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Con el objetivo de crear conciencia en este Día Internacional contra el Cáncer de Mama -19 de octubre- hablaremos de una forma muy eficaz de prevenir esta enfermedad: la actividad física.  

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05.07.2010

 

 

Varios estudios confirman que cada vez son más las mujeres que prefieren aplazar su maternidad por diversas razones, no obstante, una gran mayoría de médicos aseguran que la edad de la mujer es determinante en el proceso de concepción.

 

Durante largo tiempo se ha debatido en el campo de la medicina sobre las implicaciones de un primer embarazo después de los 35 años, entre las que se encuentran la esterilidad y las posibles enfermedades que pueden desarrollarse en el bebé y en la madre.

 

Según los especialistas, a partir de los 30 años el número de ciclos ovulatorios disminuye y por tanto el porcentaje de fertilidad baja hasta en un 40%, la posibilidad de esterilidad es seis veces más alta que a los 20 y vuelve a duplicarse a los 40. Después de los 45 años, hay muy pocas probabilidades de quedar embarazada utilizando los propios óvulos, en parte debido al inicio del climaterio o pre-menopausia, en la cual hay un cese permanente de la actividad ovulatoria del ovario.

 

“Cuanto mayor es la edad de una mujer que desea ser madre, menor es la probabilidad de conseguir un embarazo y mayor es el riesgo de que surjan complicaciones después”, informa Bernat Serra, jefe del servicio de obstetricia de USP Institut Dexeus.

 

Dificultades en la gestación después de los 40 años

 

Al entrar a los 40 años, hay más probabilidades de desarrollar problemas como hipertensión arterial, alteraciones del metabolismo de los azúcares (diabetes gestacional), alteraciones placentarias, complicaciones al momento del parto, así como trastornos cromosómicos entre los que se encuentra el Síndrome de Down.

 

“Las mujeres de más de 40 tienen un mayor riesgo de dar a luz a un bebé con bajo peso o un bebé prematuro. Los porcentajes de bebés que nacen sin vida son también más altos y los estudios demuestran que los niños nacidos de mamás de más edad presentan un mayor riesgo de diabetes del tipo 1 e hipertensión arterial”, afirman los expertos de Baby Center España.

 

Fuera de las condiciones físicas, el retraso de la maternidad también acarrea otro tipo de consecuencias:

 

  • • El ciclo natural de los seres humanos implica una baja en la vitalidad y energía con el paso del tiempo, por tanto, comenzar a educar hijos a los 40 años o más, puede ser más fatigoso para los padres.
    • También en los hombres hay algunos inconvenientes que se presentan con la edad. Aunque ellos son físicamente capaces de generar vida después de los 60 e incluso años después, la calidad del esperma se deteriora con la edad y el porcentaje de defectos genéticos es más alto que con el esperma de hombres más jóvenes.
    • En cuanto al tema financiero, la edad para la jubilación podría postergarse unos años más, pues si previamente no se ha hecho un ahorro juicioso y programado que permita solventar las necesidades materiales de los hijos, será más difícil hacerlo en la etapa productiva como es de los 20 a los 48 años.
    • Igualmente los seguros de vida y salud, también tienden a subir su precio con el paso de los años del beneficiario.

Beneficios de ser padres jóvenes

 

“Jóvenes” no quiere decir “adolescentes”, sino una edad óptima en donde el hombre y la mujer en su condición de esposos, tengan la madurez necesaria para concebir un hijo. En la juventud todo está dado para garantizarle a la nueva vida unas condiciones físicas y sicológicas necesarias para la educación y la crianza.

En síntesis, un hijo siempre será recibido como una magnífica bendición sin importar la edad, aunque el cuerpo de la mujer esté en mejores condiciones en su plena juventud.

 

Con asesoría de la Dra. Catalina Trujillo de Cano, MD. Clínica Universitaria Teleton

Fuentes: guiainfantil.com, lavanguarida.es, babycenter.es

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02.05.2008

 

 

Hay días en que se siente el peso cuando eres madre de familia. Hay días en que todo te fastidia, como cuando estás en el teléfono y uno de los chicos entra a decirte que si lo puedes llevar a tal lado, que si le das esto o aquello, como si no fuera obvio que en ese momento estás ocupada; por dentro piensas, '¿Qué no ves que estoy en una llamada?, obviamente no!', ni lo toman en cuenta; igual si estás cocinando, o limpiando el piso, o poniendo la ropa en la lavadora; parece que fueras una persona invisible: la mamá invisible.

 

Algunos días se siente como si fueras solo un par de manos....me arreglas esto?, me abres esto?, me amarras acá?, me abotonas....?;

Otros días me he sentido un reloj que solo da la hora....ó la guía de los canales televisivos: en qué canal está el Disney Channel?...

Otras veces he estado segura de que estas manos que alguna vez sostuvieron libros entre sus manos, hicieron excelentes trabajos en la universidad, y recibieron el título universitario se han perdido entre huevos fritos, arroz y guisados, lavadoras y el volante del auto.

 

Una noche asistí a una reunión de amigas para dar la bienvenida a una de ellas que volvía de un viaje increíble.

 

Estaba ahí sentada y en un momento empecé a comparar mi vida con la suya y no pude dejar de compadecerme.

 

De pronto ella se me acercó con un paquete envuelto para regalo y me dijo: te traje este libro de las más hermosas catedrales en Europa. No entendí por qué me lo había traído.

 

Llegué a mi casa, lo abrí y la dedicatoria era: 'A..., con admiración, por la grandeza de lo que está construyendo cuando nadie la ve.'

 

En los días posteriores me devoré el libro, y descubrí en él verdades que cambiaron mi vida. Nadie puede decir con certeza quiénes construyeron estas magníficas catedrales; no se tiene registro de sus nombres.

 

Estos constructores trabajaron toda su vida en una obra que nunca verían terminada. Hicieron grandes esfuerzos y nunca esperaron crédito. Su pasión por el trabajo era alimentada por su fe y por la convicción de que nada escapa a la mirada de Dios.

 

El libro cuenta la anécdota de un hombre poderoso que fue a supervisar la construcción en una de estas catedrales y se encontró con uno de los trabajadores que tallaba un pajarito en una de las vigas de madera que sostendrían el techo. Curioso, le preguntó por qué perdía su tiempo tallando esa figurilla en una viga que nadie vería ya que sería cubierta con yeso, y le respondió: 'Porque Dios si lo ve'.

 

Cuando terminé el libro, todo tuvo sentido. Fue como si escuchara la voz de Dios murmurando en mi oído:

 

'Ya ves, hijita, ningún esfuerzo o sacrificio que haces pasa desapercibido a mis ojos, aún cuando estés realizando tus labores en soledad; ningún botón que pegues, ningún huevito revuelto que hagas es un acto demasiado pequeño para que yo no lo vea y eso me haga sonreír. Estás construyendo una gran catedral, solo que ahora no puedes ver en lo que tus esfuerzos se convertirán.'

 

Ahora entiendo que ese sentimiento de 'invisibilidad' que sentí no era una aflicción, era el antídoto para mi egoísmo y mi orgullo; era la cura para el querer estar siempre en el centro. Me ha ayudado mucho a ubicarme el verme a mí misma como una constructora.

 

El autor de ese libro dice que en la actualidad no se construyen este tipo de edificios porque ya no hay personas con ese espíritu de sacrificio que estén dispuestas a dar su vida en una labor que a la mejor nunca vean concluida.

 

Cuando pienso en eso, solo deseo que cuando mi hijo invite a sus amigos a la casa, no les diga: 'Te invito porque mi mamá se levanta a las seis de la mañana a preparar unos bizcochos deliciosos, además plancha personalmente los manteles en los que nos sirve la comida y limpia la sala y comedor', porque eso sería estarme construyendo un monumento a mí misma.

 

No, lo que deseo desde el fondo de mi corazón es que mi hijo les diga: 'Te invito a mi casa porque ahí te la vas a pasar muy bien'.

 

Mi meta es hacer de mi casa un verdadero hogar, un lugar a donde mis hijos quieran llegar porque puedan estar felices y relajados y que por esa razón, quieran traer a sus amigos.

 

Como madres de familia, estamos construyendo grandes catedrales: mujeres y hombres de bien, almas que vayan al cielo y lleven entre sus manos a todos los suyos.

 

Mientras laboramos no podemos estar absolutamente seguras si lo estamos haciendo bien, pero un día, es muy posible que el mundo se maraville, no solo por lo que habremos construido, sino por el bien y la belleza que habremos aportado por todo el trabajo silencioso de las MADRES INVISIBLES.

 

Autor desconocido

Juan Meseguer - Aceprensa
01.10.2012

 

 

 

A juzgar por el tono de algunos libros sobre el hombre de hoy da la impresión de que Mr. Marlboro se ha convertido en Mr. Inútil. Que el modelo de macho sobrado de testosterona ha dado paso a un hombre flojo y sin inquietudes. Sin embargo, algunas estadísticas revelan un signo positivo de la nueva masculinidad: la mayor implicación de los padres en la crianza de los hijos.

 

Últimamente se han publicado en EE.UU. algunos libros de mujeres que se lamentan de la situación de los hombres. Si antes se quejaban de la dominación, ahora de la falta de carácter.

 

Adolescencia prolongada

 

En su libro I Don't Care About Your Band (2010), la humorista y escritora Julie Klausner protesta contra los hombres que prolongan la adolescencia: “La idea de una noche perfecta para estos tipos es una partida de PlayStation con sus colegas o un viajecito a la Vegas... Se parecen más a los niños que cuidábamos cuando hacíamos de canguro que a los padres que nos llevaban a casa”.

 

Y Kay S. Hymowitz, autora del libro Manning Up: How the Rise of Women Has Turned Men Into Boys (2011), completa el retrato con unos párrafos cargados de dinamita: “Hoy la mayoría de los hombres en la veintena viven distraídos en una especie de limbo, un estado intermedio entre la adolescencia semi-hormonal y los deberes propios de la madurez. (...) Ya es hora de decir lo que se ha convertido en obvio para legiones de jovencitas frustradas: [que esta nueva etapa] no saca lo mejor de los hombres”.

 

“Relativamente acomodados, libres de responsabilidades familiares, y entretenidos por un despliegue de medios volcados a su entero placer, los jóvenes solteros pueden vivir en un mundo feliz. (...) ¿Por qué deberían madurar? De todos modos, nadie les necesita. No hay nada que puedan hacer. Pueden perfectamente tomarse otra cerveza” (cfr. “Where Have The Good Men Gone?”, Wall Street Journal, 19-02-2011).

 

Ciertamente, estos dos testimonios no son muy halagadores para el hombre de hoy. Recuerdan al título del relato de Flannery O’Connor “Un buen hombre es difícil de encontrar”. ¿Es posible que un gran número de hombres, considerados antes los transmisores de normas y pautas de conductas en la familia, se hayan convertido ahora en eternos adolescentes perdidos en su propia inseguridad?

 

Eva toma el relevo

 

En un libro recién publicado, The End of Men: and the Rise of Women, la periodista Hanna Rosin aporta algunos datos –sobre todo de EE.UU.– que muestran el ascenso económico de las mujeres frente al estancamiento de los hombres.

 

Desde principios de 2010, ellas ocupan ahora el 51,4% de los puestos profesionales y administrativos del país, mientras que en 1980 ese porcentaje se situaba en el 26%.

 

Al cambio de signo ha contribuido, entre otros factores, la crisis económica, que ha golpeado duro a sectores profesionales dominados por hombres (la construcción, la manufactura y las finanzas, sobre todo). De los 7,5 millones de empleos perdidos desde que comenzó la crisis, 3 de cada 4 pertenecían a hombres.

Las mujeres también han empezado a ganar más. En 1970 aportaban entre un 2% y un 6% de los ingresos familiares, mientras que ahora una madre que trabaja fuera de casa suele aportar de media un 42,2%. Además, 4 de cada 10 madres –en su mayoría solteras– son las que sostienen a la familia.

 

Las perspectivas de futuro no son muy alentadoras para los hombres. De las 15 profesiones que más puestos de trabajo se espera crear en EE.UU. hacia 2016, 12 están dominados por mujeres: ventas, enseñanza, contabilidad, cuidados de niños y ancianos, servicios de atención al cliente...

 

La educación es otro indicador elocuente. Entre los estadounidenses de 25 y 34 años, el 34% de las mujeres han acabado la secundaria frente al 27% de los hombres. Además, el 60% de los títulos universitarios son obtenidos por mujeres.

 

Padres más implicados

 

El modelo de Mr. Inútil no cuadra con la mayor implicación de los padres en la crianza de los hijos que se viene observando en EE.UU. desde hace años. “Cualquier observador ocasional de la vida familiar estadounidense sabe que ahora los padres están llevando a sus hijos más que nunca a las consultas de los médicos, que les ayudan más con sus deberes y que juegan más tiempo con ellos”, escribe Susan Gregory Thomas en un artículo que tuvo mucho eco hace unos meses (cfr. “Are Dads the New Moms?”, The Wall Street Journal, 11-05-2012).

 

Un informe reciente de la Oficina del Censo estadounidense revela que el 32% de los padres con esposas que trabajan fuera de casa se ocupan ahora de modo habitual de sus hijos menores de 15 años, mientras que en 2002 esa cifra estaba en un 26%.

 

Sea por la influencia del movimiento feminista de los años setenta, sea porque han experimentado en sus propias carnes los costes sociales de la era del “padre ausente”, dice Thomas, lo cierto es que los padres de hoy están dispuestos a involucrarse activamente en la vida cotidiana de sus hijos.

 

A partir de un análisis de la National Survey of Family Growth (2006-2008) basado en entrevistas a 13.495 adultos estadounidenses, el Pew Research Center calcula que el 98% de los padres casados que viven con sus hijos menores de 5 años juegan con ellos varias veces a la semana. Con la misma frecuencia, el 95% come con ellos o les da de comer; el 89% ayuda a bañarles y vestirles; el 60% les lee algún cuento (cfr. “A Tale of Two Fathers”, 2011).

 

Entre los padres casados que viven con sus hijos de entre 5 y 18 años, el 93% habla con ellos de sus asuntos varias veces a la semana; también con esa frecuencia, el 63% ayuda a sus hijos con los deberes; y el 54% los lleva a actividades lúdicas o deportivas.

 

Los padres no solo están pasando más tiempo con sus hijos; también han cambiado su relación con ellos, explica Aaron Rochlen, profesor de psicología de la Universidad de Texas, en un reportaje de la revista Time. Ahora son más afectuosos, les abrazan, les dicen que les quieren... Muchos padres están desafiando el viejo tópico del macho incapaz de expresar sus emociones.

 

“Tradicionalmente, la masculinidad ha estado asociada al trabajo. Y el trabajo, a su vez, se asocia al éxito, a la competitividad, al poder, al prestigio, a la dominación sobre la mujer, a una afectividad pobre”, añade Rochlen. “Sin embargo, un buen padre necesita ser expresivo, paciente, emotivo, no puede estar orientado solamente a los asuntos económicos”.

 

El propio Rochlen hizo su descubrimiento personal de este nuevo estilo más afectuoso de ejercer la paternidad. Casado y padre de dos hijas de 5 y 3 años, antes se limitaba a ver sus juegos y a “hacer de chofer al zoo en algún raro fin de semana”. Hasta que empezó a comprometerse a fondo en sus vidas.

 

Entonces descubrió que “sí, eso significaba ayudar con los deberes, la colada, y la cocina, pero sobre todo tenía que ver con escuchar a diario sus batallas y sus triunfos. Vi cómo se desarrollaban sus personalidades; cómo explotaba su creatividad; y cómo se abría su mente para solucionar problemas y dar respuestas a preguntas”.

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22.03.2010

 

 

Instinto maternal o sexto sentido, son los nombres coloquiales para referirse a la conexión permanente que existe entre madre-hijo, la cual brinda una maravillosa relación íntima desde el mismo momento de la concepción.

 

Evidencias científicas

 

Contra quienes piensan que el instinto maternal se trata de un mito, los científicos hallan evidencias de que el amor maternofilial se sustenta en argumentos biológicos, químicos y hasta genéticos. A pesar de las investigaciones, las madres no necesitan ninguna evidencia para asegurar que el instinto materno es una realidad, no en vano lo experimentan a diario.

 

Durante los nueve meses de gestación, las neuronas maternas productoras de oxitocina se dedican a fabricar y acumular suficientes reservas para afrontar con garantías el momento del parto. Cuando éste al fin tiene lugar, la hormona se libera masivamente en el torrente sanguíneo, contrayendo el útero para ayudar a expulsar el feto. Pero además de contribuir a estos cambios fisiológicos básicos para que el nacimiento discurra por los cauces normales, la oxitocina ejerce un fuerte impacto sobre diversas regiones del cerebro que van a influir sobre la conducta materna posterior.

 

Destrezas desarrolladas con la maternidad

 

La maternidad es una creación perfecta, fue ideada a semejanza de las habilidades que facilitan su labor de protección y crianza, como por ejemplo la sensibilidad de los sentidos, resistencia al estrés, capacidad de orientación, mejora de la memoria, desarrollo de reflejos, entre otros.

 

Su capacidad especial para percibir el peligro e identificar cuando algo anormal ocurre o puede llegar a ocurrir, es una obra más de la maternidad. De igual forma, las madres llegan a un grado de conocimiento tal de sus hijos, que pueden detectar mensajes ocultos, únicamente con el tono de voz o algún guiño corporal.

 

Por eso es que ellas reconocen mejor el llanto de su propio hijo que el resto de sus congéneres, incluido el padre de la criatura. Esta la conclusión a la que ha llegado un grupo de investigadores de la Universidad Médica de Carolina del Sur. Los estudios revelaron que el lloro de un bebé también activa en su madre el sistema límbico, una zona del cerebro ligada a las respuestas emocionales. En el padre, sin embargo, las diferencias entre la respuesta cerebral frente a los llantos de su propio hijo o los de otros bebés son inexistentes.

 

Pero el oído no es el único sentido materno que se vuelve especialmente receptivo al neonato. La oxitocina (hormona materna) promueve asimismo un período de sensibilidad extrema a las señales táctiles y olfativas. En el caso del olfato, la agudeza de una madre es espectacular. Varios experimentos han corroborado que, después de pasar 10 minutos cerca de su bebé, cualquier madre es capaz de distinguir a su hijo de cualquier otro niño sólo por el olor, con más de un 90% de éxito.

 

Por si todo esto fuera poco, a la larga lista de cambios cerebrales inducidos por la maternidad hay que sumar el aumento de la memoria y el aprendizaje, así como una notable mejora en la habilidad para orientarse y desenvolverse en las tres dimensiones del espacio.

 

Algunas de estas habilidades sólo se conservan durante los primeros años o incluso meses de vida del hijo. Sin embargo, hay otros efectos mucho más duraderos que demuestran que el amor incondicional de las madres es único y está compuesto de habilidades especiales propias de la maternidad.

 

Fuente: derf.com.ar

LaFamilia.info
20.02.2008

 

 

La maternidad es una tarea que pone a prueba innumerables virtudes. Una buena madre es generosa con sus hijos, cariñosa, dedicada y los ama desinteresadamente. En ciertos casos prefiere dejar a un lado sus intereses por los de sus hijos, porque para ella ellos son su primera prioridad. Pero no siempre es fácil llevar a cabo esta labor que exige tanto sacrificio. Es por esto que vale la pena hacer una pausa de vez en cuando y evaluar qué tal lo estamos haciendo como mamás.

 

Aunque la maternidad parece algo tan natural y propio de la mujer, es imposible describir esta tarea en un manual. Una cosa es la crianza del niño (su alimentación, horas de descanso, el baño, su estimulación)  para la cual existen innumerables ayudas. La labor de una mamá no se limita solo a suplir las necesidades físicas del niño. La verdadera tarea está en darle a su hijo o hija el amor, los valores y las herramientas necesarias para que se forme como un gran ser humano.

 

Saber dónde están los límites

 

Hay mamás que quieren desempeñar su papel tan bien, que sin darse cuenta se vuelven aprensivas y superprotectoras de  sus hijos, hasta el punto de obstaculizar su desarrollo como personas independientes, y los limitan en sus procesos de desarrollo.

 

Existen otras, sin embargo, que "pecan" de todo lo contrario y con la excusa de que es por amor,  permiten que sus hijos actúen sin control sin saber decir NO cuando es necesario. Demostrar amor a los hijos no es permitirles todo lo que se les antoje, sino ser conscientes de lo que es bueno y malo para ellos y saber imponerles estos límites con una actitud firme pero amorosa.

 

¿Qué características tiene una buena mamá? He aquí una serie de cualidades que  ayudarán a evaluarnos como madres. Es una oportunidad para mejorar aquellos aspectos en los que fallamos o simplemente no lo teníamos en cuenta.

 

Buena mamá es aquella que… Al menos una vez al día le dice a sus hijos cuanto los quiere y es afectiva con ellos.

Buena mamá es aquella que… Es capaz de mantener la calma y transmitirla a sus hijos cuando estos se encuentran en dificultad.

Buena mamá es aquella que… Trata de no discutir con sus hijos ni ponerse a su altura, conservando la calma y la sensatez cuando hay que llamarles la atención.

Buena mamá es aquella que… Tiene claro los valores que quiere fomentar en sus hijos y actúa consecuentemente.

Buena mamá es aquella que… Es capaz de dejar lo que está haciendo si un hijo le pide hablar o jugar con él/ella.

Buena mamá es aquella que… Nunca compara ni muestra preferencia por alguno de sus hijos.

Buena mamá es aquella que… Tiene  una buena comunicación con sus hijos.

Buena mamá es aquella que… Sabe diferenciar entre ser madre y compañera de sus hijos.

Buena mamá es aquella que…  Aunque esté muy enojada, evita descalificar a sus hijos.

Buena mamá es aquella que… Reconoce cuando se equivoca y sabe pedir disculpas a sus hijos.

Buena mamá es aquella que… Es  capaz de intuir cuando un hijo tiene un problema y le da el soporte que necesita.

Buena mamá es aquella que… Evita ser aprensiva con sus hijos.

Buena mamá es aquella que… Estimula en sus hijos una imagen paterna positiva.

Buena mamá es aquella que… Evita "sermonear" como la principal forma de educar.

Buena mamá es aquella que… Estimula la sana autonomía en los hijos.

Buena mamá es aquella que… Es paciente en casa y en situaciones de presión que involucren a los hijos.

Buena mamá es aquella que…  Acepta y ama a sus hijos con sus debilidades y fortalezas.

Buena mamá es aquella que… Evita gritar en casa, aunque esté muy estresada.

Buena mamá es aquella que…. Se gana el respeto de sus hijos sin ser autoritaria.

Buena mamá es aquella que…. Genera en casa una "atmósfera" de acogimiento, respeto y alegría.

Buena mamá es aquella que… Disfruta sus ratos libres compartiendo con los hijos.

Buena mamá es aquella que… Se preocupa por el desarrollo integral de sus hijos y se mantiene al tanto de su adelanto en el colegio y otras actividades.

Buena mamá es aquella que… Se siente orgullosa por los logros de sus hijos.

Buena mamá es aquella que… Cuando es necesario, pone en segundo plano sus necesidades por las de sus hijos.

Sembrarfamilia.org
30.08.2010

 

 

 

La sociedad consumista ha hecho que se menosprecie la labor de una madre porque aparentemente no produce ingresos a la familia. No hay nada más equivocado, pues una madre es la cabeza de la institución que representa la base de la sociedad. La empresa que dirige se llama FAMILIA y su producción es nada menos que todos los hombres y mujeres profesionales del futuro.

 

En cierta ocasión, un grupo de mujeres reunidas una tarde tomando café, presumían un poco de sus logros profesionales. Una hablaba de la maestría que estaba sacando, otra del puesto en una compañía importante, otra de su propio negocio y así todas fueron hablando de sus ascensos y logros. En el grupo había una señora muy callada a la que le preguntaron a qué se dedicaba; ella con un tono de vergüenza respondió que se dedicaba al hogar, era Ama de Casa.

 

Una psicóloga que estaba presente salió inmediatamente en su defensa y le dijo: "¿Qué sería de este mundo si se hubieran extinguido esas valientes madres de familia?" y le recordó que la empresa de la que ella era presidenta, gerente y operaria, jamás se podría igualar.

 

Profesión de una madre

 

Es la constructora de la base de la sociedad. Cualquier mujer puede ser sustituida en cualquier cargo laboral, menos en su propio hogar.

 

Cuando una madre cura las raspaduras de su hijo en las rodillas o es chofer de ellos en las tardes o va al supermercado para que todos tengan algo que comer, es en ese momento que ocupa el cargo de "Gerente de Servicios Generales".

 

Cuando la vemos explicando difíciles divisiones con decimales a sus hijos o enseñándoles educación y respeto ocupa el cargo de "Gerente de Recursos Humanos".

Cuando se le oye hablar de todas las cualidades de sus hijos, es una "Gerente de Mercadeo", pues nadie cree tanto en su producto como una madre de sus hijos.

 

Su horario es ilimitado, su turno laboral puede empezar en la madrugada con el llanto del bebé con hambre, puede seguir el resto del día encargándose de que todo en la casa funcione bien. Por la tarde es chofer y la profesora de sus hijos.

 

Por la noche, la esposa amorosa que escucha y atiende a su esposo y ella puede seguir levantada esperando a que su hijo adolescente llegue de la fiesta. Cuando tiene un rato de descanso, no deja de pensar en sus funciones.

 

No puede delegar su trabajo porque al imprimirle tanto cariño es casi imposible encontrar personal capacitado para igualarla. Ella no puede encargarle a la secretaria la transmisión de valores, de moral, de principios, ni mandar por fax el beso de las buenas noches.

 

Su salario es inalcanzable, de hecho, ella misma no concibe la idea de recibir nada a cambio porque lo hace por amor. Algún Día de la Madre recibe una flor, un dibujo con brillantes crayolas o la estrellita en la frente de su hijo, con esto siente que le han dado el mejor de los ascensos.

 

No recibirá pensión de jubilación, más bien después de 14 ó 18 años de inalcanzable trabajo será aparentemente despedida sin prestaciones cuando le dicen: "Por favor mamá, no te metas? es mi vida". Queda aparentemente despedida porque solo la presencia de una madre es importante, aunque en esos momentos no se den cuenta.

 

Monumento o diploma, ¿dónde está el monumento o diploma a estas empresarias que no se cansan de ejercer su profesión?

 

El médico, empresario, artista, sacerdote, ingeniero, abogado, doctora, licenciada, arquitecto, etc., que entregan sus vidas a otros han salido de esas empresas llamadas "familias". Esos grandes profesionales son sus logros, honores, trofeos y diplomas.

LaFamilia.info
25.11.2008

 

 

Ser mamá no es una tarea fácil y menos cuando se carece de una vida propia que la lleva a vivir a través de sus hijos. Una mujer que de verdad desea ser una buena madre debe esforzarse primero por reconocer y enfrentar sus miedos, dejar a parte el egoísmo y no pretender ser el referente de todo minuto y situación. En pocas palabras, debe ser una persona madura para dejar que sus hijos se desarrollen con una personalidad que les permita crecer como personas autónomas.

 

Existen mamás que por su personalidad ya sea débil, dominante, nerviosa o perfeccionista, obstaculizan el desarrollo normal de sus hijos y llegan a crear una dependencia psicológica hacia ellos. A continuación enumeramos algunos tipos de mamá con dificultades para la educación de los hijos. Si usted se siente identificada con algunas de estas definiciones, es importante que reflexione sobre este comportamiento y cambie su actitud hacia sus hijos. Les puede estar haciendo un gran daño involuntariamente:

 

La madre aprensiva: Es aquella que se angustia ante el posible sufrimiento o fracaso del hijo. Se ve a sí misma como la única persona que puede salvarlo. Existen distintas razones que llevan a una madre a actuar así: tal vez hubo algo que faltó en su propia infancia y quiere que sus hijos tengan lo que ella no tuvo. Por eso los sobreprotege.

 

La madre dominante: Es quien supone que sabe mejor que nadie cómo se deben hacer las cosas y no deja a sus hijos tomar decisiones. También puede ser obsesivamente perfeccionista pues más que sus hijos sean felices, quiere que sean perfectos y para lograrlo interviene abiertamente en sus vidas.

 

La madre egoísta: Es la que antepone su propia necesidad de aferrarse al hijo y evita que él crezca para hacerse autónomo. Por eso trata inconcientemente de inculcarle el papel de “el niño que no puede”.

 

La mamá narcisista: Las personas narcisistas son auto referentes y ven a los hijos como una prolongación de su persona: si son exitosos, ellas también lo son. Por eso tienden a estar sobre involucradas en la vida de sus niños. Es el caso de la madre que se ve reflejada en su hija y la ahoga de exigencias para que sea perfecta. Otra forma de manifestar el narcisismo es a través de la insatisfacción constante, fruto de este alto nivel de expectativas. En tal caso las madres suelen ser críticas y distantes, con falta de empatía con los hijos y mucha insensibilidad ante sus necesidades y sentimientos. Literalmente les destrozan la autoestima; muchos estudios han encontrado una fuerte relación entre este tipo de maternidad y enfermedades como la anorexia y la bulimia.

 

La mamá mártir: Es la madre que se presenta como mártir con expresiones como “nadie sufre como yo”, “he tenido que soportar cosas terribles”. Pero además existe una causa cultural: en muchos ambientes se vive como si la familia unida fuese un solo cuerpo, donde cada miembro es parte de un todo que funciona al unísono. En este contexto equivocado, la madre confunde sus derechos maternales y cree que por ser “carne de mi carne” ella puede descargarse emocionalmente en sus hijos. El problema está en que con esta conducta la relación madre-hijo comienza a vivirse en forma invertida: en lugar de ser la madre la que contiene y ayuda a madurar al niño, es éste el que tiene que actuar como filtro de la madre. Esta actitud es muy egoísta porque ella se alivia y él queda muy afectado, lleno de culpas pues cada vez que quiere ser autónomo se siente abandonando a su madre.

 

La madre controladora: Es la que invade la intimidad de su hijo por varias razones. Puede tratarse de una controladora que quiere saber todo lo que ocurre en la vida de sus hijos y asegurarse de que se portan bien. Es una madre desconfiada que sólo piensa: “En qué andará”.

 

La madre inmadura: A estas madres les da envidia la vida de la adolescente. En una época en que se valora tanto la juventud y la belleza es cada vez más frecuente encontrarse con mujeres que no han asumido bien los años y desean competir físicamente con sus hijas jóvenes, de modo que este comportamiento se ve reflejado no solo en la parte física sino en la forma de actuar, provocando confrontación y competencia con las hijas adolescentes.

 

La mamá desconfiada: Es la que busca a toda hora una prueba de “delito”. El problema de fondo es la inseguridad. Se trata de madres que no están seguras de cómo educaron. Es importante que salgan de la duda conversando con sus propios hijos, confirmando sus valores y criterios. Porque de lo contrario provocan una profunda tristeza y sentimiento de persecución en ellos. Se sienten eternamente culpables sin saber por qué.

 

***

 

Ejemplo de las mamás chimpancés

 

 

Resultan muy útiles los estudios de la doctora Kathleen B. Kerr, psicóloga norteamericana, acerca del comportamiento de las mamás chimpancés pues los resultados dan interesantes lecciones a las mamás humanas. La Dra. Kerr observó que aquellos chimpancés cuya madre les resuelve todo, tienden a ser inseguros, tardan mucho más en alcanzar la madurez psicológica, si es que llegan a adquirirla, tienen menos posibilidades de sobrevivir por sí mismos y de desarrollar habilidades para resolver los problemas de la vida. Según sus observaciones la mejor mamá chimpancé es la calmada, competente, segura de sí misma y sociable, que tiende a criar hijos como ella. La mamá nerviosa, temerosa o irritable, generalmente tiene hijos de sus mismas características.

 

Fuente: HacerFamilia

 
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Foto: Freepik

 

Durante y después de la menopausia se produce una rápida pérdida de masa ósea y muscular. Por esto al llegar a esta etapa de la vida, toda mujer debe iniciar la práctica regular de una actividad física. Caminar, bailar o todo esfuerzo de impacto suave trae grandes beneficios para la mujer a partir de los 45 años.

 

La combinación del paso del tiempo y el sedentarismo perjudican físicamente más a la mujer que al hombre. Este proceso natural genera la pérdida de masa ósea y aumenta el riesgo de fracturas, así como de enfermedades cardiovasculares. Asimismo la mujer tiende a mostrar crecimiento en la cantidad de tejido adiposo, en los niveles de colesterol y puede presentar trastornos psicofísicos. En un gran porcentaje de los casos, dichas dolencias son causa de falta de actividad física.

 

Un estudio publicado en el 2004 por la revista de la Sociedad Española de Medicina General apuesta por programas deportivos suaves para la mujer menopáusica. Afirma que además estos programas deben adaptarse a la edad, a la capacidad motora y a los hábitos y costumbres de la mujer. Es la mejor manera de llegar a la vejez con las mejores condiciones de salud. En dicho estudio se aconsejan los ejercicios aeróbicos, paseos a pie y en bicicleta, el tenis, la carrera, el senderismo, el golf y la natación.

 

Efectos psicológicos

 

Todos los estudios corroboran que el ejercicio físico tiene una intervención directa sobre los procesos del cerebro. Inclusive se dice que este tipo de tratamiento tiene más efectividad que la psicoterapia cuando se trata de combatir males como la depresión.

 

Esto resulta de la liberación de endorfinas, que son sustancias generadas en el área cerebral que, naturalmente, curan el dolor y elevan el estado de ánimo. De ahí que el deporte y la actividad física pueden aliviar los síntomas de ansiedad, irritabilidad, cambios de humor, poco deseo sexual y depresión, con tan solo unirse a un plan de ejercicio.

 

Cómo empezar

 

Si tiene mucho tiempo de no ejercitarse o nunca lo ha hecho, lo mejor es empezar lentamente, con sesiones tres veces a la semana y con una duración de entre 20 y 30 minutos cada una.

 

Conforme tome condición, se puede acrecentar el esfuerzo de dos formas: incrementando el esfuerzo durante las sesiones o, bien, aumentando el tiempo de las mismas.

 

Para obtener un beneficio integral no debe limitarse a un tipo de ejercicio sino alternar los siguientes tres durante sus sesiones de actividad física.

 

1. Actividad aeróbica


Es excelente para el sistema cardiovascular, permite obtener una mejor condición física y quemar grasa. La actividad aeróbica invita a su sistema y a sus músculos a ejercitarse a si mismos. Entre los clásicos de este tipo de ejercicio está el caminar, trotar, correr, nadar, andar en bicicleta, hacer aeróbicos, artes marciales o brincar la cuerda. Sin embargo, las actividades diarias como ir de compras, caminar en un centro comercial, atender el jardín o jugar con los niños, aportan también una cuota de beneficio aeróbico.

 

2. Entrenamiento de flexibilidad


Los ejercicios de estiramiento protegen de las lesiones, mejoran el balance y proveen de una mayor flexibilidad a los músculos. Puede hacerlo con ejercicios como pilates, pelota suiza y yoga, los cuales resultan, además, relajantes y son divertidos.

 

3. Entrenamiento de fuerza


Este tipo de ejercicios ayudan a construir tono y volumen muscular, resistencia y densidad en los huesos. A raíz de que generan masa muscular, aceleran el metabolismo y queman calorías.

 

Para dichos ejercicios se usan las pesas, barras y aparatos estacionarios, por lo que es recomendable que realice en un gimnasio para obtener la totalidad de los beneficios.

 

Fuentes: En Plenitud.com, consumer.es, companiamedica.com