello, voy a llevármelo.

Vinieron, pues, dos sirvientes de elegante uniforme y lo trasladaron a una habitación espléndida. Había retratos alrededor, colgados de todas las paredes, y dos gigantescos jarrones chinos, con leones en las tapas, junto a la enorme chimenea de azulejos. Había sillones, sofás con cubiertas de seda, grandes mesas atestadas de libros de estampas y juguetes que valían cientos de pesos, o al menos así lo creían los niños. Y el árbol fue colocado en un gran barril de arena, que nadie habría reconocido porque estaba envuelto en una tela verde, y puesto sobre una alfombra de colores brillantes. ¡Cómo temblaba el pino! ¿Qué pasaría luego? Tanto los sirvientes como las muchachas se afanaron muy pronto en adornarlo. De sus ramas colgaron bolsitas hechas con papeles de colores, cada una de las cuales estaba llena de dulces. Las manzanas doradas y las nueces pendían en manojos como si hubiesen crecido allí mismo, y cerca de cien velas, rojas, azules y blancas quedaron sujetas a las ramas. Unas muñecas que en nada se distinguían de las personas —muñecas como no las había visto antes el pino— tambaleándose entre el verdor, y en lo más alto de todo habían colocado una estrella de hojalata dorada. Era magnífico; jamás se había visto nada semejante.

—Esta noche —decían todos—, esta noche sí que va a centellear. ¡Ya verás!

"¡Oh, si ya fuese de noche!”, pensó el pino. ¡Si ya las velas estuviesen encendidas! ¿Qué pasará entonces?, me pregunto. ¿Vendrán a contemplarme los árboles del bosque? ¿Volarán los gorriones hasta los cristales de la ventana? ¿Echaré aquí raíces y conservaré mis adornos en invierno y en verano?”

Esto era todo lo que el pino sabía. De tanta impaciencia, comenzó a dolerle la corteza, lo que es tan malo para un árbol como el dolor de cabeza para nosotros.

Por fin se encendieron las velas y ¡qué deslumbrante fiesta de luces! El pino se echó a temblar con todas sus ramas, hasta que una de las velas prendió fuego a las hojas. ¡Huy, cómo le dolió aquello!

—¡Oh, qué lástima! —exclamaron las muchachas, y apagaron rápidamente el fuego. El árbol no se atrevía a mover una rama; tenía terror de perder alguno de sus adornos y se sentía deslumbrado por todos aquellos esplendores… De pronto se abrieron de golpe las dos puertas corredizas y entró en tropel una bandada de niños que se abalanzaron sobre el pino como si fuesen a derribarlo, mientras las personas mayores los seguían muy pausadamente. Por un momento los pequeñuelos se estuvieron mudos de asombro, pero sólo por un momento. Enseguida sus gritos de alegría llenaron la habitación. Se pusieron a bailar alrededor del pino, y luego le fueron arrancando los regalos uno a uno.

"Pero, ¿qué están haciendo?”, pensó el pino. ¿Qué va a pasar ahora?"

Las velas fueron consumiéndose hasta las mismas ramas, y en cuanto se apagó la última, dieron permiso a los niños para que desvalijasen al árbol.

Precipitáronse todos a una sobre él, haciéndolo crujir en todas y cada una de sus ramas, y si no hubiese estado sujeto del techo por la estrella dorada de la cima se habría venido al suelo sin remedio.

Los niños danzaron a su alrededor con los espléndidos juguetes, y nadie reparó ya en el árbol, a no ser una vieja nodriza que iba escudriñando entre las hojas, aunque sólo para ver si por casualidad quedaban unos higos o alguna manzana rezagada.

—¡Un cuento, cuéntanos un cuento! —exclamaron los niños, arrastrando con ellos a un hombrecito gordo que fue a sentarse precisamente debajo del pino.

—Aquí será como si estuviésemos en el bosque —les dijo—, y al árbol le hará mucho bien escuchar el cuento. Pero sólo les contaré una historia. ¿Les gustaría el cuento de Ivede-Avede, o el de Klumpe-Dumpe, que aun cayéndose de la escalera subió al trono y se casó con la princesa?

—¡Klumpe-Dumpe! —gritaron algunos, y otros reclamaron a Ivede-Avede. El griterío y el ruido eran tremendos; sólo el pino callaba, pensando:

"¿Me dejarán a mí fuera de todo esto? ¿Qué papel me tocará representar?"

Pero, claro, ya había desempeñado su papel, ya había hecho justamente lo que tenía que hacer.

El hombrecito gordo les contó la historia de Klumpe-Dumpe, que aun cayéndose de la escalera subió al trono y se casó con la princesa. Y los niños aplaudieron y exclamaron:

—¡Cuéntanos otros! ¡Uno más!

Querían también el cuento de Ivede-Avede, pero tuvieron que contentarse con el de Klumpe-Dumpe. El pino permaneció silencioso en su sitio, pensando que jamás los pájaros del bosque habían contado una historia semejante.

"De modo que Klumpe-Dumpe se cayó de la escalera y, a pesar de todo, se casó con la princesa. ¡Vaya, vaya; así es como se progresa en el gran mundo!"., pensaba. “Seguro que tenía que ser cierto si aquel hombrecito tan agradable lo contaba.

Bien, ¿quién sabe? Quizás me caiga yo también de una escalera y termine casándome con una princesa."

Y se puso a pensar en cómo lo adornarían al día siguiente, con velas y juguetes, con oropeles y frutas.

—Mañana sí que no temblaré —se decía—. Me propongo disfrutar de mi esplendor todo lo que pueda. Mañana escucharé de nuevo la historia de Klumpe-Dumpe, y quizás también la de Ivede-Avede.

Y toda la noche se la pasó pensando en silencio.

A la mañana siguiente entraron el criado y la sirvienta.

"Ahora las cosas volverán a ser como deben", pensó el pino.

Mas, lejos de ello, lo sacaron de la estancia y, escaleras arriba, lo condujeron al desván, donde quedó tirado en un rincón oscuro, muy lejos de la luz del día.

"¿Qué significa esto? —se maravillaba el pino—. ¿Qué voy a hacer aquí arriba? ¿Qué cuentos puedo escuchar así?"

Y se arrimó a la pared, y allí se estuvo pensando y pensando… Tiempo para ello tenía de sobra, mientras pasaban los días y las noches. Nadie subía nunca, y cuando por fin llegó alguien fue sólo para amontonar unas cajas en el rincón. Parecía que lo habían olvidado totalmente.

"Ahora es el invierno afuera”, pensaba el pino. “La tierra estará dura y cubierta de nieve, de modo que sería imposible que me plantasen; tendré que permanecer en este refugio hasta la primavera. ¡Qué considerados son! ¡Qué buena es la gente!… Si este sitio no fuese tan oscuro y tan terriblemente solitario!… Si hubiese siquiera algún conejito… ¡Qué alegre era estar allá en el bosque, cuando la nieve lo cubría todo y llegaba el conejo dando saltos! Sí, ¡aun cuando saltara justamente por encima de mí, y a pesar de que esto no me hacía ninguna gracia! Aquí está uno terriblemente solo."

—¡Cuic! —chilló un ratoncito en ese mismo momento, colándose por una grieta del piso; y pronto lo siguió otro. Ambos comenzaron a husmear por el pino y a deslizarse entre sus ramas.

—Hace un frío terrible —dijeron los ratoncitos—, aunque éste es un espléndido sitio para estar. ¿No te parece, viejo pino?

—Yo no soy viejo —respondió el pino—. Hay muchos árboles más viejos que yo.

—¿De dónde has venido? —preguntaron los ratones, pues eran terriblemente curiosos—, ¿qué puedes contarnos? Háblanos del más hermoso lugar de la tierra. ¿Has estado en él alguna vez? ¿Has estado en la despensa donde los quesos llenan los estantes y los jamones cuelgan del techo, donde se puede bailar sobre velas de sebo y el que entra flaco sale gordo?

—No —respondió el pino—, no conozco esa despensa, pero en cambio conozco el bosque donde brilla el sol y cantan los pájaros.

Y les habló entonces de los días en que era joven. Los ratoncitos no habían escuchado nunca nada semejante, y no perdieron palabra.

—¡Hombre, mira que has visto cosas! —dijeron—. ¡Qué feliz habrás sido!

—¿Yo? —preguntó el pino, y se puso a considerar lo que acababa de decir—. Sí, es cierto; eran realmente tiempos muy agradables.

Y pasó a contarles lo ocurrido en Nochebuena, y cómo lo habían adornado con pasteles y velas.

—¡Oooh! —dijeron los ratoncitos—. ¡Sí que has sido feliz, viejo pino!

—Yo no tengo nada de viejo —repitió el pino—. Fue este mismo invierno cuando salí del bosque. Estoy en plena juventud: lo único que pasa es que, por el momento, he dejado de crecer.

—¡Qué lindas historias cuentas! —dijeron los ratoncitos. Y a la noche siguiente regresaron con otros cuatro que querían escuchar también los relatos del pino. Mientras más cosas contaba, mejor lo iba recordando todo, y se decía:

—Aquellos tiempos sí que eran realmente buenos; pero puede que vuelvan otra vez, puede que vuelvan… Klumpe-Dumpe se cayó de la escalera y, aun así, se casó con la princesa; quizás a mí me pase lo mismo.

Y justamente entonces el pino recordó a una tierna y pequeña planta de la familia de los abedules que crecía allá en el bosque, y que bien podría ser, para un pino, una bellísima princesa.

—¿Quién es Klumpe-Dumpe? —preguntaron los ratoncitos. Y el pino les contó toda la historia, pues podía recordar cada una de sus palabras; y los ratoncitos se divirtieron tanto que querían saltar hasta la punta del pino de contentos que estaban. A la noche siguiente acudieron otros muchos ratones, y, el domingo, hasta se presentaron dos ratas. Pero éstas declararon que el cuento no era nada entretenido, y esto desilusionó tanto a los ratoncitos, que también a ellos empezó a parecerles poco interesante.

—¿Es ése el único cuento que sabes? —preguntaron las ratas.

—Sí, el único —respondió el pino—. Lo oí la tarde más feliz de mi vida, aunque entonces no me daba cuenta de lo feliz que era.

—Es una historia terriblemente aburrida. ¿No sabes ninguna sobre jamones y velas de sebo? ¿O alguna sobre la despensa?

—No —dijo el pino.

—Bueno, entonces, muchas gracias —dijeron las ratas, y se volvieron a casa.

Al cabo también los ratoncitos dejaron de venir, y el árbol dijo suspirando.

—Era realmente agradable tener a todos esos simpáticos y ansiosos ratoncitos sentados a mi alrededor, escuchando cuanto se me ocurría contarles. Ahora esto se acabó también… aunque lo recordaré con gusto cuando me saquen otra vez afuera.

Pero, ¿cuándo sería esto? Ocurrió una mañana en que subieron la gente de la casa a curiosear en el desván. Movieron de sitio las cajas y el árbol fue sacado de su escondrijo. Por cierto que lo tiraron al suelo con bastante violencia, y, enseguida, uno de los hombres lo arrastró hasta la escalera, donde brillaba la luz del día.

"¡La vida comienza de nuevo para mí!", pensó el árbol. Sintió el aire fresco, los primeros rayos del sol… y ya estaba afuera, en el patio. Todo sucedió tan rápidamente, que el árbol se olvidó fijarse en sí mismo. ¡Había tantas cosas que ver en torno suyo! El patio se abría a un jardín donde todo estaba en flor.

Fresco y dulce era el aroma de las rosas que colgaban de los pequeños enrejados; los tilos habían florecido y las golondrinas volaban de una parte a otra cantando:

—¡Quirre-virre-vit, mi esposo ha llegado ya! —pero, es claro, no era en el pino en quien pensaban.

—¡Esta sí que es vida para mí! —gritó alegremente, extendiendo sus ramas cuanto pudo. Pero, ¡ay!, estaban amarillas y secas y se vio tirado en un rincón, entre ortigas y hierbas malas. La estrella de papel dorado aún ocupaba su sitio en la cima y resplandecía a la viva luz del sol.

En el patio jugaban algunos de los traviesos niños que por Nochebuena habían bailado alrededor del árbol, y a quienes tanto les había gustado. Uno de los más pequeños se le acercó corriendo y le arrancó la reluciente estrella dorada.

—¡Mira lo que aún quedaba en ese feo árbol de Navidad! —exclamó, pisoteando las ramas hasta hacerlas crujir bajo sus zapatos.

Y el árbol miró la fresca belleza de las flores en el jardín, y luego se miró a sí mismo, y deseó no haber salido jamás de aquel oscuro rincón del desván.

Recordó la frescura de los días que en su juventud pasó en el bosque, y la alegre víspera de Navidad, y los ratoncitos que con tanto gusto habían escuchado la historia de Klumpe-Dumpe.

—¡Todo ha terminado! —se dijo—. ¡Lástima que no haya sabido gozar de mis días felices! ¡Ahora, ya se fueron para siempre!

Y vino un sirviente que cortó el árbol en pequeños pedazos, hasta que hubo un buen montón que ardió en una espléndida llamarada bajo la enorme cazuela de cobre. Y el árbol gimió tan alto que cada uno de sus quejidos fue como un pequeño disparo. Al oírlo, los niños que jugaban acudieron corriendo y se sentaron junto al fuego; y mientras miraban las llamas, gritaban: "¡pif!, ¡paf!", a coro. Pero a cada explosión, que era un hondo gemido, el árbol recordaba un día de verano en el bosque, o una noche de invierno allá afuera, cuando resplandecían las estrellas. Y pensó luego en la Nochebuena y en Klumpe-Dumpe, el único cuento de hadas que había escuchado en su vida y el único que podía contar… Y cuando llegó a este punto, ya se había consumido enteramente.

Los niños seguían jugando en el patio. El más pequeño se había prendido al pecho la estrella de oro que había coronado al pino la noche más feliz de su vida. Pero aquello se había acabado ya, igual que se había acabado el árbol, y como se acaba también este cuento. ¡Sí, todo se acaba, como les pasa al fin a todos los cuentos!

 

***

 

Regalo de Navidad

Esa mañana caminaba por la casa investigándolo todo, con su larga cola peluda y sus ojos almendrados, Faraón un gato persa café, se disponía a aprovechar la ausencia de sus amos para robarse un adorno del árbol de pascua con el que jugar esa tarde, le encantaban las cosas brillantes.

Ese día de navidad en esa acomodada casa, el árbol estaba lleno de paquetes de regalos y guirnaldas de colores que llamaron la atención de faraón, quien empezó a jugar entre los paquetes. Una cajita llamó la atención del gato, por sus colores brillantes, y empezó a despedazar el papel con sus garras y dientes, para ver qué había adentro. Después de largo rato dio con el interior, encontrando un hermoso anillo de diamantes. Muy feliz lo tomó con sus dientes y salió a jugar con él a la calle, encaramándose en el techo, y corriendo por largo rato con el anillo en sus dientes, se alejó muchas cuadras por los tejados, y siguió jugando, hasta que el anillo se le escapó rodando por las tejas y cayendo justo frente de una mujer que pasó por la calle caminando muy triste y con la mirada pegada en el suelo.

La mujer tomó el anillo y lo encontró muy hermoso, no le dio mucha importancia pensando que era solo una baratija; luego se encaminó hacia su casa, pasando por enfrente de una casa de empeño; preguntó si el anillo tenía algún valor, solo por curiosidad.

-Le podría dar siento cincuenta mil, por el anillo ahora, contestó el viejo que atendía el lugar, después de mirarlo con una lupa y pasarle unos líquidos.

La mujer sin pensarlo mucho aceptó y luego muy contenta entró a un supermercado y compró muchas cosas ricas para comer, las cuales llevaría a su humilde hogar para la noche de navidad. En la casa la esperaban tres niños chicos que veían tele, y se pusieron muy contentos al ver a la madre llegar con tanta cosa, incluso traía un pequeño árbol de plástico y luces y adornos.

La madre miró a sus hijos muy felices, y dio gracias a Dios, ya que esa noche de no haber sido por el anillo, no hubieran tenido que comer.

Arreglaron una gran mesa, e invitaron a otros diez niños de esa vecindad, a pasar la noche con ellos. Comieron una rica cena e incluso cada niño tuvo un gatito chiquito de peluche de regalo, muy barato pero muy interesante para alguien que nunca tiene regalos.

Los niños cantaron rieron y se olvidaron por largo rato de su miseria. Al otro día cuando la gente le dio las gracias, preguntaron a la mujer de dónde había sacadp el dinero para todo esto.

Ella respondió mirando al cielo:

- No fueron los hombres, ni las multitiendas, ni el viejo pascuero sobre renos voladores, fue simplemente el cariño de alguien a quien le merecemos la pascua pero que siempre lo olvidamos… Dios me lo dejó caer.

Fuente: portal.bibliotecasvirtuales.com

Por LaFamilia.info

 

navidadymodales2016Foto: Freepik

 

En esta época donde abundan las reuniones sociales, cenas y celebraciones religiosas, los padres han de prestar especial atención a las buenas maneras que sus hijos presentan en este tipo de escenarios, los cuales involucran el acato de las normas de urbanidad y la adecuada interacción con otros.

 

Como ya se ha mencionado en entregas anteriores, las buenas maneras son la expresión de lo mejor que hay en nosotros para darnos a los demás, como una muestra de respeto y atención, ubicándonos ambas partes en el mismo nivel y dándole a entender al otro que es tan valioso como lo soy yo. Además, expresan el nivel de conciencia que tenemos hacia la dignidad de los otros.

 

Es por eso, que una época tan maravillosa como ésta, no puede estar despojada de los modales, que no son otra cosa que la expresión de paz, armonía y amor; banderas de la Navidad. Los siguientes son algunos de los espacios propios de estas festividades, donde tanto grandes como chicos, debemos sacar a relucir la buena educación.

 

Los buenos modales en la mesa

 

Un indicador de la crianza de un niño es la forma como se comporta en la mesa. El ejemplo y las costumbres sanas a la hora de comer, son determinantes en los buenos modales de los hijos. Repase con ellos cada uno de los siguientes puntos:

 

- A no ser de que sea un niño pequeño que apenas comienza a utilizar los cubiertos, siempre se deben usar el cuchillo y el tenedor para comer, no las manos.


- La comida es para llevar a la boca, no para jugar, por eso no se hacen bolitas con las migas de pan, ni nada parecido.


- A nadie le interesa ver ni oír lo que sucede dentro de la boca, por eso se debe masticar con la boca cerrada. Esto incluye no hablar mientras se esté comiendo.


- Se debe comer despacio, con calma, disfrutando de los sabores que se están saboreando y de la conversación que marcha en la mesa.


- No llenar la boca de comida, pequeños bocados es más apropiado.


- La postura en la mesa es clave; la espalda recta, los codos abajo, las manos a lado y lado del plato.


- Ya sea en el restaurante o en una casa, siempre hay que agradecer a quien nos sirve los alimentos y no está de más una frase halagadora “estaba exquisito, gracias”.


- Si la comida no es de tipo buffet (autoservicio) siempre debemos esperar a que todos estén servidos antes de comenzar a comer.


- La comida debe permanecer en el plato, no desparramada por toda la mesa. Se le puede enseñar a los niños a usar un pequeño trozo de pan para ayudarse.


- Si queremos algún alimento u objeto que está en la mesa pero nos es imposible de alcanzar, es mejor pedirlo a quien está más cerca, en lugar de estirarse para lograrlo.

 

Modales en las celebraciones religiosas

 

Durante la Navidad asistimos a varias celebraciones alrededor de esta fiesta litúrgica, en todas ellas, debe haber total disposición hacia lo que verdaderamente celebramos: el nacimiento del Niño Jesús. Estar dispuestos también significa cuidar la forma de vestir, la puntualidad y la conducta en estos rituales.

 

Asimismo, desde las primeras edades de los hijos, se les debe inculcar el respeto por el templo sagrado. Mientras estamos en las ceremonias no se debe comer, ni hablar, ni quitarse los zapatos, ni recostarse en las bancas de la iglesia, pues es un momento para hablar con Dios y prestar atención a su Palabra.

 

Las misas de niños pueden ayudar a capturar el interés y facilitar la comprensión de los más chicos.

 

En el rol de invitados y anfitriones

 

Las tertulias caseras que se realizan en torno a la Navidad o fin de año, admiten un protocolo informal; lo que quiere decir que, aunque el trato sea más cálido, también hay unas normas básicas qué seguir.

 

Invitar amigos y familiares a casa es una experiencia agradable para muchas personas y así hay que transmitirlo a los hijos, para que sean los mejores representantes de la hospitalidad y de ese “calor de hogar” que queremos emitir a los invitados. En los niños el hecho de ser anfitriones, les ayuda a desarrollar la generosidad, la tolerancia, la humildad, entre otros valores, sobre todo cuando los invitados son chicos de edades semejantes.

 

En el rol de invitados, padres e hijos deben demostrar respeto por las personas que amablemente han abierto las puertas de su hogar. Las palabras “gracias”, “por favor”, “podría”, deben estar siempre presentes. En el caso de los bebés, los padres deben estar al pie de ellos, cuidando que no dañen objetos que puedan estar a su alcance.

 

Por supuesto todo lo dicho en párrafos anteriores, va muy ligado al ejemplo que como padres se demuestre. Recordemos que la imitación es una de las estrategias más efectivas para enseñar los buenos modales, no hay mejor ejercicio que los niños observen al resto de la familia, para darse cuenta del buen comportamiento en los diferentes contextos. Las actuaciones de los adultos siempre están bajo la mirada de los pequeños, ¡así que mucho cuidado!

 

 
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El nombre de Halloween se deriva de "All Hallows Eve" o "Víspera del día de todos los santos" y se celebra la noche del 31 de octubre. Viene de los ritos de los Druidas (sacerdotes de las tribus europeas Celtas) para celebrar el día en que Samán, el dios de los muertos, invocaba a los malos espíritus a reunirse la última noche del mes de octubre para examinar los acontecimientos del futuro.

 

Gradualmente la fiesta del inicio del otoño adquirió un carácter siniestro. Se creía que ese día salían a rondar fantasmas, hadas, brujas, demonios y duendes. Asimismo, se creía que Halloween era el día más apropiado para todo tipo de adivinaciones acerca del matrimonio, suerte, salud y muerte. Este era el día en el que los paganos invocaban la ayuda del diablo para esos propósitos.

 

A finales del siglo XIX inmigrantes irlandeses introdujeron la fiesta de Halloween en Estados Unidos, país donde los comerciantes la convirtieron en una ocasión para la ganancia económica por la venta de dulces, disfraces, tarjetas, posters, etc.

 

Costumbres y símbolos

 

Los disfraces

Europa sufrió durante un largo período de tiempo la plaga bubónica o "peste bubónica" (también conocida como la "muerte negra") la cual aniquiló a casi la mitad de la población. Esto creó un gran temor a la muerte y una enorme preocupación por ésta. Se multiplicaron las misas en la fiesta de los Fieles Difuntos y nacieron muchas representaciones satíricas que le recordaban a la gente su propia mortalidad.

 

Estas representaciones eran conocidas como la Danza de la Muerte. Dado el espíritu burlesco de los franceses, en la víspera de la fiesta de los Fieles Difuntos, se adornaban los muros de los cementerios con imágenes en las que se representaba al diablo guiando una cadena de gente: Papas, reyes, damas, caballeros, monjes, campesinos, leprosos, etc…, y los conducía hacia la tumba. Estas representaciones eran hechas también a base de cuadros plásticos, con gente disfrazada de personalidades famosas y en distintas etapas de la vida, incluida la muerte a la que todos debían de llegar.

 

De estas representaciones con disfraces, se fue estableciendo la costumbre de caracterizarse durante estas fechas.

 

Obsequio o truco

 

La tradición del "obsequio o truco" (Trick or Treat) tiene su origen en la persecución que hicieron los protestantes en Inglaterra (1500-1700) contra los católicos. En este período, los católicos no tenían derechos legales. No podían ejercer ningún puesto público y eran acosados con multas, impuestos elevados y hasta cárcel. El celebrar misa era una ofensa capital y cientos de sacerdotes fueron martirizados.

 

Un incidente producto de esta persecución y de la defensa del catolicismo fue el intento de asesinar al rey protestante Jaime I utilizando pólvora de cañón. Era un levantamiento católico contra los opresores. Sin embargo el "Gunpowder Plot" fue descubierto cuando el que cuidaba la pólvora fue capturado y, tras hacerle confesar, terminó en la horca. Esto muy pronto se convirtió en una gran celebración en Inglaterra (incluso hasta nuestros días). Muchas bandas de protestantes, ocultos con máscaras, celebraban esta fecha (los primeros días de noviembre) visitando a los católicos de la localidad y exigiéndoles cerveza y comida para su celebración amenazándolos. Con el tiempo, llegó a las colonias de Norteamérica esta tradición que se fue uniendo al halloween.

 

La calabaza

 

Según una antigua leyenda irlandesa un hombre llamado Jack había sido muy malo y no podía entrar en el cielo. Tampoco podía ir al infierno porque le había jugado demasiados trucos al demonio. Tuvo por eso que permanecer en la tierra vagando por los caminos, con una linterna a cuesta. Esta linterna primitiva se hace vaciando un vegetal y poniéndole dentro un carbón encendido. Jack entonces se conocía como "Jack of the Lantern" (Jack de la Linterna) o, abreviado, Jack-o-'Lantern. Para ahuyentar a Jack-o-'Lantern, la gente supersticiosa ponía una linterna similar en la ventana o frente a la casa. Cuando la tradición se popularizó en USA, el vegetal con que se hace la linterna comenzó a ser una calabaza la cual es parte de las tradiciones supersticiosas de halloween. Para producir un efecto tenebroso, la luz sale de la calabaza por agujeros en forma del rostro de una calavera o bruja.

 

Podemos entonces darnos cuenta de que el halloween también conforma una combinación de tradiciones, particularmente negativas, que los inmigrantes llevaron a los Estados Unidos; tradiciones que fueron atenuándose poco a poco en Europa pero que se preservaron por la cultura anglosajona establecida en América.

 

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20.12.2007

 

 

Ya que el primer domingo después de la Navidad se celebra el día de la Sagrada Familia, publicamos apartes del texto ‘La Sagrada familia, modelo de fe y de fidelidad’ (Meditación dominical de S.S. Juan Pablo II, diciembre de 1997).

 

“Como en el belén, la mirada de fe nos permite abrazar al mismo tiempo al Niño divino y a las personas que están con él: su Madre santísima, y José, su padre putativo. ¡Qué luz irradia este icono de grupo de la santa Navidad!

 

Luz de misericordia y salvación para el mundo entero, luz de verdad para todo hombre para la familia humana y para cada familia. ¡Cuán hermoso es para los esposos reflejarse en la Virgen María y en su esposo José! ¡Cómo consuela a los padres especialmente si tienen un hijo pequeño! ¡Cómo ilumina a los novios que piensan en sus proyectos de vida!

 

El hecho de reunirnos ante la cueva de Belén para contemplar en ella a la Sagrada Familia, nos permite gustar de modo especial el don de la intimidad familiar y nos impulsa a brindar calor humano y solidaridad concreta en las situaciones por desgracia numerosas en las que por varios motivos falta la paz, falta la armonía, en una palabra, falta la "familia".

 

El mensaje que viene de la Sagrada Familia es ante todo un mensaje de fe: la casa de Nazareth es una casa en la que Dios ocupa verdaderamente un lugar central. Para María y José esta opción de fe se concreta en el servicio al Hijo de Dios que se le confió, pero se expresa también en su amor recíproco, rico en ternura espiritual y fidelidad.

 

María y José enseñan con su vida que el matrimonio es una alianza entre el hombre y la mujer, alianza que los compromete a la fidelidad recíproca, y que se apoya en la confianza común en Dios. Se trata de una alianza tan noble, profunda y definitiva, que constituye para los creyentes el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia.

 

La fidelidad de los cónyuges es, a su vez, como una roca sólida en la que se apoya la confianza de los hijos. Cuando padres e hijos respiran juntos esa atmósfera de fe, tienen una energía que les permite afrontar incluso pruebas difíciles, como muestra la experiencia de la Sagrada Familia.".

 
Por LaFamilia.info 

 

20152610HalloweenFoto: FreeImages 

 

Entrando el mes de octubre se espera la fiesta del Halloween. Los comercios lucen adornos de color naranja y negros, se ven dibujos de brujas, demonios, fantasmas, y monstruos; se preparan fiestas de disfraces, las cuales los niños esperan con ansias. Pero, ¿conocemos el origen del Halloween? ¿Qué significado tiene esta fiesta? ¿Estamos celebrando algo que va en contra de nuestros valores y se lo estamos transmitiendo a los hijos? 

 

Un origen oscuro

 

Es importante conocer un poco su origen para darnos cuenta qué celebramos en realidad. El nombre de Halloween se deriva de "All Hallows Eve" o "Víspera del día de todos los santos" y se celebra la noche del 31 de octubre. Viene de los ritos de los Druidas (sacerdotes de las tribus europeas Celtas) para celebrar el día en que Samán, el dios de los muertos, invocaba a los malos espíritus a reunirse la última noche del mes de octubre para examinar los acontecimientos del futuro.

 

Gradualmente la fiesta del inicio del otoño adquirió un carácter siniestro. Se creía que ese día salían a rondar fantasmas, hadas, brujas, demonios y duendes. Asimismo, se creía que Halloween era el día más apropiado para todo tipo de adivinaciones acerca del matrimonio, suerte, salud y muerte. Este era el día en el que los paganos invocaban la ayuda del diablo para esos propósitos.


A finales del siglo XIX inmigrantes irlandeses introdujeron la fiesta de Halloween en Estados Unidos, país donde los comerciantes la convirtieron en una ocasión para la ganancia económica por la venta de dulces, disfraces, tarjetas, posters, etc.

 

Por tanto, conscientes de que todo lo relacionado con brujos y el demonio es abominación contra Dios, "celebraciones" como la del Halloween no son agradables ante Sus ojos. Es necesario que entendamos que un brujo es un servidor del diablo. Sólo se celebra lo que se admira o se quiere. Por esto no es lógico que celebremos algo que atenta contra nosotros.

 

Una mejor alternativa: El Día de los Niños

 

Partiendo entonces de un panorama tan oscuro y colmado de fuerzas negativas como es el Halloween, se propone mejor que el 31 de octubre se celebre el Día de los Niños. Algunas ideas para hacer de esta una celebración familiar con un sentido diferente:

 

- Busca para tus hijos disfraces de animalitos o personajes infantiles. Evita aquellos de zombies, brujos, monstruos, y los que incluyan juguetes bélicos.

 

- Diversión y juego. Este día debe ser un espacio para lo mejor que los niños pueden hacer: jugar. Prepara algunas actividades para este día.

 

- Evita en casa las decoraciones tenebrosas. Si tu hijo pregunta por qué en casa de su amigo sí hay arañas, fantasmas y brujos, explícale en términos comprensibles las razones de esta decisión. Los niños entienden perfectamente las explicaciones de sus padres. 

 

  • - Una ocasión para dar y compartir. Así como ellos recibirán dulces o regalos, invita a tus hijos para que en este día compartan con niños necesitados. Pueden ser juguetes o ropa que ya no utilicen.  

 

No permitamos que la sociedad de consumo nos lleve a vivir cosas que van en contravía de nuestros valores.

 

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LaFamilia.info
15.09.2008

Fechas internacionales del Día de Amor y Amistad

País

Nombre

Fecha

Argentina

Día de los novios
Día de la Primavera

21 de septiembre

Bolivia

Día de la Primavera y el Amor o Día del Estudiante

21 de septiembre

Brasil

Dia dos Namorados

12 de Junio

Chile

Día de los enamorados

14 de febrero

Colombia

Día del Amor y la Amistad

Tercer sábado de septiembre

Costa Rica

Día de los enamorados

14 de febrero

Ecuador

Día de los enamorados

14 de febrero

España

Día de los enamorados

14 de febrero

EEUU

Día de San Valentín

14 de febrero

Guatemala

Día del Amor y la Amistad
Día del Cariño

14 de febrero

Honduras

Día de los enamorados

14 de febrero

México

Día del Amor y la Amistad

14 de febrero

Panamá

Día de los enamorados

14 de febrero

Paraguay

Día de los enamorados

14 de febrero

Perú

Día del Amor y la Amistad

14 de febrero

República
Dominicana

Día del Amor y la Amistad

14 de febrero

Uruguay

Día de los enamorados

21 de septiembre

Venezuela

Día del Amor y la Amistad

14 de febrero

LaFamilia.info
20.12.2007
 

Aunque algunos países celebran la Noche Buena (la noche del 24 de diciembre) más que el día de la Navidad (25 de diciembre), ambas fechas son válidas para festejar con “bombos y platillos” la llegada de Nuestro Señor a nuestro hogar.

Y para celebrarlo, qué mejor que un gran festejo familiar. La entrega de los aguinaldos alrededor del árbol, el rezo de la novena acompañada de cantos de villancicos en los que niños y grandes alaban la llegada del Niño Jesús y luego… una gran cena navideña.

 

Haga de la cena una experiencia familiar

La cena de navidad es la reunión familiar más significativa del año. La mesa es un escenario ideal para que la familia fortalezca sus lazos y enriquece la convivencia y las memorias que forman parte de la historia familiar.

Ese día los alimentos adquieren formas divertidas, colores extraños y sabores deliciosos. Si este año desea que los niños participen su elaboración, comiéncelos a motivar desde ya e involúcrelos en la planeación. Algunos acompañamientos y postres pueden ser hechos con anterioridad y esta es una buena manera de reemplazar el televisor por una actividad lúdica como es la cocina.

 

Así que tenga en cuenta las siguientes ideas para mantener el interés de los chicos en la cena navideña:

  • Déle a cada niño una responsabilidad.
  • Vaya al mercado con ellos para que todo el proceso sea una experiencia de grupo. Desde las compras, hasta la preparación.
  • Comience con los platos que usted sabe que les encanta. ¿Les apasiona la mermelada de mora o las galletas de mantequilla? Pues que sea esta la primera receta en prepararse.
  • Ponga toda la ceremonia y el ritual que necesita la cena y hágalos sentir importantes por toda su ayuda.
  • No los critique si el plato no sale perfecto. Al contrario, motívelos.

 

En el arreglo de la mesa de la cena navideña también debe ponerse todo el empeño y los chicos pueden ayudar no solo recolectando materiales naturales para su ensamble (ramas de pino o las típicas piñas del pino) sino armándolos y ubicándolos en la mesa. Una linda idea es elaborar un pequeño arreglo en el puesto de cada comensal.

LaFamilia.info
15.10.2010
 

 

¿Estamos consientes de todo lo que está envuelto en esta costumbre? La fiesta de los Druidas originó no solamente lo que hoy conocemos como halloween. Muchos grupos "neo paganos", satanistas y ocultistas han tomado el 31 de octubre como la fecha más importante de su calendario. El originario "Samhain" es llamado hoy día el "Festival de la muerte" y es reconocido por todos los satanistas, ocultistas y adoradores del diablo como víspera del año nuevo para la brujería.

 

Anton LaVey, autor de "La biblia satánica" y sumo sacerdote de la iglesia de satanás, dice que el día más importante para los seguidores del maligno es el de halloween. LaVey dice que en esta noche los poderes satánicos ocultos y de brujería están a su nivel de potencia más alto, y que cualquier brujo u ocultista que haya tenido dificultad con un hechizo o maldición, normalmente puede tener éxito el 31 de octubre, porque satanás y sus poderes están en su punto más fuerte esta noche. Estos seguidores del príncipe de la mentira aseguran que durante la noche de halloween los ángeles caídos, así como toda clase de espíritus malignos, recorren el mundo entero.

 

Por otra parte el 31 de octubre, de acuerdo con la enciclopedia "World Book", el halloween es la víspera del año nuevo para la brujería y dice que es el principio de todo lo que es "frío, oscuro y muerto".

 

El halloween está directamente ligado al ocultismo. Es un hecho registrado y documentado que en la noche del 31 de octubre en Irlanda, Estados Unidos y muchos países de hispanoamérica se realizan misas negras, cultos espiritistas y otras reuniones relacionados con el mal y el ocultismo.

 

Ante un análisis superficial, es evidente la connotación negativa de las imágenes con que se "adornan" tarjetas, afiches, pegatinas así como disfraces y toda la parafernalia que rodea al halloween. Salta a simple vista que el mensaje de amor, caridad, paz y esperanza, se haya totalmente divorciado de estas imágenes sangrientas, que retratan a brujas, hechiceras, muertos andantes, vampiros y demás engendros que nada tienen de constructivo. Es, por sí misma, una "celebración" del ocultismo.

 

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LaFamilia.info
17.09.2008

 

Esta es una fecha para expresar a esas personas maravillosas que acompañan nuestra vida, el sentimiento de aprecio y gratitud por el regalo que significa su amistad. Los siguientes poemas son un buen regalo en esta celebración.

 

Un amigo es...

Lazo que une pero no ata. 
Estrella que guía pero no encandila. 
Árbol que acoge pero no encierra. 
Torrente que sacia pero no ahoga. 
Brisa que alienta pero no adormece. 
Piedra que sostiene pero no aplasta. 
Mirada que examina pero no juzga. 
Silencio que recibe pero no abruma. 
Cadena que sujeta pero no esclaviza. 
Palabra que previene pero no aflige. 
Crisol que templa pero no envilece. 
Hermano que corrige pero no apena. 
Manto que cubre pero no asfixia. 
Lima que pule pero no hiere. 
Música que armoniza pero no uniforma. 
Mano que acompaña pero no fuerza. 
Oasis que reconforta pero no detiene. 
Corazón que ama pero no reclama. 
Ternura que protege pero no avasalla.

***

 

Tu amiga fiel

Cuando estés perdido bajo un cielo triste y gris

y nada, nada te haga feliz, 
pon tu pensamiento en mí y nómbrame sin más, 
recuerda que siempre tendrás mi amistad. 
Háblame, búscame y al lugar que quieras iré, 
a tu lado, allí estaré. 
Todo lo que tienes que hacer es sentir que no te olvidé, 
soy tu amiga, sí, tu amiga fiel.

Cuando estés vencido y en ti no encuentres paz 
y al dolor te entregues por los demás, 
mira dentro tuyo y allí me encontrarás, 
soy esa pequeña luz de amistad. 
Háblame, búscame, y al lugar que quieras iré, 
a tu lado siempre, allí estaré. 
La distancia no existirá para este cariño jamás 
soy tu amiga, sí, tu amiga.

Ya sabes que en mi alma tienes lugar 
un puerto donde llegar, abierto para tus sueños, 
tus penas y sentimientos, y yo te lo ofrezco. 
Háblame, búscame, y al lugar que quieras iré, 
a tu lado siempre, allí estaré. 
Todo lo que tienes que hacer es sentir que no te olvidé, 
soy tu amiga, sí, tu amiga fiel.

***

Creo en ti amigo

Creo en ti amigo: 
Si tu sonrisa es como un rayo de luz 
que alegra mi existencia.

Creo en ti amigo: 
Si tus ojos brillan de alegría al encontrarnos.

Creo en ti amigo: 
Si compartes mis lágrimas y 
sabes llorar con los que lloran.

Creo en ti amigo: 
Si tu mano está abierta para dar y 
tu voluntad es generosa para ayudar.

Creo en ti amigo: 
Si tus palabras son sinceras y 
expresan lo que siente tu corazón.

Creo en ti amigo: 
Si sabes comprender bondadosamente mis debilidades y 
me defiendes cuando me calumnian.

Creo en ti amigo: 
Si tienes valor para corregirme amablemente.

Creo en ti amigo: 
Si sabes orar por mí, 
y brindarme buen ejemplo.

Creo en ti amigo: 
Si tu amistad me lleva a amar más a Dios 
y a tratar mejor a los demás.

Creo en ti amigo: 
Si no te avergüenzas de ser mi amigo 
en las horas tristes y amargas.

***

 

Gracias por tu amistad

Gracias por todos los momentos 
que hemos compartido 
momentos llenos de sentimientos 
y pensamientos compartidos, 
sueños y anhelos, 
secretos, risas y lágrimas, 
y sobre todo, amistad. 
Cada preciado segundo quedará atesorado 
eternamente en mi corazón.

Gracias por dedicarme tiempo 
tiempo para demostrar tu preocupación por mí, 
tiempo para escuchar mis problemas 
y ayudarme a buscarles solución, 
y sobre todo, 
tiempo para sonreír y mostrarme tu afecto.

Gracias por ser lo que eres 
una persona maravillosa. 
Pude contar contigo 
cuando necesitaba en quien confiar 
y pedir consejo. 
Gracias a ti comencé 
a conocerme 
e incluso a apreciar lo que soy.

¿Cómo podré expresarte 
todo el cariño que te tengo? 
Muchas gracias por tu amistad.

***

 

El valor de un `Te Quiero´

Te quiero decir muchas cosas por medio de esta carta 
y sinceramente te las mereces... 
TU AMISTAD VALE MUCHO!

Te quiero decir que si mañana dejo de existir, 
te observaré en el cielo, te cuidaré y, sobre todo, 
abogaré por aminorar tu sufrimiento.

Te quiero decir que si dejas este mundo, 
Dios no lo quiera, te recordaré y siempre te voy a querer, 
cada noche hablaré contigo.

Quiero que sepas que te quiero mucho 
y eso es algo muy importante para mí, 
ya que hay veces que uno cree 
que no es conveniente decirlo por cualquier razón.

Sé que debí decirte antes cuánto te aprecio, 
pero si por alguna razón no nos volvemos a ver, 
te dejo esta nota para que sepas lo mucho que te quiero.

Y si no alcanzaste a decírmelo y yo dejo de existir, 
no te preocupes, que por el simple hecho de nuestra amistad 
sabré que me aprecias.

Recuerda que nunca sabemos cuándo dejamos de existir, 
por eso quiero decirte hoy con esto 
¡Que te aprecio mucho!

 

Fuente: poemas-del-alma.com