Rafael Hernández Urigüen
25.08.2005

La llamada "píldora del día siguiente" es un producto abortivo que produce fuertes efectos secundarios. Los expertos comparan el producto con una ruleta rusa.

En los últimos años la mayoría de los medios informativos han hecho llegar al gran público los debates sobre aprobaciones o proyectos de legalización de la llamada "píldora del día siguiente" también denominada "anticoncepción de emergencia". Su diseño data de 1960 y se introdujo como método contraceptivo en 1982. Entre los contraceptivos puede incluirse en el grupo de los abortivos, en atención a sus características de acción anti-implantatoria del óvulo fecundado y de la consiguiente expulsión del mismo. Desde 1982, su uso se ha incrementado y extendido a varios países, mientras crece la variedad de fármacos y se perfilan con mayor método sus pautas de dosificación.

Según ha explicado Ana Otte, del Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares: "Primero tenemos que saber algo sobre el mecanismo de acción de esta píldora, y para esto hemos de recordar la fisiología del aparato reproductor de la mujer. Su fecundidad está regulada por un complejo equilibrio hormonal que consigue que la mujer posea una fecundidad cíclica. El momento culminante ocurre hacia la mitad del ciclo: la ovulación, que es cuando se libera un ovocito de un ovario.

Si ha habido actividad sexual es posible la fecundación de este ovocito con un espermatozoide. Si la actividad sexual ha tenido lugar hacia los días centrales del ciclo, las probabilidades de fecundación son elevadas. Sin embargo, en los primeros o últimos días del ciclo de la mujer sabemos que la probabilidad de embarazo es prácticamente inexistente. Supongamos que ha ocurrido la fecundación de un óvulo, es decir el encuentro de una célula germinal masculina con una célula germinal femenina. En este momento se ha originado la primera célula de un nuevo ser humano. Rápidamente se divide y multiplica esta primera célula y el embrión, así es como se llama, es transportado por los movimientos de la trompa de Falopio hacia el útero, donde se implanta y empieza a crecer".

Mecanismo de la píldora

En esta situación, la administración de la píldora "tiene como objetivo fundamental la eliminación del embrión mediante un efecto anti-implantatorio: los progestágenos que contiene la píldora alteran la motilidad de la trompa en el sentido de obstaculizar el descenso del embrión hacia el útero y producir alteraciones de la mucosa impidiendo la anidación del embrión: lo que se pretende a toda costa es evitar una gestación."

Según la doctora, el producto actúa así: "Dos tomas de una mezcla de estrógenos y gestágenos, con un intervalo de 12 horas, dentro de las 72 horas que siguen a una relación sexual, son suficientes para evitar una gestación, aunque ya han aparecido preparados que contienen únicamente gestágenos, buscando una disminución de los efectos secundarios. No por ello dejan de ser fuertes los que podrán presentarse con la toma de la nueva píldora: dolores abdominales, nauseas, vómito, y dolores en el pecho al aumentar la tensión mamaria. Es interesante subrayar que la FDA (Food and Drug Administration) del gobierno de los Estados Unidos no había aprobado la píldora precisamente por estos efectos secundarios. Además hay que advertir que la eficacia contraceptiva de esta píldora es de un 75%, y en el 25% de los casos en los que el embarazo sigue adelante a pesar de haber tomado la píldora, [...] no se han estudiado todavía posibles malformaciones en los fetos".

Reacciones en el Reino Unido

Cuando, saltó a los medios informativos el anuncio de que el gobierno inglés autorizaba la venta de esta píldora sin receta médica, la portavoz de Interior declaraba a la BBC: "No me parece que ésta sea la forma más ética de resolver el problema de los embarazos no deseados". La portavoz de Sanidad de la oposición Liam Fox añadía su preocupación: "Ante el aspecto moral y los riesgos para la salud de un producto que no debe tomarse a la ligera".

A pesar de los distintos maquillajes que han pretendido camuflar el efecto abortivo del fármaco, muchos desacuerdo ante la venta libre de la píldora, han recordado que esta decisión gubernamental aumentará la tendencia a las relaciones sexuales entre los jóvenes ingleses, y sin duda a la proliferación del SIDA. La ya citada Liam Fox, recogía esta preocupación: "Poner la píldora del día después al alcance de las adolescentes es dar un mensaje equivocado sobre la responsabilidad de la actividad sexual. Aprobar esta medida sólo contribuirá a aumentar el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual". El Reino Unido es el país de la Unión Europea con la tasa más alta anual de adolescentes embarazadas.

Italia: objeción de conciencia

Antes de Inglaterra, la aprobación en Italia en el mes de noviembre del 2000 del Levornogestrel (así se denomina técnicamente esta píldora), suscitó reacciones valientes y clarificadores por parte de la Academia Pontificia de la Vida que después de exponer en un análisis interdisciplinario las características abortivas del producto, animaba a no camuflar este efecto directamente anti-implantatorio y a que los profesionales de la medicina y de la farmacia ejercieran la objeción de conciencia.

A pesar de que para el Ministerio de Salud italiano este producto químico es un "anticonceptivo de emergencia" al que se puede recurrir poco después de una relación sexual considerada como fecundante, en el caso en que se quiera impedir que continúe el embarazo no deseado, los científicos, médicos, bioéticos y teólogos de la Academia Pontificia para la Vida, lo consideran sencillamente "abortivo".

Los miembros de la Academia explicaron desde el primer momento que la "píldora del día después" es un producto basado en hormonas que, si se ingiere antes de las 72 horas (no después) que siguen a una relación sexual, impide la anidación del óvulo fecundado (que ya es un embrión humano) en la pared del útero. El embarazo, por tanto, queda truncado. "El resultado final será, por tanto, la expulsión y la pérdida de este embrión". Esto no es otra cosa que un aborto. El producto, añadieron, "no sería abortivo en el caso en que la píldora precediera en unos días a la ovulación, bloqueándola. Pero esto es exactamente lo que hace la famosa píldora anticonceptiva, y no la del día después". Así, los académicos solicitaron a las autoridades sanitarias, en general, y a las italianas en particular, que fueran rigurosas desde el punto de vista científico y que denominasen a la "píldora del día después" por su nombre: no "anticonceptivo" sino producto "abortivo".

La llamada a la objeción de conciencia fue formulada en estos términos: "Apliquen con firmeza la objeción de conciencia moral" y que testimonien "con valentía y con los hechos el valor inalienable de la vida humana, especialmente frente a nuevas formas subrepticias de agresión a los individuos más débiles e indefensos, como es el caso del embrión humano". Este llamamiento cobró particular fuerza porque, al presentar el Ministerio de Salud italiano esta sustancia química como un producto farmacéutico (terapéutico), las farmacias italianas están obligadas por ley a suministrarlo.

Francia

Antes de Italia fue el gobierno francés quien dio luz verde a la píldora del día después el pasado 5 de octubre aboliendo la ley Neuwith de 1967 que impedía la distribución legal de la píldora del día siguiente a adolescentes en centros escolares y en servicios de enfermería. Como se recordará en junio de 2000 el Consejo de Estado francés había dado la razón a asociaciones familiares y grupos pro vida que habían recurrido a la distribución indiscriminada de la píldora Norlevo. En cualquier centro escolar francés la píldora es distribuida gratuitamente por las enfermeras a las niñas o adolescentes que la soliciten.

España

El anuncio por parte del Ministerio de Sanidad y Consumo, dirigido por Celia Villalobos, para permitir la venta de Levonorgestrel, con receta médica, en todas las farmacias a partir de febrero de 2001, ha levantado una ola de protestas tanto desde la Conferencia Episcopal como desde abundantes colectivos médicos y de asociaciones pro vida, al recordar que es un producto abortivo, y no se entiende porqué haya de establecerse diferencias en la restricción en su receta respecto a la RU-486. (Como se recordará la RU-486 sólo se puede tomar por prescripción médica, durante las 7 primeras semanas tras la concepción y mirando a los tres supuestos que permiten el aborto: violación, malformaciones en el feto o grave riesgo para la salud de la madre.)

El levonorgestrel podrá ser solicitado por cualquier mujer que no desee la continuación de su embarazo, aunque en el lanzamiento de esta iniciativa se hable de "cualquiera que no desee quedarse embarazada". Desde el primer momento del anuncio, el portavoz del Episcopado español advirtió que este aborto "no se perpetra con armas o instrumentos letales, pero sí con una química letal que produce los mismos efectos. Por lo tanto la valoración moral es la misma que en lo que se refiere al aborto".

A diferencia de Francia, donde cualquier adolescente puede adquirir esta píldora sin receta médica, en España será necesaria la receta médica. Se han interesado por su comercialización en España algunos laboratorios como Alcalá-Farma a través de su sección Dreiman, también se habla de algún laboratorio extranjero. En su afán por favorecer la distribución del producto algunos medios de comunicación han insistido en que sus efectos secundarios son menores a los de la RU-486, aunque todos reconocen trastornos gastrointestinales, dolor en el pecho y tensión mamaria, alteraciones en el ciclo menstrual, y la posibilidad de embarazos ectópicos. Todo lo anterior queda en las apreciaciones periféricas del problema que esta liberalización de la venta supone, por mucho que se haya insistido por parte de los partidarios sobre sus ventajas al no tener "estrógenos" en su fórmula. En el campo político, como era de esperar han aplaudido el nuncio de la comercialización libre del producto abortivo responsables de Izquierda Unida, del PSOE y de las llamadas Asociaciones progresistas de mujeres divorciadas y separadas.

La voz de los expertos

Desde la perspectiva médica se han alzado voces en contra, como la de la Doctora Helvia Temprano, directora del Instituto Universitario de estudios de la Mujer y jefa de Sección del Servicio de Obstetricia y Ginecología del Hospital Teresa Herrera de la Coruña: "La píldora del día después es una ruleta rusa del aborto precoz", ya que la relación sexual puede haber sido fecundante. Añadía la necesidad de informar a las jóvenes, tanto de la posible mortalidad para el embrión, como de los efectos secundarios que puede conllevar la medicación hormonal para la mujer: "se está hablando continuamente de la no violencia a las mujeres, pero se nos va a ofrecer otra manzana envenenada, especialmente a las adolescentes".

Por su parte, el Colegio Asturiano de Médicos a través de su Secretario, Dr. Ángel García Prieto, manifestó su total rechazo a la píldora: al ser abortiva, recetarla "no puede considerarse nunca un acto médico". Con acertada ironía literaria lanzaba la siguiente consideración: "La Celestina y las madames de los burdeles nunca necesitaron a los médicos para practicar abortos No entiendo por qué ahora el Ministerio de Sanidad pretende recurrir a nosotros. Estas cuestiones dependían en tiempo de Franco del sindicato de asuntos diversos y no del Ministerio de Sanidad".

Ana Otte, del IVAF, entre sus consideraciones, señalaba: "Encontramos un artículo en un periódico con el siguiente mensaje: "Las Urgencias de los hospitales de Granada capital administraron en el último año un total de 2.250 dosis equivalentes a la píldora del día después para evitar posibles embarazos en mujeres que habían mantenido relaciones sexuales sin usar métodos contraceptivos". La mayoría de ellas eran jóvenes -a partir de los trece años- y algunas tomaron este fármaco, que provoca artificialmente la menstruación, hasta siete veces en un año. En vista de estos hechos, las organizadoras del IV Congreso de la Sociedad Española de Contracepción reclaman que la educación sexual y afectiva se incorpore a la escuela, ya desde primaria".

Terminaba su comentario con esta reflexión: "En Europa y Estados Unidos algunos expertos piensan actualmente que el hecho de poner a disposición de los jóvenes píldoras y preservativos, e incitar a los profesores a dar cursos de educación sexual sin reflexión previa, podría resultar menos útil que tratar de enseñar a los jóvenes porqué decir que no. Desde luego, es más fácil repartir preservativos y píldoras que aprenderse una nueva lección para poder explicarla en clase con fundamento, con ciencia, y con gracia. Y ello es algo que hemos de empezar a exigir a los educadores de nuestros hijos que para algo les pagamos".

En la misma línea, aunque argumentando desde la perspectiva de la política y gestión pública en general se han alzado en nuestro país otras muchas voces. Por mencionar alguna, valen la pena las palabras del periodista Ramón Pi: "El Ministerio de sanidad se apresta, según parece, a poner en circulación en España la llamada píldora del día siguiente, calificada como "anticonceptivo de última generación". Falsa y sarcástica descripción, porque no es un anticonceptivo, sino un abortivo". Concluía con una reflexión de carácter político: "Lo importante, por lo visto, es no tocar el nuevo dogma de estos tiempos desnortados, el de la separación radical del acto generador y la generación en sí misma: Se sabía que la ministra Villalobos se aferra a este dogma, que ya va siendo uno de sus últimos signos de progre. Ella sabrá. Pero es imposible ignorar que el jefe político de Villalobos es Aznar. Y si Aznar no impide esto, no habrá más remedio que atribuirle la responsabilidad política última de que se perpetre con las bendiciones oficiales este nuevo atentado contra la vida humana" (Gaceta de los Negocios, 21/11/00).

Ya se ve que abundan los argumentos para reflexionar sobre el alcance del nuevo producto anti-implantatorio que pretende poner a la venta el Ministerio de Sanidad. Esperemos que la reacción cívica esté a la altura de las circunstancias para que las razones políticas no pesen más que las éticas.

Episcopado español

Con fecha 12 de diciembre de 2000 la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española emitió una nota que aclara el alcance de la nueva píldora y convoca a los católicos a promover una cultura de la vida y de la educación desde los principios humanos y evangélicos (ver texto íntegro, en la sección DP).

Después de analizar la acción anti-implantatoria del producto, los obispos llegan a la conclusión lógica: "La píldora del día después es, por tanto, una autentica técnica abortiva y no simplemente anticonceptiva, como se ha afirmado repetidamente. En efecto, "desde el momento en que el óvulo es fecundado, se inaugura una nueva vida que no es la del padre ni la de la madre, sino la de un nuevo ser humano que se desarrolla por sí mismo. Jamás llegará a ser humano si no lo ha sido desde entonces. A esta evidencia de siempre… La genética moderna otorga una preciosa confirmación. Muestra que desde el primer instante se encuentra fijado el programa de lo que será ese viviente: una persona, un individuo con sus características bien determinadas. Con la fecundación se inicia la aventura de una vida humana". Una vez más hemos de afirmar que "la vida humana ya concebida ha de ser salvaguardada con extremados cuidados; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables" Y, como ya señalamos a propósito de la RU-486, "el aborto con píldora es también un crimen" pues se trata de la eliminación de un ser humano inocente".

También recuerdan la doctrina de la cooperación al mal, con estas palabras: "La difusión, la prescripción y el uso de la píldora del día siguiente son, por tanto, prácticas moralmente reprobables por tratarse de un aborto provocado. De ello son también responsables todos aquellos que cooperan con tal procedimiento. En consecuencia, si se lleva a efecto su comercialización, exhortamos a todos los profesionales de la medicina y de la farmacia a ejercer su derecho de objeción de conciencia, que testimonie con fuerza el valor inalienable de la vida humana, defendiendo la más débil e indefensa, como es el caso del embrión humano, víctima inocente de una cultura y de una política incapaz de sostener adecuadamente la dignidad de la persona y la vida humana."

Subrayan la urgencia de una auténtica educación afectiva y sexual entre los jóvenes: "Con el fin de evitar estas prácticas, exhortamos a promover una verdadera educación afectivo-sexual que ayude a los adolescentes y jóvenes a vivir la sexualidad de forma responsable. Educación que lleve a la persona a reconocer su propia dignidad y la del otro, y a respetar las leyes morales, para hacer posible una maduración que le capacite para la donación de sí misma en el matrimonio. Es tiempo de que nuestra sociedad, más allá de las propagandas engañosas del sexo libre y del sexo seguro, empiece a hablar y a educar en el sexo responsable, al igual que pedimos a los jóvenes responsabilidad en la bebida, en las drogas y en el tráfico rodado".

Terminan con un llamamiento a todos los estamentos sobre los que recae más directamente esta educación, comenzando por los propios padres cristianos: "A los padres, primeros responsables de la educación de sus hijos, a los colegios religiosos e instituciones eclesiales, y a todos los implicados en tareas educativas, les invitamos a educar en la verdad y el sentido de la sexualidad y del amor humano. Se trata de una tarea especialmente necesaria y urgente en nuestra sociedad permisiva. Está en juego la dignidad del hombre y la misma vida humana".

En la campaña electoral USA

Aunque George Bush eludiera el debate sobre las píldoras abortivas, y no se tratase propiamente del levonorgestrel sino de la RU-486, la polémica ha gravitado sobre la última campaña presidencial USA. La postura de Gore, como la habitual de Clinton, era favorable a las prácticas abortivas.

Dentro de la polémica se insinuaba un pasado nazi en la compañía Rousell-Uclaf, subsidiaria de la Hoechst, empresa sucesora de la IG Farben que fabricaba los gases mortales Zyklon B para los campos de concentración del Tercer Reich. En Auschwitz la Faben hizo trabajar como esclavos a prisioneros del campo de concentración y exterminio.

Junto con este aspecto más o menos anecdótico, el debate más interesante se desarrolló entre la FDA (Dirección de Alimentos y Medicinas) y Danco, la empresa farmacéutica con la patente de la RU-486 (Mifeprsitone) en Estados Unidos. Esta patente había sido solicitada a la Hoechst para el Population Council (organización promotora de la planificación familiar en todo el mundo, con sede en Nueva York, subvencionada por Warren Buffet, George Soros y David Packard, uno de los fundadores de la Hewlett Packard). Se trataba de que la Danco corriera con su manufactura, marketing y distribución. Después de una serie de idas y venidas entre la Danco y la FDA acerca de las advertencias abortivas del etiquetado, efectos secundarios, etc., finalmente, el 28 de septiembre de 2000 la píldora RU-486 fue aprobada en EE.UU. Por recomendación de la FDA se han incluido en la etiqueta del producto sus efectos y limitaciones. La prensa ha comentado que Danco había subcontratado su elaboración a una empresa china; otras fuentes aseguran que la píldora ha comenzado a ser fabricada en un laboratorio secreto de Nueva York (dicen que por temor a las reacciones de los grupos pro vida).

PALABRA, nº 439, enero-01

Congresomundial.es
25.06.2012

El pasado 27 de mayo se llevó a cabo el VI Congreso Mundial de Familias en el cual se reafirmó la verdad de que “la familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado” (artículo 16 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) y estableció un conjunto de principios para crear un entorno cultural y político que sea compatible con la vida, la libertad y la esperanza para el futuro:

1. "La familia natural es la unión de un hombre y una mujer a través del matrimonio creada con el fin de compartir el amor y la alegría, engendrar niños, proveer su educación moral, construir una economía doméstica, ofrecer seguridad en tiempos de crisis y unir a las generaciones.”

2. "La familia natural es un elemento fijo del orden creado, arraigado en la naturaleza humana, y no puede convertirse en una realidad de nueva creación, ni puede ser re-definida por los entusiastas de la ingeniería social.”

3. "Reconocemos múltiples situaciones de hecho, pero los otros 'tipos de familia' adolecen de alguna carencia o son meras invenciones del Estado.”

4. ”El vínculo sexual auténtico es la unión matrimonial entre un hombre y una mujer, el único abierto a la natural y responsable creación de una nueva vida.”

5. ”Afirmamos la santidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. Cada persona recién concebida tiene derecho a vivir, a crecer, a nacer y a compartir un hogar con sus padres naturales unidos por el matrimonio.”

6. "La familia natural es anterior al Estado y los gobiernos legítimos existen para proteger y apoyar la familia.”

7. ”La familia natural es la principal fuente de prosperidad económica y social y el pilar principal sobre el que asentar la superación de la actual crisis económica mundial.”

8. ”Las mujeres y los hombres son iguales en dignidad y derechos innatos, pero diferentes en muchos aspectos. La vocación de cada niño es llegar a ser esposo y padre; y la vocación de cada niña es llegar a ser esposa y madre. La cultura, el derecho y la política deberían tener en cuenta estas diferencias.”

9. "Hombres y mujeres presentan profundas diferencias biológicas y psicológicas. Sin embargo, cuando se unen en matrimonio, la combinación se convierte en mayor que la suma de las partes.”

10. "Afirmamos el derecho de los padres a educar a sus hijos para su bien, sin interferencias del Estado.”

11. "Afirmamos que todo ser humano tiene derecho a la libertad religiosa y que la comunidad política debe respetar la libertad de profesar la propia fe, de transmitirla y de educar a los hijos en ella.”

12. "Afirmamos el papel necesario de la propiedad privada de la tierra, la vivienda y el capital productivo como fundamento de la independencia familiar y garante de la democracia.”

Más de este tema:
El Congreso que batió todos los récords

Aceprensa
08.08.2011

“La presencia paterna es un elemento educativo primordial”, afirma Bradford Wilcox, director del National Marriage Project de la Universidad de Virginia, en una entrevista que publica el suplemento Familia de ABC (15-07-2011).

Wilcox destaca varios aspectos del papel del padre en la familia: normalmente es el que trae más dinero a casa, incluso hoy día en que muchas madres trabajan; tiende a disciplinar más firmemente a los hijos y a obtener más obediencia de los adolescentes varones; a la hora de jugar con los niños aporta juegos más físicos que constituyen lecciones importantes sobre cómo controlar el cuerpo y las emociones; genera autoconfianza en los hijos para afrontar las oportunidades y dificultades de la vida.

Otra función importante es “amar a la madre de sus hijos”. “En un buen ambiente familiar –explica–, los hijos varones son capaces de observar cómo el padre trata con respeto y afecto a la madre, de manera que es más probable que luego ellos mismos traten a las mujeres con el mismo respeto cuando se hacen mayores. Del mismo modo, las chicas que crecen en tales hogares tienen más probabilidad de esperar ese mismo trato respetuoso por parte de sus novios y de sus futuros maridos”.

Entre las diversas casuísticas familiares, la familia intacta sigue siendo la situación ideal para Wilcox. “Todas las investigaciones demuestran que cualquier desviación de lo que llamo el ‘estándar oro’ –la familia intacta, constituida por los padres biológicos, casados– supone altos riesgos en la vida emocional y en los problemas sociales”. Reconoce que hay excepciones, y que hay madres solteras que logran educar bien a sus hijos. Pero, en los grandes números, las estadísticas son claras. “El alejamiento del ‘estándar oro’ aporta riesgos. Esto es cierto para los hijos que son adoptados, para los que han visto el divorcio de sus padres y para quienes solo tienen padre o madre. La cuestión es que fomentar la familia intacta y ayudarla es la mejor manera de asegurar una mejor situación de los hijos”.

La ausencia de la figura del padre en el hogar tiene repercusiones tanto en los hijos varones como en las chicas. “Al no tener un adecuado modelo de masculinidad en casa, algunos [hijos varones] se ven tentados a adoptar actitudes de macho, como para probar su hombría, y esto puede estar asociado a un comportamiento violento y delictivo”.

En cuanto a las chicas, “tanto si viven solo con sus madres o si estas comparten el hogar con su novio o un nuevo marido, las chicas se ven a sí mismas más frecuentemente como un objeto sexual”. En cambio, “tener al padre biológico en casa parece proteger a las niñas, tanto de una temprana pubertad como de una actividad sexual siendo adolescentes. El elemento que más influye en las niñas para retrasar la actividad sexual es la relación padre-hija, más importante en este caso que la relación madre-hija”.

Cuando le preguntan si puede suplirse la figura del padre en el caso de hijos criados por una pareja de lesbianas, contesta: “El daño del divorcio en los hijos tardó 25 años en quedar constatado universalmente y aún es pronto para que los estudios científicos puedan pronunciarse inequívocamente sobre la influencia del matrimonio homosexual.. Hasta ahora no se han apreciado diferencias significativas entre hogares de padres heterosexuales y los constituidos por parejas homosexuales, pero se trata de investigaciones basadas en pequeñas muestras que no son representativas”.

ACI
22.10.2012

 

 

Heath White, un atleta, piloto graduado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos y agente del FBI, que creía tenerlo todo, pensó en abortar a su hija por tener síndrome de Down. Ahora corre maratones con ella y cuenta la historia que le dio luz a su vida.

 

Desde 2008, poco antes de que su pequeña cumpliera su primer año, White corre todo tipo de maratones llevándola en su coche, buscando formar conciencia sobre la dignidad de la vida de las personas con Síndrome de Down, y dando testimonio de su amor de padre.

 

En el programa E:60 del canal deportivo ESPN, se reveló la historia de White (Ver video al final de la nota), quien estaba obsesionado por la perfección, y que esperaba que su primera hija fuera, en palabras de su esposa, Jennifer, “perfecto, como lo era él”.

 

Sin embargo, un año después, al revelarse que Jennifer estaba embarazada por segunda vez, las pruebas prenatales revelaron que su segunda hija tendría Síndrome de Down. Jennifer White confesó que temía que su esposo se escapara. “Lo peor es que sabía que él probablemente querría que la aborte, porque sabía que sus convicciones no eran tan fuertes como las mías”, recordó. En efecto, Heath White intentó convencer a su esposa para abortar a su bebé, por temor a “lo que la gente pensaría de mí”.

 

Jennifer White recordó que durante el embarazo, su esposo, a quien confiesa amar “más que a la vida”, no era grosero o desagradable sino que “estaba ausente. Él simplemente no estaba ahí emocionalmente, en lo absoluto”. “Tuve que pensar ‘¿Y si lo hago? ¿Qué pasa si la aborto, si me deshago de ella? Y recuerdo una pequeña voz en mi cabeza diciendo ‘No hay manera, no sucederá. Imposible’. Me refiero a que pensé en eso quizás por una hora. Él lo hizo durante meses”. White sintió que le daban “un bebé roto” y se preguntaba una y otra vez “¿por qué yo?”.

 

En una carta que Heath White escribe a su hija Paisley, y que actúa como hilo conductor del reportaje, le confiesa que “antes de que tú nacieras sólo me preocupaba de cómo tu discapacidad se reflejaba en mí. Ahora no hay mejor espejo en el mundo. Tú eres mi luz en la oscuridad, y es un privilegio ser tu papá. Te ama siempre, papi”.

 

La carta, que Heath White comenzó a escribir cuando Paisley tenía 18 meses, es “solamente mi forma de repetir. Las posibilidades apuntan a que ella nunca hubiera sabido la forma en la que me sentí antes de que ella naciera. Ese hubiera sido mi secreto sucio que guardaría para siempre. Pero no quería que sea un secreto, quería que ella sepa que lo es todo para mí”.

 

Heath recordó que cuando Paisley nació, en marzo de 2007, su madre le dijo que su pequeña se veía como si no tuviera Síndrome de Down. Él, incómodo, dijo “ella está mintiendo. Puedes definitivamente ver que ella tiene Síndrome de Down”.

 

Su esposa contó en el reportaje, entre sollozos y con la voz entrecortada, que sintió como si “hubiera perdido un bebé, a pesar de que tenía una sentada justo frente a mí”. “Creo que fue después de que comencé a alimentarla que dije ‘ella está bien, es perfecta, vamos a estar bien”.

 

Para Heath, sin embargo, aceptar a su hija le tomó muchos meses. Hasta que llegó el día, un “momento crucial”, en que mientras jugaba con Paisley y le hacía cosquillas, ella se reía y lo empujaba. “En ese momento me di cuenta de que ella era como cualquier otra niña, ella es mi niña”.

 

Desde entonces, Heath White sintió la necesidad de mostrarle al mundo a su hija, por lo que decidió correr en maratones una vez más, luego dejarlo por varios meses, pero esta vez llevando delante a Paisley, en su coche. Heath dijo que quería que “todo el mundo viera que estaba orgulloso de ella”.

 

“Nadie sabía cómo me sentía antes de que ella naciera, y si puedo evitar que una familia, una persona viva con la culpa de casi cometer el error que yo casi cometí, va a valer el dolor que Paisley sentirá más adelante en su vida cuando sepa cómo me sentí”.

 

Heath reveló que su temor es que “un día, alguien la llame ‘retrasada’, que alguien use esa palabra en su presencia, o se burle de ella porque es diferente, y tener que explicarle sobre la sociedad, y tener que construirle un respaldo de autoestima para que sepa cuánto la amo”.

 

“Todo lo que he hecho, todo lo que he tratado de lograr, nunca iba a ser perfecto. Pero mi amor por Paisley es perfecto. Siempre voy a estar ahí para asegurarme de que ella llegue a la meta”, aseguró.

 

 
Padre John Flynn, LC - Zenit
31.10.2011

La reducción del número de niños y de parejas casadas producirá un impacto significativo en el crecimiento económico y en la sostenibilidad de las políticas asistenciales y de seguridad social.

Esta es la advertencia contenida en un informe reciente titulado The Sustainable Demographic Dividend: What Do Marriage & Fertility Have To Do With the Economy? (El dividendo demográfico sostenible. ¿Qué tienen que ver el matrimonio y la fertilidad con la economía?, n.d.t.). El documento ha sido publicado por el Social Trends Institute y financiado por una serie de organizaciones de familias y de universidades.

El Social Trends Institute es un organismo de investigación sin ánimo de lucro, con sede en Barcelona (España), y en Nueva York, que se dedica a cuatro temáticas: familia, bioética, cultura y estilos de vida y gobierno corporativo.

La prosperidad de las economías aumentará o se reducirá según lo que suceda con las familias, dice el informe. Existen, de hecho, dos grandes tendencias que preocupan.

La primera: la población anciana y dependiente está sufriendo un aumento brusco, mientras que a la vez, la población productiva en edad laboral está estancada o disminuye en muchos países desarrollados.

La segunda: que el número de niños que crecen en el ámbito de las familias de progenitores casados e íntegros se está reduciendo fuertemente.

El término demographic dividend, del título del informe, fue utilizado por algunos economistas para explicar la aceleración del crecimiento económico en los países asiáticos en los que el aumento demográfico se había reducido bruscamente. El freno demográfico habría liberado recursos para estimular el crecimiento económico.

Este dividendo es, en realidad, un préstamo, que debe ser devuelto. El estancamiento económico que Japón ha vivido en los últimos años se debe en parte a la baja fertilidad registrada a partir de los años '70, según el informe.

La experiencia japonesa constituye una advertencia para China -observan los autores-, que ha visto caer su tasa de natalidad bajo el umbral de sustitución en los '90. En China se verificará muy probablemente una reducción del crecimiento económico en las próximas décadas, debida a la reducción de su fuerza laboral.

Tasa de sustitución

En más de 75 países, la tasa de fertilidad está ahora por debajo del nivel de sustitución -2'1 niños por mujer- que es necesario para mantener estable el nivel demográfico.

La mujer de un país desarrollado tiene sólo 1'66 hijos en toda su vida de media, observa el informe. Ya hoy, en el mundo desarrollado, el número de niños en edades comprendidas entre los 0 y los 14 años es de 60'6 millones menos con respecto al año 1965.

La baja fertilidad es también una realidad en muchos países subdesarrollados, destaca el informe. El número de nacimientos por mujer ha disminuido en una única generación, de 6 o más a 2, en países como Irán, Líbano, Chile, Cuba, Tailandia, China, Taiwan y Corea del Sur.

En conjunto, la población mundial está aumentando todavía y las perspectivas de las Naciones Unidas estiman que la cifra podría alcanzar los 10 billones, con respecto a los actuales 7 billones.

Pero se tratará de un tipo de crecimiento demográfico muy distinto respecto al que hemos tenido en el pasado, aclara el informe. Hasta hace poco, la población crecía gracias al aumento de los jóvenes.

En las próximas décadas, sin embargo, las estimaciones de la ONU calculan que el 53% del crecimiento demográfico se deberá al crecimiento de la población de más de 60 años. Sólo el 7% se deberá al crecimiento de los jóvenes de menos de treinta años.

Entre el 1990 y el 2010, el número de los pertenecientes a la franja de edad comprendida entre los 15 y los 64 años ha crecido 1'3 billones. A causa de la reducción de la fertilidad, entre el 2010 y el 2030, esta población en edad laboral aumentará, según las previsiones, sólo casi 900 millones. Pero en muchos países europeos y de Asia Oriental, la población en edad laboral efectivamente se reducirá.

En Europa occidental, por ejemplo, en las dos próximas décadas habrá una disminución del 4% en la franja de edad de 15-64 años, y esto teniendo en cuenta el aumento previsto de 20 millones de la población inmigrante. En todo caso, la población de más de 65 años está destinada a aumentar un 40%.

Ya hoy, a causa de las dificultades para financiar el bienestar, muchos Gobiernos de Europa occidental se han visto obligados a recortar en programas de la seguridad social y asistenciales y aumentar la edad mínima en la que poder jubilarse. Mientras tanto, en Estados Unidos, a partir de 2010, el sistema sanitario nacional ha comenzado a gastar más de lo que recoge de los trabajadores.

Calidad

Las economías estarán bajo presión no sólo por la reducción de los trabajadores, sino también por una calidad reducida. El matrimonio está en declive en muchos países del mundo. El conjunto de divorcios, convivencias y familias monoparentales comporta que un gran número de niños no crezcan en familias casadas e íntegras.

Esto sucede en muchos países europeos y en América. En estos países, el 40% o más de los niños nacen de padres no casados.

Muchos de estos nacimientos se dan en parejas de hecho, que son mucho más inestables que las casadas. El informe toma el caso de Suecia, donde el 55% de los niños nace fuera del matrimonio. No obstante la amplia aceptación social de la convivencia y el poyo jurídico y económico que reciben estas parejas, estas familias resultan mucho menos estables que las casadas.

Según un reciente estudio, los hijos nacidos de parejas de hecho tienen una probabilidad 75% mayor de que sus padres se separen antes de haber cumplido los 15 años de edad, con respecto a los hijos nacidos de parejas casadas.

Además, estos niños que viven en familias monoparentales tienen probabilidades, al menos el 50%, superiores de desarrollar problemas psicológicos, de drogodependencia, de alcoholismo, de intentos de suicidio o de suicidio, con respecto a los hijos de familias con dos padres.

La investigación demuestra que los hijos que crecen en familias inestables tienen menos probabilidades de tener éxito en sus estudios o trabajos. Está demostrado, además, que los hombres casados y que permanecen casados, trabajan más y ganan más. Esto se da en diferentes culturas y naciones: desde Israel, Italia, a México y Estados Unidos.

Según el informe, “los países que tienen una cultura matrimonial relativamente más fuerte -como China, India y Malasia- probablemente podrán recoger los dividendos a largo plazo”. Por desgracia, muchos países no se encuentran en esta posición afortunada.

Propuestas

El informe no es del todo pesimista. Propone una serie de recomendaciones sobre los modos con los que se puede apoyar a las familias.

- Mayor apoyo a las empresas familiares agrícolas y no, que aseguren una mayor estabilidad económica a las familias.

- Ayudar a los jóvenes a obtener un empleo seguro y duradero, evitando el trabajo ocasional o a contrato. Un trabajo seguro permite, de hecho, comenzar una familia y tener hijos.

- Poner a disposición viviendas a costes razonables. Los elevados precios de los inmuebles, de hecho, se asocian a tasas de fertilidad bajas en todo el mundo.

- Flexibilidad laboral para las mujeres que prefieren conjugar las responsabilidades familiares con las laborales para que puedan hacerlo sin dejar el trabajo o la jornada completa.

- Los Gobiernos deberían apoyar el matrimonio y educar a la gente sobre las ventajas del matrimonio y las desventajas de las familias monoparentales.

- Animar el ahorro en los jóvenes y dar mayor apoyo financiero a las parejas con hijos.

- Es necesario hacer un esfuerzo para “pulir” de nuevo la cultura contemporánea que es contraria a la familia y que promueve la promiscuidad y la corrupción moral.

- Los Gobiernos deberían respetar la contribución positiva que la religión puede dar a la familia.

El Papa Benedicto XVI habló recientemente de la importancia del matrimonio. Dirigiéndose a un grupo de jóvenes prometidos, durante una visita a la ciudad de Ancona, los animó a afrontar los desafíos que la cultura plantea a la fidelidad matrimonial.

“La estabilidad de vuestra unión en el sacramento del matrimonio permitirá a los hijos que Dios os quiera dar, crecer confiados en la bondad de la vida”, afirmó el Papa.

“Fidelidad, indisolubilidad y transmisión de la vida son los pilares de toda familia, verdadero bien común, patrimonio precioso para toda la sociedad”, añadió. Un consejo precioso no sólo desde el punto de vista religioso, sino también desde el económico.

Tomás Melendo
04.04.2011

A modo de introducción: Cavilaciones de una madre “de andar por casa” sobre los “padres ejemplares” (Por Marta Román)

Vaya título: “Padres ejemplares”.

Anda que no habré escuchado veces… Que si Fray Ejemplo… Que si los críos se enteran de todo…

¡Qué más quisiera yo que ser una madre ejemplar!

A mí ser madre me ha convertido en madre, pero de ahí a que me haya convertido en “ejemplar”, va un abismo. Soy más bien, “madre de andar por casa”.

Pero vamos, que no soy la única. Miro a los matrimonios amigos y son buena gente, pero de eso a “padres ejemplares”… Son más bien, “padres de andar por casa”.

Claro, que Tomás Melendo no da ningún “ejemplo de padres ejemplares”. ¿Será que no los hay? Sólo se refiere al ejemplo de cada uno para con sus hijos. A lo mejor es que ser padres ejemplares no es ser “padres técnicamente perfectos”. A lo mejor es algo al alcance de cualquier padre de andar por casa. Conociendo a Tomás, no me extrañaría.

Voy a seguir leyendo… muy buenas las citas. Me ha gustado eso de que la justicia sin misericordia se convierte en crueldad o también que lo que forma el carácter de un niño o una niña es lo que aprendieron a amar y admirar de pequeños. Me da qué pensar.

… Voy por la mitad y aún no sé cómo convertirme en madre ejemplar. Ahora encuentro unas ideas que los padres de andar por casa aplicamos sin saber que nos están convirtiendo en “ejemplares”. O sea, que no es tan difícil.

El punto 4 se titula así: “Para ser padres ejemplares”. Y en efecto, ¡aquí lo dice! No es nada grandilocuente ni aparatoso. Parece hasta fácil y, en mi caso concreto, voy a dar más de una alegría. ¡Genial!

Padres ejemplares… por amor

Vimos en el artículo precedente que el amor es la base de toda educación. Pretendo considerar a partir de ahora algunos de los principios que concretan y aterrizan ese fundamento. El primero de ellos: el poder del ejemplo.

1. «Primum vivere…»: más enseña la vida que cualquier teoría

Los niños tienden a imitar las actitudes de los adultos, en especial de los que quieren o admiran. En concreto, jamás pierden de vista a los padres, los observan de continuo, sobre todo en los primeros años. Ven también cuando no miran y escuchan incluso cuando están o parecen estar superocupados jugando. Poseen una especie de radar, que intercepta todos los actos y las palabras de su entorno.

Por todo lo anterior, escribe Javier Salinas que educar no consiste en acumular conocimientos, sino más bien en ayudar a desarrollar armónicamente las dimensiones que cualifican a la persona. Y esto supone sobre todo la presencia eficaz de auténticos educadores: de alguien a quien imitar, con quien confrontarse, y que, por su manera de vivir, ofrezca estímulos para alcanzar la meta de la educación, que es el ejercicio de la libertad y la voluntad de comprometerse con aquello que es bueno, noble y justo.

A lo que añade de inmediato: «Por otra parte, no hay que olvidar que la educación es fundamentalmente imitación, conocimiento de valores y repetición de aquellas formas de comportamiento que hacen excelente a la persona».

Afirmación que se acerca bastante a lo que aseguraba John Stuart Mill: «Lo que forma el carácter no es lo que un niño o una niña pueden repetir de memoria, sino lo que ellos aprendieron a amar y admirar».

Por eso los padres educan o deseducan, ante todo, con su ejemplo y, muy particularmente, con la orientación que impriman al conjunto de su existencia; en última instancia,
a) o el amor propio
b) o el amor a Dios y, en Dios y por Dios, a todos los demás

2. Coherencia eficaz…

Además, el ejemplo posee un insustituible valor pedagógico, de incitación, de confirmación y de ánimo:

a) No hay mejor modo de enseñar a un niño a tirarse al agua que hacerlo con él o antes que él.

b) E igualmente a comer de todo, a poner y quitar la mesa, el lavavajillas, a ordenar su cuarto para que los demás estén más cómodos, a ir al supermercado…

c) A mantener en el hogar un tono de corrección, en el vestir y en el hablar, pongo por caso, también para hacer más agradable la vida a los demás, que disfrutan con nuestro buen aspecto.

d) A controlar los enfados y las rabietas, a no volcar su mal humor sobre el primero que encuentre en su camino, a estar más pendiente de sus hermanos que de sí mismo, etc.

Todo esto lo aprenden los chicos, desde muy pronto, observando la manera cómo los padres se tratan entre sí y, derivadamente, el modo cómo tratan a los demás, incluidos ellos mismos (los hijos). Y según lo que vean, adoptarán un tenor de vida u otro: no sólo ni principalmente con sus padres, sino con todos aquellos con quienes se relacionen y, muy en particular, con sus hermanos más próximos.

Por eso, el test definitivo de la marcha de un hogar no es lo que un hijo esté dispuesto a hacer por sus padres normalmente, si la familia funciona, mucho o todo o casi todo, sino lo que cada hermano es capaz de hacer por los restantes, especialmente cuando la tarea en cuestión le tocaría a otro de sus hermanos.

Las palabras vuelan, pero el ejemplo permanece, ilumina las conductas, despierta… y arrastra

3. O ineficacia, e incluso daño

En el extremo opuesto, junto con la falta de amor recíproco esposo esposa, la incongruencia entre lo que se aconseja y lo que se vive es el mayor mal que un padre o una madre pueden infligir a sus hijos.

Cosa que ocurre, sobre todo, a determinadas edades la adolescencia, sin duda, pero también algunos años antes, cuando el sentido de la “justicia” se encuentra en los chicos rígidamente asentado, sobredesarrollado… y dispuesto a enjuiciar con excesiva dureza a los demás.

¡Produce pasmo ver hasta qué extremos puede ser feroz y despiadado el juicio de un crío o una cría! Y, no obstante, no debería asombrarnos. Como decía Tomás de Aquino, cuando falta la misericordia, la justicia se convierte en crueldad.

Si falta la misericordia, la justicia se convierte en crueldad

4. Para ser padres ejemplares

Para evitar que esto pudiera suceder, o, dicho en positivo, si queremos ser unos padres ejemplares, que enseñen y arrastren, existe un precepto cuya importancia resulta imposible exagerar y al que, por eso, acudiré más de una vez.

El mejor modo de mantener y fomentar la armonía de un hogar y el crecimiento de los hijos consiste en:

a) Reducir cuanto se pueda el número de normas por las que se rige su conducta: «tantas como sea necesario y tan pocas como sea posible», sugiere Murphy-Witt.

b) Hacer que esos criterios fundamentales respondan a la verdad y la bondad objetivas, a lo que en sí mismo es bueno o malo, y no a preferencias o caprichos de los cónyuges. Por consiguiente, esos preceptos han de cumplirlos tanto los padres como los hijos: también, para no andarme por las ramas, el empleo de la tele, del ordenador, los móviles y aparatos similares; la visión de determinados programas, el uso y no abuso de bebidas alcohólicas o de caprichos culinarios; o, con los matices imprescindibles, la hora de volver a casa y de acostarse.

c) Lograr que en todo lo demás se respete exquisitamente la libertad y la iniciativa de los chicos igual que, antes, las del cónyuge, aunque el modo como actúen, siempre que sea éticamente lícito, choque frontalmente con las preferencias del padre o de la madre, que, como vengo repitiendo, no deberían contar para nada.

Lo que importa es el bien del hijo, no mis caprichos ni mis satisfacciones de padre o de madre

En resumen: unos cuantos criterios claros muy pocos, objetivos e inamovibles y un exquisito respeto al modo de ser de cada cual.

5. Estabilidad

Insisto ahora en que, a pesar de lo que a veces pensemos y de lo que imponen ciertas modas ya un tanto desfasadas, los niños y adolescentes más todavía que los adultos necesitan de forma imperiosa unos puntos de referencia estables y sólidos. De lo contrario, se tornan inseguros, vacilantes e indecisos, además de sufrir inútilmente.

Establecer esos hitos es tarea de los padres, que siempre deben determinarlos en función de la realidad: del bien y de la verdad objetivos, de lo que redunda en real beneficio de todos, porque les enseña a amar mejor, estando más atentos al bien de los demás que al propio.

De lo contrario, según recuerda Murphy-Witt, las presuntas normas fluirán continuamente, al vaivén del humor y de la mejor o peor forma en que se encuentren los padres. Y los niños nunca sabrán a qué atenerse: en lugar de contar con criterios objetivos de conducta, se verán sometidos al antojo de los adultos.

«Al fin y al cabo advierten, aun sin pensarlo explícitamente, son mamá y papá los que deciden».

Y lo harán incluso de forma autoritaria, cuando no tengan tiempo o ganas para enzarzarse en discusiones interminables. Entonces, el que se declaraba amigo y compañero haciendo concesiones imprudentes y desmesuradas, se transforma de repente en dictador, lo cual es muy difícil de entender para los niños. ¿A quién puede extrañar que se rebelen y que no respeten lo que se ha establecido sin tenerlos realmente en cuenta y sin tener tampoco en cuenta el bien y la verdad?

Como puede advertirse, también ahora el peligro deriva de estar más pendientes de nosotros mismos que de nuestros hijos y de lo que efectivamente los ayuda a ser mejores.

El resultado es una fluctuación continua entre la imposición de normas rígidas y arbitrarias, cuando nos sentimos con fuerzas y ganas de ayudarlos… y el abandono más absoluto, cuando nos puede el cansancio, el desánimo o la comodidad.

Así pues agrega Murphy-Witt, ¡se acabó la alternancia entre la concesión de una supuesta libertad progresista y el no inmiscuirse por comodidad!

Y concluye: «Los niños quieren que los eduquen. Para ello es necesario también que aprendan a tomar sus propias decisiones, pero en función de su edad y paso a paso, bajo la dirección paterna. Quien conduzca a su hijo cuidadosamente hacia este objetivo, podrá acabar dejando en sus manos, con plena y segura confianza, toda la libertad de decisión respecto a sus propios intereses».

Las pautas que se establezcan en un hogar deben responder a la verdad y el bien objetivos, reales, no a nuestros estados de humor, preferencias, ilusiones, desganas o cansancios, etc.

Cortesía de Tomás Melendo para LaFamilia.info

Tomás Melendo
Catedrático de Filosofía (Metafísica)
Director de los Estudios Universitarios en Ciencias para la Familia
Universidad de Málaga
www.masterenfamilias.com
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Aceprensa
09.07.2012

Un estudio recién publicado revela la debilidad metodológica de los 59 estudios en que se apoyó la Asociación Americana de Psicología (APA) para afirmar en 2005 que no hay diferencias entre los niños criados en uniones homosexuales y los criados por madre y padre casados. Otra investigación, realizada en la Universidad de Texas, muestra que esa hipótesis no se sostiene cuando se pregunta directamente a los hijos adultos.

En 2005, la APA publicó un informe que ha servido de bandera reivindicativa al movimiento de gays y lesbianas. En él se concluía, sobre la base de 59 estudios, que “no existían pruebas científicas de que la eficacia de la paternidad estuviera relacionada con la orientación sexual de los padres”.

“Ningún estudio ha detectado que los hijos de madres lesbianas o padres homosexuales estén en desventaja en algún aspecto significativo respecto a los hijos de parejas heterosexuales. En efecto, hasta ahora los datos sugieren que el ambiente que proporcionan los hogares de madres lesbianas y padres homosexuales promueve y permite el desarrollo psicosocial de los hijos de la misma manera que los hogares de padres heterosexuales”.

Pero las conclusiones de la APA acaban de ser puestas en entredicho. Loren Marks, de la Louisiana State University, argumenta en un estudio de la revista Social Science Research que los 59 trabajos en que se apoyó la APA no aprobarían un examen serio (1).

Estudios que no estudian a los hijos

Las principales deficiencias metodológicas son las siguientes:

1. Ninguno de los 59 estudios se fijó en las consecuencias a largo plazo en los hijos respecto a la salud, la mortalidad, el riesgo de suicidio, el abuso de droga y alcohol, la delincuencia, la pobreza, la iniciación sexual precoz, los embarazos adolescentes, la tasa de divorcio...

A este tipo de consecuencias a largo plazo suelen atender los estudios sobre los efectos que tienen en los niños circunstancias de los padres como la cohabitación, el divorcio o la paternidad en solitario. En cambio, los estudios de referencia de la APA solo prestaron atención a las consecuencias a largo plazo en la “preferencia sexual” y la “identidad de género” de los niños.

2. Los casos estudiados no son una muestra representativa. En la mayoría de los estudios que maneja la APA, no llegan al centenar. Además, muchos tienen como protagonistas a lesbianas de clase alta.

De los 59 estudios, solo ocho se centran en parejas de padres homosexuales; de estos ocho estudios, solo cuatro tienen un grupo de control de parejas heterosexuales; y de estos cuatro, solo en un caso se prestó atención a las consecuencias (nunca a largo plazo) en los hijos. Para Marks, esto último es un ejemplo de “la tendencia recurrente en los estudios sobre paternidad homosexual a centrarse en los padres antes que en los hijos”.

3. Muchos estudios compararon la situación de los hijos criados por parejas homosexuales con la de los hijos criados por madres solas, no con familias intactas de madre y padre casados.

De los 59 estudios, solo 33 contemplan como grupo de contraste participantes heterosexuales. De esos 33 estudios, 13 se centran en casos de madres solas. En los 20 restantes, resulta imposible distinguir si se trata de familias intactas, parejas que cohabitan, divorciados vueltos a casar o madres solas.

El estudio que descartó la APA

El expediente de la APA citó de pasada otro estudio sobre padres homosexuales. Es curioso que, pese a ser el más elaborado de todos los que presentó (si bien la muestra sigue siendo pequeña), sus conclusiones fueron descartadas.

En ese estudio de 1996, el investigador australiano Sotirios Sarantakos comparó el bienestar de 58 niños criados en matrimonios, 58 niños criados en uniones de hecho heterosexuales y 58 niños criados en parejas homosexuales. Sarantakos concluyó que “los niños de parejas casadas suelen sacar mejores resultados académicos y sociales que los de las parejas de hecho y las parejas homosexuales”.

Pero la APA consideró que la revista australiana donde se había publicado el estudio de Sarantakos no tenía suficiente relevancia académica, y así lo hizo constar en una nota a pie de página del informe. Además, en la bibliografía anotada del expediente, se despachó el estudio con un “no hay resumen disponible”.

A la vista de estas y otras revisiones, Marks concluye: “Ninguno de los estudios a los que hace referencia el informe de 2005 de la APA compara una muestra grande, aleatoria y representativa de madres lesbianas o padres homosexuales y sus hijos con otra muestra grande, aleatoria y representativa de matrimonios y sus hijos. Los datos disponibles, la mayoría procedentes de pequeñas muestras de preparación rápida, son insuficientes para apoyar una generalización tan firme como la que hace. Tal declaración [que no hay diferencias entre los niños criados en uniones homosexuales y los demás] no estaría respaldada por la ciencia. Para hacer una afirmación tan concluyente, hacen falta muchos más estudios con muestras más representativas y más grandes”.

Las consecuencias de crecer en un hogar homosexual

En el mismo número de la revista Social Science Research, el sociólogo estadounidense Mark Regnerus ha presentado una completa investigación que ofrece nuevas e importantes pruebas de las diferentes consecuencias que tiene en los hijos criarse en un hogar homosexual o en un hogar de madre y padre casados (lo que en el estudio se denomina “familia biológica intacta”).

El New Family Structures Study (NFSS) de la Universidad de Texas es un proyecto de investigación que analiza los datos obtenidos a partir de una encuesta realizada en 2011 a 2.988 jóvenes de 18 a 39 años, que fueron criados en distintos tipos de “estructuras familiares” (según la terminología empleada por los investigadores).

A partir de los datos de este proyecto, Regnerus muestra en su estudio cómo influyen las condiciones de la infancia en la vida adulta (2). Para eso compara a jóvenes de 18 a 39 años que han sido criados con padres o madres que han tenido en algún momento de sus vidas una relación homosexual, con otros jóvenes de la misma edad criados en otros entornos familiares (familias adoptivas, divorciados, monoparentales, “familias biológicas intactas”...).

La publicación del estudio ha provocado cierta polémica en los medios estadounidenses, sobre todo porque contradice una de las tesis más subrayadas por el movimiento homosexual: que los hijos criados por parejas homosexuales no son distintos.

Algunos han intentado restar valor a la investigación aludiendo a la ideología conservadora de Regnerus, o bien a la falta de representatividad de las muestras, ya que el estudio ha tenido en cuenta a personas que en algún momento de sus vidas han tenido una pareja del mismo sexo.

Sin embargo, esto último es lo que, a juicio de Regnerus, valida su investigación. El problema de muchos estudios sobre la homosexualidad es la selección de los participantes, que se lleva a cabo entre homosexuales activistas, sin tener en cuenta que, como han advertido otros estudios, estos no reflejan la situación real de la población gay (cfr. Aceprensa, 12-04-2012).

Regnerus quiso contar con los hijos adultos de padres que “habían tenido alguna experiencia homosexual” con el fin de replicar de una forma más verosímil las prácticas de la población. El 23% de los encuestados señaló que había pasado al menos tres años de su infancia con la pareja de su madre; en el caso de los varones, la cifra se situó en el 1,1%. Esto es congruente con la inestabilidad de las parejas del mismo sexo, señalada por otros estudios.

Otra razón a favor de los resultados es que en esta investigación el protagonismo lo tienen los hijos y no los padres, algo infrecuente en este tipo de estudios. Algunos sociólogos han destacado precisamente que uno de los valores de este estudio reside en que pregunta a los hijos que han vivido en estos ambientes acerca de su pasado.

De todas formas, quienes se han pronunciado ante los medios sobre el estudio de Regnerus han sido cautos al extraer consecuencias. En todo caso, estos datos indican que hay diferencias importantes –que van desde las emocionales y sexuales, a las psíquicas y económicas– entre ser criado en un hogar homosexual y tener padre y madre. Por ejemplo, los hijos de padres homosexuales presentan mayores tasas de enfermedades de transmisión sexual, consumo de drogas o tocamientos deshonestos en la infancia.

Datos científicos y razones jurídicas

En un artículo publicado por la revista Public Discourse (15-06-2012), Matthew J. Franck advertía que el Tribunal Supremo de EE.UU. no podría pasar por alto en el futuro estudios como los de Regnerus. Sobre todo, en un momento en que los partidarios del matrimonio homosexual insisten en que no hay base racional ni científica para apoyar la familia biológica.

Cuenta Franck que, durante los últimos años, el movimiento gay se ha esmerado en presentar ante los tribunales estadounidenses estudios empíricos y estadísticas que respaldaban sus reivindicaciones. Hasta el punto de que las conclusiones favorables de algunos de ellos han pesado mucho en algunas decisiones judiciales.

Sorprende, por ejemplo, que el juez Mark Cady declarara en un fallo de 2009 la constitucionalidad del matrimonio homosexual reconociendo que “según lo establecido por la ciencia”, la orientación sexual de la pareja no es relevante en la formación del niño; de hecho, expresamente advirtió que si bien es cierto que todavía hay personas que de forma sincera creen que contar con un padre y una madre es lo deseable, esta “afirmación carece de validez empírica”.

***

Notas
(1) Loren Marks, “Same-sex parenting and children’s outcomes: A closer examination of the American Psychological Aassociation’s brief on lesbian and gay parenting”, Social Science Research 41 (2012), 4, pp. 735-751.

(2) Mark Regnerus, “How different are the adult children of parents who have same-sex relationships? Findings from the New Family Structures Study”, ibid., pp. 752-770.

José Javier Castiella - ALBA
17.10.2011

Tradicionalmente, los estudios sobre los efectos del divorcio en los hijos se han limitado a los inmediatos, que podemos llamar traumáticos. Últimamente, no obstante, comienzan a aparecer estudios longitudinales, que suponen el seguimiento biográfico de grupos de hijos de divorciados y su comparación con los de hijos de familias intactas. Judith Wallerstein, investigadora social y psicóloga de reconocido prestigio en EEUU, ha publicado su segundo libro sobre el tema.

Para un grupo de hijos de divorciados que rondan los cuarenta años, da cuenta de que solamente el 30% se han casado y, de los que lo han hecho, para esta edad ya el 50% se han divorciado. Es decir, que un 85% no ha seguido la trayectoria podríamos decir tradicional de casarse y permanecer establemente casado. Este dato estadístico se repite en estudios similares, de la misma autora en 1994, y de otros autores (vid. Vangyseghem y Appelboom, 2004; E. Marquardt, 2005, entre otros).

Estos porcentajes son netamente superiores a la media en EEUU y muy superiores a los correspondientes a hijos de familias intactas.

El objetivo de este artículo es apuntar a la causa de este hecho y las consecuencias del mismo.

La característica determinante del desarrollo del menor de edad es la plasticidad, esto es, la capacidad de asimilar aprendizajes, recibiendo de su entorno los elementos que éste le proporciona.

Este aprendizaje no es propiamente racional ni reflexivo, sino más bien osmótico. Me explicaré.

Si el niño/a recibe malos tratos de su entorno, no reflexiona sobre el mal que ello supone, ni concluye que debe rechazar ese comportamiento. Lo que la práctica demuestra es que mayoritariamente los menores maltratados suelen, de mayores, ser con más facilidad maltratadores. Han hecho propia, más por ósmosis mimética, que por reflexión, la lección de la violencia padecida.

Este mismo fenómeno es trasladable al desarrollo afectivo del menor. La plasticidad del menor, en un tema como el de su seguridad afectiva, de tan profunda incidencia en su desarrollo, hace que la vivencia del divorcio de sus padres se convierta, se quiera o no, en una lección de vida, que queda grabada a fuego en los rasgos de su personalidad y en el archivo de sus recuerdos, vivencias y valores.

Se podría pensar que las cosas no tienen por qué producirse de este modo, sino más bien del contrario; al ser una experiencia tan negativa, llevaría a quienes la padecen a aprender la lección y evitarla en su propia vida.

Pero no es este el diseño del aprendizaje humano. Para bien y para mal, el entorno del menor, con especial importancia, en temas afectivos, del entorno familiar, condiciona y moldea la escala de valores de éste, por la vía de la vivencia y de la experiencia de vida, mucho más que por la vía de la reflexión. En este tema, aprendemos por ósmosis de ejemplo de vida, si bien es cierto que siempre mantenemos un reducto de libertad y racionalidad, más profundo que todos los condicionantes ambientales.

De ello se deriva el hecho estadístico aludido de que, entre los hijos de divorciados, sea mucho más frecuente y arraigada la mentalidad divorcista y la actitud de considerar el matrimonio o, en general la unión afectiva como algo cuestionable y sometido si no a término, sí a condición permanentemente.

Así, en cada generación, desde que se introduce el divorcio en un país, al porcentaje de crisis matrimoniales ya existente, se adiciona el derivado de la llegada a la adultez del sector social que componen los hijos de divorciados, en cuyo perfil de personalidad, en lo afectivo, se incluye la impronta derivada del efecto didáctico del divorcio de sus padres.

Esta es la razón básica de que la progresión del divorcio, en las sociedades que lo introducen como institución aceptada socialmente, responda a una inercia de crecimiento indefinido, cuya pauta la marca el sector social creciente afectado, generación tras generación.

Así, el efecto didáctico del divorcio, en la conformación de la personalidad de los hijos de divorciados y la progresiva expansión social generacional del fenómeno, encajan perfectamente, como distintas piezas del mismo puzzle.

Si esto es así, ¿Por qué no se plantea como problema? La respuesta a esta pregunta es compleja, pero una de sus claves quizás radique en que el sector afectado, los menores dañados, no lo hacen precisamente por su condición de menores y, cuando llegan a la mayoría de edad, cambian de grupo, pasando a engrosar el de los adultos didácticamente predispuestos a protagonizar precisamente el perjuicio de los menores, sus propios hijos, por lo que tampoco tomarán presumiblemente ninguna iniciativa en este sentido, máxime cuando, con toda probabilidad, se sienten plenamente justificados en su derecho a "rehacer su vida", tal como ya vieron, en su día, que sus progenitores lo intentaron.

A esta realidad del crecimiento indefinido de los divorcios y sus consecuencias en la sociedad resultante, se refería HILLARY CLINTON, en discurso pronunciado siendo primera dama y senadora cuando dijo "toda sociedad necesita una masa crítica de familias que se adscriban al ideal tradicional, tanto para satisfacer las necesidades de la infancia, como para servir de modelos a otros adultos que están criando a niños en entornos difíciles. En América, corremos hoy el peligro de perder esa masa crítica".

Por lo que se refiere a España, se cumplen ahora 30 años desde la introducción del divorcio, por ley 30/1981 de 7 de julio y son ya más de dos millones los españoles que han padecido su efecto didáctico. Siendo así las cosas, el Gobierno socialista, mediante ley 15/2005 de 8 de julio, llamada del divorcio exprés, incentiva y acelera los procesos de divorcio de tal modo, que desde el año 2006, se ha más que triplicado el número de rupturas matrimoniales, incluidos separación y divorcio.

Las preguntas que surgen son dos: 1.- ¿Tiene sentido, en clave de bien común, de progreso, de felicidad individual y familiar esta iniciativa? 2.- ¿Rectificará el PP, si llega al Gobierno, semejante despropósito?

Tomás Melendo
21.03.2011

A modo de introducción: Mi diálogo imaginario con el autor del artículo. Por Marta Román

Marta Román — Tomás, si mis hijos leen esto van a decir que te rayas. Da igual el título del artículo que te lea o de la conferencia que te escuche o de lo que sea. ¡Siempre acabas en lo mismo!, en el amor.

Tomás Melendo — Es verdad, y no es que acabe, es que también empiezo. Lo reconozco, me rayo, como dicen tus hijos y los míos. ¿Qué puedo hacer?

M.R. — Pues no sé, ¿darle un aire más… psicológico?, ¿más de… experto educador a padre desesperado?

T. M. — ¡¡Agg!! Prefiero rayarme.

M.R. — Es que uno lee y se hace preguntas.

T. M. — Pues eso está bien.

M.R. — ¡Pero es que los padres desesperados buscamos respuestas!

T. M. — Ya, por eso escribo tantos artículos sobre educación, persona, sexualidad, familia, trabajo, en fin, sobre amor… ya sabes.

M.R. — ¿?

T. M. — Quiero decir, que después de darle vueltas 40 años no encuentro respuestas en ninguna otra parte. ¿Qué quieres que haga?

M.R. — Entonces ¿hay respuestas?

T. M. — A puñados, pero todas en el amor.

M.R. — Oye Tomás, te voy a contar una curiosidad: ¿sabes cómo se dice en italiano querer a alguien? Voler bene. He visto que en tu artículo has tenido que añadir el “bien” al querer porque en español da lo mismo querer una coca-cola que querer a tu hijo. En Italia, si un chico le dice a su chica que la quiere lo hace así: “Ti voglio bene”. ¿A que suena muy bien?

T. M. — Genial. Me encanta que me lo hayas contado. Me has dado una idea…

M.R. — Sabía que te gustaría. Por cierto, a mí me ha encantado el artículo.

1. Planteamiento

Padre y madre son, por naturaleza, los primeros e irrenunciables educadores de sus hijos. Sin embargo, en los momentos actuales, a veces da la impresión de que pretenden ignorarlo. No solo solicitan ayuda, sino que piden, con más o menos conciencia y claridad, ser sustituidos en esa tarea indelegable.

1.1. La dificultad de educar

Esta especie de resistencia resulta más que comprensible. Y es que la misión paterno-materna de educar no es nada fácil y tal vez menos todavía en los tiempos presentes.

En cualquier caso, está llena de contrastes, en apariencia inconciliables. Por ejemplo, a lo largo de toda su existencia, los padres:

a) Han de acoger a cada hijo —único e irrepetible— tal como es, aun cuando en ocasiones no responda a sus expectativas. Los hijos no son “propiedad” de quienes los han engendrado, que no pueden disponer de ellos a su antojo: su verdad más radical no es ser hijos nuestros, sino hijos de Dios, con toda la grandeza, autonomía y libertad que eso les confiere.

b) Han de respetar la libertad de los chicos y, más todavía, fomentarla y hacerla crecer, pero a la vez guiarles y corregirles.

c) Han de saber comprender, pero también exigir, sin ceder inoportunamente ante lo que redunde en mal de sus hijos, por más que estos insistan.

d) Han de ayudarles en sus tareas, pero sin sustituirlos ni evitarles el esfuerzo formativo y la satisfacción y el incremento de la autoestima que el realizarlas lleva consigo: por eso, lo que un hijo puede razonablemente hacer por sí mismo, nunca debería ser hecho por sus padres o por otras personas.

1.2. Necesidad de aprender a ser padres

En consecuencia, los padres han de aprender por sí mismos a serlo y desde muy pronto.

En ningún oficio la capacitación profesional comienza cuando el aspirante alcanza puestos de relieve y tiene entre sus manos encargos de alto riesgo: no ocurre así ni en la albañilería, la mecánica, las artes gráficas o el diseño; tampoco en medicina, en la arquitectura, en la ingeniería, en el derecho, en la carrera militar, la política, la administración o en el seno de una empresa…

¿Por qué en el “oficio de padres” debería ser de otra forma? ¿Tal vez porque su responsabilidad es menor que la de quienes trabajan en una profesión “convencional”?

Da la impresión de que no. Al contrario, como vengo repitiendo desde hace años, tras las huellas de Juan Pablo II, “según es la familia, tal es la sociedad, porque así es el hombre”, la persona humana: el futuro de la civilización se juega en el seno de cada hogar, incluso de cada matrimonio.

¿Acaso, entonces, porque se trata más de un arte que de una ciencia?

Aunque se pudiera estar de acuerdo en este punto, en ningún arte bastan la inspiración y la intuición. Es menester también instruirse, formarse, ejercitarse, como confirman justamente los artistas que dan la impresión de trabajar sin apenas esfuerzo. Cuanto más “natural” parece la obra maestra, más trabajo ha llevado consigo: un empeño, la mayor parte de las veces previo, sedimentado a modo de habilidades.

1.3. No “recetas”, pero sí “principios”

Por otro lado, aprender el “oficio” de padre y educador no consiste en proveerse de un conjunto de recetas o soluciones ya dadas e inmediatamente aplicables a los problemas que van surgiendo. Ni tampoco de un racimo de técnicas infalibles.

Tales recetas y tales técnicas no existen.

Hay, por el contrario, principios o fundamentos de la educación, que iluminan las distintas situaciones: los padres deben conocerlos muy a fondo, hasta hacerlos pensamiento de su pensamiento y vida de su vida, para con ellos, y casi sin necesidad de deliberaciones, encarar la práctica diaria.

Y tampoco se trata de una tarea sencilla.

Teniendo esto claro, y sin demasiadas pretensiones, ofreceré dos o tres de los principales criterios y sugerencias sobre “el arte de las artes”, como ha sido llamada la educación. O, mejor, como se verá de inmediato, intentaré señalar el fundamento último de toda acción educativa.

2. En la confluencia de tres amores

Planteando el asunto del modo más hondo y radical posible, las claves de la educación y de todas las tareas que lleva consigo se encierran en un solo término —amar— y en los dos corolarios que de ahí se siguen:

a) El primero, la necesidad constante de aprender a amar, sin dar nunca por supuesto que uno ya sabe hacerlo, en contra de lo que a menudo nos ocurre. Vale la pena reflexionar sobre lo que pretendía sugerir Benavente al afirmar, sin excepciones, que «el amor tiene que ir a la escuela».

b) Además, conviene fomentar el convencimiento de que no se aprende a amar y a educar como por arte de magia, sino haciendo cuanto esté en las propias manos para querer cada vez mejor. Aprender a amar es “la gran asignatura de la vida”, aquello para lo que hemos venido a este mundo; por eso sostenía San Juan de la Cruz que al atardecer de nuestra existencia se nos examinaría del amor… y de ninguna otra cosa.

Veamos cómo se concreta lo que acabo de sugerir.

3. Amor a los hijos

3.1. Amor auténtico y real

Lo primero que los padres necesitan para educar es un verdadero y cabal amor a sus hijos.

Según escribe un autor francés, la educación requiere, además de «un poco de ciencia y de experiencia, mucho sentido común y, sobre todo, mucho amor». Con otras palabras, es preciso dominar algunos principios pedagógicos y obrar con sensatez, pero sin suponer que baste aplicar una bonita teoría para lograr seguros resultados. Todo ello sería insuficiente sin el elemento indispensable de un amor auténtico y cabal.

¿Por qué? Por muchísimos motivos, la mayoría de ellos conocidos por intuición.

a) El primero, tan obvio que a menudo ni lo advertimos, es que si no amamos a nuestros hijos, ni siquiera les haremos caso… excepto cuando “nos” creen problemas.

b) Además, porque “cada niño —justo por su condición de persona— es una realidad absolutamente irrepetible”, distinta de todas los demás. No se trata de un caso entre otros muchos. De ahí que ningún manual sea capaz de explicar y resolver ese presunto “caso” concreto: hay que aprender a modular los principios a tenor del temperamento, la edad y las circunstancias en que se encuentren los hijos.

c) Por consiguiente, cada uno debe ser tratado del modo que les corresponde, no todos por igual, como a veces pretendemos, incluso convencidos de que eso es lo correcto: ya advertía Aristóteles que tratar de igual modo a los desiguales resulta tan injusto —y tan poco eficaz— como tratar desigualmente a los iguales.

d) Pero para tratar a cada hijo como merece y necesita es indispensable conocerlo bien; y solo el amor permite conocer a cada uno de ellos tal como es hoy y ahora —y como está llamado a ser en el futuro— y actuar en función de ese conocimiento. Aun concediendo la parte de verdad que encierra el dicho de que “el amor es ciego”, resulta mucho más profundo y real sostener que es agudo y perspicaz, clarividente; y que, tratándose de personas, solo un amor auténtico nos capacita para conocerlas con hondura, adentrarnos hasta lo más hondo de su ser… y obrar en consecuencia.

e) Por otro lado, especialmente hoy, habría que distinguir entre el auténtico amor, que busca el bien real del amado, que efectivamente lo ayuda a mejorar, y sus múltiples sucedáneos: el amor propio más o menos disfrazado de compasión o de ternura, la pasión, el capricho, la sensiblería, etc. Sobre este punto me detendré en otro artículo.

3.2. Amor clarividente

El verdadero amor nunca es ciego, sino todo lo contrario: sagaz y penetrante.

De hecho, será ese amor el que enseñe a los padres:

a) A descubrir las cualidades que deben potenciar en sus hijos, en lugar de fijarse e insistir monótona y exclusivamente en la corrección de sus defectos. Se trata de una cuestión clave a la que dedicaré más adelante todo un escrito.

b) A advertir el momento más adecuado para “estar” y para “desaparecer”, para hablar y para callar; cuestión que adquiere especial relevancia en la adolescencia… “pensada por Dios principalmente para los padres”, como suelo explicar y también veremos más despacio en un nuevo trabajo.

c) A encontrar el tiempo para jugar con los niños e interesarse por sus problemas, sin someterlos a un interrogatorio, y el de respetar su necesidad de estar a solas.

d) A distinguir las ocasiones en que conviene “soltar un poco de cuerda” y “no darse por enterados”, frente a aquellas otras en las que procede intervenir con decisión e incluso con resuelta viveza y una pizca de agresividad fingida…

Y, según apuntaba, en todo este difícil arte los padres resultan irreemplazables; hay ayudas más o menos eficaces, pero lo definitivo son siempre ellos, en plural: el padre y la madre.

Un matrimonio muy agobiado por su trabajo profesional buscaba en una tienda de juguetes un regalo para su niño: pedían algo que lo divirtiera, lo mantuviese tranquilo y, sobre todo, le quitara la sensación de estar solo. Una dependiente inteligente les explicó: “lo siento, pero no vendemos padres”.

4. Amor mutuo

La primera cosa que el hijo necesita para ser educado es que sus padres se quieran entre sí.

4.1. Condición indispensable

“Hacemos que no le falte de nada, estamos pendientes hasta de sus menores caprichos, y sin embargo…”.

Expresiones como ésta se encuentran a menudo en boca de tantos padres que se vuelcan aparentemente sobre sus hijos —alimentos sanos, reconstituyentes y vitaminas, juegos más y más sofisticados, vestidos y demás prendas de marca, vacaciones junto al mar o en la nieve, diversiones sin tasa ni de tiempo ni de precio…—, pero se olvidan de la cosa más importante que precisan los críos: que los propios padres se amen y estén bien unidos.

El cariño mutuo de los padres es el que ha hecho que los hijos vengan al mundo. Y ese mismo amor —el de los padres entre sí— debe completar la tarea comenzada, ayudando al niño a alcanzar la plenitud y la felicidad a que se encuentra llamado.

El complemento natural de la procreación, la educación, ha de estar movido por las mismas causas —el amor de los padres— que engendraron al hijo.

Hace ya bastantes siglos que se dijo que, al salir del útero materno, donde el líquido amniótico lo protegía y alimentaba, el niño reclama imperiosamente otro “útero” y otro “líquido”, sin los que no podría crecer y desarrollarse; a saber, los que originan el padre y la madre al quererse de veras.

4.2. Condición suficiente

Queda claro que el amor mutuo es condición indispensable en toda labor de educación. Pero, si se toman los términos en serio —auténtico amor de los padres entre sí— podría decirse que es también “condición suficiente”.

Por eso, cada uno de los esposos debe, antes que nada, cultivar el amor hacia el otro cónyuge: no me cansaré de repetir que esta es la clave de las claves de toda la vida familiar.

Después, como fruto natural de su amor recíproco, los cónyuges deberán:

a) engrandecer la imagen del otro ante los hijos, enseñándoles a quererlo y respetarlo;

b) y evitar cuanto pueda hacer disminuir el cariño de éstos hacia su cónyuge.

Con palabras más concretas, desde que los críos son muy pequeños, además de manifestar prudente pero claramente —con gestos y palabras— el afecto que los une, los padres han de prestar atención:

a) a no hacerse reproches mutuos ni comentarios irónicos delante de los hijos;

b) a no permitir uno lo que el otro prohíbe… aunque luego deban hablar a solas para ponerse de acuerdo;

c) a evitar de plano ciertas recomendaciones, que llevarían al niño o a la niña a desconfiar del otro cónyuge: “esto no se lo digas a papá o a mamá”, etc.

Todo lo anterior podría resumirse en un solo principio, que merece un artículo aparte.

Los hijos, todos y cada uno, gozan de un solo derecho. De un derecho único, pero tan fundamental que a nadie le está permitido atentar contra él.

Se trata del derecho a la persona de sus padres: a su intimidad, a su tiempo, a su autoridad, a su comprensión, a su delicadeza… Lo estudiaré, como acabo de sugerir, en otro documento.

5. Enseñar a querer

5.1. Principio y fin

Como acabamos de ver:

a) El principio radical de la educación es que los padres se quieran entre sí y, como consecuencia de ese amor, que quieran de veras y eficazmente a sus hijos.

b) El fin o la meta de esa educación es que los hijos, a su vez, vayan aprendiendo a querer, a amar: pues esa es la única actividad que perfecciona al ser humano en cuanto persona y, como consecuencia, la única capaz de hacerlo feliz.

Según explica Caldera, «la verdadera grandeza del hombre, su perfección, por tanto, su misión o cometido, es el amor. Todo lo otro —capacidad profesional, prestigio, riqueza, vida más o menos larga, desarrollo intelectual— tiene que confluir en el amor o carece en definitiva de sentido»… e incluso, si no se encamina al amor, pudiera resultar perjudicial.

Por consiguiente, aunque suene paradójico, si educar es amar, amar es a su vez enseñar a amar, pues no es otro el destino del ser humano ni la clave de su perfección y de su dicha.

En resumen, educar equivale a promover la capacidad de amar de aquellos a quienes pretendemos formar.

5.2. Pendientes de los otros

Concreto lo visto hasta ahora en una sola frase: el entero quehacer educativo de los padres ha de dirigirse, en última instancia, a incrementar la capacidad de amar de cada hijo y —sería la otra cara de la misma moneda— a evitar cuanto lo torne más egoísta, más cerrado y pendiente de sí, menos capaz de descubrir, querer, perseguir y realizar el bien de los otros.

Se educa a los hijos cuando se les impulsa y enseña —con los hechos, mejor que con la palabra— a estar más pendientes de los demás que de sí mismos.

Y esto, no solo con vistas al futuro, como cuando se les incita a estudiar o formarse para “llegar a ser hombres de provecho”. Sino ya en el presente.

a) Enseñándoles, por ejemplo, a aprovechar el tiempo disponible para ya ahora ayudar a sus amigos con más dificultades en el estudio o necesitados de cualquier otro apoyo.

b) Preguntándoles más y antes “cómo se encuentran sus amigos” que si ellos, nuestros hijos, lo pasaron bien o mal en aquella actividad recreativa.

c) Cuando, con los hechos, con las preguntas con que los recibimos al volver de la escuela, concedemos más relevancia a lo que realmente hacen por los demás que a sus propias calificaciones.

c) O cuando, a la hora de elegir carrera o profesión, se les anima a tener en cuenta no sólo ni principalmente las “salidas” profesionales —que en el fondo equivalen a las “entradas” económicas—, sino en qué trabajo pueden ser más útiles a quienes los rodean, hacer más felices a los demás.

5.3. Para que sean felices

Y todo lo anterior, por un motivo muy claro: porque sólo si enseñamos a nuestros hijos a amar bien contribuiremos eficazmente a hacerlos felices y, como consecuencia, dichosos.

Pues, según muestran desde los mejores filósofos clásicos hasta los más certeros psiquiatras contemporáneos, la felicidad y la dicha no es sino el efecto no buscado de engrandecer la propia persona, de mejorarla progresivamente: y esto solo se consigue amando más y mejor, dilatando las fronteras del propio corazón y acrisolando nuestros amores.

Con otras palabras: quien pretenda educar debe tener claro que la felicidad es directa y exclusivamente proporcional a la capacidad de amar de cada persona, expresada en obras:

a) quien ama mucho, es muy feliz;

b) quien tiene un amor mediocre, nunca alcanzará una dicha completa;

c) y quien no sabe o no puede o no quiere amar, por más que triunfe en los restantes aspectos de la existencia humana, será un auténtico desgraciado, aunque a veces pretenda encubrirlo o desconocerlo o incluso aunque esté convencido de lo contrario.

De ahí que San Juan de la Cruz pudiera sostener la conocida frase, ya antes mencionada: «en el atardecer de nuestra existencia se nos examinará del amor»… ¡y de nada más!, repito con plena conciencia.

6. Resumen

Cualquier acción educativa tendrá validez en la medida en que el motor de lo que se aconseja poner por obra o evitar, de lo que uno hace u omite, sea un amor auténtico hacia la persona que se pretende formar o, con otras palabras, el bien real de esa persona, que siempre habrá de prevalecer sobre el bien propio, y que no es otro que el desarrollo y la perfección de su propia capacidad de amar.

El amor es, pues, la clave —el principio, medio y fin— de todo quehacer educativo.

Se educa desde el amor, por medio del amor y para enseñar a amar.

Cortesía de Tomás Melendo para LaFamilia.info

Tomás Melendo
Catedrático de Filosofía (Metafísica)
Director de los Estudios Universitarios en Ciencias para la Familia
Universidad de Málaga
www.masterenfamilias.com
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