catholic-link.com - 05.09.2022


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Desde hace algunos años el uso indiscriminado de pantallas se ha asentado en nuestras vidas. Más aún en la vida de nuestros hijos. Durante la pandemia el uso de dispositivos móviles y el tiempo conectados se duplicó.

Frente al sinnúmero de recomendaciones y afirmaciones sobre el daño que las pantallas les hace a nuestros niños, los padres parece que hubiéramos perdido la batalla y llega un momento en que ya no sabemos qué hacer. La tecnología nos ha secuestrado a los hijos.

¿Será esto verdad? María Zabala, autora de libro «Ser padres en la era digital», nos ofrece una excelente reflexión sobre este tema.

Ocuparse en lugar de preocuparse

Solemos echarle la culpa a la tecnología, a la cultura, a los amigos, etc. Miramos hacia afuera como tratando de encontrar primero un culpable y luego una receta rápida que nos ayude a cortar el problema rápidamente para poder “seguir con nuestras vidas”. Nos angustiamos enormemente al no encontrar algo que «nos pueda sacar del problema en un clic» y perdemos el tiempo lamentándonos.

No existe tal solución. Es hora de dejar de preocuparse, es momento de ocuparse, ocuparse de los propios hijos. Nos cuesta darnos el tiempo de conocerlos, entender qué es lo que les gusta, por qué ven lo que ven o por qué siguen a quien siguen.

La tecnología por sí misma no es mala. El uso indiscriminado de tecnología no ha traído los problemas solos. Ya teníamos problemas desde antes. Prohibir los dispositivos en la mesa para conversar no surtirá efecto si es que incluso antes de que esos dispositivos no nos hablábamos. No vamos a poder conectar como familia e incluso antes de la llegada de las pantallas ya estábamos desconectados.

Mirar hacia dentro en lugar de hacia afuera

María Zabala nos sorprende con un excelente consejo, pero que a la vez no es nuevo: Necesitamos conocernos. Necesitamos empezar mirando hacia dentro. Reconocernos como padres, mirar a nuestros hijos de cerquita, pasar tiempo con ellos y conectar a un nivel personal.

Por supuesto que en la época de lo rápido, este no es un consejo casi a contracorriente.

La rapidez a la que estamos acostumbrados nos impide mirar lo esencial. Necesitamos darnos cuenta y aceptar que la solución a los problemas con nuestros hijos no va a llegar en forma de receta. O en forma de una lista de tips.

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Aprender a ser padre es un proceso, una responsabilidad enorme a la que hay que ponerle trabajo y esfuerzo. Esfuerzo en amor, en conocimiento y también en formación. Créanme que la recompensa es enorme.

Dejar de buscar recetas y empieza a mirar a tu hijo

No se puede salir de un problema complejo con recetas sencillas. No se trata de quitar, amenazar y prohibir las pantallas. Se trata de lanzarte a conectar con tu paternidad y maternidad. De entender y preguntar a tus hijos, ¿por qué miran lo que miran?, ¿Cuál es la razón de estar pendiente a los likes?, ¿por qué prefieren «conversar» con perfectos extraños y rechazan a sus padres? Conversar y hacerle saber que te preocupas por él/ella.

En algunos casos bastará con empezar a generar espacios para estos diálogos. En otras situaciones hará falta ayuda de un tercero. Lo cierto es que haga falta lo que haga falta, la solución pasa por acortar las distancias con nuestros hijos y conectar como familia. Volverse ese lugar-persona donde descansa, donde encontrar la confianza para ser auténtico y compartir la vida misma.

Todo esto toma tiempo. Ser padre significa responsabilidad e implicación personal, no se puede delegar esta labor a alguien más, mucho menos a una institución o a una escuela. Ser padre no es buscar culpables o de plano echarle la culpa a las Big Tech. Ser padres es tomar el control de tu vida y lanzarte a la conquista de tus propios hijos.

*Publicado en catholic-link.com

 

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