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06.04.2008
 

En la tarde del Viernes Santo se conmemora la muerte de Cristo en el Calvario. Con la Pasión de Jesús según el Evangelio de San Juan, contemplamos el misterio de nuestro Señor Crucificado. San Juan, teólogo y cronista de la pasión, nos lleva a contemplar el misterio de la cruz de Cristo como una solemne liturgia.

 

Ceremonia de Viernes Santo

En este día no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel, sin velas, ni adornos. La solemne celebración litúrgica empieza con un rito de entrada diferente de otros días: los ministros entran en silencio, sin canto, vestidos de color rojo que simboliza la sangre y el martirio, y se postran en el suelo, mientras la comunidad se arrodilla, y después de un lapso de silencio, se dice la oración del día.

 

Lecturas:

  • Lectura del Profeta Isaías 52, 13-53, 12
  • Salmo Responsal
  • Segunda lectura: Lectura de la carta a los Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9.
  • Versículo antes del Evangelio (Flp 2, 8-9)

Adoración de la Cruz: Después de las palabras se pasa a una acción simbólica propia de este día: la veneración de la Santa Cruz en la cual es presentada solemnemente la Cruz a la comunidad.

 

La Comunión: Desde 1955, cuando lo decidió Pío Xll en la reforma que hizo de la Semana Santa, tanto el sacerdote como los fieles pueden comulgar. Aunque en este día no se celebra la Eucaristía, se comulga del Pan consagrado en la celebración del Jueves Santo.

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06.04.2008
 

Esta devoción consiste en reflexionar en las últimas siete frases que pronunció Jesús en la cruz, antes de su muerte.

 

Primera Palabra:
"Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen". (San Lucas 23, 24)

Jesús nos dejó una gran enseñanza con estas palabras, ya que a pesar de ser Dios, no se ocupó de probar su inocencia, ya que la verdad siempre prevalece. Nosotros debemos ocuparnos del juicio ante Dios y no del de los hombres. Jesús no pidió el perdón para Él porque no tenía pecado, lo pidió para quienes lo acusaron. Nosotros no somos nadie para juzgar. Dios nos ha perdonado grandes pecados, por lo que nosotros debemos perdonar a los demás. El perdonar ayuda a quitar el odio. El amor debe ganar al odio. La verdadera prueba del cristiano no consiste en cuánto ama a sus amigos, sino a sus enemigos. Perdonar a los enemigos es grandeza de alma, perdonar es prueba de amor.

 

Segunda Palabra:
"Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso". (San Lucas 23,43)

Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. La manera como reaccionemos ante el dolor depende de nuestra filosofía de vida. Dice un poeta que dos prisioneros miraron a través de los barrotes de su celda y uno vio lodo y otro vio estrellas. Estas son las actitudes que se encuentran manifestadas en los dos ladrones crucificados al lado de Jesús: uno no le dio sentido a su dolor y el otro sí lo hizo. Necesitamos espiritualizar el sufrimiento para ser mejores personas. Jesús en la cruz es una prueba de amor. El ladrón de la derecha, al ver a Jesús en la cruz comprende el valor del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.

 

Tercera Palabra:
"Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre". (San Juan 19, 26-27)

La Virgen es proclamada Madre de todos los hombres.

El amor busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. Una madre cuando ama quiere tomar el dolor de las heridas de sus hijos. Jesús y María nos aman con un amor sin límites. María es Madre de cada uno de nosotros. En Juan estamos representados cada uno de nosotros. María es el refugio de los pecadores. Ella entiende que somos pecadores.

 

Cuarta Palabra:
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (San Marcos 15, 34)

Es una oración, un salmo. Es el hijo que habla con el Padre.

Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. La bondad es el constante rechazo al pecado. El pecado es el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.

 

Quinta Palabra:
"¡Tengo sed!" (San Juan 19, 28)

La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere.

Él tenía sed por las almas de los hombres. El Pastor estaba sólo, sin sus ovejas. Durante toda su vida Jesús había buscado almas. Los dolores del cuerpo no eran nada en comparación del dolor del alma. Que el hombre despreciara su amor le dolía profundamente en su corazón. Todo hombre necesita ser feliz y no se puede ser feliz sin Dios. La sed de todo hombre es la sed del amor.

 

Sexta Palabra:
"Todo está consumado". (San Juan 19, 30)

Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte. El plan estaba realizado. Nuestro plan no está aún terminado, porque todavía no hemos salvado nuestras almas. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. El sufrimiento, los tropiezos de la vida nos recuerdan que la felicidad completa solo la podremos alcanzar en el cielo. Aprendemos a morir muriendo a nosotros mismos, a nuestro orgullo, nuestra envidia, nuestra pereza, miles de veces cada día.

 

Séptima Palabra:
"Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu". (San Lucas 23, 46)

Jesús muere con serenidad, con paz, su oración es de confianza en Dios. Se abandona en las manos de su Padre.

Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Nadie nos puede quitar nuestro espíritu. Es importante recordar cual es nuestro destino en al vida para no equivocarnos de camino a seguir. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en la vida es la salvación de nuestras almas.

Fuente: Catholic.net

ReL/Opusdei.es - 28.05.2020

 Foto: cathopic/dimitriconejo

Mayo y junio por lo general son los meses de las Primeras Comuniones. Sin embargo, debido al tercer pico de la pandemia algunas comuniones se han aplazado y muchos niños que se habían estado preparando para recibir a Jesús, han tenido que posponer este momento tan especial para los católicos.

Pero estos meses que faltan para hacer la Comunión no tienen por qué ser un tiempo perdido para ellos. De hecho, este tiempo puede ser una oportunidad. “La espera, si está justificada y tiene un sentido, puede convertirse en un tiempo de reflexión que realce su valor, en el que crezca un mayor amor, conocimiento y deseo de aquello que se espera”, explican desde la web del Opus Dei, que ofrece unos consejos para que los niños puedan prepararse con amor e ilusión para su Comunión.

Algunas ideas para los padres

Estas son tres ideas que proponen desde esta prelatura a los padres para ayudar a preparar a sus hijos en este tiempo de espera:

1. Enséñale a descubrir el tesoro de la comunión espiritual: así crecerá su amor por la Eucaristía y los deseos de recibir a Jesús en la comunión sacramental. Puedes enseñarle a recitar la oración que San Josemaría aprendió de un religioso escolapio: "Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos".

2. Explícale que puede ofrecer la contrariedad y la pena de tener que esperar más tiempo para recibir a Jesús, por los enfermos y los que han fallecido en esta pandemia.

3. Repasa con ellos el Catecismo, de forma divertida y amena, para prepararse todavía mejor. Para ello te dejamos una selección de los mejores recursos disponibles online: vídeos, dibujos, juegos, libros... ¿Preparado?

Para ello, ofrecen una serie de recursos online para preparar de manera amena a los niños como cuentos, películas o trabajos manuales que tienen como fin alimentar la llama de esta Primera Comunión que llegará en un tiempo. Aquí puedes ver los recursos.

  

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06.04.2008
 

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, y esperando en oración y ayuno su resurrección. Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Es un día para contemplar. El altar está despojado, el sagrario abierto y vacío.

 

Liturgia Bautismal

En este día se bendice la Pila Bautismal o un recipiente que la represente y se recita la Letanía de los Santos. Esta letanía nos recuerda la comunión de intercesión que existe entre toda la familia de Dios. Las letanías nos permiten unirnos a la oración de toda la Iglesia en la tierra y la Iglesia triunfante, de los ángeles y santos del Cielo.

El agua bendita es el símbolo que nos recuerda nuestro Bautismo. Es un símbolo que nos recuerda que con el agua del bautismo pasamos a formar parte de la familia de Dios.

 

Vigilia Pascual

La celebración es el sábado por la noche, una Vigilia en honor del Señor, según una antiquísima tradición

(Ex. 12, 42). De tal manera que los fieles, siguiendo la exhortación del Evangelio (Lc. 12, 35 ss), tienen encendidas las lámparas aguardando a su Señor, para que al llegar, los encuentre en vela y los haga sentar a su mesa.

En la vigilia pascual se bendice el fuego. Se prepara el cirio en el cual el sacerdote con un punzón traza una cruz. Luego marca en la parte superior la letra Alfa y en la inferior Omega y entre los brazos de la cruz marca las cifras del año en curso. A continuación se anuncia el Pregón Pascual.

 

Al acercarse ya el día de la Resurrección, la Iglesia es invitada a participar en el banquete eucarístico, que por su Muerte y Resurrección, el Señor preparó para su pueblo. Toda la celebración de la Vigilia Pascual se realiza durante la noche, de tal manera que no se vaya a comenzar antes de iniciarse la noche, o se termine la aurora del Domingo.

La Misa, aunque se celebre antes de la media noche, es la Misa Pascual del Domingo de Resurrección. Los que participan en esta misa, pueden volver a comulgar en la segunda Misa de Pascua. El sacerdote y los ministros se revisten de blanco para la Misa y se dan cirios a todos los que participan en la Vigilia.

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06.04.2008
 

"Vía Crucis" en latín significa "Camino de la Cruz", también se le llama Estaciones de la Cruz y Vía Dolorosa. Se trata de un camino de oración que busca adentrarnos en la meditación de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo en su camino al Calvario. El camino se representa con una serie de imágenes de la Pasión o Estaciones correspondientes a incidentes particulares que Jesús sufrió por nuestra salvación.

La finalidad de las Estaciones es ayudarnos a unirnos a Nuestro Señor haciendo una peregrinación espiritual a la Tierra Santa, a los momentos más señalados de su Pasión y muerte redentora.

***

1ª Estación: Jesús sentenciado a muerte

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Sentenciado y no por un tribunal, sino por todos. Condenado por los mismos que le habían aclamado poco antes. Y El calla... Nosotros huimos de ser reprochados. Y saltamos inmediatamente...

Dame, Señor, imitarte, uniéndome a Ti por el Silencio cuando alguien me haga sufrir. Yo lo merezco. ¡Ayúdame! Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

2ª Estación: Jesús cargado con la cruz

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Que yo comprenda, Señor, el valor de la cruz, de mis pequeñas cruces de cada día, de mis achaques, de mis dolencias, de mi soledad.

Dame convertir en ofrenda amorosa, en reparación por mi vida y en apostolado por mis hermanos, mi cruz de cada día. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

3ª Estación: Jesús cae, por primera vez, bajo el paso de la cruz

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Tú caes, Señor, para redimirme. Para ayudarme a levantarme en mis caídas diarias, cuando después de haberme propuesto ser fiel, vuelvo a reincidir en mis defectos cotidianos. ¡Ayúdame a levantarme siempre y a seguir mi camino hacia Ti! Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

4ª Estación: Encuentro con la Virgen

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Haz Señor, que me encuentre al lado de tu Madre en todos los momentos de mi vida.

Con ella, apoyándome en su cariño maternal, tengo la seguridad de llegar a Ti en el último día de mi existencia. ¡Ayúdame Madre! Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

5ª Estación: el Cirineo ayuda al Señor a llevar la Cruz

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Cada uno de nosotros tenemos nuestra vocación, hemos venido al mundo para algo concreto, para realizarnos de una manera particular.

¿Cuál es la mía y cómo la llevo a cabo? Pero hay algo, Señor, que es misión mía y de todos: la de ser Cirineo de los demás, la de ayudar a todos. ¿Cómo llevo adelante la realización de mi misión de Cirineo? Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

6ª Estación: la Verónica enjuga el rostro de Jesús

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Es la mujer valiente, decidida, que se acerca a Ti cuando todos te abandonan. Yo, Señor, te abandono cuando me dejo llevar por el "qué dirán", del respeto humano, cuando no me atrevo a defender al prójimo ausente, cuando no me atrevo a replicar una broma que ridiculiza a los que tratan de acercarse a Ti.

Y en tantas otras ocasiones. Ayúdame a no dejarme llevar por el respeto humano, por el "qué dirán". Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

7ª Estación: Segunda caída en el camino de la Cruz

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Caes, Señor, por segunda vez. El Vía Crucis nos señala tres caídas en tu caminar hacia el Calvario. Tal vez fueran más.

Caes delante de todos... ¿Cuándo aprenderé yo a no temer el quedar mal ante los demás, por un error, por una equivocación?. ¿Cuándo aprenderé que también eso se puede convertir en ofrenda? Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

8ª Estación: Jesús consuela a las hijas de Jerusalén

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Muchas veces, tendría yo que analizar la causa de mis lágrimas. Al menos, de mis pesares, de mis preocupaciones. Tal vez hay en ellos un fondo de orgullo, de amor propio mal entendido, de egoísmo, de envidia.

Debería llorar por mi falta de correspondencia a tus innumerables beneficios de cada día, que me manifiestan, Señor, cuánto me quieres. Dame profunda gratitud y correspondencia a tu misericordia. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

9ª Estación: Jesús cae por tercera vez

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Tercera caída. Más cerca de la Cruz. Más agotado, más falto de fuerzas. Caes desfallecido, Señor.

Yo digo que me pesan los años, que no soy el de antes, que me siento incapaz. Dame, Señor, imitarte en esta tercera caída y haz que mi desfallecimiento sea beneficioso para otros, porque te lo doy a Ti para ellos. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

10ª Estación: Jesús despojado de sus vestiduras

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Arrancan tus vestiduras, adheridas a Ti por la sangre de tus heridas. A infinita distancia de tu dolor, yo he sentido, a veces, cómo algo se arrancaba dolorosamente de mí por la pérdida de mis seres queridos.

Que yo sepa ofrecerte el recuerdo de las separaciones que me desgarraron, uniéndome a tu pasión y esforzándome en consolar a los que sufren, huyendo de mi propio egoísmo. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

11ª Estación: Jesús es clavado en la Cruz

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Señor, que yo disminuya mis limitaciones con mi esfuerzo y así pueda ayudar a mis hermanos. Y que cuando mi esfuerzo no consiga disminuirlas, me esfuerce en ofrecértelas también por ellos. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

12ª Estación: Jesús muere en la Cruz

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Te adoro, mi Señor, muerto en la Cruz por Salvarme. Te adoro y beso tus llagas, las heridas de los clavos, la lanzada del costado... ¡Gracias, Señor, gracias! Has muerto por salvarme, por salvarnos.

Dame responder a tu amor con amor, cumplir tu Voluntad, trabajar por mi salvación, ayudado de tu gracia. Y dame trabajar con ahínco por la salvación de mis hermanos. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

13ª Estación: Jesús en brazos de su madre

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Déjame estar a tu lado, Madre, especialmente en estos momentos de tu dolor incomparable. Déjame estar a tu lado. Más te pido: que hoy y siempre me tengas cerca de Ti y te compadezcas de mí. ¡Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía! Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

14ª Estación: el cadáver de Jesús puesto en el Sepulcro

Te adoramos, Señor, y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo. Todo ha terminado. Pero no: después de la muerte, la Resurrección. Enséñame a ver lo que pasa, lo transitorio y pasajero, a la luz de lo que no pasa. Y que esa luz ilumine todos mis actos. Así sea. Señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

Padre Nuestro, Ave María y Gloria...

 

Oración Final

Te suplico, Señor, que me concedas, 
por intercesión de tu Madre la Virgen, 
que cada vez que medite tu Pasión, 
quede grabado en mí 
con marca de actualidad constante, 
lo que Tú has hecho por mí 
y tus constantes beneficios.
Haz, Señor, que me acompañe, 
durante toda mi vida, 
un agradecimiento inmenso a tu Bondad. Amén

 

Fuente: devocionario.com

 

Por Andrés D’Angelo - Catholic-Link / 27.01.2020

 

Foto: Freepik 

 

Cuando te enteras que tu esposa está embarazada, o cuando te enteras que te darán un niño en adopción, te cambia la vida para siempre. ¡Tú y tu cónyuge van a ser padres! ¡Y de pronto te vuelves loco de amor! 

 

Te prometes que vas a hacer por esa pequeña personita que Dios puso en tu camino, todos los sacrificios posibles, todos los esfuerzos imaginables y que siempre vas a ser un padre y una madre presente, paciente, amoroso y genial. Pero... 

 

1. Luego los niños comienzan a crecer

 

Y te das cuenta de que… las cosas no son tan sencillas. Los niños tienen una extraordinaria capacidad de trabajar la paciencia de la gente mayor casi desde el primer día. Por eso, Dios en su infinita sabiduría puso un papá y una mamá, para que tomen turnos cuidando al pequeño.

 

Las mamás lo hacen instintivamente, y los papás… no tanto, pero ¡podemos aprender! Cuando logramos hacer un gran equipo, los niños se desarrollan plenos y felices.

 

2. Y entonces llega la temida adolescencia

 

No podemos creer que ese pequeño, que era el sol de nuestras vidas, que tantas alegrías nos dio, de pronto se convierta en un ser huraño, protestón, aburrido, peleón y muchas veces tan tonto, que parece que no hay instrumentos para medirlo.

 

Nos busca, y generalmente nos encuentra, y esos encontronazos no son siempre lindos. La relación se desgasta, nos peleamos, nos amargamos y pensamos: «qué lindo será todo después de la adolescencia, cuando mi hijo o mi hija se comporten como adultos serios y responsables». Pero entonces… ¡Tampoco sucede!

 

Nos preguntamos: ¿Por qué esta serie de desencuentros entre el hijo ideal que siempre nos imaginamos y la realidad tan dura?

 

3. ¡Nuestros hijos son libres!

 

Así es, ¡Porque nuestros hijos son seres libres! Dios no solo los creó libres: ¡los quiere libres! ¿Y por qué Dios querría ese disparate? ¿Por qué no los hizo obedientes, buenos, sencillos, manejables y dulces como siempre los imaginamos?

 

Porque Dios quiere hijos, y no esclavos. El amor es una decisión libre, y por eso, la libertad es tan importante para Dios. El problema es que nuestros hijos los «tenemos» nosotros, y su libertad muchas veces choca contra nuestra idealización del hijo. Contra nuestras normas de convivencia, y a veces ¡Contra el mismo Dios!

 

¿Cómo puede ser que ese chiquitín o esa chiquitina que participó en su primera comunión con tanto fervor, de pronto no quiera ir más a Misa? Muchas veces esa revisión de «qué pasó», puede desembocar en una acusación implícita o explícita a nosotros mismos, a nuestra misión como padres.

 

¿Qué hice, o qué hicimos mal para que este pequeño que era tan dócil de pronto se convierta en un rebelde sin causa, que se revuelva contra la autoridad de papá y mamá y quiera «hacer su vida» o que «lo dejemos tranquilo»?

 

4. ¡No pasó nada, ni hicimos nada mal!

 

Nuestros hijos están «haciendo» su camino, y para ello deberán dejarnos, por más que muchas veces les duela a ellos y nos duela más a nosotros. Ellos necesitan resolver sus problemas por sí mismos, porque es una herramienta que necesitan para enfrentar la vida por sus propios medios.

 

Saben instintivamente que no vamos a estar durante toda su vida, y necesitan enfrentar los problemas que generan sus propias conductas en libertad. Podemos pensar en ellos como en pequeñas plantas que hemos mantenido en un invernadero, y que debemos sacar a las condiciones naturales para que se templen, y desarrollen su propias raíces y follajes.

 

El invernadero estuvo muy bien mientras fueron frágiles, ahora es tiempo de que prueben (y especialmente que se prueben a sí mismos) en «condiciones reales». De ese modo, cuando vengan las tormentas de la vida, ya tendrán herramientas para enfrentarlas, porque dejamos que desplieguen sus alas y vuelen.

 

5. ¿Cómo comportarnos ante ese hijo desafiante?

 

Pero mientras tanto, mientras todavía chocamos, mientras nos desesperan con sus actitudes y desafíos, tendremos que saber cómo comportarnos. Qué cosas les ayudan en esta exploración, qué cosas podemos hacer para otorgarles confianza, tal vez para hacer más corto este «recorrido divergente» y este crecimiento, y en última instancia, para no perder la paciencia y perjudicarnos mutuamente en esta etapa de su desarrollo.

 

Para ello me gusta mucho fijarme en la parábola del Hijo Pródigo (o como le gusta llamarla al papa Francisco, la parábola del «Padre Misericordioso»). Viendo la actitud del padre, podremos ver algunas pistas para saber qué hacer en estas circunstancias.

 

6. Tus hijos te van a «pedir la herencia»

 

Como vimos, tarde o temprano, tus hijos van a pedirte «que no te metas más en sus vidas», que te hagas a un lado y te apartes, que ellos necesitan «que los dejes en paz». Te lo garantizo, la primera vez que te pase se te va a partir el corazón en pedazos.

 

No es fácil, no es lindo y es casi seguro que va a suceder, más temprano que tarde. La tendencia natural sería de decirles «mientras dependas de nosotros, cumplirás nuestras reglas». Pero el Padre Misericordioso no hace eso. Al contrario, accede al pedido de su hijo y lo deja ir con «su parte de la herencia» y probablemente con los pedazos de su corazón destrozado.

 

Como te dije en la introducción: ellos necesitan abrirse camino por sus propios medios, necesitan equivocarse y golpearse para poder crecer. Puedes ofrecerle a Dios esos pedazos de tu corazón, para que esa «ruptura» sea fructífera y no tan dolorosa.

 

7. Tus hijos se van a ir a tierras extrañas

 

Cuando se vayan de casa, cuando se vayan a estudiar lejos, o cuando comiencen su vida, habrá tiempos en los que no querrán hablar con ustedes, y sentirás que el corazón se te cae de nuevo a pedazos. ¿Cómo puede ser que no nos quieran llamar, que no quieran pasar su cumpleaños con nosotros, que quieran alejarse voluntariamente de la casa que los vio crecer?

 

Precisamente, porque necesitan ampliar sus horizontes. Conocer gente nueva, experimentar otras formas de ver el mundo, hablar de otros temas, crecer y conocer nuevas experiencias, tal vez algunas que nosotros no nos animamos a su edad… Y también harán algunas cosas que van en contra de nuestras convicciones y creencias.

 

Van a buscarse en tierras extrañas, con la ilusión de descubrirse y encontrarse, pero también… con el riesgo de perderse. ¿Qué hace el Padre Misericordioso?, ¿va a buscarlo?, ¿va a pedirle que vuelva y que no haga lo que está haciendo? ¡No! El padre se mantiene a una respetuosa distancia.

 

Respeta la decisión de su hijo, a pesar de que probablemente haya tenido el corazón hecho trizas. Se mantiene apartado, deja que su hijo busque lo que quiera buscar, incluso con riesgo de que se pierda.

 

8. Puede ser que se equivoquen. Y mucho. Y muy feo

 

El Hijo Pródigo malgasta su herencia en una vida libertina. Nuestros hijos puede ser, que en esa búsqueda de sí mismos, en esa exploración, se equivoquen. Y esas equivocaciones hasta pueden tener consecuencias graves. La herencia del padre se perdió… aparentemente.

 

El hijo, a raíz de sus decisiones equivocadas termina alimentando a cerdos, y deseando comer las bellotas que comen estos animales. Muchas veces, como consecuencia de sus decisiones erróneas, nuestros hijos la van a pasar realmente mal. Nuestra tentación como padres puede ir en dos direcciones, y (en mi opinión) ambas son decisiones equivocadas.

 

En una primera dirección, podremos resolverles el problema, diciendo: «mi hijo no va a comer bellotas de los cerdos», e intervenir con nuestro dinero, recursos o «poder», para que nuestro hijo «no sufra». La otra decisión equivocada sería enfrentarlo y recriminarle por sus errores. «Te lo advertí», «Te lo mereces». La actitud correcta es la del padre. Y ya veremos cuál es.

 

9. Puede ser que pierdan la fe

 

En el sentido simbólico de la parábola, el derroche de la herencia y la vida con los cerdos significan la pérdida de la fe. En esa búsqueda, puede ser que nuestros hijos también la pierdan, y que dejen de practicar la oración diaria, la misa dominical, la confesión.

 

¡Nos desesperamos cuando pasa eso! ¿Por qué, si nosotros les enseñamos bien?, ¿por qué si nosotros rezamos constantemente por ellos?, ¿qué hicimos mal?, ¿qué podemos hacer? Mi querida amiga Silvana Ramos escribió un artículo precioso al respecto, que puedes leer aquí.

 

Pero te lo resumo rápido: la fe es un don de Dios, y nosotros podremos pedirla para ellos, pero nunca podremos reemplazarla forzándolos a hacer prácticas piadosas, por más que a nosotros nos parezca que es lo que tenemos que hacer. Dios quiere hijos, no esclavos.

 

Y tal vez, si los forzamos a hacer cosas contra su voluntad, empeoremos la situación. Paz, y ciencia. Es decir: paciencia. Tengamos paz, sepamos que esto puede suceder y recemos al Buen Dios por la fe de nuestros hijos, que Él nunca deja caer una lágrima de madre o padre en vano.

 

10. El hijo recuerda cómo vivía en la casa de su padre

 

Una de las claves de la parábola es que el hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida como hijo amado. Ahí es donde tenemos que concentrar nuestras energías. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la verdadera herencia del Padre Misericordioso.

 

Y eso se forja antes, mucho antes de que nuestros hijos decidan seguir su rumbo. Por eso es tan importante que durante su infancia y adolescencia nos enfoquemos en que su experiencia filial sea lo más benéfica posible. Que sepamos que el amor que les damos durante su infancia y adolescencia va a moldear su carácter, su modo de ver la vida y su modo particular de amar en el futuro a su esposa e hijos, o a sus hijos espirituales en el caso de que Dios suscite la vocación religiosa o sacerdotal en tu hijo.

 

El amor de los padres es reflejo del amor de Dios, y como tal también moldea la fe de tus hijos. No solo el amor que los padres tienen a los hijos, sino el amor que los padres tienen entre sí, así que ¡A cuidar a tu cónyuge, para beneficio de tus hijos!

 

11. El hijo que vuelve

 

Y un día, el hijo que se rebeló, el que se fue a estudiar lejos, el que no quería saber nada con nosotros, el que incluso nos despreció, vuelve. Me corrijo: no vuelve ese hijo, vuelve una persona renovada, un nuevo hijo. Y generalmente, ese hijo templado por las tormentas de su vida, va a ser extraordinariamente mejor que el que se fue.

 

Y tenemos que hacer como el Padre Misericordioso: devolverle inmediatamente y sin preguntar nada, la dignidad de hijo. Nuestro hijo sigue siendo nuestro hijo, pero con una ventaja: ya es un adulto probado por la vida, y va a poder acercarse y comprendernos mucho mejor a nosotros como padres.

 

Ya vamos a poder hablar de igual a igual, de adulto a adulto, de persona fogueada a persona fogueada. Nuestro amor de padres se va a ver engrandecido por lo que nuestro hijo logró por sus propios medios.

 

*Publicado originalmente en Catholic-Link por Andrés D’Angelo

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06.04.2008
 

El Domingo de Resurrección o Vigilia Pascual es el día en que la iglesia se reviste de sus mejores ornamentos, es la cima del año litúrgico. Es el aniversario del triunfo de Cristo. Es la feliz conclusión del drama de la Pasión y la alegría inmensa que sigue al dolor. Y un dolor y gozo que se funden pues se refieren en la historia al acontecimiento más importante de la humanidad: la redención y liberación del pecado de la humanidad por el Hijo de Dios. Este es el día de la esperanza universal, el día en que en torno al resucitado, se unen y se asocian todos los sufrimientos humanos, las desilusiones, las humillaciones, las cruces, la dignidad humana violada, la vida humana no respetada.

 

Fuentes: ACI Digital, Aceprensa y Catholic.net

 

P.J. Ginés/ReL - 10.09.2020

 

 Foto de Caleb Johns en Unsplash: la fe es una chispa que debe saltar de padres a hijos, pero hoy no lo hace sin intencionalidad ni insistencia de los padres

 

Christian Smith es uno de los sociólogos de la religión más influyentes y divulgadores de Estados Unidos. Fue profesor de sociología 12 años en la Universidad de North Carolina en Chapel Hill, y desde 2006 lo es en la universidad católica de Notre Dame, Indiana.

 

Él insiste en que los padres religiosos, si quieren transmitir la fe a sus hijos, necesitan tenerlo como prioridad declarada. Además, han de hablar específica y personalmente de religión con los chicos entre semana, no sólo el domingo.

 

En una entrevista en CruxNow.com en enero de 2020, Christian Smith determinaba las cosas que funcionan y las que no, según su investigación sociológica, a la hora de transmitir la fe en nuestros días.

 

 

Las 5 cosas que no funcionan para pasar la fe a los hijos

 

1. Padres demasiado pasivos

 

No se esfuerzan, o se esfuerzan poco en transmitir la fe, no actúan sobre el niño en este tema. Así no se pasa la fe.

 

2. Padres demasiado autoritarios

 

"Deben ser padres proactivos, pero no abrumadores", señala el sociólogo.

 

3. Limitarse a 'dar ejemplo', pero sin hablar de la fe en casa

 

"No funciona modelar la fe y práctica religiosa de los niños sin que los padres les hablen con frecuencia de por qué el padre cree y practica; los niños necesitan oir hablar del tema a los padres, no sólo vivirlo", insiste el sociólogo.

 

4. La hipocresía y doble vida

 

Evidentemente, no es eficaz para transmitir la fe decir al niño que ir a misa el domingo o ayunar es muy importante si luego ve que los mismos padres no van a misa o no ayunan. La doble vida es pésimo ejemplo.

 

5. Dejárselo a la escuela o la parroquia

 

La escuela y la parroquia, en realidad, por sí solas no tienen casi eficacia a la hora de transmitir la fe a los niños. Tampoco funcionan apenas, sin los padres, los campamentos, retiros, jornadas... Los niños han de ver que los padres son los que dan ejemplo y lideran el proceso.

 

 

Las 3 cosas que sí funcionan para que los padres transmitan su fe

 

1. Hay que querer realmente transmitir la fe: ha de ser prioritario

 

"Tiene que ser una prioridad en sus vidas [de los padres], tienen que hacer que su vida sea el modelo que desearían que su hijo abrace", advierte el sociólogo.

 

2. Deben hablar con sus hijos de fe, durante la semana

 

"Es absolutamente esencial que los padres hablen con sus hijos de religión, no sólo una vez a la semana, sino regularmente, durante la semana. Hablar o no hablar con los hijos de asuntos religiosos entre semana es uno de los mecanismos más poderosos para la transmisión religiosa a los niños. Cuando los padres nunca, o rara vez, hablan de la religión en términos personales, eso da un fuerte mensaje a sus hijos de que en realidad no es algo importante".

 

3. Es eficaz mostrar a la vez cariño y firme autoridad

 

No funcionan bien los padres no implicados, ni los demasiado autoritarios, ni los demasiado permisivos. Los que transmiten bien la fe (y otros valores) son los que expresan cariño y conexión con los chavales, a la vez que piden altos estándares y son exigentes con los chicos. Dejan espacio a los chicos para que vayan trabajando su propia visión y valores.

 

*Publicado originalmente en ReL

 

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Por LaFamilia.info - 12.11.2019

 

Foto: Pinterest 

 

El bautizo es el primer sacramento que recibimos, eso lo hace verdaderamente especial. Desde aquí comienza un camino espiritual que los padres, junto a los padrinos, debemos recorrer de la mano de los hijos. Por eso, es un momento que vale la pena celebrar, aquí te daremos algunos puntos que debes tener en cuenta para organizar el bautizo de tu bebé.

 

No hay qué hacer una súper fiesta con bombos y platillos, ni caer en excesos de ninguna clase, pero sí puede ser una bonita celebración para compartir en familia, algo muy íntimo y especial, pues es una fiesta de alegría, de luz, por un nuevo nacimiento en el reino de Dios, ¡así que toma nota a estas recomendaciones!: 

 

1. Háblale a tu bebé del bautizo, enséñale su significado  

 

No importa que tenga días o meses de nacido, háblale a tu bebé de lo que va a ocurrir. No entenderá pero irás creando un vínculo emocional entre los dos. Explícale que ocurrirá el día de su bautizo, por qué es un sacramento tan importante, también háblale de sus padrinos y de la bendición tan grande que recibirá el día de su bautizo. 

 

2. Elige los padrinos y recuérdales sus deberes

 

Lo ideal es que los padrinos pertenezcan a la familia o que sean personas muy allegadas a ésta, de forma que vean a su ahijado con frecuencia y no sólo en las fechas especiales del año. 

 

Cabe aclarar que los deberes de los padrinos no son llenarles regalos el día de su cumpleaños o pagarles sus estudios académicos; la verdadera misión de los padrinos es guiar y acompañar a su ahijado en el camino de la vida y de la fe. Como ves, es una gran responsabilidad, ¡asegúrate de escoger unos buenos padrinos para tu bebé! 

 

(También te puede interesar: ¿Eres padrino o madrina?: Esta es tu misión)  

 

3. Cuida los detalles

 

Como toda celebración, cada detalle es importante, ¡y esta no es la excepción! Así comienza por elegir unas hermosas tarjetas de bautizo como las de Cottonbird, serán una linda forma de convocar a tus invitados. 

 

En cuanto a la decoración de la mesa, selecciona arreglos florales sencillos, unas lindas velas o incluso macetas pequeñas con plantas, de forma que le den un toque elegante y especial.  

 

Las tonalidades que más se usan en los bautizos son las claras y pasteles, pero si quieres darle algo de color puedes optar por el verde, para así buscar un estilo muy natural y botánico. 

 

También puedes dar a los invitados un recordatorio de este significativo momento: una velita, una oración impresa en un papel fino, una cruz, un chocolate, un mensaje de agradecimiento… En fin, hay muchas opciones que se pueden personalizar para hacerlo aún más auténtico. Aquí puedes ver más ideas sobre cómo organizar un bautizo.

 

4. Reserva con anticipación la Iglesia y organiza los documentos necesarios

 

Acércate a la parroquia días previos para tener al día todos los documentos necesarios, como por ejemplo la partida de nacimiento, identificación de los padres y padrinos, entre otros. Es mejor que no te lleves sorpresas de último momento. 

 

Igualmente coordina una reunión previa con el Sacerdote que celebrará el bautizo, él les orientará sobre el Sacramento y les informará sobre el ritual de la ceremonia. 

 

Esta celebración reúne muchas alegrías y emociones, ¡por eso haz que sea memorable!