LaFamilia.info
21.06.2008
 

Cuando un joven matrimonio comienza su vida en común, ambos entran a formar parte de una familia extraña: la del cónyuge. Esta nueva experiencia es una situación susceptible a crear conflictos entre la pareja y por esto requiere de un esfuerzo especial para aceptar situaciones que algunas veces no son afines con nuestras costumbres ni modos de pensar.

Lo cierto es que al elegirse el uno al otro, se elige también un poco de la otra familia, puesto que la mayoría de valores que el cónyuge posee, han sido inculcados por la educación que ha recibido. En ocasiones, dichos modos de “hacer” nos parecen realmente diferentes y nos vemos incapaces de aceptarlos.

El nuevo papel: yerno/nuera

Cuando el papel de yernos/nueras es nuevo para nosotros, es normal que al principio no sepamos cómo desempeñarlo correctamente. Poco a poco nos iremos dando cuenta de que, al fin y al cabo, se trata de una nueva aventura interpersonal que necesita requisitos mínimos como:

  • Interés por querer.
  • Afán de mejora personal.
  • Capacidad de perdón.
  • Necesidad de acoger.

El conflicto suegra-nuera es ya un clásico en el ámbito del matrimonio y se deriva de la rivalidad que existe entre el amor de madre y el de esposa. Muchas suegras continúan aferradas al modelo que han vivido durante toda su vida e intentan imponerlo a las nuevas generaciones de nueras, cuyas vidas se desarrollan en una realidad completamente diferente. Las primeras poseen un estatus que se han ganado con sacrificio y esfuerzo, y por lo tanto esperan cierta sumisión por parte de sus nueras. El problema es que, en su mayoría, las recién casadas no están dispuestas a que se las relegue a un segundo plano.

Tipos de Suegras:

  • Cuando una madre fue protectora en exceso, como suegra no tendrá otra identidad que la de seguir actuando como una madre. Insatisfecha en su vida conyugal, deposita en sus hijos su carencia amorosa y confía plenamente en que sean ellos los que la saquen de su soledad, a modo de compensación por la dedicación que ella les ha brindado siempre. Rechaza la independencia y fomenta el apego de los hijos, a quienes agobia con sus excesivos cuidados y recelos. Ellas soportan muy mal el distanciamiento de los hijos y cuando se produce la separación, adoptan una actitud de despecho y verán en sus hijos una especie de traición y en sus nueras, el enemigo que se llevó lo que ellas más querían.
  • También existen las madres que, actuando bajo un disfraz de bondad e inocencia, acaban imponiendo su voluntad ante la de sus hijos. Siguiendo el proceso natural, esta madre se convierte en una suegra que maneja la vida de sus hijos y la de sus hijos políticos como le plazca. Además, tienen la extraña virtud de saber darle la vuelta a las cosas de tal modo que al final siempre acaban adoptando el papel de víctimas.
  • Sin embargo, existe también un tipo de suegra discreta, que no se entromete en la nueva vida de sus hijos y toma al recién llegado como un miembro más de la familia. Se alegran por la felicidad de sus hijos y no se inmiscuyen en sus decisiones ni en su matrimonio. Respetan el vínculo matrimonial por encima de sus propios deseos; son generosas, alegres y se valen del sentido del humor cuando aparece algún problema.

 

Tipos de Nueras

Las “inseguras”: En general esta nuestras se sienten vulnerables y desorientadas ante su nueva situación. Absorben en exceso al cónyuge, filtran toda relación con sus padres y restringen las llamadas y las visitas por miedo a quedarse relegadas en un segundo plano.
Las suspicaces: Son las mujeres que en este nuevo papel dejan aflorar rasgos de susceptibilidad, intransigencia y criticismo. Estas actitudes, a la larga, no harán más que sembrar descortesía y tensión y, por tanto, lo único que recogeremos serán muchos problemas que afectarán a varias personas.
Nueras acertadamente amorosas: Viven con alegría y entusiasmo la etapa que acaba de comenzar. Aprecian las características positivas de su nueva familia, saben encajar con seguridad los comentarios desafortunados y son capaces de perdonar con facilidad. En definitiva, son aquel tipo de nueras que sí están en disposición de querer.

 

El reto de ser esposo e hijo

En este supuesto conflicto suegra-nuera hay otro agente implicado: el marido. Al nuevo esposo le corresponde el papel de facilitar el curso natural de la nueva relación si es capaz de amar de forma madura. Además debe propiciar que las dos mujeres que más quiere aprendan no sólo a aceptarse y a ayudarse, sino también a quererse. Cuidar los detalles como hijo y como esposo es un reto que se le presenta en el camino hacia la madurez emocional. Estas son algunas sugerencias para intentar conseguirlo:

  • No permitir críticas de la una o de la otra y, por supuesto, no trasmitirlas si las hubiera, para evitar enfados innecesarios.
  • Propiciar situaciones de acercamiento.
  • Ante un conflicto, escuchar, hacer que se sientan atendidas y ayudar a restarle importancia al asunto.
  • Hacer llegar los comentarios favorables de la suegra a la nuera y viceversa.
  • Si la situación se vuelve difícil, atender a cada una individualmente, esperar y rezar. Esto nos ayudará a conseguir nuestro ulterior objetivo, que no es otro que el de preservar el vínculo matrimonial.

Fuente: Cómo prepararse para la vida conyugal, de Mar Sánchez Marchori

LaFamilia.info
15.03.2008
 

 

Cuando el diálogo desaparece en el matrimonio, muere el amor y da cabida al resentimiento. Sin embargo, restablecer el diálogo puede devolver la vida a una relación muerta. De hecho este es el milagro del diálogo.

El primer paso del diálogo entre dos personas es el hablarse (y, a veces, escribirse). Es importante decir las cosas, especialmente las cosas bonitas: “yo te quiero mucho”, “te quiero cada día más”. Es importante también decir las cosas que no nos gustan: “esa decisión tuya no me gustó porque fue precipitada”. En las cosas negativas debemos tratar de ser correctos y oportunos.

En pareja, el diálogo es una herramienta básica. Por ello todo esfuerzo de aprendizaje en este campo, especialmente durante los primeros años de convivencia, será muy enriquecedor porque crea el hábito y va dando ocasión de superar dificultades que surgen del temor, de la vergüenza, de la desconfianza, etc…

Es verdad que no se puede estar todo el tiempo hablando de cosas íntimas y profundas, pero tampoco se debe pasar la vida en la superficialidad. Lo importante también es que la pareja asegure su comunión íntima y los dos sabrán si están tocando fondo o no.

Reglas para no ignorar

La primera regla es buscar "tiempos fuera" para dialogar. Dedique al menos una tarde cada mes. Normalmente las parejas logran organizarse para ir a otro tipo de reuniones ¿Por qué no pueden hacerlo para alimentar su propio amor con el diálogo y la comunicación serena?

El siguiente paso es exponer en común los miedos y las dificultades personales para la comunicación que cada uno ha identificado en una reflexión personal, tratando de responder a estas preguntas:

 

  • - ¿Qué miedos o dificultades hemos identificado? Analizarlos conjuntamente y añadir otros que puedan surgir de la experiencia de la pareja.
  • - ¿Cómo afectan estas dificultades a la comunicación de la pareja?

 

Luego se deben tener en cuenta los siguientes siete conceptos para lograr un diálogo de pareja efectivo:

Disponibilidad
Disponibilidad para el diálogo es quererlo, es buscarlo, es estar lo bastante pendiente del otro como para satisfacerle en lo que pueda desear.
- ¿Creemos en la eficacia del diálogo y estamos dispuestos a aceptar de antemano sus exigencias?
- Cuando dialoga con su cónyuge, ¿qué pretende?
- ¿Estamos dispuestos a aceptar la verdad y el bien como el otro la vive o la siente, no como a mí me parece?

Escucha
La escucha requiere una actitud receptiva. Escuchar es más que oír, es abrirse por dentro. Escuchar exige humildad y paciencia, pues ninguno tiene toda la verdad. Escuchar exige sobre todo amor, en los gestos, en la mirada, en la actitud de la persona.
- ¿Cree que el otro tiene siempre algo interesante que aportar?
- ¿Piensa a menudo que usted tiene más razón que su cónyuge?
- ¿Se esfuerza por entender siempre lo que dice el otro?

 

Expresión
El mejor diálogo se produce cuando se dicen las cosas como se ven y sienten, buscando las expresiones que, siendo claras, sean al mismo tiempo amorosas.
- ¿Su hablar es impositivo, a la defensiva o acusador?
- ¿Sucede de vez en cuando que terminan enfadados?
- ¿Su manera de hablar fomenta el diálogo o corta la confianza?
- ¿Es usted terco en sus ideas, hay ironía en sus expresiones?

 

Adaptación
El diálogo debe permitir tomar las medidas justas de cómo es el otro en cada momento, lo mismo que el sastre renueva las medidas cada cierto tiempo, así en cada circunstancia se puede dar el paso adecuado para seguir caminando al unísono. El diálogo necesita tiempo y requiere escoger el momento y el lugar oportunos.
- ¿Ha habido algún descuerdo simplemente por no hablar del problema?
- ¿Cómo encontramos los momentos adecuados para hablar en nuestra ajetreada vida social y familiar?
- ¿Tenemos en cuenta el estado de ánimo de cada uno para estar seguros de que hay el clima necesario que invita al diálogo?

Complicidad
El diálogo hace consciente y expresiva esa relación interpersonal que por venir del amor, no tiene límite. La eficacia del diálogo está en comunicar los sentimientos con la mayor simplicidad y realismo, siempre en actitud de amor.
- ¿Cómo ayuda el diálogo a descubrir y a conocer al otro?
- ¿Existe la suficiente confianza para que el diálogo sea auténtico?
- ¿Qué otros medios existen en el diálogo además de la palabra?

Apertura
Valorar al otro significa maravillarse un poco ante lo que es y lo que dice. La rutina de la vida tapa muchas cosas bonitas y el diálogo ayuda a descubrirlas. Valorar al otro exige que la confianza se gane antes de exigirla.
- ¿Qué lugares o momentos ayudan más para abriros en el diálogo?
- ¿Tiene en cuenta al otro, lo respeta y lo valora profundamente?
- ¿Sucede a veces que, antes de que el otro hable, ya has menospreciado lo que va a decir?

Revelación
El diálogo imita el estilo de Dios que, a través de la revelación y de la oración, ha establecido un continuo diálogo con la Humanidad, diálogo pleno porque no se reduce a un intercambio de ideas sino a una comunicación de vida. Un matrimonio no puede ser silencioso.
- ¿Qué es lo que nos impide ser espontáneos y superar los miedos, los complejos, el orgullo y los falsos pudores?
- ¿Somos capaces de revelar nuestra intimidad al otro cuando dialogamos?

 

El diálogo NO ES:

  • - Una discusión de ideas, buscando quién tiene razón o cómo conjuntar las opiniones de los dos.
  • - Hablar de otros, aunque sea sin espíritu de crítica, en un simple comentario.
  • - Una simple información de las cosas acaecidas o de los acontecimientos previsibles. Es algo muy diferente del telediario o de la sobremesa.
  • - Un monólogo, aunque se haga a dúo.
  • - Una técnica. El diálogo conyugal tiene poco de técnica y mucho de actitud y de ejercicio.
  • - Una cuestión de temas importantes. La vida está hecha de acontecimientos ordinarios y de convivencia de personas, y éste es tema suficiente.

 

Fuentes: Michael Ryan Grace - Catholic.net, pazybien.org

LaFamilia.info
15.03.2008

Hay enormes diferencias entre ser esposo o esposa y ser "un compañero", "un amigo", o un "compañero sentimental"; enormes diferencias entre un compromiso legal y una asociación voluntaria; entre levantarse ante la sociedad y anunciar públicamente tu compromiso y el vivir, simplemente, junto a otro.

El autor de este artículo, Dennis Prager, afirma que al asistir a las bodas de dos de sus hijos vio estas diferencias con más claridad y por eso quiere compartirlas con sus lectores. Ellas son:

Primera diferencia
Desde que te casas, ves la relación con más seriedad. No importa lo que pensabas cuando cohabitabas; en el momento que uno se casa la relación con el otro cambia. Ahora se ha hecho un compromiso con el otro como esposo o esposa delante de casi toda la gente importante de tu vida. Ahora se verán el uno al otro con una luz diferente y más seria.

Segunda diferencia: las palabras sí importan
Las palabras nos afectan profundamente. Vivir con tu "novio" no es lo mismo que con tu "esposo". Y vivir con tu "amiga" o cualquier otro título que le des no es lo mismo que hacer un hogar con tu "esposa". Cuando presentas a esa persona como tu esposo o esposa, estás haciendo una afirmación más importante sobre el papel de esa persona en tu vida que con cualquier otro título.

Tercera diferencia: la legalidad sí importa
Estar legalmente atado y ser responsable por otra persona es algo que importa. Es un anuncio para él/ella y para ti de que toman esta relación con la máxima seriedad. Ninguna palabra de afecto, promesas de compromiso, etc... no importa lo sinceras que sean, pueden igualar la seriedad de un compromiso legal.

Cuarta diferencia: jamás reunirás a tanta gente que te importa
Para ver lo importante que es el matrimonio para la inmensa mayoría de la gente que te importa, piensa en esto: no hay ningún acontecimiento, ninguna ocasión, ningún momento en tu vida en el que tanta gente que te importa se reunirá en un lugar como en tu boda.

Ni el nacimiento de ninguno de tus hijos, ni un cumpleaños importante... Sólo hay otro momento en que se reunirá en un lugar la mayoría de las personas que aprecias y que te aprecian: es en tu funeral. Pero, a menos que mueras joven, para entonces casi todas las personas que amas mayores que tú ya habrán muerto. Así que tu boda es la mayor concentración de seres amados de tu vida. Y eso es por una razón: es el momento más grande de tu vida. Un momento así no sucederá jamás si no tienes una boda.

Quinta diferencia: sólo el matrimonio convierte ajenos en familia
Sólo mediante el matrimonio la familia de tu hombre o tu mujer será tu familia. La boda transforma a la mujer que estaba en la vida de mi hijo en mi nuera, y transforma al hombre de la vida de mi hija en mi yerno. E instantáneamente las bodas me convierten en suegro, cuando antes era sólo "el padre de su novio/a". Fue la idea que más me impactó. Con el matrimonio me convierto en pariente de las parejas de mis hijos. Sus parientes y padres se convierten en familia. Nada comparable sucede cuando dos personas cohabitan sin casarse.

Fuente: Dennis Prager - Conoze.com

LaFamilia.info
18.06.2008

 

La convivencia en el matrimonio no debe significar una actitud de dar sin límites y no esperar nada a cambio. Eso es una falacia y genera desequilibrios que, antes o después, terminan pasando factura.

En la pareja, al igual que en toda relación, hay que dar y recibir. Hoy yo, mañana tú. Las desigualdades pueden dar lugar a situaciones de dominio que a largo plazo generan insatisfacción al menos en una de las dos partes. Por ello, y para preservar la armonía de la vida conyugal, es preciso evitar las siguientes acciones:

  • Esperar a que mi cónyuge adivine lo que quiero y necesito y pretender que se adelante a mis deseos antes de formulárselos, a que renuncie a su vida personal y me coloque en el centro de su existencia, a que sea la procuradora de mi felicidad.
  • Responsabilizarle de mis frustraciones, de que lo que obtengo de mi vida de pareja no corresponde con mis expectativas, así como de los cambios que he tenido que introducir en mi vida matrimonial.
  • Competir por quién es más o menos, mejor o peor, o quién es el que más pone para mantener viva la pareja.
  • Ser infiel al proyecto en común, pero no entendido exclusivamente como las relaciones sentimentales y/o sexuales con otra persona sino en su totalidad.
  • Acumular y no comentar de forma relajada desaires, desacuerdos, enfados, reproches, faltas de respeto y desilusiones.
  • Dudar de la otra persona. Las fisuras por falta de confianza suponen el inicio del resquebrajamiento de la pareja. Es difícil, y muy duro, amar a alguien de quien se duda.
  • Permitir o propiciar los silencios ante situaciones que pueden provocar un desencuentro o bronca. Una circunstancia crítica puede ayudar a aclararnos, a adoptar compromisos y acuerdos. El silencio es el vacío y en éste (aunque en principio pueda resultar apacible y llevadero) no hay nada.
  • Renunciar a formular nuestras quejas, necesidades y querencias de una forma clara, concisa y directa. Hemos de mostrar una clara intención de negociar cambios concretos y de acordar en firme con plazos determinados, todas las cosas que planteamos.
  • La ironía, el sarcasmo, la crítica destructiva, el grito, el insulto, la ridiculización, la descalificación o el desdén al dirigirnos a la otra persona. Las formas cuentan, y mucho. La familiaridad no debe convertirse en ordinariez, falta de respeto o grosería.
  • Relegar las relaciones sexuales a un plano secundario. Son imprescindibles para el mantenimiento del compartir, de la confidencialidad y la ilusión en la relación conyugal. La carencia de estas relaciones corporales abonan el desánimo y la apatía en la comunicación. La rutina y la inercia que la acompaña nos puede llevar a un callejón sin salida.
  • Gestionar mal las cosas prácticas. Una vida en común tiene muchos aspectos tangibles, prácticos y cotidianos sobre los que hay que llegar a acuerdos. Hemos de hacer frente a tareas domésticas, gastos y otros cometidos familiares.
  • Habrá que hablarlo y ver cómo vamos a organizar los gastos, la distribución de las tareas domésticas, la crianza de los hijos o, incluso, las vacaciones. Lo mejor es una negociación continua que se adapta a cada etapa de la relación.

 

Cómo mejorar las cosas

Comencemos por crear una rutina en la que queden desterrados los silencios con significados negativos, los enfados soterrados y los rencores acumulados. En su lugar, hablemos. Pongamos un diálogo constante y la negociación: el consenso y los acuerdos. Ante la discrepancia de opiniones, la alternancia en las decisiones es una buena opción: hoy eliges tú la película a ver en el cine, mañana decido yo a qué restaurante vamos. O cada uno va por su lado, por qué no.

Lo importante es mantener el buen ambiente y evitar los agravios o las desconsideraciones. No temamos los desencuentros ni las crisis, intentemos utilizarlos para fortalecer la relación. Unas buenas habilidades de comunicación nos sacarán de muchos atolladeros.

LaFamilia.info
15.03.2008
 

El amor no basta para asegurar una vida juntos llena de felicidad. En la relación conyugal se interponen obstáculos que sino se identifican y se trabajan desde su raíz pueden amenazar la estabilidad matrimonial. Cuántas veces se oye decir entre matrimonios que han fracasado: “lo amo, pero no podemos vivir juntos”. He aquí algunos de esos ingredientes que sabotean el amor y ponen a prueba la armonía conyugal:

Posesividad: La persona posesiva vigila los "derechos" dentro de la relación y espera la conversión del otro en un objeto de propiedad, logrando que el otro pierda su identidad. En este extremo se desarrolla una relación amo-esclavo, un estado imposible de mantener para el poseedor o imposible de soportar por el poseído.

Celos: Es la sospecha, carga de resentimientos, de motivaciones e influencia de los demás, especialmente de personas del sexo opuesto; es una demanda de lealtad exclusiva. El celoso ve como amenaza los intereses exteriores (trabajo, hobbies, amigos, familiares) del otro. Los celos son un sentimiento que ofrece mensajes claros, como por ejemplo:

- "Cuando haces un compromiso sin consultarme, me siento dejada a un lado y sin derechos".
- "Cuando admiras a otra, lo haces a costa mía. Me estás diciendo que no estoy a su altura".
- "Cuando demuestras interés en alguien, se ve amenazado el lugar prioritario que yo ocupo en tu vida".
- "Cuando defiendes a tu madre o a un amigo en contra mía, me eres desleal".
- "Cuando trabajas en exceso, cuando te absorbes en tu colección de sellos, cuando te vas a pescarcon tus amigos, o insistes en ir a casa de tus familiares; siento que te interesan más otras cosas y otras personas que yo".

 

Concepto de ganador/perdedor en un conflicto: La vida en pareja también se ve saboteada cuando está ligada a la ideología de los contratos legales (un equilibrio básico de dar y recibir; es decir, brindo esto por aquello a cambio). Esta es la ideología de los adversarios

 

  • Temores de hacer daño y salir lastimado: Estos temores actúan como una barrera para la autenticidad; un sabotaje a la comunicación; un cúmulo de quejas "menores" no resueltas. Este tipo de "protección" al otro es un camuflaje de los verdaderos sentimientos por temor a poner en peligro la relación; una auto negación para evitar ser herido.


Uso o abuso del sexo: El hacer uso de la masturbación como castigo deliberado o aislamiento del otro o como represalia por una ofensa o desconsideración, es una terrible arma de alienación y humillación.

La expectativa: "Si me amas deberías saber cómo me siento y no deberías preguntarme". Este es otro ingrediente de sabotaje en una relación. El amor no es una varita mágica que repentinamente nos da una visión completa del estado emocional del otro. Lo que el otro "debería" saber es cómo comunicar sus sentimientos.

Ingredientes de un amor realista

Según Bernhard Yetta, autor del libro "Cómo manejar conflictos de pareja", éstas son las características fundamentales de un amor realista:

Confianza y buena voluntad: Esto significa correr el riesgo de creer en un compromiso mutuo hacia la relación. Confiar significa arriesgarse a revelar cosas propias. Arriesgar que estas revelaciones no se conviertan en un "boomerang", que las confidencias no se vayan a utilizar en contra de uno mismo. Creer o actuar "como si" uno creyera que se dice realmente lo que se quiere decir. Aceptar que las "malas caras" no son intentos deliberados para molestar al otro sino puntos sobre los cuales trabajar. Aceptar las diferencias no como "mejor o peor", "bueno o malo", "correcto o equivocado" sino como conductas y actitudes diferentes que uno debe confrontar realistamente.

Manejar estas diferencias: Puede implicar también crear una tolerancia a la frustración por aquello que no puede cambiarse; negociar lo que se puede cambiar; perdonar los "arranques temperamentales" de uno mismo y del otro y convertirlos en procesos de aprendizaje por medio de la confrontación y el análisis crítico, para alcanzar una conducta más productiva.

La libertad de ser: Esto implica una responsabilidad total por uno mismo en la búsqueda de la identidad y en la validación como ser humano dentro de un proceso de crecimiento. Implica también establecer:

Autenticidad: Proporcionar mensajes claros, sin ambigüedades; evitar "jueguitos"; tener valor para arriesgarse a discordias y hostilidades temporales y saber manejarlas.

Transparencia: Correr el riesgo de ser abierto, de revelar el impacto del otro sobre uno; de volverse vulnerable al "otro" descubriéndole dónde nos duele más, confesando cuál es nuestro talón de Aquiles.

Poder: Volverse significativo para el otro, fijar limitaciones, establecer áreas de autonomía, hacer una declaración de derechos.

Zonas de Autonomía: establecer tiempo y lugar de estar solos para recargar las pilas; un momento de separación y libertad de la vida en común (personal y propio de cada pareja) para evitar sentirse aprisionado en la relación. Estos son los caminos para adquirir respeto por uno mismo, para aprender a valorarse y a apreciarse.

Fuente: Manual de funcionamiento del matrimonio (Red Asesores de Familia - Corporación CED)

 
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¿Cuáles son los factores que influyen en la satisfacción matrimonial a través de los años, tanto en las etapas de tranquilidad como en las de conflicto? Esta pregunta se la hizo la experta en familia Florence Kaslow hace unos años, en una investigación a nivel mundial con más de mil parejas. En su conclusión, se dieron 14 factores comunes en la mayoría de las parejas con matrimonios exitosos, independiente de la cultura o religión a la que pertenecían.

Dicha investigación, que comenzó en Estados Unidos, fue un fruto que maduró después de asistir a múltiples convenciones internacionales de expertos en terapia de pareja y familia. "Quienes trabajamos en esto –afirma la especialista- nos dimos cuenta que nuestro esfuerzo había girado durante largo tiempo en torno a situaciones conflictivas y disfuncionales en las relaciones conyugales y familiares, y que era hora de centrarnos en los aspectos saludables”.

Los estudios con matrimonios de larga duración, formados hace 25 o más años, se llevaron a cabo en siete países. A los encuestados se les mostró una lista de más de cuarenta razones para permanecer unidos y se les pidió que escogieran las más importantes. De los resultados observables en estos estudios llama la atención lo parecidas que son las respuestas, a pesar de la diversidad de los encuestados. Estos fueron los 14 puntos comunes en ellos:

1. La institución es un contrato para toda la vida. Dicha concepción la tienen las casi mil parejas estudiadas.

2. Responsabilidad por la pareja y los hijos en común, sean biológicos o adoptados. Sienten que forman parte del proyecto común y deben cuidarlos, educarlos y quererlos toda la vida.

3. Profesar el mismo credo o tener concepciones similares del mundo. Contar con una fuerza protectora y orientadora que consolide el matrimonio, significa un gran terreno ganado.

4. Llevarse bien con la familia de origen del cónyuge.

5. Llevarse bien con los amigos de la pareja y su círculo social fortalece y enriquece la convivencia marital.

6. Capacidad para resolver las crisis que se dan en la vida conyugal. Provocadas por los cambios que se van produciendo en lo personal, en la pareja y en lo familiar. Eso implica diálogos profundos y periódicos, revisión de las grandes directrices de la unión, capacidad para comprender al otro, muchas veces tener que ceder o transar. "Lo que estas parejas saben es que de las crisis bien resueltas salen fortalecidas, beneficiando a la familia completa".

7. La confianza, según Florence Kaslow, significa "tener fe en el otro, saber que siempre será honesto, leal, fiel, alguien con quien andar juntos por la vida".

8. Respeto. Es el reconocimiento de la presencia del cónyuge como tal, aceptándolo como es: "Convivo contigo siendo tú distinto".

9. Amor y capacidad para expresarlo. Los matrimonios entrevistados reconocen que este sentimiento varía en los distintos períodos. Primero es ciego (amor-pasión), después viene uno más profundo, relacionado con el proyecto común (como tener hijos) y en el que deben jerarquizarse los afectos. Por ejemplo, es natural que la mamá les dedique más tiempo a los niños que al marido, cuando son pequeños, y él tiene que entenderlo. "Lo que se ve en estas parejas es que se dan siempre la oportunidad del reencuentro en el que reviven su pasión".

10. Comunicación entre los cónyuges, el abrirse al diálogo fructífero en torno a sus emociones, pensamientos, desafíos, planes y temas en conflicto, es un elemento fundamental según los entrevistados.

11. Una buena capacidad para resolver sus problemas es otra herramienta matrimonial, "sabiendo escuchar al compañero e incorporándolo en las soluciones".

12. Compartir la misma concepción del mundo, valores e intereses, se considera un punto importante para la buena relación.

13. La preocupación del uno por el otro, de sus necesidades, sentimientos y felicidad, constituye un elemento central para los felizmente casados.

14. Dejarse espacio y tiempo para estar y divertirse juntos. Ponerle una gota de humor a la relación, y aunque parece un ingrediente liviano, le da sazón al matrimonio.



Fuente: puntomujer.emol.com

LaFamilia.info
15.04.2008
 

Los expertos sostienen que uno de los problemas más graves del matrimonio es la incapacidad o falta de deseo entre la pareja de comunicarse. Muchas parejas saben que no se están comunicando, pero desconocen qué hacer al respecto.

El escritor John Powell describe cinco niveles de comunicación que son importante comprender para mejorar la comunicación con su cónyuge:

Nivel 1: Captación profunda. Este nivel se da cuando la pareja armoniza perfectamente en comprensión, satisfacción de la vida afectiva y participación de ideales comunes. La comunicación de estas experiencias personales causa una profunda impresión en la pareja y enriquece su relación. Compartir intimidad, con mucho respeto por la otra persona, es el objetivo final de una buena comunicación de la pareja.

Nivel 2: Sentimientos y emociones. La comunicación en este nivel describe lo que está ocurriendo en el interior de la persona y revela lo que el cónyuge siente en su interior ante una situación cualquiera. Se expresan sentimientos de frustración, enojo, resentimiento, felicidad, amor etc. Si se comparten con la pareja las experiencias y se muestra interés por los sentimientos mutuos, la relación se enriquecerá. Una buena opción es combinar las ideas y opiniones con sentimientos y emociones.

Nivel 3: Ideas y opiniones. Aquí comienza la verdadera intimidad porque se exponen fácilmente los pensamientos, los sentimientos y las opiniones. Se da una mayor oportunidad al cónyuge de conocer su pareja más íntimamente“ Hoy tuve un día muy duro en el trabajo porque tuve que dictar dos conferencias. Una de ellas fue sobre algo que me apasiona como es la pobreza en el Tercer Mundo. Ya sabes cómo me afecta este tema.”.

Nivel 4: Conversación acerca de los hechos. En este nivel se comparte información pero sin involucrar comentarios personales. Se dice lo que ha ocurrido, pero sin expresar lo que se siente. “Hoy tuve un día muy duro en el trabajo pues tuve que dar dos conferencias”.

Nivel 5: Conversación Trivial. En este nivel se da una conversación común. “Qué hiciste hoy?” “Cómo estás?” Aunque tiene poco sentido, esta comunicación es mejor que quedarse callado. Sin embargo, si permanece a este nivel, se vuelve aburrida y genera frustración y resentimiento en la relación de pareja.

Pregunta: ¿En que nivel está usted? ¿Qué podría hacer para mejorar la comunicación con su cónyuge? No se conforme con la situación actual. Recuerde que el amor se construye con acciones concretas diarias.

LaFamilia.info
15.03.2008
 

Dicen que el amor es como una granja. Hay que cultivarlo todos los días para que produzca resultados satisfactorios. El amor, al igual que una planta delicada, requiere de un cuidado diario; si se olvida atenderlo, acabará marchitándose hasta morir.

El amor en el matrimonio puede compararse con las estaciones del año. La época de la luna de miel y los primeros meses de la unión conyugal son como la primavera: todo es poético, luminoso, alegre y lleno de promesas.

Luego llegan los años iniciales, los cuales son ardientes como el verano, aunque a veces se sienta el agobio de las obligaciones familiares como la crianza y educación de los hijos, lo mismo que en la adaptación de la pareja a la vida cotidiana.

El otoño de la vida conyugal es cuando empiezan a deshojarse muchas ilusiones vanas y comienza a recogerse lo que se sembró durante las estaciones anteriores. Los hijos van abandonando el hogar y los esposos se quedan solos.

En el invierno, la pareja llega la final de su jornada y vuelve a estar como al principio: él y ella, esperando la unión eterna.

Saber sortear los problemas

Pero en ese largo recorrido que es el matrimonio, es normal que se presenten obstáculos que ponen a prueba el amor. Para que ellos no acaben con el matrimonio, hay que saberlos enfrentar buscando el remedio adecuado para que no afecten la relación.

Pero ¿cuáles son los obstáculos más comunes del amor conyugal? Albino Luciani (Juan Pablo I) los definió así en su carta a Penélope:

El primero es el descuido en la guarda del corazón, es decir, dejar de considerar al cónyuge como la persona a quien se le será fiel “en la prosperidad y en la desgracia, en cuerpo y espíritu”.

El segundo obstáculo es la monotonía, provocada cuando los esposos caen en la rutina diaria de la casa y el trabajo, y se olvidan de su vida afectiva. ¿Qué hacer entonces? Tratar día a día de rejuvenecer el amor siendo creativos para mantener el amor vivo con detalles. En otras palabras, vivir como novios.

El tercer obstáculo son los celos, lo cuales en vez de ennoblecer el amor, lo humillan y lo corrompen. 

Las disputas y las discrepancias son el cuarto obstáculo del amor conyugal. Aunque todos los esposos tienen momentos de mal humor y de contrariedad, se necesitan dos para comenzar una pelea o una discusión.

Cuando en un matrimonio se comienzan a presentar discordias de carácter serio y frecuente, se debe buscar la forma de resolverlas tan pronto sea posible pues puede llegar a ser demasiado tarde. Lo importante es aprender a ceder y no empecinarse en que uno tiene toda la razón.

No se debe olvidar que en la mayoría de los casos los hijos son los que sufren las consecuencias cuando hay discordias conyugales. El ambiente familiar se traumatiza y se termina la paz y la unión, provocando que los hijos tomen partido y se pongan de lado de la madre o el padre.

Fuente: Colaboración de Coloquios de J.M.

LaFamilia.info
15.03.2008
 

Para los estudiosos de la familia, uno de los más grandes retos es entender por qué las relaciones de pareja se deterioran a través del tiempo. Cuando esto sucede, la relación se lanza hacia un precipicio de amargura, y las personas cambian el placer perdido del encanto mutuo, por satisfacciones económicas o sociales, o se gratifican tratando de hacer felices a los hijos.

El psiquiatra Ramón Rojano de la Hoz escribió un artículo sobre las causas del fracaso matrimonial con base en el análisis de aproximadamente 200 casos de conflictos conyugales y 50 conflictos entre novios atendidos en consulta, así como de algunos peritazgos psiquiátricos en solicitudes de anulaciones matrimoniales y de entrevistas a algunas personas sobre el tema. Estas son las conclusiones del autor:

Etapas del ciclo vital

Para recorrer históricamente un matrimonio es necesario tener en cuenta el ciclo vital de la familia, es decir, cada una de las etapas por las que evoluciona una pareja desde el momento en que se conocen.

  • El conocimiento previo
  • El noviazgo
  • El convenio matrimonial
  • El matrimonio
  • La luna de miel
  • El inicio de vida aparte
  • El nacimiento del primer hijo
  • El nacimiento de otros hijos
  • Su escolaridad
  • Su adolescencia
  • Su noviazgo y matrimonio con la iniciación de otra familia
  • El nacimiento de los nietos
  • La jubilación o retiro del trabajo
  • Y la muerte de uno o de ambos cónyuges

Cada etapa trae nuevas obligaciones y la familia debe ajustarse a esos cambios. Es decir, es casi imprescindible que la pareja, cada cierto tiempo, haga una renegociación de su convenio anterior. Sin embargo, lo que observamos frecuentemente es que, por la distancia emocional y el escaso diálogo, se dejan ir a la buena ventura de los acontecimientos.

El ciclo psicológico

Al margen del ciclo vital, las parejas pasan por un proceso emocional que va del encanto y la idealización al desamor y el conflicto. En muchas ocasiones no se necesitan más de dos o tres años para llegar allí. Las etapas emocionales por las que se pasa son más o menos las siguientes:

1.    La fascinación o enamoramiento
2.    La idealización
3.    La negación o minimización de los problemas del otro
4.    El pensamiento mágico
5.    El descubrimiento de la real magnitud de las limitaciones del otro
6.    La proyección. Poner en la pareja la responsabilidad de los problemas
7.    La lucha por tratar de cambiarlo
8.    La frustración
9.    El conflicto como paso obligado en el proceso
10.    El desenamoramiento
11.    La pérdida de la esperanza en la felicidad conyugal
12.    El divorcio emocional
13.    La resignación
14.    La búsqueda de compensaciones externas a la relación (licor, trabajo, juego, familiares, hijos, lujos, amantes, etc.).
15.    La cronificación del conflicto (hacerlo crónico)
Podemos observar que las parejas entran en una etapa de adaptación al conflicto. No le encuentran salida a la dificultad y aprenden a vivir así. Para eso, comúnmente hacen negación del problema y, por días enteros, pueden dar la impresión de ser una pareja feliz. Hacen lo que podemos llamar capitulaciones falsas, porque muy pronto vuelve a estallar la crisis. Es un vaivén emocional muy frustrante que generalmente hace mucho daño a los hijos.

Actitud frente a los problemas

Luego de cierto tiempo de unión conyugal, comienza a desmoronarse la idealización y la magnitud de las dificultades aparece crudamente día a día. En ese momento, para poder corregir los errores, se necesitaría asumir una posición muy madura y firme, pero, desafortunadamente se presentan muchas limitaciones en la actitud que se toma.

La gente se queda aguardando pasivamente por un futuro más acogedor que generalmente no llega. Lo más común, es la confianza en que el tiempo solucionará las dificultades. Otro intento de solución mágica es la utilización del embarazo como evento salvador. Se le atribuyen al futuro hijo funciones de terapeuta de pareja. Otro recurso que utiliza la mujer es la búsqueda de adivinos, hechiceros y similares para tratar de solucionar los problemas. Y los maridos, muy comúnmente, intentan apaciguar el mal genio o las quejas de las esposas con dinero o con regalos.

Todas estas son acciones equivocadas porque están al margen del problema. Son tácticas de evasión de la realidad, algo así como acumular basura debajo de la alfombra.

Otros intentos de solución que no funcionan

Los fracasos en el intento de solucionar los problemas mágicamente conducen a la pareja a utilizar otras estrategias que, aunque no han sido coordinadas entre ellos, apuntan a lo mismo: tratar, por medios errados, que el otro cambie.

El error más frecuentemente cometido es aguardar los momentos de tensión para reclamar los derechos personales agresivamente: Una mujer que no se siente satisfecha con su vida sexual, luego de diez años de silencio al respecto, en un momento violento puede gritar: “! Es que tú, ni como hombre me sirves!”.

El conflicto

Las raíces del antagonismo se encuentran en las primeras etapas del ciclo vital. Las agresiones que aparecen y se incrementan poco a poco son la manifestación de descargas anteriores represadas, y significan la capacidad de atreverse a decir lo que no se dijo, a luchar lo que no se luchó antes.

El paso del tiempo va brindando confianza, pero confianza que sirve no para comunicarse más profundamente, sino para aliviar un poco el temor al conflicto. Muchos cónyuges después de la separación se manifiestan sorprendidos de las “verdades” que oyeron días antes de separarse. Cabe preguntarse cómo es posible que conceptos, rencores, dudas, y otros recuerdos y sentimientos tan importantes se hubieran escondido durante tantos años.

Fuente: Libro “Protagonistas de la separación” Familia y sociedad, Audiovisuales Cenpafal, 1987