Por LaFamilia.info

Lo que antes era un anhelo de los recién casados, hoy ya no es su prioridad; nacen así los denominados ‘childfree‘ o ‘dinks’ (‘double income, no kids’ que se traduce a: doble ingreso, no niños) son parejas de nivel socio económico medio-alto, que han decidido como proyecto de vida no tener hijos e invertir sus ingresos en ellos mismos.

 

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Dicen que los polos opuestos se atraen... Basta observar las parejas que le rodean, incluso la propia, para darse cuenta que por lo general los cónyuges tienen personalidades diferentes; y en algunos casos son completamente opuestas. Sin embargo, estas disparidades de carácter no tienen por qué significar algo negativo, pues con el debido aprendizaje, pueden llegar a ser grandes aliadas de la relación conyugal.

 

El matrimonio es una pequeña empresa que necesita de varias habilidades humanas para que tenga permanencia en el tiempo, crezca diariamente, se mantenga unida, fortalecida y además genere "ganancias". Como el ser humano está en la permanente búsqueda de su desarrollo personal, tenemos las limitaciones propias de nuestra condición humana. Pero en el matrimonio, éstas se pueden convertir en fortalezas cuando se complementan unas con otras.

 

Cómo convertir las diferencias en oportunidades

 

Somos seres únicos e irrepetibles. Esta propiedad, como puede separar, también puede complementar y enriquecer las relaciones, hasta se podría afirmar que son necesarias: una misma situación vista desde diferentes ángulos, tiene mejores soluciones.

Los extremos son dañinos y perjudican las relaciones, pero gracias a los defectos de uno y las fortalezas del otro, el matrimonio se puede convertir en una sociedad armónica, equilibrada y efectiva. Veamos algunos ejemplos: mientras que una persona es cautelosa en los gastos, la otra es derrochadora; mientras que uno es muy nervioso, el otro es ecuánime; mientras que uno es drástico y autoritario con los hijos, el otro es más flexible; mientras que uno es desordenado, el otro es cuidadoso del orden; mientras que uno es realista, el otro es un eterno soñador; mientras que uno es lento e indeciso para tomar decisiones, el otro es seguro y decidido; mientras que a uno le cuesta socializar, el otro es extrovertido; mientras que uno es bueno para las finanzas familiares, el otro es bueno para la búsqueda de planes vacacionales… Dependiendo de la situación, serán necesarias ambas posturas de la vida para lograr un objetivo determinado. Así las diferencias toman un aire distinto, pues son asumidas como apoyo y no como impedimento.

 

Lo ideal es buscar un punto medio y así lograr que estas disparidades se conviertan en un instrumento para crecer juntos, mas no en ocasión de conflicto. La idea es que el cónyuge con determinada carencia, sea instruido y apoyado por su pareja. En este punto juega un papel importante la madurez para entender la buena intención del otro.

 

Puede suceder también que ambos esposos tengan las mismas características, en este caso es probable que se presenten momentos de desajuste al perder el equilibrio en la balanza, lo recomendable sería que los dos manifestaran y reconocieran su deseo por mejorar, y unidos proponerse a superar este impase.

 

Esta estrategia funciona bastante bien, se puede sacar provecho de las diferencias y en lugar de estar lamentándose y criticar las faltas del cónyuge, sacar partido de ello buscando el beneficio personal, matrimonial y familiar.

 
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Si bien la lista de causas que llevan a las rupturas conyugales son variadas, se observa ahora que el aburrimiento está haciendo estragos en los matrimonios, provocando que el proyecto común sea cada vez menos duradero.


Aunque el aburrimiento en el matrimonio no es exclusivo de los tiempos modernos, sí hay una variación respecto a la forma de afrontarlo, que es precisamente el “no afrontarlo” y “sí evadirlo”. Pensamiento que podría tener explicación cuando vivimos en una civilización que insiste en el goce máximo a costa de cualquier cosa, motivando a las parejas a centrar sus expectativas en la inmediatez; de ahí que cuando apenas desaparece el encanto de los comienzos, echan mano de la primera solución: el divorcio.

El aburrimiento en el ser humano

El aburrimiento es un estado emocional negativo que se relaciona con la apatía, la insatisfacción y la falta de interés. Se puede decir que es también una actitud personal determinada por la pobreza de iniciativas para salir de una situación rutinaria. Asimismo, el aburrimiento nubla las perspectivas de futuro, causando un temible desinterés en los planes, en las personas y/o en la vida como tal.

Aníbal Cuevas, reconocido orientador familiar y escritor, señala: “La cuestión del aburrimiento tiene mucho que ver con la falta de ilusión y el olvido de los detalles. Normalmente llegan al aburrimiento quienes han perdido la capacidad de asombro y de ilusión por falta de práctica”.

Del mismo modo, Viktor Frankl, neurólogo y psiquiatra austriaco, expone: “El aburrimiento, síntoma del vacío existencial, se ha convertido en la enfermedad colectiva de la cultura occidental”.

Pero el aburrimiento se puede evitar. Volvemos a la famosa regla de oro: dichas amenazas causarán más o menos estragos en función de la actitud con la que cada quien las enfrente.

Amenaza para los cónyuges

 

 El aburrimiento en el matrimonio es la raíz de otros males que lo aquejan. “Ocurre muchas veces que, sin palabras, se establece una especie de acuerdo para vivir aburridamente juntos el resto de sus vidas, que más que promesa de un alentador proyecto de vida, parece más una condena; alguno de los dos, o los dos, buscan fuera la novedad, los estímulos que les devuelven las ilusiones y las ganas de vivir. No tiene que ser un amante. A veces es el trabajo, otras serán nuevas amistades no compartidas con la pareja; nuevos o viejos pasatiempos individuales, aficiones o adicciones. Es como si se experimentase que la auténtica vida, al menos la más estimulante, está fuera de la pareja” explican desde el portal Apoyomatrimonial.com.

 

Por obvias razones, llegará un punto en que el tedio ya no se soportará más y sin necesidad de haberse producido una circunstancia extrema, la relación se disolverá. Por eso es tan importante evitar el aburrimiento antes de que llegue. Aunque si ya ha llegado, también se puede salir de él. 

4 Claves para combatir el aburrimiento en el matrimonio

1. Volver a ser novios

 

Detengámonos a pensar cuál es el comportamiento de un hombre y una mujer que recién se conocen y están comenzando una relación: comparten algunos hobbies, ponen especial cuidado a su aspecto físico, a los modales, a la forma de expresarse ante el otro, además son atentos entre sí, realizan planes diferentes, se ríen más tiempo de lo que discuten, se comunican; en fin, se conquistan día a día en las minucias. Volver a ser novios es una eficaz manera de combatir el aburrimiento conyugal.

2. Renovar el matrimonio

 

No cabe duda que es necesario renovar el matrimonio. Y esta renovación incluye el romanticismo y el cuidado de los pequeños detalles, aspectos que reciben tanta atención en los inicios de la relación.

 

3. Saber cambiar juntos

 

No nos vamos a quedar de 20 años para siempre, todo va cambiando a medida que se va avanzando en el camino. Por eso hay que descubrir y comprender cada etapa que vive esa mujer o ese hombre que está al lado, en vez de buscarse uno nuevo. Sabemos que las discusiones y las diferencias siempre van a existir, por eso hay que trabajar juntos –hombro a hombro- en la relación conyugal, y volver a sacar brillo al matrimonio.

 

4. Querer trabajar por el matrimonio

 

Aníbal Cuevas, autor citado al inicio, explica: “Para disfrutar del matrimonio hace falta estar enamorado y para estar enamorado hace falta estar dispuesto al sacrificio. De esta manera la felicidad es consecuencia del olvido de uno mismo y la entrega al otro en lo cotidiano de cada día. Si te lo propones, se pasa muy bien en el matrimonio”.

 

 
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El matrimonio tiene mucho que ver con el arte de cocinar. Se seleccionan los mejores ingredientes, se prepara cuidadosamente y se realiza un proceso de cocción. Luego se prueba y se plantean mejoras para que la próxima versión sea superior. Así debe ser el matrimonio, un proceso en permanente construcción para lograr un estupendo resultado, dando siempre lo mejor de cada uno. Y estos cinco ingredientes que no deben faltar:

1. El buen humor

Si bien es importante llevar una vida ordenada y con cierta estructura, igualmente es primordial ser flexible ante las circunstancias desfavorables que hacen parte de la naturalidad de la vida. Una sonrisa en medio de un ambiente tenso, puede despejar la hostilidad y cambiar el rumbo de una situación que seguramente no iba a desembocar en un buen final.

Francisco M. González en un artículo publicado por The Family Watch anota lo siguiente: “¡Cuántas amargas discusiones de pareja se evitarían si ante un malentendido, una presunción equivocada, el error inevitable o el despiste habitual, en lugar de la “chispa incendiaria” saltara la carcajada o la sonrisa franca y natural! En el fondo, el optimismo y el buen humor en el matrimonio creo que indican, también, madurez, imaginación y no tomarse por la tremenda lo que no tiene tanta importancia”.

2. La creatividad

En entregas anteriores, hemos tratado el tema de la rutina y el peligro que ella representa para el matrimonio (Ver: 8 Estrategias para romper la monotonía matrimonial). No es de extrañar pues, que los quehaceres de la vida diaria desplacen los espacios que los cónyuges están llamados a compartir juntos, ¡gran error! Por ello se convierte en una tarea apremiante, el buscar alternativas que rompan la monotonía e inviten a la re-conexión de la pareja.

3. La comunicación

Se especula que la mayoría de las crisis matrimoniales tienen el mismo origen: falta de comunicación. No hay nada que una buena plática no pueda solucionar, el diálogo es una herramienta básica de toda relación humana y en especial cuando se trata de la conyugal.

Los esposos han de adoptar la comunicación como su aliada, su compañera y así llegar a conocer al cónyuge de manera tan profunda, que dicho conocimiento puede evitar situaciones que causen disgusto. Una pareja que se comunica, es una pareja que se reconoce, que identifica las fortalezas y debilidades del otro y sabe además encontrar un apoyo en los momentos de dificultad. La comunicación genera lazos de confianza e intimidad que fortalecen la relación. Un diálogo sincero, sereno, amoroso y respetuoso hace maravillas, incluso en ciertos casos, puede ayudar más que cualquier terapia.

4. El respeto

Una relación de respeto, es una relación fiel, sincera, amorosa. La autora Sheila Morataya Fleishman habla con relación a este tema y expone: “¿Recuerdas la primera vez que tuvieron una pelea y preferiste guardar silencio? O por lo menos ¿no alzaste la voz? Lo hiciste por respeto, ¿verdad? (…) La actitud `respeto´ hacia lo que el cónyuge es, decide, hace y opina es básica para que la relación de pareja no sufra heridas que con los años si no se cuidan pueden volverse en verdaderas llagas que jamás podrán cerrarse. El famoso filósofo Dietrich Von Hildebrand llamaba al respeto `la madre de todas las virtudes´, e insistía en que el respeto es la clave para una vida feliz y desde luego para un matrimonio feliz”.

Las faltas de respeto resquebrajan el amor e impiden además el desarrollo humano; desterrar estas negativas conductas, se convierten en una de las búsquedas incesantes del matrimonio.

5. La confianza

Todo aquello que se basa en la confianza, tiene un éxito casi que seguro. El confiar en el cónyuge, es decir, confiar en su amor, en sus capacidades, en sus promesas… es un acto que provee solidez a la relación. Depositar en el otro la confianza, es un acto de amor, es más, el matrimonio en sí mismo, es una demostración maravillosa de confianza, se entrega al otro lo mejor de sí para formar uno solo.

No olvidemos estos cinco ingredientes que están de lado del matrimonio, se encuentran al alcance de los esposos para servirles, ayudarlos y mantenerlos fortalecidos.

 

LaFamilia.info - 21.02.2014
 

Hoy en día existe un temor a tomar decisiones definitivas como es el matrimonio, pues se considera imposible mantener vivo el amor a través de los años. Sobre este tema ha hablado el Papa Francisco con motivo del mes de los enamorados, quien invita a no dejarnos vencer por la “cultura de lo provisional” pues el amor que funda una familia tiene que ser “un amor para siempre”.

Qué entendemos por “amor”

Con la sabiduría y simplicidad que lo caracterizan, el Papa Francisco inicia con una importante aclaración sobre el verdadero significado del amor, pues ante el temor del “para siempre”, lleva a muchos a decir: “Estamos juntos hasta que nos dure el amor...”. Por lo tanto cuestiona diciendo:

“¿Qué entendemos por "amor"? ¿Solo un sentimiento, una condición psicofísica? Ciertamente, si es así, no se puede construir encima nada sólido. Pero si el amor es una relación, entonces es una realidad que crece y también podemos decir, a modo de ejemplo, que se construye como una casa. Y la casa se edifica en compañía, ¡no solos!. No querréis construirla sobre la arena de los sentimientos que van y vienen, sino sobre la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios”.

“El matrimonio es un trabajo de orfebrería que se hace todos los días a lo largo de la vida. El marido hace madurar a la esposa como mujer, y la esposa hace madurar al marido como hombre. Los dos crecen en humanidad, y esta es la principal herencia que pasan a los hijos.” Añade.

Tres palabras en las que se debe basar un matrimonio

El Papa aclara que el “para siempre” no es sólo cuestión de duración. “Un matrimonio no se realiza sólo si dura, es importante su calidad. Estar juntos y saberse amar para siempre, es el desafío de los esposos.”

Y habla sobre la convivencia matrimonial: “La convivencia es un arte, un camino paciente, hermoso y fascinante... que tiene unas reglas que se pueden resumir en tres palabras: ¿Puedo?, gracias, perdona.

¿Puedo?. Es la petición amable de entrar en la vida de algún otro con respeto y atención. El verdadero amor no se impone con dureza y agresividad. Y hoy, en nuestras familias, en nuestro mundo, a menudo violento y arrogante, hace falta mucha cortesía.

Gracias. No es sólo una palabra amable para usar con los extraños, para ser educados. Es necesario saber decir gracias para continuar adelante juntos.

Perdona. En la vida cometemos muchos errores, nos equivocamos tantas veces. Todos. De ahí la necesidad de utilizar esta palabra tan sencilla: “perdona”. En general, cada uno de nosotros está dispuesto a acusar al otro para justificarse. Es un instinto que está en el origen de tantos desastres. Si aprendemos a pedir perdón y perdonar a los demás, el matrimonio durará, saldrá adelante.”

Finalmente, el Papa expresa con una chispa de buen humor: “Todos sabemos que no existe la familia perfecta, como tampoco existe el marido perfecto ni la mujer perfecta. Ni hablemos de la suegra perfecta…”.

Francisco Gras - LaFamilia.info

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Cuando el matrimonio pasa por un mal momento, hay ciertas señales que pueden alertar a la pareja de que algo no anda bien. Detectarlas y afrontarlas a tiempo, es una de las claves para impedir que las crisis hagan mella en la relación matrimonial.

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Muchas veces los afanes de la vida, hacen que se dejen de lado las cosas sencillas que alimentan las relaciones, en especial la conyugal. Evitar algunos malos hábitos, así como emitir ciertos gestos, actos y palabras en los momentos más oportunos, pueden mejorar ostensiblemente el matrimonio.

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Hay algunas actuaciones que pueden ayudar a fortalecer o a debilitar la relación conyugal, y precisamente por lo simples que son, pueden pasar desapercibidas y menospreciar su importancia. 

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Hay una gran diferencia entre esperar que las cosas sucedan y hacer que las cosas sucedan. Para mantener vivo el amor a través de los años, hay que trabajar en ello, pues no es algo que se de por hecho. Ambos cónyuges deben buscar la forma de enamorarse todos los días.

 

Varias veces hemos escuchado que el amor es similar a una planta, la cual hay que regar todos los días, sacarla un rato al sol, echarle abono, quitarle las hojas deterioradas, en fin, cuidarla para conservarla viva. De igual manera sucede en la relación conyugal, todos los días debe haber un cuidado que hacer para que el corazón no deje de latir.

 

Las siguientes son cuatro propuestas de fortalecer el amor, pero hay muchas más, es cuestión de “querer, querer”.

 

1. Dedicarse tiempo

 

Para conectarse de nuevo hay que dedicarse tiempo el uno al otro, pero ese tiempo debe ser de calidad; sin prisas, sin hijos, sin quejas, ni reclamos. Los especialistas aseguran que una cita semanal fortalece el matrimonio, pues mejora la comunicación, aligera el estrés y favorece la relación romántica y sexual.

Además de una cita semanal, es importante que la pareja busque otros espacios para disfrutar de la compañía mutua, como por ejemplo, compartir un hobbie, practicar algún deporte, tomarse un vino después de la jornada laboral, ir al cine... También se puede sacar provecho de las actividades cotidianas: hacer las compras en el supermercado, llevar a los hijos al colegio, desayunar antes de salir de casa, encontrarse para almorzar, entre otras.

 

2. Recuperar el romanticismo

 

Si bien el romanticismo se suele asimilar sólo con el noviazgo y el enamoramiento, en el matrimonio puede tener aún más importancia. “Hay parejas que creen que ya no están enamorados, porque no sienten esa emoción que muchas veces sentimos cuando estamos en la adolescencia, y en la juventud, pero esto es sólo una confusión, porque cuando estamos realmente enamorados de la persona con la que estamos casados, los sentimientos son diferentes, porque simplemente ha madurado nuestro amor, nuestro sentimiento, y nuestra relación en general.” Explica la autora y educadora Maria de los A. Pérez.

 

El romanticismo es por lo tanto, la forma como los cónyuges recuerdan y reviven la decisión de amarase. Por eso, más que una flor, unos chocolates o una cena -que también son necesarios-, el romanticismo es volver a cuidar de los detalles, puede ser una llamada, un abrazo, un gesto de colaboración, una palabra cariñosa, como también cuidar la apariencia física para agradar al otro, cuidar los modales... En fin, es un trato cálido y delicado, propio de una pareja que busca cultivar su amor.

 

3. Demostrarle al otro que es importante

 

La rutina y las diversas ocupaciones muchas veces hacen que nos olvidemos del cónyuge, damos por sentado que está bien y no nos damos a la tarea de escucharle, de preguntarle cómo se siente. Esto genera un clima de despreocupación por el otro y muchas veces de discusión.

 

El diálogo es la vía por excelencia para conocer qué le pasa al otro, tal vez detrás de los reproches, el mal genio y las disputas, hay temores e inseguridades que sólo se pueden descubrir tras una charla de completa intimidad con el cónyuge. De estas conversaciones se suelen sacar frutos que mejoran la relación, pues se toma conciencia de que sólo el cónyuge, puede ser esa persona que nos llena, nos escucha, nos apoya, y por eso se reafirma la decisión de haberla elegido.

 

4. Aprovechar las crisis

 

Los expertos aseguran que las crisis que acompañan las diferentes etapas del matrimonio (no todas las parejas son propensas a ellas) si son bien manejadas, ayudan a descubrir situaciones de mejora en ambos y rompen con la rutina que es el enemigo número uno del amor conyugal. Las pequeñas discusiones se pueden aprovechar, pues las reconciliaciones por lo general, terminan en una noche romántica.

 

Disposición y voluntad, este es el comienzo de todo buen plan de acción. Para sacar adelante el matrimonio, hay que cuidar de esa mujer o ese hombre que está al lado, en lugar de buscar su reemplazo.

 

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