Blogs LaFamilia.info - 06.05.2014

 

El otro día mi hijo mayor me comentó sobre su próximo cumpleaños. Me dice: -¡Mama! me gustaría hacer mi cumpleaños en el zoológico.

-Yo le respondo: Imposible hijo invitar a todos tus amigos al zoológico.
- Si yo se mamá, solo pensaba. Bueno ¿y que tal si hacemos una misa y luego una fiesta con el padre que es nuestro amigo? - Pregunta mi hijo-
-¿Misa en tu cumpleaños? mi esposo y yo quedamos mudos.


Fue ahí cuando descubrí que para mi hijo la misa ya es parte de su vida y que es Dios quien actúa en el de manera diferente a como los adultos esperamos.

 

mamaehijaorando

Hace días vengo preguntándome cómo bajarle el ritmo al agite de mi vida. Desde el domingo en la noche tengo listas de cosas pendientes por hacer durante la semana. Lista del mercado, de aseo de la casa, de llamadas por hacer o emails por escribir. En medio de mis listas reflexiono y le pregunto a Dios: ¿cómo puedo escuchar tu voz en medio de tanto corre-corre y bullicio exterior?

 

"Es ahí cuando descubro que Dios me habla todos los días a través de mis hijos y que son ellos los que paradójicamente me recuerdan que Dios se hizo niño por nosotros"

 

Trato muchas veces de buscar a Dios en mi oración de la mañana, la cual siempre es agitada y torpe. Otras veces lo busco en mi oración de la noche la cual suele ser repetitiva y sin sentido. Pero cuando decido detenerme a jugar con mis hijos o simplemente a observar sus ocurrencias es cuando percibo mas claramente el rostro de Dios en mi vida.

 

Mi hija menor esta aprendiendo a hablar. El otro día me senté a leerle un cuento. Cuando lo terminé, me miro, me puso la boca para darme un besito y me dijo: TE AMO. Era la primera vez que esta palabra salía de sus labios. Sentí no sólo el amor de ella, sino también el de Dios a través de mi hija.

 

Si bien la Eucaristía es parte esencial de nuestra vida de fe, puedo confesar que durante estos 6 años que he ido a misa con niños pequeños más de la mitad de las veces no he escuchado la homilía y si bien sé que Jesús está ahí presente, es cuando salgo de ella cuando percibo lo que el hace por mi familia.

 

Cuando pasa una ambulancia por la casa, mi hija de cuatro años siempre me dice: "Mamá oremos por el enfermito, sé que le haría bien".

 

El otro día le preguntaron en el colegio a la hija de una amiga: ¿Cómo se llama tu mamá? ella responde: "Mi mamá se llama Aury, pero tengo otra en el cielo que se llama María". ´¿Cómo no sorprendernos ante semejante respuesta? Quizás son los niños quienes nos acercan al reino de los cielos, como decía Santa Teresa de Lisieux: "No poseo el valor para buscar plegarias hermosas, al no saber reacciono como los niños, le digo sencillamente al buen Dios lo que necesito, y el siempre me comprende".

 

Son precisamente los niños quienes en su sencillez de aproximarse a la vida, nos acerca a lo verdaderamente esencial. "Mi hijo Santiago cuida mucho a su hermanito pequeño, unas veces lo persina y le dice: "Dios te ama mucho y yo también" comenta Isabel Tapias madre de 3 hijos.


Que este día de las madres sea una oportunidad para acercarnos y aprender de la grandeza e inocencia de nuestros hijos.

 

 

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Más artículos de este autor >

Blogs LaFamilia.info
24.05.2013

 

 

 

Me he demorado casi cinco años para escribir sobre la vocación de ser mamá y aún siento que me falta muchos años más por comprenderla, pero si algo tengo claro es que esta vocación tan hermosa, es uno de los roles más olvidados y menospreciados en el mundo de hoy.

 

Varias personas me preguntan: ¿Y tu qué haces ahora? Yo les respondo: “estoy en casa con mis tres hijos”. Pero vuelven y me preguntan: ¿y no trabajas? ¡Si! Claro que trabajo, trabajo de 7 de la mañana hasta las 8 PM, pero muchos días la jornada va hasta la media noche. ¿Acaso el preparar comidas, bañar y vestir a tres hijos, jugar con ellos, doblar ropa o limpiar casa no es suficiente para decir que no trabajo? Es una entrega y una donación diaria intensa, que equivale como a la vocación de una consagrada o una religiosa en pleno campo apostólico.

 

Desafortunadamente hoy en día la vocación de la maternidad ha sido relegada a un segundo plano, en gran parte por la presión social de que la mujer debe ser independiente y adquirir un éxito profesional. En muchos casos, también existe un factor económico que hace que la mujer deba poner su trabajo por encima de su rol de madre. Pienso que es importante para la mujer estudiar y realizarse en diversos campos, ¡claro que lo es!, pero no se nos puede olvidar a quienes tenemos la fortuna de tener hijos que la que la maternidad es un don y no un derecho, muchas mujeres quisieran ser madres y no pueden.

 

Le pregunté hace unos días a mi abuela qué significaba en su época ser mamá. Y me respondió: “Era, después del matrimonio ¡el paso más importante! Todas las mujeres anhelábamos ser madres y jugar con nuestros hijos. Hoy ya las parejas que se casan no quieren tener hijos y para mi un hogar sin hijos, es como una casa sin flores, siempre se vera triste. Con los hijos hay una razón para ser feliz”.

 

Ahora soy madre de tres hijos y mi bebé apenas cumple tres meses de nacida. Nunca como antes me había sentido tan cansada, ¡éste es sin duda el trabajo más exigente que he tenido! Parezco en una maratón diaria y aunque hay días que me revelo y me gustaría estar haciendo algo diferente, sé que el gastar mis mejores años productivos en mis hijos es lo mejor que puedo dejarles cuando me muera. Todos los días mi paciencia, generosidad y entrega son probadas al extremo, pero es precisamente ahí donde descubro la verdadera y autentica vocación de ser mamá.

 

Siempre he escuchado que detrás de un gran hombre, hay una gran mujer, pero solo hasta hoy lo comprendo, detrás de un gran esposo, hijo, estudiante o empleado siempre hay una gran mamá o abuela que lo guía y que ha entregado su vida por el, un trabajo heroico que deja huella.

 

Ser mamá no es aquella imagen que aparece en las revistas: una mujer bien vestida y siempre sonriendo con sus hijos, ¡no! Esta vocación saca lágrimas, risas y hasta ojeras. Hay días donde me pongo lo primero que veo en el clóset, ¡pues no tengo tiempo de más! Mi casa nunca está ordenada como me gustaría y aunque he tenido que renunciar a muchas cosas que desearía tener o hacer, sé que estos primeros años de vida son claves y que Dios nos presta unos hijos para amar, educar y compartir y su futuro depende de lo que nosotros ahora les brindemos.

 

Con esto no quiero decir que las mujeres no deberían trabajar fuera de casa, aquellas que deben o decidieron optar por trabajar fuera de casa, pueden seguir siendo igual de buenas madres, lo importante es no dejar todo en manos de las niñeras y estar conectados con lo que los hijos viven. En países como Nueva Zelanda o Australia hay muchos trabajos de medio tiempo, dándoles la posibilidad a las madres de tener un balance entre trabajo y vida familiar. Esta opción es menos viable en Sur América, ojalá esto cambie, porque en un mundo donde muchos matrimonios andan en crisis nunca como antes la vocación de ser mamá debe recobrar el valor que se merece, ya que de esto depende el futuro de las nuevas generaciones.

 

***

 

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Ver más artículos de este autor

Blogs LaFamilia.info
15.10.2012
 

  

 

En alguna oportunidad quise escribir sobre el reto de educar niños bilingües, ya que como madre hispana vivo esta experiencia en un país de habla inglesa. Pero después llegue a la conclusión que el reto esta en educar hijos con mentalidad multicultural, tolerantes ante las diferencias.

 

¿Pero que es realmente ser multicultural? No basta con aprender otro idioma o comer los platos típicos de otra cultura para sentirse una persona de mente multicultural. Ser multicultural en el mundo global es aprender a convivir con personas de diferentes culturas, religiones e ideologías.

 

En teoría cada país debe ser un reflejo de las culturas que lo habitan. Por ejemplo, Estados Unidos, Inglaterra, Australia o Canadá donde hay decenas de inmigrantes de diferentes partes del mundo, el ser multicultural implica respetar la pluralidad de culturas existentes. El inmigrante debe aprender un nuevo idioma, nuevas costumbres y formas de ver la vida, pero así mismo quienes son residentes del país deben estar abiertos para enriquecerse con nuevas perspectivas culturales.

 

Precisamente este 17 de octubre se celebra en la mayoría de los países latinoamericanos, el día de la raza, que nació para conmemorar el encuentro entre Europa y América tras la expedición de Cristóbal Colón. Pero en esta fecha más que celebrar el llamado “Encuentro de dos mundos”, se debe enfatizar la importancia de que nuestros hijos sepan acoger, respetar y valorar al indígena, negro, mulato o mestizo y a toda persona sin importar su trabajo o condición social.

 

En argentina, precisamente existe un proyecto de decreto del Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), con el fin modificar el nombre del Día de la Raza por Día de la Diversidad Cultural y pienso que este nombre es más apropiado ya que busca resaltar la diversidad de lenguas (incluyendo las lenguas indígenas), la diversidad de razas y culturas.

 

Esto sin duda es una tarea que debe comenzar por el testimonio de nosotros los padres. Si bien estudiar otro idioma es importante, es mucho más importante enseñarles a los hijos desde pequeños a crecer sin prejuicios, a saber respetar aquel que se viste, habla o vive diferente. Según estudios de hijos de inmigrantes, los niños que son expuestos a personas de diferente cultura, edad, color o clase social tienen una visión más amplia de la vida y aprenden a ser más tolerantes hacia los distintos grupos étnicos. Es importante aclarar que cuando se habla de los grupos étnicos, significa respeto a las minorías culturales, no opciones de vida como la de juntarse con una persona del otro sexo.

 

Para quienes vivimos en un país extranjero, el reto esta en educar a los hijos para que se sientan orgullosos de sus propias raíces, pero así mismo sean capaces de integrarse con la cultura predominante. Así que la tarea es estar orgullosos de quienes somos, pero así mismo poder amar y valorar a todos a aquellos que son diferentes a nosotros y descubrir que las diferencias nos enriquecen y nos edifican como seres humanos.

 

***

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Ver más artículos de este autor

Luisa Fernanda Marin - Blogs LaFamilia.info
21.07.2014

 

 

 

Tengo 35 años, de los cuales 6, me he dedicado a la maternidad. Hoy tengo 3 hijos: Samuel de 6 años, Isabella de 3 años y Sabina de 15 meses. Nunca pensé que estar en casa todo el tiempo me iba a realizar como persona. En mis épocas de universidad siempre soñaba con ser una periodista internacional y viajar por todo el mundo como reportera. Yo, ¿mamá en casa? ¡Jamas!, decía.

 

Con los años, Dios me ha mostrado que es en mi hogar, al menos por ahora, como puedo desplegar lo mejor de mí y que han sido precisamente mis hijos quienes me han ayudado a madurar. Mientras más los conozco, más me conozco. Son ellos quienes me han forjado mi carácter y me han sacado de mi comodidad cuando la vida me cuesta.

 

20142107blogluisa

Hay días donde quiero salir corriendo de mi casa y decir: ¡No puedo más! Prefiero el trabajo de una oficina que el estar limpiando pañales, haciendo comidas, escuchar berrinches y demandas. Este rol no es para toda madre, y bueno hay muchas que quisieran compartir más con sus hijos pero las condiciones económicas no se lo permiten.

 

En estos 6 años de estar en casa, he aprendido como en todo trabajo que "la práctica hace al maestro", la experiencia de mis dos primeros hijos me ha dado una mayor confianza y alegría de educar a mi tercera hija. Descubrir que aunque la rutina es algo que les da seguridad a los hijos, el amor y el compartir con ellos día a día es lo que les llena de plenitud su alma. Ellos no piden padres perfectos, piden simplemente mamás y papás que estén ahí para ellos.

 

Hoy fue uno de esos días donde las demandas de mis hijos eran mayores a mis capacidades, a tal punto que con franqueza le dije a mi hijo mayor: si estás aburrido busca que hacer, no puedo yo resolverte el problema. Hay veces hay que dejar que los hijos busquen por sí mismos lo que desean, pues es en estos momentos cuando ellos comienzan a descubrir su propio ser, su propias pasiones. Quiero educar a mis hijos en independencia, en darles herramientas para la vida, que cuando yo no esté, ellos puedan valerse por sus propios medios y darse cuenta de lo que quieren, hacia dónde van y para qué son buenos. Esto obviamente toma tiempo, ahora trabajo mucho para que se vistan solos, se laven los dientes, aprendan a servir una mesa, cosas simples que se aprenden en casa. Sin duda, los colegios cumplen un gran rol de apoyo para nosotros los padres, pero es en la casa donde se forjan principalmente los valores y las virtudes. Donde se aprende a compartir, amar y servir y es ahí donde mi rol como madre cobra sentido. Soy yo, junto con mi esposo los responsables de este futuro o futura persona, ciudadano, empleado, mamá, papá, etc. Como decía San Juan Pablo II "Es en la familia donde se fragua y define el destino de la humanidad".

 

Percibo un gran afán de muchos padres por darles de todo a sus hijos no solo cosas materiales sino llenarles el día con todo tipo de actividades, y sin mentirles mis hijos disfrutan más cuando juego con ellos en el piso o cuando les leo un cuento en cama, que la actividad extra que tu estabas pensando. Es importante estar en sintonía con nuestros hijos, pues cuando conocemos a nuestros hijos sabemos de fondo lo que necesitan. Las madres tenemos un sexto sentido que no se puede comparar con ninguna sicóloga y si bien, hay veces será necesario buscar ayudas externas, no hay que subestimar la sabiduría que cada mamá tiene de conocer a su propio hijo. Somos precisamente nosotras las madres, las que tenemos la gran misión y responsabilidad de forjar el alma de nuestros hijos y dejar huella de lo que serán en un futuro.

 

***

 

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Ver más artículos de este autor

Blogs LaFamilia.info
28.01.2013
 

 

 

Las migraciones son tan antiguas como la humanidad, sin embargo actualmente emigrar es más frecuente debido principalmente a los avances de transporte, comunicación e informática del siglo XX y XXI. Emigración significa salir de un país o región determinada para dirigirse a otro distinto e inmigración, es la entrada a un nuevo país de personas que proceden de otro lugar. De manera que toda emigración lleva como consecuencia una inmigración.

 

Desde hace algunos años había querido escribir sobre mi experiencia como emigrante, sobre el reto que implica dejar la tierra donde se nació y construir un hogar fuera de familiares y amigos, además de adaptarse como es mi caso a otra lengua, cultura y forma de pensar.

 

Quizás antes no quería enfrentarme a esta realidad y en el fondo guardaba la esperanza de regresar. Ahora después de siete años de haber salido de Colombia, con dos hijos neocelandeses y otro en camino por llegar, siento que Nueva Zelanda ya es parte de mi historia y de mi futuro. Alguien me decía que entre más tiempo se viva en el nuevo país, hay menos probabilidades de querer regresar y esto en parte radica porque emigrar implica cambiar de cultura. “el nuevo estilo de vida genera cambios en la cultura y personalidad del que migra (también se dan cambios en los que se quedan) y cuando se vuelven a encontrar, las cosas son diferentes” expresa Laura Cremades en su artículo, la migración y las familias.

 

Por lo general, las familias o personas que migran lo hacen con el deseo de mejorar las condiciones de vida, ya sea porque se rechaza la situación inicial o porque hay nuevas oportunidades de estudio o trabajo. Por el contrario, los refugiados no eligen emigrar y son aquellos que han huido de su país de origen porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia o los conflictos internos de dicho país.

 

Aunque las situaciones de los inmigrantes y refugiados sean diferentes, en ambos casos la adaptación cuesta y no todo es tan ideal como muchos latinos piensan cuando emigran, por ejemplo a los Estados Unidos. “Lo más difícil de la adaptación fue el tener que volver a rehacer un núcleo de amigos y encontrarse profesionalmente, toma tiempo encontrar algo satisfactorio cuando se es profesional. Acá la Universidad donde fuiste no tiene ningún prestigio ni tampoco hay contactos profesionales, lo que implica bajar expectativas y empezar de cero… esto es duro”. Expresa Martha Calle, residente en Milwaukee, Estados Unidos y quien hace 30 años salió de Colombia.

 

Según una encuesta de Gallup en el año 2012, en el mundo hay 640 millones de adultos que les gustaría emigrar permanentemente a otro país. Un 23% de los encuestados dijeron preferir Estados Unidos como su mejor opción, un 7% respondió que su lugar ideal para vivir es Inglaterra. Otros países apetecidos en la lista fueron Canadá, Francia, Arabia Saudita, Australia, Alemania y España.

Inmigrar implica desprenderse material y emocionalmente, requiere fortaleza para comenzar una nueva vida y apertura para aceptar otros estilos de vivir. Quizás lo más difícil es dejar a los seres queridos y saber que hay que seguir mirando hacia adelante sin pensar en lo que se ha dejado. También se pueden experimentar situaciones de racismo o discriminación, muy comunes cuando las migraciones de cierta población son masivas. Para las madres un gran desafío es sacar a los hijos adelante sin tener ayuda doméstica o familiar, como dice Ethel Prayzler, colombiana y ciudadana canadiense desde hace 15 años “Lo más difícil como familia es tratar de poder hacerlo todo. Sin ayuda extra”.

 

Pero también hay ventajas y esto depende mucho del país al que se emigra o de las opciones que el emigrante encuentre o aproveche. “Para mi las grandes ventajas de emigrar han sido la falta de materialismo, la no influencia de la mafia en la educación, la oportunidad de ofrecerles a mis hijos una educación en buenas universidades de los Estados Unidos y hoy día verlos desarrollados como profesionales y con excelentes familias” comenta Martha Calle.

 

Durante estos siete años en Nueva Zelanda, mi familia y yo hemos visitado a Colombia en dos oportunidades y aunque extraño el calor humano, el clima, la comida y hablar español, siento que cada vez cuesta más adaptarme; como dice la canción de Facundo Cabral “No soy de allá ni de acá”, una experiencia de ambivalencia que muchos de los que han inmigrado comparten, porque emigrar influye y marca mucho la forma de ser y pensar.

 

No estoy en contra o a favor de la migración, cada familia tiene una misión particular a la que esta llamada, unos emigran para siempre, otros lo hacen solo por un corto tiempo, pero es importante que quienes desean emigrar tengan muy claro los motivos por lo cual lo hacen y estén dispuestos a lanzar sus alas sin miedo a lo nuevo o a las dificultades que deben enfrentar.

 

Nunca pensando que el camino será fácil, pues emigrar incluso para las aves migratorias es un viaje que requiere adaptación y coraje.

 

***

 

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Ver más artículos de este autor

 

Blogs LaFamilia.info - 18.12.2018

 

Foto: Freepik 

 

En las próximas semanas afrontamos un tiempo que siempre se relaciona con festividad, decoración especial, reuniones familiares, comidas extraordinarias y, sobre todo, para los más pequeños, regalos, muchos regalos. 

 

Desde hace bastantes semanas nos bombardean con múltiples anuncios en televisión, internet, catálogos impresos, y demás soportes intentando persuadirnos de lo felices que serán nuestros hijos, sobrinos y nietos si tienen entre sus manos su producto.

 

Es el tiempo en el que, tradicionalmente, todos realizábamos nuestro único y sincero examen de conciencia (porque sabíamos que habían estado mirando “por un agujerito” y no podíamos engañarlos) y comenzábamos la carta a los Reyes de Oriente diciendo: “este año, me he portado…”. En función de cómo acababa esta frase, nuestras expectativas sobre lo que sucedería en la noche del 5 al 6 de enero, la Epifanía, eran más o menos optimistas. Aun así, aunque nuestro comportamiento durante el año hubiera sido de dudosa moralidad, sus Majestades siempre tenían algún detalle con nosotros, además del típico saco de carbón dulce que nos recordaba que ellos sabían que, del todo, no nos lo merecíamos.

 

El caso es que mucho de lo anterior ha pasado a la historia en gran parte de nuestros hogares. Y es una cuestión sobre la les invito a meditar.

 

Si lo analizan bien, hemos pasado de hacer, aunque fuera, un único análisis de conciencia de nuestros actos a la no necesidad de hacerlo, ni siquiera una vez. De esto deriva que, quizás, hayamos pasado de merecernos o no algún detalle de sus Majestades, a exigir un importante presente, porque sí.

 

Hemos pasado de colaborar con los Reyes en algún regalo a familiares o amigos muy íntimos, a vivir superficialmente el intercambio de paquetes, cuales mensajeros, de Papá Noel, Santa Claus, los Reyes Magos, el fiel “amigo invisible”, y un largo etcétera que no hacen sino desvalorizar el signo cristiano que fundamenta el gesto.

 

La verdad, viéndolo con perspectiva, es que creo que ni yo llevaba razón de pequeño, ni la llevamos ahora. Quizás, en la actualidad, sea más visible dado que hemos perdido (quien lo haya hecho) el sentido de lo cristiano de la Navidad, regalos incluidos. Pero antes, sinceramente, tampoco lo teníamos muy claro. Porque si tenemos en cuenta que el cristianismo predica y vive en la Misericordia que, para entendernos, significa que cuando somos buenos Dios nos quiere y cuando somos malos, también; deberíamos haber comprendido que a sus Majestades no les importaba qué hubiéramos hecho, simplemente cumplían con su misión.

 

Ahora bien, en cuanto a los regalos en sí, les invito, como siempre, a reflexionar las ideas que les presto a continuación.

 

Creo que lo más importante es tener en cuenta la edad del destinatario del regalo. Los niños son niños, y tienen derecho a serlo. De ahí que mi posición sea que mientras menos cables haya dentro del cuidado envoltorio navideño, mejor que mejor.

 

Ya tendrán tiempo de utilizar los smartwatchs, smartphones, tablets, consolas, etc. cuando nos cercioremos de que son capaces de controlar su uso y contenido (les adelanto que no será ni a los 10, ni a los 12, ni a los 14, ni…). Cada día llegan a consulta personas más jóvenes por un uso inadecuado de las nuevas tecnologías y no debemos contribuir a lo que los últimos estudios muestran sobre nuestros niños y adolescentes. Si, aun así, tomamos la decisión de hacerlo, les propongo realizar un contrato de uso con sus hijos, de forma que se “regulen” horarios, usos y demás elementos a tener en cuenta para que no favorezcamos conductas inapropiadas. 

 

Pero el problema, estarán de acuerdo conmigo, ya no es solo qué están haciendo, que puede ser grave, sino también, qué están dejando de hacer.

 

Por ello, en lugar de juguetes electrónicos, propongo que en la carta a los Reyes Magos (tradición en España) o al Niño Jesús (tradición en América) se pidan: juguetes y juegos para compartir con hermanos, primos, amigos; juegos de ensamblajes, construcciones y puzles; artísticos como manualidades, pintura, instrumentos musicales; y, por último, libros. En resumen, frente a la inmediatez que pudieran presentar los electrónicos (aunque no todos son así), propongo regalar artículos que fomenten el trabajo en equipo, la iniciativa, la paciencia, la atención, la motivación, la frustración, la creatividad, la resiliencia, …; es decir, todos y cada uno de los elementos que componen la vida adulta. Es necesario que se entrenen y que se vayan preparando para la vida real, y también pueden jugar a ello, incluso divirtiéndose.

 

Pero, ante todo, pensemos en qué regalo podemos hacer a nuestros hijos que no se corrompa con el tiempo, que no se aburran de él y que siempre lo recuerden: nuestro tiempo. 

 

Si antes comenzaba hablando de análisis de conciencia, exploremos, busquemos, meditemos sobre qué necesitamos mejorar como padres y cómo lo vamos a hacer. Es nuestro trabajo, es nuestra misión y es lo que más necesitan nuestros hijos.

 

Olvidemos, por favor, los regalos despampanantes y exagerados, no los necesitan, no les sacian, no les hacen felices. Nuestros hijos son y serán felices si los educamos, si los corregimos, si les enseñamos a vivir. Ese es el mejor regalo.

 

***

juanflores200x140
Juan Flores Medina
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología de la Salud y Práctica Clínica, Especialista en Derecho Matrimonial Canónico y ejerce como profesor de universidad y como terapeuta individual y familiar. Inició su carrera profesional combinando el área empresarial y el acompañamiento a familias en dificultades. Más tarde inició su andadura académica en la Universidad e investiga aspectos de educación en familias numerosas. Casado y padre de 5 hijos. Twitter: @juanflorespsi - Facebook: juanflorespsi
Luisa Fernanda Marin - Blogs LaFamilia.info
09.12.2013

 

 

 

En un mundo lleno de información y opciones, nosotros los padres tendemos a llenar el día de nuestros hijos con múltiples actividades, a tal punto que los niños están creciendo hoy con poco tiempo para ser ellos mismos, poco tiempo para descubrir, explorar sus pasiones y dar rienda suelta a su creatividad.

 

En Nueva Zelanda los niños van al colegio de 8:45 de la mañana hasta las 3 de al tarde, pero después de esa hora los niños tienen fútbol, natación, críquet, rugby, gimnasia, ballet o cuanta opción de clases extra curriculares existe. Siempre he pensado que practicar deportes o música en la niñez es importante, pero hay que evitar sobresaturar la rutina de los niños, pues de lo contrario ellos nunca aprenden a tener la libertad para "jugar", ingrediente esencial para el aprendizaje. Nosotros los adultos tendemos a estructurar la rutina de los niños igual a la nuestra, cuando se nos olvida que jugar "escondidijos", "el juego del lobo feroz", jugar con muñecas o con agua, son parte esencial de la infancia y son precisamente estos juegos las memorias más hermosas que cada uno de nosotros recuerda. Alguien me preguntó el otro día, cuál es el momento más feliz que yo recordaba de mi niñez y sin duda puedo responder las horas que disfruté jugando con mis hermanas en la casita de muñecas y estar en el mar de vacaciones con mi familia... Aquellos momentos donde pude ser yo misma y ¡no había límite de tiempo!

 

Con esto no quiero decir que los padres no deben meter a los hijos a hacer deportes o actividades extras, pero hay un cierto afán hoy mas que antes (¿será presión por formar seres competentes?), para que los hijos practiquen deportes incluso desde los 3 años, cuando primero es esencial que ellos comiencen a descubrir un poco quienes son y dejarlos descubrir el entorno. Un ejemplo de esto lo puede ver hoy claramente con mis hijos. Fuimos de caminata a un bosque cerca de la ciudad y cuando estábamos dentro del bosque mi hijo mayor (5 años) comenzó a excavar la tierra y sacar piedras, buscando todo tipo de insectos, de repente me grita: "¡mamá! mira encontré un nido de hormigas con sus huevos", sus ojitos estaban tan felices como su alma!. Ese es mi hijo un explorador innato, amante de la naturaleza y los animales. Al rato mi segunda hija (2 años) estaba sentada en un árbol caído y nos decía: "¡Papá!, ¡mamá! mira estoy en un caballo con alas, ¡mira como vuelo!", "¿hijita estás volando en un unicornio?" le pregunté y ella con gran orgullo me dice: "¡sí y muy alto!".

 

Un pequeño reflejo de cómo los niños pueden utilizar cualquier objeto y crear lo que ellos deseen gracias a la poderosa imaginación que suelen tener y que nosotros los adultos perdemos con los años. Todos los días aprendo cosas nuevas con mis hijos, una de ellas es no dejar que la rutina de nosotros los adultos corten las alas de la imaginación propia de los niños. No es tiempo perdido jugar con los hijos pues esto hace precisamente parte del desarrollo de sus habilidades, además es una buena oportunidad para reír y dejar salir nuestro niño interior.

 

Que estas vacaciones de fin de año sean una buena excusa para disfrutar y ¡jugar mas con los niños!

 

***

 

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Ver más artículos de este autor

 

Blogs LaFamilia.info
08.11.2012
 

 

 

Cuando le hablo a mi hijo en español en las calles de Christchurch, en Nueva Zelanda, varias personas me dicen: ¡Qué afortunado es tu hijo! y sí, claro que lo es. Hablar más de un idioma en el mundo de hoy es una ventaja que seguro, le abrirá muchas puertas. Pero este esfuerzo no es gratuito y requiere de mucha perseverancia y consistencia por parte de nosotros los padres.

 

Además de perseverancia pienso que el transmitir la lengua materna tienen también mucho que ver con el amor y aprecio que los padres tenga hacia su cultura. Si los mismos padres no se sienten orgullosos de sus propias raíces es difícil poder transmitirles a los hijos el idioma, que no es sino un reflejo de toda una identidad y herencia cultural.

 

Pero el esfuerzo extra no consiste únicamente en que los hijos aprendan a hablar la lengua materna sino también a que aprendan a leerla y a escribirla, como lo expresa Andrés Jaramillo, Colombiano residente en Brisbane, Australia y quien hace 13 años vive fuera de Colombia “uno de los mejores regalos que uno le puede hacer a los hijos, es enseñarles nuestra lengua madre; ellos, el idioma en donde vivan, lo absorberán por "defecto". La verdadera labor no es únicamente exigirles para que hablen español, sino también para que lo puedan escribir y leer. Es ahí donde los buenos y excepcionales padres parten caminos”.

 

Los niños aprenden otro idioma motivados por su necesidad de sociabilizarse y comunicarse con otros niños u adultos. Por ejemplo, en mi hogar, mi hijo habla español conmigo, con su papá y con su hermana de dos años, pero juega por lo regular en inglés (idioma oficial en Nueva Zelanda) ya que asocia el inglés con actividades como jugar y aprender.

 

Algunos mitos por romper

 

Muchos han creído falsamente que cuando un niño aprende la lengua materna, en un país donde se habla un idioma diferente, tendrá un retraso en el aprendizaje de la otra lengua y esto le traerá grandes confusiones. Si bien los niños bilingües pueden demorase en aprender a hablar, tarde que temprano aprenderán dos idiomas de manera simultánea, dos idiomas al mismo tiempo o por adquisición sucesiva, una idioma después del otro.

 

“Es un error pensar que incentivar la lengua nativa en casa va evitar que el niño desarrolle bien la otra. El desarrollo y mantención del segundo idioma no interfiere para nada en el aprendizaje de la lengua dominante” comenta Barry McLaughlin, profesor retirado de la universidad de California y autor de varios artículos sobre la educación bilingüe.

 

En Estados Unidos varias familias latinas en su afán por aprender inglés, mezclan los idiomas o incluso han llegado a suprimir el uso del español en casa. Esto ha dejado que generaciones enteras hayan perdido su identidad cultural o incluso la capacidad de comunicación con sus padres o abuelos ya que los mayores hablan español y los jóvenes el inglés.

 

Así mismo ha pasado en Nueva Zelanda con los Maories (Aborígenes) quienes dejaron de hablar su lengua nativa Maori hasta el punto de pensar que esta sería una lengua muerta. Según un reporte del Departamento de Educación Neocelandés, entre 1930 y 1960, el número de Maories que hablaba su lengua nativa se redujo de un 96% a un 26%. Fue así como a principios de los años 80 comenzó una fuerte iniciativa por revitalizar y promover el idioma y la cultura Maorí. Así se crearon algunos preescolares y colegios de primaria con educación Maori. Otros han implementado clases obligatorias u opcionales en Maori. Esto ha ayudado a revitalizar un poco el idioma, pero aun hay un camino largo por recorrer para que Nueva Zelanda tenga verdaderamente una identidad bicultural.

 

Estrategias para mantener el idioma en casa

 

Si bien hay muchos medios para cultivar el idioma materno, lo principal es hablarles a los hijos la lengua nativa en casa desde que nacen. También es importante el ejemplo “Lo cual es difícil cuando ambos padres no tienen la misma lengua materna. Pero si la madre quiere enseñarle a su hijo su idioma, tiene que ser consiente en hablarla todo el tiempo y confiar en que sus esfuerzos serán suficientes para lo que el niño necesite en su vida” comenta Andrea Holland, ciudadana Neocelandesa, madre de 3 hijas y quien hace 8 años salió de Guatemala.

 

Otras estrategias que pueden ser útiles son:

 

  • - Cultivarles el amor por la lectura, los videos, la música y los juegos en la lengua nativa. Por ejemplo, a mi hijo le encantan los juegos en computador por lo que tenemos varias páginas educativas en Internet con juegos en español que le refuerzan el idioma. Uno muy bueno es: http://www.tudiscoverykids.com/.
  • - Enfatizarles en la escritura y lectura de la lengua materna. “Nacho Lee y Nacho escribe” son cartillas muy comunes en Colombia que muchos padres utilizan para la lectura y escritura en español.
  • - Es importante que los hijos sigan en contacto con su familia extensa sea por skype o por teléfono y una vez sepan escribir, se les puede motivar a que escriban cartas o e-mails a sus abuelos o primos.
  • - Es importante también hablar el idioma correctamente, pronunciando las palabras despacio y utilizando un vocabulario acorde a la edad de los hijos.
  • - Otra estrategia que muchos expertos recomiendan es buscar libros, rompecabezas o videos en el segundo idioma de temas que les interese, pues de esta forma el niño estará más interesado en aprenderlo.

- En mi búsqueda por enriquecer este artículo encontré maravillosos sitios web para familias que educan hijos bilingües (español-inglés), que igualmente puede servir para familias latinas que viven en sus países pero quieren reforzar el idioma inglés a sus hijos:

  • colorincolorado.org (Excelente sitio para reforzar la lectura y escritura en inglés y en español)
  • spanglishbaby.com (Artículos e ideas sobre la educación bilingüe)
  • spanishplayground.net (Recursos para enseñar español a niños)
  • pbskids.org (Página con juegos en español como “Jorge el curioso”)
  • storyplace.org (Cuentos y actividades por edades en inglés y español)
  • rif.org (Sitio para reforzar la lectura en español. Ideal para familias y educadores)

 

Cualquier esfuerzo para que los hijos hablen el idioma materno vale la pena. Así los padres sembraremos las bases para que los hijos no solo hablen otro idioma sino también para que se sientan orgullosos de sus raíces, su pasado y su historia. Como dice el refrán “Sino sabes de donde vienes, mucho menos sabrás para donde vas”.

 

***

 

luisablogLuisa Fernanda Marín

Comunicadora Social y Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, Colombia. Ha trabajado en el portal Colegios virtuales y como Coordinadora del proyecto Código de Acceso del periódico El Tiempo y la Fundación Antonio Restrepo Barco. En el 2006 emigró a Nueva Zelanda donde terminó un diplomado y un posgrado en el área de Gestión Humana en la Universidad de Canterbury. Actualmente es madre de tres hijos y ciudadana Neozelandesa. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

Ver más artículos de este autor

Blogs LaFamilia.info - 04.03.2016

 

20160703bjfFoto: kaboompics.com 

 

Parafraseando en términos coloquiales a Santo Tomás de Aquino en la cuestión 22 de su obra “De Veritate”, no elegimos realizar actos malos sabiendo que lo son sino que, en el fondo, aquello que no nos conviene se nos presenta como un bien.


Desde esta óptica se pueden analizar multitud de dilemas morales que ocurren en nuestros días. Parece lógico que si tuviéramos la certeza de que nuestros actos estuvieran dirigidos hacia el mal no los llevaríamos a cabo. Siempre vemos en ellos algún bien a alcanzar aunque, en realidad, se trate de un mal “enmascarado”.
¿Podría ser esto lo que estaría ocurriendo con el desarrollo tecnológico y su llegada al hogar familiar en los últimos años?


Aunque más tarde volveremos a esto, la familia 2.0 ha evolucionado (o, quizás, mutado, dado que la evolución parece ser la transformación de un algo en otro algo que, dicen, es mejor) y sus actividades y relaciones están completamente marcadas por la tecnología. Salvo en raras excepciones, lo normal (estadística que no naturalmente hablando) es tomar el desayuno con el dispositivo en la mano y dejarlo en la mesilla de noche antes de cerrar los ojos para dormir. Cada momento del día se convierte en una fuente de oportunidades para consultar noticias, redes sociales, mensajería instantánea, movimientos bancarios, datos de salud, correos electrónicos, etc.


Sin darnos cuenta, al leer estas reflexiones podríamos estar reproduciendo en nuestra mente aquellas situaciones de nuestro día a día que nos confirman lo que se expone. Podría ser el momento de hacer un alto en el camino. Podríamos estar equivocándonos gravemente porque podríamos, a lo peor, estar dañando aquella institución donde la persona nace, crece, se realiza (al menos parcialmente) y muere; y que, además, se presenta como necesaria no solo para los hijos, también para los padres y, en definitiva, para la sociedad: la Familia.


Expuesto lo anterior, y volviendo a las primeras líneas de esta reflexión, quizás podríamos indicar que la incorporación de los aparatos tecnológicos, de las últimas técnicas y aplicaciones de comunicación tendrían aspectos muy buenos como, por ejemplo, la simplificación de diversos aspectos de la actividad y funcionamiento familiar (control económico y de la salud, comunicación, actividades de ocio, etc.). Pero, ¿podríamos estar desorientándonos, esto es, perdiendo el norte y, como indica el Aquinate, contemplar el uso de la tecnología exclusivamente desde un prisma de bondad mientras que, por el contrario, su uso podría estar favoreciendo que se deshagan los lazos familiares instaurándose así como un elemento distorsionador de la realidad personal y familiar?.


Está claro que no podríamos nunca plantearnos abandonar estas “ayudas” puesto que ya las hemos incorporado a nuestros hábitos y, efectivamente, son útiles, pero sí seguir reflexionando en aquellos aspectos que a continuación se detallan:


- ¿El uso de la tecnología debería estar condicionada y regulada por la edad del usuario? Una cosa es que podamos utilizarla y otra cosa es que nos convenga usarla de cierta forma en algunas etapas de nuestra vida. Por ejemplo, un niño puede dibujar en una tableta electrónica con los dedos, sin embargo es aconsejable que lo haga en papel dado que desarrolla la llamada psicomotricidad fina. Un adolescente, que adolece de la madurez necesaria en ciertos aspectos de su desarrollo psicológico y físico, podría tener tendencia a sumergirse de forma perenne en el mundo digital y, no obstante, se estaría perdiendo, entre muchas otras, el desarrollo de las habilidades sociales necesarias para una interacción correcta con sus congéneres no sólo en el ámbito familiar sino también en el escolar, social, etc. (este aspecto, además, es difícilmente recuperable sobre todo en aquellas personalidades más introvertidas).


- ¿Podríamos estar confundiendo la utilidad de la tecnología con su comodidad? Esta reflexión es importante porque se podrían presentar casos del tipo: es más cómodo y más divertido que un niño juegue con la tableta electrónica o videoconsola a que esté encima de los padres pidiendo atención (a lo mejor lo que necesita realmente es compartir tiempo con sus padres y no con los cables sobre todo en estos tiempos en los que el tiempo que pasamos padres con hijos se ha reducido tantísimo y, además, las familias son cada vez más reducidas lo que hace que muchas veces los niños ni pueden compartir actividades con los padres ni con los hermanos).


- ¿Podríamos estar utilizando la tecnología como medio para evadirnos? Las personas, por cierto hedonismo psicológico (búsqueda del placer y evitación del dolor), tendemos a buscar actividades que nos ayuden a no reflexionar sobre ciertas situaciones, problemas, etc. Matamos el tiempo en diferentes ocupaciones con la única intención, consciente o no, de relegar a un segundo plano el sufrimiento (también podría pasar con el deporte, el trabajo, aficiones varias, etc.).

 

Tras estas reflexiones sería conveniente establecer ciertas áreas de mejora en nuestra relación familiar con la tecnología. Os propongo las siguientes:


1) Horarios. para favorecer un correcto desempeño de los hijos (y de los padres) sería conveniente establecer ciertos límites en cuanto al uso (a veces podríamos convertirnos en máquinas de consultar una y otra vez la pantalla del móvil). Por ejemplo en comidas, momento en el que la familia se reúne, no viene mal mirarse a la cara y conversar. Seguro que iniciando este hábito se alcanzan grandes beneficios. También es necesario subrayar los perjuicios que las investigaciones arrojan sobre el uso del móvil o tableta electrónica en la cama (menor descanso, mayor insomnio) y añadir otra que normalmente se obvia: internet da acceso a cientos de miles de contenidos no recomendables para ninguna edad, por tanto, no ejercer un control sobre ello (por ejemplo activando uno de los muchos filtros de contenidos que hay disponibles) es signo de poca atención a este aspecto que, como he dicho, no parece ser muy apta para ninguna edad, tampoco para los padres.


2) Espacios. Es necesario establecer aquellas estancias de la casa donde se podrá utilizar la tecnología. Tradicionalmente se recomendaba tener el ordenador en la sala de estar, a la vista de todo el mundo. Hoy día parece que se ha convertido en el aparato menos usado del hogar. Es necesario, saludable y más seguro que nos acostumbremos a entrar en internet, redes sociales, etc. en compañía, no por ejercer un control sino por educar en su uso.


3) Formación. Claro está que no podemos educar en el uso de la tecnología si previamente no nos hemos formado. Deberíamos de ser especialistas en todo (en redes sociales principalmente) al igual que sería bueno ir actualizándose en las últimas novedades de las diferentes aplicaciones que, como decíamos al principio, teniendo aspecto de buenas pueden ser fuente de muchos problemas. El objetivo no es controlar a nuestros hijos por el hecho de vigilarlos exclusivamente, sino, repito, enseñarles, acompañarles en el mundo digital. Si no los dejamos cruzar la calle solos hasta que no tienen una edad y entendemos que tienen la suficiente madurez para conocer los semáforos, pasos de peatones, mirar bien para comprobar que no vienen ningún coche, etc.; debemos proceder igual en redes sociales (si lo primero no es acoso, lo segundo tampoco debería serlo. La intimidad –ni física ni psicológica- de un hijo adolescente no debe mostrarse en redes sociales, estando pendientes ayudamos a que no lo muestre ahí). Este aspecto es duro, porque muchos padres tienen una edad en la que nunca han utilizado ningún aparato tecnológico, pero no formarse es un grave error porque no se sabe qué tenemos delante.


Debemos recordar siempre que la misión fundamental de la familia es el desarrollo a todos los niveles de los hijos y de los padres. Por tanto no debemos mirar estas propuestas como una amenaza a la intimidad sino como una ayuda a tal desarrollo, una ayuda a la cual los padres estamos obligados para con nuestros hijos y los esposos para con sus cónyuges.

 

***

juanflores200x140
Juan Flores Medina
Licenciado en Psicología, Máster en Psicología de la Salud y Práctica Clínica, Especialista en Derecho Matrimonial Canónico y ejerce como profesor de universidad y como terapeuta individual y familiar. Inició su carrera profesional combinando el área empresarial y el acompañamiento a familias en dificultades. Más tarde inició su andadura académica en la Universidad e investiga aspectos de educación en familias numerosas. Casado y padre de 5 hijos. Twitter: @juanflorespsi - Facebook: juanflorespsi