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Así como los profesores y alumnos están llamados a asumir unos deberes, los padres también deben tomar parte activa en la vida escolar de los hijos. Este tema es de vital importancia si lo que se pretende es educar a los hijos de forma integral, logrando un trabajo conjunto entre la escuela y la familia.

 

La escuela es el complemento educativo más importante en la formación de los hijos, de hecho es allí donde pasan la mayor parte de su tiempo, siendo éste el escenario de aprendizaje no sólo intelectual, sino de desarrollo social y emocional. Por eso es importante que los padres de familia creen un vínculo con el colegio y no se desliguen de este aspecto tan protagonista en el desarrollo de los hijos.

 

Es importante además que los hijos sientan que sus padres se interesan por lo que sucede en el colegio, pues para los chicos este espacio hace parte de su vida. En este caso, el desinterés de los padres puede ocasionar inseguridad emocional e inestabilidad en los hijos. El amor y la atención que los niños perciben de sus progenitores, es básico para su sano desarrollo.

 

Los deberes de los padres

 

La educación es una tarea conjunta entre colegio y familia. Si ambos trabajan por separado, no se lograrán a cabalidad los objetivos que se ha trazado en la educación de los hijos. Los padres deben procurar por:

 

Conocer a los profesores del curso. Al principio del año escolar es oportuno conocer a las personas que estarán al frente de la educación de los hijos. No tiene que ser una reunión formal, sólo una charla para que ambas partes se presenten y propicien un acercamiento inicial. Para los docentes también es importante conocer el ámbito familiar en el que crecen los alumnos.

 

Mantenerse en constante comunicación con la escuela. Conocer cómo se comportan los hijos, cómo va su proceso, en qué tienen dificultades y cuáles son sus puntos fuertes. Esta valiosa información sirve además para establecer objetivos en casa.

 

Asistir a las reuniones de padres de familia. Los colegios abren diversos espacios para que los padres participen y se involucren mucho más en el proceso educativo, pero muchas veces son los padres los que cierran esas puertas de diálogo, olvidándose que se trata del proyecto educativo de sus propios hijos. Por lo tanto, es fundamental atender a los llamados de la escuela, es la vía de comunicación más importante para conocer de primera mano lo que sucede con los hijos.

 

Crear un vínculo positivo. Como sabemos, los padres son el principal ejemplo de sus hijos. Si los hijos observan que en casa hay una actitud abierta y una relación recíproca con el colegio, ellos se harán conscientes de que ambos conforman un equipo que tiene como objetivo central su bienestar y desarrollo integral.

 

También es importante que los padres se refieran al colegio en términos positivos y muestren una actitud alentadora hacia los hijos. Es muy difícil exigirles que quieran el colegio cuando los padres expresan totalmente lo contrario.

 

Manejar las diferencias entre los adultos. Se debe dejar a los hijos fuera de toda situación de desconcierto, pues serán ellos los más perjudicados. Cuando los padres no compartan alguna decisión de la escuela, se debe hablar directamente con la persona encargada para resolver la problemática, pero nunca involucrar a los hijos. Lógicamente, esta premisa es igualmente válida para la escuela, quien no debe desautorizar a la familia.

 

Participar en las actividades del colegio. Las instituciones educativas están compuestas por tres grupos principales: los profesores y empleados, los estudiantes y las familias. Si estas últimas no se hacen partícipes, el conjunto queda incompleto.

 

Participar en las actividades de formación como las escuelas de padres, talleres y conferencias, es ejercer un deber que se tiene como padre de familia, además es una valiosa oportunidad de capacitación para educar mejor. Adicional a éstas, también están los entes administrativos que son de competencia de los padres, como son los comités, las asociaciones y las juntas directivas.

 

Aparte para los hijos es gratificante que sus padres hagan presencia en estas iniciativas, en especial las recreativas (como bazares, actividades culturales, de integración, etc.) que involucran a todo el grupo familiar.

 

Cabe anotar que los colegios deben esforzarse por crear actividades de interés para los padres y evitar aquellas que les resulten incómodas (dinámicas, juegos, etc.) debido a que pueden originar el ausentismo de los adultos.

 

Conocer a los compañeros de clase y sus familias. Gran parte de los amigos de los hijos son sus compañeros de clase, por eso es fundamental conocerlos, invitarlos a casa y ojalá conocer sus ambientes familiares.

 

Apoyar a los hijos en sus deberes escolares; no hacerlos por ellos. Los hijos deben asumir sus responsabilidades desde que son pequeños, así como las consecuencias de sus actos, por eso se debe evitar llevarles tareas o materiales de estudio cuando los han olvidado. “Alcahuetear” o hacer de "complíces" en este aspecto, es hacerles un daño.

 

Cuando padres y profesores trabajan unidos buscando el logro de objetivos comunes, los frutos se verán reflejados en la formación académica y humana de los hijos.

 

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Los principales agentes educadores de los hijos son la familia y el colegio. Ambos deben ir en la misma dirección, compartir una filosofía similar y ser coherentes con lo que se enseña en cada escenario. El colegio debe reafirmar lo que se aprende en casa y viceversa. Es por eso, que es tan importante que los padres se sientan identificados con el colegio, ya que tienen un proyecto común de educación.

 

Los padres no deben dejarle todo el esfuerzo a la escuela. Ambos tienen sus funciones delimitadas y el colegio nunca podrá llenar el vacío que deja la familia, pues es ella la primordial fuente de amor y educación de los hijos. El colegio es quien continúa la labor desarrollada en el hogar, es el apoyo de los padres y es quien ratifica lo que allí se enseña.

 

Cuando hablamos de formación, debemos percatarnos de transmitir un ideario coherente y unos mismos valores. Es así como escuela y familia se convierten en aliados. Ambas partes deben coincidir frente a los principales campos de la formación integral: el campo material, el campo intelectual, el campo humano y el campo espiritual.

 

“Estos campos no podemos verlos nunca como entes aislados. Los niños en ningún tema que incumba a su educación, pueden tener dos puntos de vista o dos fuentes de información diferentes. Al elegir el colegio tendremos que tener siempre en cuenta y por encima de todo, nuestras costumbres, nuestra forma de pensar y en definitiva lo más importante, nuestro estilo y formas de vida. Y cuando en algún tema esto no se cumpla, habrá que poner en la balanza para saber en conciencia que es lo que conviene a nuestros hijos” expone Virginia Uribe de Sontushijos.com.

 

La función del colegio

 

Para la escuela es fundamental conocer el entorno familiar en donde se desarrolla el niño o el joven, con el fin de comprenderlo mejor, ayudarle en algún momento determinado, y establecer un modelo educativo teniendo en cuenta las condiciones personales e historia familiar.

 

Asimismo, padres de familia y colegio deben evitar desautorizarse entre sí, por ejemplo cuando en casa excusan al estudiante por no haber hecho una tarea o no haber asistido a clase sin causa justificada. Por ende, los padres también deben convertirse en el soporte de la escuela y estar en la misma sintonía.

 

Desde la familia

 

Como sabemos, los padres son el principal ejemplo de sus hijos. Si los chicos observan que en casa hay una actitud abierta y una relación recíproca con el colegio, ellos se harán conscientes de que ambos conforman un equipo que tiene como objetivo principal su bienestar e integral educación.

 

Por eso es importante que los padres participen en las diferentes actividades programadas por la escuela, tengan contacto con los profesores, conozcan a los compañeros de sus hijos y a sus familias, apoyen a la escuela en algún comité, acudan al colegio cuando tengan dudas, preocupaciones o quejas.

 

También es importante que los padres se refieran al colegio en términos positivos y muestren una actitud alentadora hacia los hijos. Es muy difícil exigirles que quieran el colegio cuando como padres expresamos totalmente lo contrario.

 

Cuando la familia y el colegio trabajan en conjunto, los más beneficiados son los hijos, así les brindamos una educación integral. 

 
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Es comprensible que retornar a la vida ordinaria cueste un poco a los chicos, incluso también sucede con los adultos, no obstante, los padres deben motivar en lugar de entorpecer el proceso. Las siguientes sugerencias ayudarán a hacer de ésta, una experiencia agradable para padres e hijos:

 

1. Retomar los horarios. Los períodos de recreación como las vacaciones, son más propensos a carecer de rutinas y horarios, por tal motivo el levantarse temprano para ir al colegio, es uno de los factores que representan mayor dificultad para los niños. Por eso es conveniente que durante los últimos días de descanso, se restablezca en casa el horario habitual que se acostumbra en la época de estudio; de este modo se atenuará el cambio.

 

2. Actitud positiva de los padres. En imitación a nuestras reacciones, conversaciones y comportamientos, se fijará la postura de nuestros hijos con respecto al inicio de otro ciclo escolar, de ahí la importancia de ayudarles a afrontarlo de una manera positiva, hablándoles de lo divertido que será estar nuevamente con sus compañeros, de cuantas cosas podrán aprender, de lo bien que les sienta el uniforme, etc. Por el contrario, evitar críticas de la escuela o profesores, y quejas de los múltiples gastos por afrontar, en presencia de ellos.

 

3. Familiarizarlos con el entorno. Para los niños que van al colegio por primera vez, ayuda mucho el llevarlos a su nuevo colegio unos días previos al inicio de clases, de manera que puedan identificar su salón, la dirección, etc. Resulta igualmente tranquilizante para los más chicos ver interactuar a sus padres con los profesores, el sentirse familiarizado con los rostros y las instalaciones, reducirá su temor.

 

4. Reforzar hábitos de responsabilidad. Aunque se encuentren en vacaciones, el asignarles encargos sencillos como sacar la basura o tender su cama, contribuirá a no partir de cero para retomar rutinas, responsabilidades y disciplina.

 

5. Dedicar unos minutos al día para recordar lo relevante del curso anterior. Contribuirá para activar la mente en preparación de la adquisición de nuevos conocimientos, no es necesario que se disponga al niño a hacerlo de forma consciente, basta con pedirle que nos lea un cuento breve, jugar con la lotería de números y letras o simplemente pedirle en el supermercado que nos vaya sumando los precios.

 

6. Adquirir los útiles escolares y uniformes con tiempo. El preparase con antelación en la compra de todo lo necesario para el ciclo escolar, nos evitará estrés, nos permitirá realizar cambios o devoluciones con tiempo suficiente, buscar y aprovechar ofertas. Asimismo consentirá el hacer partícipes a los niños en la elección de sus cuadernos, libros, loncheras y mochilas.

 

7. Aprovechar el tiempo restante para estar en familia. A una semana del inminente regreso a clases se pueden programar actividades familiares que fomenten la unión y la calidez del hogar, generando seguridad y emociones afectivas en los niños; recordemos que los padres son piezas claves en el desarrollo social y académico de los niños.

 

También vuelven las tareas

 

Adaptarse de nuevo a las tareas escolares es otro de los aspectos más difíciles del regreso al colegio. Se ha de ayudar al niño para que asuma esta responsabilidad con una mentalidad positiva y decidida.

 

De otro lado, es importante que los chicos no tomen los deberes como un castigo sino como un proceso más en su educación. Hay que apoyarlos en sus tareas pero no hacerlas por ellos, y la mejor forma de ayudarles es estableciendo un horario de estudio desde la primera semana sin ir a bajar la guardia a lo largo del año, además proporcionarles un espacio cómodo que cumpla con las condiciones de un lugar de estudio y brindarles nuestra orientación en ciertas asignaturas.

 

Fuente: queo.com.mx

 

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Además del ser el lugar donde se adquieren los conocimientos académicos, el colegio es el segundo hogar de los hijos, pasan más tiempo allí que en su propia casa. Es en el colegio donde se aprenden habilidades y destrezas con la orientación de los maestros, donde se forman las relaciones de amistad que perduran por el resto de la vida, donde las únicas lecciones no son las de inglés, matemáticas, literatura, ciencias… también aquellas sobre virtudes y valores que marcan el carácter y moldean la personalidad de los seres humanos.

 

De modo que es una decisión que no se puede tomar a la ligera; se debe hacer un proceso de selección cuidadoso. Los sicólogos y orientadores coinciden en que lo primero que deben hacer los padres es pensar qué es lo que realmente buscan en la educación de sus hijos. Tener claridad sobre este punto específico, facilitará las cosas.

 

Los expertos también explican que no todos los colegios son para todos los niños, se debe conocer muy bien el carácter y personalidad de los hijos para saber qué colegio les suplirá sus necesidades académicas y humanas. La visita a los colegios, participar en los procesos de selección, conocer los docentes, los estudiantes; son medidas que pueden ayudar a tomar la decisión.

 

Al momento de elegir el colegio para los hijos, las ofertas son múltiples, ¿qué factores se deben tener en cuenta? Proponemos los siguientes:

 

1. El presupuesto 

 

Tal vez sea el punto de partida de la decisión. Seguramente todos los padres quieren darle lo mejor a sus hijos y sobre todo cuando se trata de la educación académica, pero también hay que mirar las posibilidades económicas de la familia, teniendo en cuenta que cada año hay un incremento en el valor de la matrícula. Es necesario que los cónyuges revisen su presupuesto familiar y se planteen el valor que puedan pagar por el colegio de sus hijos.

 

2. La personalidad de los hijos

 

Sus talentos, personalidad, gustos. Aunque ahora los niños ingresan al campo escolar a tempranas edades, ya desde pequeños van mostrando unos rasgos y aficiones que los padres deben identificar. Por ejemplo hay niños que requieren de sistemas educativos estrictos y habrán otros que solicitan un trato personalizado como es el caso de los colegios con pocos estudiantes. Lo ideal es que se examinen las necesidades especiales de los hijos, para buscar así una institución que pueda suplir dichos requerimientos.

 

4. La calidad académica

 

Es otro punto muy valorado por los padres. Hay formas de medir esa calidad como son las posibles certificaciones que haya logrado la institución, la participación de los estudiantes en ferias o publicaciones, los resultados de los exámenes nacionales, la reputación en el medio, la experiencia de los egresados, entre otros.

 

5. La educación bilingüe

 

Sin lugar a dudas el aprendizaje de un segundo y hasta tercer idioma es una exigencia del mundo moderno. Y son las primeras edades donde más se interioriza la capacidad de aprender una lengua diferente a la natal.

 

6. La formación en valores humanos y espirituales

 

Lo más recomendable es que se elija un colegio con los mismos valores humanos y formación religiosa que se imparte en casa. Escuela y familia son aliados, ambas partes deben coincidir frente a campos tan importantes como el humano y espiritual. Por lo tanto, los padres deben sentirse plenamente identificados con el colegio, ya que tienen un proyecto común de educación, el cual debe ser coherente y retributivo.

 

7. La ubicación y las instalaciones

 

Todos queremos ambientes agradables para nuestros hijos y para algunos padres este es un criterio que tiene su peso. Revisar las condiciones en que se encuentra la infraestructura del colegio, las zonas de estudio y de recreación, son algunas de las tareas que pueden ejecutarse.

 

¿Cómo ponerse de acuerdo?

 

Puede suceder que la madre quiera un colegio y el padre prefiera otro; en ocasiones esto puede desatar discusiones en la pareja. Pero no se puede dejar de lado el propósito principal: el bienestar y futuro de los hijos.

 

Se debe poner en una balanza los aspectos que se consideran prioritarios en orden de importancia y analizarlos con cabeza fría, no sólo desde las perspectivas individuales sino desde el punto de vista como familia. Finalmente hay que buscar el consenso y evitar que esta decisión ocasione deterioros en la relación.

LaFamilia.info
16.05.2011

Parece que del estrés nadie se salva, ni siquiera los niños. Los expertos en el tema, señalan que los asuntos escolares pueden originar ansiedad y preocupación excesiva en los estudiantes, incluso en los más pequeños. Con el cierre del año escolar ad portas, vale la pena vigilar el comportamiento de los hijos.

Es usual que los adultos asocien el mundo infantil con un estado feliz y tranquilo. Después de todo, los niños no tienen que trabajar ni pagar cuentas; entonces, ¿de qué podrían preocuparse? Pues de muchas cosas, entre ellas sus compromisos académicos, los cuales ocupan su mayor atención.

¿Cómo saber si su hijo está estresado por el estudio?

Cuando en época de exámenes finales, un niño pierde el apetito, se muestra ansioso, pasa malas noches, presenta estados de ánimo cambiantes o manifiesta diversas dolencias físicas de forma reiterada, se podría hablar de un cuadro de estrés infantil ocasionado por las obligaciones académicas.

La Dra. Carla Insunza, psiquiatra infanto-juvenil de la Universidad Católica de Chile, explica que al igual que en los adultos, las manifestaciones del estrés varían de acuerdo a la persona y a la edad, pero se conservan tres características generales: reactividad emocional, es decir, respuestas agresivas, desobedientes o desafiantes; alteración del sueño, ya sea por la dificultad para conciliarlo o los despertares continuados; y por último, somatizaciones. Como señala la Dra. Insunza, “los niños y adolescentes no suelen estar en condiciones de simbolizar sus conflictos a través del lenguaje. Por ello presentan frecuentes dolores de cabeza o menor apetito, aunque el síntoma por excelencia es el dolor abdominal: está presente en el 10 a 25% de los niños y adolescentes. A estas dolencias suelen recurrir para explicar a sus padres que no son capaces de ir al día siguiente al colegio”. *Hacerfamilia.net

4 Fuentes de estrés

Dentro del contexto escolar, hay distintos factores que pueden ser los que ocasionan el estrés, analizaremos los cuatro principales:

  1. En primer lugar, hay que entrar a analizar el perfil del niño en cuanto a su carácter y tipo de personalidad (perfeccionista, retador, exigente consigo mismo, minucioso, baja tolerancia al fracaso, etc.) Esto determina en variadas ocasiones el grado de estrés que puede llegarse a desarrollar, puesto que para este tipo de personas, las responsabilidades suponen un alto nivel de ansiedad.
  2. Como segundo posible generador de estrés, se encuentran los padres de familia. Reclamarles a los hijos un buen rendimiento académico es el cometido de todo padre, sin embargo, la exigencia en exceso puede provocar padecimientos sicológicos graves como el estrés. Usualmente cuando un niño se muestra sobrecargado de ansiedad frente a los temas escolares, es porque en su casa hay un ambiente tenso y severo que le asienta un peso extra sobre sus hombros.
  3. Los profesores son otra fuente de estrés a contemplar; si bien porque ha sido un alumno brillante que debe conservar su “estatus”, como aquel estudiante que le cuesta obtener buenas notas y constantemente queda en el límite mínimo de las calificaciones. En este último caso, es frecuente toparse con un chico bajo de autoestima, pues su fama de “mal estudiante” ante sus compañeros y profesores, le hacen dudar de sus propias capacidades.
  4. Finalmente, está aquel estrés producido por la competitividad entre los pares, caracterizada por aquella presión que ejercen los compañeros sobre el niño, lo que le obliga a esforzarse de sobremanera para estar al nivel de los demás. Esto suele presentarse en especial, durante la básica primaria donde los niños expresan crudamente sus sentimientos, pueden descalificar abiertamente y llegar a ser crueles con sus compañeros de clase.

Consideraciones para los padres

Aunque se hace pertinente analizar todo un conjunto de factores que pueden desencadenar el estrés escolar, la actitud de los padres frente al desempeño académico de los hijos, es determinante.

Incentivar en los hijos los valores asociados al esfuerzo, la reciedumbre, la persistencia, el dominio de las emociones, entre muchos otros, es una tarea fundamental y necesaria en la educación integral de un ser humano en formación, no obstante, los padres han de tener la inteligencia para saber identificar cuando hay negligencia por parte de los hijos y cuando hay una sobrecarga de exigencias que le proveen estrés.

Con relación al caso concreto de la pérdida de año, situación que genera gran tensión tanto en los padres como en los hijos, la Orientadora Familiar. María Beatriz de Restrepo, con experiencia en centros escolares señala: “Algunos padres consideran la pérdida de un año como un suceso negativo y hasta lo vinculan al fracaso, pero en realidad numerosas experiencias demuestran que sucede realmente lo contrario: el niño gana confianza, madurez, nivela conocimientos… no todo está perdido”.

Como situaciones estresantes van a existir siempre, la clave está en que los padres enseñen a sus hijos el manejo de éstas, incentivando en ellos las virtudes que les servirán de soporte cuando un reto se interponga en su vida.

Ambientes emocionalmente seguros

Para finalizar, una reflexión complementaria que proporciona la autora Pia Orellana en Hacerfamilia.net: “Los ambientes emocionalmente seguros disminuyen el riesgo de que un niño se estrese, puesto que le garantizan cierta armonía emocional. Tanto el colegio como la familia pueden aportar, velando porque los niños sean aceptados sin condiciones, valorados positivamente independiente de sus capacidades, respetados, protegidos y queridos.

Al tener armonía emocional los niños reflejan una alegría de vivir, una apertura al conocimiento y un estado de serenidad y quietud que de alguna manera bloquean el estrés negativo. En otras palabras, son capaces de enfrentar correctamente las situaciones de tensión.”

Fuentes: hacerfamilia.net, kidshealth.org

Pía Orellana - HacerFamilia
25.10.2010

En el mundo se discute sobre el real beneficio de las tareas escolares. Mientras hay quienes aseguran que es la única manera de desarrollar hábitos de estudio, disciplina y autonomía, otros acusan una sobrecarga que sólo consigue desmotivar. ¿Cuánto es suficiente? ¿Cuánto es demasiado?

Por cada padre que piensa que su hijo tiene muchas tareas, hay otro que dice que el suyo necesita más. Y es que en este tema, como en tantos otros relacionados con la educación, no hay consenso, sino más bien una larga y permanente experimentación. Es por eso que hoy somos testigos de cómo algunos países intentan erradicar para siempre los deberes escolares en la casa y otros insisten en exigirle a los niños cada vez más. Finalmente, ¿quién tiene la razón? ¿Qué beneficios reportan las tareas escolares?

Se reabre la polémica

Dos libros publicados el 2006 en Estados Unidos volvieron a poner el debate sobre la mesa: “The case against homework”, de Sara Bennett y Nancy Kalish, y “The homework myth”, de Alfie Kohn. Éstos cuestionan el valor de las tareas al plantear que ningún estudio ha podido demostrar su influencia positiva en el desempeño académico de un niño, sobre todo en educación básica. Para los autores, los deberes que los alumnos deben realizar en la casa no hacen más que quitarles tiempo valioso para el juego y para estar con sus familias. Además, señalan que constituyen una sobrecarga para los padres y un factor de estrés familiar.

Pero una cosa es el rendimiento y otra la formación o desarrollo de la persona. Claudia Araya, coordinadora del ciclo de enseñanza básica del Colegio Los Andes (primer lugar Simce y PSU), dice: “Uno lee muchos artículos que señalan que las tareas poco menos que sepultan la vida familiar porque exigen tiempo. Pero yo veo que cuando un niño es atleta, o toca piano, o baila ballet, los padres apoyan los ensayos o entrenamientos porque dan por hecho que tiene que practicar. Sin embargo, pocos se dan cuenta que con la facultad cognitiva ocurre lo mismo: debe reforzarse a diario, porque es una habilidad que, de lo contrario, se pierde”.

Sin embargo, Nancy Kalish (quien además es periodista y mamá) acusa la falta de preparación de los profesores en esta materia. “Si miras los programas, incluso de universidades top como Harvard, te das cuenta que la mayoría no entrena a sus futuros profesores en esa área”, escribe en The Washington Post. Por eso, señala, las tareas no están bien dirigidas ni son de calidad.

Con ella concuerda la educadora chilena Cecilia Hudson, investigadora de la Universidad de los Andes: “El gran error de los colegios y de los profesores es hacer las cosas sin saber por qué. La institución que tiene claro qué tipo de alumno quiere formar tiene claro también cómo hacerlo. Las tareas se enmarcan en esa visión”.

¿Se debieran regular?

En Chile, como en muchas otras partes del mundo, no existe una política sobre las tareas escolares. Según explica Verónica Muñoz, del Ministerio de Educación, son sólo un recurso pedagógico que puede usarse o no. Y si bien en el mundo de los colegios particulares los padres tienen la sensación de que sus hijos son víctimas de una sobrecarga académica, no es la realidad del 80% de los alumnos chilenos que recibe educación municipal, donde muchos colegios tienen como política no mandar tareas. “Los profesores saben que los alumnos en sus casas no tienen espacio ni materiales para hacerlas, y muchas veces los papás tampoco están preparados para ayudarlos”, explica Verónica Muñoz. Por eso prefieren no dar trabajos para la casa.

A juicio de quienes están a favor de las tareas, ahí radica una de las grandes causas de la desigualdad en educación. Harris Cooper, profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Duke, ha investigado los efectos de las tareas en el rendimiento de los alumnos y comparado distintos estudios. Desde Durham, Carolina del Norte, señala a Hacer Familia que “efectivamente hay una relación positiva entre las tareas escolares y el rendimiento académico en la educación básica superior (sexto a octavo básico)”.

Los educadores coinciden en que el objetivo central de las tareas es formar el hábito de trabajo en el niño con el fin de que progresivamente se haga más autónomo. Pero también, dice Cecilia Hudson, desarrollar en ellos la capacidad de esfuerzo. “Está comprobado que esa capacidad de superarse es la que te lleva lejos en la vida, mucho más que las habilidades cognitivas en sí”.

Isabel Martínez, profesora del Colegio Sagrado Corazón Monjas Inglesas, complementa: “Ellas también contribuyen a formar valores como la responsabilidad y el compromiso y favorecen la autorregulación”.

En definitiva, ¿cuánto?

Una conocida regla educacional establece que el tiempo dedicado a las tareas debiera aumentar con la edad. Así, en primero básico debieran ser sólo 10 minutos; en segundo básico, 20; en tercero básico, 30, y así sucesivamente. Recomendación que Harris Cooper asegura está basada en las conclusiones alcanzadas por especialistas tras analizar docenas de estudios. “Los alumnos que hacen sus tareas tienen mejor rendimiento que aquellos que no, pero sólo cuando se trata de cantidades apropiadas para el desarrollo del niño”.

De cualquier forma, los investigadores instan a los profesores a huir de la mirada exitista y competitiva de las tareas escolares. En concreto, plantean:

  • El profesor tiene que tener claro el objetivo o sentido de la tarea que va a encargar, el tiempo que debieran tardar en hacerla y el grado de dificultad.
  • La tarea no puede estar fuera del espectro de tiempo y capacidad ni del niño ni de sus papás. Lo óptimo es que dejen espacio para que ellos realicen otras actividades, como jugar, hacer deporte, desarrollar un hobby.
  • La tarea debe estar en sintonía con lo que se ha pasado en el colegio; no puede ser algo absolutamente nuevo.
  • En conjunto, las tareas de un día debieran incluir práctica de matemática, ejercicios de gramática, vocabulario o escritura, y algo de ciencias o historia. Todo en poca cantidad. Es recomendable agregar a esto 10 minutos de lectura.
  • La tarea debe corregirse al día siguiente; si no, el niño recibe el mensaje de que da lo mismo si la hizo o no.
  • Los proyectos de investigación deben darse con anticipación y estar bien estructurados, ojalá con una pauta de lo que se espera.
  • El profesor debe buscar recursos nuevos que hagan las tareas más atractivas para sus alumnos.
  • Los profesores deben coordinarse para lograr un equilibrio en los tiempos y tipos de tareas que recibe un curso.

Desde cuándo se debieran enviar tareas a los niños es otra de las grandes interrogantes de los padres. Claudia Araya señala: “Es un error antropológico pensar que éstas deben comenzar cuando son más grandes y que hasta entonces los niños sólo deben jugar, porque hay cosas que uno tiene que enseñar desde siempre. Hábitos como el orden, la laboriosidad, la responsabilidad... Y mientras más chicos, más fácil, porque son más equilibrados emocionalmente”.

Los padres pueden ayudar

La actitud con que los hijos enfrentan las tareas está estrechamente relacionada con la que reflejan sus padres. Por eso:

  • Prográmelas. Hay dos períodos durante los cuales los niños pueden hacer sus tareas: inmediatamente después del colegio o antes de comida. “Deje que ellos elijan el momento”, dice Harris Cooper. “Algunos niños realmente necesitan bajar las revoluciones después del colegio, mientras que otros estarán muy cansados si esperan”. Antes de dormir es el único momento en que no se debieran hacer, porque los niños terminan acostándose mucho más tarde de lo que deberían.
  • Limite las distracciones. Basta decir algo como: “Una vez que empiezas a hacer la tarea, no paras hasta que la termines, así que anda al baño ahora y come algo ahora”.
  • Esté cerca, no encima. Los hijos debieran hacer las tareas solos, pero usted los puede acompañar.
  • No les dé las respuestas, pero sí haga preguntas. De esa manera fomentará en ellos la curiosidad y el amor por el conocimiento.

El Padre Alfredo Márquez, L.C., director del Colegio Cumbres, señala que la mejor manera de lograr una aproximación positiva de los niños hacia las tareas es mostrándole a los padres cómo los pueden ayudar: “Les hablamos mucho de la autonomía porque percibimos un afán demasiado grande de apoyar a los hijos, lo que a veces es sobreprotección. Es importante que ellos entiendan que deben formar esa capacidad de realizar los trabajos por sí mismos y no tener miedo a equivocarse, al fracaso, porque echando a perder se aprende”.

LaFamilia.info
13.09.2010

Cuando un hijo tiene dificultades en el estudio, lo primero a evaluar es la causa que genera este comportamiento. Por tanto, habrá que analizar diferentes variables, en donde la familia se convierte en un importante objeto de análisis.

¿Qué lo causa?

Según los estudios, las causas que determinan el fracaso escolar son variadas, no obstante, hay dos factores principales: los trastornos del aprendizaje (dislexia, ADHD, enfermedades físicas, etc.) y los trastornos afectivos-emocionales (ámbito familiar, pedagógico, social). En esta oportunidad nos detendremos en este último grupo, principalmente en el apartado familiar.

Para la gran mayoría de expertos, la familia ejerce un papel determinante, pues estipula unas características que pueden limitar o favorecer el desarrollo educativo de los hijos; asimismo, influye de forma directa en la estabilidad emocional de los mismos.

Hay circunstancias que se viven en el clima familiar que pueden alterar el equilibrio afectivo y perjudicar el rendimiento escolar, como son:

  • Un cambio significativo en el modo de vida, por ejemplo la muerte de algún familiar o enfermedad grave, traslado de vivienda o escuela, separación del matrimonio, conflictos constantes entre los progenitores, nacimiento de un nuevo hermano, etc.
  • Estilos educativos paternos: se pueden presentar las diferentes posiciones extremas. Aquella que se caracteriza por una excesiva disciplina y perfección, la cual exige a los hijos “ser los mejores” y se castiga drásticamente las fallas. O contrario a esto, un estilo educativo laxo sin lineamientos ni normas, donde los padres están ausentes en la vida académica de los hijos y los dejan a su libre albedrío. Como también, unos padres sobreprotectores quienes, sin intención, forman un niño demasiado consentido que pierde su seguridad y presenta menos tolerancia al fracaso.
  • Otra causa que ha tomado bastante importancia en los últimos años, es la relacionada a las nuevas adicciones de los niños y jóvenes, como son las actividades de entretenimiento que comprenden los videojuegos, la navegación en internet, el chat, la televisión, la música, etc., las cuales requieren ejercer control en su uso para no perjudicar el rendimiento escolar.
  • De igual forma, hay que considerar la etapa de la adolescencia, puesto que la sola entrada de ésta, trae consigo tantos cambios en las dimensiones del joven (física, emocional e intelectual) que en algunos incide en un notorio bajón académico, que de no saberlo manejar con la debida atención, puede desembocar en un fracaso escolar.

Igualmente, cuando un hijo no recibió una formación previa adecuada y suministrada por la familia -educadora por excelencia-, puede desencadenar complicaciones más delicadas como alcoholismo o drogadicción, las cuales están vinculadas al bajo rendimiento académico.

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¿Cómo abordar el fracaso escolar en la familia?

Por LaFamilia.info 
 
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El fracaso escolar es una situación dificultosa que merece atención en la familia, pero tampoco debería ser un problema grave. 

 

Cuando los hijos presentan problemas en su desempeño escolar, los padres deben tomar una postura atenta y activa pero sin irse a los extremos: ni hacer de esto una tragedia familiar, ni dejarlo pasar como un acontecimiento sin importancia; esta es la recomendación de María Beatriz Gómez, Orientadora familiar con experiencia en centros educativos y asesora del Consultorio Familiar de nuestro Portal.

 

Los padres deben guiar a sus hijos para que a través de esta dificultad, desarrollen una experiencia de aprendizaje positiva. Para eso, desde LaFamilia.info brindamos cuatro consejos para afrontar el fracaso escolar de los hijos:

 

1. Dejarlos que asuman las efectos

 

Solucionarles a los hijos todos sus problemas que fueron ocasionados por omisión de su actuar, no es la forma de ayudarles. Los hijos deben aprender que toda acción tiene su consecuencia, favorable o desfavorable, dependiendo de cada quien. Así que si el bajo rendimiento académico se debe a la falta de compromiso, deberá asumir las secuelas de ello -como puede llegar a ser la pérdida del curso escolar- aunque sea doloroso para los papás.

 

2. Mejor consecuencias que castigos

 

Si el niño o joven ha reprobado varias asignaturas, lo natural entonces es que logre recuperarlas. Por tanto, deberá dedicar más tiempo al estudio y menos a la recreación. Así, en lugar de hablar de castigos, se debe hablar de consecuencias. Se sugiere limitarles el uso de móviles, tablets, videojuegos, televisión… pero cuidado, no actividades convenientes para su formación como el deporte o alguna extra clase de música o arte.

 

3. Ayudarles... ¿hasta qué punto?

 

De acuerdo a la edad. Un niño en etapa escolar debe recibir un tratamiento diferente a un pre o adolescente. En los más pequeños, es importante que los padres hagan un acompañamiento en la ejecución de los deberes escolares y en la preparación de los exámenes. Lo que no debe ocurrir cuando estamos hablando de adolescentes, quienes están en capacidad de valerse por sí mismos. En este caso, los padres deben ser guías y supervisar, pero nunca hacer nada que ellos mismos estén en facultad de ejecutar.

 

4. Aceptar las limitaciones de los hijos 

 

Algunos padres suelen ponderar de modo desmedido las aptitudes de los hijos. Esto hace que ellos terminen convencidos de que son “perfectos”, y ante el primer tropezón, se les dificulta asimilarlo, debido a que no han desarrollado los famosos niveles de frustración tan significativos en el ser humano. Este tipo de padres de familia se resisten a aceptar que sus hijos tienen limitaciones para aprender determinadas asignaturas, y le atribuyen al maestro la responsabilidad de la situación. Por tal razón, es sano conocer y aceptar las debilidades de las personas, seguido de un plan de acción que permita su mejora.

 

 

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LaFamilia.info
22.07.2010

Gran parte del rendimiento académico de los estudiantes depende de las labores académicas que realizan en casa. Y aunque no se trata de que los padres sustituyan a los profesores, ni de que hagan las tareas escolares de sus hijos, deben estar presentes en la supervisión y elaboración de los trabajos en casa.

Existen varias formas de ayudar a los hijos. Uno de ellas es la orientación para adoptar un adecuado hábito de estudio, pues de éste dependerá un buen desempeño en el colegio.

Empiece por identificar si sus hijos están estudiando de manera adecuada pues la experiencia nos dice que una inmensa mayoría de niños no saben estudiar. Antes de imponer cualquier método académico, debe invitar al niño a revisarse y a cambiar de actitud.

Son muy frecuentes los siguientes malos hábitos de estudio:

  • El memorismo: Este defecto nace del predominio del afán de retener sobre el de pensar y comprender. Por ejemplo, aprenderse las lecciones de memoria con las mismas palabras del libro y recitar textualmente párrafos que no se entienden. En buena parte ha sido fomentado por el tradicional sistema de enseñanza en el que se daba mucha más importancia a la cantidad de información poseída que a su comprensión.
  • El estudiar simplemente para aprobar: Se estudia únicamente cuando se anuncia un examen y una vez aprobada la materia se archivan los libros para siempre. El estudio en este contexto, es una mera obligación, una actividad impuesta y no una actitud de búsqueda del saber.
  • Mala distribución del tiempo: No se tienen criterios adecuados para organizar el trabajo y distribuir el tiempo de estudio. Así, por ejemplo, es muy normal estudiar únicamente en vísperas de una prueba, lo que supone concentrar masivamente todo el trabajo en pocas horas. Este procedimiento hace que el estudio sea irracional (no se puede "digerir" adecuadamente tanto contenido en tan poco tiempo) y además da lugar a peligrosas situaciones de fatiga intelectual.
  • Estudiar de una forma pasiva: Para muchos estudiantes no existe ninguna diferencia entre leer una novela y estudiar una lección (la lectura recreativa es siempre de poca exigencia comprensiva, amena y no es necesario retener ni dar cuenta a nadie de lo aprendido. El estudio, por el contrario requiere mucho más esfuerzo: reclama del estudiante la actitud de profundizar en la comprensión de lo leído, relacionarlo con otras cuestiones o materias, integrarlo a su experiencia y aprendizaje anterior, ser capaz de recordarlo, de expresarlo adecuadamente, e incluso de utilizarlo de forma práctica, es decir, saber aplicar lo aprendido).

Por estudio pasivo se entiende la simple lectura sin esfuerzo mental, la falta de auto exigencia para aprender, pero también la ausencia de actividades concretas a lo largo del proceso de aprendizaje: subrayar o anotar las ideas más importantes, acudir al diccionario, sintetizar lo estudiado por medio de un resumen o esquema, etc.

Cómo orientar a sus hijos en las tareas

Orientar no es imponer procedimientos, sino proporcionar a cada chico una información acerca de la naturaleza de su trabajo y de sí mismo, de tal modo que vaya deduciendo consecuencias personales y desarrollando una iniciativa y estilo propio de trabajo. Una cuestión importante es que los chicos vean los estudios como una responsabilidad suya (responsabilidad que no disminuye o se comparte con otros por el hecho de que éstos orienten o ayuden de algún modo).

Seleccione objetivos concretos y puntuales para cada chico y cada momento o situación. Por ejemplo, determinar un horario de estudio fijo, consultar en el diccionario las palabras desconocidas; mejorar la escritura; aprender a sintetizar un tema, etc.

Por último, tenga en cuenta que para exigir y controlar sin coartar la iniciativa de los chicos, puede ser muy útil el método de la pregunta. Por ejemplo: Qué tienes que hacer hoy? Cuándo vas a hacerlo? Cómo vas a hacerlo? Cómo sabrás si lo has hecho bien?