LaFamilia.info
12.10.2009
 

Resumen sobre la "ideología de género" escrito por Benigno Blanco. Presidente del Foro Español de la Familia.

La humanidad no ha conocido las ideologías hasta final del siglo XIX. A lo largo de toda la historia han existido ideas, planteamientos filosóficos, construcciones intelectuales, pero no ideologías.

Una ideología, como fenómeno moderno, es un sistema omnicomprensivo y cerrado, que da una visión completa del hombre, de la sociedad, de la historia y de todos los sucesos de la vida ordinaria, sobre la base de unos principios muy sencillos. Además, una vez aceptados esos principios, es coherente en sí misma.

Si uno admite los presupuestos de esa ideología, toda su construcción es lógica y coherente. Hay que colocarse fuera para ver sus inconsistencias. Si uno comparte los prejuicios de Hitler sobre la moral, la historia y el papel de los arios y judíos, es coherente matar a millones de judíos, personas inocentes. Si uno comparte la visión de la lucha de clases de Marx, se entienden los 50 millones de muertos del régimen soviético.

En este comienzo del siglo XXI, nos encontramos, sin darnos cuenta de toda su trascendencia, ante uno de los fenómenos más influyentes en toda nuestra cultura, con clara repercusión negativa en la familia y en toda nuestra sociedad. Se trata de la “ideología de género”.

 

Confrontación ideológica

Hoy día, sigue habiendo a escala interplanetaria una confrontación ideológica tan global y omnipresente, como la que existió entre marxismo y libertad en el siglo XX. La actual, es la confrontación entre una concepción de la persona y la sociedad inspirados, aunque sea vagamente, en el humanismo occidental por una parte, y la ideología de género, por otra. Se trata de dos sistemas cerrados y omnicomprensivos, alternativos y no comunicables.

Normalmente, no percibimos esta lucha ideológica como tal, porque muchos de los que viven en la tradición de la cultura occidental no son conscientes de ello; y porque por el otro bando, muchos de los defensores de la ideología de género ocultan que sus planteamientos sean ideológicos, y nos los presentan como iniciativas aisladas defensoras de derechos: el derecho de la mujer a abortar, el derecho de los homosexuales a casarse, el derecho de los transexuales a ser felices e inscribirse en el Registro Civil... Nos presentan como cosas aisladas, lo que de hecho es la agenda política de una ideología fuertemente estructurada.

 

Movimiento feminista de “los 60”

La ideología de género surgió en el seno del movimiento feminista norteamericano a finales de los años 60 del siglo pasado, cuando un grupo de mujeres partidarias empezaron a criticar al feminismo anterior, afirmando que se había equivocado de objetivo, al tener como meta la igualación entre el hombre y la mujer.

Para estas nuevas feministas, que se autodenominaron como de género, el objetivo de la liberación de la mujer no se consigue igualando en derechos a la mujer con el hombre, sino haciendo desaparecer la distinción entre hombre y

mujer.

 

Afirman estas ideólogas que no hay nada natural en la distinción entre hombre y mujer. En su opinión los roles psicológicos, sociales y sexuales asociados a la condición masculina y femenina, son una pura construcción cultural, hecha por el hombre, para “esclavizar” a la mujer como hembra al servicio de la “función reproductiva”, en beneficio del varón, a través de esa “institución opresora” que es el matrimonio.

Por tanto, si no hay ninguna distinción que sea natural y no cultural entre hombre y mujer, lo que hay que hacer para liberar a la mujer es erradicar, “deconstruir” suelen utilizar este término, cogido de la filosofía estructuralista todas las categorías culturales, religiosas, jurídicas y lingüísticas que durante siglos se han puesto en marcha para reforzar según esta ideología-la distinción antinatural entre hombre y mujer.

Prefieren el término “género” al de “sexo”, porque sexos sólo hay dos.

“Género” es un término cogido de la lingüística, y nos lleva al terreno de lo cultural. Para ellas, el “genero” es una construcción personal que cada uno hace libremente; a esa construcción es a lo que llaman “orientación afectivo-sexual”.

 

Para esta ideología, cada uno se construye su orientación afectivo-sexual de forma autónoma, sin ningún condicionamiento natural dado que no hay nada natural, para ellos, en materia de sexo y por tanto, construya como construya cada uno su identidad, su orientación afectivo-sexual, todo es igualmente valioso: ser heterosexual, transexual, bisexual, homosexual, es fruto de la autonomía personal de cada uno y, por tanto, igual de valioso. No se puede decir que una de estas orientaciones sea mejor que otra.

 

Maternidad y matrimonio

¿Qué es, para los ideólogos de la filosofía de género, lo único malo que hay en materia de sexualidad? Aquello, dicen, que fija a la mujer como mujer; es decir, la maternidad, que es lo que hace que la mujer quede consagrada físicamente como mujer, y aquella institución inventada por el varón para esclavizar a la mujer a la maternidad: el matrimonio. Por eso, todos los planteamientos de la ideología de género están imbuidos de verdadera fobia a la maternidad y al matrimonio.

¿Por qué se regula en la nueva ley de identidad de género el derecho de los transexuales a inscribirse en el Registro Civil con el sexo que deseen, al margen de cuál sea su configuración cromosómica y morfológica? Porque la identidad sexual yo la creo a voluntad, no depende de que me opere o no, me corte o me ponga cosas; si yo decido, sea cual sea mi cuerpo, que soy mujer, me inscribo como mujer; y, si yo decido que soy hombre, tengo el derecho a inscribirme como hombre. Es la última idea de la ideología de género: uno elige libremente su sexo, su género y, además, tiene el derecho a que los demás se lo reconozcan así, por la inscripción en el Registro Civil.

Judith Buttler, una de las ideólogas de género que más se lee en la sociedad norteamericana, suele afirmar que la verdadera liberación no está sólo en la construcción autónoma de la propia orientación afectivo-sexual, sino en que los demás te la reconozcan. Yo sólo soy libre cuando decido si soy hombre, mujer, transexual, al margen de mi cuerpo, y, además, para ser libre necesito que los demás me reconozcáis esta elección que he hecho; que seáis obligados a tratarme como yo me veo.

De ahí este intento de acabar con cualquier juicio que distinga moral, jurídica o sociológicamente entre mujeres y hombres; porque hace falta para que la propia liberación se consume, que los demás te tengan que reconocer cómo tú has decidido que eres.

Quizá la definición más precisa que he encontrado, de lo que supone la ideología de género, es una frase que leí en una obra de Ratzinger, cuando era Cardenal todavía: “la ideología de género es la última rebelión de la criatura contra su condición de criatura”. Y se explicaba: el hombre moderno, con el ateísmo, ha pretendido negar la existencia de una instancia exterior que le diga algo sobre la verdad de sí mismo, sobre lo que es bueno y lo que es malo para él; el hombre moderno, con el materialismo, ha intentado negar las exigencias para sí mismo y su libertad, derivadas de admitir su condición de ser también espiritual; y ahora, con la ideología de género, el hombre moderno pretende liberarse ya hasta de las exigencias de su propio cuerpo. El hombre moderno, con la ideología de género, es un ser autónomo que se construye así mismo, es pura voluntad que se autocrea, ya es dios para sí mismo.

 

Omnipresencia

Pues bien, la ideología de género, en estos momentos, es una ideología omnipresente en todas las agencias de Naciones Unidas, a partir de comienzos de los años 90. Las Agencias de Población de ONU, en concreto, el Fondo para Población, UNICEF, UNESCO, la OMS, han ido cada vez más, en todos sus documentos, elaborando y promulgando para todo el mundo las categorías propias de la ideología de género.

La primera vez que oí hablar de esta ideología, en unos términos que me parecieron tan raros en aquel momento, fue con motivo de la Cumbre de El Cairo, en 1994, sobre Población, y la siguiente, en el año 95, en Pekín, sobre la Mujer, organizadas por Naciones Unidas.

Las conclusiones de ambas cumbres motivaron una reacción a escala planetaria del Papa Juan Pablo II, precisamente para intentar evitar que las declaraciones oficiales de esas Cumbres convirtiesen en doctrina de ONU la filosofía y terminología propias de la ideología de género. Lo consiguió sólo en parte, y desde entonces se ha seguido avanzando imponiendo esos criterios. Es ya una realidad que desde Naciones Unidas la ideología de género ha pasado a la Unión Europea, y de ahí a las legislaciones de los países que la componen, como es el caso del nuestro en estos momentos.

Hoy día, la ideología de género y la lucha contra la vida van absolutamente unidas. Esta ideología es manejada por las agencias de población de Naciones Unidas como un instrumento de control de natalidad. Como dijo una responsable de políticas de población de NNUU: hoy no queremos controlar la población dentro de los roles de género tradicionales, sino cambiar esos roles de género para controlar la población.

 

Ahogar el mal en abundancia de bien

Sabiendo las consecuencias negativas para la familia y para toda la sociedad que tiene esta ideología, es urgente iniciar una batalla cultural que contrarreste su expansión. En primer lugar, con nuestra palabra, hablando de tantas cosas valiosas que llenan nuestras vidas y nuestros hogares, sin miedo a exhibirlas ante nuestros conciudadanos, en esta época nuestra que no necesita tanto maestros como testigos, gente que enseñe con su vida cómo merece la pena vivir. Por otra parte, para convencer con argumentos sociales sólidos hay que formarse, leyendo y escuchando a quienes pueden ayudarnos a tener los criterios claros.

Esto es muy importante en temas que tienen una incidencia tan directa en la felicidad personal, como el matrimonio, la familia y los hijos. Si la gente nos ve a nosotros felices, si la gente nos ve exhibir con normalidad nuestra condición de casados, de padres, de hijos; si la gente nos ve enamorados de la vida, si ve que somos capaces de procrear y no temer a la vida, iremos incidiendo en clave positiva en los demás.

Otra forma de influir positivamente es asociarnos. Uno solo, en una sociedad pluralista como la nuestra, puede un poquito; todos juntos podemos hacer más, y muchos juntos y asociados pueden hacer muchísimo más.

Tenemos todos, sin hacer cosas extrañas, un gran poder. Si toda la gente que vive enamorada de las cosas buenas asumiese esta faceta de responsabilidad social, de defender las cosas buenas, creo que, de verdad, tendríamos la capacidad de cambiar el mundo de manera radical.

 
VIDEO

{youtubejw}DZfyOH9Zpcw{/youtubejw}

ArgentinosAlerta.org
19.07.2012
 

 

 

Richard Cohen, el famoso psicoterapeuta norteamericano explicó que no se nace homosexual y mostró que no hay evidencia científica de ello. Heridas no resueltas del pasado y una necesidad legítima de amor no satisfecho están entre las principales causas.

 

Estos fueron los conceptos principales que Richard Cohen desarrolló durante su conferencia en el VI Congreso Mundial de las Familias en Madrid. Explicó que la solución ante déficits de amor en la niñez o la adolescencia no consiste en volcarse hacia la sexualidad con personas del mismo sexo, sino en aprender a sanar esas heridas. El déficit de amor sólo se llena con amor. La solución del problema está en amar a las personas con atracción por el mismo sexo, lo que no significa aceptar sus comportamientos, explicó Cohen.

 

El psiquiatra también habló sobre su propio testimonio: “Luego de luchar contra sentimientos homosexuales no deseados en los tiempos en los que estaba en la escuela primaria, comencé a experimentar con amigos varones en la escuela secundaria. En la universidad tuve un novio por tres años, pero en lo profundo de mi corazón quería estar casado con una mujer y tener hijos. El recorrido fue muy doloroso y difícil: al ir descubriendo porqué tenía sentimientos homosexuales y luego sanando las heridas que provocaron esos deseos. Finalmente, luego de muchos años y muchas lágrimas, estoy contento de decirles que estoy casado desde hace treinta años con mi hermosa esposa Jae Sook y tengo tres hijos increíbles, gracias a Dios.”

 

“Después de mi propia sanación, me sentí llamado a ayudar a aquellos que experimentan atracción por el mismo sexo (SSA, same-sex attraction) no deseada. Durante 23 años como psicoterapeuta he ayudado a miles de hombres y mujeres que experimentan SSA no deseada a cumplir sus sueños heterosexuales. Sobre ésto he escrito en los libros: `Coming out Straight: Understanding and Healing Homosexuality´, `Comprender y sanar la homosexualidad´. Además he ayudado a miles de padres a reconciliarse con sus hijos homosexuales, sobre lo que he escrito en el libro `Gay children, straight parents´.

 

Y agregó: “Quiero ser muy claro: yo amo y respeto a todos los gays y lesbianas. Yo creo en el derecho de cada individuo de autodeterminación. Si alguien decide vivir una vida homosexual, necesitamos respetar eso. Y si alguien busca cambiar y salir de la homosexualidad, eso también debe ser respetado.”

 

“Hablando claro sobre la homosexualidad”

 

Este es el título de su último libro, el cual resumió en tres puntos principales:

 

1. Ante todo, la gente no nace con sentimientos homosexuales. Hay muchos trabajos científicos realizados durante las últimas tres décadas tratando de justificar una base genética, biológica u hormonal de la atracción por el mismo sexo. Muchos y la mayoría de esos investigadores tienen una orientación homosexual para justificar sus sentimientos homosexuales, intentando decir “hemos nacido de esta manera”. Sin embargo en el 2008, la Asociación Americana de Psicología (APA) dijo que en esencia nadie nace con atracción por el mismo sexo. Esta es la cita que aparece en el sitio web de la APA:

 

"Aunque muchas investigaciones han examinado las posibles influencias genéticas, hormonales, de desarrollo, sociales y culturales sobre la orientación sexual, no han surgido conclusiones que permitan a los científicos concluir que la orientación sexual está determinada por ningún factor en particular o factores ."

 

El Colegio Americano de Pediatras publicó en 2010 en su sitio web (www.FactsAboutYouth.com) que la gente no nace con SSA.

 

El Dr. Francis Collins, anterior director del Proyecto Genoma Humano y actualmente Director del National Institute of Health (Instituto Nacional de salud, Estados Unidos), dijo: “No encontramos ningún gen gay”.

 

Y los Doctores Neil y Briar Whiteheaden el libro “My genes made me do it” (Mis genes me lo hacen hacer) desenmascaran estas investigaciones que tratan de demostrar que las personas nacen de esta manera. El libro se puede descargar gratis en el sitio web www.mygenes.co.nz.

 

2. La homosexualidad es principalmente una condición con una base emocional. La homosexualidad es básicamente una condición de base emocional. En mi experiencia profesional hay tres deseos principales que llevan a los sentimientos homosexuales:

 

  • - Necesidad de amor del padre del mismo sexo y/o de los pares del mismo sexo.
  • - Necesidad de identificación de sexo.
  • - En algunos casos, miedo a la intimidad con miembros del sexo opuesto.

 

La investigación científica en los últimos 80 años identifica muchas causas potenciales que llevan a un individuo a desarrollar sentimientos homosexuales. Yo he observado en que aquellos con SSA no deseada has dos cosas que conducen a este deseo:

 

  • - Heridas no resueltas y cuestiones del pasado.
  • - Una necesidad legítima de amor no satisfecho.

 

3. La solución no está en las leyes sino en el amor. La solución al dilema homosexual que enfrenta cada familia, cada religión y cada nación hoy en día, consiste en poner el amor en su lugar. Necesitamos deponer las armas del juicio y demostrar el amor de Dios a todos los hombres y mujeres con SSA. Si simplemente nos oponemos a los gays y a las lesbianas, sin ofrecer un amor incondicional, estamos exacerbando las heridas que ya están presentes en sus corazones. “Por favor, lleguen a todo hombre y mujer con atracción por el mismo sexo.” enfatizó Cohen.

 

“Ustedes, todos nosotros, somos la solución para resolver la homosexualidad. Los hombres deben llegar a otros hombres y las mujeres deben llegar a otras mujeres. Escuchen a los homosexuales, aprendan de ellos y ámenlos sin cesar. No significa que van a aceptar sus comportamientos, si los aman. El amor más alto va más allá de eso. Aquel que más ama por el mayor tiempo, gana.” Con estas palabras concluyó la conferencia.

 
Kathleen McCoy
30.07.2009
 

En la actualidad, muchos menores se inician precozmente en actividades sexuales. He aquí cómo ayudarlos a no emprender aventuras con el sexo antes de que maduren.

Carolyn Jennings recogía una pila de revistas en la sala de su casa, cuando de una de las preferidas de su hija Lisa cayó una carta escrita de su puño y letra. Estaba dirigida a la columnista de salud y bienestar de la revista, y decía: “Tengo 12 años, y desde hace dos meses tengo relaciones sexuales con mi novio. ¿Podría quedar embarazada?”

 

El caso de Lisa no es raro. En 1986, una encuesta de Planned Parenthood, realizada en un muestreo de 1.000 adolescentes y preadolescentes y dirigida por Louis Harris y Asociados, reveló que el cuatro por ciento de los muchachos y muchachas estadounidenses de 12 años de edad, es decir, 100.000 jovencitos, había tenido relaciones sexuales. Por añadidura, el porcentaje se incrementaba con la edad: el 10 por ciento, a los 13 años; el 20 ciento, a los 14; el 29 por ciento, a los 15, y el 46 por ciento, a los 16.

 

El mismo estudio indicó que muy pocos de los menores de 12 y 13 años sexualmente activos usaban anticonceptivos. Según el Instituto Alan Guttmacher, cada año 30.000 jovencitas estadounidenses de 14 años o menos quedan embarazadas sin haberlo planeado.

 

Pero el embarazo no es el único riesgo que implican las relaciones sexuales prematuras. Existe también un alto riesgo de que los púberes contraigan alguna enfermedad de transmisión sexual que pueda causar infección crónica y, en las mujeres, infertilidad. Además, el coito prematuro puede alterar el proceso normal del descubrimiento gradual de sí mismo, así como la maduración social que advierte al inicio de la adolescencia.

 

¿Quiénes originan estas estadísticas? Los expertos en medicina, salud mental y educación han identificado algunas características de estos niños vulnerables.

Primero, suelen estar mal informados en materia de sexualidad. Muchos padres temen que hablar del tema sólo sirva para incitar a los adolescentes a experimentar en ello activamente, pero los hechos parecen demostrar lo contrario.

“Yo creí que estaba haciendo el amor; no que estaba teniendo relaciones sexuales”, declara Tammy, de 13 años, encinta desde hace cuatro meses de un vecino suyo de 16 años, y agrega: “No creí que pudiera quedar embarazada tan joven; y menos por hacerlo una sola vez”.

 

El doctor Charles Wibbelsman, jefe de la clínica de la adolescencia en el Centro Médico Permanente Kaiser, en San Francisco, California, señala que las adolescentes sexualmente activas que acuden a su consulta “están entrampadas en una maraña de pensamientos mágicos y negativos acerca de la vida sexual; creen que no es posible que resulten embarazadas. Padecen una ignorancia supina respecto a sus propios cuerpos, y temen hablar de ello con sus padres. Algunos adultos suponen que los adolescentes de hoy saben más sobre la sexualidad que lo que ellos mismos sabían cuando llegaron a la pubertad, pero esto es un mito”.

 

El escritor y educador sexual Sol Gordon opina al respecto: “Los niños que poseen información correcta sobre la realidad sexual y pueden hablar del tema con sus padres tienen mayores probabilidades de posponer su primera experiencia de coito”.

 

Los adolescentes de vida sexual activa tienden también a ser aquellos que han madurado demasiado rápido. Suelen ser más propensos que sus amigos de la misma edad a comenzar a citarse prematuramente con amigos del sexo opuesto, a asistir a fiestas sin la supervisión de adultos, y a experimentar con el alcohol y las drogas. “Hoy día, los muchachos acaso se comporten con más madurez y cumplan mayores responsabilidades en casa, pero hay ciertas situaciones para las que aún no están preparados, independientemente de su desarrollo físico”, observa la doctora Paula Duke-Duncan, coordinadora de los servicios de salud del distrito escolar de Bulington, en Vermont, y profesora adjunta de clínica pediátrica en la Facultad de Medicina de la Universidad de Vermont.

 

Las muchachas sexualmente activas, muy probablemente, a salir o a pasar tiempo con muchachos mayores que ellas. “Jamás he conocido a una niña de 12 años cuya pareja sexual sea un niño de 12 años”, dice el doctor Wibbelsman.

Los chicos de sexualidad activa generalmente se sienten impopulares. “Para muchos adolescentes”, explica Gordon, “tener novio es vital para su autoestima. Y sienten que la entrega sexual es el precio que tienen que pagar por ello”.

Mónica fue víctima de esta clase de presión social cuando tenía 14 años. “En la escuela hablaban como si lo supieran todo acerca de la sexualidad”, relata. “sentí que era la única que aún seguía siendo virgen. Para mí, conseguir gustarle a un muchacho era todo un logro. Pero las relaciones sexuales eran realmente frustrantes, y no me hacían sentirme más popular. Luego descubrí que quienes más alardeaban no habían tenido ninguna experiencia sexual a pesar de lo que decían”.

 

Los muchachos también pueden valerse de la sexualidad para procurar congraciarse con sus amigos. “En mi escuela, la actitud común entre nosotros era que, si no tenías relaciones sexuales, eras un tonto atrasado”, cuenta Patrick, quien tuvo su primera experiencia sexual a los 14 años de edad. “Pero tener relaciones sexuales no me ganó más estimación en mi grupo, ni me hizo sentirme mejor conmigo mismo. Me ha servido mucho más pertenecer al grupo de debates y mejorar mi marca de recorrido en la pista”.

 

Usted puede apartar a su hijo de la precocidad sexual

 

Hable con él o ella de la sexualidad, independiente de que a usted le agrade o no el tema. La educación sexual no es materia que pueda enseñarse mejor en una sola “plática exhaustiva”, sino en una serie de conversaciones informales, incitadas a veces por una simple pregunta o comentario de los menores acerca de algo que han presenciado juntos. No se trata de darle a un niño un libro de temática sexual y esperar que este le resuelva todas sus dudas, sino de leerlo juntos, de aprovechamiento como punto de partida para entablar conversaciones abiertas sobre el asunto.

 

“Si piensa usted esperar a tratar el tema cuando se sienta cómodo con él, tal vez espere demasiado”, comenta Jane Quinn, directora del Programa de Servicios para los Clubes de Niñas de Estados Unidos. “Hablar de sexualidad y anticoncepción no significa darle permiso a su hijo para practicar las relaciones sexuales”, añade la especialista. “Más bien, es su oportunidad para compartir hechos y principios morales con su hijo; una oportunidad para transmitirle su propio criterio”.

 

Sol Gordon apoya esta tesis: “Sus hijos necesitan y desean saber cuáles son sus valores morales. Acaso los desazone oír que usted les advierta: Eres muy joven aún para tener relaciones sexuales. Sin embargo, para ellos es importante escucharlo. Pueden, incluso, estar más atentos de lo que usted cree”.

 

Sea un padre accesible. “Esto es lo más importante”, señala Gordon. “Sus hijos deben saber que usted escuchará preguntas sin precipitarse a censurar; que no hay nada respecto a la sexualidad que él o ella no pueden analizar con usted, y que siempre estará allí, para darles apoyo, en cualquier circunstancia”.

 

“En gran medida, ser accesible consiste en saber mantener la boca cerrada cuando uno sufre de angustia”, explica el doctor Charles Clegg, asesor de Servicios a los Jóvenes del Hospital Universitario, en Cerritos, California. “Trate de escuchar las preguntas de su hijo sin permitir que el temor o la ira le impidan hablar claro”.

 

Ayude a su hijo a desarrollar la autoestima. El cultivo y el dominio de ciertas aficiones y pasatiempos puede ayudar a un muchacho a “sentirse bien consigo mismo en una forma no sexual”, sostiene la doctora Duke-Duncan. “Aliente el interés de su hijo por la música, los deportes, el baile o las artes, en general, o ayúdelo a encontrar otras aficiones”.

El trabajo puede ser útil para un adolescente vulnerable por sentirse “diferente” o por no adaptarse bien a la escuela. “Un chico puede desarrollar su autoestima haciendo obras sociales”, opina Gordon.

 

Sea un modelo. Los jóvenes aprenden mucho de la sexualidad y del amor con sólo observar a sus padres. “El amor y la consideración entre los padres”, explica Gordon, “es el componente más importante de la educación sexual de un niño”.

 

Si usted es un padre, manténgase atento con su hija. Si un padre le retira el afecto a su hija cuando esta llega a la adolescencia, la muchacha puede sentirse herida y confundida, y buscar esa atención en muchachos de su edad. “Cuando mi padre dejó de abrazarse, concluí que podía hacer trizas el hermoso libro que me había regalado en Navidad; o suicidarme, o procurar encontrar a alguien más que me estrechará entre sus brazos”, confiesa Jaine, de 13 años de edad, quien recientemente tuvo su primer episodio sexual. “Finalmente opté por conseguir novio”, concluye.

 

Fije límites razonables. Los padres no pueden encerrar a su hija ni arraigar a su hijo hasta que estos cumplan los 18 años. En realidad, las prohibiciones excesivamente estrictas pueden fomentar la rebeldía en los adolescentes.

“Algunos padres tratan de impedir la actividad sexual de sus hijos no permitiéndoles salir con otros jóvenes, o imponiéndoles estrictos horarios para volver a casa”, apunta el doctor Wibbelsman. “No obstante, las más de las veces las relaciones sexuales entre chiquillos tienen lugar en casa, después de clases, y antes de que los padres regresen”.

A fin de minimizar las circunstancias de tentación y oportunidad, los padres deben advertir claramente a sus hijos que no pueden invitar a sus amigos del sexo opuesto a casa cuando no haya un adulto presente.

 

Es preciso, asimismo, fijar límites razonables durante el proceso de socialización del menor. Los padres deben insistir en que las fiestas de niños y adolescentes sean frecuentadas por adultos, que no se sirvan bebidas alcohólicas, y que los adolescentes salgan a divertirse sólo en grupos. Estas reglas previenen que los jóvenes se vean envueltos en situaciones para las cuales aún no están debidamente maduros.

“Los muchachos tal vez refunfuñen por estas restricciones”, advierte la doctora Duke-Duncan, “pero muchos adolescentes me han confesado que en el fondo se alegran de que sus padres les impongan límites. Para ellos, es un alivio poder librarse de la responsabilidad con un No puedo hacerlo; mi madre me mataría”.

 

La mejor forma en que los padres pueden evitar que sus hijos tengan relaciones sexuales prematuras estriba en inculcarles que tienen un brillante y maravilloso futuro, que con facilidad se frustra irreversiblemente si se permiten experiencias sexuales demasiado pronto. Por tanto, preste respetuosa atención a sus hijos cuando él o ella hable de sus sueños. Aliente sus ambiciones, y junto exploren sus posibilidades y profesionales.

Los adolescentes necesitan comprender que, con el tránsito gradual de la infancia a la edad adulta -cultivando relaciones de amistad cordial, tomándose de la mano cariñosamente, ensayando un primer beso, descubriendo acaso una nueva afición o talento personal-, ellos se dan el tiempo necesario para lograr el conocimiento de sí mismos, y un respeto auténtico por su propia persona, factores que, sin duda, constituyen la esencia de la verdadera madurez.

 

Condensado de “Redbook”.

Lucrecia Rego de Planas
02.03.2009

Con ocasión del Día Internacional de la Mujer que se celebra el 8 de marzo, queremos compartir con los lectores este escrito de la directora del portal Catholic.net, Lucrecia Rego de Planas.

***

 

Ayer, mientras esperaba que mis hijos salieran de su clase de natación, no pude dejar de escuchar la conversación que se llevaba a cabo entre dos mujeres que estaban frente a mí.

Tendrían alrededor de 35-40 años. Una de ellas vestía un traje sastre, traía un portafolios colgando del hombro y un bebé de unos seis meses en los brazos. La otra en pants, traía una raqueta de padel y una niña de unos tres años, abrazada de su pierna. Las dos estaban acompañadas por sus nanas.

— Hace mucho que no te veía... ¿cómo has estado?

— Uf... corriendo como una loca. Me acaban de dar el puesto del que era mi jefe. Estoy bien contenta, pero agotada.

— Qué bien, felicidades, pero ... ¿cómo le haces con tu bebé?

— Bueno, llego muy tarde a la casa y casi no lo veo, pero... ya ves que dicen que "es mejor darles calidad que cantidad" de tiempo. Y cuando llego, estoy con él, de verdad.

— A mí me encantaría ponerme a trabajar. Pero por ahora, estoy dedicada "de tiempo completo" a mis hijos... Tal vez cuando crezcan.

Una conversación simplona, que se puede escuchar todos los días en cualquier lugar y que refleja la insatisfacción que sienten gran parte de las mujeres de hoy, independientemente de si trabajan o no, fuera del hogar.

 

Las mujeres que trabajan... insatisfechas

Si observamos un poco a una mujer que trabaja fuera del hogar, vemos que exteriormente da siempre la imagen de estar autorrealizada, orgullosa de sí misma y permanentemente agobiada, como tratando de hacer ver a los demás, que ella sí está logrando exitosamente ser mamá, esposa y profesionista, eso que el mundo dice que es algo imposible de lograr.

 

Cuando se encuentra con una mujer que no trabaja, le dice que la envidia, con expresiones de este tipo: «qué rico que no trabajas, con razón tienes tu casa tan linda», pero en su interior la critica terriblemente: «se levanta a las 10 a.m... es una floja».

 

La mujer que trabaja vive en un estrés continuo, pues quiere demostrar al mundo entero que ella no descuida nada, que es perfecta en todo, que es la mismísima mujer maravilla. Sin embargo, en el fondo de su corazón, se siente culpable de no estar con sus hijos lo suficiente, una culpabilidad que le reclama el estar «autorrealizándose» a costa de su familia.

 

Por supuesto, ante los demás se escuda y se justifica, con la falacia de «es mejor darles calidad que cantidad», aunque se da cuenta a leguas, de que eso no es cierto.

 

Todos saben (y ellas también) que los niños no necesitan una mamá que los llene de besos y abrazos durante media hora al día. Necesitan una mamá que esté presente en los momentos adecuados para cuidarlos, consolarlos, corregirlos y educarlos. Es decir, siempre.

 

Las mujeres que no trabajan... insatisfechas también

 

La mujer que no trabaja desearía estar trabajando, pues teniendo una profesión universitaria, se aburre terriblemente jugando padel tenis, haciendo flores de migajón y yendo al supermercado, pero... finge estar feliz y tranquila, pues ha oído que las mujeres «buenas» son las que se dedican exclusivamente al hogar y a los hijos. Oculta un sentimiento interno de frustración, por no estar autorrealizándose, por culpa de sus hijos.

Si se encuentra con una mujer que trabaja, la alaba con expresiones como «estás picudísima», pero en el fondo la critica pensando «tiene a sus hijos abandonados con el chofer y la nana».

Lo peor es que sabe muy bien que ella, aunque dice que se dedica "de tiempo completo" a los hijos, también los deja (y tal vez más que la otra), para ir a sus clases de gimnasia, costura, repostería, pintura, literatura y arte contemporáneo, a la peluquería, al café con las amigas, al banco, al supermercado y a todos esos lugares a los que van las amas de casa.

 

Los culpables de esta insatisfacción... por supuesto, los hombres

Sin duda, los hombres son los culpables de que hoy por hoy, la mujer sienta esa insatisfacción. Por querer darle gusto, han accedido a tratarla como hombre y la han llevado a enfrentarse a un dilema que no tendría por que existir: ¿Trabajar para autorrealizarme o ... no trabajar, para ser buena esposa?

Los hombres se olvidaron de que la mujer funciona diferente que ellos, simplemente porque no es un hombre.

El hombre, aunque tenga varios roles en su vida, es un personaje uni-canal, que cuando está trabajando está totalmente concentrado en el trabajo y se olvida de que es esposo y padre. Cuando representa el rol de esposo, no piensa en su trabajo ni de chiste. Su cerebro está programado para pensar en una sola cosa a la vez.

La mujer, en cambio, puede estar en cinco asuntos al mismo tiempo. Puede perfectamente, estar atendiendo una llamada de negocios y cambiando un pañal, mientras revisa la tarea de otro de los niños y le entrega a la cocinera una nota con el menú del día siguiente.

No es nada del otro mundo, porque Dios dotó a las mujeres de un cerebro »multi-canal», que las hace capaces de ejercer varios roles al mismo tiempo, sin que uno u otro se vea deteriorado.

 

¿Cuando surgió el dilema?

Hasta antes del siglo XIX, el trabajo era una parte integral de la vida de la mujer, quien representaba sus roles de esposa, madre, ama de casa y trabajadora, de una manera natural. Nadie se escandalizaba de saber que la esposa salía de la casa para atender a algún enfermo, el puesto en el mercado, el comercio familiar, el trabajo en la agricultura o en la granja. La mujer siempre había trabajado como mujer (no como hombre) y eso era lo natural. En su casa, guardadas, sólo se quedaban las mujeres enfermas o minusválidas.

En el siglo XIX, con la Revolución industrial, los hombres vieron que el trabajo en las fábricas era demasiado rudo para la mujer (lo cual era cierto) y, queriendo protegerla y proteger a su familia del abandono materno, la excluyeron por completo de la opción de compartir su riqueza con el mundo. Decidieron, los hombres, que ellos se dedicarían a la empresa y la mujer solamente al hogar, enfrentándola a un problema que antes no existía: Maternidad, sí - Trabajo, no.

Esta decisión masculina significó una pérdida importante en la identidad intrínseca de la mujer, quien se sabe llamada a darse, no sólo a su marido y a sus hijos, sino también a la sociedad. La mujer del s XIX, como la de hoy, estaba convencida de poder atender hijos, marido, casa, sobrándole aún tiempo y capacidad para amar a los demás. Su naturaleza, llamada a la entrega, se sintió aprisionada en un espacio que le quedó chico y, con toda razón, se rebeló.

Fue entonces cuando la mujer, representada por el movimiento que iniciaron las ideas de Simone de Beauvoir, pidió el derecho de volver a trabajar, porque se sentía insatisfecha solamente con el trabajo de la casa, pero... aquí estuvo el gran error... el movimiento feminista, en lugar de pedir sus derechos de mujer como mujer, pidió que la devolvieran al mundo laboral con condiciones iguales al varón. Al ser aceptada su propuesta, se metió en mil problemas, pues la mujer nunca podrá trabajar como un hombre. La mujer debe trabajar como mujer y el hombre como hombre.

No niego que la mujer es capaz de cubrir las responsabilidades de cualquier puesto de trabajo, y las puede cumplir tal vez mejor que cualquier hombre, pues por su misma naturaleza llamada a la entrega incondicional, involucra toda su persona en lo que realiza, se apasiona fácilmente y tiene una fuerza impresionante para vencer los obstáculos. Pero para hacerlo bien, lo tendrá que hacer en su estilo femenino, de una manera integral, sin olvidar ni abandonar en ningún momento su condición de ser esposa, madre y ama de casa.

Al exigir condiciones iguales al hombre, la mujer se vio enredada en unas "reglas del juego" imposibles de cumplir sin descuidar sus otros roles : horarios fijos de trabajo, jornadas extensas, competencia dentro de la empresa. Con estas condiciones iguales a las del varón e incompatibles con sus roles de esposa y madre, la mujer se enfrentó al dilema contrario: "Trabajo sí, maternidad no."

En lugar de luchar por su derecho a darse, a entregarse a los demás, a enriquecer y ayudar al mundo, que es la inquietud del corazón de la mujer, el movimiento feminista distorsionó el mensaje y exigió para la mujer cosas totalmente contrarias al amor, cosas nacidas del egoísmo: el derecho a desarrollar-se, a superar-se, a enriquecer-se, a autorrealizar-se.

Con esto, la mujer perdió su identidad como mujer. El corazón de la mujer se deterioró cambiando el amor y el deseo de darse, por el egoísmo y el deseo de autorrealizarse.

Como consecuencia directa, la familia se empezó a deteriorar, por tener en su seno mujeres francamente deterioradas... mujeres que empezaron a ver a los hijos como "enemigos" u "obstáculos" de su autorrealización y que empezaron, por lo mismo, a tener menos hijos, más tiempo para sí mismas y por ende, más egoísmo, del cual ahora son víctimas los esposos, los hijos y la sociedad.

 

¿Qué podemos hacer para encontrar la verdadera realización?

El secreto está en regresar a lo propio de la mujer, que es la entrega de sí misma. Sólo entregándose totalmente, es como la mujer se puede sentir auténticamente realizada.

Hoy más que nunca, el mundo necesita de la mujer. La mujer no puede, ni debe, desperdiciar los dones que ha recibido, aún cuando haya decidido no trabajar para una empresa de manera formal.

Es injusto, no sólo para ella, sino para la sociedad completa, que una mujer que ha estudiado, que tiene una carrera profesional, que sabe varios idiomas, que tiene un corazón enorme para entregarlo a los demás, se quede con esos dones escondidos, guardados e inutilizados, llenando su tiempo libre en los gimnasios, los cafecitos, los centros comerciales y los salones de belleza.

La mujer plenamente realizada no es aquella que obtiene grandes éxitos profesionales a costa del descuido de su familia. Tampoco aquella que se queda en casa de una manera egoísta, cómoda e insatisfecha. La mujer que se siente realizada, es la que ama y se siente amada, la que se entrega de manera plena, a su marido, a sus hijos y a la sociedad.

Así como comer, dormir, bañarse y cocinar, jugar tenis e ir a visitar a la amiga, son compatibles con la maternidad y la correcta educación de los hijos, también es compatible trabajar. Nunca debió de hacerse esa separación, pues el trabajo no es un derecho de la mujer, sino una responsabilidad natural para con el mundo entero.

El secreto está en hacerlo por amor y no por egoísmo, por compartir lo mucho que se ha recibido con el mundo y no por querer ocupar un lugar exitoso. Los hijos se darán perfecta cuenta de las intenciones de su mamá. Así como aborrecerán a una madre egoísta que los abandona sólo por buscar su propia satisfacción, la admirarán en cambio, si saben que los deja un rato por ir a hacer el bien en un mundo urgido de su sabiduría, ternura y cariño.

 

Publicado en Conoze.com

Caminocatolico.org
20.09.2010
 

Dawn Stefanowicz es una mujer de algo más de 40 años que vive en Ontario, Canadá, con su marido de toda la vida (más de 20 años de matrimonio) y sus dos hijos, a los que ha educado en casa. Sin embargo, su infancia fue muy desordenada: debido a la enfermedad de su madre, su cuidado quedó a cargo del padre quien era homosexual y la expuso a todo un ritmo de "vida gay".

 

Dawn ha creado una página web, en donde cuenta cómo le hirió el estilo de vida en el que creció, y ofrece ayuda, consejo e información para otras personas que han crecido heridas en un entorno de "familia" gay, un estilo de "familia" que ella no desea para nadie y que cree que las leyes españolas y canadienses no deberían apoyar.

 

Reproducimos el testimonio en primera persona de Dawn Stefanowicz.

 

El testimonio de Dawn

 

Me llamo Dawn Stefanowicz. Crecí en un hogar homosexual en los años 60 y 70 en Toronto, expuesta a muchas personas distintas de la subcultura GLBT (gay, lesbiana, bisexual, transexual).

 

Por el ambiente tan dramático en el que vivíamos, llegué a preocuparme profundamente, a amar y entender con compasión a mi padre. Compartía conmigo lo que lamentaba de la vida. Desgraciadamente, siendo niño unos adultos abusaron sexual y físicamente de él. Debido a esto, vivió con depresión, problemas de control, estallidos de rabia, tendencias suicidas y compulsión sexual. Intentaba satisfacer su necesidad por el afecto de su padre, por su afirmación y atención, con relaciones promiscuas y transitorias. Las (ex)parejas de mi padre, con los que me traté y llegué a apreciar con sentimientos profundos, vieron sus vidas drásticamente acortadas por el Sida y el suicidio. Tristemente, mi padre murió de Sida en 1991.

 

Las muchas experiencias personales, profesionales y sociales con mi padre no me enseñaron el respeto por la moralidad, la autoridad, el matrimonio o el amor paterno. Me sentía temerosamente acallada porque mi padre no me permitía hablar de él, sus compañeros de casa, su estilo de vida y sus encuentros en esa subcultura. Mientras viví en casa, tuve que vivir según sus reglas.

Sí, amaba a mi padre. Pero me sentía abandonada y despreciada.

 

Las consecuencias

 

Más de dos décadas de exposición directa a todo tipo de experiencias aberrantes y traumáticas, llegué a una situación lamentable de inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían.

 

Hasta que no llegué a los 20 y 30 años, hasta después de hacer las elecciones importantes de vida, no empecé a darme cuenta de cómo me había afectado crecer en este ambiente. Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo? Mi identidad de género, bienestar psicológico, relaciones con iguales quedaron afectadas. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias.

Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños.

 

Página web de Dawn Stefanowicz: http://www.dawnstefanowicz.com

Jokin de Irala - Aceprensa
11.07.2008
 

Muchas veces los adolescentes reciben mensajes contradictorios en la educación sobre el sexo: primero se les dice que es mejor no tener relaciones sexuales y luego todo se centra en explicarles cómo protegerse si lo hacen. Algunos estudios recientes parecen demostrar que la educación basada solo en la abstinencia no funciona. Pero, igual que en las campañas contra el tabaco o la violencia de género, esto solo significa que hay que hacerlo mejor, no abandonar los esfuerzos.

 

Los adolescentes pueden vivir peligrosamente, y, en la actualidad, la sociedad les brinda muchas oportunidades para hacerlo. Como consecuencia, nos encontramos ante una ola de borracheras juveniles, enfermedades mentales inducidas por drogas, e infecciones de transmisión sexual, por mencionar solamente tres de los excesos a los que los jóvenes pueden verse involucrados.

 

¿Qué sucede con el sexo? ¿Es la abstinencia la mejor elección para los adolescentes, y deberíamos hacer todo lo posible por persuadirles de que se abstengan de la experimentación sexual? ¿O es una meta inalcanzable para la mayoría de los  jóvenes, basada en ideales sobre el amor y el sexo que son simplemente un residuo de épocas pasadas? ¿Hacemos todo lo posible cuando decimos que “está bien no mantener relaciones sexuales”, y, luego, nos pasamos el día explicando a los chicos cómo protegerse si lo hacen?

 

Dos estudios sobre “solo abstinencia”

Estas cuestiones reflejan dos modos de enfocar la educación de los más jóvenes sobre el sexo que, actualmente, parecen estar en conflicto frontal, sobre todo en Estados Unidos, donde el futuro de la financiación gubernamental para los programas de sólo abstinencia pende de un hilo.

 

Como consecuencia, las conclusiones de las investigaciones del entorno, muy politizadas, pueden ser críticas. Dos estudios publicados recientemente sobre el programa de ‘sólo abstinencia’ en Estados Unidos han dado lugar a una serie de titulares que manifiestan que “la educación  en la abstinencia no funciona”. El más reciente de los dos, publicado en la influyente revista British Medical Journal, es el realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Oxford, que revisaron 13 estudios científicos en los que se valoraban los programas de abstinencia. Estos investigadores llegaron a la conclusión de que dichos programas “no eran eficaces”.

 

Los educadores en la abstinencia no deberían desanimarse ante tales resultados. Lo que Kristen Underhill y sus colegas hicieron fue buscar estudios que tratasen sobre el tema de la prevención de la infección por VIH —el punto fundamental en la educación sexual—, y que estuvieran, más o menos, bien diseñados. Sin embargo, dichos estudios constituían una mezcla muy heterogénea, y, aunque los investigadores realizaron un gran trabajo de síntesis del material examinado, sus conclusiones pasaron por alto problemas metodológicos muy serios.

 

Por ejemplo, ¿cómo comparar  programas que oscilan en duración entre 1 sesión y 720 sesiones, o evaluar resultados de forma fiable cuando hay tasas de abandono del 5 al 45%? Dados estos problemas, el número total de jóvenes con los que se llevaron a cabo los estudios revisados —1 5.940— no tiene especial relevancia, aunque se haga referencia a dicho número para dotar de más autoridad al análisis.

 

¿Eficaces o no?

A pesar de estas deficiencias, sin embargo, los científicos de Oxford afirman rotundamente que “la evidencia del análisis sugiere que los programas de ‘sólo abstinencia’ que intentan prevenir la infección por VIH no son eficaces”. Y esta afirmación es corroborada por una editorial amiga en el BMJ que, con relación a los 13 estudios examinados, considera que son “notablemente consistentes” cuando sugieren que los programas de ‘sólo abstinencia’ no aumentaron ni la abstinencia sexual primaria ni la secundaria.

 

Incluso, los editorialistas van más allá, diciendo que: “En contraste con los programas de ‘sólo abstinencia’, aquéllos otros que promueven el uso de condones reducen enormemente el riesgo de contraer el VIH”. Y, para apoyar dicha afirmación, citan tres artículos, dos de los cuales datan de finales de los 90. El editorial termina argumentando que el dinero no debería ser gastado en programas de ‘solo abstinencia’, sino más bien en programas que promuevan el uso del condón.

 

Desconozco bajo qué criterios se excluyeron otros trabajos que mostraban lo contrario, antes de realizar estas afirmaciones. Por ejemplo, los resultados de un ensayo que se realizó en Uganda señalaban un aumento en las conductas de riesgo para el VIH en el grupo de intervención, donde se promovía el uso y el suministro del condón.

 

A la luz de los problemas con los que se topó el equipo de Oxford, quizás habría sido más prudente decir que no había evidencia de que los 13 programas concretos de ‘sólo abstinencia’ que ellos revisaron hubiesen dado mejores resultados que las alternativas evaluadas. Esto no significa que “la promoción de la abstinencia no funciona”, que es lo que algunos medios están intentando transmitir a la gente.

Siempre es mejor evitar riesgos que reducir riesgos, y los mensajes deberían adecuarse  a los grupos específicos a los que van dirigidos.

 

Mensajes contradictorios

 

En cualquier caso, la verdadera cuestión no es si esos programas son eficaces o no. Lo que realmente importa es saber si nos estamos planteando las preguntas correctas con relación a estos programas. ¿Cree alguien, realmente, que es posible cambiar cualquier conducta humana con una docena de clases en la escuela si los padres, en casa, los programas de la televisión, las películas, las revistas para jóvenes, las autoridades sanitarias y educativas, y la sociedad en general, transmiten el mensaje contrario?

 

Pensemos en la llamada violencia de género, el sexismo, la discriminación, el fracaso escolar, la falta de ejercicio, la comida basura, el problema de la bebida y de la conducción, del tabaco y de otro tipo ‘de drogas. ¿Cambiarían estas conductas una docena de clases impartidas, si en todas partes el mensaje fuese diferente?

 

La pregunta para estas cuestiones es “cómo” podemos transmitir los mensajes correctos, y no “si” deberíamos transmitirlos. Si un programa cuya finalidad es prevenir la violencia de género no tiene éxito, sería un gran error concluir que “la educación contra la violencia no es eficaz. Dado que ese programa concreto ha fallado, lo que tendríamos que pensar, más bien, es en la manera de hacerlo mejor, o, al menos, en cómo podríamos conseguir que dicho programa tuviese éxito”.

 

No olvidemos que muchos programas anti-tabaco tienen poco éxito, y, sin embargo, nadie duda que debemos prevenir el tabaquismo en los jóvenes. ¿Esperamos, realmente, que la ‘promoción de la abstinencia’ a lo largo de unas pocas clases pueda resultar eficaz en una sociedad en la que muchos medios de comunicación est án transmitiendo exactamente el mensaje contrario? La cuestión es: ¿Creemos, realmente, que la abstinencia es una buena elección para nuestros jóvenes, y queremos, realmente, fomentar la abstinencia?

 

La educación del carácter

No soy, necesariamente, un defensor de los programas de ‘sólo abstinencia’. Al menos, no para los adolescentes mayores. Personalmente, creo que a verdad es lo mejor que podemos dar a nuestros jóvenes para ayudarles a que elijan mejor y de manera más saludable. Pero deberíamos fortalecerlos también para que puedan hacer las mejores elecciones, y, en lo que se refiere a las conductas, la educación del carácter es fundamental.

 

No podemos limitarnos a darles información y eslóganes; debemos ayudarles a interiorizar los buenos valores, así como a desarrollar las aptitudes, o las costumbres, que se corresponden con éstos. Y éste no es el trabajo de un programa concreto.

 

Siempre es mejor “evitar riesgos” que “reducir riesgos”, y los mensajes deberían adecuarse a los grupos específicos a los que van dirigidos. Existe una evidencia epidemiológica firme en favor de la estrategia de prevención ABCAbstinencia, Basarse en la  fidelidad, y uso del Condón. La abstinencia y la monogamia mutua son mejor para evitar el riesgo, mientras que los condones pueden reducir, aunque nunca eliminar del todo el riesgo.

 

Un documento de consenso publicado por The Lancet en 2004 hacía hincapié en la importancia de priorizar mensajes de llamamiento a posponer la iniciación sexual en los jóvenes, o a la vuelta a la abstinencia para los que mantenían relaciones esporádicas. En el caso de que se optase por mantener relaciones sexuales, el consenso priorizaba el mensaje de la monogamia mutua. Y, para aquellos que elegían no aceptar ‘A’ ni ’B’, el documento señalaba que se les debía informar de que, con la opción C, se reducía el riesgo de infección, aunque nunca se eliminaba totalmente.

 

Programas de abstinencia son útiles

Los firmantes del consenso Lancet consideraban que no era acertado que las políticas de salud pública diesen el mismo tipo de prioridad a un mensaje (el uso del condón) a adolescentes que no han empezado a ser sexualmente activos y a personas que se dedicaban al comercio del sexo. Se debe transmitir toda la verdad, pero los programas llamados de ‘abstinencia plus’, porque añaden información sobre el preservativo, tienen que  estar ‘centrados en la abstinencia’, y no ser solamente programas que ponen la información sobre el condón y la promoción de la abstinencia en el mismo nivel. Hay evidencias que muestran que los programas centrados en la abstinencia son útiles.

Si un programa cuya  finalidad es prevenir la violencia de género no tiene éxito, sería un gran error concluir que la educación contra la violencia no es eficaz.

 

Por otro lado, si la promoción del uso del condón (reducción de riesgo) no se lleva a cabo de forma cautelosa, en realidad, puede fomentar una falsa sensación de seguridad en los jóvenes, así como, paradójicamente, conducir a un aumento de las conductas de riesgo y su vulnerabilidad.

Por ejemplo, la iniciación sexual a una edad temprana, mayor número de parejas sexuales. Este fenómeno se conoce como “compensación de riesgo”. En ningún país africano se ha conseguido reducir la incidencia del VIH con programas basados exclusivamente en la promoción del condón, mientras que aquellos países que han integrado ‘A’ y ‘B’ en programas nacionales integrales han logrado reducir la incidencia del VIH.

 

¿Qué queremos transmitir?

Nuestro principal problema consiste en decidir qué queremos transmitir a nuestros jóvenes. Es poco probable que un programa ayude a cambiar las conductas de riesgo, a menos que se dé información verdadera a los jóvenes, y a menos también que se les fortalezca con habilidades necesarias para la vida, como sucede a través de la educación del carácter. Pero difícilmente podremos conseguirlo si la sociedad en general, y, especialmente, las autoridades educativas y sanitarias no realizan un verdadero esfuerzo para transmitir mensajes coherentes a los grupos específicos a los que van dirigidos, ayudando, de ese modo, a que los padres puedan realizar también su tarea educativa en el hogar.

 

¿Estamos preparados para transmitir lo que es mejor para nuestros hijos, así como para confiar en su capacidad para tomar la decisión correcta? ¿O deberíamos decidir por ellos, de manera pesimista y condescendiente, que no pueden conseguir evitar riesgos, y que no tienen otra elección que reducir riesgos?

 

El ejemplo de tabaco y la marihuana

Para acometer acciones de salud pública que sean realmente efectivas, es muy ilustrativo volver la vista a la historia de las estrategias que se han ido desarrollando frente al tabaco. Es una larga historia de más de 40 años plagada de fracasos. El enemigo de la salud pública era una fuerte industria tabacalera que quería proteger celosamente sus ganancias. Durante 40 años la industria del tabaco ganaba y la salud pública perdía. Sólo cuando se adoptó una estrategia de riesgo cero, sin limitarse a la reducción de daños, es cuando se empezaron a contabilizar logros importantes.

Este precedente es un buen argumento para que las acciones de salud pública no se centren en el preservativo (reducción del daño), sino en la promoción de la castidad (abstinencia en los jóvenes, monogamia estable en las parejas) que son las estrategias de riesgo cero.

 

Del mismo modo, la actitud parcialmente transigente con un comportamiento insano que se mantuvo durante décadas respecto a las drogas se ha visto a la larga que sólo cosechaba frutos amargos. Así, la salud pública parecía estar preocupada sólo por reducir el daño pero no en eliminarlo, y hacía frente sólo a la droga dura (sobre todo heroína inyectada), mientras era tolerante con las mal llamadas “drogas blandas” (marihuana, hachís, anfetaminas, drogas de síntesis). Hoy día hay acuerdo universal en la comunidad científica en que la marihuana y el hachís producen un grave daño psicológico, son factores causales de psicosis. Lamentablemente España está a la cabeza de Europa en su consumo y cunde la alarma por el galopante aumento de casos de psicosis asociados a cannabis. Son ejemplos para escarmentar.

Es contradictorio que un programa de prevención lance a los jóvenes por una parte el mensaje de que vivan la abstinencia del sexo pero a la vez les esté hablando de cómo protegerse cuando tienen sexo. Muchas veces se invierten los términos y se da por hecha la derrota del primer mensaje (abstinencia) para centrarse abundantemente en el segundo. Está claro que está actitud ambigua y conformista, que sólo pretende reducir el daño pero no eliminarlo, no tiene lugar en la prevención del tabaquismo o del uso de drogas. ¿Por qué se tolera en cambio en los problemas relacionados con la sexualidad precoz o promiscua?

 

Hay estrategias de reducción de daño (fomento o reparto de preservativos) que insisten en seguir llamándose programas de sexo “seguro” (safe sex). Esto no es cierto. Se entiende que es seguro aquello que no tiene riesgos. En todo caso, podrían llamarse estrategias de sexo “más seguro” (safer sex), pues sólo reducen el riesgo, pero no lo eliminan.

Un motivo históricamente importante del fracaso de la salud pública en su lucha frente al tabaco fue dejar- se seducir por varios espejismos. El más peligroso fue precisamente la  creencia de que los “safer cigarettes” (cigarrillos más seguros) iban a lograr una reducción del daño. Resulta instructivo comprobar el paralelismo que tiene este error con el que se está cometiendo ahora respecto a las infecciones de transmisión sexual, los embarazos imprevistos y los abortos en adolescentes.

 

Al igual que se incurrió entonces (años 70 y 80) en el lamentable espejismo de pensar que un cigarrillo más seguro contentaría a la poderosa industria del tabaco y evitaría a la vez el daño sanitario, ahora se postula el sexo más seguro que resultaría complaciente frente a la industria del sexo y aparentemente favorecería a la salud pública.

Va pasando el tiempo y se va apreciando que este planteamiento conformista de la reducción de daño resulta contraproducente. Se observan situaciones absurdas. Por ejemplo, se está dando el mismo mensaje (sexo más seguro, uso de condones) a una persona que comercia con el sexo que a un chico de 12 años. Pero las tasas de infecciones de transmisión sexual siguen creciendo cada año en España, lo mismo que los embarazos imprevistos y el número de abortos.

 

Jokin de Irala
Profesor titular de Salud Pública en la Universidad de Navarra y Doctor en Salud Pública (Universidad de Massachusetts).

Sheila Morataya-Fleishman
06.06.2008
 

“Si la educación de la sexualidad toca lo más íntimo de la persona humana, entonces, debe ofrecerse de manera delicada, oportuna y gradual, a niños, adolescentes y jóvenes, preferentemente en el ámbito familiar, tendiendo siempre a la formación integral de la persona”. José Antonio López Ortega.

Hoy, muchas ideas alrededor de la sexualidad parecen tan “modernas” y naturales, que pueden hacer dudar sobre los propios principios y convicciones. Y si a ti como adulta se te hace difícil, imagínate las enormes cataratas a las que deben enfrentarse tus hijas adolescentes. Hablarles de virginidad, “hoy” que todo es tan moderno y ligero, no es nada sencillo. Es un verdadero trabajo y debes hacer uso de tu ingenio como madre, para lograr hundir en ellas la decisión de permanecer limpias y puras hasta que el momento del matrimonio llegue.

Entonces, ¿Cómo hablarle a tu hija de la virginidad en esta época tan cargada de sensualidad y modas ajustadas? ¿Cómo responderle y estar preparada con argumentos inteligentes que la harán pensar y decidirse a tener el coraje de conservarse virgen? Y ¿qué es ser virgen?, ¿cómo afecta a la psiquis y espiritualidad de una mujer el que se conserve toda pura hasta el momento de ser esposa? Sin lugar a dudas amiga, si eres madre de una niña o varias, llegará el momento en que este tema tendrá que ser tratado con armas, seguridad y confianza con tus hijas.

 

El descubrimiento de la propia sexualidad

“¡Mamá, acabo de conocer al hombre que será el amor de mi vida!”

Lo primero que como mamá te pasará por la cabeza será: ¡Dios mío no puedo dejar sola a esta niña! Tú ya sabes de lo que hablo, pues fuiste joven una vez y te enamoraste perdidamente. Y cuando se tiene apenas 15 o 16 años se quiere saber y experimentar todo, y la imaginación anda muy despierta. Por eso es muy importante que hables con tu hija y le digas qué debe enfrentar con ese primer amor. Debes ser muy delicada y comprensiva para abordar el tema y hacerle reflexionar en los siguientes consejos:

- Ese chico podrá estar enamorado de ti, pero recuerda que cada vez que se despida, observará la forma en que te das tu lugar y hasta dónde le permites llegar. Los besos, abrazos y caricias pueden hablar bien o mal de tu persona.

- Recuerda hija, que eres muy joven y estas descubriendo tu propia intimidad, y las emociones hasta hoy desconocidas para ti a través de los encuentros que vas teniendo con él. Todo lo que sientes, es natural y forma parte de descubrirse así misma. Todo esto que es tan hermoso y lleno de ilusiones está en tu naturaleza. En tus manos quedará decidir hasta dónde quieres llegar, y sobre todo, hacer valer tu dignidad de mujer y el respeto que te debes a ti misma.

-El ser novia también significa ser amiga. Vive con ilusión este ideal y recuerda que tu noviazgo será valioso cuando, además de la atracción física que sientan, nazca esa amistad sólida y fecunda que marca los amores verdaderos.

 

Imaginando un diálogo amoroso con tu hija

“¿Te has enamorado?…Entonces llegó la hora de decidirte por conservar siempre la seguridad y el respeto hacia ti misma”

Estar enamorada, incluye también alcanzar la madurez de una mujer joven para no dejarse llevar por las pasiones y los instintos. ¿Qué es el respeto a ti misma? Sobre todo, es tener la capacidad de apreciarte como una joya valiosa; como una obra humana de extraordinario valor. Un valor tan grande tienes y un lugar tan especial mereces en la vida de tu gran amor, que serás lo suficientemente inteligente para cuidarte, para proteger tu inocencia, para no querer probar los momentos reservados para el matrimonio antes de tiempo. No sé como explicártelo, pero es tan hermoso y vale tanto la pena saber esperar.

Si te tienes verdadero respeto, comprenderás lo valioso que es tu cuerpo como mujer joven, reflexionarás profundamente en tu corazón cada uno de tus actos. Verás a través de esta emoción que te llena el alma, el nacimiento de un verdadero sueño de amor, pues comenzarás a proyectarte hacia el futuro. Y ¿qué hay en ese futuro?: la fundación de tu propia familia, motor de la sociedad. Imagínate en la responsabilidad que más adelante tendrás como esposa y madre. ¿No vale la pena entonces pensar muy bien, antes de hacer algo que más adelante puede costarte muchas lágrimas?

Cuando estás enamorada se ponen a prueba tus convicciones, tu fuerza de mujer joven y tu fortaleza, pues primero tienes que aprender a amar con tu inteligencia. Es la escuela de la prudencia. Nada de carreras. El primer amor te permite ir descubriendo a la mujer recién estrenada en ti, caracterizado por ese impulso o instinto natural que todos tenemos. Es una oportunidad para conocer el amor y cómo se aprende a dominar el propio instinto; una oportunidad para hacer una experiencia de vida y ser más fuerte e íntegra, siendo siempre pura.

 

El Diálogo sigue…

¿Te imaginas? –Él ¡se ha fijado en mí!

Hay tanto que descubrir y aprender cuando por primera vez se produce un encuentro sentimental con un chico. Es muy importante, que vigiles cómo te comportas y hasta coqueteas, la ropa que te pones y los lugares a los que asistirás con ese amor tan especial. No provoques situaciones en las que te verás obligada a defender tu pudor o a poner un alto a las manifestaciones de cariño. No llegues al punto en que corres el peligro de olvidarte de ti y caer en una trampa de la que no podrás escapar.

Recuerda amiga, que cuando “ligas”, “amarras” o andas con alguien, ese chico no solo verá tu cara bonita o tu cuerpo (si es que te toma en serio, te respeta y te aprecia como persona). Ese chico observará tus valores y tus convicciones. Si tú piensas en él como tu futuro esposo, él podrá ver en ti a su futura esposa. Y ¿qué quiere un hombre? Sobre todo una mujer inteligente y pura. Una chica que no ha sido “maleada”. Una joven de la que se pueda sentir verdaderamente seguro y orgulloso tanto como para presentarla a sus padres y sus amistades. ¿No es lo mismo a lo que tú aspiras?

En la relación con el sexo opuesto aprenderás mucho sobre ti. Te ejercitarás en ser una mujer de carácter, pues tal vez alguna vez te pedirán una prueba de amor. ¿Qué es exactamente? Es por libre voluntad, renunciar a tu corona. Es decir si a un acto que lejos de darte la felicidad, te hará menospreciar tu dignidad de mujer. Es renunciar a un valor que has defendido desde muy niña. Tu propia virginidad. Piensa bien entonces si querrás dar un paso adelante y cinco para atrás.

 

Hablemos de la virginidad

“La relación del ser humano con Dios da pleno significado a la idea de la virginidad”. Juan Pablo II.

“Empecemos explicando el concepto de lo que significa ser “virgen”, a partir de las enseñanzas de Juan Pablo II. Virgen quiere decir “intacto desde el punto de vista sexual”. Esto se aplica tanto al hombre como a la mujer. (Amor y responsabilidad). Pero este hecho toca sobre todo la estructura fisiológica de la mujer. ¿Por qué? Para los hombres la mujer es ese ser que quiere protegerse y cuidarse cuando hay virtud en ella. Cuando desde el interior se ha decidido a abrazar una forma de ser y moverse en el mundo. Frases como: “Quiero permanecer pura hasta el momento de casarme”, “Quiero pertenecer a un solo hombre” o “Me importa sobre todas las cosas llegar virgen al matrimonio”, puedes reflexionarlas y hacerlas tuyas, de esta manera, conducirás tu vida sabiendo la profundidad de su significado y la bondad que encierran para tu vida.

Pero, ¿cuál es la razón por excelencia que tendrás para cumplir estos deseos?, ¿cuál será la razón que te empuje y sostenga para llegar hasta el final? Es decir, para llegar al matrimonio siendo virgen. La respuesta está, amiga, en que esa continencia o virginidad debe de ir unida a una única opción: “el reino de los cielos”. Tu amor y aspiración verdadera por llegar a ser la y luz del mundo. Algo que Su Santidad Juan Pablo II pidió en su último encuentro de jóvenes en Canadá.

 

¿Qué tendrás que enfrentar?

Que la virginidad (la pureza, la inocencia, la limpieza, el pudor) es algo que está en la mente y no en una membrana, que es lo que gran cantidad de mujeres tristemente creen. ¿Qué significa esto? Ignorancia sobre la propia naturaleza femenina. Muchas piensan que es importante descubrir por sí mismas lo que deben hacer o no con su cuerpo. – Mamá-, se escucha en boca de muchas jovencitas, - déjame a mí misma que lo descubra. Descubrir ¿qué? ¿Lo que destruye tu propia dignidad? Hay un momento para todo debajo del cielo, nos habla Eclesiastés 3.

La famosa prueba de amor, me parece necesario repetirlo, es otra verdad a la que todas las jóvenes se enfrentarán tarde o temprano en su vida. Por eso es muy importante que escuches a tu madre, y sigas las pautas para llevar una buena relación con el sexo opuesto. Una relación que te nutrirá como mujer y te hará descubrir tu capacidad para amar, pero también tu voluntad para defender tus propios valores y convicciones. Me parece que aquí lo importante será, cuan sólida sea tu relación con Dios y el lugar que ocupan en tu corazón Jesucristo y su Madre Santísima. Si estás totalmente consciente y convencida de que la única y sobrenatural razón que te sostiene para conservarte virgen hasta que llegue el momento de casarse, es tu amor por su Jesús, entonces sabrás ser fuerte.

Los adultos comprendemos que a veces siendo muy joven ese seguimiento es difícil, pero recuerda que hubo una Santa María Goretti, que prefirió perder su vida a perder su virginidad. Que Catalina de Siena tenía sólo 15 años cuando se entregó a Dios y que Santa Teresita de Jesús ya era Santa a los 20.

¿Quieres ejemplos de mujeres de hoy? Fíjate muy bien en las jóvenes Consagradas de los Legionarios de Cristo, las Numerarias del Opus Dei, o aquellas que entran a las órdenes de claustro como El Carmelo. Miles, millones de mujeres jóvenes como tú, ofrecen su virginidad a Dios para renovar y redescubrir a la sociedad los verdaderos valores que te hacen llegar a ser mujer de temple.

La virginidad no es una renuncia, sino la decisión de seguir un camino: el de Cristo y sus enseñanzas. La alegría y aceptación de no saltar las etapas, sino esperar el momento en que llegará el quien será tu esposo.

 

La custodia de tu virginidad

“La virginidad de la más perfecta de las criaturas encierra un mensaje importante para las mujeres de todos los tiempos: la satisfacción del sexo no pertenece a la perfección de la persona”. Antonio Orozco (Mirar a María)

Si, la conoces desde muy niña. Incluso, tal vez antes de nacer fuiste consagrada a ella. ¿Sabes a quién me refiero? La llamamos la “Virgen María”. Fue voluntad de Dios que su madre fuera virgen, imagínate pues si para Dios la virginidad no será un altísimo valor.

La virginidad o continencia verdaderamente representativa de la entrega total a Dios (no necesariamente debes ser religiosa o seglar consagrada) es la que la mujer vive precisamente como respuesta generosa, como entrega total de cuerpo y alma a Dios, a una llamada divina específica: Crecer en deseos de ser santa mientras ese momento llegue.

Por lo tanto, te conservas virgen, no porque mamá o papá te obliguen. Decides ser virgen como una respuesta de amor a tu Creador. Como una actitud nueva y característica de una generación que se debate entre el sentir y el ser; entre buscar el placer y vivir dignamente como hijas de Dios.

Quiero y decido ser una chica que ha descubierto el don de su sexualidad; buscando hacer “una diferencia enorme” en un mundo que se despedaza por falta de mujeres que aspiren a la vocación de un amor que construye y levanta una cultura diferente. ¡Si quiero ser sal y luz del mundo!

Imagínate si lo haces de la mano de tu amiga, consejera, consoladora, escudo, Trono de la Sabiduría, Arca de la Alianza, Estrella de la mañana, Nuestra Virgen Santa María. ¡Oh cuán lejos llegarás! ¡Qué modelo de mujer, esposa y madre serás!

Isis Barajas - Revista Misión
20.09.2010
 

El cauce que ha tomado la educación afectivo-sexual impartida por algunos gobiernos, merece ser estudiada pues no parece que conduzca a la felicidad ni a la madurez de la juventud. En últimas, la propuesta se reduce a una “sexualidad de usar y tirar”. En diversos países de Latinoamérica, como por ejemplo Colombia, ya se ha comenzado a recibir el “legado” de otros países, como España. Por eso es conveniente que se conozca qué está pasando en el mundo al respecto.

***

En la clase de Biología, en la de Educación para la Ciudadanía, en las tutorías, en las charlas... los adolescentes reciben hoy una gran cantidad de información sobre afectividad y sexualidad en la escuela. Y pronto será todavía más: la UNESCO ha publicado recientemente unas directrices en educación sexual plagadas de una promoción del aborto, de búsqueda desaforada del placer y de la ideología de género. La nueva ley del aborto incluye también un minucioso plan educativo para formar en “salud sexual y reproductiva”.

 

¿Qué escuchan nuestros hijos en estas clases?

Los jóvenes y adolescentes están sometidos a un bombardeo constante de información sexual, no sólo desde la televisión y las campañas publicitarias del “póntelo, pónselo”, sino también, y cada vez más, desde los propios centros educativos. Parece que información no les falta, pero ¿son correctos los conocimientos que reciben? Nieves González Rico, médico, sexóloga y directora de la Fundación Desarrollo y Persona, asegura que “lo que prevalece en muchas intervenciones dirigidas a jóvenes es una mirada que reduce la sexualidad a genitalidad, y nuestros adolescentes a potenciales víctimas de sus impulsos. En un planteamiento así se busca proporcionar información sobre métodos anticonceptivos, facilitar el uso del preservativo y el acceso a la píldora del día después, entrenar técnicas para descubrir el placer y normalizar todo tipo de conductas sexuales”. Y ¿quién se ocupa, en términos generales, de transmitir este tipo de formación en la escuela?

 

Fuentes del Ministerio de Educación español señalaron a la revista Misión que la educación afectivo-sexual no tiene una asignatura propia en la escuela, pero que está amplia y suficientemente tratada en las asignaturas de Educación para la Ciudadanía (EpC) y de Conocimiento del Medio. Los contenidos que se imparten en estas materias dependen mayoritariamente del ideario del centro y del propio docente, pero basta acudir a los libros de texto para darse cuenta de qué concepción de la sexualidad se transmite generalmente en ambas asignaturas.

 

Pero además de contenidos como éste que se encuentran en ciertos manuales de EpC, existen otros materiales de apoyo a la asignatura que la cartera de Educación recomienda desde su página web institucional y que ahondan más aún en esta concepción de la sexualidad salpicada por la teoría de género. Es el caso de “Axial. Un mundo de valores”, un completo material multimedia que recibió del Ministerio el Premio a materiales educativos curriculares correspondiente a 2007, y que propone como actividad de la unidad didáctica “Diversidad sexual” ver el vídeo del Orgullo gay. Otro recurso didáctico que el Ministerio recomienda a alumnos y docentes de EpC es “Sexpresan”, del colectivo Harimaguada. En él se incita a los adolescentes a las relaciones sexuales ocasionales y tempranas, se les explica qué es el coito anal, el sexo oral y cómo pueden practicarlo con preservativos de sabores. Se incita a los jóvenes a explorar las zonas del cuerpo que producen mayor placer, se les explica cómo pueden masturbarse en solitario o en compañía de otros, se les recomienda qué vía legal deben elegir para abortar y dónde pueden acudir, y se incide en que “desde cualquier orientación sexual podemos resolver plenamente nuestra vida sexual, amorosa y familiar”.

 

¿Sexo en Biología?

 

Pero no es EpC la única asignatura que trata contenidos de sexualidad en la escuela. El profesor de la Universidad de Navarra y doctor en Medicina y Salud Pública, Jokin de Irala, y el doctorando Ignacio Gómara realizaron en 2006 un detallado estudio sobre el capítulo dedicado a la reproducción y la sexualidad humana de doce libros correspondientes al área de Biología de tercero de la ESO (14-15 años), y que representan el 80 por ciento de los manuales utilizados en España para esta asignatura. Los resultados del estudio –que según el doctor De Irala se pueden extrapolar a la situación actual– revelan que “el 100% de los textos presentan deficiencias, tanto de rigor científico como de promoción de actitudes, valores y habilidades sociales”. Al igual que ocurre con EpC, el estudio revela que desde Biología también se promueve una sexualidad orientada exclusivamente al placer individual (en el 83% de los manuales), se da por hecho que los adolescentes de esas edades tienen relaciones sexuales y se les insta a usar anticonceptivos porque la sexualidad humana –según dicen los libros– “puede tener consecuencias negativas como embarazos no deseados”, y una vez más, se les enseña que “no hay un único modo de vivir la sexualidad, sino que ésta depende de valores culturales, creencias religiosas, actitudes éticas y, en definitiva, de una elección personal. Una sociedad que se reconozca libre y democrática debe respetar las diferentes opciones sexuales”.

 

En todo este rompecabezas de la educación en los afectos ha entrado recientemente con fuerza la UNESCO con la Guía Internacional sobre Educación Sexual, que se hizo pública el pasado mes de agosto. Se trata de un amplio programa con una serie de directrices de carácter voluntario para “formar” en la escuela a púberes, adolescentes y jóvenes, de entre 5 y 18 años. José Jara Rascón, presidente de la Asociación de Bioética de Madrid y miembro del Observatorio Mundial de Ética de la UNESCO, recalca que este informe “es un tema muy grave y de una tremenda trascendencia”. “El programa –continúa– aborda la sexualidad como algo totalmente desvinculado de la afectividad y de cualquier valoración moral. El único enfoque es el de una búsqueda desaforada de placer genital. Para ello no duda en instar a que se estimule la iniciación en la masturbación a los niños de 5 años y que se promuevan diferentes roles sexuales entre chicos y chicas para que cada uno pueda descubrir su identidad sexual. Según la guía, los niños deberán ser instruidos sobre los ‘efectos positivos y negativos de los afrodisíacos’ o profundizarán en las ‘razones para abortar’, para que puedan llegar a los 15 años asumiendo la promoción ‘del derecho al aborto y del derecho al acceso al aborto seguro’”.

 

Colectivos de gays en las aulas

Pero, ¿podrían adoptarse estas directrices en España? El presidente de la Asociación de Bioética de la comunidad de Madrid no tiene dudas: “¡Están implantándose ya! Como experto en Medicina sexual no deja de sorprenderme la pasividad con que los padres españoles reciben las noticias que en estos últimos años van apareciendo en los medios de comunicación. Las informaciones sobre el Quijote pornográfico, las recomendaciones del Ministerio de Educación para usar material claramente pornográfico en las clases de EpC, las noticias de colectivos de gays y lesbianas invitados a dar clases en colegios públicos, etc”.

 

Como bien señala Jara Rascón, cada vez son más los centros educativos que piden al Colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de Madrid (COGAM) que dé charlas sobre “diversidad afectivo-sexual”. Y lo más grave es que en ocasiones acuden también a centros católicos. Teresa García Noblejas denuncia que “en Profesionales por la Ética hemos recibido numerosas quejas de casos de colegios con ideario a los que se les han ‘colado’ contenidos o actividades que no responden en absoluto a una educación católica”.

 

Las charlas las dan voluntarios que cuentan su experiencia personal y hablan, entre otras cosas, de los beneficios del llamado “matrimonio homosexual”, de la adopción por parte de gays y lesbianas, animan a los alumnos a participar en las fiestas del Orgullo Gay y les explican cómo los homosexuales también pueden tener hijos ya que no hace falta que los conciban con su propia pareja. Estas charlas son sólo una pequeña parte del programa educativo para 2009/2010 que ha desarrollado la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) y que, según explica su propia página web, incluye cursos de formación para el profesorado y la creación de una unidad didáctica para trabajar la “diversidad afectivo-sexual” en la asignatura de Religión católica.

 

Pero el pesimista panorama que rodea a la educación afectivo-sexual en la escuela no se queda aquí. José Jara Rascón hace hincapié en un asunto que parece haber pasado desapercibido para la mayor parte de la sociedad española: “Ahora mismo, está ya en trámite parlamentario la aprobación de la Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo. Mucha gente parece estar muy preocupada por el segundo enunciado de la ley, pero el primero es el que les afectará a todos de modo más cercano y a nadie se le oye decir nada”. Y esto es así porque la nueva norma que despenaliza el aborto pretende además incorporar en el sistema educativo un minucioso plan de formación en “salud sexual y reproductiva”. Conociendo los materiales que el propio Ministerio de Educación recomienda para la asignatura de EpC y las directrices publicadas por la UNESCO, no es difícil imaginar en qué puede consistir exactamente esta nueva formación.

 

¿Y ahora qué?

Ahora bien, la pregunta del millón es: ¿cómo debe abordarse la educación afectivo-sexual en la escuela? Responder a esta cuestión no es sencillo, pero los expertos coinciden en que este tipo de formación –como cualquier otra– no puede hacerse dejando al margen a los padres. Ellos, como primeros educadores de sus hijos, deben estar presentes en el proceso. Pero también hay que tener en cuenta, como señala Nieves González Rico, que “los padres no están solos educando y pueden encontrar en la comunidad escolar una ayuda adecuada que integre esta formación para el amor. Es importante desarrollar un proyecto integral que implique a padres, alumnos y profesores”.

 

Ante la situación alarmante que vive la educación afectivo-sexual en algunos centros escolares, Ondina Vélez, directora del Centro de Información y Salud Sexual San Pablo CEU, recalca que es necesario “despertar la preocupación por estos temas”. “Muchas veces –prosigue– es preciso que los centros soliciten el apoyo a otras entidades que se dedican a estos temas para la formación del profesorado y de los alumnos”. De todos modos, concluye la doctora Concepción Medialdea, coordinadora del Instituto Valenciano de Fertilidad, Sexualidad y Relaciones Familiares (IVAF), “la educación de la sexualidad para el amor no es un compartimento de la educación, sino que es la educación fundamental. Tenemos que educar a nuestros hijos y alumnos, desde pequeños, para que de mayores lleguen a ser lo más libres (capacidad de autodominio), lo más capaces de amar, de darse por amor (capacidad de autodonación) y, así, lo más felices posible. Ninguna educación es más importante que ésta”.

 

Incidir en campañas ineficaces

Año tras año, el Ministerio de Sanidad y Política Social de España, y las Consejerías de Sanidad invierten grandes sumas de dinero en campañas de prevención para disminuir las ETS y los embarazos imprevistos. Estas campañas, que centran su atención en el uso del preservativo y no en educar en la responsabilidad, no sólo no dan resultado, sino que parece que a nadie le interesa medir su verdadero impacto. Ondina Vélez desarrolló en 2007 un informe sobre la evolución de las políticas de prevención en materia de salud sexual y constató que desde que comenzaron a realizarse estas campañas en 1989 no se ha realizado ningún análisis de la eficacia de las mismas. ¿Por qué se incide entonces en enviar siempre el mismo mensaje? “Por motivos políticos e ideológicos –contesta Ondina Vélez–, parece que plantear una sexualidad responsable, y no el ‘sexo seguro’, es hablar de represión y nada más lejos de esta afirmación”.

 

La responsable de Coordinación Territorial y de Comunicación de Profesionales por la Ética, Teresa García Noblejas, nos explica que los contenidos que se imparten en EpC “no son en general adecuados porque transmiten una idea de la sexualidad basada exclusivamente en la satisfacción del deseo inmediato, en el mal llamado ‘sexo seguro’ (las relaciones sexuales son buenas en cualquier momento con la condición de que se utilice el preservativo), y en la ideología de género (elige tu propio género y practica sexo con quien quieras independientemente de si es hombre o mujer)”. De ahí que al abrir un libro de EpC no sea difícil encontrarse con citas como ésta, de la editorial McGraw Hill: “Mientras una gorriona únicamente intentará satisfacer sus impulsos sexuales con un gorrión (y un gorrión con una gorriona), en el caso de los seres humanos puede suceder que una mujer prefiera satisfacer los suyos con un hombre, con una mujer (o un hombre con otro hombre), consigo misma o, incluso, renuncie a satisfacerlos (algunas personas hacen votos de castidad)”.

 

En síntesis

Por Elizabete Bengoetxea Kortazar de sontushijos.org

Tanto las instituciones públicas como la UNESCO están lanzando una serie de directrices y programas en educación sexual plagadas de una promoción del aborto, una sexualidad de usar y tirar, y una búsqueda desaforada de placer. La sexualidad en estos programas, basada exclusivamente en la satisfacción del deseo inmediato, queda reducida a mera genitalidad, y nuestros adolescentes reducidos a ser víctimas de sus impulsos sexuales. Estos programas, que se pretenden impartir en los colegios a través de la asignatura de Educación par la Ciudadanía, abordan la sexualidad como algo totalmente desvinculado de la afectividad y de cualquier valoración moral, e incitan a los adolescentes a las relaciones sexuales ocasionales y tempranas, explicándoles pormenorizadamente todos los métodos posibles y zonas del cuerpo que producen mayor placer, y así dejar en sus manos la decisión de usar y manipular su vida sexual. A su vez se estimula al profesorado a promover entre los alumnos diferentes roles sexuales para que cada uno pueda “descubrir” y elegir su identidad sexual. En resumen, nada de capacidad de autodominio, nada de capacidad de autodonación, nada de capacidad de amar, nada de capacidad de sacrificio, cuando sabemos que son valores sin los cuales es imposible alcanzar ninguna meta humana valiosa en la vida en ningún campo, y menos poder llevar una afectividad y sexualidad sana, plena y feliz.

 

Año tras año, el Ministerio de Sanidad y Política Social invierten grandes sumas de dinero en “campañas de prevención” para disminuir las ETS y los embarazos imprevistos. Estas campañas, que centran su atención únicamente en el uso del preservativo y no en educar en la responsabilidad, no sólo no dan resultado como los números y estadísticas anuales reflejan, sino que normalizan una serie de conductas sexuales vendiendo “sexo seguro” a los adolescentes y provocan que los números de enfermedades sexuales y embarazos imprevistos vaya desbocadamente multiplicándose. En cualquier proceso de calidad, ahora que estamos todos tan inmersos en este tipo de cultura, el responsable/s de proceso podrían concluir que con este tipo de campañas no se están alcanzando los objetivos previstos por lo que habría que reforzar con otra serie de actividades como áreas de mejora, pero como bien dice el refrán: “No hay peor ciego que el que no quiere ver” por muchas estadísticas que se le presenten.

 

Se diría pues que la única razón para no querer ver ni querer informar de ello a los jóvenes y a la sociedad son motivos puramente políticos y económicos… Y entre tanto, las víctimas de estas campañas, muchas de ellas mortales tanto biológica como afectivamente, siguen siendo principalmente nuestros adolescentes…

Publicado en caminocatolico.org

 
VIDEO

{flvremote}http://tvfamiliar.info/CMS/seyretfiles/localvideos/Formacin_de_los_hijos/videos/educacionsexualenlaescuelaoencasa.flv{/flvremote}

Gerard J.M. Van Den Aardweg
23.06.2008
 

 

 

Gerard J. M. van den Aardweg es un acreditado psicólogo holandés, catedrático desde hace más de treinta años, casado, padre de siete hijos, que ha dictado cursos en Estados Unidos, Canadá y Brasil. Autor de numerosos libros, ensayos y artículos sobre la homosexualidad, aborda en este artículo las causas y las posibles soluciones de una de las variantes de la homosexualidad.

 

Valoración médica y moral de la homosexualidad

 

Homosexualidad es la atracción sexual hacia personas del propio sexo. En cromosomas, hormonas sexuales y constitución física los homosexuales son normales. Hubo un tiempo, el de Freud, en que se pensó que se debía a factores hereditarios, pero esta hipótesis hoy ha sido científicamente desechada. Los homosexuales son biológicamente normales, lo que no es normal es el ejercicio de la homosexualidad. Es de advertir que el homosexual tiene instintos heterosexuales; lo que ocurre es que se le bloquean por alguna razón, que puede ser un complejo de inferioridad. Quienes de verdad se empeñan en luchar contra ese complejo, aun en casos de transexualidad, en uno o dos años acaban con sus obsesiones. Para dar la impresión de normalidad, hay quien asegura que quizá uno de cada cinco hombres tiene «tendencias» homosexuales, pero las estadísticas lo desmienten y ponen de manifiesto que en realidad no pasan de un uno o dos por ciento.

 

El movimiento mundial para la emancipación de los homosexuales trata de eludir cuestiones fundamentales, se sirve de medias verdades y de falsedades totales y maneja el concepto de discriminación para suscitar compasión. Hace del homosexual una víctima.

 

Una causa: la falta de madurez

 

En la pubertad, puede tratarse de un fenómeno transitorio. Hay casos en que la homosexualidad arraiga en los primeros años de juventud. Este hecho ha llevado a algunos a pensar que no tiene sentido procurar desarraigarla. La teoría más en boga es que la homosexualidad se basa en una perturbación del llamado «sentido de identidad sexual». La realidad demuestra que los homosexuales están afectados no sólo en su faceta sexual, sino en todo su mundo emotivo. Su vida emotiva coincide mucho, por ejemplo, con la de tipo ansioso, compulsivo o depresivo, caracterizada por depresiones, nerviosismo, problemas relacionales y psicosomáticos. No son capaces, en determinados aspectos de su vida emotiva, de madurar y de ser adultos y, pese a querer aparentar jovialidad y alegría no son felices interiormente. La causa no está en la discriminación de la que se quiere acusar a la sociedad que les haría «víctimas» de ella, sino en fuerzas que actúan en el interior mismo de los interesados (...)

 

¿Se puede curar la homosexualidad?

 

Mucha gente no sabe que la génesis psíquica de esta condición sexual carece en absoluto de misterio y que su terapia es posible. El método que he utilizado consta de dos partes: la primera consiste en hacer adquirir al interesado una visión clara de la propia identidad y de su propio mundo afectivo; la segunda, en afrontar esa situación. Llevamos a las personas a reírse de sí mismas (el humorismo puede ser muy saludable) y a la adquisición de hábitos positivos: valentía, honestidad consigo mismo, autodisciplina, capacidad de amar a los demás; así, hasta lograr que el homosexual pierda sus hábitos neuroinfantiles.

 

Es esencial neutralizar la autoconmiseración crónica. Es obligado decir que:

 

  • En un treinta por ciento de los casos, la curación es completa: acaban desarrollando actitudes y hábitos sexuales normales y afectivos y una vida emotiva adulta. Por supuesto, una curación sólo sexual no sería una curación completa.
  • Otro treinta por ciento de personas cambia más o menos gradualmente, pierde sus obsesiones homosexuales y asume una actitud emotiva nueva, aunque no lo suficiente para poder hablar de curación completa.
  • Hay otros que progresan con extremada lentitud por su estado neurótico grave, pero también éstos, si son ayudados por una asistencia y un tratamiento constructivos, adquieren fuerza y coraje y poco a poco van perdiendo sus depresiones, nerviosismos y ansiedades.

 

Responsabilidad de los educadores

 

Los complejos homosexuales se pueden evitar educando a un muchacho como muchacho y a una chica como tales. No se pueden intercambiar y mezclar las cosas. Una total identificación, la total identidad de roles que quiere cierto feminismo exacerbado es absurda. Los sacerdotes y educadores tienen un papel importantísimo cuando aportan al crecimiento psicológico una contribución mucho mayor de la que a veces son conscientes. Cuidado con creer que todo «amor» es bueno; hay formas de amor compasivas y neuróticas que revelan una personalidad dividida en sí misma y que necesitan una guía moral firme y segura. Los pacientes que viven su fe de manera positiva tienen las mayores esperanzas de un cambio radical en su homosexualidad: ésta es mi experiencia de años.

 

El problema de la homosexualidad es presentado en una injustificada atmósfera de fatalismo. La homosexualidad sigue siendo vista por la mayoría de la gente a la luz de prejuicios e ideas preconcebidas, infundadas y superadas de las que, por desgracia, no están ausentes profesionales (médicos, sociólogos, psicólogos, sacerdotes, periodistas). Si a ello añadimos la falta de puesta al día de la Psiquiatría y de la Psicología, se crea una situación de la que se aprovecha la estrategia de la emancipación de homosexuales militantes, flanqueada por el «establishment progre» occidental que pretende hacer creer que la homosexualidad es una variante normal de la sexualidad humana, que homosexual se nace y que no se puede cambiar. A todos ellos no les vendría mal una mejor información.

 

La falacia de la resignación

 

Los responsables mejoran poco a poco las situaciones concretas. Hay directores espirituales que animan correctamente a los homosexuales a vivir la castidad y el dominio de sí mismos, pero de hecho consideran que es imposible desarraigarla. Es muy equivocada la actitud de no pocos hombres de Iglesia que, de buena fe, pero víctimas probablemente de la escasa difusión de las experiencias terapéuticas, consideran que el mejor modo de ayudar a los homosexuales es enseñarles la resignación y la aceptación del sacrificio que supone su situación, en lugar de animarles y ayudarles a salir de ella, con paciencia y perseverancia.

 

Además de ignorancia, demuestran ingenuidad, ya que es dificilísimo, por no decir imposible, convivir con las propias tendencias homosexuales sin dejarse arrastrar por ellas. El camino de la curación de los homosexuales no pasa por la compasión y mucho menos por la aceptación de su situación como «normal». Es impresionante y doloroso constatar cuántos médicos, terapeutas, sacerdotes, psicólogos ignoran el deseo de cambiar que tienen muchas personas con tendencias homosexuales. La afectividad desviada no es más que un aspecto de una personalidad inmadura. La terapia debe apuntar a enseñar al paciente a reconocer y combatir toda una gama de expresiones de ego-centrismo infantil, de temores, complejos de inferioridad, reacciones consolatorias, afectaciones y autocompasiones. En la esfera afectiva crecemos cuanto mayor es la confianza en nosotros mismos como hombres o como mujeres con plenitud y felicidad. Un psiquiatra holandés que militaba en el movimiento de emancipación homosexual cuenta la curación de una lesbiana gracias a un sacerdote dotado de buen sentido psicológico, que le dijo: «¡Si es que tú te has quedado en cuando eras una niña ... ! ». Su proceso de cambio duró un tiempo, pero acabó reconociendo ante el psiquiatra que su problema había desaparecido «como una pierna amputada, que no vuelve».

 

Publicado por Mundo Cristiano