Encuentra.com
10.05.2010

 

 

 

Una de las actividades humanas con mayor trascendencia e impacto en la sociedad es, sin lugar a dudas, la labor docente. Por esto, es importante considerar que toda persona con las funciones de un profesor, tiene una responsabilidad que va más allá de transmitir únicamente conocimientos.

 

El maestro o instructor que ha logrado influir positivamente en las personas bajo su tutela -sin importar la edad de los alumnos o el área de desempeño-, seguramente debe el éxito de su trabajo, a la calidad humana que vive y hace vivir dentro y fuera del aula; desgraciadamente, el amplio bagaje cultural y de conocimientos muchas veces es insuficiente para realizar una labor educativa eficaz.

 

Objetivamente hablando, el profesor se encuentra en un escaparate donde su auditorio está atento al más mínimo detalle de su personalidad, por lo cual, tiene una inmejorable posición para lograr un cambio favorable en la vida de los demás.

Además de la elocuencia, el grado de especialización y el manejo de las herramientas didácticas, todo educador debe considerar como indispensable vivir los siguientes valores:

 

Superación

 

Posiblemente una de las palabras que más se utilizan en un centro educativo, es precisamente el superarse, y cada vez que un profesor dedica parte de su tiempo para lograr este cometido, todo su esfuerzo se traduce en acciones concretas, por ejemplo, aprende e implementa nuevas técnicas de enseñanza o utiliza el propio ingenio para el mismo fin; comenta temas de actualidad relacionados con su materia; comparte experiencias personales; sugiere y ofrece puntos de vista respecto a las lecturas, películas, espectáculos; posee conocimientos de historia y cultura general; busca relacionarse con las nuevas tecnologías: internet, e-mail y el chat para orientar sobre sus riesgos y beneficios... podría decirse que en su clase siempre hay algo nuevo que comentar.

 

El aspecto humano es un factor que no debe descuidarse, al menos deben tenerse nociones básicas de la filosofía del hombre, ética, relaciones humanas, etapas físicas y psicológicas en el desarrollo de los seres humanos, caracterología, etc. como herramientas indispensables.

 

La superación comprende el esfuerzo personal por mejorar en hábitos y costumbres, en otras palabras: conocer y vivir los valores humanos.

 

Empatía

 

Aunque la vocación para enseñar supone un genuino interés por los demás, son acciones concretas las que permiten vivir mejor este valor:

 

Se demuestra empatía al prestar la misma atención a todos los alumnos, exista o no afinidad; dedicando un par de minutos a charlar individualmente con cada uno de los discípulos, para conocer mejor el motivo de su inquietud, desgano, indiferencia o bajo rendimiento; ofrecer la ayuda, medios o herramientas necesarias para mejorar su desempeño, calidad humana o integración al grupo.

 

Por otra parte, las muestras de empatía pueden ser tan simples como sonreír, felicitar por el esfuerzo continuo o un trabajo bien realizado; con palabras de aliento para quien tiene mayores dificultades; reforzando las actitudes positivas; poner al corriente a quien estuvo enfermo, implementando las estrategias y elementos necesarios para lograr un mejor aprendizaje.

 

Lo mismo sucede al corregir con serenidad y comprensión, y en la medida de lo posible, sin poner en evidencia delante de los demás; controlando la impaciencia, el enojo y hasta el mal humor provocado por circunstancias ajenas y personales.

 

La empatía exige un esfuerzo cotidiano por superar el propio estado de ánimo, la poca afinidad con determinadas personas, las preocupaciones, el cansancio y otros tantos inconvenientes que afectan a los seres humanos. Por tanto, este valor permite hacer un trabajo con mejor calidad profesional y humana al mismo tiempo.

 

Coherencia

 

Todo profesor representa autoridad, disciplina, orden, dedicación y verdadero interés por las personas, y partiendo de esta base, el ser coherente supone trasladar a la vida personal las mismas actitudes que se exigen en el salón de clase.

 

Por ejemplo, es fácil pedir que los alumnos cumplan con sus trabajos a tiempo, completos, en orden y con pulcritud, pero esto exige revisar, corregir, hacer observaciones por escrito y entregar resultados con la misma puntualidad solicitada.

 

Lo mismo sucede con el vocabulario, las posturas, el arreglo personal, hábitos de higiene y la relación personal que se vive con los demás: amable, respetuosa, comprensiva... La actitud que toman los alumnos a la hora de clase, muchas veces es el reflejo de la personalidad del profesor; si se desea que maduren, sean responsables y educados, el ejemplo es fundamental.

 

De igual forma, ser coherentes comprende el cumplir con las normas establecidas por la institución: planeación, elaboración de material, seguimiento de un programa, cubrir objetivos según el calendario, participar en las actividades extraescolares, etc.

 

Recordemos que para exigir a los demás, es indispensable tener disciplina en la vida personal y profesional.

 

Sencillez

 

Posiblemente uno de los valores que mejor decora y ennoblece el trabajo de un educador es la sencillez, porque permite reconocer en su labor una oportunidad de servicio y no una posición de privilegio para tener autoridad o un estupendo escenario para hacer gala de conocimientos.

 

Las circunstancias ponen al profesor delante de personas que necesitan de su intervención, pero la soberbia y el egocentrismo dificultan la comunicación y el correcto aprovechamiento. Lo mejor es impartir la cátedra con la intención de aplicar toda la experiencia, conocimientos y recursos buscando un mejor aprendizaje.

 

Conviene aceptar que el conocimiento propio tiene un límite y se vive en constante actualización; es muy significativo y otorga mucho prestigio, reconocer que algún aspecto del tema se desconoce, pedir oportunidad para investigar y tratar el asunto en una sesión posterior. Es preferible esto, a ser sorprendido mintiendo.

 

En este mismo renglón, conviene encontrar en las críticas una oportunidad para mejorar personalmente, así como aceptar los errores personales, rectificar y pedir disculpas, si es el caso.

 

La sencillez también se manifiesta al compartir con otros profesores la experiencia docente, dando consejos y sugerencias que faciliten a los demás su labor. De la misma manera, la docilidad con que se sigan las indicaciones institucionales, la apertura a nuevos procedimientos o la colaboración en cualquiera de las actividades, son rasgos significativos de apertura y disponibilidad.

 

Lealtad

 

Desafortunadamente la falta de lealtad es una situación que se vive en todos los ámbitos sociales: murmuración, crítica, difamación y falta de honestidad.

Ser leal a una institución significa una completa adhesión a sus normativas, respeto por los directivos y trabajo en equipo con los colegas. Por supuesto que no siempre se estará de acuerdo con todo, pero habrá que distinguir la fuente de inconformidad para actuar acertadamente: si personalmente incomoda u objetivamente es un caso que requiere mayor estudio.

 

Lo primero y fundamental es manifestar las inquietudes con las personas adecuadas. Falta a la lealtad quien desahoga críticas e inconformidades a espaldas de los directivos con los compañeros, los amigos, padres de familia e incluso con los alumnos. Sea en forma individual o en conjunto con otras personas, estas actitudes son totalmente incorrectas.

 

Es obligación guardar toda confidencia respecto a las políticas y estrategias; movimientos del personal; decisiones directivas; situaciones personales de maestros y alumnos, a menos que afecten considerablemente la imagen y prestigio de la institución. No está de más recalcar que todo, absolutamente todo, debe consultarse con las personas indicadas para resolver cualquier género de circunstancias.

 

Alegría

 

Tal vez una de las figuras más atractivas es la del profesor entusiasta, siempre con una sonrisa dibujada, optimista, emprendedor; quien difícilmente se enoja, pero a la vez es estricto y exigente; disponible al diálogo; bromista pero respetuoso; capaz de comprender y dar un buen consejo...

 

Esta personalidad no es extraña ni ajena, pero a nadie se le ocurre pensar si tiene problemas, carencias o dificultades personales, mucho menos, preguntarse cual es la fuente de su alegría y serenidad.

 

Para lograr vivir este valor hace falta esfuerzo y madurez, es decir, dejar los problemas personales para el momento y lugar oportuno, nunca para desquitarse en el aula; concentrar toda la atención en lo que se hace: preparación, elaboración, exposición y conducción de la clase; buscar como ayudar a los demás a solucionar los problemas propios del aprendizaje; planear actividades diferentes: recorrido cultural, película, asistir a un evento, etc., o dedicar unos momentos a charlar con los colegas.

 

Si observamos con cuidado, la alegría proviene de una actitud de servicio, otorgando el tiempo necesario y los propios conocimientos para el beneficio ajeno. La satisfacción de cumplir con el deber siempre tendrá sus frutos, muchas veces sin aplausos, pero si con las muestras de aprecio, el agradecimiento de un solo alumno o simplemente con los excelentes resultados obtenidos.

 

No pensemos que es profesor sólo aquel que imparte clases a niños o jóvenes, también quienes participan en los centros de capacitación de las empresas y las instituciones con cursos especializados, por mencionar algunos.

 

La sociedad actual puede recibir un gran beneficio a través de profesores especializados en cualquier área del conocimiento, la técnica o la cultura, pero también hace falta ser un verdadero apoyo familiar, líder y ejemplo de integridad, honestidad, profesionalismo y de valores humanos.



Christina Hoff Somers
15.03.2009

Hay décadas de investigación en la neuro-ciencia, en endocrinología genética, psicología del desarrollo, que sugieren que las diferencias entre los sexos, tanto entre sus aptitudes y sus preferencias, no son únicamente el resultado de la socialización, son innatas, se puede decir que no son como un software que ha puesto la sociedad, sino más bien como el hardware. Cierto que la sociedad juega un papel, pero también juega su papel la madre naturaleza.

Algunas diferencias biológicas relevantes entre los chicos y las chicas

Y ¿cuáles son algunas diferencias biológicas entre los chicos y las chicas, que afecten a su educación? Con alguna excepción éstas son las reglas: los chicos, los varones, en general, tienen mayores habilidades de razonamiento espacial, las chicas tienen mayores conocimientos verbales; a los chicos les gusta asumir riesgos; las chicas son más cariñosas; a los chicos les gusta la acción, les gusta jugar un poco a lo bruto y con objetos inanimados. Los chicos tienen unas fantasías más agresivas.

En 1997, en la Universidad de Bermont, se estudiaron los informes de los padres sobre el comportamiento de sus hijos, pertenecientes a doce países y en cada uno de los casos, sin excepción, los chicos eran más propensos a pelear, robar, tener rabietas y amenazar a los demás. Esas diferencias se encontraban en los chicos jóvenes tan pronto como empezaban su interacción social.

Las niñas juegan así también, pero en menor medida. Normalmente las niñas intercambian secretos con otras niñas. Su mejor amiga es muy importante y también les gustan los juegos más imaginativos, el teatro, etc… Pero, les recuerdo que estos son estereotipos, porque hay niñas que juegan igual que los niños y viceversa, pero no es tan frecuente; son las excepciones, porque lo típico para los niños es jugar a lo bruto y lo típico para las niñas es que les guste jugar a las casitas.

Creo que esto tiene una base biológica. Lo estamos viendo en todo el mundo, no únicamente en Estados Unidos, no sólo en España: las chicas son mejores alumnas, son las primeras de la clase. O sea, si consideramos un colegio tipo ¿quiénes son los primeros de la clase? Las chicas. Y ¿quiénes son los peores?, casi siempre los chicos.

A principios de los años 90 unos periódicos en el Reino Unido empezaron a escribir artículos enfatizando el déficit de los niños británicos. “El Times” de Londres, un periódico muy conocido, advirtió que existía la posibilidad de que se creara una clase de segunda, de hombres sin habilidades y sin empleo. “Economist” se refirió a los chicos como el segundo sexo del día de mañana, en este mundo.

Los niños en los exámenes oficiales de matemáticas sacan mejores notas, pero en casi todas las demás áreas, las chicas son mejores estudiantes. Según un informe del año 2000, la ventaja de las chicas es real y persistente en el sistema de educación de EE UU.

Y he aquí unos hallazgos clave: en lectura y en lengua las chicas son siempre mejores. Un niño de 17 años tiene en lengua y lectura las habilidades de una niña de catorce años; las niñas sacan mejores notas en todos los niveles educativos; los niños son los protagonistas en los deportes, pero las niñas en todo los demás, organizaciones estudiantiles, periodismo, etc.. ; las niñas son mejor organizadas, se preocupan más, les gusta más el colegio. Los niños sienten mucho menos entusiasmo por el colegio.

Bueno, ¡y la letra! La letra de los niños es muchísimo peor que la letra de las niñas y esto cruza todas las fronteras culturales, como ustedes saben. Yo tengo dos hijos y son incapaces de leer su propia letra, me traen los deberes, él miraba sus deberes, yo también, ninguno de los dos podíamos leer su letra. Ellos saben, igual que las niñas, que si tienen que hacer un trabajo y lo escriben en una letra ordenada le va a gustar más al profesor, pero hay un problema serio: los sistemas motrices de un niño se lo ponen mucho más difícil. Su primera experiencia al escribir y aprender las letras, normalmente es una experiencia negativa, de modo que con la lectura y escritura las chicas llevan ventaja desde el principio, y les voy a dar un hecho, finalmente.

Las chicas, en la mayoría de los países del mundo industrializado, van a ir a la universidad más que los chicos, con mayor posibilidad: en Australia, en Gran Bretaña, en Canadá, en Finlandia, en Alemania, en Francia, en España y en los Estados Unidos. Las proyecciones nos sugieren, que si no hay un cambio muy importante en la forma en que educamos a los chicos, a nuestros hijos, sobre todo a nuestros niños, esta laguna universitaria va a crecer hasta convertirse en un abismo.

Esto es desdichado porque en la economía de la información, en una economía basada en el conocimiento, una educación universitaria cada vez es más necesaria para que un joven llegue a la clase media, y ¿qué podemos hacer entonces?, ¿cómo podemos ayudar a los chicos a que mejoren, mientras que al mismo tiempo estamos cumpliendo de forma satisfactoria las necesidades de las chicas?.

En los Estados Unidos hay dos escuelas de pensamiento: hay un grupo que se llama “activistas de la equidad entre géneros” –no sé si traduce muy bien- “activistas en la igualdad de los géneros, de los sexos”, dicen, piensan que se puede cambiar a los chicos. Gloria Stinem, la famosa feminista, dijo “tenemos que aprender a educar a nuestros chicos más como si fueran nuestras hijas, de modo que esto les va a calmar y va a hacer que sean más tranquilos, etc..” Esto es una posibilidad. Pero, la segunda posibilidad es aceptar las diferencias y encontrar formas de hacer que el aula sea más amistosa, más adecuada para los chicos. Yo estoy a favor de la segunda alternativa, el segundo planteamiento.

Estoy de acuerdo con el Ministro de Educación actual de los Estados Unidos, diciendo, que todas las clases de chicos y de chicas pueden ser parte de la solución, todas las escuelas separadas, quiero decir en primer lugar vamos a hablar de algunos esfuerzos en los Estados Unidos para que los chicos sean más como las chicas. Tenemos muchos de estos facilitadores de equidad, como los llaman, “activistas del género”;  lo que quieren es liberar a los chicos de su masculinidad, y eso piensan que les asusta a los chicos, que les oprime, a ellos y a todos los que les rodean.

La idea, por tanto, es.., bueno..., tenemos escuelas, colegios muy prestigiosos, universidades muy prestigiosas, Harvard, Muesli, etc.., todos estos centros de educación tienen conferencias, yo he escrito sobre estas conferencias, he ido a muchas de ellas, por cierto, y la idea es que no les gusta la forma en que juegan los chicos, estos juegos a lo bruto, piensan que esto lleva a la agresión y hace que los chicos sean unos salvajes. Entonces, ¿qué hacen?, intentan calmarles haciéndoles que jueguen con muñecas.

Hay profesoras en los colegios americanos que muy seriamente dan conferencias muy completas, yo fui a una en la Universidad de Muesli y dijeron que, bueno, a los chicos les debería gustar el juego con burbujas de jabón, con muñecas y cosas así. Un profesor replicó que cuando les dan burbujas las convierten en torpedo; no parecía que ningún profesor conseguía que los niños colaborasen en ese tipo de juegos. En colegios americanos ahora pretenden que los niños hagan punto, tejan, incluso hagan colchas con password; piensan que los chicos son demasiado competitivos, quieren que jueguen en juegos en los que nadie puntúe, que nadie sepa quién está ganando. Por ejemplo, se puede jugar a “tú la llevas”, pero nadie la lleva, nadie se sale del juego, nadie está fuera.

Bueno, ¿cómo funciona esto, por Dios? Posiblemente no les sorprenda descubrir que los chicos no quieren que se les libere de su masculinidad, se resisten. Y ¿qué hacen cuando tienen que hacer punto? Pues convierten las agujas en espadas, empiezan a hacer esgrima con ellas. Cuando se les pide que hagan esas colchas de password, les he visto, hacen este password, pintan animales peligrosos y armas en los parches de password, y así secretamente puntúan en sus juegos, siempre saben quién va a perdiendo.

En lo que se refiere a los muñecos o muñecas, he leído sobre un experimento en un colegio de Baltimore, una profesora muy bien intencionada intentó introducir a los niños a la idea de que estaría bien que los chicos jugasen con muñecas, con bebes, y los chicos casi hicieron huelga, se revolvieron, la profesora casi tuvo que salir corriendo de la clase. La madre naturaleza es muy tozuda, los chicos no van a cambiar, no de manera fundamental, en cualquier caso.

Educar respetando la naturaleza

Bueno, hay alguna buena noticia: la buena noticia es que hay formas de educar a los niños y a civilizarles, que aceptan y respetan sus naturalezas, hay formas de educarles respetando su naturaleza. En segundo lugar, tenemos que encontrar formas de hacer que nuestras aulas sean mejores, más adecuadas para los niños, sitios más amistosos para los chicos, lo cual significa más experimentos con colegios masculinos, colegios de chicos.

En el año 97 un grupo de directores de colegios británicos, hace casi una década, preocupados con lo que estaba ocurriendo a los chicos celebraron varias conferencias sobre cómo podrían salvar a estos niños que estaban en una caída libre educativa. Escribieron un libro con buenas ideas, las más prácticas para las aulas con chicos. Me estoy centrando en los chicos esta tarde, sobre todo porque tienen más problemas que las niñas, pero también voy a hablar un poco de las niñas, no quiero dejarlas de lado porque les va muy bien, y quiero que continúen haciéndolo muy bien, y estoy segura de que podría aprender de los profesores de Fomento, estoy segura de que podríamos escribir mucho sobre la forma en que enseñan a los niños y a las niñas.

Los educadores en América y estos directores de colegios en Gran Bretaña, sugieren ciertas prácticas que son buenas para los chicos y.., por cierto, los padres, como padres involucrados en la educación de vuestros hijos, a lo mejor queréis probarlo también.

¿Qué funciona para los chicos?. En primer lugar la clase debería de ser un lugar muy estructurado, con énfasis abrumador en la organización, organización, eso es el número uno para los chicos. Las chicas necesitan también que se les organice pero es mucho más fácil para ellas, los chicos les cuesta mucho más trabajo, además no sabemos exactamente por qué les cuesta tanto trabajo. Lo segundo, se sugiere que un aula con chicos...., si esto fuera un aula con chicos, para las chicas, por cierto, en América hoy en día está de moda el tener lo que llamamos “grupos de aprendizaje cooperativo”, se sientan en círculos, posiblemente en sillas cómodas y se comparte.

Los directores de colegios ingleses dicen que ni hablar, que los profesores tienen que estar mirándoles fijamente a cada uno de ellos para entenderlos en su campo de su visión, las clases deben de tener suspense, el chico nunca tiene que saber cuándo se le va a llamar, tendría que estar ahí diciendo, ¡Dios mío, que seré el próximo, que seré próximo!, el profesor tiene que estar mirándole a los ojos, el profesor tiene que ser como un atleta y mirando a todos los chicos, y el chico nunca sabe cuándo le va a tocar a él, porque si no pues.... Deberían de aplicarse castigos continuamente si no hacen su trabajo, tiene que hacerse esto de forma coherente, menos ficción y más libros sobre cosas: rocas, volcanes, trenes… A los chicos les gustan las historias de aventuras con héroes masculinos. Los directores británicos dijeron que tenían que ser muy políticamente incorrectos porque la realidad es que los chicos no son correctos a nivel político, en absoluto, por lo tanto están volviendo a poesías bélicas, etc...

Finalmente, otra cosa que hacen los británicos en algunos colegios, con éxito, de chicos, en Estados Unidos, es que dividen la clase en equipos, han descubierto que los chicos van a hacer cualquier cosa para ganar puntos o para estar en un equipo. Las chicas ven al profesor como amigo o amiga, posiblemente como una madre, como una aliada, el chico no ve típicamente a su profesor como un aliado, en absoluto, pero entre los miembros de su equipo, pues por ellos va a hacer prácticamente todo, se va a aprender de memoria enormes trozos de poesía, si va a recibir puntos para su equipo. Y finalmente necesitamos mucho juego exterior y muy activo, hay que hacer además mucho hincapié en el buen espíritu deportivo.

Algunos de vosotros podréis pensar, bueno, pues todo esto muy bien, pero ¿no sería bueno para las chicas también?. La respuesta es que no. Una vez más no estoy hablando sobre todos los niños y las niñas, hay excepciones, pero para la niña media, la nueva investigación sobre el género y la educación, nos sugiere que ellas prosperan en otra clase de aula; las niñas no necesitan una supervisión estricta, que les esté mirando todo el mundo, que se les acerquen y les miren a los ojos continuamente. La mayoría de las niñas trabajan muy bien en un entorno relativamente poco supervisado, las niñas florecen con deberes creativos desde edades más tempranas. Otra cosa que es buena en los colegios de niñas en América es que más niñas hacen deportes en colegios diferenciados de niñas, es muy bueno. En los colegios de niñas hacen más deportes y desarrollan también el trabajo en equipo, si hacen deporte, piensan que eso es bueno con los chicos, pero es mucho más posible que las chicas hagan deporte si están en un colegio diferenciado.

Tercer punto, las niñas necesitan mucha atención y que les den muchos ánimos en matemáticas y en las ciencias pues les interesan menos. Se sabe, en los Estados Unidos, que para que una niña se interese en las matemáticas y las ciencias hay que convertirlo en una historia y también tiene que ver cómo está conectado con el mundo a su alrededor, cómo ayuda a la gente, es un estereotipo, ya lo sé, pero muchas gentes sí quieren ayudar a la gente. Y si se les explica la conexión entre la biología, por ejemplo, y curar las enfermedades, o la física y edificios que pueden soportar terremotos, pues se interesan más, y hay que hacer un esfuerzo adicional con ellas en este sentido. Y finalmente, las chicas tienden a subestimar sus capacidades, incluso cuando lo están haciendo muy bien necesitan que se les anime constantemente. Los chicos, por otro lado, sobreestiman sus capacidades cuando les va mal, lo que necesitan es que se les enseñe cuál es la realidad. Éstas son algunas de las ideas que han surgido en los Estados Unidos.

Bien. Diríamos, ¿un profesor podría hacer todo esto, con los chicos y con las chicas, en una sola aula? Creo que sí, que un profesor estupendo podría intentarlo, pero desde luego sería muchísimo más fácil hacerlo en una clase diferenciada. Por eso es esta clase de investigación la que ha llevado al Presidente Bush y a la Senadora Hilary Clinton, y a tantos educadores, a querer ver más experimentos con educación diferenciada o separada.

En un colegio diferenciado una niña seguramente va a aprender matemática, ciencia y deportes, un chico en un colegio diferenciado seguramente hará más arte o literatura o idiomas extranjeros. Estos colegios tienden a crear un entorno de aprendizaje más serio, hacer que los niños sean seres humanos más completos. He visitado un colegio de chicos en Washington, que me recuerda de un colegio de Fomento, es un colegio privado, católico e independiente. El día que estuve allí vi a chicos de unos ocho o diez años en sus clases, y sus aulas estaban llenas de colecciones de insectos, de plantas y de flores, y los chicos estaban tocando instrumentos musicales. Las competiciones son parte de su vida escolar, pero se ven presididos por la ética.

Lo que algunos investigadores han descubierto en los colegios diferenciados, es que ya no hay tantos estereotipos sobre el sexo; estos colegios les convierten en seres humanos más completos porque las chicas no se ríen de los chicos o no contestan todas las preguntas en la clase, y en los colegios de chicas no van a tener los chicos que dominar en todos los deportes.

Antes de concluir querría decir una palabra sobre la ética en la educación de carácter de chicos y chicas, sé que es algo muy importante en los colegios de Fomento. Hay una teórica social según la cual «todos los años la civilización se ve invadida por millones de diminutos bárbaros, se llaman niños».

Todas las sociedades tienen la tarea de civilizar a sus niños, sobre todo a sus niños jóvenes; si un varón no se socializa, tiene formas muy poco agradables de hacerse notar. La historia nos enseña que la masculinidad con la moralidad es algo poderoso, es una de las fuerzas más creativas de la cultura humana, pero la masculinidad sin la moralidad es peligrosa, pero tenemos prácticas sociales, sin embargo.

El enfoque tradicional para civilizar un hombre joven es educarle el carácter, desarrollar su sentido del honor, ayudarle a convertirse en una persona considerada y con buena conciencia, en pocas palabras, convertirle en un caballero. Esto es importante, respeta su masculinidad, su naturaleza masculina, no necesita que el niño juegue con muñecas o que aprenda a hacer punto o que está sentado en un círculo hablando sobre sus sentimientos, no hay que hacer nada de esto para civilizar a un chico.

Sin embargo, y una vez más, en cuanto a las niñas, las niñas necesitan que se les eduque su carácter tanto como a los chicos, las chicas pueden ser muy crueles, pueden ser abusonas. Hace unos años hubo una profesora estupenda que escribió un libro, un best seller sobre las aulas, escribió sobre los chicos jugando el juego imaginativo de los niños, con muchos conflictos, muchas peleas, y dijo, “parece que las niñas sean muy tranquilas y muy monas, en lo que está ocurriendo en su rincón de las muñecas”. Pero las miró más cuidadosamente y se encontró que realmente no era tan mono ni tan gracioso, era más tranquilo, efectivamente, pero había muchos celos y mucha agresión emocional entre las niñas.

Así que con los chicos tenemos lo físico pero con las chicas tenemos lo psicológico, en cuanto al abuso, que puede ser incluso peor. Así que esta profesora llegó a la conclusión, esto es sentido común, esta profesora dijo, “tanto los niños como las niñas necesitan que se les guíe cuidadosamente para convertirse a personas con conciencia y bondadosas”. Comprendió que eran diferentes, pero iguales; iguales, pero diferentes. 

Catholic.net
15.03.2009

Motivar al alumno… Antes de plantearse este asunto hay que saber para qué queremos motivar a nuestro alumno. No será lo mismo motivarle para que sea el más fuerte de la clase que motivarle para que sea el más “simpático”, para que sea el número 1...

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, motivar es dar causa o motivo para alguna cosa.

Conviene precisar que la educación engloba tanto la dimensión física como la intelectiva y la espiritual de la persona, por ello no son excluyentes. Al fin y al cabo los hombres somos una unidad. No obstante no parece que estén al mismo nivel para ser felices la dimensión biológica que la espiritual (con un buen cocido puedo estar satisfecho pero no feliz, ayudando a un amigo que lo necesita conozco la felicidad).

Normalmente en el actuar humano, el primer impulso que nos mueve a hacer algo es “me apetece/no me apetece”, “me produce placer o dolor”. Esto ni es bueno ni es malo, sencillamente es así. El actuar humano se diferencia del animal en que una vez se tiene esa sensación se decide en función de si es bueno o malo para la persona, ese es un acto humano propiamente dicho.

En este escrito vamos a referirnos a la motivación para hacer el bien. Estaremos de acuerdo en que será la mejor manera de ayudar a nuestros alumnos a ser más felices.

Motivar para hacer el bien es sinónimo de dar razones para vivir y aunque parezca que esto queda muy lejos para niños , no es así. No hace falta esperar a tener 50 años y una depresión de caballo para dar razones para vivir.

Nuestros alumnos necesitan vivir en un ambiente de optimismo y esperanza, por ello la educación que les demos debe reunir esas características. Esto se consigue con el ejemplo y la forma de vida, no solo con charlas. Cómo afrontemos los posibles problemas que se plantean en la vida marcará como los afronten ellos.

Fomentar autoimagen positiva

Debemos empezar desde muy pequeños fomentando una imagen propia positiva. Los niños no se conocen a sí mismos. La imagen que tienen de sí mismos es la que los mayores les transmitimos. Un niño al que se le repita que es mentiroso, desordenado, etc.... terminará creyendo que “es “mentiroso y por tanto continuará mintiendo porque de esa manera cumple su papel. A quien miente habrá que decirle que ha mentido y que eso no es bueno.

La imagen positiva va muy unida a la motivación. Cuanto más nos queramos mas seremos capaces de hacer. Es una secuencia de comportamiento, si haces algo bien y te lo reconocen y animan tendrás ganas de repetirlo, si lo haces mal y te apoyan y ayudan a hacerlo bien tendrás ganas de repetirlo, y todos podemos hacer bien alguna cosa. Unida a la motivación está la exigencia. Es imposible motivar si no se exige, los formadores debemos exigir amorosamente. Los niños de estas edades necesitan tener una seguridad y saber hasta donde se puede llegar.

Para que la exigencia sea efectiva deberá ser un estilo las 24 horas del día pero dosificada a la hora de ponerlo en práctica. Debemos ser exigentes en pocas cosas, en aquellas que consideremos más importantes, y en esas no ceder. Otras serán negociables.

La exigencia va unida a la autoridad. Los formadores debemos ejercer la autoridad, nuestros alumnos tienen derecho a que así sea. Pero no una autoridad déspota sino basada en el prestigio personal de quién la ejerce y ejercida como un servicio al niño.

¿En que debemos exigir?

Básicamente en los hábitos que conducen a las virtudes. En cuestiones de orden, de sinceridad, de obediencia, de laboriosidad. Exigir en estos hábitos hará que de mayores vivan más fácilmente las virtudes, y por tanto, les resulte mas fácil ser felices.

También es importante educar para el fracaso porque antes o después tendrán alguno, de la misma manera que es importante educar para el dolor, lo queramos o no existe.

Tipos de motivación

La más primaria y básica es “me apetece/no me apetece”. Este tipo de motivación es primaria porque en ella no intervienen las dimensiones “nobles” del hombre, hacer las cosas porque apetece no lleva a la felicidad sino más bien por una cuesta a la “animalización” del hombre y a la frustración, no contempla el bien integral sino solo el aspecto biológico.

Otro tipo de motivación es el “ego”, que me alaben, que me aplaudan. Ser el número uno, llevar las mejores marcas encima, etc. Este tipo de motivación es positiva si se sabe dosificar ya que el ser considerado aumenta la autoestima. No es malo por tanto alabar al alumno cuando hace algo bien, por el contrario es positivo siempre y cuando no le haga caer en la vanagloria y el desprecio a los demás.

Motivar por los demás, por amor. Es un tipo de motivación que es muy efectiva en estas edades. Ayudarles a obedecer por amor a mamá, a papá, a ser generosos con los hermanos por amor, que experimenten la felicidad que se vive al ayudar a otros. Esta es una edad estupenda para que conozcan y sensibilicen ante las personas que pasan necesidad, sin obsesionarles pero que comiencen a abrir los ojos al mundo que les rodea.

Lo que vale la pena, cuesta. Esta frase puede resultarles de ayuda. Explicarles que tras el esfuerzo llega la alegría del deber cumplido. Ya tienen que trabajar en serio y muchas veces no les apetece, se distraen, etc. Se pueden aprovechar los deberes que les mandan para casa para ir ayudándoles a ser laboriosos, limpios en el trabajo. Darles razones para que esto sea sí es motivarles, ayudarles y alabarles, decirles lo que esperamos de ellos es motivarles, corregirles con cariño es motivarles.

Los premios y castigos son un medio para educar, se deben utilizar poco y de una manera gradual. Siempre es mas efectivo utilizar mas la alabanza que el reproche y ensalzar el bien mas que odiar el mal, y sobre todo el ejemplo.

Borja Martínez de Bedoya - El Correo
25.07.2009

Con motivo del regreso al colegio vale hacer una reflexión sobre la labor educativa. Las instituciones, los profesores y los padres somos conscientes de la responsabilidad que tenemos al participar, de una manera u otra, en la formación de las próximas generaciones. Actualmente, por el pragmatismo que nos inunda, parece que lo prioritario, y casi lo único importante, es conseguir que los hijos tengan buenas calificaciones en los exámenes, sepan idiomas y, a ser posible, practiquen un deporte o toquen un instrumento musical. Todo esto está muy bien, pero es incompleto; falta lo más importante: su educación como personas.

Es bueno el afán por ser cada vez más eficaces en la transmisión de conocimientos, pero no basta. Si miramos el diccionario veremos que educar abarca algo más: es «desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios y ejemplos, etcétera». Es decir, la labor educativa es más amplia que la puramente intelectual y en esta tarea debemos estar todos comprometidos, tanto los padres, como los profesores y los alumnos.

Los padres son los primeros responsables de educar a sus hijos y, sin embargo, a veces parece que lo olvidamos. Hoy en muchas familias el padre y la madre trabajan fuera de casa, los niños están desde una edad muy temprana en el colegio y sin querer se acaba por delegar en los profesores muchas funciones no estrictamente académicas; por ejemplo, enseñarles a comer, a comportarse, a ser ordenados, etcétera.

Es cierto que también en esto el colegio es una gran ayuda, pero sin perder de vista que es una tarea que corresponde primeramente a los padres. Ellos han de ser los más interesados en educar en valores como la solidaridad, el respeto, la justicia, la igualdad, etcétera. ¿Quién no quiere que su hijo sea una persona leal, honrada, generosa, sincera, trabajadora… en definitiva, que sea feliz? Ahora bien, esto requiere un esfuerzo, ya que los hábitos sólo se adquieren si sabemos animar, exigir y corregir una y otra vez, sin cansarse, hasta lograrlo.

Profesor, figura clave

Hablando ahora de la labor del profesor, estaremos de acuerdo en que es una figura clave en la educación. Se pone bajo su cuidado algo enormemente valioso y se le pide entrega y dedicación. Es una cuestión vital recuperar el prestigio y la autoridad que han tenido siempre los buenos maestros. Una persona tiene autoridad cuando se reconoce socialmente su saber y su valor. Ante los alumnos la autoridad hay que saber ganársela con el hacer diario en el aula, en los pasillos y en la relación con los padres en las tutorías y reuniones. Los profesores lo sabemos y procuramos actuar en consecuencia, pero necesitamos también y agradecemos el respaldo de quienes nos han confiado esa labor: los padres, las autoridades educativas y, en definitiva, toda la sociedad.

Hoy se habla de la importancia de tener buenos modelos. Cualquier profesor o profesora, lo quiera o no, imparta una materia u otra, pasa muchas horas delante de sus alumnos y su ejemplo puede ser muy valioso. Hace unos años la directora de un 'berritzegune' hacía una reflexión en esta línea a los directores de los colegios de su zona. De cara al nuevo curso proponía trabajar en cómo transmitir, qué medios utilizar y qué experiencias se podían compartir para educar correctamente en las virtudes y los valores, pero en esa misma reunión hacía ver que eso conllevaba un compromiso personal, ya que no se puede enseñar estas cosas sin ir por delante.

Los profesores debemos dar ejemplo de las virtudes que queremos transmitir a los alumnos. Evidentemente esta necesidad de ser modelos vale también para los padres. Familia y colegio deben trabajar unidos.

Sacar de cada alumno lo mejor

Por último hemos de hablar también de los alumnos. Todo el empeño que se ponga desde los distintos ámbitos será baldío si ellos no colaboran y esto exige dos cosas: que estén motivados y que sepan exigirse. Para motivar hay que conocer bien al alumno y saber cuáles son sus puntos fuertes, porque todos los tienen.

Howard Gardner, el padre de la teoría de las inteligencias múltiples, sostiene que la inteligencia no se mide sólo por unos parámetros restringidos sino que tiene muchas facetas: cognoscitiva, emocional, plástica y visual, etcétera. Una de las consecuencias de la aplicación de esta teoría al mundo escolar es el esfuerzo por sacar de cada alumno lo mejor de sí mismo y para eso tenemos que descubrir cuál es su inteligencia dominante para, a través de ella, conseguir una mayor motivación y la autoestima necesaria.

Lo puede faltar tampoco, como hemos dicho, el esfuerzo del estudiante. El que quiere conseguir unas metas altas se exige y se priva de muchas cosas. Un buen deportista no sólo se entrena, cuida también su alimentación y su descanso, y muchas veces no hace lo que le apetece, aunque le cueste. También el estudiante que aspira a los mejores resultados intelectuales y humanos ha de conseguir esa unidad. Unidad que por desgracia les falta a algunos jóvenes brillantes. Dedican cinco días al trabajo y al estudio y pasan el fin de semana sin otro objetivo que 'el botellón'. Así no se puede llegar muy lejos, se puede ir tirando, pero nada más.

No hemos de tener miedo a plantear a los jóvenes metas exigentes. Los alumnos llegarán tan alto como nosotros se lo propongamos, ya que son capaces de sacrificarse por lo que vale la pena. Todo dependerá del objetivo que les señalemos, que estará en relación con la confianza que tengamos en ellos. Benedicto XVI ha reunido a una multitud de jóvenes que acudieron a Colonia, y ellos sabían que no les iba a poner las cosas fáciles. Tal vez sea un buen ejemplo ahora que comienza el nuevo curso académico.

Ma. del Rosario G. Prietol
15.03.2009

¿Estás estresado? Toma unos instantes saberlo… acaso: ¿sientes angustia? ¿te duele la cabeza? ¿te sientes cansado? ¿tienes insomnio o duermes de más? ¿comes en demasía o te sientes inapetente? ¿te da flojera todo o más bien eres un activista que no sabe quedarse quieto? ¿gritas con facilidad? ¿te exaspera hasta el más mínimo error? ¿te sientes irritable? ¿estás deprimido? ¿te duele todo el cuerpo o alguna parte en específico? ¿sufres colitis? ¿migraña? ¿te enfermas con facilidad?… éstas y más preguntas podríamos hacernos para detectar si estamos inmersos en un estado de estrés.

Pero… ¿Qué es el estrés?

El estrés es un fenómeno que se presenta cuando las demandas de la vida se perciben demasiado difíciles. La persona se siente ansiosa y tensa y en ocasiones se percibe mayor rapidez en los latidos del corazón.

Es inevitable experimentar cierto grado de estrés en la vida y en las ocasiones apropiadas resulta benéfico. No obstante, demasiado estrés es peligroso para la salud en general, ya que se alteran en forma prolongada y perjudicial las funciones de muchos sistemas del organismo.

El estrés causa la ansiedad, que en pequeñas cantidades es positivo y saludable porque nos mueve a hacer las cosas bien, pero si cada cosa pequeña nos pone ansiosos y nerviosos este estrés pasa a ser negativo y nocivo.

El estrés es una defensa natural del organismo que se encuentra dentro de nosotros mismos y que sirve para hacer frente a demandas excepcionales de experiencias difíciles en nuestra vida diaria, es también un importante aumento en el nivel de activación fisiológica y cognitiva con recursos también excepcionales. El estrés es la respuesta general del organismo ante un estimulo agobiador o situaciones de amenaza física.

¿Por qué se produce el estrés?

Como hemos dicho, en principio, se trata de una respuesta normal del organismo ante las situaciones de peligro. En respuesta a las situaciones de emboscada, el organismo se prepara para combatir o huir, mediante la secreción de sustancias como la adrenalina, que se disemina por toda la sangre y es percibida por receptores especiales en distintos lugares del organismo, que responden para prepararse para la acción: Es entonces cuando el corazón late más fuerte y rápido, las pequeñas arterias que irrigan la piel y los órganos menos críticos (riñones, intestinos), se contraen para disminuir la pérdida de sangre en caso de heridas y para dar prioridad al cerebro y los órganos más críticos para la acción (corazón, pulmones, músculos). Los sentidos se agudizan y la mente aumenta el estado de alerta.

El estrés, en condiciones apropiadas es bueno para nosotros, como por ejemplo: si estamos en medio de un incendio, nos ataca una fiera, o un vehículo está a punto de atropellarnos, porque los cambios provocados por el estrés resultan muy convenientes, ya que nos preparan de manera instantánea para responder oportunamente y poner nuestra vida a salvo. Muchas personas en medio de situaciones de peligro desarrollan fuerza insospechada, saltan grandes obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.

Efectos del estrés en nuestra vida

El estrés que, en situaciones apropiadas puede salvarnos la vida, se convierte en un enemigo mortal cuando se extiende en el tiempo. Para muchos, las condiciones de hacinamiento, las presiones económicas, la sobrecarga de trabajo, el ambiente competitivo, etc., son circunstancias que se perciben inconscientemente como amenazas.

Esto les lleva a reaccionar a la defensiva, tornándose irritables y sufriendo consecuencias nocivas sobre todo el organismo pues eleva la presión sanguínea (hipertensión arterial), nos hace susceptibles a los resfriados, trastornos respiratorios, aumenta el riesgo de los problemas de los trastornos cardiacos, diabetes, asma, colitis y cáncer. gastritis y úlceras en el estómago y el intestino, disminución de la función renal, problemas del sueño, alteraciones del apetito, agotamiento, entre otros.

Veamos por ejemplo, el efecto del estrés en el trabajo “Dicen los estudios norteamericanos que un 13% de los directivos padece trastornos emocionales graves debidos al trabajo; y mientras en Estados Unidos se pierden diez millones de horas de trabajo por huelgas, se pierden cuarenta millones por estrés y otras alteraciones similares. ¿Cómo es posible?” Carlos Moreda de Lecea

Por otra parte, el efecto del estrés en el matrimonio y en la familia “Cada vez es más frecuente que las familias ya ni se vean, ni se hablen, ni convivan, pues nadie tiene ni tiempo, ni ganas de hacerlo. Todos y cada uno están en sus ocupaciones y si no, tratando de descansar unos momentos antes de enrolarse nuevamente en alguna otra actividad.

¿Qué hacer frente al estrés?

Es más fácil es detectarlo, el problema es que se deteriora toda nuestra vida poco a poco, podríamos decir que es una muerte lenta, casi imperceptible no por sus efectos sino por sus causas.

Ahora bien, no existe una fórmula sencilla e infalible que pueda "curar" el estrés. Se requieren acciones diversas que permitan reducir las situaciones de sobrecarga.

Algunos huyen lejos de una situación estresante, otros pelean por cualquier cosa pequeña, cuando estos signos ocurren necesitas descansar, retirarte, relajarte. Pregúntate a ti mismo ¿cuál es la causa del estrés? ¿vale la pena realmente excitarme tanto?...la mayoría de las veces no lo vale, no debes tener miedo en tomar decisiones, hay que actuar y enfrentar el estrés.

El ejercicio habitual es especialmente útil, pues proporciona una forma de escape para la agresividad y la tensión, mejora el funcionamiento cardiovascular y genera un estado placentero de relajación después de cada práctica.

La relajación es conveniente para aliviar el estado de tensión muscular que ocurre inconscientemente durante el estrés. Los músculos, especialmente cervicales(de la nuca) y lumbares (de la cintura), se contraen en forma prolongada y generan dolor. Este dolor produce incomodidad y dificulta el desempeño de las tareas, generando más estrés.

También se aconsejan terapias de aprendizaje para el autocontrol de conductas especificas que permitan modificar el medio ambiente o para que facilite la aparición de conductas deseadas por ejemplo dejar de fumar; practicar deportes no agresivos; abstinencia de alcohol, tabaco, drogas; control mental cambiando los pensamientos negativos por positivos; entre otros.

12 consejos prácticos para hacer frente al estrés

  1. Sé realista en lo que puedes y no puedes hacer, las metas ambiciosas son causas frecuentes de estrés.
  2. Consigue reposo adecuado, establezca una hora regular para dormir.
  3. Evita apurarte y preocuparte.
  4. Controla tus emociones, decide si las circunstancias valen la pena para angustiarse.
  5. No recurras al alcohol, a drogas o la automedicación.
  6. No mantengas los sentimientos dentro de ti mismo, identifica los errores y conversa con algún amigo.
  7. Toma decisiones no aplaces lo que tienes que hacer o decir.
  8. Trata de seguir rutinas, evita la desorganización
  9. Desarrolla un sentido del humor cuando las cosas no vayan bien
  10. Cuando te sientas apurado, emplea una técnica de relajación como respirar profundo, detenerte un momento y mirar al cielo, etc.
  11. Come comidas bien balanceadas y busca dormir tus 8 horas diarias.
  12. Tómate un tiempo para ti y haz algo hermoso que te guste como salir a caminar, hablarle por teléfono a una persona querida, de vez en cuando ir al cine o a cenar con amigos, etc.

LaFamilia.info - Analitica.com
15.03.2009

La formación de la planta docente tiene repercusiones más allá del salón de clases. Las metas de crecimiento, desarrollo y bienestar social que las naciones determinen para sus profesores, tendrán una estrecha vinculación con los resultados que se obtengan en las aulas.

Un recorrido por el mapa nos permite comprobar que los países que invierten en la profesionalización de su cuerpo docente alcanzan altos niveles de aprendizaje, lo que impacta positivamente en el desarrollo socioeconómico de su población.

Pocos dudan de la importancia de contar con maestros calificados. Sin embargo, el desempeño del docente se encuentra hoy cuestionado. Sus derechos, sus funciones, la calidad de los resultados obtenidos y las herramientas que utiliza en su quehacer, son observados y revisados ante el avance tecnológico, con un entorno en constante cambio y frente la expectativa creciente de la sociedad respecto a la aportación de su gestión.

El maestro se enfrenta a condiciones novedosas, por lo tanto, su formación deberá corresponder a los retos actuales. La toma de conciencia de los cambios que en el entorno del docente se han producido, permite determinar las habilidades y las competencias que requiere para realizar su oficio y los programas de formación que le ayudarán a desarrollarlas.

Los cambios en el entorno y en la figura del docente

Tradicionalmente, la tarea de enseñar fue considerada una misión más que una profesión; el trabajo del docente se asociaba a un apostolado y se desdibujaba su condición de trabajador. La función principal de la escuela era la construcción del sentido de nación y de la cohesión social, lo que respondía a las necesidades históricas. En este contexto, la escuela era un espacio sagrado de aprendizaje.

Por lo tanto, el oficio docente presentó particularidades que no aparecían en otras profesiones, sobre todo por las expectativas que la sociedad puso en los resultados de la labor del magisterio. El maestro era un transmisor de la ética, y la función técnica de desarrollar aprendizaje quedó relegada a un segundo lugar.

Recientemente la aparición de algunos procesos sociales generales, cambió las condiciones de vida, y también introdujeron novedades en el rol de docente actual. Entre las condiciones que enfrentan los docentes en la actualidad, Tedesco y Tenti señalan las siguientes:

  1. Nueva conformación de las familias, y mayor acceso a los medios de comunicación masivos y otras instituciones de socialización: En el momento fundacional de la escuela, la socialización era una misión adjudicada al trío familia-iglesia-escuela. La función de la institución fue vital durante el creciente proceso de urbanización. El papel del docente ha sido afectado por procesos tales como el acceso a medios de comunicación de masa, la incorporación de la mujer al mercado laboral, y los cambios en la conformación de las familias. Estos cambios provocan que se solicite a la escuela que brinde lo que las familias, por su nueva conformación y entorno, dejaron de dar a sus miembros: contención emocional, orientación ético-moral. Esto implica la necesidad de desarrollar nuevas habilidades. Sin embargo, es pertinente reflexionar si éstas deben ser funciones del maestro.
  2. Cambios en los sistemas de producción y nuevas exigencias para ingresar al mercado laboral: Muchas habilidades que antes se adquirían en los lugares de trabajo, ahora requieren ser aprendidas en instituciones formales, lo que representa un nuevo desafío para los maestros. De ellos se espera que estén informados sobre el comportamiento del mercado de trabajo y sus necesidades. Ahora no sólo se trata de dar cohesión a la sociedad y sentido de nación, sino también de preparar individuos aptos para su incorporación al mercado productivo. El monopolio del conocimiento que mantuvo el maestro se ve amenazado por esta necesidad de vincular la escuela y el trabajo y por la aparición de otros agentes que auxilian en el proceso de aprendizaje y compiten con el docente.
  3. Los retos de la educación para afrontar la amenaza de la exclusión social: Paradójicamente, mientras ciertos sectores sociales disfrutan mejores condiciones de vida al incorporar avances tecnológicos y nuevos conocimientos que facilitan su ingreso al mercado laboral, otros, ajenos a estas transformaciones, son excluidos del trabajo productivo, agudizando la desigualdad de oportunidades. Bajo estas circunstancias, muchos maestros tuvieron que realizar tareas de asistencia social urgentes (alimentación, contención afectiva, moralización, etc.), que postergan la función tradicional de la escuela que es el desarrollo de los aprendizajes. Esta situación pone en primer lugar la necesidad de debatir la función del oficio docente y marcar sus límites y responsabilidades frente las del Estado y otros agentes del proceso educativo.
  4. Avance tecnológico en comunicación e información: Las innovaciones tecnológicas pueden tener efectos contradictorios en el oficio docente. Por un lado, pueden considerase como una oportunidad de mejorar el proceso de profesionalización docente, pero por otro, están quienes consideran que estas innovaciones pueden tener un carácter sustitutivo del docente, es decir, el maestro que realiza su tarea frente a frente con el alumno se vuelve arcaico, y puede sustituirse por la educación a distancia y el autodidactismo. Y aunque esto no parece probable, al menos en el corto y el mediano plazo, surge como amenaza evidente. Cierto o no, las nuevas tecnologías obligarán al maestro a convertirse en gestor y organizador de procesos de aprendizaje, lo cual implica la adquisición de nuevas habilidades.
  5. Origen y características sociales del docente actual: La condición socioeconómica del docente ha cambiado, y eso determina la elección de la profesión en función de los ingresos esperados, y también, la entrega y dedicación a la docencia. El impacto en la calidad de la educación es contundente. Estudios para el cono sur indican que los maestros son ahora más pobres, por lo que deben buscar alternativas de ingreso paralelas. La noble tarea de enseñar se trasforma en una de las tantas opciones para equilibrar el presupuesto familiar.
  6. Alumnos con nuevas condiciones sociales y culturales: Los destinatarios de la actividad educativa disponen de mayor acceso a la información, son más concientes de su derecho a participar y expresar opiniones, y los rodea un ambiente social y familiar desconocido para muchos docentes. También enfrentan formas de agresión y de violencia novedosas. Algunos maestros carecen de la idoneidad actitudinal y cognitiva necesarias para responder a esas particularidades, y el diseño de los programas de formación para el magisterio no incorporó aún estos aspectos. La definición y la construcción de la nueva profesionalidad docente son los grandes desafíos para el maestro actual y comprometido.
  7. Aspectos institucionales y organizativos del trabajo docente: La demanda social de calidad en la educación ha impulsado nuevos modelos de organización y de gestión que afectan la definición del papel de los maestros y demandan la adquisición de nuevas competencias. El ámbito escolar introduce agentes auxiliares como animadores, orientadores, especialistas en evaluación o en tecnologías, asesores psicológicos, que colaboran en el proceso educativo, lo cual implica la necesidad de desarrollar habilidades para el trabajo en equipo. Estos procesos copian experiencias del sector empresarial que no siempre se ajustan a la realidad escolar. Es necesario desarrollar dinámicas de trabajo interdisciplinario que permitan atender integralmente al nuevo alumno, que sean acordes al proceso educativo y que respondan a las diferencias regionales.
  8. Nuevas teorías pedagógicas y percepciones sobre el maestro: El papel social asignado al oficio docente variará de acuerdo al momento histórico. Y en cada uno de ellos, las expectativas de lo que pueda lograr el sistema educativo son muy grandes. Sin embargo, cada grupo social construirá conceptos distintos acerca de lo que es la escuela ideal. A partir de esta percepción se definen las funciones primordiales que el docente debe cumplir: facilitador del aprendizaje de los alumnos, transmisor de cultura y conocimientos, u otras que puedan presentarse como prioritarias según el momento histórico y las teorías pedagógicas vigentes. En un momento de profundos cambios sociales caen sobre los maestros enormes responsabilidades, y la definición de su papel es fundamental para determinar los planes de formación.

Relevancia de la formación docente

Si existieran cuestionamientos sobre la necesidad de invertir en la formación de los maestros, se pueden aportar algunos argumentos para fortalecer la posición a favor de la existencia de programas integrales que permitan tener una planta docente mejor preparada:

  1. Las habilidades y capacidades de los docentes determinan, en gran medida, la calidad del sistema educativo.
  2. La práctica del docente en clase está vinculada a su preparación profesional, lo cual impacta en el proceso de aprendizaje.
  3. Un maestro formado y dotado de las herramientas útiles para desempeñar su oficio proyecta una imagen de seguridad que impacta positivamente en el desempeño de los educandos.

La determinación de políticas y programas para la formación de la planta de maestros implica una fuerte inversión que redundará en mejores resultados del proceso educativo. Formar maestros es apostar al futuro y al crecimiento. Sin embargo, es importante aceptar la complejidad de la situación que enfrentan.

El proceso de profesionalización de los maestros en Latinoamérica presenta conflictos, tales como la dificultad de estandarizar la actividad, el desmérito que ha sufrido el maestro por las exigencias crecientes respecto a sus resultados, las prácticas de homogenización gremiales, la limitación de recursos para mejorar salarios y formación, la imagen histórica de “profesión para mujeres” y la resistencia social a aceptar la docencia como una ocupación profesionalizada. Cualquier política de profesionalización que pretenda tener éxito deberá tomar conciencia de estas situaciones de conflicto.

El diseño de un modelo de formación docente que aspire a lograr impacto en la calidad de la educación deberá considerar los siguientes aspectos:

  1. La escuela deberá ser el referente principal para el perfeccionamiento de acciones de formación docente.
  2. Las propuestas formativas deberán considerar las necesidades formativas individuales y colectivas.
  3. Considerar la multiplicidad de tareas que desarrollan los maestros (enseñanza frente a grupo, gestión directiva y administrativa, supervisión y asesoría), así como las características del entorno en el que ejercen su función (rural, enseñanza a diversos grupos étnicos, escuelas de frontera, escuelas urbanas en condiciones de marginalidad, etc.).
  4. La práctica deberá ser considerada para reflexionar, analizar y aprender. En este sentido es importante considerar la iniciativa del Laboratorio de Políticas Públicas de Buenos Aires, que ha desarrollado el Programa Documentación Pedagógica y Memoria Docente. Este ejercicio de reconstrucción y publicación de proyectos y experiencias de gestión pedagógica difunde saber pedagógico no documentados.

Reflexión final

Los maestros son el puente entre la autoridad educativa y los salones de clases. Por su conducto las políticas educativas se materializan. Por eso la importancia de formarlos, considerarlos, respetarlos y devolverle el valor a la función que realizan.

Referencias

 

  • De Ibarrola, María (2002). “¿Por qué es una inquietud permanente la formación de los docentes?”, en Foro ciudadano Formación y actualización de docentes y su relación con la equidad y la calidad de la educación. Memoria. Puebla, 2002.
  • observatorio.org.mx. (Recuperado en marzo del 2006).
  • Tedesco, J.C y Tenti, E (2002). Nuevos tiempos y nuevos docentes. IIPE/UNESCO, Sede Regional Buenos Aires.
  • iipe-buenosaires.org.ar
  • Laboratorio de Políticas Públicas-Buenos Aires. (2007). Documentación pedagógica y Memoria docente.
  • documentacionnarrativa.net. (Consultado en junio del 2007)
  • SEP. Dirección General de Formación Continua de maestros en servicio. (2005). “Programa Nacional para la actualización permanente de los maestros de Educación Básica en servicio”. México.
  • IIPE-UNESCO, Sede Regional Buenos Aires (2004). “La difícil tarea de aprender a enseñar”, en Informes periodísticos para su publicación.
  • ipe-buenosaires.org.ar, (recuperado en junio 2007).
  • Filmus, D. (2006). “El futuro de la educación”, en Educar es el camino. Documentos de discusión, Tomo 3, IV Congreso Nacional de Educación. SNTE. México.

 

Adaptado del artículo de Rosana Lecay (analitica.com)

“Educar es una apelación permanente a la utopía porque el resultado de esta acción sólo se puede realizar en el futuro.” Daniel Filmus

María Calvo Charro - ConoZe
15.03.2009

Es cierto e innegable que la coeducación fue un triunfo y una necesidad en un determinado momento histórico en nuestro país, en el que la mujer estaba relegada a un segundo plano y cuya educación iba destinada a convertirla en un ser dependiente y débil (tal como proponía Rousseau en su libro Emilio o De la educación, 1762).

En España la educación mixta comienza a ser propuesta a finales del siglo XIX, cuando la mujer tenía una posición sumamente debilitada en la sociedad y resultaba preciso ensalzarla e igualarla de algún modo con el hombre. Destaca en este sentido, Emilia Pardo Bazán, que como Consejera de Instrucción Pública, propuso en el Congreso Pedagógico de 1892 la coeducación a todos los niveles, con el objeto de superar la división de funciones asignada a hombre y mujer. Esta propuesta no fue finalmente admitida.

Por fin, la enseñanza mixta se impuso en 1984 en todos los centros públicos, desde el gobierno, sin debate y sin una fundamentación pedagógica, y así sigue hasta la actualidad, convertida en un dogma intocable. Los colegios mixtos públicos son el modelo único y obligatorio, encumbrados sin, al parecer, demasiadas reflexiones o estudios que lo justifiquen.

Sin embargo, ante el abrumador fracaso escolar que estamos padeciendo, en los países desarrollados de nuestro entorno este dogma comienza a ser seriamente cuestionado (especialmente por el neofeminismo y sectores de la izquierda). La razón de esta nueva tendencia se encuentra en décadas de investigación en la neurociencia, en endocrinología genética, en psicología del desarrollo que demuestran que las diferencias entre los sexos, en sus aptitudes, formas de sentir, de trabajar, de reaccionar, no son sólo el resultado de unos roles tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres, o de unos condicionamientos histórico-culturales, sino que son innatas. En palabras de Cristina Hoff Sommers (Doctora en Filosofía de la Universidad de Brandeis) conocida defensora de los derechos de la mujer y del movimiento feminista americano: «se puede decir que es como el hardware, no es un software impuesto por la sociedad». Por ejemplo, en Francia la coeducación comenzó a cuestionarse seriamente a partir de la publicación del controvertido libro del sociólogo (especialista en temas de adolescencia, juventud y familia) y miembro del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRC), Michel Fize: «Las trampas de la educación mixta» (2003). En el se expone cómo la educación mixta en el país galo no ha conseguido asegurar la igualdad de oportunidades ni de sexos.

Definitivo resulta asimismo el informe presentado en Suecia, en julio de 2004, por encargo del Gobierno, por la parlamentaria Chris Heister, presidenta de la Comisión para el Estudio de la Educación, titulado: «Todos somos diferentes». En él se afirma que el fracaso de la educación actual radica en el empeño por despreciar las diferencias entre los sexos. El informe acaba recomendando que se organicen clases solamente con niños o niñas, porque no es lícito imponer conductas o modelos educativos idénticos a ambos sexos.«Le Monde de l´Education» señaló, en un dossier dedicado al estudio de esta nueva problemática (2003), la preocupación de los sectores educativos por la inadaptación de los chicos. A igual edad y condiciones, el rendimiento escolar es muy superior entre las niñas (especialmente entre los 12 y 16 años). El fracaso escolar entre los chicos les hace padecer un complejo de inferioridad que a su vez provoca una difícil relación y aumenta la tensión con el sexo opuesto. Los varones tienen otros tiempos de desarrollo diferentes a los de las chicas. Pretender igualar organismos desiguales es injusto y trae nefastas consecuencias.

En Francia; Canadá; Suecia; Reino Unido; Alemania; Australia; Japón; Estados Unidos, se propugna como moderno y progresista la instauración de los colegios públicos diferenciados, como alternativa a los colegios mixtos. Sin embargo, en España continuamos con el lamentable reduccionismo ideológico que considera intrínsecamente malo y machista la existencia de colegios para la educación de un único sexo. Estos son calificados sin fundamento como sexistas, discriminadores y antisocializantes. Se confunde igualdad con igualitarismo.

Es necesario reconocer la realidad de las distorsiones que presenta el sistema y que se agravan seriamente en centros escolares ubicados en zonas socialmente desfavorecidas.

Para ello hay que prescindir de criterios ideológicos y morales y aceptar el curso de los acontecimientos. Como señala Michel Fize, la enseñanza mixta no es un principio intangible del derecho escolar, es un instrumento para dos combates de fondo de nuestra sociedad: la igualdad de oportunidades y la transmisión de valores fundamentados en el respeto y la tolerancia. Lo importante es ver si está sirviendo para ello.

En definitiva, la educación diferenciada, aunque no es ni mucho menos la única solución a los problemas del fracaso escolar en España, sí puede ser un paso más hacia una enseñanza de calidad. Sin embargo, a pesar de ser la opción por la que están apostando los países más desarrollados de nuestro entorno, aquí en nombre de una neutralidad laica el sistema educativo no deja espacio para las diferencias. En España, lo moderno es lo obsoleto.

María Calvo Charro - ConoZe
15.03.2009

No son pocos los niños y niñas que en las aulas mixtas experimentan esa extraña sensación que sólo es capaz de producir el infantil, puro, inocente y atolondrado primer amor; reflejo de una madurez incipiente que lucha por sobreponerse a la tozuda infancia, empeñada en no marcharse, y que desequilibra y marea en la misma medida que atrae y fascina. Aquellos que se encaminan al colegio con la esperanza del reencuentro, siquiera efímero y visual, con la que están seguros es su alma gemela. Aquellos que pierden la atención hacia la explicación por el embotamiento dulce y la tensión contenida que abriga la posibilidad de una mirada, una sonrisa disimulada.

Sin embargo, también hay niños y niñas ajenos a esa idílica imagen escolar. Muchachos incomprendidos, a los que se castiga inoportunamente, o se les medica de una hiperactividad inexistente, cuando se mueven de acuerdo con las coordenadas espaciales que les marca su cerebro inundado de testosterona y su imparable crecimiento muscular, tan diferente al de las niñas. Niños que se quedan atrás en lectura y escritura frente a unas niñas que con su misma edad parecen académicas de la lengua y que, tras ser reiteradamente calificados de zánganos, acaban por tirar la toalla convencidos de que estudiar «es cosa de chicas». Niños que lejos de enamorarse, aborrecen a esas marisabidillas que les superan en madurez.

También hay niñas que se sienten abrumadas por la presencia masculina, molestas por los chicotes que las atosigan y revolucionan el ambiente con su constante activismo. Muchas adolescentes preferirían no tener que compartir aula con los muchachos durante esos años de cambio corporal y personal en los que, no gustándose a sí mismas, se obsesionan con agradar a los demás, lo que las agota y desequilibra. Niñas que, en lugar del amor romántico de la pubertad, sufren faltas de respeto, lo que las desconcierta, humilla, les quita el sueño y no les permite concentrarse en los estudios.

Ellas lo que quieren es volver a ser princesas, valoradas por su inaccesibilidad, deseadas por su impenetrabilidad, amadas por su aparente fragilidad. Ser tratadas con respeto, reverencia, cariño y suavidad. Todo lo que exige su feminidad. Esto las ayuda a elevar su autoestima y superar cualquier meta personal.

Ellos lo que quieren es volver a ser héroes, valorados por superar obstáculos, luchar sin desfallecer por lo que merece la pena, competir por lo que aman... y ganar.

Ellas necesitan sentirse aceptadas y queridas. Ellos, admirados y respetados. Ellas quieren ser Penélope, mujer inalcanzable por sus pretendientes, capaz de esperar años a su verdadero amor. Ellos quieren ser Odiseo, luchador incansable que superó mil batallas, la distancia y el tiempo para volver con su amada. Ellas quieren ser Hero, y ellos Leandro, el joven que por el amor de aquella cruzaba cada noche a nado el estrecho atenazado por olas salvajes.

Ya no quieren ser de género neutro, sino niños y niñas, cuya feminidad y masculinidad reclaman un reconocimiento y una atención especial. Necesitan reubicarse en un mundo en el que el sexo sea un elemento esencial constitutivo de la persona, y no algo que se hace y se consume desde muy temprana edad. Y así configurar, sin prisas, sin traumas, sin absurdos prejuicios del pasado, una personalidad plena, como hombre y como mujer, madura, responsable, libre y, en definitiva, feliz.

José Luis González Simancas
15.03.2009

Después de más de cincuenta años dedicados a la enseñanza media y universitaria, el Profesor José Luis González-Simancas transmite en este artículo diez convicciones personales en relación con la praxis docente.

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Se cumple mi personal cincuentenario en la docencia: quince años en la enseñanza media y treinta y cinco en la universitaria. Quizá mis colegas en la docencia hayan pensado alguna vez en qué creen, en cuáles son sus convicciones a la hora de programar sus asignaturas. Se me vienen a la cabeza, entre otras, las siguientes diez convicciones. Como se dice hoy, se las “cuento” a mis colegas, por si les interesa el tema.

  1. Mi primera convicción es precisamente ésta: que las convicciones en materia de acción educativa, se van generando poco a poco, hasta configurar el quehacer del profesor que se propone educar, con un estilo personal y con el que otros pueden estar en desacuerdo, como tantas veces ocurre.
  2. Esta es mi segunda convicción: que somos muy libres a la hora de aplicar nuestra docencia, desde sus metas, pasando por sus métodos, hasta el modo de valorar sus resultados, dentro del marco o ideario de la institución en que se trabaja, con espíritu de servicio.
  3. Lo cual enlaza esencialmente con mi tercera convicción personal: que la docencia formativa se dirige a la persona de cada uno de los estudiantes y no sólo al quehacer estudiantil para la obtención de un título universitario, por necesario que esto sea. Un estudiante es ante todo persona. ¿Lo diré como tantas veces? Sí, una persona que es única, irrepetible y libre. Así de sencillo, y así de complejo al mismo tiempo.
  4. Y por eso, vaya aquí mi cuarta convicción: que la docencia es una verdadera sorpresa cada año, que nos llena de ilusión a las personas que nos encontramos en las aulas, y fuera de las aulas, en cien actividades diferentes. Creo firmemente en esa influencia mutua, positiva cien por cien, que se da cuando las vidas de los unos fluyen con toda naturalidad en las de los otros, y nace la amistad de los estudiantes entre sí, siendo tan diferentes, y muy especialmente cuando la influencia mutua se da entre profesores y estudiantes, cada uno como es, con su propia personalidad.
  5. Y así se genera una quinta convicción: que el comprenderse unos a otros, que es sinónimo de apreciarse, de valorarse, de servir y desvivirse unos por otros eso es querer bien en educación, está en la base de esa dimensión orientadora del profesor llámese como se llame que fue el tema de mi tesis doctoral y continúa siendo lo que llamo mi “monotema” pedagógico.
  6. Entonces, qué tiene de extraño que mi sexta convicción radique en creer en la importancia decisiva, para la formación de universitarios cabales, de esa versión de la dimensión orientadora del profesor, que en nuestra Universidad llamamos Asesoramiento Académico Personal, y que necesitamos comprender a fondo si queremos que cumpla su misión educativa.
  7. Lo cual me lleva a otra convicción que personalmente considero importante. Creo que ese asesoramiento es esencialmente de naturaleza académica porque nace y se nutre de la tarea conjunta de enseñar y de aprender cooperativamente, cada cual en su papel. El primer diálogo se produce en torno a la orientación, al asesoramiento del trabajo académico del estudiante: sus posibles dificultades en el estudio de la materia de que se trate; sus aciertos encomiables que en ocasiones nos olvidamos de comentar; la forma de expresarse por escrito en los trabajos personales, sean ensayos, o trabajos monográficos, o pruebas de examen de esas que implican orden en las ideas al componer el tema, y exposición de conocimientos al argumentar razonada y razonablemente su postura personal ante cuestiones debatibles. Pero todo eso, y la dedicación que exige, ha sido y es resultado de ésta mi séptima convicción, que libremente he asumido siempre, y que no hay por qué imitar porque cada cual tiene su estilo personal, no me importa repetirlo.
  8. Pero es indudable que de esa convicción surge la octava, que tiene todo que ver con la anterior. ¿No hemos experimentado muchas veces que las cuestiones o problemas personales, y contextuales, de los estudiantes, y también de los profesores, inciden directamente tantas veces en lo que suele llamarse rendimiento académico? Y, ¿no es verdad que, hablando del trabajo académico, casi sin darnos cuenta, pasamos al aspecto personal del asesoramiento que así se llama: académico y personal, porque lo personal se refleja en lo académico, positiva o negativamente, y entonces se produce espontáneamente una conversación interpersonal sincera, sin medias tintas?
    Eso es posible si media entre profesor y estudiante la confianza, que es clave en toda relación humana: si depositan confianza entre sí, si el uno cree en el otro y se fía de él, entonces se charla sobre cuestiones íntimas relativas a comportamientos, costumbres, valores, dudas, confusiones, y a veces respecto de dimensiones tan importantes como la del sentido de la vida. Estoy convencido de ello por haberlo experimentado: es mi octava convicción.
  9. Mi novena convicción apunta a otro aspecto metodológico: el de la valoración o evaluación de resultados. ¿Qué resultados? Es ahí donde precisamente se transparentan las convicciones que tengamos los profesores. ¿Qué pretendemos con la enseñanza de una materia? ¿Sólo la asimilación más o menos inteligente de los contenidos? ¿O que los estudiantes aprendan a aprender por su cuenta, y adquieran hábitos intelectuales, como la capacidad crítica, o de análisis y síntesis, y hábitos morales, virtudes humanas, que afectan a su ser personal, sea la que sea su posterior dedicación profesional?
    Y, entonces, ¿qué tipo de pruebas cabe utilizar? Mi convicción aquí es que no hay prueba en el mundo que pueda medir el grado de maduración personal alcanzado por un estudiante a lo largo de su aprendizaje y formación, en esta o aquella materia, o en su paso por la Universidad. Cuando, terminada la carrera y al cabo de años, a uno le dicen que agradecen lo mucho que la Universidad y hasta uno mismo ha contribuido a que se sienta feliz como persona y como profesional, eso es para mí la manifestación más clara de lo que ha ganado un estudiante, porque sólo él sabe qué y quiénes le han dejado huella en su interior, y le han ayudado a crecer como persona.
  10. Mi última convicción, entre quizá muchas otras que harían interminable su enumeración, es ésta: que es a través del trabajo, del mucho trabajo y esfuerzo de las dos partes implicadas, estudiantes y profesores, como se consigue la educación, la formación de uno mismo en su pleno sentido; la de un hombre mujer o varón que se sabe hijo de Dios, hecho a su imagen y semejanza, esto es, inteligente, libre, y con corazón.