Blogs LaFamilia.info - 04.06.2015

Más de una vez hemos leído o escuchado bromas relacionadas con la falta de tiempo que vivimos las madres. Algunas de éstas, muy simpáticas por cierto, son:

 

Por Vivian Forero/Blogs LaFamilia.info - 16.10.2020

 

 

Recientemente he tenido una idea en mi cabeza y es con respecto a quién debe o quién controla el tipo de letra de canciones que debe ser transmitida en programas de televisión y en especial, cuando se presentan en noticieros o en programas de entretenimiento en horario familiar? ¿A quién le duele o le preocupa lo que nuestros hijos y estudiantes observan y escuchan ya con tanta naturalidad? ¿Quién regula los programas de televisión y la hora o clasificación de los mismos?

 

En estos días de pandemia y de cuidarnos en casa, las familias han estado más expuestas a los medios masivos de comunicación y los padres se han podido dar cuenta de la calidad de los programas transmitidos o por el contrario, la falta de censura en los mismos.

 

Estamos siempre a la expectativa de señalar, juzgar, criticar o dar una opinión con respecto a lo que hace un familiar, el vecino, un amigo o un compañero de trabajo; creemos tener la razón y emitimos conceptos a priori o simplemente nos formamos una idea equívoca con algún gesto o expresión escuchada. ¿Pero aplicamos esto mismo a la literatura que escogemos o compramos a nuestros hijos, a la serie de televisión que elegimos o dejamos ver sin ningún acompañamiento? ¿A las conversaciones o expresiones jocosas, memes, chistes, películas, a las publicaciones que hacemos en redes sociales, etc.?

 

¿En este mundo en el que buscamos afablemente la coherencia, el respeto, la igualdad, la aceptación y la tolerancia, estamos aportando con nuestros actos al fortalecimiento de una sociedad más justa y con tendencia al bien?

 

Debemos iniciar por revisar a ojo clínico todo lo que se nos presenta a nuestro alrededor en donde se tergiversan circunstancias disfrazándolas de valores y por la lucha de alcanzar la igualdad, por ejemplo: la liberación femenina. Es triste percibir que esta lucha se va enfocando únicamente en la competición con el hombre, en cuanto a qué tan fuertes, atrevidas, osadas o libertinas somos. Mas no por qué tan inteligentes, creativas, resilientes, perseverantes, valientes o respetables somos o podemos llegar a ser. No es una lucha de poderes en el cual debemos estar enfocados para alcanzar la justicia tan anhelada. Es una relación recíproca basada en la tolerancia, respeto, comprensión, liderazgo, amor, trabajo en equipo y complemento.

 

En la actualidad abundan programas de televisión, series, películas, literatura, videos clips, cargados de antivalores, en donde se presenta tanto al hombre como a la mujer, como un objeto sexual. Donde las pasiones, el deseo, la lujuria es lo único que sacia y ese es el mensaje equívoco por el que debemos unirnos y luchar para que a nuestros hijos les lleguen mensajes que concilien con los valores transmitidos y fortalecidos en casa y colegio.

 

No podemos seguir con una venda en nuestros ojos pensando que sólo lo que educamos desde casa es suficiente y que además tenemos la confianza que se complementa en el colegio. Y ya con ello estamos confiados y tranquilos. No, no es justo que la sociedad misma se esté encargando de proliferar mensajes que van en contra de la ética y la moral. Que se preocupe solo por hacer más ricos a los actores y cantantes, aplaudiendo y consumiendo estos productos no aptos para menores ni para mayores, porque el hecho de haber alcanzado la mayoría de edad también nos debe cuestionar el saber escoger lo que sirve para nuestra vida o lo que daña nuestra conciencia y ensucia nuestra alma. El llegar a la mayoría de edad equivale a tener mayor responsabilidad y respeto por nuestra vida y sabemos que hay consecuencias por los actos realizados y también por las omisiones.

 

A lo largo de los años se han vetado muchas canciones o programas de televisión, pero con el tiempo, lo que escuchamos o cantamos tan pegajosamente, no nos causa ninguna preocupación. Y quien lo critica o prohíbe en casa raya por ser una persona correcta pero a veces es criticada como “anticuada” o “pasada de moda”. ¿Pero…quién impone la moda para lo inmoral? Me entristece que las acciones se están volviendo relativas. Ya es relativo que un bebé nazca o no, por el simple hecho de estar legalizado en muchos países; el quitarle la vida a una personas disfrazando el acto con la “eutanasia”; el luchar por el poder entre hombre y mujer, entregándose a la promiscuidad; creyendo con ello que es ser libre y que se decide sobre nuestro cuerpo. Cuando en realidad se está decidiendo por otros que imponen las modas. Se quiere luchar por la autenticidad y la diferencia mostrándose como copia de otras personas. Los ideales de personas a las que nos queremos parecer son efímeras pues hasta en las fotografías y videos hay maquillaje y ayudas extra, donde la realidad no es la que vemos porque el ideal se llega a convertir en una fantasía.

 

Estuve revisando historial de canciones en español vetadas y han sido por algunas circunstancias en especial. Remito un breve listado (tomado del .eltiempo.com):

 

• Luis Miguel - 'Decídete': en 1993, Luis Miguel solo tenía 13 y ya cantaba esta canción, cuya letra hablaba del primer encuentro sexual entre una pareja. Esto la llevó a a la censura.

 

• Belinda - 'Egoísta': en 2010, la mexicana tuvo que enfrentar una polémica respuesta por parte de su público en Argentina hacia su canción 'Egoísta', la razón estaba ligada a un lamentable hecho que vivió el país suramericano en 2004.

 

• Mecano -'Hawaii-Bombay': en 1985, la banda de pop español sacaba esta canción que hacía parte del álbum 'Ya viene el sol', sin embargo, causó una polémica reacción por tener en su letra alusiones al sexo.

 

• Los Tigres del Norte - 'La granja': en 2009, cuando la banda ganó el Premio Lunas a la música grupera, no quisieron presentarse a recoger el galardón. La razón fue porque los organizadores no quisieron que la agrupación cantara ese tema en el evento por sus referencias políticas a la inseguridad en México.

 

Pero en la actualidad, escuchando reguetón y trap (y dejando de lado muchos otros géneros musicales) es muy común el contenido sexual en sus canciones y en videos musicales. Llama la atención que las mismas personas permiten dichas canciones pues no hay censura en ellas y hay comentarios muy positivos frente a dichos cantantes. Por ejemplo está muy de moda Farina y Thalía por su reciente canción “Ten cuidao” en la cual hacen mención en un noticiero, al supuesto posicionamiento de la mujer y la lucha por su poder femenino. Al escuchar la letra de la canción me sentí ofendida y más aún, al leer en redes las felicitaciones de sus seguidores por la maravillosa creación.  Tomo como ejemplo esta canción, pero quiero aclarar que no tengo nada en contra de estas cantantes. Pero es de anotar que si deberían en general los cantantes y productores, tener más cuidado en sus composiciones, que rayan la vulgaridad y desconocen por completo los valores. Que los escuchan también sus hijos, hermanos, familiares, amigos. Que deben velar también por las buenas costumbres. No se debe escalar al éxito o a la fama pisoteando a los demás. Sin importar lo que conlleva esa música, que puede ayudar a crecer a las personas o por el contrario, llevarlos por el camino del mal. Muchos videos musicales también tienen gran contenido de violencia, palabras grotescas, machismo y feminismo.

 

¿Quién veta actualmente los video clips, las canciones, las películas, las series? ¿A quién se acude en esta petición por la coherencia y un mundo con valores?

 

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Vivian Forero Besil

Especialista en Pedagogía e Investigación en el aula, Licenciada en Educación Básica y especialista en Gerencia de Instituciones Educativas. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso niño. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

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Por Vivian Forero / Blogs LaFamilia.info - 28.09.2019

 

Foto: Freepik 

 

Aquella frase popular de "soñar no cuesta nada" es pertinente revisarla a profundidad para poder comprender lo que se esconde detrás. Sin duda alguna cuando tenemos sueños que nos conducen a crear circunstancias diferentes a las que vivimos, se pueden presentar situaciones placenteras pero momentáneas porque están apartadas de lo que somos realmente. Divagar, ser idealistas, fantasiosos y muchas veces, ociosos, nos conduce a volar con la imaginación y a veces, a construir objetivos con naipes y al menor movimiento o viento suave, caen al suelo aterrizándonos fuertemente en la cotidianeidad. Creemos que sólo con soñar podemos obtener lo que deseamos y que esto nos conducirá hacia la búsqueda de la felicidad. 

 

¿Siempre debemos soñar antes de emprender las metas planteadas? ¿Soñar nos propiciará más seguridad para actuar o decidir? ¿Entonces, si soñar no cuesta nada, por qué nos frustramos tanto cuando declinan los sueños o cuando ni siquiera son posibles realizarlos? El soñar deberá estar unido a un profundo deseo por emprender tareas alcanzables y que, con esfuerzo, persistencia, orden, compromiso y perseverancia; se alcanzarán a medida de la realidad que nos rodea y de la actitud frente al fracaso o al éxito.

 

Los sueños nunca podrán reemplazar a la verdad pues lo contrario estaría enfocado simplemente al estar sujetos a una realidad virtual que nos aleja de lo que nos constituye en cada una de las dimensiones del ser. Debemos conocernos a profundidad para enfrentar todas las posibilidades que se tienen para emprender proyectos o para abandonarlos; porque es de sabios también desistir en objetivos obstinados. Y muchas veces se requerirá del re-inventarnos como en un proceso de innovación personal. 

 

¿Pero qué tanto nos conocemos entonces? ¿Somos capaces de identificar las fortalezas y las oportunidades de mejora en nuestra propia existencia? ¿Somos capaces de retroceder y avanzar cuantas veces sea necesario? ¿O ante la menor dificultad, nos sentimos devastados e incapaces de retomar las riendas de nuestra vida?

 

El dejarnos envolver de acciones inintencionadas, sin sentido y vacías, nos conducirá al querer estar en un lugar equivocado, a gozar de otras circunstancias, a vivir una vida que no nos pertenece, a disfrazar nuestra realidad para acomodarla a las de otras personas. San Josémaría Escrivá de Balaguer en su libro “Amigos de Dios”, lo visualizó sabiamente aconsejando sobre este estado de comodidad, “necesito prevenirte todavía contra el peligro de la rutina —verdadero sepulcro de la piedad—, que se presenta frecuentemente disfrazada con ambiciones de realizar o emprender gestas importantes, mientras se descuida cómodamente la debida ocupación cotidiana. Cuando percibas esas insinuaciones, ponte con sinceridad delante del Señor: piensa si no te habrás hastiado de luchar siempre en lo mismo, porque no buscabas a Dios; mira si ha decaído —por falta de generosidad, de espíritu de sacrificio— la perseverancia fiel en el trabajo”.

 

Soñar si cuesta y mucho… cuesta lamentaciones por lo que no fue o pudo llegar a ser; cuesta la negación de nuestras propias facultades porque deseamos vivir las experiencias y logros de los demás; cuesta el abandonar el gusto por lo que tenemos y dejamos de valorarlo porque nos agrada más lo que otros han adquirido o conseguido; cuesta el dejar de disfrutar el presente porque anhelamos algo más en el futuro, por el “tener más”, dejándonos envolver por el consumismo y el materialismo que sólo nos hunde en el mar profundo de la desolación porque no nos saciamos y siempre vamos a querer más.

 

La realidad nos va llevando hacia el desorden en el pensamiento y en las acciones. Nos dejamos influenciar por la permisividad, el facilismo, el hedonismo y la superficialidad. Quizás creemos tener controlada nuestra vida pero somos marionetas del contexto al actuar como los demás quieren que actuemos. Soñar no debería costar nada, solo nos ayudaría a visualizar metas altas para alcanzarlas y sentirnos satisfechos de nuestros logros, porque los hemos plantado con principios, con dignidad, deseos de servir y de transformar la realidad.

 

La vida sería más fructífera si soñáramos con contagiar de amor a todos los que nos rodean; si anhelamos vivir la justicia y buscáramos siempre hacer en bien, dando pasos certeros y seguros, que fortalezcan lazos de fraternidad y de sincera amistad. Soñar no cuesta nada si los sueños están puestos en el ser y no en el tener. Y estos sueños, que se siembran en lo profundo del corazón, si se luchan con pasión, transcenderán y se duplicarán de generación en generación para bien de nosotros y de la sociedad en general.

 

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VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Por Vivian Forero/Blogs LaFamilia.info - 15.03.2021

foto: Rawpixel

El liderazgo es una capacidad o habilidad intrínseca en la persona que va retoñando y compenetrándose en la forma de actuar de cada una; se hace presente al resolver situaciones, al interactuar con los demás, al poner ese toque especial en cada instante y circunstancia de la vida. Debido a la importancia que reviste el poder desarrollar esta manera de ser y de hacer, voy a desarrollar este tema dentro de la cotidianeidad del liderazgo, enfocado hacia los diferentes espacios en los cuales interactuamos; no sólo en el empresarial, pues necesitamos líderes desde los diversos espacios o dimensiones de nuestra vida: en el hogar, la comunidad, las amistades, la sociedad en general. Líderes que emprendan caminos justos, prometedores, que construyan y guíen por la senda del bien a los demás. Que procuren trabajar por un mejor mundo para todos.

Por ello, de la mano del liderazgo siempre deberá estar la formación de la conciencia. Vivir con la conciencia tranquila es la señal del deber cumplido, claro está que esto es determinante cuando tenemos bien formada la conciencia. ¿Y qué significa formar la conciencia? ¿Cómo se logra? ¿O cómo se alcanza tal fin? Una conciencia bien formada nos ayuda a discernir lo que está bien o mal, aquello que nos engrandece o nos perjudica; las acciones que nos llevan por la búsqueda de la mejora o lo contrario, de lo que nos guía por el camino de los vicios o de lo incorrecto. Pero ¿cómo sabemos cuándo algo está bien o mal? La recta intención de las cosas es el determinante para responder a esta pregunta y más cuando lo unimos a la Ley Natural y a los principios éticos.

La conciencia se va formando desde que somos niños, con las primeras enseñanzas de papá y mamá; se va orientando desde el colegio y se fortalece con la madurez y la toma de decisiones con lo aprendido; de aceptar las normas que nos ayudan a vivir en comunidad y a respetar a los demás.

Un buen líder por tanto, debe tener presente también el saber orientar a los demás hacia el bien (no al individual), visionando formar a las personas a su alrededor y con un tacto sutil, irá buscando a los futuros líderes. Debe ser un ciclo vital necesario, pues no somos “inmortales, inmunes o de alguna forma indispensables” como lo expresó Hamel en una adaptación de Las 15 enfermedades del liderazgo, según el Papa Francisco.

A continuación relaciono actitudes vitales en una persona y las comparo con llaves para abrir la puerta del liderazgo en nuestras vidas. 

1. La coherencia como sello personal

El sello personal de un buen líder deberá ser su unidad de vida, que no es más que pensar, hacer y sentir de manera coherente. Que no se contradiga a sus principios con la manera de actuar o de expresar las ideas, que sea íntegro al tomar decisiones, al emprender proyectos y al dar posicionamiento a su imagen. Una persona coherente siempre será un modelo a seguir y más cuando busca dentro de su proceder, el ayudar, comprometer, hacer vida los principios básicos como el respeto, la tolerancia, la justicia, la alegría y la mejora continua.

Hoy en día se siguen a muchas personas por ejemplo, en las redes sociales, y son tantas las ideas equívocas que se quieren seguir e imitar de ellas; gastamos horas interminables del día en ver sus publicaciones, sin dejar nada positivo en la formación personal. Qué estamos buscando? Necesitamos a verdaderos líderes, aquellos que tengan como objetivo máximo preocuparse por los demás, no sólo divertir o hacerse “famosos” por aparecer haciendo algo gracioso o muchas veces inmoral. Revisemos a nuestro alrededor a cuántas personas estamos posicionando en un liderazgo mal enfocado. Y ayudemos a que poco a poco sembremos el respeto por la vida, por las buenas costumbres, por la delicadez de tratar bien a los demás, de luchar por el bien de todos, de mejorar la cultura actual y formar a los líderes que al pasar de los años, serán los que trabajen y sigan cuidando al mundo en general.

Ejercer el liderazgo de manera coherente significa entonces, entre otros ejemplos, los siguientes:

• Cambiar el programa de televisión o serie si no nos deja algo positivo para nuestra formación.

• Cuidar los mensajes que escribimos o compartimos en las redes sociales que van en contra de la dignidad de la persona.

• Dejar de seguir en redes sociales a aquellos personajes que denigran de los demás.

• Construir con nuestros mensajes, formas de expresión y tratar a los demás, en vez de destruir.

• Dejar de imponer ideas o pensamiento personales pasando por encima de los principios y bien común.

Entonces una primera llave para ganarse el prestigio y la buena fama para abrir la puerta que conduce a ser un líder será: La Coherencia de vida, que está unida a la conciencia y a darse a conocer de una manera transparente y sincera; esa persona que dé ejemplo con su forma de actuar; que haga siempre lo correcto y que sea imparcial al tomar decisiones.

2. La verdad como la mejor aliada

De acuerdo a Manuel Bru, “la crisis de nuestro tiempo es una crisis de verdad, y por ello, de bondad y de amor. Es el relativismo. Si no hay verdad y falsedad, si todo puede ser verdadero o falso a la vez, o no serlo nunca, entonces tampoco hay bien y mal, y tampoco amor y desamor”. Es tan dura esta triste realidad. Por ello, un verdadero líder siempre se debe inclinar hacia la búsqueda de la verdad, aquella comunicación sincera, considerada y transparente, basada en la confianza y en la objetividad, dejando a un lado el relativismo que nos ha hecho tanto daño en la actualidad.

Pero debemos considerar algunos aspectos que están unidos a la verdad, como los son: la confianza, la objetividad, la comunicación y la consideración. 

La confianza está enmarcada dentro de la familiaridad que se establece en los vínculos y en las relaciones personales. Es muy fácil dar confianza cuando se recibe, ¿pero cómo ganarse la confianza? Si nos remontamos a ejemplos sencillos de cuando éramos adolescentes, podríamos reconocer que era sencillo ganarse la confianza de los padres; si nos portábamos bien, ellos confiaban, pero sino, la desconfianza afloraba en cada conversación. Entonces, la confianza estará unida también a la credibilidad de nuestros actos y a la manera como llegamos a los demás. Regino Navarro, en su libro Los Valores son el Jefe, definió acertadamente la importancia de la confianza, “la vivencia de este valor conduce tanto a procurar ganarse la fe y la aceptación de los otros, como a esperar con seguridad lo mejor de los demás”.

Otro aspecto importante es la objetividad. Es sinónimo de imparcialidad, neutralidad y ecuanimidad. Si somos imparciales y evitamos irnos por el camino de la emotividad o el juzgar de acuerdo a sentimientos o pareces, sería mucho más fácil encontrar la verdad de las cosas. Por tanto, el ser objetivos nos apropiará de la verdad, dejando de lado lo personal.

La comunicación es el motor de las buenas relaciones y la búsqueda de la verdad; ayuda a construir vínculos sanos y armónicos. Saber decir las cosas, esperar el momento oportuno para construir con los demás, dejar a una lado la subjetividad, entre otros, son aspectos vitales para comprenderse y avanzar.

Y por último, la consideración. Las demás personas a nuestro alrededor son importantes también. Debemos bajarnos del “Yo” y subirnos en el “Nosotros”. Las relaciones exitosas están basadas en la cortesía, la atención a los demás, el respeto y el aprecio. Entonces, si existe el respeto, cuidaremos el expresarnos de los demás y tendremos siempre presente la veracidad, sin juzgar o señalar, buscando siempre hacer el bien con nuestros actos.

Concluyendo entonces esta idea, la segunda llave para abrir la puerta del liderazgo es entonces actuar siempre con la verdad como nuestra amiga, la cual nos ayudará a ser ejemplo a seguir y por consiguiente, transformar el mundo.

3. La excelencia como el camino seguro

Cuando buscamos la excelencia en nuestra vida, es decir, la magnificencia, grandiosidad y perfección de nuestros actos, estamos sembrando semilla para hacer las cosas bien hechas. Asegurando cada proceso para que el resultado sea el mejor. Un líder trabajará siempre por su mejor versión, aquella que procure dar lo máximo para obtener un bien, una satisfacción personal del deber cumplido.

Recordaré en este espacio una reflexión sobre la excelencia, planteada desde el conocimiento de nosotros mismos, de nuestros talentos y alcances. “Nadie puede dar de lo que no tiene”… dicho popular muy cierto, que nos debe llevar a reflexionar que primero nos debemos a nosotros mismos en formación, en decisión y voluntad para lograr lo que queremos. Un inicio exitoso es poder contemplar los aciertos que tenemos, con sinceridad, sin disfrazar lo que nos falta o hemos dejado de hacer. Conociendo estos avances podremos ajustar lo que nos hace falta, emprendiendo con endereza la marcha hacia la búsqueda de la excelencia en cada etapa de nuestra vida.

Mirarnos a nosotros mismos es la primera tarea para vivir la excelencia como mejora personal para ser un líder a seguir. El preocuparse permanentemente por superar los obstáculos, aprender de la experiencia, practicar la reingeniería en los procesos de la vida (cambiar estructuras del pensamiento y comportamientos y adaptarnos a la vida misma).

La tercera llave para abrir la puerta hacia el liderazgo es la excelencia como herramienta de mejora, teniendo presente que somos perfectibles.

4. El bien común como búsqueda permanente

“Ponernos en los zapatos del otro” y “hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran” son dichos populares que describen esta cuarta llave. Porque “un verdadero líder es aquel que tiene la capacidad de moverse entre la parte dura de los negocios y las situaciones que apelan al corazón, incluso contribuir al bien común aunque este se desarrolle en un entorno hostil” (Luis Huete).

El bien común no es sencillo de interiorizar ni llevar a la práctica, porque lo que siempre buscamos en la mayoría de las veces, es el bien individual. Lo que nos conviene, lo que necesitamos. Sin visionar un bien general o colectivo. Ser líder en el ámbito en el cual estamos es ver holísticamente, es considerar como un todo algo que está segmentado. Actualmente nos hemos especializado tanto que así caminamos por la vida. Si miramos las profesiones, ya hay tantas especialidades. Así sucede en el trabajo, en la alimentación, y muchas veces en la familia. Cada uno defiende su postura, su especialidad, su forma de ver la vida, sus hobbies, sus espacios personales. Y nos olvidamos que somos un “todo” y que para tal fin debemos esforzarnos. 

Es muy difícil caminar o avanzar solos. O también obtener éxitos aisladamente. Siempre necesitaremos de los demás. Santo Tomás de Aquino lo descubrió en uno de sus pensamientos: “La ley es la prescripción de la razón, ordenada al bien común, dada por aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad”. Un líder se preocupa por el cuidado y aseguramiento de su comunidad, de ese grupo de personas que tiene a su cargo y bajo su responsabilidad.

La cuarta llave es buscar el bien común entendido como la capacidad de pensar en los demás también para alcanzar oportunidades para todos y buscar con tenacidad lo mejor en cada acción realizada.

5. El coaching como ciclo vital de vida

Hoy en día se visualiza el coaching como un ciclo de acompañamiento y optimización de procesos; se parte de la motivación y valoración de su mismo para proyectarse a los demás. Ese mismo proceso se debe interiorizar de manera permanente siendo guías y orientadores de las personas que tenemos a nuestro cargo; se debe vivir la virtud de la paciencia y la capacidad de escuchar. Un buen líder logrará que cada persona recorra sus cien metros y que el equipo, de manera unida, gane la carrera; obtenga los resultados deseados y se trabaje por metas comunes.

Se requiere también de la retroalimentación de los aprendizajes, el reconocimiento de los logros, o por el contrario, el compromiso de los aspectos a mejorarse.

La quinta llave entonces será, el coaching como técnica de preparación y entrenamiento para redireccionar las acciones, reconociendo aspectos fuertes y superando dificultades presentadas, convirtiendo el liderazgo en el camino hacia la transformación del contexto en el cual estamos.

6. La felicidad como el medio y no solo el fin

Siempre hemos escuchado que el fin máximo es la felicidad. Quisiera enfocar nuestro camino por la vida a que la felicidad debe ser el medio y no solo el fin. Cuando vivimos queriendo alcanzar la felicidad posiblemente dejamos de vivir y disfrutar el ahora. Por ello el liderazgo se debe enfocar hacia la vivencia y la búsqueda de la felicidad, viviendo el amor y la entrega para que exista un sentido trascendente en la vida, en todo lo que hace y en todo lugar en el cual se encuentre.

Además, un líder siempre deberá gozar de un reconocimiento especial porque al tener puesta su camiseta, tendrá un sentido de pertenencia y un amor infinito por lo que hace. Y si tiene a Dios en su corazón, qué más podrá desear. 

La sexta llave es tener presente esa búsqueda de la felicidad intrínseca, que se plasme en cada acción y se involucre en el trato a los demás. Sonreír de vez en cuando nos acercará cada vez más a la felicidad, que no es más que la saciedad espiritual, que rebosa con tranquilidad a pesar de los problemas o dificultades. 

7. El compromiso para el alcance de metas comunes

Un líder se compromete, se involucra, se siente responsable de las consecuencias de sus actos. Busca permanentemente optimizar su tiempo y enseña a los demás a tener calidad para lograr los objetivos propuestos. Tiene una voz interior que lo orienta a revisar constantemente sus acciones y de reconocer el valor del trabajo en equipo.

Requiere también del orden que es la base del éxito porque como decía San Josemaría Escrivá de Balaguer: “¿Virtud sin orden? —¡Rara virtud!”. Cuando una persona aprende a ser ordenada, lo transmite a su alrededor, lo visualiza en cada rol que desarrolla y procura interiorizarlo desde sus pensamientos e ideas, hasta el manejo de su tiempo.

La séptima llave, que complementa a todas las anteriores, es el compromiso, que conlleva a consolidar el trabajo de un equipo: en la pareja, en la familia, en el trabajo, etc.

¡Vale la pena intentarlo! Los animo a poner en práctica algunas de las reflexiones para convertirnos en lo líderes que el mundo está esperando. En los líderes del siglo XXI.

¿Qué otra llave consideras importante para abrir la puerta del liderazgo? Escríbela en los comentarios.

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Vivian Forero Besil

Especialista en Pedagogía e Investigación en el aula, Licenciada en Educación Básica y especialista en Gerencia de Instituciones Educativas. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso niño. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

 

 

Por Vivian Forero/Blogs LaFamilia.info - 30.09.2020

 

 

La amistad nos da muchas razones para vivir con un sentido trascendente pues nos ayuda a enfocar nuestra manera de darnos a los demás sin esperar retribución alguna.

 

“Un amigo es un tesoro” - Dicho popular y verídico que nos ha acompañado a lo largo de nuestra existencia. Lo hemos escuchado en boca de nuestros abuelos y padres. Nosotros mismos lo hemos estamos repitiendo en la cotidianidad de nuestras conversaciones. Pero ¿Qué significa un tesoro? Porque podemos pensar que es lo más valioso que podamos tener. Y si son tan valiosos, ¿por qué hacemos poco por conservarlos y cultivarlos?

 

En nuestros recuerdos solemos atesorar instantes divertidos, viajes maravillosos, metas alcanzadas, títulos profesionales, y muchas veces, cosas materiales como dinero, joyas, propiedades, etc. ¿Qué tal si atesoramos sentimientos? La vida sería más rica si la acaudalamos de lo que más vale: del amor y de la amistad de aquellas personas que comparten el mismo espacio con nosotros. Por tanto es necesario valorar esa donación personal a través de la vivencia de la amistad, como sentimiento desinteresado que busca el bien del otro, de su crecimiento y perfeccionamiento. Es una relación recíproca y verdadera, fundamentada en el respeto mutuo y en querer ayudar, escuchar y soportar las tristezas de los seres amados o de disfrutar con sus alegrías.

 

En medio del mundo en el que hoy estamos no se ha permitido el disfrute real de la amistad pues muchas veces se oculta o tergiversa dentro de la virtualidad. Se confunden los amigos verdaderos por los seguidores o quienes hacen “likes” a las publicaciones en redes sociales; se cambian los sentimientos reales por aquellos disfrazados de gentileza o cortesía por el instante. Se prefiere el disfrute de lo efímero de las relaciones pasajeras, momentáneas o de interés, por encima de los sentimientos arraigados al corazón y a la verdadera amistad.

 

Es cierto que la amistad se construye en el día a día, en el trato personal, en el conocimiento de la otra persona, del interesarse por saber de sus cosas, del brindarle la mano y de escucharle cuando así lo necesite. Porque un verdadero amigo no se busca, se encuentra y se descubre. Lo podemos encontrar en diferentes espacios y contextos y se va estrechando esta relación interpersonal a través del trato personal. ¿Cuántas veces compartimos años con una persona, la saludamos, la apreciamos, pero no nos damos el tiempo de conocer sobre su vida? Cuando nos damos esta oportunidad de tratar a las personas, dialogar con ellas, conocer sobre su familia, sus sueños, dificultades superadas, testimonios y experiencias, proyecto de vida, muchas veces se pueden llegar a estrechar lazos de amistad, pues aprendemos a valorar a alguien en la medida en que lo conocemos. A veces sólo quedamos estáticos frente a las barreras que nosotros mismos ponemos por prejuicios, prevenciones o por intereses sociales.

 

La amistad es uno de los caminos para encontrar la felicidad y en especial, cuando se viven detalles de afecto mutuo y sincero dentro de la familia. Plantear la necesidad de vivir la amistad en el ámbito familiar es fundamental para la armonía y tranquilidad; este espacio es el mundo real que nos ayudará a vivir con mayor plenitud las características de esta virtud. Si estamos convencidos que este sentimiento nos lleva de la mano hacia la comprensión, el respeto, la confianza, la ayuda mutua, ¿por qué no vivirla en casa con nuestros seres amados? 

 

Qué maravilloso sería que nuestro mejor amigo fuera nuestro cónyuge; nuestra mejor amiga, nuestra hermana. Siempre hemos escuchado que los hijos y los padres no son los mejores amigos, pero sería vital poder tener presente las características de la amistad y todo lo que esto implica. La amistad se vive desde casa y la coherencia nos enseña a que el ejemplo es el mejor camino. San Juan Pablo II así lo expresó en la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio “La familia es la primera y fundamental escuela de socialidad; como comunidad de amor, encuentra en el don de sí misma la ley que la rige y hace crecer. El don de sí, que inspira el amor mutuo de los esposos, se pone como modelo y norma del don de sí que debe haber en las relaciones entre hermanos y hermanas, y entre las diversas generaciones que conviven en la familia".

 

Tips para vivir la amistad al 100%

 

1. Amarse a sí mismo. La primera clave para amar a los demás está en el amarse a sí mismo. Está claro que nadie da de lo que no tiene. Para poder manifestar con sinceridad y seguridad la afectividad es importante trabajar en la auto estima y auto aceptación; quererse a sí mismo, respetarse y tratarse asertivamente. Todo esto se proyectará a las personas que nos rodean y se tejerán relaciones armoniosas y duraderas. Cuando nos amamos y aceptamos brillamos con luz propia.

 

2. Aceptar y respetar las diferencias. Pretender cambiar a los amigos no es una buena opción porque debemos reconocer que somos personas diferentes pero complementarias. Podemos enriquecernos y aprender de los demás, de sus éxitos o fracasos. El respeto va unido a una verdadera amistad; el tratar con decoro y delicadeza es fundamental en el fortalecimiento de esta valiosa virtud.

 

3. Procurar hacer siempre el bien. La amistad debe ser ante todo: transparencia, libertad, consejo, ánimo, motivación, compromiso y preocupación; buscando la mejor versión de cada quien, sin perder la esencia ni la autenticidad. Ser benévolos en el actuar permite consolidar hábitos de solidaridad, generosidad y alteridad, lo cual es importante en el mundo actual, porque para comprender debemos ponernos en el lugar del otro y sólo así, buscaremos su felicidad. 

 

4. Aprender a escuchar. Todos tenemos necesidad de ser escuchados y este don es uno de los que marca verdaderamente la amistad. Cuando conocemos a una persona que se centra en el otro y sale de sí misma, hemos encontrado un tesoro. Escuchar significa pensar que las situaciones de los demás también son importantes, dejando de lado el egocentrismo y pensando en la realidad que nos rodea, ocupándonos de ser un soporte para los amigos.

 

5. Donarse y servir. La entrega de nuestras acciones y dedicación del tiempo para los demás conlleva disposición, generosidad, magnanimidad y amor. Es un ofrecimiento sincero y desinteresado que se da cuando el corazón está lleno de sacrificio y resiliencia. No es fácil dejar de hacer lo que nos gusta por dedicar tiempo a los demás, pero es gratificante donarse y servir. San Josémaría los plasmó en sus pensamientos, “Has comprendido el sentido de la amistad, cuando llegaste a sentirte como el pastor de un rebaño pequeñito, al que habías tenido abandonado, y que ahora procuras reunir nuevamente, ocupándote de servir a cada uno”.

 

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Vivian Forero Besil

Especialista en Pedagogía e Investigación en el aula, Licenciada en Educación Básica y especialista en Gerencia de Instituciones Educativas. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso niño. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

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Por Vivian Forero / Blogs LaFamilia.info - 20.05.2019

 

Foto: Freepik 

 

Cada mañana al despertar anhelamos solucionar un sinnúmero de situaciones, desde la organización del hogar, hasta las diversas tareas que tenemos fuera de éste. No nos alcanzan las 24 horas que tiene el día y si pudiéramos, las aumentaríamos porque el tiempo nunca es suficiente. En ese dormir y despertar, se nos pasa la vida, muchas veces entre lamentaciones, quejas, desdenes y sentimientos encontrados. El tiempo pasa tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta qué sucede a nuestro alrededor. Nos sumergimos entre el computador, el teléfono móvil, los afanes del mundo, las simplezas de la vida.

 

Cuántas veces hemos deseado que el tiempo se detuviera para disfrutar de aquello que más nos llena. Cuántas veces hemos notado que todo sigue sin nuestra presencia como si no fuéramos importantes. En cuántas ocasiones nos hemos percatado que podemos ser felices, descubriendo la belleza en los pequeños detalles. Es cierto que todo continúa naturalmente cuando nos hacemos a un lado, cuando estamos incapacitados o cuando morimos, y ello nos debe llevar a reflexionar sobre qué misión tenemos en la vida. Nacemos por un porqué, vivimos por una razón, y esa misma tenemos que descubrirla pero a paso lento; deteniéndonos a revisar qué hacemos a diario y cuál es el sentido de cada palabra, acción, decisión. Si pasáramos por esta hermosa vida sin encontrarle un sentido, seríamos terreno árido, un destino sin rumbo fijo, un barco a la deriva. Por ello debemos descubrir lo bello y magnánimo que es estar vivos, de sentir, de percibir, de dar y recibir, de descubrir a cada instante todo lo que podemos lograr, construir y compartir.

 

¿Qué ves cuando te miras al espejo? ¿Ves a una persona espléndida? ¿Perfecta? ¿Maravillosa? ¿Capaz de alcanzar grandes sueños? ¿De compartir lo mejor de sí para transformar el mundo? Tú debes convertirte en tu mejor aliado. Ser la persona que más admira tus propios progresos y tus deseos enormes por alcanzar la mejor versión de ti mismo. Sin duda alguna, serás cada día mejor si logras aceptarte como eres y luchas por superar obstáculos y ver oportunidades para descubrirte y brillar por tantos dones recibidos.

 

Cada día es una oportunidad nueva de replantear tu camino, de descubrir maravillas en ti, de ser una persona maravillosa que inunde de felicidad el camino de los demás. ¿Qué sería de las 24 horas del día si estamos sumergidos sólo en el trabajar? ¿En cumplir metas sin un sentido trascendente? El trabajo tiene siempre el sentido de servir a los demás y de enriquecernos a través de hacerlo bien hecho, cara a Dios, ayudando a todas las personas que nos necesitan. El trabajo es un medio para santificarnos y hacer de nosotros personas de bien, correctas, intachables, virtuosas, que buscan el bien en cada tarea que se emprende. Pero esa razón de ser en el trabajo se hace tangible a través de vivir la caridad, entendida esta como “El esfuerzo de cada uno de vosotros, aislado, resulta ineficaz. – Si os une la caridad de Cristo, os maravillará la eficacia” San Josemaría Escrivá de Balaguer.

 

¿Eres capaz de mirarte al espejo con orgullo? ¿Con conciencia tranquila? ¿Con armonía en el corazón? ¿Con la firma convicción de estar haciendo lo correcto en tu vida? ¿Tu familia es lo más importante? ¿Actúas con recto criterio sin dejarte llevar por los demás? ¿Sin pasar por encima de las demás personas para alcanzar el éxito? Es un mérito y una satisfacción personal el levantarnos cada día con una sonrisa en los labios, a pesar de las dificultades porque tenemos la tranquilidad de hacer las cosas con corazón puro y recta intención. El camino de crecimiento personal va de la mano de hacer también el bien a los demás. No podemos pretender escalar pisoteando a los demás. Es de sabios trabajar en equipo, llevar de la mano a las demás personas hacia la búsqueda del bien común, el reconocer en el otro que también es importante y es un ser semejante a nosotros, por tanto merece respeto y buen trato.

 

Vale la pena descubrir frente al espejo qué tanto nos amamos y aceptamos. Mirarnos fijamente y admirar cada rasgo físico, diferente a los demás, que nos hace únicos e irrepetibles. Aprender a aceptarnos significa reconocer las fortalezas y aspectos por mejorar pues no somos perfectos. La clave en la vida está en luchar día a día para alcanzar esta perfección, haciendo que nuestros pasos vayan por el camino que Jesús nos enseñó. 

 

Lamentablemente a veces nos miramos sólo para criticarnos o para revisar qué podemos corregir con una cirugía. Pero el alma no la podemos embellecer en un quirófano y siempre será más importante nuestro interior porque el exterior se envejece, se transforma, cambia con el paso de los años. Pero lo que siempre nos hará brillar y ser reconocidos ante los demás será nuestra forma de ver la vida y de transformarla para el bien de nosotros y de los que están a nuestro alrededor. El preocuparnos por nuestra vida interior implica acercarnos más a Dios y buscar la bondad, el amor, la comprensión, la caridad y misericordia en cada acción. También nos debemos valer del arrepentimiento y de corregir los pasos equivocados, reconociendo el valor del sacramento de la reconciliación para aligerar las cargas que llevamos en nuestra alma y que la han opacado por el pecado o por las omisiones. Si combinamos un exterior virtuoso y un alma limpia de pecado, esa persona que se refleja en el espejo, brillará con luz propia y dará luz a todas las que están a su alrededor porque nadie puede dar de lo que no tiene.

 

Y por último… ¿Qué quieres que vean los demás?

 

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VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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Por Vivian Forero/Blogs LaFamilia.info - 15.12.2020

 

Es duro descubrir que se valora algo cuando se pierde aunque sea por un instante, por meses, o para siempre. Suena tal vez reiterativo pero esta pandemia se ha llevado tantas cosas. Se han adelantado a la eternidad seres amados, cercanos, conocidos, famosos y personas que quedarán grabadas en lo profundo de nuestros corazones y sus recuerdos… Pero no solo se ha llevado a las personas. También se han borrado por bastante tiempo los abrazos, los besos, las sonrisas, la cercanía de los demás.

 

Un día cualquiera de noviembre de 2020, estaba sentada esperando en una banca a mi esposo y a mi hijo que entraron a un laboratorio a unos exámenes. Vi a tantas personas pasar por mi lado. Me miraban, sonreían, (bueno, eso creo, aunque no veía sus labios). Los niños menores de tres años, inocentes, corrían por todas partes y sus acompañantes los seguían temerosos desinfectando sus manos y protegiéndolos de aquel enemigo invisible: el Covid.

 

¡Cómo una partícula tan diminuta pudo paralizarnos tanto! Como pudo arrasar con tantas esperanzas y sueños. Tal vez dentro de nosotros sólo bastaba eso: un motivo para ocultarnos bajo nuestros propios temores. Esto no lo digo porque queremos huir conscientemente. Sino porque dejamos de luchar, nos acostumbramos, nos resignamos y aceptamos la derrota. Nos abandonamos en el oasis de la desesperanza y de la negatividad. Con ello no quiero desconocer que este virus no es mortal ni peligroso. ¡Es que ha dañado tanto! Hasta ha penetrado en nuestra forma de actuar o de percibir la vida. En las decisiones que tomamos o dejamos de tomar. Nos hemos abandonado en la profunda tristeza. Y es hora de salir de este caparazón que se nos ha endurecido alrededor nuestro. Y de buscar salir de la oscura actitud que nos rodea.

 

Comencemos a ver a nuestro alrededor con otra mirada, cambiemos el chip en nuestros pensamientos e ideas, hagamos un click y convirtamos la negativo en positivo. Tal vez sea demasiado difícil pero siempre será mejor intentarlo. Arriesguemos el darnos a los demás a través de tantas iniciativas (así sean virtuales). Tantas personas haciendo el bien, entregando su vida a los demás, sonriéndole a la vida a pesar de tener sus labios ocultos. Innovemos y acerquemos a nuestros familiares. Llamemos a aquellas personas que hemos olvidado por el trabajo, participemos de nuestro tiempo en familia pues hoy en día tenemos la excusa perfecta del trabajo 24/24 horas (teletrabajo). Respetemos los tiempos en familia, guardemos la tecnología y juguemos con nuestros hijos, disfrutemos de una cena romántica en casa. Organicemos el espacio del hogar de manera creativa, hagamos del hogar un lugar maravilloso para disfrutar y compartir. Hoy tenemos tantas cosas que podemos perder en un instante.

 

Cuánto extraño la sonrisa, tu sonrisa, la de todos. El rostro de aquel anciano que alimenta sus ganas de vivir con dibujarse la sonrisa en sus labios y en los que le rodean. El rostro de ese niño que cada vez desarrollará más destrezas porque aprenderá a conocer a los demás sólo con la mirada y las palabras, acostumbrándose a esperar por la sonrisa en la intimidad de su hogar al quitarse el tapabocas.

 

Cuánto extraño esa sonrisa. Aquella que te lleva a un mundo entrañable, que expresa alegría, emoción, satisfacción, agradecimiento o solo amabilidad. Provisionalmente debemos cambiar nuestra sonrisa por la palabra. Si no podemos mostrar la sonrisa debemos hacerla sentir. Volver a las buenas maneras, a saludar, a expresar esos sentimientos hermosos a través de la palabra hablada y escrita. Debemos reinventarnos y llegar al corazón de los demás porque antes solo bastaba una sonrisa.

 

Los gestos estarán presentes por mucho tiempo pues el miedo seguirá también dentro de cada uno de nosotros. Seguiremos poniendo en práctica tantos saludos creativos para expresar nuestro cariño y amabilidad pues como seres sociales buscaremos seguir creciendo en amistad. Debemos recordar que aunque estemos en una emergencia sanitaria, siempre debe prevalecer el amor a los demás.

 

Alejarnos físicamente en este momento es la mejor solución o cuando nos debamos reencontrar, el practicar hábitos como el porte del tapabocas será nuestro mejor aliado. Pero descubramos el valor de la expresión de los sentimientos a través de un "te amo", "te extraño", "eres muy importante para mí", "gracias por tu amistad". Estas palabras abrazan el alma y la embargan de alegría.

 

“Todo lo que ahora te preocupa cabe dentro de una sonrisa, esbozada por amor de Dios”. San Josemaría Escrivá de Balaguer esbozó la hermosura de la sonrisa unida al amor de Dios y del significado que transmite esta expresión. Cuando uno está feliz, sonríe; cuando uno está enamorado, sonríe; cuando uno observa a alguien a quien ama, sonríe; cuando uno logra una meta propuesta, sonríe; cuando uno ayuda a los demás, sonríe. Y si la sonrisa está en todo lo bello, ¿por qué nos negamos a sonreír?

 

La sonrisa no es de débiles, es de personas con fortaleza que descubren el elixir de la felicidad. La entrega a los demás, el servicio, la solidaridad, la generosidad, el respeto, la tolerancia y la comprensión, son la clave para dibujar sonrisas, así estén ocultas en estos momentos por un cubre bocas. Pero lo que jamás podremos cubrir es el amor incondicional de Dios, que se nos da a través de las maravillas de la creación.

 

Extraño tu sonrisa, pero como te vi sonreír tantas veces, hoy la imagino y me haces sonreír.

 

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Vivian Forero Besil

Especialista en Pedagogía e Investigación en el aula, Licenciada en Educación Básica y especialista en Gerencia de Instituciones Educativas. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso niño. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

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Blogs LaFamilia.info - 06.02.2020

 

 Foto: Jcomp

 

Recientemente pude vivenciar a través de una experiencia personal, cuán frágiles somos y qué tan fuertes o débiles podemos llegar a ser. Sin duda alguna, nuestra condición humana nos debe hacer reflexionar constantemente sobre el rumbo de nuestras vidas porque en la cotidianidad,  en el día a día, en el trabajo diario, se nos pierde muchas veces el hecho de conocer el alcance y la necesidad de nuestros actos y la consecuencia de los mismos para nuestra mejora continua o para la trascendencia que sería lo vital de nuestra existencia. “Hacemos por hacer” o “vivimos por vivir”, sin gracia, sin sentido, sin una visión especial. 

 

Lamentablemente nos percatamos de cosas importantes cuando las perdemos de manera permanente o por algún tiempo. Desconocemos el valor del tiempo, de la compañía, de la ayuda y el apoyo de los demás. Somos ingratos e insensatos pero inconscientemente (en la mayoría de los casos). Pero muchas veces a través de una situación podemos percibir lo indispensable que es el estar rodeados de personas importantes y son ellas mismas las encargadas de expresar en su máximo esplendor las maravillas del amor verdadero.  

 

Hace algunos días tuve un imprevisto que inhabilitó mi mano derecha, lo cual originó un traumatismo en mi vida cotidiana. Dejarme ayudar por lo demás fue una de las decisiones más difíciles en mi vida pues lo normal es ser autosuficiente. Necesariamente como seres sociales requerimos vivir con los demás y ese vivir encierra el interactuar y el compartir todas aquellas condiciones que nos identifican o nos diferencian;  nos conlleva también a darnos desinteresadamente, a ayudar y dejarnos guiar por lo demás, viviendo virtudes especiales y esenciales como lo son la paciencia, la tolerancia y la alteridad. No es posible darnos sin recibir o viceversa, pues toda relación conlleva a estas dos acciones, así demos sin esperar nada a cambio. Posiblemente podríamos recibir con el paso de los años,  no en el mismo instante porque en muchas ocasiones tendremos que sembrar y esperar.

 

La experiencia también me llevó a comprender la importancia de valorar lo que soy y lo que tengo,  lo que he construido, el amor de mi familia y de los amigos. He podido aprender nuevas cosas y ver que los retos ayudan a salir adelante venciendo nuestros propios miedos. 

 

No puedo negar que al escuchar la palabra “cirugía” entré en llanto, pero luego Dios se encargó de ayudarme a tranquilizar a través del ofrecimiento y de la oración. Conocí personas que vivieron situaciones más difíciles que la mía lo que me ayudó también a ser agradecida y ver las cosas con alegría y optimismo.

 

Cuánto se valoran las cosas o facultades cuando las perdemos permanentemente o por un instante!  les cuento que para poder operar, el médico tuvo que bloquear mi brazo y fueron casi 15 horas en las que parecía una extraño;  quería moverlo y no respondía. Esto me llevó a pensar sobre la condición pasajera y a agradecer porque pronto volvería a disfrutar de la movilidad de mi brazo cuando hay tantas personas que por muchas situaciones han perdido alguna parte de su cuerpo o facultad. 

 

Siempre es importante poder estar preparados para lo que se puede a llegar a presentar pues hoy estamos bien pero mañana no sabemos. Es vital también poder tener estrecha conexión con Dios, nuestro creador y ser supremo, que nos permite despertar, respirar, correr,  saltar, amar, construir, soñar. Cada día abrimos nuestros ojos porque Él así lo permite. Y entonces por qué este desconocimiento o relación tan desapasionada e insípida. La vida y relación con Dios necesita de un sabor en especial, el que nos dé la suficiente razón de vivir, de dar lo mejor de cada uno de nosotros, hasta el cansancio. En dejar toda la alegría y energía en todo lo que hagamos, por amor a Él. 

 

El tiempo cesante me ayudó a repensar tantas cosas, a agradecer por cada una de las personas que he conocido y con las que he compartido, a vivir un reto nuevo que me ayudará a fortalecerme aún más, a realizar tareas nuevas desaprendiendo y aprendiendo, a orar más, a leer y aprender nuevos conocimientos. También conocí a personas maravillosas entregadas a hacer su labor en la clínica en la cual fui atendida. 

 

Mirar la vida y las experiencias con un lente nuevo y diferente es importante para poder superar obstáculos que no impedirán lograr las metas, sólo las retrasará un poco.

 

Aprendizajes nuevos:

 

1. Escribir en el smartphone y en documento en drive a través del dictado de voz.

 

2. Hacer muchas cosas con la mano izquierda.

 

3. Apoyarme más en mi familia y valorar más su ayuda.

 

4. Hablar más, leer más, orar más.

 

5. Tomar las cosas que llegan con más calma y ser más paciente.

 

6. Saber esperar.

 

7. Hacer cada tarea con mayor atención y cuidado.

 

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VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

 

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Por Vivian Forero / Blogs LaFamilia.info - 22.03.2019

 

Foto: Freepik

 

Cada día las noticias son más desalentadoras y poco a poco nos vamos hundiendo en la desesperanza. Sin duda algo está pasando en la actualidad, muchas ideas han ido penetrando en la mente de las personas y las hace encaminarse por el lugar equivocado. Y hasta las lleva a pensar que todo está perdido y que no se tiene nada por qué luchar. El pesimismo, el desamor y la pérdida de valores en la sociedad están siendo cómplices en la batalla entre el bien y el mal. Se vende el corazón por la comodidad y la voluntad por el libertinaje, supuestamente para vivir como reyes y conseguir a toda costa la felicidad. Pero cuan equivocados estamos pues al final de todas las decisiones desacertadas siempre surgirán las lamentaciones. 

 

Si nos adentramos en la familia, la cual es la base y pilar de la formación de las personas, me surgen preguntas como: ¿quiénes son los directamente responsables de los hijos, de educarlos, orientarlos, corregirlos, conocerlos y motivarlos? La respuesta obvia y correcta sería papá y mamá. Pero debido al agitado horario de las personas y de las prioridades que se tienen, para suplir esta misión indelegable, se acude a la nana, quien cumple con dicho acompañamiento en ausencia de los progenitores por motivos laborales o sociales. Hoy en día es muy común observar familias que son acompañadas por la nana o en algunas partes conocida también como niñera (y con ello no tengo nada en contra de su apreciada labor) quien suple a la mamá (en la mayoría de los casos) mientras está laborando o está cumpliendo con eventos sociales.

 

La anterior situación se convierte en ocasión de reflexión cuando la niñera conoce al niño o niña, en muchas ocasiones más que su propia mamá. En las redes sociales hay muchos experimentos plasmados en videos en los cuales se le hacen preguntas tanto a la mamá como a la nana, siendo esta última la que da muestra de conocer más al pequeñín que está bajo su cuidado. Hay nanas tan especiales que llegan a querer mucho a los niños que cuidan y por ello debemos ser agradecidos. Y con frecuencia el niño prefiere estar más tiempo con la nana que con su verdadera mamá. 

 

Lo que me orienta a esta revisión es que no está bien delegar las responsabilidades de los padres en una persona diferente a ellos mismos. Es verdad que luego de laborar, llegamos a casa cansados pero descansar significa cambiar de actividad y, ¿qué es más agradable que gozar de la compañía de los hijos? Lamentablemente algunos padres consideran como una carga a sus hijos, la cual alivianan contratando a varias personas para atenderlos mientras se cumplen con otras obligaciones. ¿Pero realmente cuál es la compañía que más valoran los hijos? Sin duda alguna es la de sus papás.

 

Los niños, así como los adolescentes, siempre van a necesitar de sus padres. Es triste ver a tantos niños abandonados por sus padres dentro de la misma familia, con escasez de cariño y atención pero con abundancia en cosas materiales, cuando lo verdaderamente esencial, lo que marca el camino y lo que se recuerda con nostalgia, con el paso de los años, son los abrazos, los besos, las palabras motivadoras, los momentos compartidos. No se recuerdan cuántos juguetes papá y mamá compraron, sino cuánto tiempo lleno de amor se compartieron. Muchas veces cala más un abrazo amoroso que un automóvil último modelo. Si esto no es cierto, ¿entonces por qué existe infelicidad también en la abundancia? Simplemente porque la felicidad no se puede comprar ni con todo el oro del mundo.

 

¿Entonces por qué nos esforzamos tanto en el tener y poco en el ser? Porque sólo buscamos la comodidad y en la rutina diaria, el hedonismo y lo material, están a la carta: en las redes sociales, los programas de televisión, los medios masivos de comunicación, las propagandas (que para ofrecer un producto se hace de la persona un objeto). Algo muy común también en la actualidad es la tendencia a evitar el esfuerzo, el sacrificio, el dolor, el sufrimiento. Siempre buscamos el estar bien olvidando que a veces el sacrificio es lo que más nos ayuda a valorar lo alcanzado. Tantos padres evitan al máximo que sus hijos se esfuercen y alcancen por sus propios méritos las metas. Se prestan para hacerlos llegar a la meta a través de atajos, comprando un ingreso a una prestigiosa universidad, prestándose para hacer lo incorrecto para alcanzar lo que ellos anhelan y con ello solo logran ser incoherentes y enseñar lo contrario de lo que se busca para ellos: ser únicos y correctos en todo momento y lugar.

 

¿Por qué nos preocupamos tanto en el aparentar y poco en ser auténticos? Porque sólo pretendemos ser lo que no somos para encajar en un medio social, para que nos valoren por lo que representamos y no por lo que realmente valemos por el hecho de ser personas. Por lo anterior muchas veces se tienen amigos por conveniencia, por un estrato social, por pertenecer a un grupo especial de cultura, por ser aceptados. Tantas frivolidades por el hecho de ser reconocidos pero a costa de qué. Muchas veces pretendiendo ser lo que no somos porque en el fondo realmente seríamos más felices siendo genuinos. Pero esta autenticidad no se mide simplemente por ser diferente a los demás. Somos auténticos al comportarnos acorde a lo que somos sin pretender cambiar la forma de ser o de pensar. Ser auténticos es la verdadera razón para tener un sello personal único e irrepetible capaz de dejar huella y de ser recordados con orgullo, cariño, prestigio y credibilidad.

 

Qué bueno sería preocuparnos más por nuestros seres queridos y en especial, por los hijos. Ellos serán siempre los primeros en agradecer lo que hagamos por su formación porque dicho proceso bien acompañado, será recogido en frutos abundantes de valores que orientarán acertadamente su camino y por ende, los ayudará a encontrar la verdadera felicidad, que solo se encuentra cuando se es coherente, se es correcto, ecuánime, libre de ataduras de maldad y se está cercano a Dios, quien es la fuerza superior que ilumina y orienta los pasos hacia el camino del bien, que siempre estará sobre el mal y lo derrotará por más fuerte que sean las diferentes tentaciones que se presentan a lo largo de la vida.

 

Lo ideal de todo el proceso de acompañamiento de los hijos es poder compartir con ellos todo el tiempo posible con el que se cuenta. Aprovechar al máximo los espacios compartidos como ir al mercado, hacer compras, tomar un refresco o un helado, ir a misa, el trayecto del colegio a la casa y viceversa, el desayuno, la cena, la hora de dormir, etc. Muchas veces el tiempo compartido con ellos implica sacrificio, es decir, dejar de lado las circunstancias personales que a veces nos gusta y dedicarles ese tiempo a los hijos. El tiempo de calidad es importante y se debe evitar al máximo el delegar esos detalles a terceras personas. El ser observador de los hijos evita el que caigan en malos hábitos o que se desvíen del camino por estar con personas que influyen negativamente en sus vidas; el dialogar permanentemente con ellos nos facilita el conocerlos e intervenir a tiempo, aconsejando y orientando sus pasos; el participar en sus aficiones, sueños, anhelos y esperanzas, los motiva a alcanzar sus metas y a tener motivos para vivir.

 

Lo importante es hacer presencia, en el presente, en el ahora. Dejar de trabajar tantas horas adicionales en la empresa y apurarnos a llegar a casa. Dejar de lado el uso irresponsable de las redes sociales y reconocer que las relaciones personales en vivo y en directo son la conexión vital para estrechar verdaderos lazos indestructibles y duraderos. Cuidar nuestro estado físico sin exagerar, pues las horas en las que estamos en un salón de belleza, gimnasio, sauna, tratamientos, son indispensables para estar presentes en la familia. Debemos aprender a priorizar y más aún cuando somos padres. Si desatendemos las redes sociales por largas horas, no será tan riesgoso como el dejar de lado el ser papá o mamá.

 

Tantos vacíos emocionales hoy en día en las personas son directamente proporcionales a la indiferencia de los padres, son consecuencia de decisiones inadecuadas, de la falta de atención y de la poca expresión del amor. Todo será mejor cuando se tome conciencia de la realidad y se busque el rumbo hacia la recuperación de la familia cuya misión es indelegable y es fundamental para la formación integral de la persona. Solo así se pensará y actuará en el bien, logrando superar las circunstancias que actualmente nos preocupan y que están desquebrajando la sociedad. Seamos optimistas, perseverantes, positivos y luchemos porque la familia siga siendo la cuna y la base de los valores y las buenas costumbres. Busquemos incansablemente el ser la mejor mamá o el mejor papá, pues nuestros hijos merecen lo mejor.

 

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VivianForeroBlogVivian Forero Besil

Licenciada en Educación Básica; especialista en Informática Educativa, en Gerencia de Instituciones Educativas y en Pedagogía e Investigación. Con amplia experiencia en docencia. Felizmente casada y madre de un hermoso bebé. Esta dirección de correo electrónico está protegida contra spambots. Usted necesita tener Javascript activado para poder verla.

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